29418(23-02-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  29418   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 045.  

          Bogotá   D.C.,   febrero   veintitrés   (23)   de  dos  mil  nueve  (2009).   

VISTOS  

Procede  la Sala a decidir de fondo sobre la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el Fiscal Treinta y Nueve de la Unidad  Nacional  de  Derechos  Humanos  y  Derecho Internacional Humanitario, contra el  fallo  absolutorio proferido a favor de RAIMUNDO RUEDA  LEAL   (alias  “Iván”  Darío)  y  JESÚS   MANUEL   HERNÁNDEZ   ARROYO   (alias            “Tolima”)  por  el  Tribunal Superior de Florencia el 10 de octubre de 2007, por cuyo medio  revocó  la  sentencia de condena proferida el 24 de enero del mismo año por el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de la referida ciudad en contra de  aquellos.   

HECHOS  

Los    hechos    que   motivaron   este  diligenciamiento   fueron   resumidos   por   el   a  quo  en  los  siguientes  términos:   

“El 13  de  agosto de 2002 ante la Sección de Información y Análisis  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación de la Fiscalía General de la Nación,  rindió     testimonio  juramentado     el     señor     EFRÉN  MARTÍNEZ  SARMIENTO,  ex  integrante  del  Bloque  Sur  de  las  Autodefensas   Unidas   de   Colombia  (AUC)  que  opera  en  la  zona  sur  del  departamento,  denunciando las innumerables actividades ilícitas ejecutadas por  la  organización, entre ellas las relacionadas con el narcotráfico, torturas y  muertes   ocasionadas   a   personas   señaladas   como   informantes   de   la  guerrilla,  al  tiempo  que suministraba información  respecto   de   los   líderes   y  miembros  del  colectivo  ilegal”.   

“Se creó por el  ente      investigador     una     comisión  especializada  para  adelantar  el proceso de verificación  con  la  colaboración  del  informante.  El  17  de  octubre  de  ese  año  se  trasladaron  al  poblado  de  Puerto  Torres  en  jurisdicción del municipio de  Belén  de  los  Andaquíes, realizando varios sondeos encontrando fosas comunes  con  treinta  y  seis  cuerpos  humanos, algunos mutilados, descuartizados y con  huellas  de  tortura.  En la Finca San Germán de la vereda La Tortuga   del   mismo  ente  territorial  se  encontraron   otras   fosas   con  restos  óseos  de  seis  cuerpos,  y  en  la fracción veredal La Cándida del municipio de Morelia  otra  con  igual  número  de víctimas. No se logró establecer la identidad de  una      siquiera      de     ellas”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

La  Fiscalía  Especializada  de Florencia  declaró  abierta la instrucción, en cuyo desarrollo  vinculó      mediante      indagatoria,     entre  otros,   a  RAIMUNDO   RUEDA   LEAL  y  JESÚS    MANUEL   HERNÁNDEZ   ARROYO,  definiéndoles    su    situación    jurídica,   al  primero,  con  medida  de aseguramiento de detención  preventiva   sin   derecho   a  libertad  provisional  como  posible              coautor     del     delito  de  concierto para delinquir agravado (artículos 340 y 342 de la  Ley   599   de   2000);   al   segundo,   absteniéndose   de   imponer   medida  similar.   

Clausurado  el ciclo instructivo, el mérito  del  sumario  fue  calificado  el  20  de  noviembre  de 2003 con resolución de  acusación  contra  los  referidos  procesados  como  coautores  del concurso de  delitos  de homicidios en personas protegidas y torturas en personas protegidas,  utilización   de   medios  y  métodos  de  guerra  ilícitos,  concierto  para  delinquir,    hurto    agravado    y   tráfico,   fabricación   o   porte   de  estupefacientes.   

Impugnada  la  acusación por el defensor de  HERNÁNDEZ ARROYO, la Unidad  de  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  la confirmó  mediante  providencia  del  9  de  marzo  de  2004,  pero  marginó respecto del  recurrente  el   delito  de  utilización  de  medios  y métodos de guerra  ilícitos.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Penal del Circuito Especializado de Florencia, despacho que una vez  surtido  el  rito  dispuesto  para  esta etapa profirió fallo el 24 de enero de  2007,  a  través  del  cual  condenó  a  los  acusados  a la pena principal de  cuarenta  (40)  años de prisión, multa de tres mil quinientos (3.500) salarios  mínimos  mensuales  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  veinte  (20)  años,  como coautores penalmente responsables del  concurso  de delitos de homicidios en personas protegidas y torturas en personas  protegidas.   

          En  la  misma  decisión absolvió a RUEDA  LEAL  por  la comisión de los delitos de utilización  de  medios  y  métodos de guerra ilícitos, tráfico de estupefacientes y hurto  agravado.  Igualmente dispuso cesar el procedimiento adelantado por el delito de  concierto  para  delinquir  agravado,  en  cuanto  la  acción  penal  no podía  proseguirse.   

Impugnada la sentencia por el defensor de los  acusados,  el  Tribunal  Superior de Florencia la revocó mediante proveído del  10  de  octubre  de 2007, para en su lugar proferir fallo absolutorio a favor de  aquellos,  decisión  contra  la  cual  el  Fiscal  Treinta y Nueve de la Unidad  Nacional  de  Derechos  Humanos  y  Derecho  Internacional Humanitario interpuso  recurso  de  casación,  allegó la demanda en tiempo, la cual fue admitida y se  ha recibido concepto del Ministerio Público sobre la misma.   

EL LIBELO  

1.            Primer cargo: Violación indirecta de la  ley sustancial derivada de falso raciocinio.   

          Al  amparo  de  la  causal  primera de casación, cuerpo segundo, el  censor   manifiesta   que   el   ad  quem  incurrió  en  quebranto  de  las reglas de la sana crítica y por  ello,  dejó  de  aplicar  los  artículos  135,  137  y  31  de  la  Ley 599 de  2000.   

          En  el  desarrollo  del  reproche  señala  que  si  bien el testigo  Efrén  Martínez  Sarmiento  recibió  beneficios  del  Estado  por  sus  señalamientos, lo cierto es que de  conformidad  con las reglas de la experiencia, las dificultades económicas y el  orden  público  llevan  a  los testigos, especialmente de delitos cometidos por  grupos  al margen de la ley, a colaborar con la justicia siempre y cuando se les  acoja  dentro  de  algún  programa  de  protección  y colaboración económica  implementado  por  el  Gobierno  Nacional,  tal  como  ocurrió  con  el  señor  Martínez  Sarmiento, según  lo señaló en audiencia pública.   

          No  obstante,  tal  circunstancia  no  conduce  a  concluir  que sus  declaraciones  sean falsas, pues debe recordarse que en este asunto se encontró  el  lugar  donde  fueron  exhumados  36  cadáveres  y se conocieron los sucesos  atroces  cometidos  por  el  Bloque Sur de las AUC en el corregimiento de Puerto  Torres,  gracias  a  lo  expuesto  por  dicho  ciudadano, de manera que erró el  ad  quem  al  no valorar en  conjunto  y  conforme  a  las  reglas  de la sana crítica las intervenciones de  Efrén      Martínez      Sarmiento.   

          Deplora   el   recurrente  que  la  Corporación  de  segundo  grado  desechara  las  declaraciones  de  quienes  fungieron  como  integrantes  de  la  mencionada  facción  de  las autodefensas por considerarlas sospechosas, cuando  en  verdad,  de  acuerdo  con  la  experiencia,  son  aquellos que han estado al  interior  de  las  organizaciones  los  que  están  en  mejores  condiciones de  suministrar   datos   sobre  las  mismas,  con  mayor  si  no  se  advierte  que  Líder  Garzón  Cerquera,  Alfredys  Moya Mena, Hugo  Alberto  Valencia  Reyes  o  Nilson   Valencia   Reyes,   tenidos   como  testigos  sospechosos  por  el  Tribunal,  tengan  algún  interés en faltar a la verdad,  amén de que en conjunto guardan coherencia.   

2.            Segundo cargo: Violación indirecta de la  ley sustancial producto de falsos juicios de existencia.   

Bajo  la  égida  de  la  causal  primera de  casación,   cuerpo   segundo,   el   Fiscal   considera   que  el  ad  quem incurrió en violación indirecta  de  la  ley  sustancial,  al dejar de aplicar los artículos 135, 137 y 31 de la  Ley 599 de 2000.   

Considera  que  el  Tribunal  se equivoca al  afirmar  que  los  testimonios incriminatorias son de oídas, pues además de lo  expuesto  por  Hugo Alberto Valencia Reyes,  se  cuenta  con  otras  declaraciones  como  las  de Nilson  Valencia Reyes, Efrén Martínez Sarmiento y Daniel Galindo  Plaza,  quienes  señalan a los acusados no sólo como  integrantes  del grupo armado al margen de la ley, sino como responsables de los  delitos objeto de investigación, amén de otros punibles.   

Advierte que el Tribunal omitió ponderar lo  dicho  por  Nilson Valencia,  quien    señala    a   alias   “Iván”  como  tercero  al  mando  del grupo paramilitar y comandante de  contraguerrilla  que  dirigió  la operación en el corregimiento Santiago de la  Selva, donde dieron muerte a más de 30 personas.   

Por  su  parte,  los  testigos  Hugo  Alberto  Lozano  Granada  y  Daniel Galindo Plaza  señalan  a  alias “Tolima”     como    “caletero”,   pero   también   dicen   que   antes   fue   comandante   de  contraguerrilla  y luego pasó a ser comandante de urbanos en Albania, Caquetá,  lo cual le permitió cometer ilícitos y emitir órdenes.   

Para concluir el recurrente afirma que no es  procedente  aceptar  lo  expuesto  por los incriminados, en el sentido de que si  bien  pertenecieron  a las Autodefensas del Departamento del Caquetá, dentro de  sus  actividades  no  estaba la comisión de los homicidios y torturas objeto de  imputación, pues sólo pretenden engañar a la justicia.   

3.             Tercer   Cargo:  Error  de  hecho  por  apreciación errónea de las pruebas.   

El  demandante  estima que como los acusados  hacían  parte de un grupo ilegal estructurado jerárquicamente, es aplicable la  responsabilidad  de  cadena  de  mando,  teoría tomada por el juez a  quo  de  la jurisprudencia de la Corte  Penal  Internacional  y  Corte  Suprema  de  Justicia,  la  cual es la llamada a  regular  este  caso,  pues  el rango que aquellos ostentaban les permitía tener  dominio  y coordinación de todas la tareas desarrolladas por el grupo irregular  en una extensa zona del Departamento del Caquetá.   

