28641(20-02-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28641  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

ALFREDO GOMEZ QUINTERO  Aprobado   acta  No.  33   

Bogotá     D.    C.,    veinte (20) de febrero de dos mil ocho (2008)   

VISTOS  

Decide la Sala el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  el  defensor  de  MARLON  PÉREZ  ZABALETA  contra la sentencia del 23 de julio  de  2007 por medio de la cual el Tribunal Superior de Bogotá confirmó el fallo  condenatorio  proferido  el  11  de abril anterior por el Juzgado Once Penal del  Circuito de Bogotá.   

El  sentenciado  fue hallado responsable de  las  conductas  de   secuestro simple, atenuado (artículos 168     en    concordancia    con    el    art.    171    –   2   del   C.P.),   en   concurso  heterogéneo  con  hurto  calificado y agravado (artículos 240 num. 2 y 4, art.  241  – 1, art. 267 – 1) y  fabricación,  tráfico  y  porte  de armas de fuego o municiones (artículo 365  –   1   del   C.P.)  y  sentenciado  a  las  penas  de  ciento setenta y cinco (175) meses y quince (15)  días  de prisión, multa de setecientos treinta y uno punto veinticinco (731.25  s.m.l.m.v.),  Inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y de funciones  públicas  por tiempo igual al de la pena privativa de la libertad y le negó la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria  como    sustitutiva   de   la   prisión   efectiva.   

         HECHOS   

El 15 de septiembre de 2006, aproximadamente  a  las  nueve y media de la noche, a la altura de la calle 6ª con carrera 35 de  Bogotá,  transitaba  el  vehículo  furgón  de  placas  VMT-530  de la empresa  “Encargo   Logístico   Integral   S.A.”   conducido   por   Sergio  Cabezas  Castañeda1  quien  iba  acompañado  del  ayudante de servicios José Antonio  Cortés  Bula  y del Jefe de Ruta Pablo Orlando Tovar García;  a su turno,  iba  escoltado  por  una motocicleta en la que se transportaba Jhon Jairo Pineda  Corredor2.   

El  furgón fue interceptado por una buseta  de  servicio  público  afiliada a la Empresa Expreso Pensilvania S.A. de placas  SCA  – 648, conducida al  parecer  por  Luís  Eduardo  Cruz  Páez (a. El Hechicero), siendo el conductor  titular    MARLON    PÉREZ    ZABALETA  quién  también  lo  acompañaba  junto con Marco Antonio Pérez  Riaño3.   

Los  ocupantes  de  la  buseta  de servicio  público     y     el     escolta     de     la     motocicleta     –Jhon Jairo Pineda Corredor- fraguaron  el  apoderamiento  del  camión y de las mercancías;  en la ejecución del  asalto  amenazaron  con  armas  de  fuego a las tres personas que viajaban en el  furgón,  los  hicieron  abordar  el  vehículo  de  servicio  público para ser  trasladados   a   otro  lugar  de  la  ciudad  donde  los  liberaron al poco tiempo.   

En  el  momento  del  asalto  transitaban  ocasionalmente  por  el lugar dos policías (los esposos Martha Cecilia Gómez y  Angelmiro  Riaño)  que  a  esa  hora  iban  de  regreso  a casa, advirtieron la  situación  y  procedieron  a  detener a Marco Antonio Pérez Riaño   quien,   en   entrevista  y  también  en la audiencia pública,  contó  que  planeó  todo  en  asocio  con Jhon Jairo  Pineda  (el  escolta  del furgón) quien lo había contactado para participar en  el  hurto  del  camión  y de las mercaderías;   también  delató a sus compañeros e indicó que  MARLON  PÉREZ ZABALETA era  la  persona  que manejaba la buseta y Jhon Jairo Pineda Corredor quien conducía  la motocicleta.   

El  camión  hurtado estaba avaluado en $65  000 000 y la mercancía en $75 000 000.   

ANTECEDENTES  

La  audiencia  de legalización de captura,  formulación  de  imputación y para imponer medida de aseguramiento se realizó  el  15  de noviembre de 2006 ante el juez Tercero Penal con funciones de control  de  garantías  (ver  fol. 33);  la defensa del imputado impugnó la medida  de  aseguramiento,  que  fue  conocida  y confirmada por el juzgado 32 Penal del  Circuito en audiencia del 6 de diciembre de 2006 (fl. 38).   

La  imputación se formuló por los delitos  de  “secuestro  simple  atenuado,  artículos  168  y  170  del  C.  P., hurto  calificado  y agravado, artículos 240 num. 2 y 4 y artículo 241 num. 1 y porte  ilegal  de  armas, artículo 267 del C.P.”; no hubo allanamiento (Cfr. Fls. 33  y 54)   

La Fiscalía 238 Seccional presentó escrito  de    acusación    el   14   de   diciembre   de   2006   contra   MARLON  PÉREZ  ZABALETA  y  otro,  como  coautores    de    secuestro   simple,   atenuado   (artículo   168  en  concordancia  con  el  art. 171 inc. 2 del C.P.), en concurso  heterogéneo  con  hurto  calificado  y  agravado  en  cuantía  superior a cien  s.m.l.m.v.,   incluida   la  circunstancia  de  mayor  punibilidad  “obrar  en  coparticipación  criminal”  (artículos 240 num. 2 y 4, art. 241 –    1,    art.   267   –   1,   artículo   58  num.  10)  y  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  fuego  o  municiones, agravado  (artículo  365  – 1 del  C.P.).  (fls. 50 – 57).   

El  mismo  14  de  diciembre  de  2006  el  coprocesado,  coacusado,  Jhon  Jairo  Pineda  Corredor  celebró  diligencia de  preacuerdo  con  la  fiscalía, se declaró culpable de los delitos objeto de la  acusación  a  cambio  de  descuento  del  cincuenta  por ciento de la pena y de  delatar  de  manera  eficaz  a  los  demás  complotados  (fls.  58 – 62).   

Como consecuencia del preacuerdo se rompió  la  unidad  procesal  y  se  remitió  el  antecedente  al  Juzgado 11 Penal del  circuito  (que  ya había proferido sentencia contra Marco Antonio Pérez Riaño  por  los  mismos  hechos)   (Cfr.  Fl. 78).  El Juzgado Once Penal del  Circuito  fijó  fecha  del  20  de  febrero  de  2007  para  lectura  del fallo  condenatorio.  (fls. 80, 105 – 107).   

La    audiencia   preparatoria   contra  MARLON  PÉREZ  ZABALETA se  celebró  el  20  de  febrero  de  2007  (fls.  118  y 119);  la  audiencia  de  juicio  oral  se  realizó el 12 de marzo de 2007  (fls.  153  – 157);   El  Juzgado  Once Penal del Circuito de Bogotá profirió sentencia condenatoria  el  11  de  abril  de  2007  (fls. 158 – 173).   

El Tribunal Superior de Bogotá confirmó la  condena   el  23  de  julio  de  2007  siguiente.   (Fls.  51  –            58).   

LA    SENTENCIA  IMPUGNADA   

Los     falladores     –tanto  de  primera  como  de segunda  instancia-   llegaron   a  la  conclusión  de  que  MARLON  PÉREZ  ZABALETA  fue  uno  de  los  partícipes  en  la  operación  que  tuvo  por  finalidad el  apoderamiento    del   camión   y   de   las   mercancías   transportadas   en  él.   

        LA IMPUGNACION   

La  impugnante  dividió  la  demanda  en  capítulos,  en  el  PRIMERO  formuló  cuatro  cargos;   en el SEGUNDO dos  cargos    y    en    el    TERCERO    cuatro  cargos.   La demanda se resume en el mismo orden como  fueron propuestas las censuras.   

CAPÍTULO PRIMERO  

Primer cargo.  Nulidad por violación  del debido proceso;  denegación de acceso a la justicia   

Aduce   el  libelista  que el 11 de abril de 2007, cuando el Juzgado Once Penal del Circuito  de  Bogotá  profirió  su sentencia la defensa apeló y sustentó el recurso en  audiencia del 28 de mayo siguiente.   

La  apelación  se  fundamentó  en que la  fiscalía  ocultó  la declaración jurada de uno de los coimputados (John Jairo  Pineda  Corredor)  y  la  diligencia  de preacuerdo, celebradas el 14 y el 21 de  diciembre de 2006.   

Adujo  que  en el juicio se decretaron los  testimonios  de  Jenny  Liliana  Rubio  Díaz, investigadora del C.T.I., y de la  perito Martha Lucía Vanegas Toro, y sin embargo no se practicaron.   

El      recurso      –dice-   tenía   por   objeto   la  revocatoria  del  fallo  de  primera  instancia,  no  obstante  los  Magistrados  guardaron  silencio a pesar de que en el proceso obran pruebas que demuestran la  ilegitimidad del fallo de primer grado.   

Por  ello  considera  la  libelista que el  Tribunal  no analizó de fondo todos los motivos de inconformidad, incumplió el  objetivo    y   naturaleza   del   recurso   de   apelación,   pues,  con  su  silencio  desconoció  la  garantía  fundamental  de  la doble instancia e inobservó tanto los artículos  6,  29,  84  y 228 de la Constitución Política como el artículo 176 de la Ley  906  de  2004  que  consagra el recurso de apelación como una de las maneras de  impugnar las determinaciones de los funcionarios.   

Segundo cargo.  Nulidad a partir de la  solicitud  de  captura;   violación  de los artículos 297 y 298 del C. de  P.P. que la regulan   

Aduce  la  demandante  que  la  juez  de  garantías  que  ordenó  la  captura  del  indiciado,  permitió que la señora  fiscal  que dirigió la investigación encomendara funciones investigativas a su  asistente  judicial,  específicamente las relativas a identificar al indiciado,  asegurar   y  recolectar  elementos  materiales  probatorios  desplazando  a  la  Policía  judicial,  es  decir, le asignó funciones constitucionales propias de  la policía judicial al asistente del despacho.   

La asistente de la Fiscalía recolectó dos  contratos  de  trabajo  suscritos entre MARLON PÉREZ  ZABALETA,  el  dueño  de  la  buseta  y  la empresa  Rápido  Pensilvania,  al  igual que las planillas de recorrido de la buseta del  día  de  los  hechos  (15  de  septiembre de 2006).  Con esos elementos de  prueba  la  fiscalía  solicitó la captura y la señora juez (46) de garantías  la  autorizó  contra el  conductor  de  la  buseta, sin tener pruebas que indiquen que el conductor fuese  realmente   el   mismo   que   aparece   en   los   contratos   y  planillas  de  recorrido.   

Advirtió  la  libelista  que,  según  la  declaración  del coimputado Marco Antonio Pérez Riaño, fue Luís Eduardo Cruz  Páez  (a.  El  Hechicero)  quien conducía la buseta en el momento del atentado  (evidencia número 6).   

De  modo  que  la  captura  y la medida de  aseguramiento  contra  el indiciado se profirieron, a pesar de que él no era el  conductor de la buseta en el momento del asalto.   

De otra parte, a voces del artículo 298 es  exigible   al   juez   de   control   de  garantías  que  expide  la  orden  de  captura,  el   mandamiento  escrito  en  el  que  indique  de  forma  clara,  sucinta  y  con  base  en  los  elementos materiales  recaudados, tanto  a  la  persona  que  va  a  ser  capturada   como   los  motivos  de la captura;  sin embargo, la orden no cumplió con la exigencia  normativa.   

Tercer cargo.  Nulidad por violación  de  garantías  defensivas  (restricciones  al descubrimiento de pruebas);   violación del artículo 250 de la Constitución Política   

La   Fiscalía   ocultó  a  la  defensa  i)   la  delación  que  hizo  el 21 de diciembre de 2006 el coimputado  John  Jairo  Pineda  Corredor  contra  MARLON PÉREZ  ZABALETA,  quien  señaló  que  en  casa  de Gilmar  Morales     y     señora    se    planeó    el    delito    y,    ii)          la  diligencia  de preacuerdo de John Jairo Pineda Corredor del 14  de  diciembre  de  2006.   El  preacuerdo consistió en delatar a los otros  compañeros que proyectaron hurtar la mercancía.   

3.1.   El  5  de  febrero  de 2007 la  defensa  técnica  del procesado solicitó por escrito a la Fiscalía, con copia  al   juez  del  conocimiento,  que  entregara  esa  evidencia  para  encarar  la  defensa.  Sin embargo, la fiscalía guardó silencio.   

En  la audiencia preparatoria insistió en  la  entrega  de  la  evidencia  (delación  de  John Jairo Pineda Corredor) y la  fiscalía   manifestó   que  el  documento  hace  parte  de  otra  carpeta  (en  averiguación  de  responsables, rad. Núm. 110016000049200700736 seguida contra  Gilmar  Morales)  y  que  se amparaba –para  no entregar la evidencia- en lo dispuesto en los numerales 2  y   4  del  artículo  345  del  C.  de  P.P..   La  Juez  del  conocimiento avaló la negativa de la  fiscalía,   cuando   la   norma   alude   a  descubrimiento  de  “información”  cuyo  descubrimiento  genere  algún  perjuicio,  etc.,  más no   a  restringir  el  conocimiento  de  “elementos  materiales  probatorios,  evidencias físicas, informes de policía que se refieran a hechos  que son objeto de la acusación”.   

En  suma,  el inciso segundo del artículo  345,  que  no  admite  errores  en su interpretación, se refiere a información  sobre  hechos  “ajenos  a  la acusación”, “información relativa a hechos  que  por  disposición legal o constitucional no pueden ser objeto de prueba”,  “información   cuyo   descubrimiento   genere   un   perjuicio  notable  para  investigaciones  en  curso o posteriores”;  sin embargo, en éste caso la  evidencia  que ocultó la fiscalía es un documento de alto contenido probatorio  que  versa  directamente  con  la  acusación contra el sentenciado MARLON PÉREZ.   

De modo que la negativa de la fiscalía se  fundó   en   una  interpretación  totalmente  equivocada  de  esos  numerales,  sencillamente  porque  la  prueba  tiene  relación directa con los hechos de la  acusación    y    su    ocultamiento    generó   un   perjuicio   notable   al  acusado.   

El  procedimiento  de  restricción  al  descubrimiento  de  la  prueba,  dice, desconoció el inciso final del artículo  250  de la Constitución que ordena que cuando se presenta escrito de acusación  el  fiscal  debe  suministrar todos los elementos probatorios e informaciones de  que  tenga  noticia,  incluidos  los  que  favorezcan al procesado.  (En el  mismo    sentido,    art.    125    – 3 del C. de P.P.)   

3.2.   La otra evidencia que ocultó  la  fiscalía  fue la diligencia de preacuerdo de John Jairo Pineda Corredor del  14  de  diciembre  de 2006 que consistió en delatar a los otros compañeros que  proyectaron hurtar la mercancía a cambio de beneficios.   

En  la  diligencia  de  preacuerdo que se  celebró  en la cárcel La Modelo, en un documento elaborado a máquina y con la  asistencia  de  la  defensa  técnica del coimputado,  narró  cómo  en compañía de Marco Antonio Pérez  Riaño,  Sergio Cabezas (el conductor del furgón asaltado) y Gilmar Morales (el  encargado  de  la  seguridad  de  la  empresa  propietaria  de  las mercancías)  planearon  el asalto.  El delator manifestó a la fiscalía que nunca antes  conoció  a  MARLON PÉREZ  y  que no tuvo participación alguna en el asalto al furgón.  Sin embargo,  el documento se ocultó a la defensa con evidente perjuicio.   

Aquel documento  de  preacuerdo  elaborado  a  máquina  fue reemplazado por otro escrito, con la  misma  fecha,  elaborado  en computador, en el que se alteró de manera total la  delación que hizo y firmó Pineda Corredor.   

En  este nuevo  documento     arrimado     por     la     fiscalía,     se    falsearon   totalmente  las  declaraciones  hechas   por   el   delator,   lo   que   quiere   decir  que  no  sólo se ocultó la prueba a la defensa  sino  que  se  prefabricó  otra  prueba que falseó el contenido material de la  original delación.   

El Tribunal en su sentencia justificó la  restricción  al descubrimiento de la prueba con el argumento de que la defensa,  en  la  audiencia  de juicio oral y público tuvo la oportunidad de interrogar y  contra  interrogar;   no  obstante  saber  que  la  defensa  desconocía la  existencia de esos documentos.   

Cuarto cargo.  Exclusión evidente de  la duda a favor del procesado (art. 7 de la Ley 906 de 2004)   

Recuerda  la censura que en el teatro del  asalto  se encontraron ocho personas (el conductor del furgón, el jefe de ruta,  el  auxiliar,  el escolta, el conductor de la buseta, el auxiliar de la buseta y  dos  agentes  de  la  policía  que  transitaban  ocasionalmente por el lugar en  aquel  momento).   

El conductor del furgón y sus compañeros  de  viaje  afirmaron  que no vieron la persona que conducía la buseta en la que  los  transportaron;   lo mismo dijeron los policiales Martha Cecilia Gómez  y   su  esposo  Argemiro  Riaño,  quien  en  versión  del  3 de octubre de  2006  señaló  a  Eduardo  “El  Hechicero”  como quien iba al volante de la  buseta,  mientras  que en la audiencia de juicio oral del 12 de marzo señaló a  MARLON PÉREZ ZABALETA en  la misma actividad.   

En  contradicción,  el  coimputado  John  Jairo  Pineda  Corredor  contó  en  el  juicio oral que conoció a PÉREZ  ZABALETA dos meses después de  los  hechos  en  los  calabozos  de la Fiscalía y describió al conductor de la  buseta  con  características  diversas a las del sentenciado (robusto, ancho de  espaldas,  pelo  ondulado,  color  claro) mientras que el sentenciado es de raza  negra.   Ello  consta, según el censor, en el acta de preacuerdo del 14 de  diciembre que ocultó la fiscalía.   

Sin  embargo,  el fallador fundamentó la  decisión  en  la  versión  de  Marco  Antonio  Pérez  Riaño,  quien  de modo  incoherente   dijo   que   vio   al   sentenciado   al   volante  la  noche  del  asalto.   

Ante la contradicción evidente entre las  versiones  de  Pineda  Corredor  y  de  Marco  Antonio Pérez, el juzgado debió  fundamentar  la  sentencia  en  la  duda,  pues  no  está  acreditado que fuese  MARLON  quien  conducía  la buseta y tampoco que  hubiese participado en los delitos.   

CAPÍTULO SEGUNDO  

Primer   cargo.    Nulidad   por  afectación de garantías fundamentales (Incompatibilidad del juez)   

Aduce la libelista que la Juez Once Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  del  conocimiento  en primera instancia,  aprobó  las  actas  de  preacuerdo con los coimputados Marco  Antonio  Pérez  (primer  capturado)  a  cambio  de  excluir  la imputación por  secuestro   y  John  Jairo  Pineda  Corredor  (Escolta  del  furgón  y  segundo  coimputado)  a  cambio  del  50%  de  descuento  punitivo,  quienes aceptaron la  responsabilidad penal.   

Como   el   juzgado   que   condenó  a  MARLON   PÉREZ  fue  el  mismo  que suscribió  esos   preacuerdos,   debió   declararse   impedida   para   tramitar  el  juicio  contra  éste  porque  desconoció  el  principio  garantía  de la imparcialidad del juez, tal como se  pronunció  la  Sala  en  sentencia  del  radicado  número 25407 (cuyos apartes  transcribió ampliamente).   

El    conocimiento   del   precedente  –dice-  implicó  el  prejuzgamiento  en  el  caso  del  último  sentenciado  por  el hecho de quedar  contaminada  con  las  amplias  informaciones  recogidas  en  contra  de quienes  aceptaron los cargos.   

Segundo   cargo.    Nulidad   por  violación  del  debido  proceso  al  confirmar  la  medida  de aseguramiento en  audiencia del 6 de diciembre de 2006   

Cuando la defensa del imputado impugnó la  decisión   del   juez   de  control  de  garantías  que  profirió  medida  de  aseguramiento  el  15  de noviembre de 2006  la apelación correspondió al  juzgado  32  Penal  del  Circuito, que confirmó la medida en audiencia del 6 de  diciembre de 2006.   

En  aquella audiencia la Juez advirtió la  probabilidad   de  que  el  coimputado  Pineda  Corredor  (Escolta  del  furgón  asaltado)  se  hubiese  reunido  ex ante con     MARLON    PÉREZ  para  la  consecución  de la buseta donde se trasladarían a las  víctimas del furgón objeto del asalto.   

Como no existe prueba alguna que demuestre  ese  conocimiento  previo entre el escolta del furgón y el sentenciado y sí la  constancia  de que se conocieron el 15 de noviembre en la audiencia en la que se  profirió  la  medida  de aseguramiento, ello significa que la juez 32 Penal del  Circuito   prejuzgó  al  presumir  la  responsabilidad  penal  de  PÉREZ    ZABALETA   para   despachar  desfavorablemente   la   apelación   de   la   medida   que  deviene  ilegal  e  innecesaria.   

CAPÍTULO TERCERO  

Primer  cargo.   Falso  juicio  de  convicción   

Aduce  la  recurrente  que  el  juzgador  desconoció  los  postulados de la sana crítica (ciencia, lógica, experiencia,  sentido  común)  al apreciar la declaración de Marco Antonio Pérez Riaño (el  primer   capturado   en  los  hechos),  porque  su  versión  es  “confusa”,  “incoherente”,  “vacilante”, “inarmónica” y no concuerda con lo que  expresó  John Jairo Pineda Corredor (el escolta del furgón, segundo coimputado  y  también  sentenciado)  en  relación  con  MARLON  PÉREZ.  En efecto:   

Jhon Jairo Pineda Corredor manifestó una  y   otra   vez  que  no  conocía  a  MARLON  PÉREZ  y  que  lo vio por primera vez el 15 de noviembre en  los  calabozos  de  la  fiscalía  cuando  los  trasladaron para la audiencia de  legalización  de  captura  e  imposición  de  medida  de  aseguramiento.   Aseguró  que  el  sindicado  no  participó en la ejecución de los hechos, que  aquella  noche  no  lo  vio y que nunca antes lo había conocido.  Declaró  además  que  el  plan  criminal  fue fraguado por el conductor del furgón, por  Gilmar, Marco Antonio y él mismo.   

Mientras  que Marco Antonio Pérez Riaño  (el  primer  capturado  que tomó el casco y el chaleco del motociclista escolta  del  furgón),  en su confusa versión manifestó que se encontraron en un lugar  (delante  del  Cafam  de Ciudad Roma en el barrio Kennedy) con los dos escoltas,  Jhon  (el  motociclista escolta), el amigo de Jhon y el hechicero (Luís Eduardo  Cruz       Páez),       queriendo       significar       que       MARLON  planeó  y  participó  en  la  comisión de los delitos.   

El  juzgado no comparó las declaraciones  para  establecer  la  verdad  histórica  de  los  hechos  y  cayó  en la falsa  conclusión   de   declarar   responsable  a  PÉREZ  ZABALETA.   

Segundo  cargo.   Desconocimiento de  las reglas de producción de la prueba que soporta la sentencia   

Aduce  la  impugnante  que  el  juzgador  desbordó  las  reglas  de  la  sana  crítica  al apreciar las declaraciones de  Martha  Cecilia  Gómez  Solano,  de  Argemiro  Riaño  Gualdrón  (los  esposos  Policías  que  transitaban  ocasionalmente  por  el lugar de los hechos), de la  oficial  de  la Policía Elena Reátiga Leal quien prestó apoyo en el operativo  y de Fidedigno Florez Peña, el propietario de la buseta.   

Los primeros dieron cuenta que transitaban  ocasionalmente   por   el   lugar  cuando  percibieron  que  una  buseta  frenó  intempestivamente  y  advirtieron que las personas del furgón y el conductor de  la  motocicleta  subieron  a la buseta de servicio público, mientras que uno de  los  pasajeros  de  la  buseta (Marco Antonio Pérez Riaño, el primer capturado  que  planeó  el delito) a quien capturaron en ese instante, recibió el chaleco  y  el  casco  del motociclista;  también contaron que al teléfono celular  del   capturado  entró  una  llamada  de  alias  el  Hechicero  que  le  decía  insistentemente    que    botara    la    moto   porque   “la   vuelta”   se  canceló.   

La  oficial  Elena Reátiga Leal refirió  que   prestó   el   apoyo   al  ser  informada  por  radioteléfono  que  había  un  incidente cerca del  lugar,  alertó  las  patrullas del lugar y localizó e inventarió la carga del  camión que estaba abandonado en un lugar cercano.   

Fidedigno Florez Peña, el propietario de  la  buseta  afiliada  a  la  empresa Rápido Pensilvania contó que MARLON   PÉREZ   era  conductor  del  vehículo  de  servicio  público desde hace más de dos años y que el día del  asalto  estaba  de  servicio;   presentó  el  contrato  de  trabajo  y las  planillas         de        recorrido;         precisó        –además-   que   el  procesado  le  manifestó  que  “lo  habían  contratado  para una vuelta por los lados de la  calle  6  y que no se hizo  nada”,  que  se trataba  de  “un  trasteo”  y  que  la  fiscalía  lo  enteró  de  que  estaba  involucrado  en  un robo;   finalmente   contó   que   en   el  paradero  de  las  busetas  existe  un  tal  “Hechicero” pero que no sabe su verdadero nombre.    

Según  la  impugnante,  ninguna  de esas  versiones  demuestra  con  certeza  la  responsabilidad  del  sentenciado en los  hechos porque son débiles.   

Tercer  cargo.   Falso  juicio  de  identidad   

Afirma que el juzgador cercenó parte del  testimonio   que   rindió   Jhon   Jairo   Pineda   Corredor  en  la  audiencia  pública.   (Pineda Corredor es el escolta de la motocicleta que custodiaba  el  furgón,  que dejó el chaleco y el casco y subió a la buseta en compañía  de  los  pasajeros del furgón;  preacordó los términos de la imputación  con la fiscalía a cambio del 50% de descuento punitivo).   

En  esa  declaración  el testigo afirmó  que    conoció    a  MARLON el 15 de noviembre  en  los  calabozos de la Fiscalía, después del asalto al furgón.  Contó  que  entre  él  y  Marco  Antonio  Pérez  Riaño  coordinaron  el  hurto de la  mercancía,  que  no  fueron  amenazados y que él subió libremente a la buseta  que  era  conducida  por  un hombre robusto, ancho de espaldas, de pelo ondulado  color claro.   

Lo  que  dijo  el  testigo  es importante  porque desvirtúa la incriminación contra el sentenciado.   

Cuarto cargo.  Exclusión de pruebas  pedidas por uno de los sujetos procesales (La fiscalía).   

Recordó la impugnante que en la audiencia  preparatoria  la fiscalía pidió practicar 12 testimonios que fueron decretados  por  el  juez del conocimiento por estimarlos conducentes y útiles, entre ellos  los  de  Jenny Liliana Rubio Díaz y de Martha Lucía Vanegas Toro, a través de  los   cuales  introduciría  los  estudios  técnicos  (análisis  link)  a  los  teléfonos  celulares,  especialmente  al  celular  de  Marco Antonio Pérez (el  primer  capturado  que  tomó  el  chaleco  y el casco del motociclista) y el de  Luís    Eduardo    Cruz    Páez    “a.   el   Hechicero”.    Sin   embargo   la  Fiscalía  no   insistió  en  la  práctica  de  esas    pruebas    en    la    audiencia    de   juicio   oral   y  público.   

En  esos  análisis  a  los  registros de  llamadas        celulares       –dice-   no  hay  ningún  registro  de  llamadas  de  alguno (s) de los partícipes del hurto  al    celular    del    procesado    MARLON    PÉREZ,   de   donde  se concluye que no participó en  el hurto de las mercancías.   

Como  petición  general para cada una de  las  censuras  propuestas,  la demandante solicitó casar el fallo y absolver al  sentenciado      PÉREZ     ZABALETA.   

AUDIENCIA  DE  SUSTENTACIÓN  DEL RECURSO  EXTRAORDINARIO DE CASACION 6/2/2008   

DEMANDANTE  

La impugnante  complementó  su demanda con la insistencia de que se  violó  la  imparcialidad  del  juez  cuando  aprobó preacuerdos y sentenció a  algunos  coprocesados que admitieron su responsabilidad penal por los mecanismos  procesales  del  artículo  350  de  la  Ley  906 de 2004, y al mismo tiempo, de  manera   sucesiva,   condenó   al   señor   PEREZ  ZABALETA  quien  no  preacordó  los términos de la  imputación;   insistió  en  que  su defendido  no  es  responsable de ninguna conducta delictiva,     no    estuvo    en    el    lugar    de   los  hechos  y  no  era  el  conductor de la buseta en el  momento en que se cometió el múltiple delito.   

EL FISCAL  

Se  refirió en primer lugar al principio  de  prioridad que orienta el recurso extraordinario de casación y en esa virtud  se  refirió al cargo relacionado con la causal de recusación o impedimento del  juez  que ya había sentenciado a los coautores Pérez Riaño y Pineda Corredor,  quienes  se  sometieron  al  sistema  de  preacuerdos  y  negociaciones entre la  Fiscalía y el imputado.   

Invocó  un  antecedente  jurisprudencial  (rad.  Núm.  25407  de  2007),  se  declaró  partícipe de aquel pensamiento y  solicitó  a  la  Corte  casar  la  sentencia,  aunque discrepó de la tesis del  casacionista  (quien pidió absolver), pues piensa que la Corte debe declarar la  nulidad  a  partir  de  la  audiencia  de  formulación  de la acusación con la  finalidad de que otro juez dirija el juicio.   

En  relación con los demás cargos de la  demanda  sostuvo  que,  cuando  el  Tribunal conoció  de la nulidad al resolver  la   apelación   contra  la  sentencia  de  primer  grado  y dispuso negarla,  no    fue    explícito    en    decir   si   confirmaba   o   no   confirmaba  la  sentencia  de  primera  instancia.   

Finalmente argumentó, e invitó a la Sala  a  que  emita  pronunciamiento  propedéutico  sobre el papel de la fiscalía en  materia    de   descubrimiento   probatorio,   pues  estimó  que  es deber institucional, en salvaguarda  de  la  lealtad  procesal, que el fiscal revele a la defensa la totalidad de las  pruebas recaudadas.   

El   REPRESENTANTE   DEL   MINISTERIO  PÚBLICO   

Con  la  misma  metodología   de  la  impugnación  respondió  los  cargos de cada capítulo:   

CAPÍTULO PRIMERO  

i)  Fijó  su  criterio  en  el  sentido de que, cuando se impugna una sentencia de primera  instancia  (por  nulidad,  como en este caso) y el Tribunal niega la nulidad del  proceso,        “implícitamente”  confirma  la sentencia de primera instancia aunque no lo diga  de  manera  expresa.   Por  ello  sostuvo que el tribunal no desconoció la  garantía de la doble instancia.   

ii)   En  relación  con  el segundo  cargo  de  la  demanda  replicó  que  la  eventual informalidad que haya podido  presentarse    en    la    captura    e    identificación    de    PÉREZ  ZABALETA no compromete en modo  alguno  las  ritualidades  del proceso en la medida que existen acciones a favor  de  la  libertad  (artículo  317  de  la  Ley  906)  que   debió   alegar   la   defensa   al    interior    del    proceso    y   la   acción   de   habeas  corpus.   

iii)   En  la   tercera   censura   (nulidad   por  violación  de  garantías  defensivas,  restricciones  al  descubrimiento  de  pruebas)  el Delegado señaló que en los  casos  de  múltiples procesados en una misma causa, cuando unos someten su caso  al  trámite  de  los  preacuerdos  con  la  fiscalía  y otros no, la fiscalía  sí  tiene  la  potestad  legal    para    no    descubrir    –a   quienes   no   preacuerdan-   las  diligencias  de  preacuerdo  celebradas con otros coimputados:   

Se    trata   de   una   “facultad        discrecional,        excepcional”  prevista  en el inciso cuarto del artículo 344 del C. de P.P. a  favor  de  “la  investigación  total de todos los  autores  del  delito”;   de  otra  parte,  en  virtud   del   artículo   359  inc.  2  ib.,  el  deber  de  descubrir  pruebas  “se restringe a las pruebas favorables”  por  cuanto  las  conversaciones  entre  la  fiscalía  y  el  imputado  en  desarrollo de los preacuerdos son materia de exclusión, rechazo e  inadmisibilidad;   por  ello,  el juez debe inadmitir la prueba obtenida en  desarrollo  de  manifestaciones  preacordadas, a menos que el imputado consienta  en ellas.   

Si  la  prueba  que  pedía la defensa se  obtuvo  en  desarrollo  de  preacuerdos,  es un elemento de convicción obtenido  “extraproceso”,  por  manera  que  no  tenía  por  qué  descubrirla  so  pretexto  de  garantizar el  principio  de  imparcialidad,  entre otras razones, además, porque el procesado  que  preacordó  compareció  a  la  audiencia  de  juicio  oral y público como  testigo  y  en esa oportunidad la defensa tuvo la oportunidad de controversia en  los términos del código.   

vi)   En  relación  con  la  cuarta  censura,  el  Delegado  sostuvo  que al margen de la  finalidad  del  recurso  de  casación,  la  libelista  propuso  una  particular  apreciación   probatoria   según  la  cual,  unos  dijeron  que  no  vieron  a  MARLON PÉREZ ZABALETA al  volante  de  la buseta, mientras que otros le imputaron la participación en los  delitos.   Insistió  en  que la descripción general que dieron John Jairo  Pineda  y Marco Antonio Pérez Riaño del procesado:  (…robusto, ancho de  espaldas,  pelo  ondulado)  coincide  en términos generales.  En suma, las  críticas  a  la  apreciación  probatoria  del  recurrente  no  comprometen  la  legalidad de la sentencia objeto de impugnación.   

CAPÍTULO SEGUNDO  

i)   Se  refirió  al  juzgamiento  imparcial  por parte de un mismo juez en los casos en  que  unos  procesados  preacuerdan  y otros no.  En tales eventos, dijo, el  juez  debe  declararse  impedido  porque se trata de una incompatibilidad por el  hecho  de que conocía de antes todos los presupuestos de responsabilidad de los  coimputados.   

La censura debe prosperar, dijo, porque el  Juez  Once  Penal del Circuito aprobó los preacuerdos con dos coimputados desde  el  29/1/2007  y  la Sala debe declarar la nulidad a  partir  de  la  iniciación  del  juicio  oral y público para que sea otro juez  quien presida el juicio.   

ii)  Sobre  la  impugnación  contra  la  providencia  del juez de control de garantías que  profirió  medida  de  aseguramiento, resuelta por el  juzgado  32  Penal  del  Circuito  que  la  confirmó el 6 de diciembre de 2006,  argumentó      que      la      crítica     no     compromete     –por sí- la legalidad de la sentencia  objeto  del  recurso  extraordinario;  se trata de la garantía fundamental  en  cuyo favor existe previsión normativa mediante otras acciones legales (como  el  habeas  corpus) que no  propuso  la  defensa;   en todo caso, precisó que la censura no compromete  la legitimidad de la sentencia.   

CAPÍTULO TERCERO  

i)  Lejos  de  incurrir  en  errores  de  razonamiento,  el  Representante  del  Ministerio  Público    precisó    que   el   fundamento   de   la   condena   son      las     delaciones  de  Marco  Antonio  Pérez  Riaño,  John  Jairo  Pineda  Corredor,   Fidedigno   Florez  Peña  (el   dueño   de   la   buseta   desde  la  que  se  perpetró  el  asalto)  y las planillas  de  recorrido.   La  demandante  no  hizo  cosa  diferente que apreciar las  pruebas  de  conformidad  con  la  estrategia defensiva, sin demostrar en algún  momento la ilegalidad de la sentencia objeto del recurso.   

ii)         Finalmente,   sostuvo   que   “es  cierto”  que  la  fiscalía  desistió  de las pruebas que había solicitado para la audiencia de juicio oral  y  público y que fueron decretadas por el juez (algunos testimonios como los de  los  de Jenny Liliana Rubio Díaz, Martha Lucía Vanegas Toro y los registros de  llamadas  a  los  teléfonos  celulares  de  los partícipes);  sin embargo  –precisó- la Fiscalía  puede  desistir  legítimamente  de  las pruebas que solicite porque se trata de  una  decisión  de  parte  que  de  ninguna manera compromete la legalidad de la  sentencia  y tampoco pone de manifiesto la duda insuperable como lo concluyó la demandante.   

CONSIDERACIONES   

Es competente la Corte Suprema de Justicia  para  resolver  el  recurso  extraordinario  de  casación  propuesto  contra la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal Superior de Bogotá, bajo el supuesto de  que  la  finalidad del recurso propende por la efectividad del derecho material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de  la jurisprudencia (Cfr.  Artículos 32-1,180, 181 y 184 de la Ley 906 de 2004).   

La  Sala  resuelve la impugnación con el  mismo método del recurrente:   

CAPÍTULO PRIMERO  

Primer cargo.  Nulidad por violación  del debido proceso;  denegación de acceso a la justicia   

Sostuvo  la  recurrente  que  contra  la  sentencia   de   primera  instancia  interpuso  el  recurso  de  apelación  que  perseguía  la  revocatoria  del  fallo  de primera instancia y sin embargo, los  Magistrados  resolvieron negar la nulidad pedida sin ser explícita la decisión  en  decir  si confirmaba o no la sentencia de primera instancia;  de suerte  que  nada  dijeron  sobre  los motivos de inconformidad, siendo la apelación la  manera  como  se  impugnan  las  sentencias  de  primera instancia.  A ello  responde la Sala:   

Existen  múltiples modos de redactar las  providencias  judiciales;   ello  pertenece más al estilo de redacción de  las  providencias  de  cada juez (ad quem);   en  efecto,  cuando el impugnante propone la revocatoria  de  una  decisión y la voluntad del superior es no revocarla por las razones de  la        providencia,       decidirá       el       recurso       confirmando       la     providencia    del    inferior,  negando la impugnación,  ratificando   total  o  parcialmente    el   pronunciamiento   de   primera  instancia,  en  síntesis,  es  viable  que  utilice  expresiones  sinónimas  que  revelen la voluntad del  superior,     sin     que    existan    fórmulas  vinculantes.   

Del         texto del fallo del Tribunal se advierte  que tácitamente confirmó la objeto del recurso:   

El   Tribunal   resolvió  “Negar la  nulidad  solicitada  por  la defensa de MARLON PÉREZ  ZABALETA,   y   que   fue   en   lo   que   basó   la  alzada”;     luego,     de    manera    sobreentendida    –como  lo  hizo notar el Procurador-  la  sentencia  de  primer  grado se confirmó y contra ella procedía el recurso  extraordinario    de    casación   que   la   defensa   interpuso   de   manera  regular.   

El cargo no prospera.  

Segundo  cargo.  Nulidad a partir de  la  solicitud de captura;  violación de los artículos 297 y 298 del C. de  P.P. que la regulan   

i)   La  inconducencia  del  alegato  es ineludible:  la casación está orientada a  discutir         la         legalidad        y  constitucionalidad   de  la  sentencia  de  segunda  instancia  (artículo  181 del C. de P.P.) más no a discutir la legalidad de la  orden  de  captura porque esa específica alegación debió proponerse de manera  oportuna  al  interior del proceso penal, a partir del  momento    en   que   se   impuso   la   medida   de   aseguramiento4.   A  favor  de  la libertad están las causales del artículo 317 del C. de P.P. y la  acción        de        habeas        corpus5.   

Si  fuere  cierto que el juez decretó la  medida  de  aseguramiento  con  elementos  materiales  probatorios  y  evidencia  física  recogidos  de  manera  ilegal  (por  un  funcionario  dependiente de la  fiscalía  que no tiene funciones asignadas como investigador), lo pertinente es  denunciar  la  posible  comisión  de  una  falta disciplinaria o de un eventual  delito  del  fiscal  y  del  funcionario,  que  en  alianza  común y deplorable  engañaron  al  juez  de  control  de  garantías  que  decretó  la  medida  de  aseguramiento según el rito del artículo 306 ib..   

Es claro que el fundamento probatorio con  base  en  el  cual  el  juez  de  control  de  garantías  decreta  la medida de  aseguramiento  debe ser “obtenido legalmente” (art. 308 ib.) y si ello no es  así,  la defensa y el Ministerio Público deberán intervenir para que ese tipo  de deficiencias se controle en el curso del proceso.   

ii)   Insistentemente  aludió  la  impugnante  a  que era  Luis  Eduardo  Cruz  Páez  (a.  El Hechicero) quien  conducía   la   buseta   en   el   momento   del  atentado  y  no  MARLON  PÉREZ.   A ello responde  la Sala:   

La  definición  de  responsabilidad  de  PEREZ                  ZABALETA    no    se    estructuró en que haya sido, o no, el  conductor  de  la  buseta  en el momento del asalto.  Lo que fundamentó su  responsabilidad  –según  el  fallo-  fue  haberse  hecho  partícipe,  en  condición de coautor impropio  (cumpliendo  un  papel definido, como fue   suministrar   el   vehículo)   para   ejecutar   el  múltiple  crimen6;  ese papel lo cumplió el sentenciado.   

El cargo no prospera.  

Tercer cargo.  Nulidad por violación  de  garantías  defensivas  (restricciones  al descubrimiento de pruebas);   violación del artículo 250 de la Constitución Política   

Según  la  demandante,  la  fiscalía no  descubrió  –como era su  deber-  los  antecedentes  que  dieron  lugar  a los  preacuerdos  con  los  coimputados  John Jairo Pineda  Corredor  y  Marco Antonio Pérez Riaño, evidencias  obtenidas  en el mes de diciembre de 2006 en las que  se pactó la delación a cambio de mejoras punitivas.   

Adujo   que  se  amparaba  –para    no   entregarlas-  en lo dispuesto en los numerales  2  y  4  del  artículo  345 del C. de P.P. y la Juez del conocimiento avaló la  negativa de la fiscalía.  Se responde:   

El compromiso de comparecer al juicio como  testigo  delator,  más  que  un  medio de prueba por  sí,   es   un   método   de   investigación,  un  procedimiento,  que  tiene  que ser ajustado al principio de legalidad (libertad  del   testigo)  y  coherente  con  el  principio  de  publicidad que orienta la  actuación procesal.   

Por principio, las conversaciones entre la  fiscalía  y  el imputado y los registros que de ellos se elaboren en desarrollo  de  los  preacuerdos  son  materia  de  exclusión,  rechazo  e  inadmisibilidad  (Artículo  359  inc.  2  ib.)  “a  menos  que  el  imputado  consienta en ellas”.  En el trámite  de  los  preacuerdos con los imputados Pineda Corredor y Pérez Riaño se pactó  la  comparecencia  al juicio en condición de testigo delator, por manera que la  fiscalía tenía la facultad de no referir esas conversaciones.   

El  descubrimiento  probatorio  tiene dos  caras,  la  una  el  descubrimiento  en sí, y la otra un tratamiento exceptivo,  permitido  en  cuanto  ”…el juez considere que la  publicidad  de  los  procedimientos pone en peligro a  las  víctimas, jurados, testigos, peritos y demás intervinientes; se afecte la  seguridad  nacional;  se  exponga  a un daño psicológico a los menores de edad  que  deban  intervenir;  se  menoscabe el derecho del acusado a un juicio justo;  o   se   comprometa  seriamente  el  éxito  de  la  investigación”.   Destaca  la  Sala, Art. 18  del C. de P.P.)   

La   faz  positiva  del  descubrimiento  probatorio  ha sido referida insistentemente por la Sala, obedece a una serie de  principios    (igualdad,    imparcialidad,    legalidad,    defensa,    lealtad,  contradicción,             objetividad7);   sin embargo, cuando  el  procesado  asume  el  compromiso en virtud del preacuerdo de comparecer como  testigo  al  juicio,  la  fiscalía  –por  principio-  no puede utilizar esas evidencias como pruebas de  cargo.   

Habrá   que   esperar   y  ver  si  el  imputado  que preacuerda  cumple   para   hacerse   merecedor   a   los   beneficios   pactados   en  la  negociación.   (Son  evidencias futuras).   

No prospera el cargo.  

Cuarto cargo.  Exclusión evidente de  la    duda    a   favor   del   acusado (art. 7 de la Ley 906 de 2004)   

Razón  le  asiste  al  señor Procurador  Delegado  cuando  sostuvo  que  el libelista propuso una particular apreciación  probatoria   según   la  cual,  unos  dijeron  que  no  vieron  a  MARLON  PÉREZ  ZABALETA al volante de  la   buseta,   mientras   que  otros  le  imputaron  la  participación  en  los  delitos.   

Ciertamente  que  la  demandante fijó la  atención  en  este  reproche  en señalar “contradicciones” entre distintos  testimonios  de  cargo,  entre  ellos  el  de John Jairo Pineda Corredor y Marco  Antonio  Pérez,  para  concluir  que  la  motivación  de  la  sentencia debió  orientarse  por  la  duda  pues,  no  está  acreditado  que  fuese MARLON  quien  conducía  la  buseta y  tampoco que hubiese participado en los delitos.   

El estilo de argumentación fincado en un  insular      modo     de     apreciar     las      pruebas     –por   respetable-   no  compromete  necesariamente    la    legalidad   de   la   sentencia   objeto   del   recurso  extraordinario.   

La Sala insiste en que, independientemente  de  que MARLON PÉREZ haya  sido,  o  no,  la  persona  que estaba al volante de la buseta en el momento del  asalto,  la  determinación del compromiso en esos delitos se fundó en el hecho  de  que  fue  partícipe,  en  condición de coautor  impropio,  del  asalto  del  camión  con  las  mercaderías.  Él  fue  quien aportó la buseta como  instrumento  imprescindible  para  perpetrar  el asalto, para cerrar el paso del  camión y para transportar a los retenidos.   

El cargo no prospera.  

CAPÍTULO SEGUNDO  

Primer   cargo.    Nulidad   por  afectación de garantías fundamentales (Incompatibilidad del juez)   

Criticó  la  libelista  que la Juez Once  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  que  aprobó  los  preacuerdos con  Marco  Antonio  Pérez (primer capturado) a cambio de excluir  la   imputación  por  secuestro  y  con      John      Jairo      Pineda      Corredor      (escolta   del   furgón   y   segundo  coimputado)  a  cambio  del 50% de descuento punitivo  estaba impedida para juzgar a su pupilo.   

En virtud de esos preacuerdos,     dijo,     los     coimputados   se   comprometieron   a  participar  en  el  juicio  como  testigos  de  cargo  y  a delatar a los demás  integrantes    de    la   banda   y   así  lo  hicieron,  pues  efectivamente  en la audiencia de juicio  oral  y  público  que se  realizó  el 12 de marzo de 2007 declararon en contra  de  MARLON  PÉREZ y lo  vincularon     como  partícipe   de   las   conductas  delictivas  objeto  del  proceso.     (fls.     153     –          157).   

Sin  embargo, como la Juez Once Penal del  Circuito     de     Bogotá     ya    había  aprobado  los preacuerdos en el  mes   de   diciembre   anterior,   y   en          virtud          de          ellos         sentenció    a    dos    de    los  partícipes,               “debió      declararse   impedida   para   tramitar   el  juicio”  en  contra el  imputado   no  allanado,  porque  al  hacerlo  “afectó  el  principio de la  imparcialidad  del juez”, sin que ello quiera decir  que  la  juez  sea  una  “mala persona”8  (así  lo  precisó  en  la  audiencia    de    sustentación    del    recurso   de   casación).   

Al  apreciar  la  argumentación  de  la  censura  y  las  alegaciones  que  sobre  ella  hicieron tanto el Fiscal como el  señor   Procurador   Delegado,   la   Sala   encuentra   oportuno  precisar  lo  siguiente:   

i)   El  conocimiento  del  precedente  que  fundamenta la incompatibilidad del juez para  realizar    juzgamientos   sucesivos   de   los   copartícipes   no   allanados  implica,   en   todo  caso,   que   en   esa  actividad  sucesiva  se  vea  comprometido de alguna  manera  el  principio  de imparcialidad del juez, que  es    lo    que    realmente    “contamina    al  funcionario”   y   por   consiguiente  afecta  la  independencia y la confiabilidad en la Administración de justicia.   

Es  equivocado  entender “como regla”  que  la  imparcialidad  del  juez  está  en  entredicho  siempre  que  tramita  un proceso con múltiples  vinculados  y en el desarrollo del mismo unos optan por preacordar los términos  de   la   imputación   y   otros   no.    La  motivación de la sentencia del radicado número  25407  del  21/03/2007  de  ninguna  manera se puede  convertir    en   instrumento   para   suponer  causales  de  impedimento  o  de recusación donde no las  hay,   ni   para   dilatar   procesos  penales injustificadamente.   

La  regla  del  pensamiento  es        la       habilitación     de     los     jueces    de    la    República      y      consiste  en  que  no se puede poner en  entredicho  (por sí) la imparcialidad del juez que tramita un proceso penal con  múltiples  imputados  cuando en el curso de proceso  hay       preacuerdos;        no    siempre    que    un    juez    declara   su      validez      y  condena  en  el  trámite  de un preacuerdo o allanamiento  se     afecta     la    imparcialidad  (Suya) en  relación  con el juzgamiento de los copartícipes no  allanados.   

El  problema  aquí  se  contrae  a  que  tanto  John Jairo Pineda  (el   escolta  del  furgón  de  la  empresa)  como  Marco  Antonio  Pérez  Riaño (el primer capturado)  el   14   de   diciembre   de   2006   aceptaron   libremente   su    compromiso    con    la   conducta   punible   y,  en  los  términos  de  los  artículos  350  y  351  del C. de  P.P.  preacordaron su responsabilidad penal a cambio  de       obtener       algún       descuento       punitivo,       más  el compromiso de comparecer como  testigos  delatores en el  juicio,   brindando   información   fidedigna  que  permitiría  la  judicialización  de otro u otros coautores comprometidos en el  mismo hecho punible.   

En  virtud  del  preacuerdo  los  dos  se  comprometieron,  de  ser  necesario,  a  sostener  su dicho bajo la gravedad del  juramento  rindiendo  testimonio  en el eventual juicio oral.  (Cfr.     Fls.    58    –    63;    72   –  77).   Por  efecto  de  los  preacuerdos   se   rompió   la   unidad   procesal   para   sentenciar   a  los  allanados.   

De modo que el 14 de diciembre de 2006 la  Fiscalía     presentó    escrito    de    acusación    contra    MARLON   PÉREZ,  cuya  audiencia  de  juicio oral y público se celebró el 12 de marzo de  2007   (fls.   153   –  157)   

Cuando la Juez  Once  Penal del Circuito aprobó los preacuerdos y sentenció a los dos primeros  copartícipes  tenía  la prueba para condenar a los  allanados, mas no sucedía lo mismo en relación con  PÉREZ                 ZABALETA  quien optó por comparecer al  juicio  con la expectativa (válida en todo caso) de que la Fiscalía no tuviera  la prueba suficiente para sacar avante su teoría del hecho.   

Sin embargo, en virtud de los preacuerdos  con  Pérez  Riaño  y  con Pineda Corredor, la tesis de la Fiscalía contó con  mayores  elementos de convicción (el testimonio juramentado en audiencia de dos  coimputados,  testigos,  delatores)  que le ofrecieron al juez mayores elementos  persuasivos    en    relación    con   la   responsabilidad   de   MARLON   PÉREZ,  quien  –a  su  turno-  no  contaba  con  la  incriminación  de  sus  propios  compañeros de empresa delictiva, siendo dable  destacar   también   que    tales   imputaciones   (que  solo  vinieron  a  materializarse  en  el  futuro  juicio  oral) no formaban parte de los medios de  convicción  para  el  momento en que el juez dictó las sentencias anticipadas,  de  donde  se  colige  que  el  par  de  testimonios incriminantes (que nacieron  jurídicamente,  se  insiste,  en el juicio oral) solo pudieron conocerse por el  sentenciador  como  –si  así     pudiera     llamarse-     ‘prueba       nueva’   respecto   del  acervo  probatorio  obrante  respecto  del  hoy  recurrente en casación.   

La  teoría  del  caso  que  presentó la  Fiscalía  en  el  juicio le permitió al Juez persuadirse de la responsabilidad  penal  del  acusado, más allá de toda duda (art. 7  en conc. Art. 381 del C. de P.P.).   

ii)   En  relación  con  el  radicado  número  25407  del  21/03/2007,  cuando  la  Sala  declaró           la          “incompatibilidad  funcional” al      verificar      juzgamientos  sucesivos de unos coimputados allanados y de otro(s)  no   allanado(s),   la   Sala  hizo  la  declaración  de  nulidad  bajo  la  condición  de  que se viera  comprometida       “la      garantía      de  imparcialidad       del       juez”.   

No  obstante  lo  impropio  del  concepto  (incompatibilidad             funcional9),  el  núcleo de referencia  es    subjetivo:    La  garantía   de  la  imparcialidad  del  funcionario  y  tiene  su fuente en la  naturaleza misma de los impedimentos y recusaciones:   

Allí   se  dijo lo siguiente:   

“La   incompatibilidad   del   juez  –entendida    como  garantía   fundamental   de   no   fallar   de   modo   sucesivo  a  todos  los  partícipes- surge por la  seria  probabilidad  de que vea comprometida su independencia y su imparcialidad  a  la hora de continuar con el juzgamiento de los demás partícipes,   quienes   a   su   turno   esperan   y  reclaman  –con       razón-   la   garantía   fundamental   de  un  juez  y  un  juzgamiento  imparciales”.   

A   pesar  de  lo  semejante  de  aquel  juzgamiento,  la  Sala  advierte  que  en  éste  la  garantía    de    la    imparcialidad    del    juez   no   se   vio  comprometida  de  ninguna  manera a  pesar  de  haber  aprobado  unos  preacuerdos  previamente,  puesto  que para el  momento     procesal     en     el     que    dos    coimputados    preacordaron   los   términos   de   la  imputación,  el  juez que los sentenció no tenía  convencimiento   de   la   responsabilidad   penal   del   acusado  –Marlon      Pérez-,  más  allá  de toda duda, a la luz de los artículos 7° y 381  del C. de P.P.   

Para  llegar a tal grado de certeza de la  responsabilidad  penal de PÉREZ ZABALETA,  quien no se allanó, la fiscalía tenía la necesidad de probar  que  participó  en  la  comisión  de  las conductas punibles aportando pruebas  contundentes     en     el     juicio,  para  suministrar  al  juez el conocimiento -más allá de toda  duda  razonable-  el  grado  de certeza requerido para condenar.  Tenía la  necesidad    de    aportar    esos   testimonios   (delaciones)   en   audiencia  pública.   

El grado de conocimiento lo obtuvo el juez  en   la   fase   procesal,   cuando   los   testigos   de   cargos  –delatores-       comparecieron  a la audiencia de juicio oral y públicamente    y    bajo    juramento    lo    incriminaron.   

iii)        Cuando  la  censura  en  casación  se  orienta  por  criticar  la  afectación  de la garantía de la imparcialidad del  juez,  deberá probarse tal compromiso del funcionario que deslegitime su rol de  juez,  porque  en materia penal (y a diferencia del sistema administrativo puro)  subsiste   un  remanente  subjetivo   que   materializa  la  afectación  del  “compromiso  de imparcialidad” que es el que afecta en últimas la garantía  de  independencia  y la confiabilidad en la correcta  Administración de justicia.   

“A pesar de los elementos de verdad que  puede  tener el citado argumento, lo cierto es que la  valoración  de  la  imparcialidad,  no  se  realiza  a partir de las posiciones  morales,  éticas  o  psicológicas  de los jueces, sino a través de su postura  intersubjetiva.  Es  decir,  la  apreciación  de  la  imparcialidad del juez se  concreta,  en  un juicio exterior derivado de la interrelación del juzgador con  las  partes  y la comunidad en general. En efecto, el  hecho  de  que  una  misma  autoridad –en  primera y en segunda instancia- conozca de lo actuado, conduce  a  que, independientemente de su actitud personal, su  decisión  pueda  ser  razonablemente  considerada como carente de objetividad y  neutralidad,   con   lo   cual  se  produce  irremediablemente  la  pérdida  de  credibilidad    y    legitimidad   de   las   decisiones   públicas,    en    perjuicio    de   la   estabilidad   del   ordenamiento  jurídico.   

En  consecuencia,  la  garantía  de  la  imparcialidad  se  convierte  no sólo en un elemento esencial para preservar el  derecho  al  debido  proceso,  sino  también  en  una  herramienta idónea para  salvaguardar  la  confianza en el Estado de Derecho, a través de decisiones que  gocen   de   credibilidad   social   y  legitimidad  democrática”10.  (Destaca la Sala)   

Es por ello por  lo  que,  cuando  el impugnante alega la nulidad por  esta   causa  no  sólo  debe  comprobar        objetivamente  el  juzgamiento  sucesivo  de  los  partícipes,  sino  además,  deberá  demostrar  de qué manera se comprometió la  garantía  de  la  imparcialidad  del  juez,  y  tal  circunstancia  particular  se  evidencia “en cada caso concreto”11.   Por  manera  que  el  fundamento  de  la impugnación, además de lo objetivo  (prueba  del  juzgamiento sucesivo), tiene que circunscribirse a demostrar cuál  era  la  información  interiorizada  (elementos  probatorios  y evidencias) que  tenía  el juez cuando “llegó a la audiencia de juicio oral y público” que  le  permitiera  estructurar  la  responsabilidad  penal  del  procesado  que  no  preacordó.   

El compromiso de la imparcialidad del juez  y  –por consiguiente- la  afectación  del  derecho  de  defensa  como  causa  de  nulidad  del proceso se  demuestra   cuando  el  actor  prueba  que  “…la  información  con  que  contó el funcionario ex ante le permitió interiorizar,  preconcebir,  predefinir  un  concepto de responsabilidad penal de quien, siendo  partícipe   de   la   conducta  punible  no  exteriorizó  su  culpa  de  forma  consensuada”, es decir, cuando el juez arriba a la  audiencia  pública  “…con referentes probatorios  concretos  y certeros” que comprometan la garantía  de la imparcialidad con la que sentenciará a los no allanados.   

“…la  incompatibilidad  entre las dos  funciones  de  juzgamiento  sucesivas  en  cabeza del mismo funcionario tiene su  núcleo    en    la  apreciación  de  las  pruebas que comprometen la responsabilidad penal tanto de  los  aceptantes, como de quien optó por someterse al  trámite   ordinario   del   proceso”.  (Destaca la Sala)   

Entonces:      Lo   que   impide   al   juez   sentenciar   a   los   coimputados  no  allanados  es  haber  participado  dentro  del  proceso  “…con entidad  suficiente   para  comprometer  su  imparcialidad y su criterio”12,     “…bajo  el  presupuesto  de  que el juez del conocimiento accedió a  información  amplia,  probatoriamente  refrendada, sobre el problema central en  torno  del  que  gira la controversia que se debate en el expediente”,  es  decir, la responsabilidad de  el          no          allanado:   

Lo  que  se  debatía  en la audiencia de  juicio  oral  y  público  que  se  realizó  el  12  de marzo de 2007 (fls. 153  –   157)   era   la  responsabilidad   de  MARLON  PÉREZ, sobre la  que  el  juez  Once Penal del Circuito no tenía el convencimiento “más allá  de  toda  duda” que comprometiera su imparcialidad,  objetividad   e   independencia   como   juez   de   la  República,  simplemente  porque  para  ese momento no tenía la información  relevante   que   le  permitiera  “…adoptar  una  postura  ideológica  con respecto del mérito de la responsabilidad”  …del  partícipe no allanado.   

Por esa razón  –reitera  la  Sala-  no  es  viable asumir de entrada y sin crítica que,  cuando  unos  imputados  se  allanan  y  otros no, el juez que aprobó el primer  acuerdo  queda  impedido  para  conocer  de  la  responsabilidad  penal  de  los  demás.   

El cargo no prospera.  

Segundo   cargo.    Nulidad   por  violación  del  debido  proceso  al  confirmar  la  medida  de aseguramiento en  audiencia del 6 de diciembre de 2006   

La  respuesta  a las motivaciones de esta  crítica  es  la  misma que dio la Sala al cuarto cargo del capítulo primero de  la  demanda,  pues,  no son cosa diferente que la apreciación particular de las  pruebas  a  favor  de  la  tesis  defensiva, mas allá de la fundamentación del  fallo  condenatorio  contra MARLON PÉREZ como coautor impropio de las conductas punibles.   

CAPÍTULO TERCERO  

Primer  cargo.   Falso  juicio  de  convicción   

En  alegación  que  dista  del  error de  derecho  en  la contemplación jurídica de las pruebas (en el entendido que los  testimonios  no  se  aprecian  de  manera  tarifada),  la  libelista  propuso  y  contrastó  a  su  particular  modo, los  testimonios  de Marco Antonio Pérez  Riaño   y   de   Jhon   Jairo   Pineda  Corredor  en  procura  de  defender la tesis vencida en el juicio.    

En    la    respuesta    al  cuarto  cargo del capítulo primero  de  la  demanda, la Sala precisó y ahora lo repite que si alguna contradicción  existe  en  cuanto a determinar qué persona estaba al volante del vehículo (si  MARLON  PÉREZ  o  Luis  Eduardo   Cruz   Pérez    “a.   El   Hechicero”),  tal  discusión  es  irrelevante,   toda  vez  que  fue  PÉREZ  ZABALETA  quien  suministró  el  vehículo  desde  el cual se  perpetró  el  asalto,  de donde surge su responsabilidad como coautor impropio.   

Segundo  cargo.   Desconocimiento de  las reglas de producción de la prueba que soporta la sentencia   

Sin conocimiento alguno del contenido del  discurso  orientado  a demostrar errores in iudicando  en   la  apreciación  material  de  los  elementos  probatorios  y  evidencias  del  proceso, la impugnante adujo que “el juzgador  desbordó  las  reglas  de la sana crítica” cuando apreció las declaraciones  de  Martha  Cecilia  Gómez  Solano,  de  Argemiro Riaño Gualdrón (los esposos  Policías  que  transitaban  ocasionalmente  por  el lugar de los hechos), de la  oficial  de  la Policía Elena Reátiga Leal quien prestó apoyo en el operativo  y de Fidedigno Florez Peña, el propietario de la buseta.   

Sin    embargo   no   refirió  postulado  alguno  de  la  sana  crítica  (lógica,  ciencia, experiencia, sentido común) que fuese desconocido  por el juzgador a la hora de apreciar las pruebas del proceso.   

En   relación  con  el  testimonio  de  Fidedigno  Florez  Peña,  el  propietario  de  la  buseta afiliada a la empresa  Rápido  Pensilvania-  la  Sala  destaca  que  se  apreció  según  su  puntual  contenido:      MARLON    PÉREZ  era conductor del vehículo de servicio público desde hace más  de  dos  años  y que el día del asalto estaba de servicio, sin que ello quiera  decir  que  era la persona que estaba al volante del vehículo en el momento del  asalto,   pues   ese   dato   es   realmente  irrelevante  y  no  desvirtúa  la  antijuridicidad del comportamiento:   

Fue   PEREZ  ZABALETA quien aportó el  vehículo  desde el cual se perpetró el asalto y argumentó a su contratante la  excusa   más  infantil…  que  lo  habían  contratado  para  un  trasteo  que  finalmente no se realizó.   

El cargo no prospera.  

Tercer  cargo.   Falso  juicio  de  identidad   

Ninguna  parcelación  probatoria,  ni  agregados  que  tergiversen  de  manera trascendente la versión de los testigos  demostró el libelista.   

Sin respecto de consideración alguna de  orden  técnico  en  la  demostración  del error in  iudicando,        propuso        –otra  vez-  y  contrastó  a  su  particular  manera  unos  testimonios en procura de defender la tesis vencida en  el  juicio.   (cfr.  Respuesta  al cuarto cargo del capítulo primero de la  demanda).  No prospera la crítica.   

Cuarto cargo.  Exclusión de pruebas  pedidas por uno de los sujetos procesales (La fiscalía).   

Según la demandante, la fiscalía pidió  practicar  en la audiencia de juicio oral los testimonios de Jenny Liliana Rubio  Díaz  y  de  Martha  Lucía Vanegas Toro, a través de los cuales introduciría  los   estudios   técnicos   (análisis   link)   a  los  teléfonos  celulares,  especialmente  al celular de Marco Antonio Pérez (el primer capturado que tomó  el   chaleco   y   el   casco   del   motociclista)   y   el  de  Luis Eduardo Cruz Páez  “a. el  Hechicero”;   sin  embargo,  nada  dijo  en  la  audiencia  y  mas  bien  retiró  la  petición de  pruebas.   

Tal  como  lo  recordó  el  Ministerio  Público,  la  fiscalía tiene la potestad de desistir de las pruebas que había  solicitado  para  la  audiencia de juicio oral y público porque se trata de una  decisión  de  parte  que  de  ninguna  manera  compromete  la  legalidad  de la  sentencia  y tampoco pone de manifiesto la duda insuperable como lo concluyó la  demandante.   

“La  determinación del fiscal en este  sentido   (desistir  de  una  prueba  previamente  solicitada)  tendrá  efectos  vinculantes  sólo en el  caso  de  que  se trate de prueba única,  pues,  en tal evento el fiscal quedará sin teoría del caso y  el  juicio  quedará  sin  acusador  y  sin  prueba.   (Sin perjuicio de la  eventual  responsabilidad  que  pueda comprometer al funcionario, en tratándose  de retirar pruebas trascendentales de cargo).   

No   sucede   igual   cuando   existe  multiplicidad  de  opciones probatorias, porque en ese caso el fallo tendrá que  fundamentarse  en  ellas y obviar la prueba desistida, no practicada, en fin, no  disponible…   sin   que   ello   lesione   las  garantías  defensivas  de  la  contraparte…”13   

El cargo no prospera.  

En  mérito de lo anteriormente expuesto  la  Corte Suprema de Justicia, en Sala de Casación  Penal  y administrando Justicia en nombre de la República y por autoridad de la  Ley,   

         

RESUELVE  

Primero:              NO  CASAR  la  sentencia del 23 de julio de 2007 proferida por el Tribunal  Superior de Bogotá.   

Contra esta decisión no procede recurso  alguno.   

Notifíquese,  cúmplase  y devuélvase al  Tribunal de origen.   

   

   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

                  ALFREDO              GÓMEZ  QUINTERO                         MARIA  DEL ROSARIO GONZALEZ DE LEMOS   

             AUGUSTO        J.        IBAÑEZ  GUZMÁN                                              JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

        YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

1Al  parecer,  el señor Sergio Cabezas Castañeda también estaba concertado con los  asaltantes  del  vehículo,  pues,  precisamente  Jhon Jairo Pineda Corredor (el  escolta  del  furgón)  declaró  que “conocían del hecho el señor conductor  del    furgón,    Marcos   y   él,   siendo   coordinados   por   Marcos”    (Sentencia   de   primera  instancia      página      9,      párrafo      final).      Marcos  es  Marco  Antonio Pérez, quien  preacordó los términos de la imputación con la Fiscalía.   

2Jhon  Jairo  Pineda  Corredor  aceptó  su  responsabilidad  penal  en  estos  hechos  y  preacordó  los  términos de la imputación con la  Fiscalía   a   cambio   de   beneficios   punitivos   (folios  58  – 63).   

3Marco  Antonio  Pérez  Riaño  bajó de la buseta, tomó el  chaleco  y  el  casco del motociclista que escoltaba el furgón y se disponía a  huir  cuando  fue  capturado por los Agentes de la Policía;  fue el primer  capturado, celebró diligencia de preacuerdo.   

4Cfr.  Título  IV,  Cap. III, Artículos 306 –   320  del  C.  de  P.P.  en  conc.  Con  Sentencia  de  la  CORTE  CONSTITUCIONAL  núm.  C –  456 del 7/6/2006   

5Cfr.  Auto del 06/09/2007, rad. Núm. 28288   

6Cfr.  Sentencias  del  08/11/2007,  rad.  Núm.  26411y  del  05/12/2007,  rad.  Núm.  26753.   

7Sentencia  del  11/04/2007,  rad. Núm. 26128;  del 21/2/2007,  rad. Num. 25920, entre otras.   

8Este  dato  no  es  imperceptible,  no  es  intrascendente:   Pone  de relieve la  imparcialidad del juez, como lo precisará la Sala.   

9La  incompatibilidad         sugiere        una        relación        objetiva   entre  las  actividades  de  juzgamiento sucesivas.   

10CORTE  CONSTITUCIONAL, Sentencia C-095 de 2003   

11Cfr.  Auto   núm.   28648   del   8/11/2007,   28633   del  14/11/2007  y  28735  del  16/11/2007.   

12Cfr.  Auto del 19/10/2006, Rad. núm. 26243   

13Casación del 08/11/2007, rad. Núm. 26411.     

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