29338(08-10-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29338  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                                Magistrado Ponente:   

                                               Dr. ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

                                                Aprobado Acta No. 288   

Bogotá, D.C., ocho (8) de octubre de dos mil  ocho (2008)   

VISTOS  

Decide  la  Sala el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  el defensor de Gloria Mery  Duarte  Duarte,  contra  la sentencia proferida por el  Tribunal  Superior de esta capital el 2 de noviembre de 2.007, confirmatoria del  fallo  emitido  en  primera instancia por el Juzgado Séptimo Penal del Circuito  el  1°  de junio del mismo año,  por medio del cual la condenó a la pena  principal  de  156 meses de prisión como responsable del delito de homicidio en  grado  de tentativa y en concurso homogéneo. En esta misma decisión y respecto  de  la  procesada  Gloria  Yuliana  Aguilar  Duarte se declaró la nulidad de lo  actuado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN RELEVANTE  

Los hechos de este proceso tuvieron ocurrencia  el  17  de  abril  de  2006  a  eso  de  las  seis  de  la tarde cuando hasta el  establecimiento  comercial  ubicado  en  la  Carrera  107  No.140ª-21  de  esta  capital,     arribaron     Gloria    Mery    Duarte  Duarte  -provista  de  un  bisturí-  y Gloria Yuliana  Aguilar  Duarte,  para  insultar  a  Ana  Leticia Bermejo Ramírez al tiempo que  procedieron  a  lesionarla  con  el  arma  blanca en diversas partes del cuerpo,  haciendo  lo  propio con la madre de ésta Celia Ramírez Vda. de Bermejo, en el  momento  en  que  quiso  auxiliarla.  La  llamada a la policía de un vecino que  presenció  los  hechos y la oportuna llegada de las autoridades condujeron a la  aprehensión  de  las  agresoras,  al tiempo que posibilitó la remisión de las  víctimas  a  un  centro  de atención médica -Clínica Corpas- en donde fueron  atendidas.   

Ante  el  Juzgado  33  Penal  Municipal  con  funciones  de  Control  de  Garantías  se  rituó  la  audiencia  preliminar de  legalización  de la captura de las dos mujeres, aprehendidas como fueran por la  policía  cuando  abandonaban  el lugar de los hechos, disponiéndose además su  detención  preventiva  bajo  la  imputación  del  delito de homicidio agravado  -doble-, en grado de tentativa.   

    

El  11  de  julio  de 2006 se cumplió con la  audiencia  de  formulación  de la acusación ante el Juzgado Séptimo Penal del  Circuito  de Conocimiento, por el delito de homicidio simple -doble- en grado de  tentativa.   

Agotada la audiencia preparatoria que dio paso  al  juicio oral en el que se aportó prueba pericial y testimonial, se emitieron  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancias en los términos reseñados  precedentemente.   

DEMANDA  

Dos  son  los reproches que el defensor de la  procesada ha presentado en contra del fallo impugnado.   

Violación    directa    de    la    ley  sustancial   

En  efecto, se propone por violación directa  de  la  ley  sustancial  derivada  de  falta de aplicación del artículo 57 del  C.P.   

Previa cita jurisprudencial relacionada con la  atenuante  de  la  ira  que estima  pertinente, afirma el censor que están  reunidos  los  requisitos  indispensables  para  su  reconocimiento  en  el caso  concreto,  toda  vez  que la inculpada “en pleno viernes santo, arraigada a su  dignidad,  moral,  cultura  e  idiosincrasia,  por varias llamadas y mensajes de  texto  de  celular,  se  da  cuenta  que está siendo traicionada”, por lo que  reacciona  el  lunes  siguiente en contra de Ana Leticia Bermejo Ramírez -quien  aceptó dicha “agresión”-.   

Si  bien Gloria Mery  Duarte  Duarte no hizo expresa manifestación sobre las  circunstancias  en  que  actuó  -como  lo  destacó el Tribunal para denegar la  atemperante-,  es  lo cierto que esto no resulta inexorable acorde con las citas  de  la  Corte  empleadas  y  en  cambio  sí está demostrado que Ana Leticia la  provocó  al  darle  a  conocer  el  romance que sostenía con su esposo, lo que  provocó  que  la incriminada llegase como un “tití” -según describió Ana  Leticia-,  ofendida  en su moral, honor y traicionada, todo lo cual precisamente  le ocasionó su pérdida de control y obnubilación   

Para  el actor, no es necesario que exista un  testimonio  o  manifestación  de la procesada, pues hay elementos objetivos que  acreditan tales circunstancias.   

No  comparte el libelista, entonces, que para  el  Tribunal resultara forzoso que la imputada expresara haber actuado con ira o  que  de  lo  que  se  trató fue de un hecho preparado y deliberado, lo primero,  según  acotó, por no ser una exigencia legal y lo segundo por no estar probado  y en cambio sí que actuó dominada por esa circunstancia.   

Señala, finalmente, que si bien la procesada  jamás  negó  los hechos no aceptó cargos por estar la imputación inflada -lo  fue  por  homicidio  agravado  en grado de tentativa-, además por cuanto había  actuado  en  estado de ira, reconocimiento que pide se haga como efecto de casar  parcialmente el fallo.   

Nulidad  

Es  propuesto  de  manera subsidiaria y acusa  nulidad  a  partir  de la “imputación inflada” que aparece en audiencia del  18  de  abril  de  2006,  toda vez que el delito imputado lo fue el de homicidio  agravado  en concurso homogéneo -que no dejó ninguna oportunidad de acogerse a  la rebaja contemplada en el artículo 351 del C. de P.P.-.   

Conforme  a lo dispuesto por el artículo 288  del  C. de P.P., el contenido de la imputación debe hacer una relación clara y  sucinta  de  los  hechos  jurídicamente  relevantes,  pauta con base en la cual  sostiene  que  “de  acuerdo  a  los elementos probatorios, evidencia física e  información  en poder de la fiscalía, desde el comienzo la fiscalía sabía de  que  (sic)  se  trataba  de una situación pasional y no vindicativa”, como lo  imputó  agravando  la situación de la procesada, para luego abandonarla por la  modalidad simple de homicidio.   

La  imputación  de  esa  agravante  que  no  concurría  implica para el actor quebranto de la legalidad y el debido proceso,  pues  la  procesada  aun  cuando  aceptaba  tácitamente  los  hechos, no podía  admitir  una imputación agravada, perdiéndose a su vez la rebaja del 50% de la  pena y recibiendo a cambio una sanción supremamente gravosa.   

Solicita, entonces, la nulidad de lo actuado a  partir  de  la  propia  audiencia de imputación fechada el 18 de abril de 2006,  con el objeto de que se haga una imputación adecuada.   

AUDIENCIA DE SUSTENTACIÓN  

1.  Intervino  en  primer término el demandante para  insistir  en  los  argumentos  que, desde su margen, conducen a aceptar reunidos  los  requisitos  en  orden  al  reconocimiento  de la ira reclamada en el primer  reparo  y  que básicamente consisten en realzar las condiciones que motivaron a  la  procesada  a  actuar,  esto  es,  recibir  mensajes de texto y enterarse que  había sido traicionada.    

Acusa  el  fallo de haber  negado   la   atemperante   por  el  hecho  de  no  expresar  la  procesada  las  circunstancias   personales   con   que   actuó,  pero  desconociendo  que  hay  circunstancias  objetivas  demostrativas  de  la  ira,  pues  la propia víctima  refirió  haber  llegado a agredirla como un “titi”. El Tribunal afirmó que  la  inculpada actuó de manera premeditada, pero es lo cierto que bien ha podido  preordenarse  sin  que  esto  signifique negar el estado de ira, pues el último  mensaje recibido lo fue la víspera del ataque.   

Solicita, así, se case el  fallo  y  reconozca  la atenuante por ira, conforme al primer reparo, o en forma  subsidiaria  que  se  reconozca  la  nulidad  reclamada  en  el segundo reparo y  derivada de hacerse una imputación inflada.   

2.  A  su turno, la  intervención  de  la Fiscalía como no recurrente, estuvo orientada a solicitar  a la Corte no casar el fallo.   

Aborda en primer lugar, como dice corresponde,  el  cargo  por  nulidad  propuesto,  haciendo  ver  que  el  mismo  confunde una  imputación  con  un  acto  de  acusación.  Para  el  replicante,  una  y  otra  decisiones  exigen en la ley procesal requisitos distintos, siendo muy claro que  la imputación original es un acto inmutable.   

Hace  ver la conducta procesal de la defensa,  en  tanto  nunca se opuso a la imputación, no la recurrió ni pidió excluir la  agravante  y  frente  a  la  acusación  no  buscó  un  allanamiento pues sólo  argumentó  ser  la  conducta  de  lesiones personales y el reconocimiento de la  ira. La nulidad deprecada, por ende, no resulta viable.   

En  lo  concerniente  con la ira, todo cuanto  hizo  el  Tribunal  fue  resaltar  la  importancia  que  hubiera  tenido que las  inculpadas  refirieran  las  condiciones  en que actuaron. Sin embargo, es claro  para  la  Fiscalía  que se trató de una conducta criminal planeada que excluye  la atenuante.   

Precisa  que  la  expresión  “titi”  fue  mencionada  por  la  propia  víctima como referida por “José Alejandro” el  día  sábado  anterior  a los hechos, al describir la reacción de su mujer -la  procesada-  al  descubrir  algunas llamadas suyas. Sin embargo, contrariamente a  lo  sostenido  por  la defensa, el día de autos Gloria  Mery   Duarte  Duarte  llegó  al  establecimiento  de  comercio  común  y  corriente,  es  decir,  que preguntó por su víctima, para  enseguida  atacarla  con  arma  blanca.  Seguramente  existió  una  alteración  emocional,  pero de ninguna manera ocasionada por una agresión injusta y grave.   

Menos viabilidad puede tener la ira reclamada  cuando  los  actos de pretendida reacción comprendieron a la progenitora de Ana  Leticia,  -Cecilia,  persona  mayor  de  75  años-  que  también fue atacada y  apuñalada  por  el  hecho  de  ser  su  mamá, proceder que desde luego excluye  cualquier  viabilidad  frente  a  la  atenuante  pedida.       

CONSIDERACIONES  

Nulidad  

1. Ciertamente, como  lo  hace  ver  el  señor  Fiscal  Delegado en su intervención propia de sujeto  procesal  no recurrente, dados los efectos lógicos inherentes a la postulación  de  un  cargo  que  se estructura en el supuesto de haberse emitido la sentencia  dentro  de  una  actuación  viciada  de  nulidad y que persigue por lo tanto la  invalidación  del  proceso  para  que  la  sostenida irregularidad destacada se  corrija  al rehacerse el trámite a partir de cierto estadio, es lo adecuado con  ello  que  la  proposición  de  un  reparo  bajo  semejante  teórico marco sea  prioritario  a aquél que busca -sobre la base de tener plena validez el fallo-,  que  se  aminore  la  sanción  punitiva declarada en la sentencia y no, como ha  procedido   el   demandante   en   el   caso  presente,  otorgándole  carácter  subsidiario.  Por ello, desde luego, se ocupará la Sala inicialmente del motivo  de nulidad expresado como segundo reproche en la demanda.   

2.   Bajo  dicha  premisa,  necesario es recordar que para el actor casacional configura motivo de  nulidad  por  quebranto  del  debido  proceso  que  la  imputación hubiera sido  “inflada”,  pretendiendo  explicar  con  esa  expresión  que se hizo por el  delito  de homicidio agravado en grado de tentativa -en concurso-, pese a que la  acusación  -y  final  condena-,  lo fue por el mismo reato pero en su modalidad  simplemente  voluntaria,  con  lo  cual,  asegura, no se le dejó a la procesada  opción  jurídica  favorable para allanarse a la misma y consiguientemente para  obtener una estimable rebaja punitiva del 50%.   

3.  Por definición  legal  la  formulación  de  la  imputación  es  aquel acto mediante el cual la  Fiscalía  General  de la Nación comunica a una persona su calidad de imputado.   

Debe  realizarse  en  audiencia que se cumple  ante  un  juez  de  control  de  garantías  siempre  y  cuando de los elementos  materiales  probatorios,  evidencia  física  o  de  la  información legalmente  obtenida  se  pueda inferir razonablemente que el imputado es autor o partícipe  del delito que se investiga.   

Además,   la  imputación  debe  tener  un  contenido  fáctico  y  jurídico,  toda  vez  que  en  ella se comunican hechos  relevantes  para  la  sociedad  -delimitación  fáctica-,  que han sido además  previstos  en  la  ley  como  delito  -delimitación  jurídica completa-.    

Entonces, la formulación de la imputación en  el  sistema  procesal  actual constituye además de un acto de formalización de  la  investigación, ante todo un acto de comunicación que se hace a una persona  (capturada  o  no)  de  su  calidad  de  imputada,  sin  que  por tanto se pueda  confundir  y  menos  identificar  este  señalamiento delimitador preliminar del  episodio  fáctico y su fisonomía jurídico penal -o lo que es igual este marco  fáctico  jurídico de imputación-, con los cargos, que pertenecen a un ámbito  de  la  actuación  procesal  posterior  y  que  se  viene  a  consolidar con la  formulación  de  la  acusación,  dado  no  solamente  su  disímil contenido y  alcance,  sino  la diversa fundamentación que la ley exige para la composición  de  uno  y  otro acto, pues como ya se vio, tratándose de la formulación de la  imputación  basta  que existan elementos que posibiliten inferir razonablemente  que  el imputado es autor o partícipe del delito que se investiga, en tanto que  para   construir  una  acusación  la  ley  exige  que  se  pueda  afirmar,  con  probabilidad  de verdad, que la conducta delictiva existió y que el imputado es  su autor o partícipe.   

4. Ninguna ligazón o  efecto  condicionante  de congruencia o consonancia jurídica -salvo desde luego  que  el  marco  de  referencia fáctico sea naturalísticamente el mismo-, puede  existir  entre  el  acto  de formulación de la imputación y la acusación o la  sentencia,  toda  vez  que  dicha sujeción sólo puede ser comprendida entre el  pliego  de  cargos  y  el fallo, pues el acusado no puede ser declarado culpable  por  hechos que no consten en la acusación, ni por delitos por los cuales no se  haya solicitado su condena (artículo 448 C. de P.P.).   

De modo que la formulación de la imputación  se  presenta  como  un liminar señalamiento fundado en una inferencia razonable  sobre  el  eventual  compromiso  penal que le puede deparar a una persona y cuya  valoración  le  corresponde  a la defensa con miras a intuir en su capacidad de  anticipación  y  estrategia  el desenvolvimiento que pueda tener en orden a una  posible  atribución  formal  de  cargos  y  decisión adversa consolidada en el  fallo.   

5.  De  ahí  que  pretender  afirmar a través de la expresión “imputación inflada” -carente  por   demás   de  una  delimitada  significación  jurídica  y  procesal-,  la  existencia  de  una  camisa  de  fuerza para el Estado jurisdiccional en orden a  tener  que  mantener  plena  identidad sobre la índole delictiva de la conducta  objeto  de  imputación  -y sus circunstancias especificadoras características-  con  la  acusación  y luego con la sentencia, so pretexto de quebrantar en caso  contrario  el debido proceso, resulta evidentemente infundado.      

Desde luego, ningún deterioro puede colegirse  para  el  debido  proceso  bajo su entendimiento de comprender aquella sucesión  estratificada  de actuaciones cuyo marco ha señalado previamente la ley para el  reconocimiento  -entre  otros de sus fines-, del derecho sustancial garantizando  a  los  diversos  sujetos procesales la defensa de sus intereses, derivado de la  circunstancia   de   no  existir  plena  identidad  entre  el  contenido  de  la  imputación    originaria    desde    su    formulación    vinculante    y   la  sentencia.   

6. Sostener, como lo  hace  el  actor  en  este caso con un juicio ex post de conveniente valoración,  que  si  defensa  y  procesada  hubieran  por  anticipado  conocido el sentido y  alcance  de  la  sentencia  se  habrían  allanado  a los cargos desde la propia  formulación   de   la  imputación,  emerge  como  un  argumento  eminentemente  oportunista  y  sofístico,  pero además, revelador de que la postura defensiva  fue  fallida  pretendiéndose  a  posteriori  cargar  a  la  administración  de  justicia  un  defecto  de  trámite  -inexistente según queda visto-, cuando lo  único  cierto  es que en procura de dinamizar en toda su eficacia y oportunidad  el  empleo  de aquellos instrumentos de contradicción el caso fue enfocado bajo  una  perspectiva  que  al  final  no  ofreció  resultado  alguno adecuado a los  intereses propugnados.   

7. Desde luego, como  lo  hace  notar  el  señor  Fiscal ante esta sede, la actitud defensiva pone de  presente  desde  un  principio  una  complacencia absoluta con la incriminación  original,  no  solamente  frente a la formulación de imputación con desdén de  alguno  de  los  instrumentos  de  composición  por acuerdos o allanamiento que  posibilitaban  en  dicho  momento anticipar la producción de la sentencia, sino  también  una  vez se formuló la acusación misma cuando eliminada la agravante  resultaba  entonces  propicio  para  encontrar  aún una rebaja punitiva -en los  términos  que  reclama  incoherentemente  el  libelo-,  o  inclusive  hasta  la  audiencia preparatoria que, según se observa, igual se desechó.   

Argumentar  que  la actuación estuvo viciada  porque  de  conocerse  el  resultado  de  la  estrategia defensiva empleada y la  consiguiente  condena  que se produjo una vez agotado el período del juicio, la  procesada  hubiera  optado por allanarse a los cargos -u otra alternativa-, todo  cuanto  evidencia  es  cierto  empecinamiento  en  el  ejercicio  de la técnica  representación  penal  que suele conducir en algunos casos a que se pierdan las  oportunidades  que  la  ley  ha  previsto  para  que  pueda  obtenerse  una  muy  considerable  disminución  de  la  sanción  que en condiciones distintas no se  produce si el caso es conducido hasta su finalización ordinaria.   

En  condiciones tales, el cargo, desde luego,  no tiene vocación de éxito alguna.   

Violación    directa    de    la    ley  sustancial   

1. Se acusa en este  reparo  falta  de  aplicación  del  artículo 57 del C.P., que contempla la ira  como circunstancia aminorante de la pena.   

Por la manera como está esbozado el ataque a  la  sentencia  bajo  el  supuesto  de quebranto directo de la ley sustancial, lo  primero  que  se  impone  a  la  Sala  señalar es que expresado este sentido de  violación  le resultaba imperioso al actor aceptar a plenitud los hechos en que  se  fundamentó  la  sentencia  impugnada, sin reparar en manera alguna sobre la  valoración  del aspecto fáctico y entonces demostrar que a pesar de admitir el  sentenciador  la  presencia  de  los elementos constitutivos de la ira, culminó  por no conceder la rebaja punitiva consecuente.   

Como  quiera  que  el  fallo en manera alguna  reconoció  estar reunidos los requisitos para merecer la procesada un descuento  de  pena  por  actuar  bajo  los  supuestos  de  la  ira  justa, emerge entonces  verdaderamente  insostenible  presentar  conceptos  jurídicos  de  la  figura y  fusionarlos  con  apreciaciones  de  índole  personal  sobre  el  significado y  alcance   de   las   diversas  pruebas  poniendo  al  descubierto  una  evidente  inconsistencia  al  distanciarse  de  los  supuestos  propios  de  la violación  directa  de  la  ley sustancial, pues ha debido el demandante aceptar el esquema  fáctico-procesal  contenido  en  el fallo, las reflexiones y conclusiones a que  en  ese  aspecto  arribó el sentenciador y a partir de ellos demostrar el error  sobre   la   aplicación  o  el  desdén  de  la  norma  sustancial  respectiva.   

2. No obstante y sin  desmedro  de estas notables falencias en la estructura formal misma del reproche  propuesto,  tampoco  asiste  razón  al censor en el fundamento de su petición,  esto  es, en que habiendo actuado la procesada bajo los supuestos prevenidos por  el  artículo  57  del  C.P.,  resultara  lo  jurídicamente acertado atenuar la  sanción penal que finalmente le fuera irrogada.      

Parte  el  propio  libelista  a través de la  construcción  del  episodio fáctico conducente a evidenciar la presencia de la  atemperante  por  ira, de evocar, que el viernes 14 de abril de 2006 Ana Leticia  Bermejo  Ramírez  hizo varias llamadas y envió diversos mensajes de texto a su  amante  José  Alejandro  Aguilar  que  fueron advertidos por la esposa de éste  -Gloria  Mery Duarte Duarte-,  quien  precisamente  por ello se enteró ese día de las relaciones amorosas que  su consorte mantenía con aquélla.   

El   demandante   enfatiza   sin   explicar  justificadamente  la  razón  por  la  cual  la  conducta  de la señora Bermejo  Ramírez  constituye  la  “agresión”  propia  y  adecuada  a las exigencias  típicas  de  la  ira  reclamada, dando por supuesto que las llamadas y mensajes  que  en  tal  fecha  efectuó -al margen de que tuvieran como destinataria a una  persona  distinta-,  debe  ser valorada como aquel acometimiento provocativo que  condujo  a  la  imputada  a  actuar el día lunes 17 postrer en la forma como lo  hizo.   

3.  El artículo 57  del  C.P.,  señala  una rebaja de la sanción para quien realice “la conducta  punible  en  estado de ira o de intenso dolor causados por comportamiento ajeno,  grave e injustificado”.   

Referido a los supuestos de esta figura, basta  a  la  Corte  recordar,  en  conceptos  conocidos  desde antiguo y que de manera  reiterada  doctrina y jurisprudencia han sentado, que para que sea procedente la  aminorante  punitiva  por  ira  se exige la demostración de todos y cada uno de  los  elementos que la estructuran, toda vez que así  como no toda conducta  que  causa encono puede ser calificada de agresiva, tampoco toda provocación es  necesariamente  grave  e  injusta,  ni  mucho  menos  su  existencia  supone  el  desencadenamiento  del  estado  de  ira, ni todo estado irascible o de dolor por  sí  solo  da lugar a la aplicación de esta específica atenuante, pues bien se  ha  clarificado  ser  requisito  indispensable  que  cualquiera de estos estados  hayan   tenido   su  origen  directo  en  un  comportamiento  grave  e  injusto.   

Siempre es por ello necesario que el análisis  de   cada   caso   se  haga  bajo  las  contingencias  que  específicamente  lo  caracterizan,  esto es, sopesando los antecedentes subjetivos y objetivos que le  son  inherentes, en forma tal que posibiliten valorar con aplicación al decurso  de  los  hechos  su real concurrencia y así poder determinar no solamente si en  efecto  ha  mediado  un  comportamiento  ajeno que es grave e injustificado sino  además  causante  de la ira -o del intenso dolor- que motivaron la realización  de la conducta.   

4.  Ese  nexo  de  causalidad  permite  descartar  -dándole  a  la  figura  la seguridad jurídica  suficiente  a  su  garante aplicación-, aquellas hipótesis en las cuales pueda  presentarse  una  reacción ciertamente con exaltación emocional profunda, pero  no  determinada por conducta ajena grave o desvalida de justificación, dado que  en   casos   semejantes   se   hace   inaceptable   aplicar   la  aminorante  en  cuestión.   

Pero  también  se  ha  destacado  en orden a  nutrir  de  mayor  certeza  el  contenido  y alcance de la figura, que deben ser  objeto  de  rigurosa valoración aquellos casos en que la reacción carece de la  inmediatez  suficiente  que  permita  entenderla  como  efecto de esa situación  emocional  afectante  del  propio dominio de los actos, con conductas de diversa  especie  que  vienen  a  presentarse  dentro  de  un  escenario temporo espacial  distinto  y que suelen desligarse del estímulo original y del ámbito protector  con  su  sanción  atemperada que la ley ha previsto y a situarse en cambio como  especies  de  vindicación o represalia, que no admiten la degradación punitiva  ni  un  tratamiento  consiguientemente benéfico por la ley, sin que desde luego  en  todos  los  casos  el  simple  transcurso  del  tiempo  entre la ofensa y la  reacción  sea suficiente por sí para desconocer el estado de ira, ya que puede  ocurrir  que  el  agravio  perdure  por  cierto  lapso en el ofendido y surja la  reacción  violenta  como  consecuencia  de un comportamiento que, en todo caso,  debe     ostentar     las     características     de     ser     “grave     e  injustificado”.   

5.  Por  lo demás,  para  que  opere  el  reconocimiento  de la atenuante por ira si bien no resulta  imprescindible   que   el  imputado  expresamente  deba  manifestar  que  actuó  condicionado   por   dicha  exacerbación  de  ánimo,  es  inexorable  para  su  reconocimiento  que  objetivamente  se  aprecien concurrentes aquellos elementos  que  la  estructuran, máxime cuando la ira como el intenso dolor son atenuantes  subjetivas  y  personales  que  sólo  favorecen  al  sindicado  que obra en uno  cualquiera de tales estados.   

Pero esta característica, a su vez, exige que  la  reacción  deba dirigirse -en principio- sólo hacia la persona que realizó  el comportamiento grave e injusto y no contra otra diferente.   

6.  Sobre  estas  básicas  nociones  se  tiene  que,  en el caso presente, es un incontrovertible  hecho  la no estructuración de la diminuente reclamada, pues en ningún momento  la  comunicación  telefónica  pretendida por Ana Leticia Bermejo Ramírez y el  esposo  de  la procesada -su amante-, tenía por cometido ofender, provocar o de  cualquier   modo   involucrar  a  Gloria  Mery  Duarte  Duarte,   esto   es   que   repudia   valorar   dicho  comportamiento como “grave e injustificado”.   

No es cierto que el Tribunal hubiera desechado  la  atenuante  por  el  sólo  hecho  de  no  haber  expresado  la procesada las  condiciones  de ánimo con que actuó, pues simplemente afirmó que hubiera sido  deseable   que   la   propia   señora  Duarte  Duarte  manifestara la motivación de su conducta.   

Se  ha  admitido  que  la inculpada obró con  ánimo  exaltado, de lo cual no existe ningún resquicio de duda, pero no, desde  luego,  que  la situación pueda asimilarse a aquel estado que amerita en la ley  un descuento de pena por ira.   

7. Como ya se dijo,  ni   el   comportamiento   de   la   víctima   es  calificable  de  “grave  e  injustificado”,  ni  la  reacción  que  tuvo  lugar tres días después de la  comunicación  censurada  como  detonante, permiten contemplar en su contexto la  conducta  de la recurrente en un plano distinto al de una retaliación, desquite  o   revancha,   que  hace  por  consiguiente  inaceptable  la  rebaja  punitiva.   

De  ahí  que bien se haya señalado sobre el  particular  el  imperativo de no confundir una reacción tardía, producto de un  estado  de ira, con una actuación posterior inspirada en un innoble sentimiento  de venganza.   

No se olvide a este respecto que al finalizar  la  tarde  del  día  lunes  17 de abril de 2006, cuando la inculpada acudió en  compañía  de  su  hija  hasta  el  negocio  propiedad  de  Ana Leticia Bermejo  Ramírez,  preguntó  calmadamente  por  ella  para  una  vez saber de quién se  trataba  atacarla  de  muerte,  demostrando  la  frialdad  y cálculo que había  tenido  durante  el  fin  de semana para la ejecución de la conducta, acudir en  búsqueda   de   su   víctima   y  esperar  hasta  cuando  llegó  a  abrir  su  establecimiento  comercial  -cinco  minutos  antes  de  efectuarse  el  ataque-,  evidenciando  simplemente  un  temperamento  irascible,  el mismo que el viernes  anterior  la  condujo  a  amenazar con un cuchillo a su esposo a tal extremo que  éste  debió  irse  de  la  casa,  al  enterarse  de  la  relación furtiva que  mantenía,  proceder  que  dista  por completo del supuesto normativo que la ley  autoriza  un  descuento  significativo  de  la  pena  cuando  se  consolidan los  supuestos de la ira justa.     

Por último, más razones conducen a desechar  la  viabilidad  de  la  figura  en  el  caso concreto, si en cuenta se tiene que  además  de  no  concurrir  el nexo causal entre la acción de la inculpada y el  comportamiento  de  la víctima -grave e injustificado-, el mismo desbordó a la  propia  persona  que se supone generó la reacción, esto es Ana Leticia Bermejo  Ramírez  y  comprendió  además a la progenitora de ésta -Celia Ramírez Vda.  de  Bermejo-,  a  quien  también  se le infirieron heridas graves en procura de  suprimirle la vida.   

Este     reproche     tampoco     puede  prosperar.   

En  razón  y mérito de lo expuesto la Corte  Suprema  de  Justicia  en  Sala  de  Casación  Penal, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

No casar la sentencia impugnada.  

Contra  esta  decisión  no  procede  recurso  alguno.   

Cópiese,   cúmplase,   notifíquese   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

   JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                                          ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO             

MARIA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                                                AUGUSTO    J.   IBAÑEZ  GUZMÁN   

Salvamento de voto  

    JORGE  LUIS QUINTERO  MILANÉS                         YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

   

JULIO      ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

Comisión de servicio  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

SALVAMENTO DE VOTO  

         Con  el  respeto  debido  hacia las opiniones y el criterio ajenos,  procedo  a  consignar  las razones que me llevaron a salvar el voto en relación  con  la  decisión  mayoritaria  adoptada  por la Sala dentro de este proceso, a  través  de  la  cual no se casó el fallo proferido por el Tribunal Superior de  Bogotá  que  confirmó  la  condena dictada en primera instancia por el Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad  en contra de GLORIA  MERY  DUARTE  DUARTE como autora  penalmente  responsable  del  delito  de  homicidio  en  grado  de tentativa, en  concurso homogéneo.   

         Como  lo  argumenté  en  la respectiva Sala, se ha debido casar el  fallo  por  razón  del  cargo  primero  contenido  en  la  demanda de casación  instaurada  por  el  defensor  de  la procesada por violación directa de la ley  sustancial,  a  consecuencia de la falta de aplicación de la atenuante punitiva  consagrada  en  el  artículo  57  del  C.P., correspondiente al estado de ira e  intenso dolor.   

         Para  sentar mi postura disidente, conviene recordar los argumentos  sobre  los  cuales  se  edifica  la solución consignada en la providencia de la  cual me aparto:   

         1.  Se  descarta la aminorante porque la reacción involucró a una  persona  distinta  a  quien eventualmente la provocó (págs. 22, 2° párrafo y  25  de la parte final de la decisión), en tanto la procesada también ocasionó  lesiones  a  la  progenitora  de  Ana Leticia Bermejo  Ramírez.          

         2.   El comportamiento de la víctima no se puede calificar de  grave   e   injustificado   (pág.   23,  último  párrafo  de  la  decisión).   

         3.     La     reacción     de     la     procesada    “analizada  en  su contexto” sólo se  puede  atribuir  como  una “retaliación, desquite o  revancha” y dado que tuvo lugar tres días después  de  haber  encontrado  los mensajes de texto en el celular de su cónyuge (pág.  23,      último      párrafo)      supuso     premeditación:     “demostrando  la frialdad y cálculo que había tenido durante el  fin   de   semana   para   la   ejecución   de   la   conducta”  (pág.,   24,   segundo   párrafo).   Además,  su  reacción  evidencia      una      personalidad     “irascible”:      “la   misma  que  el  viernes anterior la condujo a amenazar  con  un  cuchillo  a  su  esposo  a  tal  extremo  que  éste  debió irse de la  casa”.      

         4.  No  concurre  nexo causal entre la acción de la inculpada y el  comportamiento    de    la    víctima    (pág.   25,   parte   final   de   la  decisión).   

              Pues bien, a mi juicio ninguno de  los  anteriores  argumentos es admisible y, por ende, la solución que se debió  adoptar  era  la de reconocer la aminorante en cuestión a favor de GLORIA    MERY   DUARTE   DUARTE.    

         Para  tal  efecto,  me  permitiré  exponer las razones en la   cuales  fundo mi desacuerdo en el mismo orden y numeración en que presenté los  fundamentos de la decisión controvertida:   

         1.  No  constituye elemento legal que impida reconocer la atenuante  el  hecho  de que la reacción se  extienda hacia un tercero, como ocurrió  en  este  caso  porque la procesada GLORIA MERY DUARTE  DUARTE    también    lesionó    a    Cecilia   Ramírez   vda.   de  Bermejo,  progenitora     de     Ana     Leticia     Bermejo  Ramírez,  esta última a la postre provocadora de su  reacción.   

         En  efecto,  revisados  los elementos de la figura contenidos en el  artículo  57  del  Código  Penal  por parte alguna se advierte su inviabilidad  ante  esa circunstancia.   Tradicionalmente la Sala ha considerado que  los  elementos  de  la  atenuante  de  ira  e  intenso dolor son los siguientes:   

     

a. Conducta ajena, grave e injusta.     

     

a. Estado de ira e intenso dolor.     

         c.   Relación   causal  entre  la  provocación  y  la  reacción.   

         Significa  lo  anterior  que  si  el funcionario judicial llegare a  encontrar  cumplidos  tales  presupuestos debe proceder a su reconocimiento y no  sustraerse  a  su  aplicación so pretexto de un condicionamiento que no aparece  expresamente en la ley.   

         Ahora,  de  conformidad  con  la  descripción típica de la figura  privilegiada,  es  claro que debe existir un nexo entre la reacción lesiva y el  acto  de  provocación  grave  e  injusto (tercer elemento), pero ello no impone  necesariamente,  como  así se infiere de la decisión de la cual me aparto, que  siempre  se  deba dirigir exactamente contra el sujeto que la generó o, en otro  supuesto  pero  con  esa  misma  lógica,  que se niegue automáticamente cuando  quien reacciona es una persona distinta al ofendido.   

         Me  explico:   puede  ocurrir,  y  la  Sala  no es ajena a esa  realidad,  que  ante  un  comportamiento  grave e injusto una persona reaccione,  totalmente  enceguecida  y obnubilada por tal ofensa, contra alguien del entorno  del   provocador,   y   ello,   per   se,  no excluye  el reconocimiento de la atenuante.   

         Maggiore,   sobre  el  punto,  ya  había  señalado:  “La   reacción  puede  dirigirse  también  contra  una  persona  distinta  del  provocador,  con  tal  que  la solidaridad en el resentimiento se  justifique  por lazos de parentesco o de amistad; pero no puede admitirse aquí,  como  en  la  legítima  defensa,  la  intervención  en  favor  de  una persona  extraña”1.   

         Así  las  cosas,  surge  evidente  que  esa  premisa, aceptada sin  ambages  en  la decisión que suscita mi inconformidad con el objeto de negar la  aminorante  punitiva,  no es absolutamente cierta y menos aún cuando la lesión  al  tercero  se  produce  a  consecuencia  de  error  en  el golpe (aberratio  ictus) o porque, como ocurrió  en  este  caso,  según  está acreditado probatoriamente, se suscitó porque la  progenitora  de  la víctima intercedió, como era apenas natural, en su defensa  y  por  ello  se  vio  alcanzada por la reacción furibunda de la procesada tras  conocer  el  acto  de  infidelidad  propiciado  por  su  cónyuge y Ana Leticia.   

         Se  aprecia, entonces, que en este caso existió conexión entre la  agresión  al  tercero  y  la  reacción, porque lo que no puede admitirse, bajo  ningún  punto  de  vista, es que se admita la atenuante cuando se comprometa en  ella  a  un  tercero  marginado  totalmente  de  la  provocación, de la persona  propiamente  dicha  del  provocador (familiares o allegados con quienes también  se  afectaría al ofensor) o del desarrollo de la reacción.  Aquí el nexo  era  claro  con  esta  última  situación,  según  ya se dijo, y por ello, esa  circunstancia   no   ha   debido   constituir   impedimento  para  reconocer  la  atenuante.                                    

         2.  En  la providencia motivo de mi inconformidad también se negó  la  aminorante porque el comportamiento de la víctima que originó la respuesta  de    GLORIA    MERY    DUARTE   DUARTE no se puede considerar como grave e injustificado.   

         Sin  embargo,  auscultada  la  motivación  no  se  encuentran  los  argumentos  sustento  de  tal aseveración, simplemente se da por sentada con el  objeto de no reconocer la aminorante.   

         Con   tal   actitud   de  no  acometer  un  análisis  sobre  estos  componentes  de  la  atenuante, se desconoce la tesis recurrente de la Sala ante  estos  casos,  en el entendido de que “la gravedad y  la  injusticia  de  la provocación debe ser estudiada  en    cada   situación,   dadas   las   condiciones  particulares  de  los  protagonistas  del  conflicto y de aquellas en las que se  consumó   el   hecho,   como  por  ejemplo,  su  situación  psicoafectiva,  la  idiosincrasia,  la tolerancia, las circunstancias, los sentimientos, el grado de  educación,   el   nivel   social  y  económico”2          (subrayas fuera de texto).   

         El  comportamiento  que desencadenó la  reacción  de GLORIA MERY se  concreta a haberse enterado  de  que  la  víctima,  esto  es,  Ana Leticia Bermejo  Ramírez,  sostenía  una  relación extramatrimonial  con   su   cónyuge,   el   cual,   a  mi  juicio,  reviste  de  la  gravedad  e  injustificación  que exige la norma para su reconocimiento, máxime si se tiene  en  consideración el nivel cultural de la procesada y el contexto social dentro  del cual tuvieron lugar los hechos.     

         Sobre  el  tema  de los celos mucho han discurrido la doctrina y la  jurisprudencia,  para  concluir  que,  en  determinados  casos,  da  lugar  a la  atenuante   en   estudio   básicamente   cuando   son   provocados   de  manera  injustificada,  no  tienen  explicación patológica3  o  no  se  originan  en  una  personalidad   impulsiva.   La  Corte  en  oportunidad  reciente  precisó  que:   

         “…en  el  caso de que el acto sea origen de un estado emocional  como  los  celos,  es  necesario  diferenciar  la  existencia  previa  del  acto  reprochable,  ultrajante  y  socialmente inaceptable por parte de la víctima de  aquel  que  se  origina  en  una  responsabilidad  predispuesta  a sentirlos sin  ningún motivo real.   

         Recuérdese  que  la  provocación  consiste  en  una conducta para  mortificar  o  suscitar  protesta,  desagrado  o  inconformidad  en  una persona  determinada,  originando  un  estado  de  excitación  que  además  de producir  alteraciones  orgánicas  visibles o perceptibles, ocasiona pérdidas de control  y   obnubilación   u  ofuscación  inocultables”4   

.  

         Pues   bien,   en   el   sub   exámine  los  celos  de  GLORIA MERY  DUARTE  DUARTE  tuvieron  una  razón  real y fundada  excluyendo  así  que hayan sido fruto de una personalidad delirante o enfermiza  con  reacciones  impulsivas  y  exageradas provenientes de la deformación de la  realidad,   en   cuyo  caso  sería  improcedente  aplicar  la  atenuante.    

         No,  en  el  supuesto  que  atañe,  la  procesada se enteró de la  infidelidad  de  su  cónyuge y ello constituye un motivo suficiente, incluso en  el  más  racional  o  equilibrado  ser  humano,  para desencadenar un estado de  conturbación   y  alteración  de  la  psique  con  manifestaciones  diferentes  dependiendo  de  la personalidad o formación del agente y del contexto social y  cultural dentro del cual se produzca.   

         De  esa  forma,  se puede asegurar, sin temor a equivocarse, que no  sólo  la persona por naturaleza impulsiva puede reaccionar violentamente cuando  afronta  esta  situación.   Aún  el ser más tolerante y reflexivo, si en  verdad  alberga algún grado de afecto hacia su pareja, como así nos lo enseña  la   realidad  de  las  cosas,  puede  perder  su  capacidad  de  autocontrol  y  exacerbarse  violentamente  cuando ve que la persona con quien conforma un hogar  se involucra afectiva o sexualmente con otro.    

         Estas  reacciones  se  presentan  en  todo  de  tipo de sociedades,  incluso  en  aquellas progresistas;  con mayor razón, entonces, en las que  no  tienen  altos  niveles  de  desarrollo  y, por ende, de acceso a parámetros  adecuados  de educación, generalmente moralistas, en extremo conservadoras y de  marcada influencia religiosa.   

         Una  respuesta  frecuente en tales casos es la de culpar al intruso  que  amenaza  la  relación, como también puede serlo que el desfogue se dirija  hacia  la  pareja,  sin  que  para  ello  sea  necesario  que  se  trate  de una  personalidad  patológicamente  posesiva, porque el amor o la pasión entrañan,  a  no  dudarlo,  cierto  sentimiento  de  posesión.  Para  este tipo de eventos  precisamente,  según  mi  entender,  es  que está prevista la atenuante.   Estimar  lo contrario, a mi modo de ver, implica tomar distancia de una realidad  patente,   así   como  desconocer  la  esfera  emotiva  del  hombre5   y   la  concepción   antropocéntrica   que   hoy   día  prevalece  como  criterio  de  interpretación del Derecho.   

    

         Ahora,  ¿Cómo  no  entender  ese comportamiento injusto cuando la  misma  Constitución Política vela por la institución familiar en su artículo  42,  hasta  el  punto de señalar que “La familia es  el   núcleo  central  de  la  sociedad”  y  en  la  legislación  civil se prevé la infidelidad como causal de divorcio ?.  Si  para  el  Estado  importa en grado sumo preservar la familia por qué no aceptar  que  así  también  lo comprendan los integrantes del colectivo y reaccionen de  acuerdo con esa axiología.     

         El  comportamiento  de la víctima, por lo demás, también resulta  grave,  pues  ese  criterio  se  mide,  en  palabras  de  la  Sala  “por   la   capacidad   para   desestabilizar  emocionalmente  al  procesado”6,   cobrando   no   sólo  importancia  los  valores  y  principios  entronizados  en  la persona, sino su entorno social y cultural, aspectos que no  merecieron  comentario alguno en la decisión y que de seguro hubieran conducido  a aceptar la gravedad de esa ofensa para la procesada.   

         3.  Se afirma en la providencia que la reacción de la DUARTE  DUARTE   “analizada  en  su  contexto”    sólo    se    puede    atribuir    como    una    “retaliación,  desquite  o revancha”  y  dado  que  tuvo lugar tres días después de haber encontrado los mensajes de  texto   en  el  celular  de  su  cónyuge  supuso  premeditación:  “demostrando  la frialdad y cálculo que había tenido durante el  fin  de  semana para la ejecución de la conducta” y  una  personalidad  “irascible”:   “la   misma  que el viernes anterior la condujo a amenazar con un cuchillo a su esposo  a    tal   extremo   que   éste   debió   irse   de   la   casa”.      

         Que  la  conducta  de la procesada sea calificada como “retaliación,     desquite     o     revancha”    no   es   óbice   para   la   concesión  de  la  atenuante,  pues  prácticamente  en  todos  los  casos  en  que  se admite la atenuante tiene esa  connotación.    No  debe  olvidarse  que  la  reacción  es  de  contenido  delictuoso  sólo  que  originada en un estado emocional avasallador derivado de  una provocación grave e injusta que impide el raciocinio objetivo.   

         Con  esa  interpretación,  prácticamente  se  hace  nugatoria  la  figura  y  se  distorsiona  su  naturaleza,  pues  no  se trata de una causal de  justificación sino de una aminorante punitiva.     

         En  cuanto  al  ánimo  revanchista  de  la  respuesta lo que no se  tolera  es  que  sea  inmotivado,  exclusivamente  producto  de una personalidad  impulsiva,  pero  si  la  revancha  o  la  venganza  tienen  su  origen  en  una  provocación  previa  de  la  magnitud  expresada, nada se opone para atenuar el  reproche    de    culpabilidad.    Por   ello,   con   razón   escribe   Gómez  López:   

         “Generalmente    se   piensa   que   la   venganza   ‘no      puede      atenuar     la  responsabilidad’,  que  antes   por  el  contrario  la  agrava,  que  la  venganza  es  un  ‘móvil        bajo’;  pero, en realidad, ello no es  así.   Al   atenuar   la   pena   el   artículo   60   del  C.P.  (del  Código Penal de 1980, se aclara) a  quien  cometa  un  delito porque ha sido grave e injustamente provocado, herido,  ofendido,  no  está  haciendo  otra  cosa  que  consagrar  el  justo  motivo de  venganza.  Por  otra  parte,  la  venganza no siempre es inmoral;  puede en  algunos casos estar hermanada con la moral del grupo (…)   

         En  esencia,  la  ira  no  es  sino  el deseo de ocasionar un mal a  quien,  a  su  vez,  nos  lo  ocasiona.  La atenuante de la ira consiste en  reconocer  un  justo  motivo para vengarse.  La atenuación no reside en el  fin,    esto    es,    en    la    venganza,    sino    en    el    ‘justo        motivo’ para vengarse, a lo cual equivale la  provocación injusta.   

         La  venganza  no es, en sí misma, un motivo bajo.  Aun cuando  no  sea  recomendable,  no  en todos los casos es inmoral, aunque no es digno de  imitarse,  pues sabido es que, en situaciones especiales, la réplica al agresor  es  justa…”7.   

         Ahora,  la  premeditación  tampoco excluye el reconocimiento de la  atemperante,  como  se  considera  en  la  decisión,  porque la reacción de la  acusada  tuvo  lugar  tres  días  después  de  haber  encontrado  los mensajes  comprometedores     de    Ana    Leticia    Bermejo  Ramírez  en  el celular de su cónyuge: “demostrando  la frialdad y cálculo que había tenido durante el  fin  de  semana  para la ejecución de la conducta”,  se dice en la decisión.     

         Esta  afirmación,  para  empezar,  es  inconsistente  frente  a lo  argumentado  en la misma providencia, porque si bien en el numeral 4 de la parte  motiva  se  hace  remembranza de la postura pacífica de la Sala, según la cual  no  siempre el paso del tiempo entre la ofensa y la reacción resulta suficiente  para  desconocer  la  atenuante,  paradójicamente y sin mediar mayor análisis,  aquí  se  descarta  por  haber  transcurrido  el  lapso  referido, en tanto, se  concluye  con  facilidad,  revela  un  ánimo frío y calculador para planear la  respuesta.         

         Además,  resulta contradictoria con lo expuesto poco más adelante  cuando  se pregona que en este caso tampoco es procedente la degradante punitiva  porque   es  un  típico  caso  de  personalidad  irascible:   “la   misma  que  el  viernes anterior la condujo a amenazar  con  un  cuchillo  a  su  esposo  a  tal  extremo  que  éste  debió irse de la  casa”        

         Es  decir que, por un lado se está aseverando que no es procedente  la  aplicación de la figura porque la procesada se tomó un tiempo para planear  la  reacción  contra  la  amante  de su cónyuge, pero, a la vez, tampoco lo es  porque  reaccionó  de  inmediato contra este último revelando una personalidad  impulsiva.   

         Retornando  a  la  aseveración  en  el  sentido  de que al tomarse  GLORIA MERY tres días para  reaccionar  en  contra  de  Ana  Leticia evidenció  un  ánimo  frío  y  calculador  excluyente del estado  emocional  y,  en  consecuencia,  de la atenuante, al respecto debo precisar que  ello  no  sólo  quedó  revaluado  precisamente  con  la intempestiva reacción  inicial  hacia  su  cónyuge,  para  nada  fría  ni  calculadora,  sino  porque  constituye  una  premisa  errónea  y contraria a la postura uniforme de la Sala  que en la misma providencia se trae a colación.   

         En  efecto,  conforme  a  los  términos  de  la decisión queda la  convicción  de  que  el  transcurso  de  un  tiempo  entre la provocación y la  reacción  –que  en este  caso  tampoco  lo fue tanto como ocurre en otros supuestos fácticos- se presume  un  ánimo  calculador  del  agente,  dejando de lado que la reflexión sobre la  ofensa  no  suprime  el  estado  emocional y, por el contrario, en algunos casos  aviva   el  sentimiento.   El  mismo  autor,  sobre  el  particular,  aduce  que:   

         “Si  bien la reacción iracunda obnubila la razón, y hasta puede  excluir  la  reflexión,  así como incrementarla o hacerla factible, no excluye  por  lo  tanto  ‘el pensar  en  ello’, es decir en el  factor  provocante;   en  el  plano  de  las  emociones,  a veces la simple  evocación   del  episodio  pasado  puede  dar  cabida  a  una  fuerte  descarga  emocional;   así,  comparativamente, sucede en el impulso sexual, que ante  la  evocación  libidinosa del hecho pasado surge nuevamente el deseo sexual, se  pone  de manifiesto un hecho ya vivido con antelación, y sobre todo con persona  determinada;   por eso  -se repite hasta la saciedad- no se excluye la  atenuante  por  el  solo  transcurso  del  tiempo  entre  la  provocación  y la  reacción    delictiva.                   

         Rechazamos  el  criterio  que  sostiene que la atenuante se excluye  cuando   el   provocado   ha  tenido  ‘medios       o       tiempo       para      reflexionar’,  pues,  muchas veces, la reflexión  puede  trocar  el  dolor  en  cólera,  o  desentrañar  el  verdadero contenido  hiriente  de  la  ofensa, o acrecentar la ira o el dolor incipientes”8          (subrayas           fuera           de          texto).            

         Por   otro   lado,   se  torna  insuficiente  para  establecer  que  GLORIA   MERY  tiene  una  personalidad  irascible,     inmerecedora de la atenuante, aludir  a  su reacción inicial en contra de su esposo al haberlo amenazado con una arma  corto  punzante, desplegada el mismo día en que se enteró de la infidelidad e,  incluso,    su    reacción    posterior   con   Ana  Leticia,  pues  para  ello  ha  menester  contar  con  antecedentes  diferentes  a  los  relacionados  con este hecho que permitan así  concluirlo.  Por  el contrario, las dos respuestas de la procesada objetivamente  lo  que  permiten  corroborar  es  la fuerte alteración emocional que sufrió a  raíz  de  este  hecho  y  no,  como  se  concluye  erradamente  en la decisión  mayoritaria, una personalidad con tendencia agresiva.   

         4.  Ahora,  sostener, como se hace en la parte final del fallo, que  no  concurre nexo causal entre la acción de la inculpada y el comportamiento de  la  víctima no sólo desarmoniza con las mismas motivaciones de la providencia,  sino con lo demostrado en el proceso.    

         Basta,  para  sustentar este último aserto, con realizar el simple  ejercicio  mental  de  suprimir  el  acto  de infidelidad para inferir que no se  hubiera  presentado  la  furibunda  reacción  de  la  procesada,  a todas luces  merecedora  de  un  reproche atenuado en virtud del estado emocional por el cual  atravesaba cuando cometió la conducta.   

         5.   El  desconocimiento  en  este  evento  de  la  aminorante  punitiva  cuando  en  otros  casos  se  reconoce  por la Sala, incluso de manera  oficiosa,  me  lleva  a colegir la violación de los derechos de la procesada en  su condición de mujer.   

         Entre  ellos,  el preámbulo, así como los artículos 1, 2 y 13 de  la  Constitución  Política, pues se resquebraja la efectividad de los derechos  de  la  mujer  y la función otorgada a las autoridades de velar por ellos, pues  no  se estarían protegiendo adecuadamente sus derechos y libertades.  Así  mismo,  los  siguientes instrumentos internacionales debidamente ratificados por  el  Estado  colombiano,  relacionados  con la prohibición de cualquier forma de  discriminación.   

         –     En     general     contra     de     cualquier    forma    de  discriminación:   

         Artículos  7  y  28  de  la Declaración Universal de los Derechos  Humanos suscrita el 10 de diciembre de 1948.   

         Artículo  2, Parte II, del Pacto Internacional de Derechos Civiles  y Políticos, suscrito el 16 de diciembre de 1966.   

         -En  contra  de  cualquier  forma de discriminación derivada de la  condición de mujer:   

         Artículo   4  de  la  Convención  Interamericana  para  prevenir,  sancionar  y  erradicar  la violencia contra la mujer, suscrita el 9 de junio de  1994, adoptada mediante la Ley 248 de 1995.   

         Por  último,  considero  que  la  negativa a conceder la atenuante  atenta  contra  axiomas  tales  como de justicia material y proporcionalidad, al  estar  frente  a una conducta de alguna forma motivada, como no sucede en muchos  casos  y  que  se  quedan  en  una  calificación igual, bien se trate de hechos  consumados  o tentados, de ahí que el mensaje a la colectividad sea negativo en  la   medida   en   que  la  reacción  estatal,  a  través  de  su  aparato  de  administración  de  justicia, es de extrema dureza ante un caso como éste y no  frente a otros de mayor sensibilidad.   

De acuerdo con las razones expuestas en este  salvamento  de  voto,  evidente  deviene  que las conclusiones consignadas en el  fallo  del  cual discrepo no son atinadas y que ha debido reconocerse a favor de  la  procesada  GLORIA MERY DUARTE DUARTE la  atenuante  punitiva  prevista  en  el  artículo 57 del Código  Penal.   

Con toda atención,  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS   

Magistrada  

Fecha ut supra.  

    

1  GIUSEPPE  MAGGIORE,  Derecho Penal, t. II, Editorial Temis, Bogotá, 1971, pág.  41.   

2  Sentencia  del  13  de  febrero  de 2008, rad. 22783.  En el mismo sentido,  entre otras, sentencia del 9 de mayo de 2007, rad. 19867.   

3  En  relación con el tema se puede consultar: AGUDELO  BETANCUR,   Nódier.   La   inimputabilidad   penal.   Bogotá:   Librería   la  Constitución, 1.994.   

4  Sentencia  del 9 de mayo de 2007, rad.  19867.   

5  Sobre  el punto se puede profundizar en  PAPALIA  Diane    E.,   WENDKOS   OLDS   Sally.   Desarrollo   Humano.   Bogotá,   D.C.,  McGraw–Hill  Interamericana,   1996  y  LYONS  William.  Emoción.  Barcelona:      Antropos      Editorial     del     Hombre,     1993.   

6  Sentencia  del  18  de  noviembre de 2004, rad. 20889.   

7  GÓMEZ  LÓPEZ,  ORLANDO.  El  Delito Emocional. Editorial Temis, Bogotá, pág.  93, 1981.   

8  Ibídem, pág. 150.     

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