Asevera   que  los  testigos  Efrén  Martínez  Sarmiento,  María  Nelcy Montoya Celada, Nilson  Valencia  Reyes  y  Líder  Garzón  informan  que  la  exhumación  de  los cuerpos motivo de esta investigación tuvo lugar dentro del  territorio  donde  delinquía  el  grupo  de  Autodefensas  del  Bloque  Sur del  Caquetá,    del   cual   formaban   parte   los   procesados,   “quienes  emitían  órdenes,  coordinaban  las acciones y ejercían  dominio   sobre   las   actividades   delictivas   realizadas   por   ese  grupo  ilegal”,   de   manera   que   si  el  ad  quem hubiera apreciado razonablemente  tales  pruebas  conforme a las reglas de la sana crítica, habría confirmado la  sentencia condenatoria de primera instancia.   

A partir de lo expuesto, el Fiscal recurrente  solicita  a  la  Sala  casar  la  sentencia impugnada, para en su lugar proferir  fallo  condenatorio  en  contra de RAIMUNDO RUEDA LEAL  y  JESÚS MANUEL HERNÁNDEZ  ARROYO  como coautores de los delitos de homicidios en  personas protegidas y torturas en personas protegidas.   

ALEGATO DEL NO RECURRENTE  

Dentro   del  término  dispuesto  por  el  legislador  para  que  los no recurrentes presenten sus alegaciones, el defensor  de  RAIMUNDO RUEDA allegó un  escrito  en  el  cual  plantea que la demanda de casación de la Fiscalía no se  ajusta  a  las  exigencias  de  técnica  dispuestas  para acudir a este recurso  extraordinario,  pues  no se somete a alguna de las causales para que proceda su  admisión.   

También aduce que la Fiscalía desconoce que  su  asistido  no  tiene el carácter de comandante militar de las AUC, según lo  declaró  Efrén Martínez en  la  audiencia  pública al decir que David  era  el  comandante  del  Bloque  Sur  Andaquí  del Caquetá y el  comandante   militar  era  alias  Milicia,  además  de que nunca supo que RAIMUNDO  RUEDA  LEAL  fuera  integrante  de  las  Autodefensas,  oportunidad  en  la  cual  también  dijo que la Fiscalía no le cumplió con el  pago  de recompensas y que nunca vio al mencionado ciudadano cometer los delitos  por los cuales se le acusa.   

Cuestiona   que   las   declaraciones   de  Orlando      Cicery      Ortiz      y   Franceline   Artunduaga  fueron  practicadas en la fase inicial del proceso, pero no fueron  ratificadas  en  la  audiencia pública, a la cual sólo concurrió Efrén Martínez Sarmiento.   

Luego  de  referirse  a  la acusación de la  Fiscalía  y  al  alegato  del  Ministerio  Público  en  audiencia pública, el  defensor  solicita a la Sala tener en cuenta las sentencias del 30 de junio y 29  de  septiembre  de  2006  dictadas  por  el mismo juzgado dentro de los procesos  2006-0015-00  y  2005-0090-00,  respectivamente,  las  cuales  se refieren a los  mismos  hechos, pruebas y delitos imputados a RAIMUNDO  RUEDA LEAL.   

Señala que a su procurado se le condenó en  primera  instancia  con  fundamento en la teoría del dominio del hecho, la cual  presenta  enormes  dificultades  cuando  no  hay  una  orden directa sino que el  ejecutor  obra  creyendo  que  dicho  procedimiento  sería  el  empleado por el  comandante.   

De  acuerdo a lo anterior, solicita no casar  la  sentencia  impugnada,  en  cuanto  no  se  ha  demostrado  la participación  concreta  de  RAIMUNDO RUEDA  en la comisión de los delitos por los cuales se le acusa.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          El  Procurador Primero Delegado para la Casación Penal comienza por  señalar  que  si  bien se advierten errores de técnica en la presentación del  libelo,  lo  cierto  es que según lo ha definido la jurisprudencia de esta Sala  es  claro que, de una parte, se establece cuál es la pretensión casacional del  recurrente  y de otra, que una vez admitida la demanda no hay lugar a cuestionar  dicha   temática,   sino   que  es  necesario  conceptuar  de  fondo  sobre  el  libelo.   

          Igualmente  señala  que  estudiará  de manera conjunta los reparos  formulados,  en  cuanto  se  refieren  a  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial derivada de yerros en la apreciación de las pruebas.   

Entonces  manifiesta  que  en tratándose de  casos  complejos  y  difíciles  en  los  cuales se han cometido delitos de lesa  humanidad  por  parte  de  los  grupos armados al margen de la ley que operan en  Colombia,  esa  Delegada  en  otras  oportunidades  ha  considerado que la mejor  manera  de  solucionarlos  jurídicamente  es  acudiendo  a  la  doctrina  de la  autoría  mediata  a  través  de  aparatos  organizados  de poder postulada por  Clauss    Roxín,   como   ocurrió   en   el   caso   de   la   “Masacre  de  Machuca”,  en el cual esta  Sala   acogió   el  concepto  de  la  Procuraduría  en  el  sentido  de  casar  parcialmente    la    sentencia    para    condenar    a    la   “Cúpula”  del  ELN  por la totalidad de  las  conductas  punibles  que  dieron origen a esa investigación penal, como lo  había  dispuesto  el  juez  de  primera instancia, pese a que los hechos fueron  ejecutados   por   varios   guerrilleros   rasos   adscritos   a  la  Compañía  “Cimarrones”  del  Frente  “José  Antonio  Galán”,  del  Ejército  de  Liberación Nacional (ELN).   

No   obstante,  en  dicha  decisión  esta  Colegiatura  consideró  que  no  era  necesario  acudir  a la aplicación de la  teoría  de los autores mediatos a través de estructuras o aparatos organizados  de   poder,   pues   se   trataba   simplemente   de   una  coautoría  impropia  “por  división  del trabajo en la empresa criminal  común”.   

          Precisa  que,  en  consecuencia,  en  casos  como  el de la especie,  resulta  factible,  a  la  luz  de  la  jurisprudencia  actual,  sancionar tales  comportamientos  con  fundamento en la referida figura de la coautoría material  impropia,   en   cuanto  los  miembros  de  la  organización  actúan  libre  y  conscientemente   en  pos  de  los  objetivos  y  propósitos  trazados  por  la  estructura criminal.   

          Luego  de  citar  precedentes  de  esta  Corporación  en  punto del  alcance   de   las   nociones   de   certeza,   duda  razonable  e  in  dubio  pro  reo, el Delegado considera  que  el  Tribunal  incurrió  en  este  asunto  en  una motivación sofística o  aparente,  pues absolvió a los procesados por duda al considerar que si bien el  testigo   Efrén   Martínez   Sarmiento    es    enfático    en    afirmar   que   alias   “Tolima”      e      “Iván”  participaron  en las torturas y  homicidios  cometidos  contra el personal civil, su dicho no merece credibilidad  “toda   vez  que  le  asisten  intereses  de  tipo  económico  que  lo  conminan  a faltar a la verdad”,  amén  de  que  “su  versión  si  bien ha guardado  coherencia,  no  ha  sido  claro  y  responsivo, por cuanto se observa en aquél  animadversión       e       interés      en      el      resultado”.   

También  añade  que  erró el Tribunal al  considerar  que  los testimonios de los militantes de las AUC no son suficientes  para  deducir  la  responsabilidad  penal  de  los  acusados,  toda  vez  que el  Ministerio   del   Interior   y   de   Justicia   certificó   que  Líder  Garzón Cerquera, Alfredys Moya Mena, Hugo Alberto Valencia  Reyes  y Nilson Valencia Reyes se encuentran vinculados  al  Programa  de  Reincorporación  a  la  Vida  Civil,  circunstancia  que  los  convierte en testigos sospechosos.   

         Deplora   que   el   ad  quem   haya  concluido  que  aunque  los  incriminados  pertenecieron  y  militaron   en   las   huestes   del   paramilitarismo,   ello   “por  sí  sólo  no  constituye prueba suficiente para determinar a  ciencia  cierta  su participación activa en los crímenes que causaron horror y  rechazo”,  con  mayor  razón  si aquellos aceptaron  haber  ingresado voluntariamente a las AUC, pero niegan su participación en los  execrables  crímenes  investigados,  dada  su permanencia ocasional en el sitio  donde ocurrieron los hechos investigados.   

A  partir de los razonamientos precedentes,  el  Procurador  concluye que el Tribunal incurrió en una motivación sofística  o  aparente,  derivada  de  errores  de hecho en la apreciación de las pruebas,  motivo   por   el   cual   aplicó   indebidamente   el  principio  in  dubio  pro reo, y dejó de aplicar los  artículos  135,  137  y  31  del  Código  Penal, tal como lo reclama el Fiscal  recurrente en casación.   

Para  acreditar  su  aserto  aduce  que  el  ad  quem,  pese a reconocer  que  el testigo Efrén Martínez Sarmiento  es  coherente,  también  dice  que  falta  a  la verdad y muestra  animadversión  e  interés  en el resultado, pero no demuestra específicamente  cuáles  fueron  sus  mentiras,  o cuál es la causa concreta de la antipatía o  resentimiento   que   lo   llevó   a   interesarse   en   la   condena  de  los  procesados.   

Igualmente dice que el Tribunal vulneró las  reglas  de  la  sana  crítica al considerar improcedente otorgar credibilidad a  los  demás  militantes  de  las  AUC  que confirman la versión de Martínez  Sarmiento, por el simple hecho  de  estar  vinculados  al  Programa  Gubernamental de Reincorporación a la Vida  Civil,  lo  cual los convierte en testigos sospechosos, pues en tal apreciación  se   desconoce  que  en  tratándose de una estructura criminal debidamente  organizada,  quienes  mejor  conocen  las  actividades  y  forma  de operar, son  precisamente sus militantes.   

Añade  que  los programas de protección e  incentivos  económicos  para  propiciar  la  colaboración  con  la justicia no  constituye  una  especie  de  tarifa  legal negativa o parámetro de valoración  para  que los jueces en todos los casos resten credibilidad a los testimonios de  los  miembros  de  esas estructuras, pues la verdad de lo ocurrido no depende de  tales  incentivos,  sino de lo que objetivamente indique el proceso en cada caso  particular,  de  acuerdo  con la prudente valoración de los aspectos señalados  en   el   artículo  277  de  la  Ley  600  de  2000.   

         También  puntualiza que la credibilidad de un testigo no depende de  la  reiteración de su versión inicial, pues acontece en desarrollo del proceso  penal  que  el declarante modifica ciertos detalles, oculta alguna circunstancia  o  la  divulga,  lo cual impone al funcionario judicial el deber de examinar las  distintas      intervenciones      para      otorgarles     el     valor     que  corresponda.      

Si  bien  el  testimonio de los miembros de  esta  clase  de estructuras criminales puede catalogarse como sospechoso dada su  proclividad  al  delito y sus condiciones morales y éticas, ello por sí sólo,  no  es  suficiente para descartarlo de plano, pues menester resulta valorarlo en  conjunto  de  acuerdo  con las reglas de la sana crítica, exponiendo siempre el  mérito  que se le asigne a cada prueba, tal como lo dispone el artículo 238 de  la Ley 600 de 2000.   

Resulta   curioso   que  el  ad   quem  otorgue  credibilidad  a  los  procesados  pese  a  que  a  última  hora,  en  audiencia  pública, admitieron  pertenecer  al  referido  grupo  de  las  AUC,  pero  negaron  haber participado  “en  los  execrables  crímenes  investigados, pues  como  bien  lo  han  sostenido,  su  permanencia  en  el sitio donde aquellos se  realizaban era ocasional”.   

Considera  entonces el Ministerio Público,  que  tiene  razón  el demandante al deplorar que el Tribunal incurrió en falso  raciocinio  al  no valorar la prueba en conjunto de acuerdo con las reglas de la  sana  crítica, especialmente las versiones de los ex integrantes del Bloque Sur  de  las  AUC  del  Caquetá que comprometen la responsabilidad individual de los  procesados.   

Con  fundamento  en  los  testimonios  de  Efrén  Martínez Sarmiento, Helka Alejandra Quevedo,  María  Nelcy  Montoya  Celeda,  Nilson Valencia Reyes, Blanca Magnolia Morales,  Charles  Figueroa  Criollo,  líder  Garzón Cerquera, José Alfredis Moya Mena,  Hugo  Alberto  Lozano  Grabada,  Daniel  Galindo Plaza, Luly Amparo Gutiérrez y  Rosalía     Montoya,    el    Delegado    concluye  que:   

(i)          El  Bloque  Sur Andaquíes del Caquetá,  adscrito   a   las   Autodefensas  Unidas  de  Colombia  (AUC),  operó  en  ese  departamento  desde  el año 2000, bajo una rígida estructura de mando militar,  en  la  cual  interactuaban  desde  quienes  cumplían  funciones  propias de la  instrucción  militar,  hasta  quienes  impartían  las  órdenes  de  torturar,  asesinar            y           desaparecer  a  los  presuntos  miembros  de  la  guerrilla,  a  sus auxiliadores, a los propios  miembros  de  sus filas que cometían errores, a personas con quienes llegaron a  tener   diferencias   derivadas   de   las  transacciones  de  narcóticos  y  a  particulares que no cumplían exigencias extorsivas.   

(ii)          El comando de dicho bloque fue ubicado en  la  finca  La  Coquera,  municipio  de  Belén de los Andaquíes, desde donde se  coordinaban  todas  las  acciones  delictivas  realizadas  dentro del territorio  dominado  por  ellos,  el  cual  comprendía  principalmente  los  municipios de  Morelia,  Belén  de los Andaquíes, Valparaíso, San José del Fragua, Albania,  Solita y Curillo.   

(iii)          El  Bloque  Sur  estaba divido en varias  compañías   móviles,  las  cuales  se  desplazaban  indistintamente  por  los  municipios  del  sur  del  Caquetá,  donde  el grupo ilegal ejercía su dominio  paramilitar.   

(iv)          Los  comandantes de las compañías o de  escuadra  secuestraban  a  las  personas  en  esos municipios, los llevaban a la  finca  La Coquera o a Puerto Torres, los entregaban a otros comandantes, quienes  los  torturaban  para obtener información, los descuartizaban, los asesinaban y  finalmente  los  enterraban  en  fosas  de  50  x 50 centímetros conocidas como  “apartamentos”.   

(v)          Los  encargados  de realizar la labor de  seguimiento  y  posterior  aprehensión  de  los sospechosos de colaborar con la  guerrilla  eran  conocidos como “Urbanos”.   

         (vi)                      A   partir  de  lo  expuesto  por  Efrén  Martínez  Sarmiento  fue posible  encontrar  las  fosas  con los restos humanos mutilados y con signos de tortura.  Su  declaración  es confirmada con los testimonios de los demás ex integrantes  del  Bloque  Sur  Andaquíes  de  las  Autodefensas  del  Caquetá, así como de  personas  que no pertenecieron a la organización, y con las evidencias físicas  encontradas  por  el  grupo  de  expertos  que  efectuaron la exhumación de los  cadáveres.   

         (vii)                     Los        procesados        RAIMUNDO  RUEDA  LEAL y JESÚS MANUEL HERNÁNDEZ ARROYO  pertenecieron al Bloque Sur Andaquíes del Caquetá entre junio de  2001  y  noviembre  de  2002,  época  para  la  cual se cometieron homicidios y  torturas   en   el   territorio  dominado  por  esa  organización,  habiéndose  encontrado  fosas  comunes  con  36  cuerpos  humanos en el sitio Puerto Torres,  jurisdicción  del municipio de Belén de los Andaquíes, además 6 en la vereda  La  Tortuga y 6 en la vereda  La Cándida del municipio de  Morelia.   

         (vii)                     RAIMUNDO  RUEDA  LEAL,  alias  “Iván”, admitió  haber  sido  comandante  de  una escuadra adscrita a la Compañía comandada por  “Jhon”. Varios testigos  lo  señalan  como  el  tercero  al  mando  de  la  organización de las AUC del  Caquetá.   

(viii)                JUAN   MANUEL   HERNÁNDEZ  ARROYO,          alias         “Tolima”,    admitió    haber    sido  “caletero”   de   las  autodefensas  del  sur  de  caquetá, bajo el mando inmediato de “Jhon”.  Los  testigos  lo  sindican  de  cumplir  directamente  las  órdenes  militares  impartidas  por “Jhon”  y  de ser uno de los comandantes  más  nombrados  dentro de la organización, además de haber ordenado la muerte  de varias personas en marzo de 2002.   

En suma, considera el Delegado evidente que  los  procesados,  en  virtud  del  rango  que  ostentaban  al  interior  de  las  Autodefensas  del Bloque Sur del Caquetá, “emitían  órdenes,  coordinaban  las  acciones  y ejercían dominio sobre las actividades  delictivas  realizadas  en  el  territorio  donde  operaba  esa organización al  margen  de  la  ley”,  dentro del cual justamente se  encontraron  36  fosas  con cuerpos humanos torturados, mutilados y con señales  de haber sido brutalmente asesinados.   

Su  responsabilidad  individual  no deviene  sólo  de  haber  pertenecido al grupo ilegal, como equivocadamente lo afirma el  Tribunal,  sino  porque los testigos que tuvieron la posibilidad de presenciar y  hasta  participar  en  la  ejecución de las bárbaras conductas criminales, los  sindican  de  haber  actuado  directa  y  personalmente  en  su realización, en  cumplimiento  de  los  respectivos  roles  que  desempeñaban  al interior de la  organización,  todo  lo  cual  acredita  su  condición de coautores materiales  impropios de tales hechos.   

El   yerro   del   Tribunal,  destaca  la  Procuraduría,  consistió  en  haber  desestimado  los  testimonios  de  los ex  miembros  de  las  AUC simple y llanamente por estar inscritos en el Programa de  Reincorporación  a la Vida Civil, cuando lo correcto era valorarlos en conjunto  con   los   demás  elementos  de  convicción,  como  los  testimonios  de  los  particulares  y  la  prueba  técnica y documental incorporada al expediente, de  acuerdo con las reglas de la sana crítica.   

         Con  fundamento  en  las  consideraciones  precedentes el Procurador  Delegado  solicita  a la Sala casar el fallo atacado, para en su lugar confirmar  la sentencia de primera instancia.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

         Cuestión previa   

         Como  en  la  oportunidad  dispuesta  para  que  los  no recurrentes  presentaran  sus  alegaciones, el defensor de RAIMUNDO  RUEDA  LEAL  expuso  que  la  demanda  allegada por la  Fiscalía  no  cumplía  las  exigencias  establecidas  por  el  legislador para  conseguir  su admisión, considera la Sala pertinente señalar que si bien dicho  libelo  presenta  algunas falencias, lo cierto es que del texto de los reproches  se  concluye sin dificultad que se orienta a postular la violación indirecta de  la   ley  sustancial  derivada  de  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de  raciocinio,  producto  del  quebranto  de  las  reglas  de  la experiencia en la  apreciación  de  las  pruebas,  amén  de  la falta de valoración conjunta del  acervo  probatorio,  de  manera  que  la  demanda  en tales términos presentada  cumple    con    los    requisitos   para   ser   admitida,   como   en   efecto  ocurrió.   

         Sobre   el   particular  es  oportuno  señalar  que  en  reiteradas  ocasiones             la             Sala1   ha   puntualizado   que  la  técnica  no se justifica por ella misma, pues menester resulta dotar de sentido  a  los  fines  de  esta  impugnación  extraordinaria,  caso  en  el cual pueden  superarse  los  defectos de la demanda y disponerse su admisión, siempre que de  su   texto   pueda  colegirse  sin  dificultad  en  qué  consiste  la  denuncia  casacional,  o  inclusive,  cuando  se  advierta  el  quebranto  de  derechos  y  garantías de los sujetos procesales.   

         Estudio de fondo de la demanda   

Inicialmente encuentra la Sala que, tal como  lo  destaca  el Ministerio Público, dado que los tres reparos propuestos por el  Fiscal  demandante  se  postulan  al  amparo  de la causal primera de casación,  cuerpo  segundo, esto es, por violación indirecta de la ley sustancial, además  de  que se dirigen a conseguir se case el fallo absolutorio de segunda instancia  y  se  confirme  la  sentencia  condenatoria de primer grado, resulta procedente  analizar dichas censuras de manera conjunta.   

         1.        Fundamentos del fallo absolutorio de segundo grado.   

Básicamente,   los  siguientes  son  los  fundamentos  aducidos  por el Tribunal Superior de Florencia para proferir fallo  absolutorio   a   favor   de   RAIMUNDO  RUEDA  LEAL  (alias    “Iván”)  y  JESÚS   MANUEL   HERNÁNDEZ   ARROYO   (alias            “Tolima”):   

“Ingresando al  segundo  aspecto que corresponde a la responsabilidad, se recuerda entonces, que  la   presente  actuación  se  origina  con  base  al  señalamiento  que hiciera Efrén Martínez Sarmiento, quien luego de aceptar su  militancia  en  grupos  al  margen  de la ley AUC, de denunciar varios hechos de  sangre  y  dirigir  a  las  autoridades a Puerto Torres, de donde se sustrajo de  fosas  comunes  36  cadáveres,  unos  en  estado  de  descomposición  y  otros  esqueletizados,  señaló  a  varios  ciudadanos como  autores,   responsables   de   secuestrar,  torturar  y  asesinar,  entre  ellos  sindica  a  ‘Tolima’,  ‘Jhon’         e        ‘Iván’  quienes  hacían  parte de las AUC,  señalamiento   que   perduró   en  toda  la  etapa  probatoria,  que  se  resquebrajó en la audiencia pública de Everardo Bolaños  alias  ‘Jhon’     justificando    que    aquél  señalamiento     lo     realizó    por    promesa    remuneratoria”.   

