29112(11-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso n.° 29112  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta Nº 353  

Bogotá D. C., once (11) de noviembre de dos  mil nueve (2009).   

VISTOS  

Decide  la  Sala  acerca  de los fundamentos  lógicos  y  debida  argumentación de la demanda de casación presentada por el  defensor  de  HÉCTOR HUGO CARDONA VÁSQUEZ,  contra la sentencia del Tribunal Superior de Distrito Judicial de  Medellín,  que  confirmó  la  emitida  en  el  Juzgado  Veintisiete  Penal del  Circuito  de  esa  ciudad,  por  cuyo  medio fue condenado como autor penalmente  responsable    del    delito    de    acceso   carnal   violento   en   concurso  homogéneo.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

“Los antecedentes  fácticos  que originaron el presente proceso, tuvieron ocurrencia el cuatro (4)  de  septiembre  de  dos  mil cinco, cuando alrededor de las ocho de la noche, la  menor  Y…  A…  A…  S…,  de  quince  (15) años de edad, en compañía de  JOHANA  VANESA  LÓPEZ ALZATE, de dieciocho (18), abordaron el bus de placas TIM  488  afiliado  a  la  empresa de transporte público COOTRASANA, a la altura del  barrio  El  Limonar  del corregimiento de San Antonio de Prado de esta ciudad, y  cuando  se  desplazaban  por inmediaciones de la estación Envigado del Metro de  Medellín,  el  conductor,  a  quien  describieron como un sujeto robusto, alto,  trigueño  [plenamente  identificado  luego como HÉCTOR HUGO CARDONA VÁSQUEZ],  previa  intimidación  mediante  el  uso  de  un  destornillador,  las obligó a  practicarle  sexo  oral  y  además  las acarició con evidentes fines eróticos  sexuales.  /  Luego  de ocurrido lo anterior, el sujeto las instó a aperase del  vehículo,  no  sin  antes  indicarles  a  través  de afirmaciones y gestos que  debían   guardar   total   silencio   respecto   de   lo   ocurrido”1.   

Se  dio inicio a la investigación penal con  base  en  las  quejas  presentadas  por  las  víctimas  de  los referidos actos  lujuriosos,    y   una   vez   vinculado   mediante   indagatoria   HÉCTOR   HUGO   CARDONA   VÁSQUEZ,  tras  resolver  provisionalmente  su situación jurídica, el 22 de septiembre de 2006  la  Fiscalía  General  de la Nación, a través de uno de sus delegados, dictó  contra  aquél  resolución  de  acusación  en  calidad de autor de la conducta  punible  de  acceso  carnal violento, en concurso homogéneo, de acuerdo con los  artículos  31  y  205  del  Código Penal (Ley 599 de  2000)2,  pliego  de  cargos  confirmado  el  31  de  octubre siguiente con  ocasión  de  la  apelación formulada por el defensor del precitado3.   

El  trámite  de  la  causa correspondió al  Juzgado  Veintisiete  Penal  del Circuito de Medellín, en cuyo desarrollo, ante  la  manifestación  escrita  del acusado, avalada por su defensor, en el sentido  de  someterse  a  la  figura de sentencia anticipada, el titular del despacho en  cuestión,  luego  de  verificar  que  esa  aceptación  de  responsabilidad del  procesado  fuera consciente, voluntaria, y debidamente informada, el 17 de abril  de  2007 profirió fallo condenándolo a la pena principal de ochenta (80) meses  de  prisión,  así  como  a la accesoria de inhabilidad para ejercer derechos y  funciones  públicas  por  igual lapso, y le negó la suspensión condicional de  la  ejecución  de  la condena, lo mismo que la sustitución del cumplimiento de  la  pena  en establecimiento carcelario por la prisión domiciliaria4.   

