30561(05-11-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30561  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Aprobado  acta No.  320         

Magistrado Ponente:  

Dr.     JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS  MARTÍNEZ   

Bogotá,     D.    C.,    cinco   de   noviembre   de   dos   mil  ocho.   

Se pronuncia la Corte sobre las pretensiones  probatorias   presentadas   por  el  defensor  de  confianza  del  requerido  en  extradición,       ciudadano       ALEXANDER   FARFÁN  SUÁREZ,  y  adopta  otras determinaciones.   

         ANTECEDENTES   

1.-  De conformidad con lo dispuesto por la  legislación  procesal  penal, el Ministerio del Interior y de Justicia envió a  esta   Corporación  la  solicitud  de  extradición  del  ciudadano  ALEXANDER  FARFÁN SUÁREZ,  formalizada por el Gobierno de los Estados Unidos de América, a  través  de  su  Embajada  en  Colombia,  mediante Nota Verbal No. 2538 del 5 de  septiembre  de  2008,  acompañada  de  la  documentación correspondiente y del  concepto  emitido  por  el Ministerio de Relaciones Exteriores en el sentido que  ante  la  ausencia  de  convenio  aplicable  entre  las partes, procede obrar de  conformidad  con  las  disposiciones en torno al tema establecidas en el Código  de  Procedimiento  Penal de  Colombia.   

2.-   Una  vez  resuelto  lo  atinente  a  provisión  de  la  defensa  técnica,  en  aplicación  de  lo  previsto por el  artículo  500  de  la  Ley  906  de  2004  se  dispuso, por auto del Magistrado  Sustanciador,  correr  traslado  por  el  término  de 10 días, al requerido en  extradición,  a  su  defensor  de  confianza y al Procurador Delegado, para que  solicitaran las pruebas que consideraran pertinentes y conducentes.   

3.-   Durante  el  término  de  traslado  dispuesto   por   la  Corte,  la  defensa  pide  sean  practicadas  las pruebas que  a continuación se enuncian:   

3.1.-   En   el   acápite  que  denomina  “oficios   y  copias”  solicita   el        recaudo        de        las       siguientes:   

3.1.1.- Oficiar a la Fiscalía 5ª  Especializada  de Bogotá, para que  emita     certificación     sobre    la    existencia    del   sumario   009  A    seguido   en  contra del señor ALEXANDER  FARFÁN    SUÁREZ,    el    estado    en  que se encuentra, los delitos por los  que    se    procede,  especifique   si  se  ha  proferido   sentencia   de   condena,   y  allegue  copia  de  las  providencias  interlocutorias proferidas.   

3.1.2.- Esta misma información debe   solicitarse   a  las  Fiscalías  18     (sumario     1175     A),     9ª    (sumario    63659)  y 17  (sumario 59522) Especializadas  de  Bogotá,  a  los  Juzgados Penales del Circuito  Especializados  de  Villavicencio  y  a  la Fiscalía 251 Especializada Delegada  ante     el     Ejército     Nacional    (sumario  67541).        

3.1.3.-  Asimismo,  solicita  se  oficie al  Departamento    Administrativo    de   Seguridad  DAS,  para que certifique si su asistido registra salidas  del  país;  las oportunidades, fechas o  épocas de ello; y los países de  destino.   

“Pretende  la  defensa                 –dice-, probar con los anteriores medios,  entre  otros  aspectos, que el señor FARFÁN SUÁREZ está siendo investigado y  juzgado  en  Colombia  en  los  procesos  mencionados y que ha sido condenado al  menos  en  una  de esas actuaciones y que muchos de los hechos a que se refieren  los  sumarios  y  procesos  corresponden a los mismos por los que Estados Unidos  está   pidiendo   la   extradición  de  mi  representado,  presentándose  una  violación     al     principio     de     NON     BIS    IN    IDEM”.   

Agrega  que como los hechos imputados tanto  en   Colombia   como   en   los  Estados  Unidos  de  América,  “ocurrieron  en  vigencia  de  la legislación anterior, entre cuyos  requisitos  para  conceder la extradición, exigía la no existencia de condenas  o  procesos  penales vigentes en Colombia, pretende la  defensa  probar entre otros aspectos con los anteriores oficios y copias que hay  condenas  y  procesos  penales  en  trámite en Colombia donde mi defendido debe  responder    y    eventualmente   reparar   a   las   víctimas   en   caso   de  condenas”       (se      destaca).   

Asimismo,   señala   que   el     propósito     que   persigue  es  acreditar  que  su  asistido  “nunca ha viajado a los Estados Unidos y  por   tal   motivo   es   imposible  que  haya  cometido  delitos  en   ese  país”.   

        

3.2.- En relación con las “pruebas  sobre la no conveniencia de la  extradición”, solicita:   

3.2.1.-        “Oficiar    a    la    Comisión   Nacional   de   Paz   para   que  conceptúen  (sic)   si  ante  un  eventual  intercambio humanitario y/o acuerdo de  paz con las  FARC   EP,   la   presencia   del   señor  FARFÁN  SUÁREZ,  es  necesaria  en  Colombia”.   

3.2.2.-  Solicita asimismo “se  oficie  a la Conferencia Episcopal  Colombiana  representada  por  el  Arzobispo  RUBÉN SALAZAR GÓMEZ y/o  por  quien  haga las veces, para que conceptúen (sic)  si ante un eventual intercambio  humanitario  y/o  tratado  de  paz,  la presencia del señor FARFÁN SUÁREZ, es  necesaria en Colombia”.   

Con   el   recaudo   de  dichos  medios,  su  pretensión,  dice,  es  probar   “que  en  Colombia  es  indispensable  un  intercambio  humanitario  y/o  tratado  de  paz  y para ello es indispensable la  presencia  del  señor  FARFÁN  SUÁREZ  en  Colombia  y  por  tal motivo no es  conveniente su extradición”.   

3.3.-  Bajo el acápite de lo que denomina  “prueba testimonial”,  solicita:   

3.3.1.- Ordenar y practicar los testimonios  de  la Senadora Piedad Córdoba, la doctora Ingrid Betancourt y del señor   Carlos  Lozano,  este  último  “en  su  condición  de miembro del Comité de  Acercamiento   con   las   FARC   EP”,   para   que  declaren  “si  ante  un  eventual  intercambio humanitario y/o acuerdo de paz  con  las  FARC  EP,  la  presencia  del  señor  FARFÁN SUÁREZ es necesaria en  Colombia”.   

Sostiene   que   el   recaudo  de  estas  declaraciones  tiene el propósito  de “probar  entre  otros  aspectos,  que no es conveniente ni procedente la extradición del  señor  FARFÁN  SUÁREZ por cuanto ante un eventual intercambio humanitario del  Gobierno  Colombiano con las FARC, mi defendido cumplirá un papel importante en  dicho  intercambio,  dada  su  condición de asesor y  orientador  político, según lo manifiesta él mismo, del Frente Primero de las  FARC EP”.   

         

4.-  Durante  el  término  de traslado el  Procurador Delegado guardó silencio.   

SE  CONSIDERA   

1.- A tenor de las previsiones del artículo  502  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2004, el concepto que le compete  emitir  a  la  Corte  por  solicitud  del  Gobierno  Nacional,  en  torno  a  la  procedencia  de  la  extradición  de  quien  es  requerido para comparecer ante  autoridades  extranjeras,  se  circunscribe  a  la  verificación  de la validez  formal  de la documentación allegada por el ejecutivo; la plena identidad entre  la  persona procesada en el extranjero y la capturada con fines de extradición;  el  principio  de la doble incriminación relacionado con que el hecho motivo de  la  solicitud  no  sea  un  delito  político  o de opinión y además, de estar  también  previsto  en Colombia como delito, se reprima con pena privativa de la  libertad  cuyo  mínimo  no  sea  inferior  a  cuatro  años; que la providencia  proferida  por  autoridades  extranjeras  en  que se funda la solicitud, sea una  sentencia  o  al  menos  equivalga  a la resolución de acusación en el sistema  colombiano;  y,  cuando  fuere  el caso, el cumplimiento de lo dispuesto por los  tratados  públicos, aspectos que igualmente condicionan la práctica de pruebas  durante el trámite.   

En  torno  a  este último aspecto, resulta  imperioso  señalar  que  las  pretensiones  probatorias  deben  corresponder  a  pruebas  eficaces,  pertinentes,  útiles, necesarias y conducentes, referidas a  los  fundamentos  a  considerar en el concepto, pues de lo contrario la Corte no  tiene  más  alternativa  que disponer su rechazo conforme la autorización que,  con  criterio  general,  establece el artículo 359 del Código de Procedimiento  Penal,  ya  que  la  sola  consideración  particular  de  uno  de  los  sujetos  intervinientes  en la actuación sobre la necesidad de la prueba pedida, resulta  insuficiente para que se disponga su recaudo.   

2.-  En  el  caso  analizado  no  todas las  pretensiones   probatorias   expuestas   por   la   defensa   del  requerido  en  extradición,        señor       ALEXANDER  FARFÁN SUÁREZ, cumplen los  presupuestos  de  conducencia  y  pertinencia,  pues no se dirigen a acreditar o  desvirtuar  el  cumplimiento  de alguno o algunos de los requisitos en el que el  concepto  de  la  Corte  ha  de  fundamentarse, ameritando por tanto su rechazo,  según pasa a precisarse.   

2.1.-  Las pruebas cuyo recaudo se pretende  con    el    propósito    de    demostrar   “la   no   conveniencia   de   la  extradición”   del  ciudadano  ALEXANDER FARFÁN SUÁREZ, a que se alude  en  los  numerales  2  y  3  del  escrito  petitorio,  deben  ser  denegadas por  inconducentes.   

No  se  remite a duda que de acuerdo con la  normativa  que  en  Colombia rige el instituto de la extradición, a la Corte le  está   vedado   conceptuar  por  fuera  del  preciso  marco  que  le  fijan  la  Constitución  y  la  ley,  no  pudiendo,  por  ende,  preceder en dicha materia  atendiendo  razones  de  conveniencia,  en  cuanto tal discrecionalidad no le ha  sido normativamente atribuida.   

Suficientemente  ha  sido  dicho  que es el  Presidente   de   la   República,  como  supremo  director  de  las  relaciones  internacionales,  la autoridad que tiene a su cargo la decisión final frente al  pedido  de  extradición,  definir  si  la  concede  o la niega, o eventualmente  concederla  difiriendo  la entrega del solicitado, ya que se halla facultado por  la  ley   para  obrar  según  las  conveniencias  nacionales (Art. 501 del  Código  de  Procedimiento Penal) y, en tal medida, de acuerdo con la órbita de  su  competencia,  de  la  cual  carece  la  Corte,  si  lo  considera necesario,  establecer   “si  ante  un  eventual  intercambio  humanitario  y/o acuerdo de paz con las FARC EP, la presencia del señor FARFÁN  SUÁREZ, es necesaria en Colombia”.   

Por  estas  razones, la Corte denegará las  pruebas  pedidas por el memorialista, relativas a la pretensión de oficiar a la  Comisión  Nacional  de  Paz  y  a la Conferencia Episcopal Colombiana, para que  conceptúen  sobre  la  conveniencia  o  inconveniencia  de  la extradición del  señor  FARFÁN  SUÁREZ,  y  la  de  escuchar,  con  el  mismo  propósito, los  testimonios  de  la  Senadora  de  la República, doctora Piedad Córdoba, la Ex  candidata  presidencial,  doctora  Ingrid  Betancourt Pulecio, y el Director del  semanario Voz, señor Carlos Lozano.   

   

De igual modo, resulta improcedente oficiar  al  DAS  a  fin  de  allegar los registros migratorios, las fechas de salida del  país  y los lugares de destino del señor ALEXANDER FARFÁN SUÁREZ, pues si la  pretensión    del    memorialista    es    acreditar    que   su   asistido  “nunca  ha  viajado  a los  Estados  Unidos y por tal motivo es imposible que haya cometido delitos en   ese  país”, es evidente  que  debe  ser  postulada al interior del respectivo  proceso   ante   las  autoridades  judiciales   extranjeras  encargadas  de  adelantar  el juzgamiento, y no ante la Corte, como quiera que no le corresponde  a  ella en ejercicio de esta función, establecer la cuestión fáctica sobre la  ocurrencia  o  no de los hechos que se le imputan a la persona cuya extradición  se  solicita,  como  en  tal  sentido  ha  sido considerado incluso por la Corte  Constitucional1.        

2.2.- Esta misma situación no concurre, sin  embargo,  en  relación con las pruebas que tienen como propósito establecer la  existencia   en  Colombia  de  procesos  penales  en  contra  del  requerido  en  extradición,  cuyo  recaudo  resulta procedente, pero no por las razones que el  memorialista   aduce,   relacionadas   con   la   prohibición   de   extraditar  “cuando por el mismo hecho la persona cuya entrega  se  solicita,  haya  sido  o  esté  siendo  juzgada  en Colombia”,  de  que trataba el artículo  527 de la Ley 600 de 2000, o  por  la  presunta  violación  al  principio  de  non  bis  in  ídem,  pues  la  circunstancia  de  que  el  requerido  haya  sido  o  se  encuentre procesado en  Colombia,  no  se  constituye  en  presupuesto  que  le impida a la Corte emitir  concepto  sobre  la  solicitud  de  extradición, toda vez que, conforme ha sido  repetidamente  dicho  por la Sala, dentro de las facultades con que cuenta no se  incluye  la  necesidad  de establecer si el requerido es investigado o no por la  justicia  colombiana,  o  si los hechos por los que se le procesa son los mismos  por  los  que  se  solicita  su  extradición,  ya  que dichas eventualidades no  afectan   el   trámite   ni   determinan   el   sentido   en   que  habría  de  conceptuar.      

Tampoco puede perderse de vista que la norma  contenida  en  el  artículo  527  de  la  Ley 600 de 2000, según la cual “no  habrá  lugar  a  la  extradición  cuando  por  el  mismo hecho la persona cuya  entrega  se  solicita, haya sido o esté siendo juzgada en Colombia”, no sólo  tenía  por destinatario al Gobierno Nacional sino que actualmente no hace parte  del  ordenamiento  jurídico vigente por haber sido declarada inexequible por la  Corte    Constitucional    mediante    Sentencia    C-760    del    18    de    julio   de   2001.    

Además, para responder de este modo otro de  los  argumentos  que  el  memorialista  expone,  relacionado  con  la  época de  ocurrencia  de los hechos y la posible aplicación favorable al caso de la norma  derogada,  debe  decirse, al efecto, que la jurisprudencia de esta Corte ha sido  persistente   en   sostener   que   la   ley  aplicable  a  la  extradición  no  necesariamente  es  la  que se encontraba vigente al momento de la ocurrencia de  los  hechos  por  los que se presenta el pedido, sino aquella que rija cuando la  solicitud  ha sido presentada, o incluso la que se encuentre en vigor al momento  de emitir el concepto que demanda el Gobierno Nacional.   

La razón es muy sencilla y se funda en que  durante  el  trámite  de  extradición  no se investiga ni juzga la conducta de  aquél   quien  es  reclamado  para  responder  en  juicio  por autoridades  extranjeras,  y  por  consiguiente  la  Corte  carece  de  facultad para imponer  sanción alguna.   

     

Pero  además,  con  la  aclaración  que  antecede,  a  fin  de  denotar  la sin razón del planteamiento propuesto por la  defensa,  es  de recordarse la postura del Tribunal Constitucional, en relación  con dicha temática:   

   

“Ese requisito constitucional, al exigir  que  el  delito  se  haya cometido en el extranjero, no excluye la jurisdicción  penal  colombiana,  puesto  que  tal como se ha señalado por esta Corporación,  puede  ocurrir  que  el  delito  se  considere  cometido  en  el  exterior y por  consiguiente  sea  posible  la  extradición,  pero que por haberse realizado la  conducta  parcialmente  en Colombia, exista jurisdicción penal colombiana sobre  la  misma.  Dicha conclusión resulta predicable, en general, de todos los casos  en  que por excepción  no se aplica el principio de territorialidad, salvo  para  los  casos  que  requieren  querella  o petición del Procurador, y en los  cuales  la jurisdicción está condicionada. No puede  por  consiguiente  interpretarse  la Sentencia T-1736-00 en el sentido de que si  hay  jurisdicción colombiana sobre determinada conducta delictiva no procede la  extradición,  porque precisamente la naturaleza de ésta es la de que, mediante  decisión  libre  y  autónoma  un Estado decide no aplicar su ley penal para el  juzgamiento  de  una determinada conducta delictiva. El presunto infractor penal  debe  estar,  en  todos  los  casos, en el territorio del Estado requerido y por  consiguiente  sometido a su jurisdicción penal. De lo que se trata es de que en  los  casos permitidos por la Constitución, de acuerdo con los tratados o con la  ley,  el  Estado  colombiano omita aplicar su propia jurisdicción y permita que  sea  el  Estado  requirente,  de  ordinario  el  que  se ha visto de manera más  directamente  afectado  con  la  lesión  de bienes jurídicos que se deriva del  delito,   el   que  adelante  el  juicio  o  aplique  la  condena.  Se  trata  de  que  frente  a  una  determinada conducta delictiva  hay   concurrencia  de  jurisdicciones  de  Estados distintos, caso en el cual el derecho y la práctica  internacional  apuntan  a  privilegiar  la  del  Estado  que  tenga  un interés  prevalente   en   la   investigación   de   delito   y   en   la  sanción  del  responsable (se destaca).   

“En  el  ordenamiento  colombiano,  como  presupuesto  de  la extradición, el presunto infractor debe estar en territorio  colombiano,  y  la  conducta  por  la cual se le requiere debe constituir delito  también  en  Colombia.  En  ese  caso,  el  Estado  Colombiano,  bien  sea  por  aplicación  del  principio  de  territorialidad desarrollado en el artículo 13  del  C.P. o de los eventos de extraterritorialidad previstos en el artículo 15,  no  obstante  que  tendría  jurisdicción  sobre  la  conducta, puede optar por  permitir  que  el Estado que tenga un interés prevalente sea el que adelante la  investigación o ejecute la condena.   

“Si el que se pretende por el actor fuese  el  entendimiento  del fallo de la Corte, se estaría privando de todo contenido  a  la  disposición del artículo 35 de la Constitución Política, en la medida  en  que,  como  presupuesto  de  la  extradición  se  requiere  que  la persona  (nacional  colombiano)  que es objeto de la solicitud, se encuentre en Colombia,  pero,  de  conformidad con el artículo 15 del CP., y con la interpretación que  se  pretende,  el  nacional  colombiano que se encuentre en Colombia después de  haber  cometido delito en territorio extranjero, está sujeto a la jurisdicción  penal colombiana y por consiguiente no sería extraditable.   

“A  la  Fiscalía  no  le  corresponde  determinar  si  para  efectos de extradición el delito se considera cometido en  el  exterior. Lo que sí le corresponde es establecer si hay jurisdicción penal  colombiana,   pero  sólo  para  efectos  de  determinar  si  debe  iniciarse  o  proseguirse una investigación penal en Colombia.   

“Por  las  anteriores  consideraciones,  encuentra  la  Corte que no se viola la Constitución cuando la Corte Suprema de  Justicia   conceptúa   sobre   la  procedencia  de  la  extradición,  sin  que  previamente  la Fiscalía se haya pronunciado en torno a si sobre los hechos que  dan  lugar  a  la solicitud existe jurisdicción penal colombiana”2.   

Hechas  estas  precisiones,  debe  decirse,  entonces,  que el motivo por el cual se accede a practicar las anotadas pruebas,  radica  en  la  posibilidad  de  que  en contra del requerido en Colombia cursen  procesos   penales   por   la   eventual   realización  de  crímenes  de  lesa  humanidad, por los cuales  deba responder jurídica,  social  y  penalmente, con la correlativa obligación de garantizar los derechos  de  las  víctimas  a  la  verdad,  la  justicia  y la reparación, en  cuyo  evento,  dicha  circunstancia tendría la virtualidad de  condicionar  el  sentido  del  concepto  de  extradición,  toda  vez que en tal  hipótesis         se         deben privilegiar tales derechos frente al  del  Estado  requirente  de  investigar los delitos cometidos en su territorio y  sancionar a los responsables.   

A este respecto, pertinente resulta traer a  colación   algunos   apartes  de  la  jurisprudencia  de  la  Corte3 sobre dicho  particular:   

“          ‘…si  bien  el  Estado  colombiano  está  comprometido  a perseguir el delito, tanto en lo interno como frente a la  comunidad  internacional,  dicha  obligación  no  es  de  mayor  importancia  o  jerarquía  que  la  inherente  a la efectiva protección de los derechos de las  víctimas,  particularmente  respecto de los delitos de lesa humanidad, pues las  garantías  fundamentales  de  éstas a la verdad, la justicia y la reparación,  no   pueden  quedar  desprotegidas  bajo  ninguna  consideración,  al  hallarse  amparadas  en  tratados  y  convenios  internacionales  en  materia  de derechos  humanos  ratificados  por el Congreso, los cuales prevalecen en el orden interno  por          mandato         constitucional4,   y   son  de  inexcusable  cumplimiento         por        todas        las        autoridades.’5   

“Respecto   de  los  derechos  de  las  víctimas  a  la  verdad,  la  justicia  y  la  reparación, aspecto que reviste  fundamental  importancia  en  el  Derecho internacional de los derechos humanos,  tanto       por       sus       implicaciones      sustantivas      –para  identificar  al sujeto pasivo  de  la lesión, titular de los derechos afectados y de aquellos otros que genera  la  conducta  violatoria-,  como  por  sus consecuencias procesales –para precisar la legitimación y la  correlativa  capacidad  de  actuación en los diversos momentos del proceso-, la  jurisprudencia    evolutiva    de    la    Corte6 revela claramente el impulso  tutelar  tanto  del  derecho  internacional  como  la jurisprudencia de la Corte  Constitucional   Colombiana,   que  pretende  llevar  cada  vez  más  lejos  la  protección real de los derechos humanos.   

“Frente a las  violaciones  de  los derechos humanos, el Estado debe garantizar a las víctimas  un  recurso efectivo que ofrezca resultados o respuestas adecuadas. Al respecto,  esta  Sala   de  Casación,  en  uno  de los pronunciamientos que se evocan  (auto del 10 de abril de 2008, Radicado No. 29472), expresó:   

‘Como lo dijo  el  Tribunal  Constitucional al examinar la exequibilidad de la Ley 975 de 2005,  el   hecho  de  que  el  Estado  atraviese  por  difíciles  circunstancias  que  dificulten  la  consecución  de  la  paz,  no lo liberan de sus obligaciones en  materia  de  justicia,  verdad,  reparación  y no repetición, que emanan de la  Convención        Americana        de        Derechos       Humanos’7”8.   

“La  línea conceptual que precede, como  se  puede  concluir  al  rompe,  es  fruto  especialmente  de los compromisos de  carácter  internacional  adquiridos  por  el  Estado  colombiano  a  través de  instrumentos  debidamente suscritos, cuyo cumplimiento no está sujeto a ninguna  otra  consideración  que la de asegurar de forma real y efectiva el respeto por  los  derechos  fundamentales  de las víctimas en sus manifestaciones de verdad,  justicia, reparación y no repetición”.   

Entonces,  por  las  anotadas  razones, se  dispondrá    allegar    las    constancias    a    que    hace    alusión   el  memorialista.   

3.- Pruebas de oficio.  

3.1.- Dado que el  Gobierno  de  los  Estados  Unidos  de  América,  dentro  de  la documentación  anexa  a  la  solicitud9, como normatividad aplicable  al   caso  incluye  los  artículos  1°,   5°  y  10°  de la Convención  Internacional  Contra  la Toma de Rehenes,  adoptada  por  la  Asamblea  de las  Naciones   Unidas   en  su  Resolución  34/146  el  17  de  diciembre  de  1979  -y    en  Colombia  mediante  la Ley 837 de 2003, declarada exequible  por la Corte Constitucional  en  Sentencia  C-405  de  2004-,     siendo  ésta   la  oportunidad  y  atendiendo  lo dispuesto por el artículo 496 del  Código   de   Procedimiento   Penal,  es  del  caso  disponer que, dentro del término para la práctica  de   pruebas,   se   oficie,  por  la  Secretaría  de la Sala, al Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  a  fin  de  que  exprese  si  la citada Convención  se  halla  vigente  para  Colombia,  y  si  para  el  caso resulta procedente obrar de conformidad con las  disposiciones   allí   contenidas,   especialmente,  en  cuanto  establece  que  “A  los  fines  de  la  extradición entre Estados  Partes,  se considerará que los delitos previstos en  el  artículo  1  se  han  cometido  no  sólo en el lugar donde ocurrieron sino  también   en   el   territorio   de  los  Estados  obligados  a  establecer  su  jurisdicción  de  acuerdo  con  el  párrafo  1 del  artículo 5”.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E:   

1.- ACCEDER   parcialmente  a  lo solicitado en el  numeral  primero  del  memorial  presentado  por  el  defensor  del requerido en  extradición,     ciudadano     ALEXANDER    FARFÁN    SUÁREZ.    ORDENAR,  en  consecuencia, que dentro  del  período probatorio, el cual corre por diez (10)  días,   más   el   de   la  distancia  (Art.  500 C. de P. P.), se  oficie,  por  la Secretaría de la Sala, a las Fiscalías 5ª,  9ª,  17  y  18  Especializadas  de Bogotá, a los Juzgados Penales del Circuito  Especializados  de  Villavicencio,  y  a la Fiscalía 251 Especializada Delegada  ante  el Ejército Nacional, a fin de que remitan la información a que se alude  en  los  ordinales  1.1 a 1.6 del memorial de pruebas  presentado por la defensa.   

SEGUNDO.         NEGAR    por    improcedentes    las  demás          pruebas         solicitadas    por    el   defensor   de   confianza   del   requerido   en   extradición  señor  ALEXANDER FARFÁN  SUÁREZ  según  se anotó en la motivación de este  proveído.    Contra  esta decisión procede el  recurso de reposición.   

TERCERO.  DE  OFICIO  disponer  la  práctica  de  la  prueba  a  que  se  alude  en  el  numeral  3.1  de  la parte  considerativa de este proveído.   

CUARTO.   La  Secretaría  de  la  Sala  proveerá  al  efecto  y  librará las comunicaciones  respectivas.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ      LEONIDAS     BUSTOS  MARTÍNEZ                        ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS           AUGUSTO J. IBÁÑEZ  GUZMÁN   

Comisión de servicio  

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                   YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                 JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

Comisión de servicio  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  Cfr. Corte Constitucional. Sentencia C-1106. Agosto 24 de 2000.   

2  Cfr. Corte Constitucional. Sentencia SU 110. Febrero 20 de 2002.   

3  Cfr. Concepto de extradición. septiembre 23 de 2008. Rad. 29298   

4.  Además  de los dispuesto en los artículos 1°, 2°, 15, 21, 29, 229, 250 y 251  de  la  Constitución  Política,  por  mandato  de  su  artículo 93, deben ser  tenidos  en  cuenta  los  derechos  reconocidos  en  el  Pacto  Internacional de  Derechos   Civiles   y   Políticos   (Ley   74  de  1968),  la Convención Americana de Derechos Humanos  (Ley  16  de  1972),  la  Convención  contra  la  Tortura  y  otros  Tratos  o Penas Crueles, Inhumanos y  Degradantes    (Ley    70    de   1986),  la  Convención  Interamericana  para  Prevenir y Sancionar la  Tortura     (Ley    409    de    1997),  la  Convención  Interamericana sobre Desaparición Forzada de  Personas     (Ley    707    de    2001),  Convención  para  la  Prevención y la Sanción del Delito de  Genocidio     (Ley    28    de    1959),  los  Convenios  de Ginebra y sus dos Protocolos Adicionales, y  el Estatuto de la Corte Penal Internacional.   

5.  Auto de 22 de abril de 2008, radicación 29559.   

6.  Auto  de  22 de abril de 2008, radicación 29559. En el mismo sentido auto de 10  de  abril  de  2008,  radicación 29472. Sobre la protección del derecho de las  víctimas  de  violaciones  de lesa humanidad, en estos proveídos la Corte hace  una  recapitulación  de  las normas de derecho internacional como nacional y la  jurisprudencia  de  los  distintos  Tribunales,  que  se  cifra  en  la versión  ampliada   de  la  regla  pro  homine,  como  fuente  de interpretación e integración progresiva. Véase  también auto de 28 de mayo de 2008, radicación 29560.    

7  Corte Constitucional, Sentencia C-370 de 2006.   

8  Cfr. Concepto del 31 de julio de 2008, Radicado No. 28503   

9 FL.  110 carpeta anexa     

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