28637(31-03-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28637  

         

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado   Acta   N°  070   

Bogotá, D. C., lunes, treinta y uno (31) de  marzo de dos mil ocho (2008).   

VISTOS:  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  la  demanda de casación presentada por el defensor del procesado Rafael Antonio  Peña  Gómez  contra  la  sentencia  proferida  el  15  de junio de 2007 por el  Tribunal  Superior de Bogotá, que lo condenó como autor responsable del delito  de  falsedad  material  de  particular  en  documento  público.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL:   

1.  Los  primeros  fueron    descritos   en   la   sentencia   del   ad  quem, en los siguientes términos:   

El  5  de diciembre de 2000 el señor Julio  Roberto  Maldonado  Daza  denunció  ante  la  Fiscalía General de la Nación a  Rafael  Antonio  Peña Gómez, al ser informado que estaba ofreciendo en venta o  permuta  el  inmueble  ubicado  en  la  carrera  1ª  N°  72-18 sur, barrio Las  Viviendas,  sector  de  Usme,  que es de su propiedad y de su cónyuge Isabelina  Silva  de  Maldonado  como  consta en la escritura N° 3.058 de 23 de octubre de  1985,   corrida   ante   la  Notaría  Diecinueve  de  Bogotá,  con  matrícula  050-0697603.   

Que Peña Gómez se presentó como legítimo  dueño,  con escritura pública número 155 otorgada el 29 de enero de 2000 ante  la  notaría Cincuenta y Seis del Círculo de Bogotá, venta supuestamente hecha  a  través  de  poder  especial conferido a José Alfonso Gutiérrez; documentos  que  tachó  de  falsos porque en forma directa ni por interpuesta persona él o  su  cónyuge  han  vendido el citado inmueble. Venta que fue registrada con base  en  la  escritura falsa, según consta en la anotación número 2 de 10 de abril  de  2002  ante  la  Oficina de Registro de Instrumentos Públicos y Privados del  barrio Venecia.   

2.  La  denuncia  correspondió  a la Fiscalía Seccional 103 de la Unidad Cuarta de Fe Pública y  Patrimonio  Económico,  la que el 29 de marzo de 2001 dispuso la apertura de la  instrucción  y  la  vinculación  mediante  indagatoria de Rafael Antonio Peña  Gómez.   

3. El 21 de febrero  de  2003  Peña  Gómez  fue  escuchado  en  diligencia  de descargos y, una vez  clausurada  la  instrucción,  mediante  resolución  de  30 de abril de 2004 la  Fiscalía  profirió  acusación en su contra como posible autor responsable del  delito   de   falsedad  material  de  particular  en  documento público.   

4. El Juzgado Quinto  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  avocó el conocimiento de la causa y luego de  cumplir  el  trámite  pertinente  profirió  el 21 de abril de 2006 el fallo de  primer  grado,  mediante  el  cual  condenó  del  cargo  imputado  al  acusado,  imponiéndole  como  penas  36  meses  de  prisión  e  inhabilitación  para el  ejercicio de derechos y funciones públicas por un lapso igual.   

5.  El  Tribunal  Superior  de  Bogotá  al  conocer  del  asunto por vía de apelación, el 15 de  junio de 2007 confirmó íntegramente el fallo impugnado.   

6.   Contra  la  anterior  decisión  el  defensor anunció promover el recurso extraordinario de  casación1.  Mediante  proveído  del  1°  de  agosto de 2007 se concedió el  recurso    y   la   demanda   fue   presentada   dentro   del   término   allí  dispuesto2,  se  corrió  el  traslado  por  quince  (15)  días a los sujetos  procesales  no  recurrentes, luego de lo cual se enviaron las diligencias a esta  Corporación para los fines consiguientes.   

7. Con el fin de que  se  case  el  fallo  de  segunda  instancia,  el  recurrente  acusa la sentencia  mediante un cargo único, así:   

Al amparo de la causal primera del artículo  207  de  la  Ley 600 de 2000 considera la sentencia violatoria de los artículos  29  de  la  Constitución Política y 238 del estatuto procesal penal, porque se  violó  el  debido  proceso  y la regla de apreciación de la prueba conforme la  sana crítica.   

Señala que en la audiencia de juzgamiento el  procesado  expuso  la  verdad  de  lo  acontecido  de manera tan creíble que el  propio  fiscal  acusador  solicitó  su  absolución,  quedando  de tal modo sin  sustento  el  pliego  de  cargos y resultando extraño el fallo de la instancia,  porque  desconoció  las  condiciones  personales  del  procesado y la costumbre  comercial de realizar negocios de palabra.   

Peticiona  casar  la  sentencia  demandada y  reclama un fallo de reemplazo en el que se absuelva al procesado.   

CONSIDERACIONES:  

La demanda, que adolece de graves defectos de  técnica  en  la  elaboración  de  los  cargos,  los  cuales  por sí solos son  suficientes  para  considerarla  como no ajustada, en todo caso será inadmitida  porque  el  censor  omitió  fundamentarla  de  acuerdo  a las reglas de la vía  excepcional  o  discrecional  que  frente  a  los supuestos fáctico y normativo  sometidos a examen se exige.   

I.  Cuestiones previas sobre el quantum  de  la  pena como requisito para  acceder a la casación y la ley procesal aplicable   

Visto quedó que en este proceso se juzgaron  hechos  ocurridos  en  el  curso del segundo semestre de 2000, los cuales fueron  resueltos  en  sentencia  de  segunda instancia proferida el 15 de junio de 2007  por  la  Sala  Penal  del Tribunal Superior de Bogotá, que le impuso condena al  procesado  Rafael  Antonio  Peña Gómez por la conducta punible de falsedad  material  de particular en documento público   cuya   pena  legislativamente  determinada  era  de  prisión  de  dos    (2)   a   ocho   (8)   años,   (artículo  220  del  Código  Penal  o  Decreto  Ley  100 de 1980).   

Para determinar el cumplimiento del requisito  legal        de        procedibilidad       referido       al       quantum   punitivo   para  acudir  a  la  casación  ordinaria,  en  el  propósito  de  determinar si hay o no lugar a la  admisión   del  recurso  interpuesto,  previamente  se  harán  las  siguientes  precisiones:   

1.  Los precedentes legales:  

El  legislador  nacional,  prolijo  en  la  elaboración  de  estatutos  procesales  penales,  desde  1971 hasta la fecha ha  expedido   diferentes   normas   para   regular   la   procedencia  del  recurso  extraordinario   de  casación,  habiendo  establecido  en  ellas  un  requisito  referido  al  quantum de la  pena el cual ha variado en los siguientes términos:   

1.1.   En   los  Estatutos      de      Procedimiento      Penal     de     1971     —artículo        569—,        1987       —artículo        218—      y      1991     —artículo        218—, se requería para acceder al recurso  extraordinario  una  cantidad de pena igual o superior a los cinco (5) años. En  el   Código   de  1991  se  introdujo  como  novedad  la  denominada  casación  excepcional. Se dijo:   

Artículo  218.  Procedencia.   El  recurso  extraordinario  de  casación  procede  contra  las  sentencias  proferidas  por  el  Tribunal Nacional, los Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial  y  el  Tribunal  Penal  Militar,  en  segunda instancia, por  delitos  que  tengan  señalada  pena privativa de la  libertad  cuyo  máximo  sea  o exceda de cinco años,  aun cuando la sanción impuesta haya sido una medida de seguridad.   

(…)  

De  manera excepcional, la Sala Penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia,  discrecionalmente,  puede  aceptar  un recurso de  casación  en  casos  distintos  a  los  arriba  mencionados,  a  solicitud  del  Procurador,  su  delegado, o del defensor, cuando lo considere necesario para el  desarrollo   de   la   jurisprudencia   o   la   garantía   de   los   derechos  fundamentales.   

1.2. Con la Ley 81  de  1993 se elevó a 6 años la cantidad de pena mínima exigida para acceder al  recurso extraordinario y se mantuvo la casación excepcional:   

Artículo  35. El  artículo  218  del  Código de Procedimiento Penal, quedará así: Artículo  218.  Procedencia. El recurso  extraordinario  de  casación  procede  contra  las sentencias proferidas por el  Tribunal  Nacional, los Tribunales Superiores de Distrito Judicial y el Tribunal  Penal  Militar,  en segunda instancia, por los delitos  que  tengan señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo sea o exceda de  seis  (6)  años aun cuando la sanción impuesta haya  sido una medida de seguridad.   

   

(…)  

   

De  manera excepcional, la Sala Penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia,  discrecionalmente,  puede  aceptar  un recurso de  casación  en  casos  distintos  de  los  arriba  mencionados,  a  solicitud del  Procurador,  su  delegado, o del Defensor, cuando lo considere necesario para el  desarrollo   de   la   jurisprudencia   o   la   garantía   de   los   derechos  fundamentales.   

1.3. Por medio de la  Ley  553  de 2000 se modificó el Decreto 2700 de 1991 y en lo que tiene que ver  con  el  quantum de la pena  exigida  para  acceder  a  la  casación,  se dijo que el extraordinario remedio  procedía  en  los  procesos  que  se  hubieren  adelantado  por los delitos que  tuvieran  pena  privativa  de  la libertad cuyo máximo  exceda de ocho años.   

1.4.  El Código de  Procedimiento  Penal  de  2000  acogió  tal aumento en el límite punitivo para  acceder al recurso:   

Artículo   205.   Procedencia   de   la  casación. La casación procede contra las sentencias  proferidas  en  segunda  instancia por los Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y el Tribunal Penal Militar, en los procesos  que  se hubieren adelantado por los delitos que tengan  señalada   pena   privativa   de  la  libertad  cuyo  máximo  exceda  de  ocho  años, aún cuando la sanción impuesta haya sido una  medida de seguridad.   

1.5.  El  Estatuto  Procesal  Acusatorio  o  Ley 906 de 2004, variando la tradición legislativa, no  estableció  un  quantum de  pena  como requisito para la procedencia del recurso de casación. Se reguló la  materia así:   

Artículo  181.  Procedencia.  El recurso como control constitucional y legal procede contra las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  en  los procesos adelantados por  delitos,   cuando   afectan   derechos  o  garantías  fundamentales…   

          Como  ha  quedado  visto,  tradicionalmente se exigió por parte del  legislador  como  requisito  esencial para poder acceder al trámite del recurso  extraordinario  de  casación  que  la  sentencia correspondiera a un delito que  tuviera  señalada  una  cantidad  de  pena  privativa  de  la libertad mínima,  inicialmente  establecida  en  5  años  y  luego  incrementada  a 6 años y por  último   elevada   hasta   un   tope  máximo  que  debía  exceder  de  los  8  años.   

          Fue  el  legislador de 2004, al desarrollar los estatutos necesarios  para  implementar el sistema acusatorio introducido mediante el Acto Legislativo  03   de   2002,   quien   dispuso   abolir   el   requisito   del   quantum de pena privativa de la libertad,  con  lo que a partir de la vigencia del Código de Procedimiento Penal de 2004 o  Ley  906  de  2004,  que  en  los  términos del artículo 530 de dicho estatuto  entró  a regir a partir del 1° de enero de 2005 en forma progresiva en algunos  lugares  del  territorio  nacional,  pueden acceder al recurso extraordinario de  casación  todos  los procesados condenados por delitos sin importar la cantidad  de  pena  que  en  abstracto  consagra  el  tipo penal, siempre que se refiere a  delitos  ocurridos  a  partir de su vigencia y teniendo en cuenta la gradualidad  territorial de su implementación.   

          Es  menester  observar  que  a  partir  del Código de Procedimiento  Penal  de  1991  nació la casación excepcional o discrecional, a través de la  cual  se  facultó a la Corte para admitir demandas de casación bajo condición  de  sustentarse  el  recurso  extraordinario  en  la necesidad de desarrollar la  jurisprudencia  y/o  para  hacer  efectiva  la  protección  y  garantía de los  derechos  fundamentales,  sin  importar  la  cantidad  de  pena que en abstracto  consagra  el  tipo penal ni el funcionario que en segunda instancia profirió el  fallo.   

2. Los precedentes de la Sala:  

Dada   la   claridad   de  las  diferentes  regulaciones  legales  en  lo  que tiene que ver con la cantidad de pena mínima  exigida  para  la  procedencia  del  recurso  de  casación, fue posible que las  decisiones    de    la    Sala   fueran   uniformes   y   votadas   por   amplia  mayoría.   

Los  cambios de legislación y el aumento en  el  mínimo  del  quantum de  pena  sí han propiciado la elaboración de pronunciamientos en los cuales se ha  impuesto  una  mayor  carga argumentativa para resolver satisfactoriamente temas  conexos,  como  lo  son  los  referidos  a  la  vigencia de la ley en el tiempo,  especialmente  en  lo  que tiene que ver con las leyes que regulan la ritualidad  de    los   procedimientos   y   el   principio   de   favorabilidad3, asunto al que  no   ha   sido   ajena   la   Corte  Constitucional4.   

La Sala de manera uniforme venía señalando,  apoyada  en  la  mejor  doctrina,  que  la  posibilidad de apelar o recurrir una  sentencia,  puesto  que  es consecuencia de la sentencia misma, debía regularse  según  la  ley bajo cuyo imperio fue pronunciada. Por tanto, las disposiciones  de  la  ley  vigente  en  el  tiempo  en  que fue dada la sentencia, son las que  determinan   si   cabe   contra   ella   el   recurso  de  casación5,  siendo  tal  línea   jurisprudencial   mantenida   durante   mucho   tiempo,  sosteniéndose  que   

“…  el  punto  de partida es establecer  cuál  era  la  legislación vigente al momento de interponer el recurso y cuál  la  introducida  para  la fecha en que se resuelve a ese respecto; puesto que si  un  procesado  o  su  defensor  interpone  en  oportunidad  un  recurso bajo las  condiciones  que en ese  momento consagra la ley y luego ésta modifica las  exigencias   para   hacerlas   más   rigurosas,   sería  desleal,  además  de  desfavorable,  denegarle  el  trámite  a  esa  impugnación.  En  cambio, si la  sentencia  se  profiere  después de que la ley ha modificado las condiciones de  procedibilidad  de  un  recurso, no es posible invocar y aplicar el principio de  favorabilidad   por  la  sencilla  razón  de  que  no  surge  una  concurrencia  legislativa  con  relación al acto de impugnación”  6.   

Adelante  y  siempre de manera pacífica, se  reafirmó así:   

“… En conclusión, el artículo 218 del  Decreto  2700  de 1991 nunca tuvo vida jurídica dentro de este proceso, pues el  supuesto  de hecho que el mismo exigía no existió durante su vigencia. De una  norma  de  procedimiento  que  establece  los  requisitos  de  procedencia de un  recurso,  el  supuesto  de hecho es la existencia del acto procesal sobre el que  puede  ejercerse  la  impugnación,  de  donde  resulta que las partes no pueden  reclamar  derecho alguno que se derive de una norma cuyo juicio de pertinencia y  validez  resulta  negativo dentro del proceso concreto en que la pretenden hacer  valer7.   

3.   El  nuevo  criterio  jurisprudencial  derivado   de   la   aplicación   y   vigencia   de   la   nueva   legislación  procesal8:   

La  Sala  consideró,  a  partir  de  una  precisión  sobre  el  alcance  del  artículo 29 de la Carta Política que hace  énfasis  en  el  principio  de  legalidad  del  delito,  la  pena, el juez y el  procedimiento,  en  concordancia con el artículo 6° de la Ley 906 de 2004, que  surge un contexto positivo desde el cual   

pueden  desbrozarse las distintas especies  de  normas  que  han  de regir un proceso penal, al igual que el alcance de cada  una  de  ellas,  así: i) las sustanciales,  cuyas  permanencia  -aún  previa  a la ejecución del delito- y  aplicación  -ya  al  interior  de  la  actuación-  perduran inclusive hasta el  agotamiento  de la fase de ejecución de la sentencia (art. 6 C.P.), a menos que  una  norma de similar naturaleza la reemplace para que sea aplicada esta última  bajo  la  condición  de  ser  más  favorable. ii) las simplemente instrumentales,     que    igualmente  antecedentes  al  hecho,  deben  gobernar  el  proceso,  aunque  sujetas  a  ser  desestimadas  en  su  aplicación  cuando  se  expida  una  norma  de  su  mismo  carácter,  tal  como  lo señala el artículo 40 de la Ley 153 de 1886, sin que  de  ellas  -dada  su  neutralidad-  sea  demandable  la  favorabilidad. iii) las  procesales   de   efectos   sustanciales,  cuyo  manejo  -desde  luego  al  interior  de  la actuación- se  asimila  a  las  materiales,  conforme  lo  señala  el dispositivo últimamente  trascrito.   

Así, refulge que cometido un delito, toda  la  normatividad  que  lo regula en su descripción típica, en su sanción y en  las   normas   procesales   de  efectos  sustanciales,  acompañan  ad  infinitum a ese comportamiento y a su  autor,  salvo  que  con  posterioridad  surja  norma  nueva  que  favorablemente  modifique  tales  atributos  para  que  ésta sea aplicada retroactivamente, tal  como  lo autoriza la norma superior, lo precisa la Ley 600/00 y lo reitera  para  el  futuro  el  nuevo  código  de  procedimiento (Ley  906/04).  En  cambio,  lo  que  sí  choca  contra aquélla -y aún con  el  sentido  común-  es  que  se aplique retroactivamente una  nueva  normatividad  con  efectos desfavorables. A su turno, lo que atañe a las  disposiciones  legales  simplemente instrumentales, así como al cambio del juez  (por  razones  de  competencia)  por  otro  igualmente  existente  antes  de  la  comisión  del  delito,  son  de  aplicación inmediata, sin que de su mutación  -como  se dijo- pueda reclamarse ingrediente alguno de favorabilidad.   

II. Del caso concreto  

4.1. Rafael Antonio  Peña  Gómez  fue condenado como autor responsable de un delito de falsedad  material  de particular en documento público,  el cual tuvo ocurrencia en los meses finales de 2000 en la ciudad  de Bogotá.   

4.2. Para la época  de  los hechos los responsables del delito de falsedad  material     de     particular     en     documento     público    incurrían          en          pena         de         prisión, así:   

Decreto  Ley  100  de 1980. Artículo 220.  Falsedad   material   de   particular  en  documento  público.  El  que  falsifique documento público que  pueda  servir  de  prueba,  incurrirá  en  prisión  de  dos  (2)  a  ocho  (8)  años.   

4.3. Igualmente, la  normatividad  procesal  en  vigor  para  el momento de ejecución de la conducta  típica  era  el  artículo  1°  de  la  Ley  553  de  2000  (reformatorio  del  artículo  218  del  Decreto  2700  de  1991),  de  modo  que para la procedencia de la casación ordinaria se  exigía  que  el tipo penal al que se refería la sentencia atacada, con todas y  cada  una  de  las  circunstancias  que  lo modifican, debía tener señalada  pena  privativa  de  la  libertad cuyo máximo exceda de  ocho  (8)  años  aun  cuando  la  sanción  impuesta  haya  sido  una medida de  seguridad9.   

4.4.   Resulta  evidente  concluir  en  este  asunto  que  el  recurso  de  casación  común no  procedía,  toda  vez  que  la  conducta  por  la que fue condenado el procesado  recurrente   tiene  una  pena  privativa  de  la  libertad  que  en  su  máximo  no      excede     los     8     años.   

4.5.  Tampoco era  procedente  dicho  recurso  extraordinario bajo los requisitos de procedibilidad  que  aceptaba  la  anterior  jurisprudencia  de  la  Sala,  pues la ley procesal  vigente  para el momento de la sentencia contemplaba para tal efecto los delitos  que   tuvieran   pena   privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo  excediera de ocho años.   

III. De la casación excepcional  

1. Para impugnar la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida por el Tribunal Superior de Bogotá  era  necesario  que el recurrente hubiese acudido a la casación excepcional que  consagra  el  inciso  tercero  del citado artículo 218 del Decreto 2700 de 1991  (actual  artículo 205 de la Ley 600 de 2000), punto que no fue advertido por el  defensor del procesado.   

2. En tal evento,  la  jurisprudencia  de  la  Sala  ha  sostenido  que  se  hace  necesario que el  demandante  exponga  así  sea  de  manera  sucinta  pero  clara  qué es lo que  pretende   con   la  impugnación  excepcional,  debiendo  señalar  el  derecho  fundamental  cuya garantía persigue o el tema jurídico sobre el cual considera  se  hace  indispensable  un  pronunciamiento  de  autoridad  por  parte  de esta  corporación.   

En  punto  de  la  casación  discrecional  compete  al  casacionista expresar con claridad y precisión los motivos por los  cuales  debe  intervenir  la  Corte,  ya  para  proveer  un  pronunciamiento con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  bien para  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar la doctrina, ora para abordar un  tópico  aún  no  desarrollado,  con  el  deber  de  indicar  de qué manera la  decisión  solicitada  tiene  la  utilidad  simultánea  de brindar solución al  asunto y a la par servir de guía a la actividad judicial.   

Y  si  lo  pretendido  por quien demanda es  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación de  demostrar  la  violación  e indicar las normas constitucionales que protegen el  derecho   invocado,   así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo  recurrido,  circunstancias,  que  como ya lo ha reiterado la Sala, deben evidenciarse con la  sola referencia descriptiva hecha en la sustentación.   

3.  Además,  las  razones  que aduce el demandante para persuadir a la Corte sobre la necesidad de  admitir  la  demanda,  deben  guardar correspondencia con los cargos que formule  contra  la  sentencia.  Lo  anterior  porque  no  podría entenderse cumplido el  requisito  de sustentación si se reclama el pronunciamiento de la Sala sobre la  protección  de  los  derechos  fundamentales  o  un específico tema, es apenas  elemental  que  la  censura  le permita a esta corporación examinar en concreto  uno  o  los  dos puntos que la habilitan. En otras palabras: debe haber perfecta  conformidad  entre  el  fundamento de la casación excepcional (desarrollo de la  jurisprudencia  y/o  protección  de  garantías  fundamentales), el cargo o los  cargos  que  se  formulen  contra el fallo y, por consiguiente, el desarrollo de  los mismos.   

4.  Es pertinente  recordar  que,  en  lo relacionado con el desarrollo jurisprudencial, la Sala ha  sostenido  que  es  deber  del casacionista indicar si lo pretendido es fijar el  alcance  interpretativo  de  alguna  disposición,  o  la  unificación de   posiciones  disímiles de la Corte, o el pronunciamiento sobre un punto concreto  que   jurisprudencialmente   no  ha  sido  suficientemente  desarrollado,  o  la  actualización  de  la  doctrina,  al tenor de las nuevas realidades fácticas y  jurídicas;  y,  además,  la incidencia favorable de la pretensión doctrinaria  frente  al  caso  y  la ayuda que prestaría a la actividad judicial, por trazar  derroteros   de   interpretación   con   criterios   de   autoridad10.   

5. Ninguno de estos  presupuestos  fue  cumplido por el recurrente, pues en su escrito promoviendo el  recurso,  primero,  y  en  la  demanda,  después, de una parte no hizo mención  alguna   a   la   casación  excepcional  y,  de  otro  lado,  tampoco  expresó  el  desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los derechos fundamentales que se intentaba con su demanda.   

Esto   significa   que   en   el  libelo  del apoderado no se indicó que acudía a la casación  excepcional   “buscando   la   unificación  jurisprudencial”,  mucho  menos  señaló  el tema o temas que requieren pronunciamiento de esta corporación con  criterio  de  autoridad,  ni  la trascendencia que el mismo podría tener en los  intereses que representa.   

6.  El  apoderado  guardó  absoluto  silencio  sobre la necesidad de protección de las garantías  fundamentales  y  el  derecho  constitucional al debido proceso, siendo menester  que  el  libelista señale de manera concreta la trascendencia de los yerros que  denuncia,  calificándolos  como de estructura o garantía o si ocurrieron en el  desarrollo de la actuación procesal o en la adopción del fallo.   

El  defensor del procesado se contentó con  exteriorizar  su desacuerdo desde distintos aspectos con las razones que tuvo el  Tribunal  para  inferir  certeza  sobre  la  autoría  y  responsabilidad  de su  defendido    en    relación   con   la   conducta   punible   de   falsedad  material  de particular en documento público,  pretendiendo  que  la  Sala  escoja  su  criterio  por encima del  plasmado  en  el  fallo  impugnado, controversia que resulta inadmisible en esta  sede,  dada  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad con la que están  amparados los fallos de instancia.   

7. En consecuencia:  como  el  recurrente  no cumplió la exigencia especial de sustentar los motivos  de  procedencia de la impugnación extraordinaria y la enunciación de la causal  o  causales  y la formulación del cargo, amén del principio de limitación que  impide  a  la Magistratura reemplazar al censor en estos aspectos y por tratarse  de  un  recurso  esencialmente  rogado  al que solo se tiene acceso en virtud de  petición  de  parte, se impone que la Corporación decrete la inadmisión de la  demanda   de   conformidad   con   lo   establecido   en  el  estatuto  procesal  penal.   

         Finalmente  es oportuno resaltar que la Sala no observa con ocasión  del  trámite  procesal  o  en  el  fallo  impugnado  violación  de  derechos o  garantías  del  procesado Rafael Antonio Peña Gómez, como para que se hiciera  necesario  el  ejercicio  de  la  facultad legal oficiosa que le asiste a fin de  asegurar  su  protección en los términos del artículo 228 del Decreto 2700 de  1991 (artículo 216 de la Ley 600 de 2000).   

A   mérito   de  lo expuesto, la  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

         1°.  INADMITIR  la demanda presentada por  el defensor del procesado Rafael Antonio Peña Gómez.   

2°.  Advertir que  contra la presente decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

  SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO                                             MARIA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS   

Impedida  

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                                 JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANÉS   

  YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                               JULIO   ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.     

1  En  sus  memoriales  el  recurrente  no hizo mención alguna al recurso de casación  excepcional (Ver folios 19 y 29 a 31 c.o. del Tribunal).   

2  Folios 22 y 29 a 31 c.o. del Tribunal.   

3 Por  ejemplo,  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, Auto   de   19   de   agosto  de  2004,  radicación 22238.   

4  Sentencia T-252/2001.   

5 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, Recurso  de hecho del 12 de julio de 1994.   

6 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, Recurso  de hecho del 18 de agosto de 1994.   

7 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal, sentencia de casación 29 de  abril de 1997.   

8 Corte  Suprema     de    Justicia,    Sala    de    Casación    Penal,    Auto   de   16   de  febrero  de  2005,  radicación       23006,       opinión      reiterada      en      Autos de 2 de marzo de 2005, radicación  21614 y 20 de octubre de 2005, radicación 23981, entre otros.   

9  La  Ley  553 de 2000 rigió desde su promulgación (Diario  Oficial  43.855,  de 13 de enero de 2000) hasta el 24  de  julio  de  2001,  fecha  en  la  que se inició la vigencia de la Ley 600 de  2000.   

10 Auto  de 26 de febrero de 2000, radicación 18447, entre otros.     

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