“Como  puede  observarse,  el  proceso está atiborrado de abundante material probatorio, pero  ninguna  prueba  permite  sostener  la medida adoptada por el a quo (sentencia  condenatoria,  se  aclara), no  hay   duda   sobre  la  militancia  de  Jesús  Manuel  Hernández  ‘Tolima’   y   Raimundo  Rueda  ‘Iván’  en  las  filas del paramilitarismo,  cada  uno  con  responsabilidades  diferentes,  el  primero  era Caletero, quien  proveía  la  munición  a  los  miembros  de  la  AUC,  en  tanto  Iván  o  Raimundo  era Comandante de la Escuadra y el encargado de  patrullar y combatir a la guerrilla”.   

“No obstante, al  contarse  con  las  versiones  que  bajo  la  gravedad  del juramento rinden los  militantes  de las AUC, resulta insuficiente para reducir responsabilidad de los  procesados  RUEDA  LEAL  y  HERNÁNDEZ  ARROYO  pues al hacer una confrontación  crítica  de tales medios probatorios con las versiones que bajo la gravedad del  juramento  rindieron  y  más  concretamente  el  testimonio de Efrén Martínez  Sarmiento,    pierde    contundencia    y    credibilidad,   pues   éste  es  enfático  en afirmar que Tolima e Iván pertenecieron a  las  AUC  y  participaron en las torturas y homicidios cometidos contra personal  civil,  pero  es  un testigo que para la Sala no ofrece mayor credibilidad, toda  vez  que  le  asisten intereses de tipo económico que lo conminan a faltar a la  verdad”.   

“Las versiones  de  los  militantes  de  las  AUC  no  son  suficientemente aptas para colmarlas  (las   inferencias   sobre   responsabilidad  de  los  procesados,    se    precisa),   pues   tan  sólo  se limitan a sindicarlos de pertenecer a las AUC, en su  condición de comandantes”.   

Los  testimonios  de  cargo  corresponden a  “personas  que según certificación del Ministerio  del  Interior   y  de  Justicia,  se  encuentran  vinculados al Programa de  Reincorporación  a  la Vida Civil, circunstancia esta  que       los       convierte      en      testigos      sospechosos”.   

El    testimonio    de    Efrén       Martínez      Sarmiento  “se  resquebrajó  a tal punto que no se ha logrado  aún   sostener  una  medida  de  condena  contra  ninguno  de  los  vinculados,  porque  su  versión, si bien ha guardado coherencia,  no  ha sido claro y responsivo, por cuanto se observa en aquél animadversión e  interés  en  el  resultado,  a  tal punto que en una  exposición  se  niega  a colaborar argumentando que no ha recibido del gobierno  nacional  lo  que le habían prometido y reitera en la  audiencia  pública haber sido objeto de promesas remuneratorias, las que le han  incumplido”.   

“La   mera  militancia  con grupos al margen de la ley, no hace extensiva la responsabilidad  frente   a   conductas   que  al  interior  del  seno  ilegal  se  ejecuten,  la  responsabilidad  es  individual  y  por  consiguiente  no puede conminarse a una  prisión  aplicando  la  teoría  del  dominio  del  hecho por la condición que  aquellos  ostentaban,  porque  ésta  permite la toma de decisiones y el dominio  del  hecho,  entendiendo  que en ella está implícita la voluntad de detener la  producción  del  resultado,  pero  existen  piezas procesales que advierten que  Tolima  e  Iván su radio de operaciones era distante  del  lugar  donde se desarrollaron los actos macabros,  pues  recuérdese  que  Jesús Manuel Hernández era caletero, cuya función era  el  almacenamiento  y suministro del armamento y munición, situación que no lo  excluyó  de  responder  por  el  delito  de concierto para delinquir, porque en  cierta  medida  contribuyó  con dicha actividad ilegal. En tanto Raimundo Rueda  Leal,  si  bien  ostentó  las  condición  de  comandante,  igual  el centro de  operaciones  era  distinto al sitio donde se halló el número de cadáveres sin  identificar”.   

“Así las cosas,  echa  de  menos  la Sala en el plenario la prueba que involucre de manera clara,  precisa  y concreta a aquellos como partícipes de los innumerables homicidios y  torturas,  que lleve a la certeza para proferir fallo  de condena”.   

“Refuerza  lo  anterior,  la  imposibilidad  técnica  de  lograr la  plena  individualización de los 36 cuerpos que fueron  hallados en las fosas comunes”.   

“No   puede  desconocerse  que  en  efecto aquellos 36 cuerpos fueron mutilados, desmembrados  por  el  grupo ilegal AUC, pero esa responsabilidad no  puede    hacerse    extensiva    a    todos    quines    militaban    en    esta  asociación,  la  aceptación  de  aquellos  en  las  huestes  de  las  AUC  no  tiene la fuerza probatoria requerida para señalarlos  como  tal,  en  consecuencia,  se  revocará  la sentencia (…) y de contera se  absolverán  de  poscargos por los cuales fueron convocados a juicio” (subrayas fuera de texto).   

         Una  vez  precisado  lo  anterior,  es pertinente señalar que ya la  Sala  ha  tenido  la oportunidad de pronunciarse conceptualmente en punto de dos  aspectos  de  singular importancia en el análisis de las pruebas obrantes en la  actuación,  el  cual  conducirá  a la solución casacional de este asunto; son  ellos,  de  una  parte,  la determinación y la autoría directa respecto de las  conductas  delictivas cometidas por integrantes de una organización criminal, y  de  otra,  las  exigencias  dispuestas  por  el  legislador  para proferir fallo  condenatorio  a  partir de la consecución de la certeza, o bien, la aplicación  del   principio   in   dubio   pro   reo disponiendo la correspondiente absolución.   

         2.          La  determinación y la autoría directa respecto de las conductas  delictivas cometidas por integrantes de una organización criminal.   

          Sobre  esta  temática  ha dicho la Sala2  que el artículo 29 de la Ley  599 de 2000 dispone:   

“Autores.  Es  autor  quien  realice la conducta punible por sí mismo o utilizando a otro como  instrumento”   

“Son coautores  los  que, mediando un acuerdo común, actúan con división del trabajo criminal  atendiendo la importancia del aporte”.   

“También  es  autor  quien  actúa  como  miembro u órgano de representación autorizado o de  hecho  de una persona jurídica, de un ente colectivo sin tal atributo, o de una  persona  natural  cuya  representación  voluntaria  se  detente,  y  realiza la  conducta  punible,  aunque los elementos especiales que fundamentan la penalidad  de  la  figura  punible respectiva no concurran en él, pero sí en la persona o  ente colectivo representado”.   

“El autor en sus  diversas   modalidades   incurrirá   en  la  pena  prevista  para  la  conducta  punible”.   

A  su  vez  el  inciso 2º del artículo 30  establece:   

“Quien determine  a  otro a realizar la conducta antijurídica incurrirá en la pena prevista para  la infracción”.   

De  los  anteriores preceptos se deduce que  tiene  la condición de autor, tanto quien realiza la conducta (autor material),  como  aquél que domina la voluntad de otro y lo objetiva como instrumento de su  propósito criminal (autor mediato).   

También incluye el legislador la coautoría  material  propia  y la impropia. La primera se presenta cuando varios individuos  mediante  acuerdo  previo  o  concomitante  realizan  la  conducta,  pero  todos  actualizan  el  verbo  rector  definido  en el tipo, como cuando cada uno de los  coautores  hiere  letalmente  y  con  el  propósito  de  causar  la muerte a la  víctima.   

La  otra,  la coautoría material impropia,  tiene  lugar  cuando  entre las personas que concurren a la comisión del delito  media   división   de   trabajo,  figura  también  denominada  “empresa  criminal”, pues todos realizan  una  parte  del  delito, incluso algunos efectúan comportamientos objetivamente  intrascendentes  o atípicos, no por ello impunes, como cuando alguien se limita  a  esperar  a otros miembros de la asociación ilegal en un automóvil fuera del  lugar  donde  se  comete  el delito, con el propósito de transportarlos una vez  culminen su tarea.   

A  su  vez,  dentro  de la misma preceptiva  puede  efectuarse  un  cotejo  entre la determinación y la autoría mediata. En  aquella  se  establece  una  relación  persona a persona a partir de una orden,  consejo,   acuerdo  de  voluntades,  mandato  o  coacción  superable  entre  el  determinador  y  el  determinado  (autor material), dado que ambos conocen de la  tipicidad,  antijuridicidad  y  culpabilidad  del comportamiento realizado, pero  sólo  éste  tiene  dominio  del  hecho,  motivo  por  el  cual, también ambos  responden   penalmente   de   la   conducta   hasta  la  fase  en  que  se  haya  cometido.   

Por  su  parte, en la figura de la autoría  mediata,    entre    autor    mediato   (también   denominado   “el   hombre   de   atrás”  o  el  que  “mueve  los  hilos”)  y  ejecutor  instrumental,  se  establece  una  relación persona a “persona  objetivada”  o  cosa,  pues se  soporta  en  una coacción ajena insuperable, en una inducción en error o en el  aprovechamiento  de  un error, de manera que sólo el autor mediato conoce de la  tipicidad,  ilicitud  y  culpabilidad  del  comportamiento,  en  tanto,  que  el  ejecutor    instrumental    obra    –    salvo    cuando    se   trata   de   inimputables   –  bajo  una  causal  de  exclusión de  responsabilidad,  motivo  por  el  cual,  mientras  el  autor  mediato  responde  penalmente,     el     ejecutor    instrumental,    en    principio,    no    es  responsable.   

          En  efecto,  hay  casos  en  los  que el ejecutor sí responde, como  ocurre  cuando  el  autor mediato utiliza a inimputables, quienes son penalmente  responsables al serles impuestas medidas de seguridad.   