Inconforme con el monto de la pena principal  y  la  negativa  a  conceder  la  prisión  domiciliaria pese a la condición de  “padre cabeza de familia”  del  procesado,  el  defensor  de  éste  apeló  de la expresada sentencia y el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Medellín, mediante la suya de 27 de  agosto  de  2007,  le impartió confirmación integral en los aspectos atacados,  fallo  de  segundo  grado  contra  el  que  dicho  sujeto  procesal  interpuso y  sustentó  el  recurso  extraordinario  de casación5.   

LA DEMANDA  

Con  base  en la causal primera de casación  (Ley  600  de  2000,  artículo  207-1°),  el actor alega la violación directa de la ley sustancial, porque  el  fallo  “NO GUARDA CONSONANCIA CON LOS REQUISITOS  QUE  DEMANDA LA CORRECTA DOSIFICACIÓN DE LA PENA Y LA NEGATIVA DE LA CONCESIÓN  DE  LA  PRISIÓN DOMICILIARIA”, disenso que se resume  en los siguientes términos:   

Acerca de la estimación de la pena privativa  de  la libertad, asegura que se le violó el derecho a una tasación con apego a  lo  dispuesto  en  el  artículo  60 del Código Penal, ya que si los juzgadores  consideraron  que  el  cuarto  de  movilidad  para  la  conducta  punible era el  mínimo,  oscilante entre noventa y seis (96) y ciento diecisiete (117) meses, y  al  individualizar  la  sanción  tomaron  el  límite  menor por la ausencia de  circunstancias  de  agravación, el incremento subsiguiente de veinticuatro (24)  meses   en   razón  del  concurso  homogéneo  de  delitos  es  “exagerado”     y     “arbitrario”,   ya  que  “bien  pudo  ser menor” teniendo en cuenta  que    el    acusado    es    “padre   cabeza   de  familia”, persona dedicada a su hogar, cuyo sustento  dependía de él exclusivamente.   

Respecto  de  la  negativa  a  conceder  la  prisión       domiciliaria,       señala      que      la      “posición”  de  los  juzgadores  en  ese  sentido  es  “aberrante”,  al  desconocer  la  condición  de  “padre cabeza de  familia”  del  acusado  con  base en que éste tiene  esposa,  con la cual convive, y que es ella quien en la actualidad está a cargo  de  los  hijos  habidos  entre  la  pareja, destacando el libelista que ni en el  texto  de  la  Ley  750  de  2002  ni  el  fallo  C-184  de  2003  de  la  Corte  Constitucional,  se  alude  a  que  para  ostentar  tal  condición se tenga que  depender  única  y  exclusivamente de los propios medios para su subsistencia y  la de sus hijos.   

Indica  que  de  acuerdo  con  el  criterio  expuesto  en  las  sentencias atacadas, para tener la calidad de padre cabeza de  familia  se  precisa de ser viudo, abandonado, rechazado, desplazado o repudiado  por  la compañera o esposa, lo cual es una condición no señalada en la ley ni  en  la  jurisprudencia,  y  que  la  finalidad  del beneficio reclamado es la de  proteger  la  unidad  o núcleo familiar y especialmente resguardar los derechos  de  los  hijos  menores  o impedidos, al libre desarrollo de su personalidad y a  disfrutar  de  la  presencia de sus progenitores durante su crecimiento, sin que  pueda  interpretarse,  agrega,  que  en  este caso por el solo hecho de tener el  enjuiciado  esposa, la cual ha tratado de asumir el cuidado de los hijos, pierda  sus  derechos  constitucionales  y  legales  a estar en compañía de aquellos y  velar por su grupo familiar.   

Con  base  en  lo  anterior  solicita  casar  parcialmente  la  sentencia  atacada, en el sentido de redosificar la pena en la  proporción  legal  que  corresponda  y  conceder  a  su  defendido  la prisión  domiciliaria  reconociéndole su condición de “padre  cabeza de familia”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  Necesario  es  recordar  que,  en  cualquier  régimen, la casación  atiende  a  unos  fines  superiores  cuales  son  la reparación de los agravios  inferidos  a  las  partes  en la sentencia recurrida, la efectividad del derecho  material  y  de  las  garantías  fundamentales  de  los  intervinientes  en  la  actuación,    y    la    unificación   de   la   jurisprudencia   (Ley  600  de  2000,  articulo  206;  Ley  906  de  2004, artículo  180).   

Empero, ello de ninguna manera significa que  la  naturaleza  de  este  mecanismo  sea de libre configuración, desprovisto de  todo  rigor,  y  que tenga como finalidad abrir un espacio procesal semejante al  de  las  instancias para prolongar el debate respecto de los puntos que han sido  materia  de controversia, pues ha de resaltarse que mediante la proposición del  recurso  el  censor debe sujetarse a las causales taxativamente señaladas en el  ordenamiento  procesal  y,  con  observancia  de  los  presupuestos de lógica y  argumentación  inherentes  a  cada motivo de impugnación, persuadir a la Corte  de  que con el fallo de segunda instancia se ha originado el quebranto de alguna  de aquellas finalidades.   

2.  Con  evidente  desconocimiento  de  los  objetivos  fundamentales de la casación, así como de  las  exigencias  que  gobiernan cada uno de los motivos susceptibles de alegar a  través  de  este  mecanismo  de  impugnación  extraordinario,  el  actor en la  demanda  que  concita  la atención de la Sala, solicita enervar parcialmente el  fallo,  sin  que  logre  articular  una  propuesta  seria  acerca de la probable  estructuración de yerro alguno.   

En  efecto, el único cargo, en términos de  argumentación,  no  goza  de un desarrollo lógico, claro y coherente, pues, de  entrada,  debe la Sala destacar que aun cuando el actor identificó la senda por  la  que  aspiraba  a conducir la censura, esto es, por una probable violación  directa  de la ley sustancial,  la  propuesta  quedó  sin  definición,  al  garete, ya que omitió precisar el  sentido  de  aquella,  es  decir,  si  el  agravio  se materializó por falta de  aplicación, aplicación indebida o interpretación errónea.   

Ante la ausencia de claridad que impide a la  Corte  comprender la naturaleza del agravio denunciado, forzoso resulta insistir  en  que  cuando  se  acude  a esa vía de ataque, resulta impertinente cualquier  discusión  acerca  de  la  situación  fáctica  o  la  valoración  probatoria  declarada  en  las  instancias, ya que lo exigido es precisar una dialéctica de  estricto  orden  jurídico  para demostrar que respecto de una determinada norma  de contenido sustancial el juzgador incurre:   

i)  En  falta  de  aplicación  o exclusión  evidente,  lo  cual  suele presentarse, por regla general, cuando el funcionario  yerra  acerca  de la existencia de la norma y por eso no la considera en el caso  específico  que  la  reclama. Ignora o desconoce la ley que regula la materia y  por  eso  no  la  tiene  en  cuenta,  debido  a que comete un error acerca de su  existencia o validez en el tiempo o el espacio.   

ii)  En  aplicación  indebida,  vicio  que  consiste  en  una desatinada selección del precepto. El error se manifiesta por  la  falsa  adecuación  de  los hechos probados a los supuestos que contempla el  precepto,  ya  que  los  sucesos  reconocidos en el proceso no coinciden con las  hipótesis condicionantes de aquél.   

iii)  O,  por  último,  en  interpretación  errónea,  caso  en el cual el juez selecciona bien y adecuadamente la norma que  corresponde  al  suceso  en  cuestión,  y  efectivamente  la  aplica,  pero  al  interpretarla  le  atribuye  un  sentido  jurídico  que  no tiene, asignándole  efectos   distintos   o   contrarios  a  los  que  le  corresponden,  o  que  no  causa.   

La diferencia de las dos primeras especies de  error  directo,  con  el  último,  estriba  en  que  mientras  en  la  falta de  aplicación  y  la  aplicación indebida subyace un error en la selección de la  norma,  en  la  interpretación  errónea  el yerro es de hermenéutica, pues en  rigor  lógico  hay  que  aceptar  que  la  regla  jurídica  aplicada es la que  corresponde,  sólo  que  con  un  entendimiento  en  razón del cual se le hace  producir  por  exceso  o  defecto consecuencias extrañas a su texto o que no se  desprenden del mismo.   

De   ahí  que  convenga  aclarar  que  la  aplicación  indebida  o la falta de aplicación de una norma pueden ocurrir con  ocasión  de  la  errónea  interpretación de la misma, toda vez que esa es una  operación  mental  del juzgador que en la construcción de la sentencia precede  a  la  de  activación del precepto, pero en tales casos el error se materializa  cuando  éste  queda excluido de manera evidente o es seleccionado y aplicado el  que  no  corresponde  a  la  situación  fáctica.  En  otras  palabras,  si una  determinada   norma  sustancial  ha  sido  dejada  de  aplicar  o  aplicada  sin  corresponder  al  asunto,  y ese error es fruto de la equivocada hermenéutica o  discernimiento  acerca  de  su  alcance,  habrá aplicación indebida o falta de  aplicación,   pero   no   errónea   interpretación,   puesto   que   para  la  estructuración  de  este  último  sentido  de la violación se requiere que el  precepto haya sido y deba ser aplicado.   

El  concepto  de  interpretación  errónea  siempre   supone   que  la  regla  jurídica  cuya  vulneración  se  alega  fue  correctamente  seleccionada  y  aplicada,  ya  que el dislate consiste en que al  establecer  sus  alcances  en  el  caso  concreto  se restringen o exacerban sus  efectos,  sin  que  pueda  confundirse ese fenómeno con el errado entendimiento  otorgado  a  aquella  por el juez y que lo determina a no aplicarla, o a activar  una que no corresponde.   

2.1. Obsérvese que  acerca   de   la   sanción  impuesta,  primer  aspecto  en  el  que  radica  la  inconformidad,       el       demandante      alega      el      “desacuerdo”  de  los  juzgadores con los  “principios” que regulan  la   “correcta  dosificación  punitiva”,  previstos  en  los  artículos  54  a  62  del  Código Penal,  postulado  ambiguo  a  efectos  de  desentrañar  el sentido de la violación de  aquellas  normas  de  carácter sustancial, pues no alcanza a comprenderse si el  alegado   “desacuerdo”  ocurrió   porque   los   juzgadores   tuvieron   en  cuenta  otras  normas  con  prescindencia  de  las  citadas, o a éstas les confirieron un entendimiento que  no les corresponde.   

Ahora bien, si en aras de dotar de contenido  lógico  y  sustancial  a la propuesta, pudiera aceptarse que el cuestionamiento  es   por   interpretación   errónea  de  los  citados  preceptos  —único    sentido   de   violación  susceptible      de     postular     en     el     caso     concreto—,   las  afirmaciones  del  actor  al  calificar  de  “exagerado”  y    “arbitrario”   el  incremento  de  pena  por  el  concurso  de  conductas  punibles, sólo permiten  advertir   una   intrascendente  disparidad  de  criterios  entre  el  censor  y  falladores,  aspecto  que  no  constituye  fundamento válido para recurrir ante  esta  sede, y que por lo mismo tampoco ilustra o demuestra un potencial error de  hermenéutica en la aplicación de las normas invocadas.   

Y ningún defecto interpretativo se observa,  porque  lo  cierto  es  que,  como  veladamente  lo  reconoce  el  libelista, el  sentenciador  de  primer grado, avalado por el de segunda instancia, al tasar la  pena  para  el  concurso homogéneo de delitos de acceso carnal violento, frente  al  cual  aceptó  responsabilidad el acusado en el juicio, atendida la ausencia  de  circunstancias específicas de agravación, precisó que la sanción para la  respectiva  conducta  oscilaba  entre noventa y seis (96) y ciento ochenta (180)  meses  de  prisión;  seguidamente,  acatando  los  fundamentos  previstos en el  artículo  61  de  la  Ley  599  de  2000,  dividió ese ámbito de movilidad en  cuartos,   y   al   advertir   que  únicamente  concurrían  circunstancias  de  atenuación,  concluyó  que la sanción a imponer debía ubicarse en el primero  de  ellos,  es  decir,  de  noventa  y  seis  (96)  a  ciento  diecisiete  (117)  meses.   

Luego  el  a-quo individualizó la pena para  uno  solo de los atentados en noventa y seis (96) meses de prisión, teniendo en  cuenta  la  no  imputación  de circunstancias de mayor punibilidad (artículos   58   y   61,   inciso  tercero,  ibídem),   y  de  acuerdo  con  el  artículo  31  la  Codificación  Penal  Sustantiva,  según  el  cual,  en  los  casos de concurso de conductas punibles  puede  incrementarse  la  sanción hasta otro tanto igual al establecido para el  delito  base  o  más  grave, sin que pueda superarse la suma aritmética de las  que   correspondan  a  los  respectivos  delitos  debidamente  dosificadas,  con  extremada  e  incompartible  benevolencia  adicionó  a  aquel  guarismo  apenas  veinticuatro  (24)  meses  por  el  otro  atentado  contra  la  libertad sexual,  obteniendo así un monto de ciento veinte (120) meses de prisión.   

Finalmente el juez de primer grado redujo esa  última   cantidad   en   una   tercera   parte   (40  meses),    al    considerar    acertadamente,    por  favorabilidad,  viable  la  aplicación  del descuento señalado en el artículo  352  de  la  Ley  906  de 2004, con lo que arribó así a la sanción de ochenta  (80) meses de prisión que definitivamente infligió al acusado.   

2.2.  Respecto del  otro  ítem  que  origina  la  censura,  es  decir,  la  negación  de  la  pena  sustitutiva  de  la  prisión  domiciliaria,  la inconformidad del recurrente se  afianza  en  que  los  juzgadores  entendieron  equivocadamente  el  concepto de  “padre cabeza de familia”  el  cual,  comprendido como lo concibe el actor, haría posible, con sujeción a  lo  dispuesto  en  la  Ley  750  de  2002,  otorgar  a su defendido el señalado  beneficio.   

Desde esa perspectiva, puede la Sala aceptar  que   el  demandante  alude  a  la  interpretación  errónea  como  sentido  de  violación;  sin  embargo,  la adecuada proposición jurídica del vicio resulta  fallida  por  la  errada  composición  de  la  misma,  toda  vez  que  el actor  estructura  su propuesta interpretativa únicamente con base en lo normado en el  artículo  1°  de  la Ley 750 de 2002, haciendo abstracción de que el concepto  de    “mujer    cabeza    de   familia”  allí  acogido  a efectos de conceder la prisión domiciliaria,  no  está  dejado  a  la libre interpretación del operador jurídico o de quien  aspira  al  reconocimiento  de ese instituto, sino expresa y claramente definido  en la Ley 82 de 1993, artículo 2°.   

En  efecto, el citado precepto originalmente  señalaba que se entiende por,   

“…”Mujer  Cabeza  de  Familia”,  quien siendo soltera o casada, tenga  bajo  su  cargo,  económica  o  socialmente, en forma permanente, hijos menores  propios  u  otras  personas  incapaces o incapacitadas para trabajar, ya sea por  ausencia  permanente  o  incapacidad  física,  sensorial,  síquica o moral del  cónyuge  o  compañero  permanente  o  deficiencia  sustancial  de ayuda de los  demás miembros del núcleo familiar”   

La citada disposición fue modificada por el  artículo  16  de  la  Ley  1232  de  2008, y quedó redactada en los siguientes  términos que en nada modifican el aludido concepto:   

“  ARTÍCULO 2o. JEFATURA FEMENINA DE HOGAR. Para los efectos de  la   presente   ley,  la  Jefatura  Femenina  de  Hogar,  es  una  categoría   social   de   los  hogares,  derivada  de  los  cambios  sociodemográficos,  económicos,  culturales y de las relaciones de género que  se   han   producido   en   la   estructura  familiar,  en  las  subjetividades,  representaciones  e  identidades  de  las  mujeres  que redefinen su posición y  condición  en los procesos de reproducción y producción social, que es objeto  de  políticas públicas en las que participan instituciones estatales, privadas  y sectores de la sociedad civil.   

”En concordancia  con  lo  anterior,  es Mujer Cabeza de Familia, quien  siendo  soltera  o  casada, ejerce la jefatura femenina de hogar y tiene bajo su  cargo,  afectiva,  económica  o socialmente, en forma permanente, hijos menores  propios  u  otras  personas  incapaces o incapacitadas para trabajar, ya sea por  ausencia  permanente  o  incapacidad  física,  sensorial,  síquica o moral del  cónyuge  o  compañero  permanente  o  deficiencia  sustancial  de ayuda de los  demás  miembros  del  núcleo familiar” (negrillas fuera de texto).   

La   omisión  por  parte  del  libelista,  consistente  en  dejar  de  citar  la  referida  norma dentro de la proposición  jurídica  inherente a la censura, no es fortuita o accidental, sino intencional  y  dirigida  a que se acepte un impertinente debate jurídico acerca del alcance  de     la     expresión    “Mujer    Cabeza    de  Familia”  en  relación  con  su equivalente o afín  “Hombre     Cabeza     de     Familia”,  discusión  que,  al contrario de lo alegado por el censor, se  encuentra  zanjada  por  la  propia  ley en la definición transcrita, en la que  claramente  no  encuentra  acogida  su  propuesta  en  procurar  de  derruir  la  acertadamente expuesta en los fallos atacados.   

3. En conclusión,  la  inconformidad  del  actor  queda  reducida  a  un  insustancial  alegato  de  instancia  en  el  que  simplemente  ofrece  su  personal  criterio acerca de la  tasación  de  la  pena y una equivocada comprensión de los requisitos exigidos  para  conceder  la prisión domiciliaria, discrepancias que en manera alguna son  suficientes  para motivar el análisis de la legalidad del fallo, pues un ataque  en  sede  de casación debe sujetarse a los parámetros establecidos para probar  la  existencia  de yerros manifiestos y esenciales, con incidencia en el sentido  de la decisión.   

Con  base  en  lo  aquí  puntualizado  y de  acuerdo  con  lo  previsto  en los artículos 212-3 y 213 de la Ley 600 de 2000,  puesto  que  el  cargo  formulado  carece  de  un  adecuado, coherente y lógico  fundamento,  condiciones  indispensables para acceder al estudio de la sentencia  atacada,  la  Sala  se  ve  avocada  a no admitir la respectiva demanda, máxime  cuando  no  observa  que  con  ocasión  del trámite procesal o de la decisión  expresada  en  el fallo impugnado, se haya incurrido en violación de derechos o  garantías      del     procesado     CARDONA   VÁSQUEZ,  como  para  que  sea  necesario  el  ejercicio  de la facultad legal oficiosa que le asiste en aras de  asegurar su tutela.   

En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

NO   ADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  en  nombre  de  HÉCTOR HUGO CARDONA VÁSQUEZ  por las razones plasmadas en este proveído.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                              SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

               Licencia no remunerada   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  L.   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            JORGE  LUÍS  QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                    JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Relato de los hechos tomado del fallo de segundo grado.   

2  Cuaderno  principal,  folios  1-3,  5-10,  18-21,  24,  26, 31-38, 57-58, 62-64,  70-75, 206 y 222-230.   

3  Referente  procesal  establecido según copia de la respectiva decisión enviada  vía fax por el a-quo.   

4  Cuaderno principal, folios 274-299.   

5  Ídem, folios 300-336, 341-351, 360, 363 y 374-401.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *