32526(11-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso n.° 32526  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 353  

Bogotá, D. C., once (11) de noviembre de dos  mil nueve (2009).   

V I S T O S  

La Corte decide respecto del cumplimiento de  los  presupuestos  de  logicidad  y  debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de HERSON BOTELLO  CASTILLO.   

A N T E C E D E N T E S  

1.   Los hechos fueron sintetizados por  el juzgador de segunda instancia de la siguiente manera:   

“Según el señor  LUIS  ANTONIO  RUIZ  RUIZ,  para  el  día  16 de febrero de 1999, el patrullero  BOTELLO  GARCÍA  HERSON, en  su  condición de agente de tránsito, le elaboró el comparendo número 4266906  por  estar  violando  el  horario  de pico y placa con su vehículo Mazda 626 de  placas  ATD  608,  comparendo  que  canceló el día 18 del mismo mes a pesar de  considerarlo  injusto  como  lo  dejó consignado en el comparendo al momento de  suscribirlo.  El  día  cinco  (5)  de  mayo  del  mismo  año  se  acercó a la  Secretaría  de Tránsito de Bogotá para solicitar un estado de comparendo y se  encontró  con  que  el  mismo  patrullero le había puesto tres (3) comparendos  más  en  los  que  su  firma  había sido falsificada e incluso dos de ellos se  habían  anotado  placas  de  vehículos  cuya  propiedad  desconocía. Los tres  comparendos  tachados  de falsos y elaborados presuntamente por no llevar puesto  el  cinturón de seguridad se discriminan así: número 4266920 de fecha febrero  13  de  1999,  vehículo  BCS-766,  número 4266947 de fecha febrero 24 de 1999,  vehículo   ATD-608,   y   número   4277245  de  marzo  4  de  1999,  vehículo  ATI-608”.   

2.  El Juzgado Ciento Cuarenta y Uno de  Primera  Instancia  de  la Policía Metropolitana de Bogotá, mediante sentencia  fechada  el  27  de  noviembre  de  2007,  condenó  al  Patrullero Herson   Bolleto   Castillo   a  la  pena  principal  de 3 años de prisión y a la accesoria de la separación absoluta de  la  Policía  Nacional,  como  autor  del  delito  de  falsedad  ideológica  en  ejercicio  de  funciones  (artículo 243 del Decreto 2550 de 1988, Código Penal  Militar  vigente  para  la  época  de los hechos) imputado en la resolución de  acusación,  la  cual quedó ejecutoriada el 6 de junio  de  2006.  Así mismo, se le concedió el subrogado de  la condena de ejecución condicional.   

3.  Apelado el fallo por el defensor del  procesado,  el  Tribunal Superior Militar, el 13 de abril de 2009, lo confirmó.  Contra  esta determinación, el citado profesional del derecho interpuso recurso  de casación.   

LA      DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El   defensor   del   acusado  Herson  Botello  Castillo, con fundamento  en   la   causal   primera   de   casación  y  a  través  de  un  único  cargo,  acusa al Tribunal de haber  incurrido  en  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  “error     de    hecho   en   la  apreciación  del  acervo probatorio, error que se edifica en la interpretación  tergiversada  y  consecuente  valoración  equivocada  de la prueba testimonial,  documental    y    pericial   allegada”.  Como normas violadas cita los artículos 393, 401, 426, 441 y 450  del Código Penal Militar vigente para la época de los hechos.   

A  continuación  refiere que el Tribunal le  dio   “una   equivocada  interpretación”  al dicho  de  María  Cecilia  Pacheco  de  Gómez  en lo relacionado con las personas que  conducían  el vehículo de su propiedad, es decir, que solo era manejado por su  esposo  y  los  empleados  de  la empresa, personas que de sus testimonios no se  puede   colegir  que  el  día  de  los  hechos  no  fuera  conducido  por  Luis  Ruiz.   

Luego  de  hacer  una  breve  cita  de  las  declaraciones  hechas  por  María  Cecilia Pacheco de Gómez, Hernando Gómez y  Jaime  Gómez  relativas  a  las  personas que conducían el automotor de placas  BCS-766,   en  especial  el  día  de  los  acontecimientos,  concluye  que  sus  afirmaciones  no  fueron  corroboradas  por  el testigo Pedro César Hernández,  motivo   que   lo   lleva   a   afirmar   que   tales  testimonios  “no  son  idóneos  para  demostrar  el  hecho  que  el  vehículo  sobre  el  cual  se  efectuó  el  comparendo  no fue  movilizado,  por  tanto  la  sentencia  demandada  dio por existente un hecho no  probado”.   

Por  ello,  estima  que  el  fallo impugnado  “está   valorando  las  palabras  de  los  testigos  de tal forma que interpreta la existencia de hechos  que  no  han sucedido, como para concluir en forma indefectible y certera que el  vehículo  comparendado  no  fue movido para la fecha de los hechos, además que  los  testigos no refieren con certeza quién manejaba al automotor para la fecha  de   los   hechos”,  como  tampoco    se    allegó    prueba    “contundente  que  permita  inferir  que  el automotor no fue movido  para  esa  fecha,  como  lo  ha  establecido  la sentencia demandada”.   

De  otro  lado,  luego  de  transcribir unos  apartes  de  las  consideraciones  de  la sentencia, asevera que el hecho de que  Luis  Antonio  Ruiz  Ruiz  hubiese  sido  absuelto en el trámite administrativo  adelantado  en  la  Inspección  Sexta de Tránsito de Bogotá, no significa que  haya   sido  una  decisión  correcta,  toda  vez  que  la  misma  se  profirió  “sin fundamento probatorio  y  mal  haría  el Tribunal Superior Militar en avalar esa providencia sin mirar  la  totalidad  del  fallo  administrativo  y  del   proceso   contravencional   allegado  al  proceso  militar, en el cual  consta  que el fundamento de aquella decisión no puede irradiarse negativamente  en  contra  de  Herson  Botello  Castillo,  porque  la  autoridad  militar  no  puede convalidar actuaciones  efectuadas  con  la ostensible violación de la Constitución Política y la ley  de tránsito”.   

En síntesis, dice que el Tribunal no podía  “tener   como   hecho  indicador” en contra de su  defendido     el     mencionado     “fallo     administrativo”,  máxime  cuando  el  mismo  carece  de  prueba  que  lo sustente,  situación   que   transgredió   todas   las   normas   que   rige  el  proceso  contravencional,        pudiéndose        detectar       que       “la  señora  inspectora  presuntamente  fue  abordada en su buena fe por el señor Luis Antonio Ruiz Ruiz, quien una vez  obtuvo  este  inconstitucional  e  ilegal  fallo,  al  siguiente día lo dejó a  disposición       de      la      autoridad      penal      militar”.   

Así  mismo,  en  cuanto  a  los dictámenes  periciales   allegados   al   proceso,  sostiene  que  los  mismos  “no  permiten  inferir  con  certeza  o  contundencia  el  hecho que el señor Luis Ruiz Ruiz no firmó el comparendo N°  4266920,  valoración  equivocada  que sí le da el H. Tribunal Superior Militar  para   descartar   la   participación   de   Luis   Antonio   Ruiz   Ruiz  como  firmante”,  sin olvidar, a  su   vez,    que   fueron   dos  peritos  distintos  los  que  “analizaron    el    comparendo   N°  4277245”,  pronunciándose  en      “diferente  forma”, experticias que el  sentenciador  “retomó de  manera  desfavorable” a los  intereses del acusado, dando credibilidad a Luis Ruiz Ruiz.   

En fin, considera que los citados dictámenes  no  merecían la credibilidad que les otorgó el Tribunal, pues de los mismos no  emerge la certeza exigida por la ley penal militar.   

Por  último, sostiene que si bien es cierto  el  juzgador se basó en la existencia de un comparendo para fundar el juicio de  responsabilidad   de   su  procurado,  también  lo  es  que  otros  comparendos  “no pueden valorarse como  indicios   o   antecedentes   en   contra  de  Herson  Botello”.   

En  otros  términos,  dice  que  no  debió  considerarse   otros   comparendos,   “porque  el  cometer  errores  en la elaboración de uno de ellos no  puede  verse  necesariamente  como  un acto doloso. Consta en el proceso que los  testimonios  de  Luis  Ruiz  Ruiz  estaban  parcializados,  ya que como presunto  contraventor  estaba  declarando  en  su  propia  causa  ante  la Inspección de  Policía”,  además de que  es       un       ciudadano       “reincidente  en  la trasgresión de normas de tránsito”.   

Así,  entonces,  al  estimar  demostrada la  existencia  de  los  errores  en  la  apreciación  de  la pruebas por parte del  Tribunal,  finaliza  solicitando a la Corte casar el fallo impugnado para, en su  lugar, declarar a su defendido inocente del cargo imputado.    