También  hay  lugar  a imponer sanción al  individuo   mediatizado   cuando  actúa  bajo  error  vencible  de  tipo  o  de  prohibición  indirecto  de  tipo permisivo, siempre que el delito por el que se  proceda  admita  la  modalidad  conductual  culposa.  Igualmente,  cuando aquél  actúa  por  error  vencible  de prohibición directo la pena se rebajará en la  mitad.   

          Autores   como   el  profesor  alemán  Clauss  Roxin  incluyen  una  tipología  adicional  dentro  de la figura de la autoría mediata, y es aquella  relativa  a  la  condición de quien actuando como jefe de un aparato organizado  de  poder,  imparte  una  orden,  pues  sabe  que  alguien  de  la organización  –  sin  saber quién  – la ejecutará , de modo  que     “el    hombre    de    atrás”  no  necesita  recurrir  ni a la coacción ni a la inducción en  error  o  al  aprovechamiento  de  error  ajeno  (hipótesis tradicionales de la  autoría  mediata),  puesto  que,  además,  tiene certeza en que si el ejecutor  designado  no  cumple  con  su  tarea,  otro  la  hará,  es decir, que el autor  inmediato    resulta    fungible    y,    por   tanto,   su   propósito   será  cumplido.   

          Sobre  este  tema  se  impone  recordar  que  la Sala en un caso que  guarda algunas semejanzas con el aquí analizado puntualizó:   

“Se predica la  coautoría,  cuando  plurales  personas  son gregarias por voluntad propia de la  misma  causa  al margen de la ley, comparten conscientemente los fines ilícitos  propuestos  y  están  de  acuerdo  con los medios delictivos para lograrlos, de  modo  que  cooperan  poniendo  todo  de  su  parte para alcanzar esos cometidos,  realizando  cada  uno  las  tareas  que le corresponden, coordinadas por quienes  desempeñen     a     su     vez     el     rol     de     liderazgo”.   

“En   tales  circunstancias,  quienes  así actúan, coparticipan criminalmente en calidad de  coautores,  aunque  no todos concurran por sí mismos a la realización material  de  los  delitos  específicos;  y  son  coautores,  porque de todos ellos puede  predicarse  que dominan el hecho colectivo y gobiernan su propia voluntad, en la  medida   justa  del  trabajo  que  les  correspondiere  efectuar,  siguiendo  la  división  del  trabajo  planificada  de  antemano o acordada desde la ideación  criminal”.   

“En el presente  caso,   donde  subversivos  del  ELN,  de  distintas  jerarquías,  sumaron  sus  voluntades   libres   para   dinamitar   el  oleoducto  cercano  a  Machuca,  en  cumplimiento  de  las  políticas  de  ataque  terrorista  a  la infraestructura  petrolera,  compartidas  por  todos ellos, es evidente  que   los   directivos   de   esa   organización   criminal  no  actuaron  como  determinadores  de  los  ejecutores  materiales,  sino  en calidad de coautores,  porque  no  es  cierto,  al  menos  las  pruebas  no lo indican así, que dichos  directivos  hubiesen  hecho  nacer  la  idea  criminal en los milicianos rasos y  menos  que  dominaran  la  voluntad de éstos; pues, por el contrario, lo que se  verifica  razonablemente  es  que  los  guerrilleros  del  ELN  implicados en la  destrucción  de  la tubería desplegaron la conducta que les correspondía, con  acuerdo   previo,   por  convicción  propia,  por  compartir  las  ‘políticas’ del grupo armado ilegal, directrices  que  conocían  y  a  las cuales habían adherido con antelación, en un proceso  paulatino  de reclutamiento, diseño de estrategias, entrenamientos, aprendizaje  de    doctrinas    y    estandarización    de   modos   de   actuar”.   

“Mediando, como  en  el  presente  asunto,  ideologías  compartidas,  voluntades  concurrentes e  intervención  con aportes concretos según la división preacordada del trabajo  criminal,   se   afirma   que   todos  son  coautores  globalmente   de   la  conducta  delictiva  realizada  y  responsables  por  sus  consecuencias. No es, como suele entenderse, que cada  uno  sea autor sólo de la parte que le corresponde en la división del trabajo;  ya  que  en  este  género  de manifestaciones del crimen organizado se gesta un  conocimiento  común y una voluntad que también es común y por ello, el delito  que   recaiga   en   ese  marco  de  acción,  pertenece  a  todos  como  a  sus  autores”.   

“Quizá,  un  entendimiento  equivocado  de  esa  temática,  llevó  al  Tribunal  Superior a  concluir  erróneamente  que  los  integrantes  del  Comando Central del ELN son  responsables  únicamente  por  trazar ‘políticas’  de  ataques  terroristas  a  la  infraestructura  petrolera, pero no así de las  voladuras  concretas  de  los  oleoductos,  que, serían atribuibles sólo a sus  ejecutores.  Y  tal  conclusión  es incorrecta, porque parte de suponer que los  directivos  del  grupo  armado ilegal se limitan a trazar líneas de pensamiento  político,  como  si  ignorase  que  tales  directrices  también son de acción  delictiva;  y  que para su materialización consiguen recursos, los administran,  los  adjudican  a  los  planes  operativos concretos y asignan prioridades a las  gestiones     de    ataque    al    ‘enemigo’  o  simplemente   para   el   adoctrinamiento   o  la  supervivencia  cotidiana  del  grupo”.   

“De otra parte,  cuando  existe  división  del  trabajo criminal, para predicarse  la   coautoría    impropia,    no    se   requiere  –  como  piensa  el  Tribunal Superior  –  que   hasta  los  más  mínimos  detalles  de  las  tareas que a cada uno corresponden, deban ser  previamente    determinados    con    la   aquiescencia   de   todos”.   

“Un ‘experto’ en instalar artefactos explosivos no  necesita  recibir  instrucciones  minuciosas.  Es más, él puede seleccionar el  tiempo,  modo  y la ubicación que estime adecuados y no por ello desarticula el  vínculo  de  coautoría con los restantes partícipes que aportaron su gestión  para  lograr  el  delito  común.  En  ello  consiste  precisamente  la  división  del  trabajo  según la habilidad o especialidad de  cada  quien, todo para lograr una finalidad ilícita compartida; ya que, si así  no   fuera,   indistintamente  cualquiera  acudiría  a  realizar  las  diversas  acciones,   caso   en   el   cual   la   intervención  plural  podría  no  ser  necesaria”3    (subrayas    fuera    de  texto).   

          En  suma,  los  mandos  o  cabecillas  de la organización tienen la  condición  de  coautores,  en  el  entendido  de  que  los  militantes de tales  agrupaciones  comparten  no  solo los ideales, sino las políticas de operación  y,  por  ello,  la  responsabilidad  por los hechos delictivos ordenados por las  cabezas  compromete  en calidad de coautores, tanto a quienes los ejecutan, como  a  quienes  los ordenaron, sin que, entonces, haya lugar a la configuración del  instituto de la determinación.   

3.           La  certeza  y la aplicación sucedánea  del   principio   in   dubio   pro   reo.   

El  artículo 232 de la Ley 600 de 2000 que  se ocupa de la necesidad de la prueba dispone:   

“No  se podrá  dictar  sentencia  condenatoria sin que obre en el proceso prueba que conduzca a  la   certeza   de   la  conducta  punible  y  de  la  responsabilidad  del  procesado”  (subrayas fuera de  texto).   

         Por   su   parte,   el   artículo   7º   del   mismo  ordenamiento  establece:   

“Presunción de  inocencia.  Toda  persona  se  presume  inocente  y  debe  ser  tratada como tal  mientras   no  se  produzca  una  sentencia  condenatoria  definitiva  sobre  su  responsabilidad           penal”.   

“En   las  actuaciones  penales  toda  duda  debe  resolverse en  favor    del    procesado”   (subrayas   fuera   de  texto).   

        Tal  como  ha  sido expuesto por la Sala4,   la  convicción  sobre  la  responsabilidad  del  procesado corresponde a un estadio del conocimiento propio  de         la         certeza        racional5  (si  ocurre  A,  entonces, necesariamente acontece B) y, por  tanto,  relativa,  dado  que  la  certeza  absoluta  resulta  imposible desde la  perspectiva  de  la gnoseología en el ámbito de las humanidades e inclusive en  la relación sujeto que aprehende y objeto aprehendido.   

En consecuencia, sólo cuando no se arriba a  dicha  certeza  relativa de índole racional ante la presencia de dudas sobre la  materialidad  y existencia del delito investigado o sobre la responsabilidad del  acusado,  siempre  que,  en todo caso, dichas dudas tengan entidad y suficiencia  como  para  crear  incertidumbre  sobre  tales  aspectos cuya acreditación debe  efectuarse  con medios de prueba reales y posibles en cada caso concreto, no con  elementos  de convicción ideales o imposibles, ahí, en tal momento, es posible  acudir  a  la  aplicación  del principio in dubio pro  reo,  esto  es,  resolver la vacilación probatoria en  punto de la demostración de la verdad, a favor del acusado.   

        Así  las cosas, no resulta conforme con la teoría del conocimiento  exigir  que  la demostración de la conducta humana objeto de investigación sea  absoluta,  pues  ello  siempre  será,  como  ya  se dijo, un ideal imposible de  alcanzar,  como  que  resulta  frecuente que variados aspectos del acontecer que  constituyó  la génesis de un proceso penal no resulten cabalmente acreditados,  caso  en  el  cual,  si  tales detalles son nimios o intrascendentes frente a la  información  probatoria  ponderada en conjunto, se habrá conseguido la certeza  racional requerida para proferir fallo de condena.   

Por  el contrario, si aspectos sustanciales  sobre  la  materialidad del delito o la responsabilidad del acusado no consiguen  su  demostración  directa o indirecta al valorar el cuadro conjunto de pruebas,  se   impone  constitucional  y  legalmente  aplicar  el  referido  principio  de  resolución  de  la duda a favor del incriminando, el cual a la postre, también  se  encuentra  reconocido  en la normativa internacional como pilar esencial del  debido proceso y de las garantías judiciales.   

          4.        El caso concreto.   

(i)          Como el Tribunal comienza por afirmar que  el      testimonio     de     Efrén     Martínez  Sarmiento  se  resquebrajó  al  decir en la audiencia  pública  que  señaló  a  los  procesados  como  autores  de  los  delitos, en  atención  a las promesas remuneratorias que por su colaboración le ofreció el  Estado,  advierte  la  Sala de manera palmaria en tal consideración un error de  hecho  por  falso  raciocinio  derivado  del  quebranto  de  las  reglas  de  la  experiencia.   

En  efecto,  importa  señalar  que  dicho  ciudadano  al  rendir  su  testimonio  aceptó su militancia en las Autodefensas  Unidas  de Colombia, condujo a las autoridades al corregimiento de Puerto Torres  en  el municipio de Belén de los Andaquíes, sitio donde fueron encontradas las  fosas  con 36 cadáveres, amén de otras dos fosas con 12 más en las veredas La  Tortuga  y La Cándida, y señaló a MANUEL HERNÁNDEZ  ARROYO  (alias “Tolima”),  RAIMUNDO       RUEDA      LEAL      (alias            “Iván”)  y  Everardo  Bolaños  (alias  “Jhon”)    como   autores,   responsables   de  secuestrar,   torturar  y  causar  la  muerte  a  aquellas  víctimas,  pues  se  desempeñaban   como   cabecillas   del  referido  grupo  armado  ilegal  en  la  zona.   

         Sobre  el  planteamiento del Tribunal observa la Sala que desde hace  cerca  de  veinte  (20) años, uno de los mecanismos implementados por el Estado  en  desarrollo de la política criminal, específicamente en la reacción frente  a  la comisión de delitos organizacionales como el tráfico de estupefacientes,  el  terrorismo, el lavado de activos, la subversión y el paramilitarismo, entre  otros,  ha  sido  el  de  otorgar  recompensas  de orden económico o beneficios  punitivos,    para    quienes    contribuyan   en   la   delación   de   dichos  punibles.   

         Es  cierto  que  generalmente,  quienes  concurren a las autoridades  para  relatar tales informaciones de índole reservada y secreta, sólo conocida  por  los  criminales  involucrados  en  aquellas  organizaciones delictivas, han  tenido  alguna  ubicación en su estructura, de modo que han participado directa  o  indirectamente de los delitos sobre los cuales versan sus informaciones, pues  no  de  otra  manera conseguirían tener acceso a los datos y detalles puntuales  que suministran.   

         Es   igualmente   claro  que  no  resulta  exótico  que  individuos  interesados  en  las  recompensas  anunciadas  por el Estado o en los beneficios  punitivos,  suministren  a  las  autoridades informaciones falsas, y es por ello  que   ante  la  entrega  de  tales  datos,  el  Estado  emprende  una  tarea  de  verificación en procura de constatar si son ciertos o no.   

         Por  tanto, sin dificultad se colige que no todo aquél que concurre  a  suministrar  información  sobre  la  comisión  de delitos es necesariamente  veraz  o  ineludiblemente  embustero,  pues en cada caso concreto corresponderá  establecer,  con  independencia  de  que  la  recompensa se entregue o no, si lo  expuesto encuentra soporte en el mundo exterior.   

Resulta necesario recordar que las reglas de  la  experiencia  se configuran a través de la observación e identificación de  un  proceder  generalizado  y repetitivo frente a circunstancias similares en un  contexto    temporo   –  espacial  determinado.  Por  ello,  tienen  pretensiones  de  universalidad, las  cuales  sólo  se  exceptúan  frente  a  condiciones especiales que introduzcan  cambios  en sus variables con virtud para desencadenar respuestas diversas a las  normalmente esperadas y predecibles.   

          Así  las  cosas,  las  reglas  de  la  experiencia  corresponden al  postulado  “siempre  o casi siempre que se presenta  A,  entonces,  sucede B”, motivo por el cual permiten  efectuar  pronósticos  y  diagnósticos.  Los primeros, referidos a predecir el  acontecer   que   sobrevendrá   a   la  ocurrencia  de  una  causa  específica  (prospección)  y  los  segundos,  predicables de la posibilidad de establecer a  partir   de   la   observación   de   un   suceso   final  su  causa  eficiente  (retrospección)6.   

          Precisado  lo  anterior  encuentra la Sala que el Tribunal acudió a  una  regla de la experiencia inexistente e ilógica, al considerar con carácter  absoluto  que quien recibe beneficios económicos del Estado con ocasión de sus  delaciones  tiene interés en el resultado del proceso y por tanto su testimonio  debe ser descartado en cuanto carece de credibilidad.   

Por el contrario, conforme a lo puntualizado  en  precedencia,  advierte  la  Sala que la correcta apreciación de lo expuesto  por    Efrén    Martínez    Sarmiento  implicaba  ponderar,  que si bien le fueron prometidas recompensas  por  parte  del  Estado en razón de sus colaboraciones en el esclarecimiento de  los  atroces  comportamientos  cometidos  por las AUC, lo cierto es que su dicho  fue  corroborado  y  encontró  apoyo,  tanto  en la verificación de los sitios  donde  dijo  se  encontraban  los cadáveres, como en las declaraciones de otros  testigos.   

          No  se  aviene con el estado actual de la situación del país y con  las  peculiaridades  de  delitos  como  los que motivaron este diligenciamiento,  restar  mérito  suasorio  a  quienes informan a las autoridades datos exactos y  verificados,  por  el  solo  hecho  de  que  se les haya prometido la entrega de  recompensas  económicas  o  beneficios punitivos, o dicho de otra manera, no es  la  ausencia del provecho lo que dota de credibilidad a los testimonios, sino la  constatación   de  que  lo  expuesto  encuentra  soporte  en  otros  medios  de  prueba.   

Sobre  el  particular  se  tiene  que  fue  Martínez Sarmiento quien en  una  de  sus  intervenciones  señaló  el sitio exacto donde se encontraron los  cadáveres  y  posteriormente, en el lugar indicó dónde se hallaban las fosas,  amén  de  que  relató  la forma en que operaban las AUC, en especial el Bloque  radicado en el corregimiento de Puerto Torres.   

Adicionalmente,   lo  expuesto  por  dicho  ciudadano  fue sustancialmente corroborado con las declaraciones de Líder  Garzón Cerquera, Alfredys Moya Mena, Hugo Alberto Valencia  Reyes   y  Nilson  Valencia  Reyes.   

         Conforme  a  lo  anterior, advierte la Sala que, tal como lo señala  el  Fiscal demandante y lo resalta el Procurador Delegado, incurrió el Tribunal  en  un  error  de  hecho  por falso raciocinio, al desestimar la declaración de  Efrén  Martínez  Sarmiento  sin  tener  en  cuenta  que  al  verificar sus informaciones resultaron veraces,  además  de que dicha Corporación no señala cuáles fueron los aspectos en los  que  mintió  el testigo, ni los motivos de animadversión para estar interesado  en perjudicar injustamente a los procesados.   

         Y  aún más, importa recordar que el artículo 277 de la Ley 600 de  2000   señala  como  criterios  para  apreciar  el  testimonio  “los  principios de la sana crítica y, especialmente, lo relativo a  la  naturaleza del objeto percibido, al estado de sanidad del sentido o sentidos  por   los   cuales   se   tuvo  la  percepción,  las  circunstancias   de  lugar,  tiempo  y  modo  en  que  se  percibió,  a  la  personalidad  del declarante,  la forma como hubiere  declarado  y  las singularidades que puedan observarse  en  el testimonio” (subrayas fuera de texto), de modo  que  el provecho cierto o presunto, derivado de las recompensas ofrecidas por el  Estado  carece  de virtud para restar toda credibilidad a los declarantes que se  encuentran  en  tales  circunstancias, como erradamente procedió el Tribunal de  Florencia.   

(ii)            Como    también   el   ad  quem sustenta el fallo absolutorio en  que  los  testimonios  de  los  militantes  de  las  AUC no son suficientes para  deducir  responsabilidad a los acusados, en cuanto se limitan a señalarlos como  comandantes  de  dicha  organización  armada ilegal, además de que se trata de  personas  vinculadas al Programa de Reincorporación a la Vida Civil, motivo por  el       cual       tienen       la      condición      de      “sospechosos”,  evidencia  la  Sala  un  nuevo    error   de   hecho   por   falso   raciocinio   en   tal   apreciación  probatoria.   

         En  efecto, encuentra la Sala que también una tal consideración no  se  compadece con las reglas de la sana crítica y la obligación de ponderar en  conjunto  las pruebas obrantes, pues es claro, de una parte, que cada uno de los  testigos  está  llamado  a  exponer  únicamente  aquello  sobre  lo cual tiene  información  directa  o indirecta, de modo que si los referidos miembros de las  AUC   sólo   sabían   que   RAIMUNDO   RUEDA  LEAL  (alias    “Iván”)  y  JESÚS   MANUEL   HERNÁNDEZ   ARROYO   (alias            “Tolima”)  eran  comandantes,  ese  es su aporte, el cual debe ser concatenado con el resto  de información obrante en el expediente.   

         Y  de  otra, que si aquellos declarantes se encuentran vinculados al  Programa  de  Reincorporación  a la Vida Civil, no por ello pueden ser tildados  de  sospechosos, pues para tener tal condición sería preciso demostrar cuáles  son  las razones por las cuales se considera que estarían interesados en faltar  a  la  verdad,  situación  que  en  este  asunto  no  explicó  el  Tribunal de  Florencia, ni tampoco la Sala advierte.   

         Por  el  contrario,  tal  como lo señala el Procurador Delegado, es  frecuente  que  quienes  han  estado vinculados a las organizaciones criminales,  estén  en capacidad de brindar más y mejores datos en punto de las actividades  ilegales  adelantadas,  sin  que, por tanto, su reinserción a la sociedad civil  los  coloque  en  circunstancia  de  minusvalía  para  declarar  o que por ello  merezcan  ser  tenidos  como testigos sospechosos, según lo asumió erradamente  el ad quem.   

         El  aserto  precedente  cobra  mayor  valía  cuando  se  procede  a  verificar  el  aporte  de cada uno de los medios de prueba en la reconstrucción  conjunta  de  las conductas investigadas y la consiguiente responsabilidad penal  de los incriminados, como a continuación se efectúa:   

         De  especial  relevancia  resultan  los  testimonios de Efrén  Martínez  Sarmiento, Helka Alejandra Quevedo, María Nelcy  Montoya   Celeda,  Nilson  Valencia  Reyes,  Blanca  Magnolia  Morales,  Charles  Figueroa  Criollo,  Leider  Garzón  Cerquera,  José  Alfredis  Moya Mena, Hugo  Alberto  Lozano,  Daniel  Galindo  Plaza,  Luly  Amparo  Gutiérrez  y  Rosalía  Montoya.   

         El  primero declaró el 13 de agosto de 2002, en cuanto se refiere a  los   procedimientos,  armas  y  móviles  del  Bloque  Sur  Andaquíes  de  las  Autodefensas  del  Caquetá  contra  sus  víctimas,  que  al  ingresar  a dicha  organización,  lo  enviaron a la “Compañía Móvil  Delta”,  acantonada en Puerto Torres en el municipio  de  Belén  de  los Andaquíes, Caquetá, a donde llegó el 23 de enero del año  2002.   

         Añadió   que   el   Bloque   Central  estaba  dividido  en  varias  compañías  móviles  como  “Atacadoras”,         “Bisonte”,         “Águila”,         “Cóndor”,  “Delta”  y  el  grupo  especial  que  operaba  en  Puerto Torres, con aproximadamente 150  hombres,  quienes  vivían  en “La Finca”,  lugar  de  acopio,  en  una casa grande ubicada después de la  iglesia,  a donde “llevaban a todas las personas que  reclutan,  los  que van a matar con armas de fuego, cortopunzantes, contundentes  y  una  vez  asesinados son descuartizados y empacados en bolsas de polietileno,  para   enterrarlos  en  el  área  de  la  pista  de  entrenamiento  y  otro sector por los lados de las palmeras a unos 200 metros de  la   casa;   yo   considero   que   hay   un   poco   más   de  100  cadáveres  enterrados” (subrayas fuera de texto).   

Precisó  que  se  causaba  la muerte a las  personas  en  tales  condiciones,  en  razón  de saberse o sospecharse que eran  guerrilleras,  auxiliadoras de la subversión, e incluso integrantes de la misma  agrupación  paramilitar, cuando habían cometido algún error o se suponía que  eran infiltradas en la organización.   

         Por  su parte, la Antropóloga del Cuerpo Técnico de Investigación  Helka  Alejandra  Quevedo,  declaró  que  Efrén Martínez Sarmiento  fue  quien  señaló  con  precisión el lugar exacto donde fueron  halladas  las fosas en el corregimiento de Puerto Torres, amén de referirle que  “a  las  personas  las  colgaban  de un árbol, las  torturaban  y posteriormente las trasladaban a un planchón y las descuartizaban  a  cuchillo  y  machete;  además  cuando  estaban  colgadas  en  el  árbol les  disparaban  y  les  mandaban cuchillos a cierta distancia. El decía que a estas  personas  las  habían  torturado y asesinado porque se creía que ellos tenían  algún contacto con la guerrilla”.   

         Cuando    Efrén   Martínez    reconoció    en    fila    de    personas    de    Everardo  Bolaños (alias “Jhon”),    expreso:   “Él  es  el que manda a matar en todos los pueblos, con motosierra,  cuchillo,  peinilla,  hacha,  eso  ha  pasado en Puerto Torres, este señor mata  mucha  gente  allá,  a mi también casi me mata, porque había un grupito y él  pasaba  y  hacía  ráfagas, a él no le interesaba a quien mataba, él no puede  pasar  un  día sin matar a alguien. Ese señor es muy criminalista (sic)  es  un  matón  (…) él  hace  eso  con  otros  comandantes,  como uno que conozco como  Tolima, él es gordito de braquez, es casi redondito,  me  parece  que  tiene un tatuaje (…) él es joven”  (subrayas fuera de texto).   

         Lo  expuesto  por  dicho  testigo fue corroborado en su declaración  por  Nilson Valencia Reyes al  decir  que  “los  tenían  un  tiempo  amarrados  o  atados,    sacándoles    información   por   medio   de   torturas,  esto era prácticamente de conocimiento público porque la gente  que  vive  en  Puerto  Torres se daba cuenta de ello”  (subrayas fuera de texto).   

         A     su    vez,    Charles    Figueroa  Criollo  dijo  haberse  incorporado a las AUC en 2002,  habiendo  sido  trasladado  a  La Coquera, donde recibió instrucción militar y  conoció,       entre       otros,       al      comandante      “Jhon”.   

         También       Líder       Garzón  Cerquera  declaró  que ingresó a dicha organización  ilegal    en    febrero    de    2002,    fue   recibido   por   “Jhon”   en  Puerto  Torres  y  le  fue  asignado    el    manejo    de    la    escuadra   de   seguridad   Halcón  I, la cual se movilizaba por los  municipios  de Curillo, Belén de los Andaquíes, Yurayaco, Santiago de la Selva  y  otros.  Relató varios episodios concretos de torturas previas a la muerte de  personas  por  orden  de los comandantes de las AUC y su ulterior desmembración  para  introducir  los  cadáveres  en fosas de 50 por 50 centímetros que llamó  “apartamentos”.   

         De   la   misma   manera  declaró  José  Alfredis  Moya  Mena,  quien  señaló  a JESÚS       MANUEL       HERNÁNDEZ       ARROYO      (alias            “Tolima”)  como  comandante de compañía; en la misma oportunidad dijo que las AUC mataron  a  muchas personas y que quienes “generalmente van a  los  pueblos  y recogen la gente que acusan de ser guerrilleros generalmente son  los  URBANOS,  ellos llegan allá con 2, 3 o 4 manes y los amarraban; esos manes  quedaban  a  cargo  de  los comandantes y de los escoltas de ellos, que eran los  que   mataban  a  la  gente.  Ahí  se  mataba  mucha  gente,  miembros  de  las  autodefensas   que   la   cagaban   o   civiles   que   llevaban,   hubo  muchas  muertes”.   

La  veracidad  de  lo  expuesto  por  los  mencionados  declarantes  fue  constatada  con las evidencias encontradas por la  Comisión  de  Especialistas  de  la  Fiscalía  General de la Nación, la cual,  guiada  por  Efrén  Martínez  Sarmiento,   se   trasladó   al   corregimiento   de  Puerto  Torres,  donde  efectivamente  se  encontraron  las  fosas  con  los  cuerpos descuartizados con  señales  de  tortura.  Hallazgos  similares se encontraron en los municipios de  Valparaíso,  Albania,  San  José  de  Fragua  y  en  las  veredas La  Tortuga y La  Cándida del municipio de Morelia.   

         También  confirma  lo  anterior  las  actas  de  inspección de los  cadáveres,  historias  clínicas  y  odontológicas,  álbumes  fotográficos y  documentos  donde  se  registra la recolección de evidencias encontradas en los  restos  humanos  y  prendas  de  vestir,  certificados  de  defunción, actas de  necropsia  y  diligencia  de  exhumación  lleva  a  cabo  por  los técnicos en  criminalística.   

Al   verificar   el   compromiso   de  la  responsabilidad  de  los  acusados RAIMUNDO RUEDA LEAL  (alias    “Iván”)  y  JESÚS   MANUEL   HERNÁNDEZ   ARROYO   (alias            “Tolima”) se  tiene  que  ab initio en sus  injuradas  negaron  haber  pertenecido a las AUC. No obstante, en el curso de la  audiencia  pública  aceptaron haber sido miembros de dicho grupo armado ilegal.   

         Así    pues,    RAIMUNDO   RUEDA   LEAL  (alias    “Iván”)  reconoció  haber comandado una escuadra de aproximadamente 37 hombres, adscrita  a      la      compañía      dirigida      por      alias      “Jhon”,   la  cual  operaba  en  varias  veredas  de  Valparaíso y Albania. Dijo haber participado en combates contra la  guerrilla  y  que  sólo  fue  a  Puerto  Torres en dos ocasiones a visitar a su  esposa    con    permiso    de   “Jhon”,  donde  conoció  a  Efrén Martínez  Sarmiento.   

         Por  su  parte,  JESÚS MANUEL HERNÁNDEZ  ARROYO  (alias “Tolima”)  admitió  haber  ingresado  a las AUC en junio de 2001, llegó directamente a la  finca   La  Coquera  en  el  Municipio  de  Belén  de los Andaquíes, donde se concentraba la organización,  su   jefe  inmediato  era  alias  “Jhon”,  y  se  dedicaba  al  suministro  de  armas de toda clase a los  miembros   de   la   organización   en   su   condición   de  “caletero”.   

         Pese    a    lo    expuesto    por    los   acusados,   Efrén  Martínez  Sarmiento en diligencia  de  reconocimiento  en  fila  de  personas de Everardo  Bolaños,         (alias        “Jhon”),  sindicó  directamente a alias  “Iván”      y  “Tolima”   de   ser  “comandantes”   que  “mandan  a  matar”. Esta  imputación  la ratifica posteriormente en la declaración del 2 de diciembre de  2002,  en  la  cual  señala  que en la escala jerárquica del Bloque Sur de las  AUC,  después  de “Jhon”  seguía   “Tolima”;  y  nuevamente,  ante  la  Fiscalía  de  la  Unidad de Derechos Humanos reitera que  “Iván”      y  “Tolima”   eran   los  encargados  de  cumplir  las  órdenes  militares impartidas por “Jhon”.   

         Quien   se  desempeñó  como  cocinera  en  la  finca  La  Coquera,  María   Nelcy   Montoya,  declaró  que  presenció  el homicidio de cerca de diez personas en ese lugar y  observó   que   JESÚS   MANUEL  HERNÁNDEZ  ARROYO  (alias    “Tolima”)  iba     con     frecuencia     a     hablar     con     alias    “Jhon”.  Igualmente  aseveró  que entre  los       comandantes       más      nombrados      estaba      “Tolima”.  En  sentido  similar declaró  Alfredys  Moya  Mena, quien  puntualizó  que “Tolima”  era comandante de compañía.   

A  su turno, Hugo  Alberto  Lozano  Granada  declaró  haber  conocido  a  “Tolima” cuando cumplía  la  labor  de “Caletero”,  pero      éste      posteriormente      fue      designado      “Comandante”  de Urbanos en Albania, San  José  del  Fragua  y  Curillo.  Incluso,  dijo  que  tuvo  conocimiento  de que  “Tolima” había ordenado  la   muerte   de   once  personas  en  Curillo  en  marzo  de  2002.   

Daniel    Galindo    Plaza  reconoció haber enterrado varios cuerpos humanos por orden de las  AUC,  los  cuales  al  parecer  eran integrantes de esa organización ilegal que  habían    muerto    en    combate;    también    dijo    que   “Tolima”  era  uno de los comandantes en  la región de Albania.   

Respecto      de      RAIMUNDO     RUEDA     LEAL     (alias  “Iván”)  se  tiene que  llegó  al  Caquetá  el 13 de junio de 2001, ubicándose en la Finca La Coquera  bajo  el mando de “Jhon”.  Nilson   Valencia   Reyes  declaró  que  aquél causó la muerte a un joven en Puerto Torres por un motivo  sin  importancia  y que en el organigrama de las AUC del Caquetá era el tercero  en    jerarquía,    como   comandante   de   compañía   y   a   la   vez   de  escuadra.   

Charles   Figueroa   Criollo       dijo       haber       conocido       a       “Iván”   en   Santiago  de  la  Selva,  caserío  de  Valparaíso, desde donde en un mes se desplazó hasta La Tigrera y  La  Coquera,  todo lo cual confirma la amplia movilidad de las compañías en el  territorio  dominado  por  las  AUC.  En  sentido  similar  expuso  Líder  Garzón  Cerquera,  comandante de  escuadra        de       las       Autodefensas,       que       “Iván”  era  uno  de  los  líderes  o  comandantes de las AUC del Caquetá.   

Finalmente,   el   mismo   Efrén   Martínez   Sarmiento   declaró  respecto  de  “Iván” y  “Tolima”:   

“Es que eso lo  dirigía          era          ‘Jhon’,  él  era  el  que  daba  las  coordenadas a ‘Iván’,  ‘Iván’  iba  con  la gente, con la tropa de  él,     la     Compañía    de    ‘Iván’  era  de  ochenta,  cien  o  más  hombres,  eran  los  que se entraban a atacar a los  pueblos  a  hacer  masacres, a traer gente a la finca,  donde  los  amarraban  y  los mataban con peinillas, motosierras, los torturaban  con  candela,  duraban  como ocho días en el calabozo, y sin morir les cortaban  los  brazos,  pies,  eso lo movían porque todavía no habían muerto, y echaban  la    gente    en   unos   huecos   de   sesenta   por   ochenta.   ‘Jhon’  era  el  que  daba  las órdenes de  asesinarlos  y  torturarlos  y  la misión la hacían  directamente              ‘Iván’  y  otros        que       era       ‘Tolima’  y  otros  que  no  se me los nombres” (subrayas fuera de  texto).   

Según se estableció en las necropsias, los  homicidios  y  las torturas objeto de investigación se realizaron entre abril y  septiembre  de  2002, época en la cual RAIMUNDO RUEDA  LEAL  y  JESÚS  MANUEL HERNÁNDEZ ARROYO eran miembros  activos  de  las  AUC del Caquetá, pues ingresaron a tal organización en junio  de  2001  y  ambos  fueron  capturados  el 25 de noviembre de 2002 en Florencia,  Caquetá.   

Una  vez efectuada la ponderación conjunta  de  las  pruebas mencionadas en precedencia, sin dificultad concluye la Sala que  el  Bloque  Sur  Andaquíes del Caquetá, asentado en la finca La Coquera, desde  donde  se  coordinaban  todas  las  acciones  delictivas  realizadas  dentro del  territorio   dominado   por   las  AUC,  pero  divido  en  varias  compañías móviles, como “Atacadoras”,       “Bisonte”,        “Águila”,        “Cóndor”,        “Delta”, etc., tuvo su influencia en esa  zona  desde  el  año  2000,  organizado  con  una  estructura militar, esto es,  mediante  jefes  o  cabecillas  que  impartían  órdenes de secuestrar, matar y  descuartizar,  entre  otros, a presuntos guerrilleros y auxiliares de los grupos  subversivos,  inclusive, a miembros de sus filas que cometían algún error o se  sospechaba que eran infiltrados.   

         Fue   con   base   en  lo  inicialmente  relatado  por  Efrén   Martínez   Sarmiento   que  fue  posible  hallar  las  fosas  con  los restos humanos mutilados y con señales de  tortura,  lo  cual  sirvió  para comenzar esta investigación. Dicho testimonio  fue  corroborado  con las declaraciones de otros integrantes de las Autodefensas  del  Caquetá,  así  como  de personas que no pertenecieron a la organización,  además  de  las  evidencias  físicas  encontradas por el grupo de expertos que  efectuaron la exhumación de los cadáveres.   

Los     procesados     RAIMUNDO  RUEDA  LEAL y JESÚS MANUEL HERNÁNDEZ ARROYO  pertenecieron al Bloque Sur Andaquíes del Caquetá entre junio de  2001  y  el  25  de  noviembre  de  2002,  época para la cual se cometieron los  delitos  que  motivaron  este  averiguatorio.  El  primero  admitió  haber sido  comandante   de   una   escuadra   adscrita   a   la   Compañía  dirigida  por  “Jhon”  y fue señalado  por  los  testigos  como  el tercero al mando de la organización de las AUC del  Caquetá,  quien  causó  la  muerte  a  un  joven  en  Puerto Torres y cumplía  órdenes   de   “Jhon”,  teniendo  para tal efecto bajo su mando a cerca de cien hombres, “entraba  a  los  pueblos  a  cometer masacres y llevarse a la gente  para       ‘La  Coquera’,    donde  torturaban,  mataban  y  enterraban  los  cuerpos  en  fosas comunes”.   

Por su parte JUAN  MANUEL  HERNÁNDEZ  aceptó haber sido “caletero”  de  las Autodefensas del Sur  de     Caquetá,     bajo     el     mando    inmediato    de    “Jhon”.  Los  testigos  lo  sindican  de  cumplir  directamente  las  órdenes militares impartidas por éste para lo cual  se   reunían  con  frecuencia  en  La  Coquera,  además  de  ser  uno  de  los  “comandantes”   más  nombrados   dentro   de   la   organización  y  de  haberse  desempeñado  como  “Comandante  de Urbanos”  en  Albania,  San  José  del  Fragua y Curillo y de haber ordenado la muerte de  once personas en Curillo, en marzo de 2002.   

De  conformidad  con  lo  anterior,  queda  desvirtuada  la  presunta  ajenidad alegada por los acusados, al afirmar que sus  labores  como miembros de las AUC fueron desempeñadas en otros lugares diversos  de   donde   se   cometieron   las  atrocidades  génesis  de  este  expediente,  planteamiento  que  a  la  postre fue adoptado por el Tribunal de Florencia como  argumento  adicional  para  edificar  el  fallo absolutorio proferido a favor de  aquellos.   

Igualmente  es  pertinente  señalar que si  también  el ad quem basó la  sentencia  de  absolución  en  la  imposibilidad de identificar a las víctimas  cuyos   restos   fueron  hallados  en  los  sitios  señalados  por  el  testigo  Efrén  Martínez Sarmiento,  baste  señalar  que tal argumento carece de lógica, pues es claro que si en la  necropsia  se  estableció  que  de  manera  previa a su muerte, aquellas fueron  sometidas  a  torturas  e  inclusive  mutiladas,  todo  indica  que  en sí, sus  identidades,  resultan  irrelevantes  en  punto  de  la comisión de los delitos  investigados,  es decir, tal imposibilidad de identificarlos no guarda relación  alguna  con la pretensión de desvirtuar la comisión de dichos delitos o con la  responsabilidad penal de los acusados.   

Una  vez  reconstruido  el  anterior cuadro  conjunto  a  partir  de  la  debida  valoración  de  las pruebas obrantes en la  actuación,  considera  la  Sala que si RAIMUNDO RUEDA  LEAL   (alias  “Iván”)  y  JESÚS   MANUEL   HERNÁNDEZ   ARROYO   (alias            “Tolima”)  ostentaron  la  condición  de  comandantes  de  facciones  de  las  AUC  en  el  Departamento  del  Caquetá,  en ejercicio de la cual dieron la orden de cometer  los  delitos de homicidio y tortura por los cuales fueron acusados, es claro que  no  procedía  absolverlos,  sino que, por el contrario, se imponía condenarlos  en  calidad de coautores materiales impropios por división de trabajo de dichos  crímenes.   

En  efecto,  como  ya  lo ha dicho la Sala,  “En     tales    circunstancias,    quienes  así  actúan,  coparticipan  criminalmente  en calidad de  coautores,  aunque  no todos concurran por sí mismos a la realización material  de  los  delitos específicos; y son coautores, porque  de  todos  ellos  puede predicarse que dominan el hecho colectivo y gobiernan su  propia  voluntad,  en  la  medida  justa  del  trabajo  que  les  correspondiere  efectuar,  siguiendo la división del trabajo planificada de antemano o acordada  desde     la    ideación    criminal”7   (subrayas  fuera de texto).   

         En   suma,   considera   la   Sala   que   erró   el   ad  quem al proferir fallo absolutorio en  aplicación    del    principio    in   dubio   pro  reo,  sin  tener  en  cuenta,  de  una  parte,  que al  examinar  adecuadamente  las  pruebas  en  conjunto se eliminaban las eventuales  dudas  que  sobre  la  responsabilidad  de los procesados pudieran existir, y de  otra,  que  aquellas  incertidumbres  carecían de trascendencia suficiente como  para sustentar una decisión absolutoria.   

Así  las  cosas,  si de conformidad con el  recaudo  probatorio  se  imponía  proferir  sentencia condenatoria en contra de  RAIMUNDO       RUEDA      LEAL      (alias            “Iván”)  y  JESÚS   MANUEL   HERNÁNDEZ   ARROYO   (alias            “Tolima”),  es  claro  que  los  señalados  errores  de  apreciación  probatoria  resultan  trascendentes  en  el  sentido del fallo, todo lo cual impone a la Sala, como lo  deprecó  el  Fiscal Treinta y Nueve de la Unidad Nacional de Derechos Humanos y  Derecho   Internacional  Humanitario  y  lo  conceptuó  el  Procurador  Primero  Delegado  para  la  Casación  Penal, casar la sentencia dictada por el Tribunal  Superior  de  Florencia,  para en su lugar, confirmar el proveído de condena de  primer  grado,  motivo  por  el cual se librará de inmediato la correspondiente  orden  de  captura  para  hacer  efectiva  la  pena  impuesta  a los mencionados  ciudadanos,  siempre  que  no se encuentren privados de la libertad en razón de  otro    proceso    (ver    folios    30    y    31    c.   Tribunal).   

Por lo expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL  DE  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  administrando  justicia  en  nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.             CASAR   la  sentencia  impugnada,  en el sentido de revocar el fallo absolutorio proferido a  favor  de RAIMUNDO RUEDA LEAL  y   JESÚS   MANUEL   HERNÁNDEZ  ARROYO, por las razones expuestas en la anterior motivación.   

          2.        CONFIRMAR,   en  consecuencia,  el  fallo  condenatorio de primera instancia.   

3.              LIBRAR  inmediatamente  las  correspondientes  órdenes  de  captura,  en  los términos  señalados en precedencia.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal de origen.   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

Permiso  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencias  del  28  de  julio  del 2000. Rad. 13.223 y del 7 de marzo del 2002.  Rad. 14.043, entre otras.   

2 Ver  fallo del 8 de agosto de 2007. Rad. 25974.   

3  Sentencia del 7 de marzo de 2007. Rad. 23815.   

4  Sentencia del 5 de diciembre de 2007. Rad. 28432.   

5  En  este sentido sentencia C-609 del 13 de noviembre de 1999.   

6 Cfr.  Fallo del 28 de septiembre de 2006. Rad. 19888.   

7  Sentencia del 7 de marzo de 2007. Rad. 23815.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *