29335(31-03-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29335  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 070.  

Bogotá,  D. C., treinta y uno (31) de marzo  de dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

Acomete  la  Sala  el  estudio de la demanda  presentada  por  el defensor de JOSÉ GIMINIANO GUZMÁN  GIL  para  determinar  si  satisface los requisitos de  fundamentación   necesarios  para  su  admisión.  Mediante  dicho  libelo,  el  mencionado  profesional  del  derecho  sustenta  el  recurso  de  casación  que  interpuso  contra  la sentencia del 7 de noviembre de 2007, a través de la cual  el  Tribunal Superior de Bogotá confirmó la adoptada, el 29 de junio anterior,  por  el  Juzgado  20  Penal  del  Circuito  de  la misma ciudad, que condenó al  procesado  a  la  pena  principal  de  72  meses de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término,  como  autor  responsable  del  delito  de acceso carnal o acto  sexual abusivo con incapaz de resistir.   

HECHOS  

          Los  condensó  el  Tribunal  en  el fallo impugnado de la siguiente  manera:   

          “Los  presupuestos  fácticos que dieron  origen  a  la  presente actuación, tuvieron ocurrencia el veintiocho de mayo de  dos  mil  cinco,  aproximadamente  a  las  cinco  de  la  tarde, cuando la joven  S.M.R.H.1,  acudió  por  tercera  vez  a consultar a JOSÉ GIMINIANO GUZMÁN  GIL,  para  continuar  el tratamiento relacionado con una supuesta brujería que  le  había  realizado  una  compañera,  por celos relacionados con un ex novio.   

          El   procesado  solicitó  a  la  tía  de  la  víctima  salir  del  consultorio  para  realizar  un  exorcismo  y  frotó  en  el pecho de ésta una  sustancia  de  color negro; luego le solicitó bajarse los interiores, manipuló  su  área  genital y finalmente, la accedió carnalmente lo que le produjo dolor  y  sangrado, por lo que se negó a continuar el tratamiento y al salir, comentó  lo sucedido a su familia”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Producida  la  captura  de  GUZMÁN  GIL,  el Juez 9º Penal Municipal  con  funciones de control de garantías celebró el 29 de mayo de 2005 audiencia  preliminar,  en  cuyo  desarrollo  legalizó  el procedimiento de aprehensión y  luego  la fiscalía formuló a aquél imputación por el delito de acceso carnal  violento  agravado.  Por  ese  mismo  punible,  el  juez  le  impuso  medida  de  aseguramiento de detención preventiva.   

2.  En  su  momento  la  fiscalía presentó  escrito  de  acusación,  con  sustento  en  el  cual  se  tramitó  la etapa de  juzgamiento,  a  cuyo  término  el  juez  de la causa decretó la nulidad de lo  actuado  a  partir  de  los alegatos de clausura, al considerar no acreditado el  delito  de acceso carnal violento agravado, sino el de acceso carnal con persona  puesta  en incapacidad de resistir, contemplado en el artículo 207 del estatuto  punitivo.   

3.  Dicha  decisión  fue  confirmada por el  Tribunal  Superior de Bogotá, según providencia del 23 de febrero de 2006, aun  cuando   extendió   la  invalidación  para  disponerla  desde  el  escrito  de  acusación.   

4.  El  17  de  marzo  del precitado año la  fiscalía  presentó  nuevo  escrito  de  acusación, esta vez por el punible de  acceso  carnal  o  acto  sexual  en  persona  puesta en incapacidad de resistir,  contemplado  en el artículo 207 del estatuto punitivo. La consecuente audiencia  de  formulación  de  acusación  se  realizó el 8 de mayo siguiente. El 1º de  agosto  del  mismo  año  se  llevó  a cabo la audiencia preparatoria, dándose  inicio  al  juicio  oral  el  4  de  octubre  postrero,  a cuyo término el juez  profirió  la  sentencia  de  primera  instancia,  condenando  al acusado por el  delito  de acceso carnal o acto sexual abusivo con incapaz de resistir, previsto  en  el  artículo  210  del Código Penal, conforme lo pidió la fiscalía en su  alegato conclusivo.   

          5.  Apelado  por  la defensa, el Tribunal confirmó integralmente el  fallo  de primer grado, ante lo cual el mismo sujeto procesal acudió al recurso  extraordinario  de  casación,  habiendo  presentado oportunamente el respectivo  libelo.   

LA  DEMANDA   

          Un  cargo  formula  el  defensor  de  JOSÉ  GIMINIANO   GUZMÁN   GIL   contra  la  sentencia  del  Tribunal.  Lo  apoya en la causal segunda de casación prevista en la Ley 906 de  2004,  a  cuyo  abrigo  aduce  la  vulneración  del  debido proceso en aspectos  sustanciales, por desconocimiento del principio de congruencia.   

          Al    desarrollar   el   cargo,   sostiene   que   el   ad   quem   varió   el   “factor   fáctico”   de  la  acusación  formulada  por la fiscalía, porque en ésta, sobre la base de considerar que el  procesado  aplicó a la víctima una sustancia en su pecho que la puso en estado  de  hipnosis,  le  atribuyó el delito de acceso carnal o acto sexual en persona  puesta  en incapacidad de resistir, pero en la sentencia el Tribunal lo condenó  por  el  punible  de  acceso  carnal  o acto sexual en persona en incapacidad de  resistir,  bajo  el  supuesto  de  haberse  aprovechado  del estado de confianza  derivado   de  su  condición  de  tratante  de  la  afectada.      

          En   su   criterio,   no   constituye   el   mismo   “núcleo  fáctico”  usar  narcóticos  o  anestésicos  para  privar  de  la  consciencia  a  quien le son administrados y  facilitar  de  esa  forma  el  acto sexual, que aprovechar el grado de confianza  depositado por la víctima para consumar dicha conducta.   

          En  consecuencia,  considera  que no se trata de una mera variación  jurídica  del  tipo sino de una verdadera modificación de los hechos imputados  en  la acusación, cambio que, en momento alguno, beneficia al procesado, porque  “desconoce  su  garantía  al  proceso  debido,  su  derecho   de  defensa,  le  genera  un  daño  concreto,  pues  si  se  mantiene  (sic)  los hechos tales como  se  consagraron  en el escrito de acusación la Fiscalía nunca hubiera obtenido  un fallo condenatorio”.   

En  su concepto, cuando se presenta ese tipo  de  variaciones  la  solución  es  la  absolución,  para evitar la condena del  procesado  por  un  delito frente al cual no tuvo oportunidad de defenderse, sin  que  pueda ser admisible la pretensión del Tribunal según la cual el estado de  conciencia  puede  ser  controvertido  por  la  defensa  sólo dialécticamente,  “creyendo  así  que  con  esto  es  suficiente para  preservar” ese derecho fundamental.   

          Más  aún,  estima  que al ser condenado por un punible distinto al  atribuido  en  la  acusación,  se  le  coartó  “la  oportunidad   de   considerar   una   forma   anticipada   de  terminación  del  proceso”.   

          Para  el  actor,  la  irregularidad  advertida  conduce a la nulidad  hasta  la formulación de la imputación “para que se  le   impute   por   el   delito  que  se  le  condenó  o,  en  su  defecto, se decrete la nulidad para que el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  ajuste  a  derecho  y  subsane  el grave error  cometido. (sic) Emitiendo fallo absolutorio”.   

          Considerando   infringido   el  artículo  29  de  la  Constitución  Política  y  los  artículos 8º, 448 y 457 de la Ley 906 de 2004, pidió casar  la  sentencia  para decretar la nulidad desde la formulación de la imputación,  con  el  fin  de que “se haga esa misma por el delito  de  acceso  sexual  (sic)  en  incapaz   de  resistir  establecido  en  el  artículo  210  del  Código  Penal  modificado por el Ley 890 de 2004”.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

          En  el  sistema  penal  acusatorio previsto en la Ley 906 de 2004 el  recurso  de  casación  reviste  también,  como  ocurre con la Ley 600 de 2000,  carácter  extraordinario,  de  modo que su sustentación está sujeto a algunas  reglas,  sin cuyo cumplimiento está llamado a ser irremediablemente inadmitido.   

          Esas  reglas  surgen  de  lo  dispuesto  en  el  artículo 183 de la  codificación  contenida  en  la  Ley  906  de  2004,  donde se establece que la  demanda  de  casación  debe  señalar  de manera precisa y concisa las causales  invocadas  y  sus  fundamentos.  Dicha  exigencia  también  se  desprende de lo  previsto  en  el  inciso  segundo  del  artículo  184  ibídem, pues esta norma  dispone  que  no  se  seleccionará  el  libelo  cuando,  aparte de los casos de  ausencia  de  interés  jurídico  para  recurrir,  el  demandante  prescinde de  señalar la causal o no desarrolla los cargos de sustentación.   

          Para  la  satisfacción  de  esos  presupuestos  de fundamentación,  según  criterio  consolidado  de la Corte, el actor debe seguir las directrices  que  de  antaño  ha  establecido  la  jurisprudencia  frente  a cada una de las  causales de casación.   

Pero, además, en cuanto el dispositivo antes  citado  consagra,  igualmente,  como  motivo  de  inadmisión  el  hecho  de  no  advertirse   fundadamente   del   contexto   de   la   demanda   “que  no se precisa del fallo para cumplir algunas de las finalidades  del  recurso”,  corresponde también al casacionista  acreditar  que  la impugnación pretende la efectividad del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos  a  éstos o la unificación de la jurisprudencia, según lo contempla  el artículo 180 del ordenamiento procesal penal de 2004.   

          Lo  anterior no obsta para que la Corte, como lo establece el inciso  tercero  del  artículo  184  en  cita,  supere  los defectos de la demanda para  decidir  de  fondo,  atendiendo  a los fines de la casación, fundamentación de  los  mismos,  posición  del  impugnante  dentro  del  proceso  e  índole de la  controversia planteada.   

          En  el  caso sometido a estudio, el libelista acusa la sentencia del  Tribunal  por  desconocer el debido proceso, al dictar la condena sin guardar la  adecuada congruencia con el escrito de acusación.   

          La  jurisprudencia  de la Sala tiene precisado que si bien la ley no  exige  fórmulas  específicas  para proponer y sustentar los reproches fundados  en  la  causal  segunda  de  casación  (nulidad),  su invocación tampoco puede  efectuarse  en  un  escrito  de  libre  elaboración,  porque  es  necesario que  satisfaga  unos  mínimos  presupuestos  lógicos  y  de  claridad,  en  orden a  facilitar su correcta comprensión .   

          En  ese  sentido, se ha dicho que el actor debe identificar el vicio  o  vicios  alegados,  explicar  la  forma  como  desconocen  sustancialmente  la  estructura  del  proceso  o  las  garantías  debidas a las partes, señalar los  actos  procesales  afectados  con  la  nulidad e indicar el momento a partir del  cual se impone su invalidación.   

          Esos  requisitos  no  los  satisface a cabalidad el demandante, pues  aun  cuando  aduce  la  vulneración del principio de congruencia, no indica con  precisión  cuál  es la consecuencia procesal de la irregularidad. Al respecto,  en  el  desarrollo  del  cargo,  primero  señala que debe dictarse absolución;  luego  sostiene que es necesario decretar la nulidad hasta la formulación de la  imputación;   posteriormente   pide   decretar   la   nulidad   “para  que  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  ajuste  a derecho y  subsane  el  grave  error cometido”, después insiste  en  reclamar  la  absolución y, finalmente, vuelve a solicitar la invalidación  desde el acto de formulación de la imputación.   

          Fuera  de  las  incoherentes peticiones que formula, el casacionista  omite  explicar  por  qué  si  la  incongruencia, conforme la presentación del  cargo,  ocurre  entre  el  escrito de acusación y la sentencia, el proceso debe  retrotraerse hasta el acto de formulación de la imputación.   

            Ahora  bien, como lo ha expresado también la Sala, la censura por  falta  de  congruencia  debe  postularse  por  la  vía  de la casual segunda de  nulidad,  pero  sustentarse  con  los  parámetros  lógicos  que  gobiernan las  causales  primera  o  tercera  de  casación  de  la  Ley 906 de 2004, es decir,  violación   directa  o  indirecta  del  bloque  de  constitucionalidad,  de  la  Constitución  o  de  una  ley  de  contenido sustancial, porque “para  su  demostración, es necesario precisar si los desaciertos se  produjeron  al  momento de ubicar los hechos en el respectivo tipo penal o en el  proceso  de  análisis  y valoración de las pruebas, y adicionalmente concretar  cómo  se  produjo  el  yerro,  con  fundamento en las directrices propias de la  violación     directa     o     indirecta,     según    el    caso”2.   

          El  actor  tampoco  se  allanó  a  cumplir  la precedente directriz  jurisprudencial,  pues  formuló  el  cargo  con  apoyo  en la causal segunda de  casación,  pero  no  lo fundamentó bajo los parámetros de la causal primera o  tercera,  precisando si se vulneró una norma de derecho sustancial por falta de  aplicación,   por   aplicación   indebida   o   por  interpretación  errónea  (violación  directa)  o  si  se  incurrió  en  error  de  hecho  o  de derecho  (violación indirecta).   

          Adicional  a  lo  dicho,  se observa que el impugnante no desarrolla  adecuadamente   el   cargo   de   sustentación,  pues  a  pesar  de  fundar  la  incongruencia   en   la   variación   del   “factor  fáctico”,  para  cimentarlo  acude  al insustancial  argumento  consistente  en  no ser lo mismo imputarle a alguien administrar a la  víctima  un narcótico o anestésico para privarla de la conciencia y facilitar  de  esa  manera  el  acceso  carnal  o  el  acto  sexual, que aprovecharse de la  confianza depositada por la afectada con ese mismo objetivo.   

          Sin  embargo,  se  abstuvo  de  explicarle  a  la  Corte por qué la  decisión  del  sentenciador  de  condenar  por  acceso  carnal  con  persona en  incapacidad  de  resistir, en vez de hacerlo por acceso carnal en persona puesta  en  incapacidad  de  resistir,  como  se  consignó en el escrito de acusación,  afectó  el  núcleo  básico  de la imputación fáctica, sin que, entonces, se  tratara  solamente  de la variación de una circunstancia modal, es decir, de la  forma   como   la   víctima  llegó  al  estado  que  le  impidió  resistirse,  circunstancia  no  constitutiva  del núcleo central de la imputación fáctica,  comprendido  por  la  conducta  de  acceder  carnalmente  a  la  menor  bajo  la  condición  de  inferioridad mencionada. Recuérdese que sobre este tema la Sala  tiene dicho lo siguiente:   

“…  la imputación fáctica comprende la  imputación  subjetiva  y la objetiva. La primera se puede modificar, no así la  segunda  en  cuanto a sus elementos esenciales, ya que  puede  ser  cambiada  en  cuanto a las circunstancias de tiempo, modo y lugar en  que  se  cometió  el acto. Por lo tanto, lo intangible  es   el   núcleo   central  de  la  imputación  fáctica  o  conducta  básica  (subraya      la     Corte,     ahora).   

En  síntesis, la imputación subjetiva, las  circunstancias   en  que  se  cometió  el  comportamiento  y  la  calificación  jurídica   de   éste,   esto   es,   su   adecuación   típica,   pueden  ser  variados3”.   

          En  ese  orden,  se  observa  que  el demandante omitió ocuparse de  fundamentar  la  necesidad  del  fallo frente a la postura jurisprudencial de la  Sala  adoptada  en  el  marco  del nuevo sistema penal acusatorio, conforme a la  cual      la      fiscalía     puede     solicitar     condena     –y,  por  ende, el sentenciador decidir  en  consonancia  con  esa petición- por un delito distinto al contemplado en la  acusación,  siempre que corresponda al mismo género,  no  comporte agravación para el procesado y se respete el núcleo básico de la  imputación.  El  siguiente  es  el  sentido  de dicho  criterio:   

“No obstante, es muy claro que así como la  Fiscalía  carece  de disponibilidad de la acusación, en el entendido de que le  sea  dable desistir de la misma o retirarla -pues solicitar la absolución está  dentro  de  sus  facultades  y  deberes pero configura un supuesto evidentemente  distinto-,  encuentra  la  Corte  que  nada  de  ello  se opone a que bien pueda  solicitar  condena  por  un  delito  de  igual  género  pero  diverso  a aquél  formulado    en    la   acusación   –siempre,  claro  está,  de  menor entidad-, o pedir que se excluyan  circunstancias  de agravación, siempre y cuando -en ello la apertura no implica  una    regresión   a   métodos   de   juzgamiento   anteriores-   la  nueva  tipicidad  imputada  guarde  identidad  con  el  núcleo  básico  de  la imputación, esto es, con el fundamento  fáctico  de  la misma, pero además, que no implique desmedro para los derechos  de  todos  los  sujetos  intervinientes” (subraya la  Sala)4.   

          El  impugnante,  por  tanto,  no  se  esforzó  por  acreditar la no  presencia  en  este  caso  de  los elementos que permiten condenar por un delito  distinto  al  formulado  en  la  acusación  y  tampoco  controvirtió la línea  jurisprudencial  en la cual se establecieron esos elementos, dejando el reproche  huérfano  de  la  explicación  inherente  al  propósito de unificación de la  jurisprudencia,  constitutivo  de uno de los fines del recurso extraordinario de  casación.   

          Las  falencias  puestas  de presente conducen a inadmitir la demanda  instaurada  por  el defensor de JOSÉ GIMINIANO GUZMÁN  GIL, sin que la Sala encuentre la necesidad de superar  los  defectos  advertidos,  pues  no  observa  la  concurrencia de alguna de las  causales  legales  que  lo  recomienden  (art.  184.3 de la Ley 906 de 2004), ni  tampoco la vulneración de garantías fundamentales.   

          Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la  Ley  906 de 2004, impera precisar que, como dicha legislación no regula  el  trámite  a  seguir  para  que se aplique el referido instituto procesal, la  Sala    ha   definido   las   reglas   que   habrán   de   seguirse   para   su  aplicación5, como sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –  siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –, el Magistrado disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en  los  debates  o  suscrito  la  providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   JOSÉ GIMINIANO GUZMÁN GIL.   

         De    conformidad    con    lo   dispuesto   en   el   inciso     segundo    del    artículo  184  de  la  Ley  906  de   2004  y,  en  los  términos  referidos  en  el  acápite   final   de   esta  determinación,  contra  la    misma    procede  la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO         J.             IBÁÑEZ        GUZMÁN                              JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS             

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                           JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

             TERESA RUIZ NÚÑEZ   

          Secretaria     

1 Dado  que  esta  decisión puede ser publicada, la Sala, tal como lo hizo el Tribunal,  omite  registrar  el nombre de la menor afectada, en aplicación de lo dispuesto  en   el  numeral  8º  del  artículo  47  del  Código  de  la  Infancia  y  la  Adolescencia,   conforme   al   cual   los   medios   de   comunicación   deben  “abstenerse de entrevistar, dar el nombre, divulgar  datos  que  identifiquen  o  que puedan conducir a la identificación de niños,  niñas  o  adolescentes  que  hayan sido víctimas, autores o testigos de hechos  delictivos,  salvo  cuando sea necesario para garantizar el derecho a establecer  la  identidad  del  niño  o adolescente víctima del delito, o de la familia si  esta  fuere  desconocida.  En  cualquier  otra circunstancia, será necesaria la  autorización  de  los  padres  o,  en  su  defecto, del Instituto Colombiano de  Bienestar Familiar”.   

2  Sentencia  del  17  de  Julio  17  de 2003, radicación 13128, reiterada en auto  del   6  de  septiembre  de 2007 y en auto del 5 de diciembre de 2007, este  último  con  radicación  28822,  ambos  dictados en el marco del nuevo sistema  procesal acusatorio.     

3 Auto  del 14 de febrero de 2002, radicación  18457.   

4  Sentencia  de  27  de julio de 2007, radicación 26488. Criterio reiterado en la  sentencia   de   casación   del   28   de   noviembre   de   2007,  radicación  27518.   

5 Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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