29152(10-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente:  

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

                                    Aprobada Acta N° 185   

Bogotá,  D.  C., julio diez (10) de dos mil  ocho (2008).   

VISTOS:  

Procede   la  Sala  a  resolver  sobre  la  admisibilidad  formal  de la demanda de casación presentada por el defensor del  procesado  Julio  Aníbal Vega Fernández, condenado en fallos proferidos por el  Juzgado  de Primera Instancia DECUM 1, del Departamento de Policía Cundinamarca  y  el  Tribunal  Superior  Militar,   como  autor responsable del delito de  concusión.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.-  Los  primeros  fueron consignados en el  fallo impugnado de la siguiente manera:   

Según  informe del Comandante del Batallón  de  Selva  No  50 del Amazonas, indica que el señor Luis Carlos Motta ciudadano  brasileño  afirma  que fue extorsionado por miembros policiales de la Estación  La  Pedrera  cuando  el  día  22  de  junio  de 2001, llegaron a la draga de su  propiedad  exigiéndole  la  suma  de  diez  millones  de  pesos,  de los cuales  entregó  cinco  ya  que carecía de más efectivo, habiéndosele ordenado luego  de  recibir  la  plata  desplazarse  por el río Caquetá hasta Villa Betancourt  población  brasilera  en  donde  arribaron en horas de la madrugada, por lo que  causó  curiosidad  a  las  autoridades  del  lugar  a  quienes le expusieron lo  acontecido  horas  antes, quienes determinaron que las embarcaciones colombianas  no  transitarían  por  ese lugar hasta tanto no se pusiera en claro la conducta  desplegada   por   los  miembros  policiales,  y  para  ellos,  se  solicita  la  intervención  del  comandante  del  puesto militar de la localidad, oficial del  Ejército  colombiano  Halmat Tojas (sic), quien determinó haber presenciado el  momento   en   que   el   ciudadano   Motta  coloca  la  respectiva  denuncia  y  posteriormente  tomó  contacto  con  el  comandante  del corregimiento Sargento  Vega,  quien  le  señaló que arreglaran a nivel de mandos esta situación, por  lo  que  hasta allí llegaron las conversaciones habiéndose informado por parte  del  oficial  a  los  comandantes  de  la  zona.  Del  plenario  se concluye que  efectivamente   existió   nuevamente   la  entrega  del  dinero  exigido  y  es  solucionado  el  problema que estaba tomando matices de carácter internacional,  por  la zona limítrofe en que ocurrió el ilícito al parecer ejecutado por los  hoy sindicados”.   

2.- Abierta la correspondiente investigación  y  vinculado  al  proceso  mediante  indagatoria Julio Aníbal Vega Fernández y  otros,  el  26  de julio de 2005 el Juzgado 153 de Instrucción Penal Militar de  Bogotá  le  impuso medida de aseguramiento consistente en detención preventiva  por el delito de concusión.   

3.-  Cerrada la investigación, la Fiscalía  154  Penal  Militar  el  20 de enero de 2006 profirió resolución de acusación  contra  Julio  Aníbal  Vega Fernández por el mismo delito atribuido al momento  en  que  se  le definió situación jurídica, la cual quedó ejecutoriada el 13  de                      febrero                      de                      esa  anualidad.                                                                                                                                                                     

4.-  Correspondió  al  Juzgado  de  Primera  Instancia  DECUN  1 adelantar el juicio y celebrada la audiencia pública, el 13  de  abril  de  2007  condenó  a  Vega Fernández y otros a la pena principal de  cuatro  (4) meses de prisión, multa de cincuenta (50) salarios mínimos legales  mensuales  vigentes,  a  la  accesoria  de  inhabilitación  en  el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  período  igual,  y  se  le negó el  subrogado  de  suspensión  de  la ejecución de la pena, como autor responsable  del delito de concusión.   

5.-  La  sentencia  de primera instancia fue  apelada  y  el  10  de agosto de 2007 el Tribunal Superior Militar la confirmó,  mediante  fallo  objeto  del recurso extraordinario de casación interpuesto por  el defensor del acusado.   

LA DEMANDA:  

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  segundo  del  artículo 207 de la Ley 600 de 2000, el recurrente formula  un   solo   cargo   contra   el   fallo   proferido  por  el  Tribunal  Militar,  así:   

Cargo      único:      Violación  directa  de  la  ley sustancial por error de derecho por  falso  juicio  de  legalidad,  que  condujo  a  la  falta  de aplicación de los  artículos  404 y 494 del Código Penal Militar, 239 inciso 2º, 503 y 504 de la  Ley 600 de 2000.   

Aduce   el   censor   que   la   presente  investigación  tuvo  impulso  a  partir  del  relato  del Capitán José Javier  Halman  Rojas,  quien  declaró  ante la instrucción penal militar que escuchó  cuando  el  ciudadano  brasilero  Luis Carlos Motta relató los hechos en idioma  portugués  ante  personal  federal  de  Brasil,  sin  existir  certeza  que  lo  denunciado  en  ese  idioma  corresponda  a  “la  manera  como se indica en el  plenario”,  pues  no  hay  constancia  de  la  persona  o  entidad  legalmente  designada  que realizó la traducción al castellano y de lo único que se tiene  noticia   es   que   le   fue   leída   al   oficial   por   un  colono  de  la  región.   

De  otra  parte,  censura  la  credibilidad  otorgada  al testimonio de Edson Novaes Motta y Odilene Alfonso López, personas  dependientes  de  Motta, quienes declararon en la actuación disciplinaria y sus  testimonios  fueron trasladados al presente proceso sin la respectiva constancia  acerca   de   si   los   mismos   hablaban   en   forma   correcta   el   idioma  castellano.   

Por lo anterior, solicita a la Corte casar la  sentencia impugnada y proferir una de reemplazo absolutorio.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.-   Si   bien   es   cierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  entendido  como control constitucional y legal de  las  sentencias proferidas en segundo grado se halla des-formalizado en cuanto a  las  exigencias  rigurosas  de  debida  técnica  que  en el pasado inmediato se  demandaban,   a   las   que  en  el  presente  no  se  les  debe  otorgar  tanta  preponderancia  pues  ello implicaría contrariar el principio constitucional de  prevalencia  de  lo  sustancial  sobre  lo formal, postulado que incluso se debe  hacer  extensivo  para las impugnaciones efectuadas contra sentencias de segundo  grado  proferidas  en  vigencia de la Ley 600 de 2000, también es cierto que no  se  constituye  en una tercera instancia alterna para extender los debates dados  en  las  instancias sobre unos presuntos errores de derecho por falso juicios de  legalidad  referidos  a  la  apreciación  de  unos testimonios, aspectos que de  manera  difusa  se  formularon en la demanda sin que se hubiese demostrado ni se  advierta  ninguna  violación indirecta de la ley sustancial de manera evidente,  ni  trascendencia  alguna  como para superar los defectos de la misma en orden a  proferir   un   fallo   sustitutivo   de  absolución  a  favor  del  procesado.   

Por el contrario, en esta sede extraordinaria  a  efecto  de  la prosperidad de los cargos antes que exigencias formales lo que  se  reclaman  son  requerimientos  lógicos,  jurídicos  y  concluyentes  en la  finalidad  de  proponer,  objetivar y demostrar con trascendencia sustancial que  la  declaración  de  justicia objeto de impugnación, la cual llega a esta sede  extraordinaria  amparada  por  el  principio  de  la  doble  unidad jurídica de  decisión,  se  fundó  en  errores  de  hecho  o  de  derecho  manifiestos o se  profirió  al interior de un juicio viciado por irregularidades que afectaron la  estructura  o  la  garantía  del  debido  proceso  o  del  derecho  de defensa,  falencias   claramente   diferenciadas   en   sus   alcances   que  reclaman  el  correspondiente    control    legal    o   constitucional   y   los   necesarios  correctivos.   

Por   tanto,   cuando  en  la  demanda  se  desatienden  los requisitos señalados en el artículo 212 de la Ley 600 de 2000  y   fundamentalmente,   cuando   se   omiten  las  exigencias  mínimas  de  coherencia  relacionadas  con  una  adecuada formulación del cargo y se deja de  señalar  con  claridad y precisión debidas sus fundamentos o cuando se incurre  en  contradicciones  al  formular censuras excluyentes, la consecuencia procesal  inmediata  no  puede  ser  otra  que  su inadmisión según así lo establece el  artículo 213 ibídem.   

2.- Se advierte que en la demanda presentada  por  el  libelista  no  se  procedió  para  su  desarrollo  bajo los anteriores  presupuestos  requeridos  para  la demostración de la censura formulada bajo la  égida  de  la  causal  primera,  cuerpo segundo, artículo 207 de la ley 600 de  2000. En efecto:   

2.1.-  En  el cargo  único,  el demandante acusó la sentencia de violar en  forma  indirecta  la  ley  sustancial  por  error  de derecho recayente sobre la  declaración  del  capitán  José  Javier  Halman Rojas, quien aseguró ante el  funcionario  investigador  que  presenció  cuando  el ciudadano brasileño Luis  Carlos  Motta  narró  en  idioma  portugués lo acontecido ante las autoridades  policiales  de  ese  país,  sin  que  se  tenga  certeza que lo relatado por la  víctima  corresponda  a  la  realidad,  ni  conste en el proceso la persona que  realizó  la  traducción de lo consignado al castellano, y por la circunstancia  de  no  haber  dejado  constancia  acerca  de que los ciudadanos Odeline Alfonso  López  y  Edson Novaes Motta declarantes en este proceso hablaran correctamente  el idioma castellano.   

2.2.-  Olvidó  el  censor que la violación  indirecta  de la ley sustancial en todas sus modalidades tanto de error de hecho  como  para  el  caso  de  errores  de  derecho,  siempre  se llega previo paso o  intermediación  de  afectaciones  que recaen sobre los medios probatorios y que  por   ende   le  correspondía  integrar  de  una  parte  las  violaciones-medio  recayentes  sobre  los  medios  de  prueba  y  las normativas reguladoras de las  mismas,  y  de  otra,  las  violaciones-fin,  esto  es,  haber  identificado las  disposiciones  sustantivas  que  fueron  objeto  último de violación tanto por  indebida  aplicación como por falta de aplicación, temas sobre los que guardó  silencio.   

2.3.-  Distante  se  hallan  los  enunciados  plasmados  en  la  demanda de lo que debe entenderse por violación indirecta de  la  ley  sustancial  por  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad,  así:   

El  error  de  derecho  por  falso juicio de  legalidad  de que trata la causal primera cuerpo segundo del artículo 207 de la  Ley  600  de  2000  y la causal tercera de casación del artículo 181 de la Ley  906  de 2004, obedece sus contenidos al principio y garantía de legalidad de la  prueba  regulado  en  el  artículo  29  de  la  Carta  Política, en el cual se  reportan  “nulas  de  pleno  derecho  las pruebas obtenidas con violación del  debido  proceso”,  imperativo  que  se  reproduce  en  los artículos 23 y 455  –comprendidas    sus  salvedades-  del Código de Procedimiento Penal en lo que dice relación con las  pruebas  ilícitas y en el artículo 232 y 360 ejusdem  en  lo  correspondiente  con  las elementos materiales  probatorios,  evidencias  físicas  y  pruebas  ilegales,  de lo cual se contrae  normativamente  un efecto-sanción de “inexistencia jurídica” y por ende de  exclusión  cuando  de  pruebas  “ilícitas” o “ilegales” y de elementos  materiales   y   evidencias   físicas   recogidas   de   manera   irregular  se  trate.   

En sentencia relativamente reciente, la Sala  de Casación Penal indicó:   

El artículo 29 de la Constitución Política  consagra  la  regla  general  de  exclusión al disponer que “es nula de pleno  derecho, la prueba obtenida con violación del debido proceso”.   

La  exclusión  opera  de maneras diversas y  genera  consecuencias  distintas  dependiendo  si  se trata de prueba ilícita o  prueba ilegal.   

Se  entiende  por  prueba ilícita la que se  obtiene  con  vulneración  de los derechos fundamentales de las personas, entre  ellos  la  dignidad,  el debido proceso, la intimidad, la no autoincriminación,  la  solidaridad  íntima,  y aquellas en cuya producción, práctica o aducción  se  somete  a  las  personas a torturas, tratos cueles, inhumanos o degradantes,  sea cual fuere el género o la especie de la prueba así obtenida.   

La prueba ilícita debe ser indefectiblemente  excluida  y  no  podrá formar parte de los elementos de convicción que el juez  sopese  para  adoptar  la  decisión en el asunto sometido a su conocimiento, si  que  pueda  anteponer  su  discrecionalidad  ni  la prevalencia de los intereses  sociales.   

La  prueba  ilegal  se  genera  cuando en su  producción,   práctica   o  aducción  se  incumplen  los  requisitos  legales  esenciales,  caso  en  el  cual debe ser excluida como lo indica el artículo 29  Superior.   

En  esta  eventualidad,  corresponde al juez  determinar  si  el  requisito  legal  pretermitido  es  esencial  y discernir su  proyección  y  trascendencia  sobre el debido proceso, toda vez que la omisión  de  alguna  formalidad  insustancial  por sí sola no autoriza la exclusión del  medio de prueba1   

.  

La  prueba  ilícita como su propio texto lo  expresa:   

Es aquella que se encuentra afectada por una  conducta  dolosa  en  cuanto  a la forma de obtención, es decir, aquella que ha  sido    obtenida    de   forma   fraudulenta   a   través   de   una   conducta  ilícita2.   

Mayoritariamente  se  ha  concebido  por  la  doctrina    nacional,    extranjera    y    la    jurisprudencia    –como  la  citada  entre  otras- que la  prueba  ilícita  es  aquella  que  se ha obtenido o producido con violación de  derechos  y  garantías  fundamentales,  género entre las que se encuentran las  pruebas  prohibidas  cuyas  vedas  son objeto de consagración específica en la  ley  (art.  224 C. Penal). Ella puede tener su génesis en varias causalidades a  saber:   

(i) Puede ser el resultado de una violación  al   derecho   fundamental   de  la  dignidad  humana  (art.  1º  Constitución  Política),  esto  es,  efecto  de  una  tortura  (arts.  137  y  178 C. Penal),  constreñimiento  ilegal  (art. 182 C.P.), constreñimiento para delinquir (art.  184  C.P.)  o  de  un  trato cruel, inhumano o degradante (art. 12 Constitución  Política).   

(ii) Así mismo la prueba ilícita puede ser  consecuencia  de  una violación al derecho fundamental de la intimidad (art. 15  Constitución   Política),   al   haberse   obtenido   con   ocasión  de  unos  allanamientos  y  registros  de  domicilio  o  de  trabajo ilícitos (art. 28 C.  Política,  arts.  189,  190  y  191  C.  Penal),  por  violación  ilícita  de  comunicaciones  (art.  15  C.  Política,  art.  192 C. Penal), por retención y  apertura  de correspondencia ilegales (art. 15 C. Política, art. 192 C. Penal),  por  acceso  abusivo  a  un  sistema  informático  (art.  195  C.  Penal) o por  violación  ilícita  de  comunicaciones  o correspondencia de carácter oficial  (art. 196 C. Penal).   

(iii)  En  igual sentido, la prueba ilícita  puede  ser  el  efecto de un falso testimonio (art. 442 C. Penal), de un soborno  (art.  444  C.  Penal)  o  de  un  soborno en la actuación penal (art. 444 A C.  Penal)  o  de una falsedad en documento público o privado (arts. 286, 287 y 289  C. Penal).   

La  prueba  ilegal  o  prueba  irregular que  extiende  sus  alcances  hacia  los  “actos  de  investigación”  y “actos  probatorios” propiamente dichos, es aquella:   

En  cuya  obtención  se  ha  infringido  la  legalidad  ordinaria  y/o  se  ha  practicado  sin  las  formalidades legalmente  establecidas  para la obtención y práctica de la prueba, esto es, aquella cuyo  desarrollo  no  se  ajusta  a  las previsiones o al procedimiento previsto en la  ley3.   

Desde una interpretación constitucional y en  orden  a  la  visión  y  concepción  de  la casación penal como un control de  constitucionalidad   y   legalidad  de  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia,  se  debe  considerar  que  tanto  en  los  eventos  de ilicitud y de  ilegalidad  probatoria  como  de  ilicitudes o ilegalidades que recaen sobre los  elementos  materiales  probatorios  y  evidencias  físicas,  lo  que se produce  normativamente  son  efectos  idénticos  de  exclusión dadas las inexistencias  jurídicas   por   tratarse  en  esos  eventos  de  medios  de  convicción  que  constitucionalmente   se  predican  “nulos  de  pleno  derecho”  y  que,  en  consecuencia,  dichos resultados de “inexistencia jurídica” se transmiten a  los  que  dependan  o  sean  consecuencia  de  aquellos o a los que sólo puedan  explicarse  en razón de la existencia de las excluidas, pues como es de lógica  jurídica  y  por  sobre todo constitucional, las “inexistencias jurídicas”  no pueden dar lugar a “reflejos de existencias jurídicas”.   

2.4.-      Desde     la     perspectiva   de   la   prevalencia  del  derecho   sustancial   no   se   advierte  en  manera  alguna  que  la  denuncia  del  capitán  Jose Javier  Halman    Rojas,   ni   el   testimonio  de Edson Novaes Motta y Odilene Alfonso  López,  estén viciados de  ilicitud    ni    de    ilegalidad   ni   que   los  mismos  puedan ser objeto de exclusión en orden a un  fallo  sustitutivo  de  absolución  por el delito de  concusión,  razones  más  que   suficientes   por   las   que   puede   concluirse  que  las  argumentaciones  dadas  en  este  cargo  único     deben     desestimarse.    Y,   

3.-  Atendiendo  a  los  fines  de  la  casación,  no  se  encuentra  violación  de  garantías  fundamentales de incidencia sustancial ni  procesal  que  deban  ser  protegidas  oficiosamente  y  conduzcan a superar los  defectos  de  la  demanda,  por  lo  que  se impone su  inadmisión,  de  conformidad con lo dispuesto por los artículos 212  y  213  del  Código de Procedimiento  Penal,  lo  cual  conlleva  la  consecuencia  procesal  de  declarar desierta la  impugnación,  mediante  decisión que adquiere ejecutoria en la fecha en que es  suscrita y no admite ningún recurso.   

A  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

Inadmitir   la  demanda  de  casación  presentada  en  defensa del procesado Julio Aníbal Vega  Fernández.   

Contra  esta providencia no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                                ALFREDO GÓMEZ QUINTERO     

                         

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                 AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                       

             

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                          YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                      

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                  Secretaria   

    

1 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, Sentencia del 2 de marzo de 2005,  radicado 18.103.   

2  A.  MONTON   REDONDO,   citado   por   MANUEL  MIRANDA  ESTRAMPES,  en  El  concepto  de  prueba  ilícita  y  su tratamiento en el proceso  penal,   Barcelona,  Editorial  Bosch,  1999,  pág.  18.   

3  MANUEL  MIRANDA  ESTRAMPES, El concepto…, ob. cit., p. 47.     

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