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.  Ante todo es imperioso recordar una  vez  más  que la casación es un recurso de naturaleza extraordinaria y rogada,  motivo  por  el  cual  el  legislador estatuyó las causales por las que resulta  procedente  atacar  la presunción de acierto y legalidad con que viene amparada  la  sentencia  a  esta sede. De igual modo, dada las citadas características de  la  impugnación,  también  la  legislación  procesal  contempla  los mínimos  presupuestos que debe cumplir el libelo.   

Por  ello,  como lo tiene dicho la Corte, la  demanda  de  casación  no  es  de  libre formulación, razón por la cual no es  procedente  hacer cualquier clase de cuestionamiento a una sentencia que por ser  la  culminación  de  un  proceso  está amparada, como se indicó, por la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  sino  que debe ser un escrito lógico y  sistemático  en el que sólo es permitido denunciar los errores cometidos en el  fallo,  al  tenor  de  los motivos expresa y taxativamente señalados en la ley,  demostrarlos   dialécticamente  y  evidenciar  su  trascendencia  en  la  parte  dispositiva del mismo.   

Así,  entonces,  el éxito de la censura no  depende  de  lo extenso o sugestivo del discurso plasmado en la demanda, sino de  la   argumentación  metódica  que  conlleve,  de  manera  lógica,  precisa  y  coherente,  a  la  demostración  de  que  la  sentencia  es  ilegal,  por haber  incurrido  el  juzgador  en vicios de juicio o de procedimiento, según el caso.   

En  esas  condiciones,  se  hace  necesario  verificar  si  la  demanda de casación presentada por el defensor del procesado  Herson   Botello   Castillo  reúnen  los  presupuestos  legales  para  su  admisibilidad,  de acuerdo con lo  estipulado las normas procedimentales que rigieron este asunto.   

2.   El  libelista,  en el único  cargo formulado, acusa al Tribunal  Penal  Militar  de haber incurrido en violación indirecta de la ley sustancial,  por  error  de  hecho  generado  en  falsos  juicios de identidad, ya que, en su  criterio,  distorsionó  el  contenido  de  los medios de prueba, tales como las  declaraciones  de  María  Cecilia  Pacheco  de  Gómez,  Jaime Gómez, Hernando  Gómez,   Pedro   César   Hernández  y  Luis  Antonio  Ruiz,  los  dictámenes  periciales,  los  comparendos  sobre  los  cuales  se afirma la existencia de la  falsedad  imputada  a  su  defendido  y el fallo administrativo proferido por la  Inspección  Sexta de Tránsito de Bogotá, agregando que de no haberse cometido  dichos yerros, la sentencia habría sido absolutoria.   

Planteado     así    el   mencionado  error,   observa   la   Sala  que  no   obstante   que    el    actor   acertó   en   la   formulación   de   la   censura,  ya  que  afirma  que    el    sentenciador   violó,   de   manera   indirecta,   la   ley   sustancial  por error  de   hecho    por    falso    juicio    de   identidad   en   la  apreciación  de  los citados  elementos   de   prueba,   de   todos   modos  la  misma   quedó  imprecisa  e  incompleta,  pues  si  bien  es cierto que señala cuáles  medios  de  convicción  fueron,  en  su opinión, supuestamente tergiversados o  distorsionados,  también lo es que no dedicó argumentación alguna tendiente a  concretar la demostración y trascendencia de tal presunto yerro.   

En      efecto,     ha   señalado   insistentemente   la   jurisprudencia   de   la   Corte  que   la   postulación   del   falso   juicio      de      identidad     en     el     recurso  extraordinario      se     “concreta      respecto      de     determinado   medio   de   prueba  legal y regularmente aportado, cuando el juzgador  hace   atribuciones   fácticas    trascendentes   que   no   corresponden    a    su    contenido    (falso  juicio   de    identidad    por    adición),   o   porque   recorta   aspectos  sustanciales de su texto (falso juicio de identidad por  cercenamiento  o  supresión),  o  por  que  muda  o  cambia  el  sentido  de su  expresión  literal (falso  juicio  de  identidad  por   distorsión   o   tergiversación),   eventos  en los que se  pone    a    decir    al   medio   de   prueba   lo   que   éste   no   expresa  materialmente.   

“Cuando se alega  esta  especie  de  vicio, se exige al demandante identificar inequívocamente la  prueba  sobre  la  cual  recae  la  incorrección que se denuncia, asistiéndole  primero  el deber de revelar lo que fidedignamente dimana de ella de acuerdo con  su  estricto  contenido  material,  y  luego  la obligación de precisar en qué  aspecto  radicó  la  desfiguración  de su literalidad, bien por supresión, ya  por  adición,  ora  por tergiversación, ejercicio que se lleva a cabo mediante  una  elemental confrontación de las precisiones hechas en el fallo acerca de su  tenor,     con     lo     que     en    realidad    enseña    ésta”.1   

Como  bien  puede  apreciarse,  el censor no  acató  los  anteriores  derroteros en la demostración del acusado falso juicio  de  identidad  supuestamente  recaído  en  la valoración de los testimonios de  María  Cecilia  Pacheco  de Gómez, Jaime Gómez, Hernando Gómez, Pedro César  Hernández  y  Luis  Antonio  Ruiz,  los dictámenes periciales, los comparendos  sobre  los cuales se afirma la existencia de la falsedad imputada a su defendido  y  el  fallo  administrativo  proferido por la Inspección Sexta de Tránsito de  Bogotá,  pues  no  observa  la  Sala  en qué consistieron las tergiversaciones  objetivas  de  dichos  elementos  de  convicción,  quejándose  únicamente que  “el conductor que refiere  Hernando  Gómez,  señor  Pedro  César  Hernández,  no corrobora lo dicho por  aquél”, o que la sentencia  “demandada   dio   por  existente    un   hecho   no   probado”,  o  “que el  Tribunal  no  podía tener como hecho indicador en contra de Botello Castillo el  fallo  administrativo” o que  no  se  demostró  que  Luis  Antonio  Ruiz  no hubiese firmado los multicitados  comparendos,  aseveraciones  que,  sin duda, extralimitan los postulados propios  del  error  de  hecho  por  falso  juicio de identidad acusado, adentrándose de  manera indebida en otros sentidos e hipótesis casacionales.   

En  otras  palabras,  en   lugar   de   indicar,   de  manera  clara  y   precisa,     cuáles      fueron      las      distorsiones   objetivas     en     que    incurrió    el    juzgador  sobre     dichos    medios    de    prueba,    se   duele   de  las  conclusiones  que  de éstos obtuvo el  Tribunal   Superior   Militarl   para   deducir  la   responsabilidad   penal    del   procesado   frente   al   concurso   de    delitos    de   falsedad   ideológica   en   ejercicio     de    sus    funciones    por    el   cual    fue    condenado,    sin    olvidar   que   tampoco   demostró   la   trascendencia   del vicio, puesto  que  en  manera  alguna  evidenció  cómo  de  haber  sido  correctamente   apreciados,   el   fallo  necesariamente  habría  sido  favorable    a    los    intereses    de   Herson   Botello  Castillo,   para   lo   cual  debió increpar los demás elementos  de juicio  sustento del fallo de condena.   

En  síntesis,  la  labor demostrativa de la  censura  la centró el actor en imponer su personal valoración de los elementos  de  juicio,  concluyendo  que no es responsable de la conducta punible imputada,  desconociendo   que    la    simple    disparidad   de   criterios   no  constituye  error  demandable  en   casación,    toda    vez    que   el   juzgador,   dentro   del  método  de  persuasión  racional,   goza    de    libertad    para    apreciar    los   medios   de  convicción   válidamente   allegados  a   la    actuación,    sólo   limitado   por   las   reglas   que   estructuran   la   sana  crítica,   cuya    vulneración    se    debe    dirigir   a   través   del   error  de  hecho  por  falso   raciocinio,    sin   que,   en  este   caso,   el   actor   haya  demostrado  error  de  apreciación   alguno.   

Por lo tanto, frente a los anotados yerros de  la  demanda,  se  impone  su  inadmisión,  pues  la  Corte,  en  acatamiento al  principio de limitación, no puede corregirlos.   

Cabe  señalar  que  el   estudio   detenido   del   expediente  permite  a   la   Sala    concluir    que    no   procede   la   casación    oficiosa   por   cuanto   no   se  percibe  ninguna     causal     de     nulidad     ni     vulneración     de    derechos  fundamentales.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado  HERSON BOTELLO CASTILLO.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

         LICENCIA NO REMUNERADA   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                          SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                    

       TERESA  RUIZ NÚÑEZ   

       Secretaria     

1 Ver,  entre otras, casación 23667 del 11 de abril de 2007.      

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *