28051(30-01-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28051  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  Ponente   

JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado  acta  Nº   013   

Bogotá  D.C.,  treinta  (30)  de  enero  de  dos mil ocho  (2008).   

V   I   S   T   O   S   

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por  el  defensor de JESÚS  MISAEL  SIMAHAN  GÓMEZ contra la sentencia de segunda  instancia  proferida  por  el   Tribunal  Superior de Barranquilla, Sala de  Justicia  y Paz, del 7 de febrero de 2007, mediante la cual confirmó la dictada  por  el  Juzgado Penal Especializado del Circuito de Cartagena, fechada el 25 de  octubre  de  2004,  que  lo  condenó  a  las  penas  principales de 30 meses de  prisión  y  multa equivalente a 50 salarios mínimos legales mensuales vigentes  al  año 2001; y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso de la pena privativa de la libertad  como autor de la conducta punible de receptación.   

H E C H O S  

El   juzgador   de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“Ocurrieron  el  22  de septiembre de 2001,  aproximadamente  a  las  3:00  A.M.  en  el municipio de Galeras (Sucre), cuando  fueron  capturados  flagrantemente  los  señores Ricardo Antonio Cordero Serpa,  Manuel  de  Jesús  Torres  Otero  y  Rodolfo  Antonio  Montoya  Giraldo,  en la  estación  de  servicios  de  propiedad  del señor Jesús Simahan Gómez, en el  instante  en que se encontraban descargando combustible nafta virgen, al parecer  hurtado,  y  el  cual  fue transportado en un carrotanque de placas BPK-070. Que  tales   hechos   coinciden   con  que  el  día  anterior   funcionarios  y  representantes  de  ECOPETROL  aseguraron  que  en  el  polioducto  de  Ayacucho  –    Coveñas,   sitio  Montecelio,  concretamente  en  la  vereda  Nueva Colonia, municipio de Pinillos  (Bol.),  se  había  detectado disminución de la presión del oleoducto; que la  Estación  de Policía de Sincé (Sucre), a eso de la 1:30 a.m., del mismo 22 de  diciembre,  informó  a  la  Estación  de  Policía  de  Galeras (Sucre), que 2  carrotanques   procedentes   de  Magangué  venían  cargados  con  el  líquido  mencionado,  que  uno  de  ellos  ya  había  sido  inmovilizado  en la Bomba La  Argentina  de  Sincé,  y  el otro se dirigía al municipio de Galeras, a fin de  descargar  el  combustible  en  una estación de esa localidad, información que  conllevó  a realizar el operativo por el cual se dio la captura de los señores  Ricardo  Antonio  Cordero Serpa, Manuel de Jesús Torres Otero y Rodolfo Antonio  Montoya  Giraldo  y  Jesús  Simahan  Gómez,  en  calidad  de propietario de la  estación de gasolina en Galeras”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los  anteriores hechos, la Fiscalía  Especializada  de  Sincelejo,  el 18 de noviembre de 2002, dictó resolución de  acusación  en  contra de Ricardo Antonio Cordero Serpa, Manuel de Jesús Torres  Otero  y  Rodolfo  Antonio  Montoya  Giraldo por el delito de hurto calificado y  agravado  y,  además,  acusó  a Jesús Misael Simahan  Gómez  por  el  delito de receptación, decisión que  fue  confirmada,  el  4 de febrero de 2003,  por  la  Fiscalía  Primera Delegada ante el Tribunal Superior de  Sincelejo.   

2.  El  Juzgado  Penal  del  Circuito   Especializado  de  Cartagena,  el  25 de octubre de 2004, profirió sentencia de  primera  instancia en la que condenó a Ricardo Antonio Cordero Serpa, Manuel de  Jesús  Torres Otero y Rodolfo Antonio Montoya Giraldo a la pena principal de 48  meses  y  la accesoria de rigor, como coautores del delito de hurto calificado y  agravado.  Así  mismo,  condenó a Jesús Misael   Simahan  Gómez   a  las  penas principales de 30  meses  de  prisión y multa de 50 salarios mínimos mensuales legales vigentes y  a  las  accesorias  de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de la actividad comercial de  venta  o expendio de gasolina en estación de servicio, por el mismo término de  la    pena    privativa   de   la   libertad,   como   autor   del   delito   de  receptación.   

3.  Apelado  el  fallo  por  el  defensor  de  Simahan  Gómez, el Tribunal  Superior  de  Barranquilla,  Sala de Justicia y Paz, el 7 de febrero de 2007, lo  confirmó en su integridad.   

Contra esta decisión, la nueva defensora del  procesado interpuso recurso de casación.   

L  A      D  E  M  A  N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

La defensora del citado procesado, con base en  el  cuerpo  primero  la  causal primera de casación, acusa al Tribunal de haber  violado  el artículo 32, numeral 10 del Código Penal, por exclusión evidente.   

Dice  que  en  el presunto asunto se dejó de  aplicar  el  artículo 32 del Código Penal, pasando por alto que en el trámite  hay  pruebas que demostraban que el acusado “obró en  su  actuar  bajo  la convicción errada e indeclinablemente  invencible que  en  su  comportamiento  jamás se adecuó una norma penal. Reproche censurado en  la  audiencia  pública  y  en  la  sustentación  del  recurso  impetrado,  sin  establecer  jurídica  y  probatoriamente  las  razones  que  en  su  momento se  alegaron”.   

Asevera  que su defendido no sospechó que el  combustible  fuera   de  procedencia  ilícita,  máxime  cuando  él en la  indagatoria  comentó cómo se realizaba la adquisición del líquido de acuerdo  con la costumbre.   

Por  manera que, en su criterio, demuestra el  único  cargo  formulado contra la sentencia de segunda instancia, motivo por el  cual  solicita a la Corte casar la sentencia impugnada y, en su lugar absolver a  su defendido.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Teniendo  en  cuenta  que  el  procesado  Jesús  Misael Simahan Gómez  sólo  fue  condenado por la conducta punible de receptación y toda vez que los  demás  coprocesados  fueron  condenados  por  el  delito  de hurto calificado y  agravado,  se  hace  necesario, en primer término, reiterar lo que ha precisado  la  Sala  respecto  de  la  conexidad  procesal  y sus consecuencias frente a la  procedibilidad del recurso extraordinario de casación.   

Al respecto dijo:  

“Un  replanteamiento  del  fenómeno  de  la  conexidad procesal y de sus expresiones  legales  en  términos  del  artículo  90  de  la Ley 600 de 2.000 dentro de un  ámbito  mucho  más amplio de garantías de los derechos fundamentales, conduce  sin  embargo  a que la Sala reconsidere el criterio hasta ahora expuesto máxime  que  en presencia de aquél no de otra manera sería entendible y materializable  el  principio  de  igualdad  de  los  sujetos  procesales, salvedad hecha de las  excepciones  que la propia legislación señala de manera explícita.   

“En  efecto,  produciéndose   la   conexidad   -según   la   precitada  norma-  ‘cuando:  1.  La conducta punible haya  sido  cometida  en  coparticipación  criminal.  2.  Se  impute a una persona la  comisión  de  más  de una conducta punible con una acción u omisión o varias  acciones  u  omisiones,  realizadas con unidad de tiempo y lugar. 3. Se impute a  una  persona  la  comisión  de  varias  conductas  punibles, cuando unas se han  realizado  con  el  fin  de  facilitar  la ejecución o procurar la impunidad de  otras;  o  con  ocasión  o como consecuencia de otra. 4. Se impute a una o más  personas  la  comisión  de  una  o  varias conductas punibles en las que exista  homogeneidad  en  el  modo  de  actuar  de  los autores o partícipes, relación  razonable  de lugar y tiempo, y, la prueba aportada a una de las investigaciones  pueda    influir    en    la    otra’,  es incuestionable que se trata de un fenómeno que si bien tiene  por  supuesto la actividad de los sujetos activos de la acción penal y también  la  que se surta en la actuación (pues hace igualmente referencia a la prueba),  debe  siempre analizarse en función del proceso de que se trate y no del sujeto  o  sujetos  a  él  vinculados  toda  vez  que la conexidad como excepción a la  unidad  procesal  liga  para  efectos  de  su investigación y juzgamiento en un  mismo   ámbito   los   diversos   delitos   que   han   de   someterse   a   su  decurso.   

“Eso implica que  los   sujetos  y  más  específicamente  los  procesados,  vinculados  como  se  encuentran  en  un  mismo  asunto,  esto  es,  normalmente  concurriendo  en una  conexidad  subjetiva,  deben  someterse -en aras del principio de igualdad   derivado    no    de    su    delincuencia   sino   del   proceso   en   sí- a idénticas  cargas  y   deberes       procesales,       de       modo      que   entratándose      del    recurso     extraordinario     de   casación   no  se  entendería  que  a  aquellos   a  quienes se imputa un ilícito de menor punibilidad les sea exigible una mayor  carga  y  una  menor  a  quienes  se  acusa  o  condena  por  delitos  de  mayor  sanción.   

“Así,  en este  caso  de  sostenerse el criterio hasta ahora expuesto por la Sala y para efectos  de  la  demanda de casación se estaría exigiendo al condenado por el delito de  peculado  culposo  la reunión de más requisitos de los que se exigirían a los  demás  sindicados que sentenciados por delitos dolosos conllevaron una sanción  superior   a   la  impuesta  al  primero,  lo  que  implica  indudablemente  una  afectación  al principio de igualdad en tanto investigados y juzgados todos los  acusados  en  un  mismo  asunto  se  le estarían imponiendo cargas diferentes y  mayores  a  quien ejecutó un delito de punibilidad cuyo máximo es inferior a 8  años   y   menores   a   quien   cometió   uno   cuya  sanción  excede  dicho  límite.   

“Por  tanto,  observada  la  conexidad  en  función  del  proceso  y no del sujeto activo del  delito,  la  casación  ordinaria  resulta  procedente  en  tanto  su  objeto lo  constituya  un  ilícito  que  se  sancione  con pena máxima que exceda de ocho  años  de  prisión,  independientemente  de que siendo juzgados varios punibles  éstos  se  imputen  o  no a uno, a varios o a todos los enjuiciados.   

“En este asunto  los  delitos  objeto  de  investigación  fueron el de peculado por apropiación  doloso  imputado  a  un  procesado en condición de autor y a otro en calidad de  cómplice,  así  como  el de peculado culposo atribuido a un tercer acusado, lo  que  -frente  al  criterio  de la Sala que ahora se recoge- llevaría a sostener  que  por  aquéllos  en  una  inadmisible  discriminación  sería procedente la  casación  ordinaria  y  por  éste  sólo la discrecional con las cargas que su  interposición implica.   

“Frente al nuevo  planteamiento,  por  el  contrario  y  dada  la observación del fenómeno de la  conexidad  desde  el  punto  de  vista  del  proceso  y  no  excluyentemente del  encausado,  a  todos los vinculados se les demandan las mismas cargas procesales  de  modo  que,  sin  importar  si  a  éste o a aquél procesado le fue imputado  exclusivamente  el  punible  sancionado  con  pena  cuyo  máximo no excede de 8  años,  procedería  la  casación  ordinaria a condición obviamente que algún  delito  sancionado  con  prisión cuyo máximo exceda de 8 años haya sido parte  del objeto del proceso.   

“En este evento  -por  ende-  así Mendoza Gaona haya sido condenado exclusivamente por un delito  cuyo  máximo de pena es inferior a 8 años, le es posible ejercer -como lo hizo  su  defensor-  el recurso de casación ordinaria toda vez que, dada la conexidad  -aquí  además  de  subjetiva, procesal- de ésta hizo parte un punible que sí  se    sanciona   con   pena   máxima   que   supera   ese   límite”.1   

Así,  entonces,  teniendo  en  cuenta  los  anteriores  lineamientos  frente  al fenómeno de la conexidad procesal, resulta  procedente  la  casación  común  en  este asunto, no obstante que el delito de  receptación   por   el   cual   fue   condenado   el   procesado   Jesús    Misael   Simahan   Gómez   contempla  pena máxima que no supera los 8 años de prisión, siendo, entonces,  que procede la impugnación presentada por su defensora.   

2.  Ahora  bien, en cuanto hace a la demanda  presentada  a  nombre  de  Simahan  Gómez,  advierte  la  Sala  que  la  misma  no  reúne  los requisitos de  claridad  y  precisión  que para ser admitida establecen las normas que regulan  la casación.   

Ante     todo     debe   reiterarse    que   la   demanda   de   casación   no    es    de    libre  formulación,   por   lo   que    no    es    procedente    toda   clase   de  cuestionamientos   a   una   sentencia   que  por   ser   la  culminación  de  un proceso está amparada por la  doble  presunción  de  acierto y legalidad, sino que debe ser un escrito claro,  lógico   y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de  los  motivos  expresa  y  taxativamente  señalados  en  la ley, se denuncian errores bien sea de juicio o  de  procedimiento  en  que  haya  podido incurrir el sentenciador, procediendo a  demostrarlos dialécticamente y evidenciando su trascendencia.   

Tales  presupuestos  no los reúne el libelo  que  ocupa  la  atención  de la Sala, pues si bien la impugnante anuncia que lo  sustenta  en  la causal primera de casación, de todos modos en su desarrollo no  se  respetan  los  parámetros  y  las reglas lógicas que la ley ha establecido  para tal hipótesis.   

En  efecto, en cuanto a la violación directa  de  la  ley  sustancial, olvidó la censora que la jurisprudencia de la Corte ha  señalado  insistentemente  que cuando se trata de esta hipótesis casacional el  libelista  no  puede  discutir  la  valoración  de  la  prueba realizada por el  sentenciador  ni  cuestionar  la  declaración  de  los  hechos consignada en el  fallo,  pues toda su actividad debe estar dirigida exclusivamente a demostrar la  equivocación  en  que  incurrió  el  Tribunal  al  aplicar  o  al inaplicar la  normatividad al caso concreto.   

Se   trata,   entonces,   de   un   estudio  estrictamente      jurídico,     toda     vez     que      “cualquiera  que sea la modalidad de violación directa de la ley, el  yerro  de  los  juzgadores  recae  indefectiblemente en forma inmediata sobre la  normatividad,  todo  lo  cual implica un cuestionamiento en un punto de derecho,  sea  porque  se  deja  de  lado  el precepto regulador de la situación concreta  demostrada,  porque  el hecho se adecua a un precepto estructurado con supuestos  distintos  a los establecidos, o porque se desborda la intelección propia de la  disposición  aplicable  al  caso concreto…”, pasos  que  la  libelista  no  cumplió y, menos, respetó.2   

Además,  no  explicó, en estricto análisis  jurídico,  por  qué  considera  un  error  del  Tribunal la no aplicación del  numeral  10°  del  artículo  32  del Código Penal y, omitiendo ese estudio en  derecho,  desvía la censura hacia los senderos propios de los yerros originados  en la valoración probatoria.   

Por ello, entendido que la censura la postuló  bajo  los  lineamientos  de la violación indirecta de la ley sustancial, lo que  se  deduce cuando afirma que las “pruebas obrantes en  el  diligenciamiento  demuestran” que su representado  cobró  bajo la convicción errada e invencible que en  su    comportamiento    jamás    se   adecuó   una   norma   penal”,  de  todos  modos no señaló la clase de error, esto es, si de  hecho  o  de  derecho,  ni  el  falso  juicio  que  lo  determinó, es decir, de  existencia,  de  identidad o de raciocinio, en cuanto al primero, o de legalidad  o de convicción, en lo atinente  al segundo.   

Contrario   sensu,   se   advierte  que  su  inconformidad  radica en el grado de estimación que los juzgadores le otorgaron  a  los  elementos  de juicio y de los cuales dedujo que en el comportamiento del  procesado  Simahan  Gómez no  concurría  la  citada causa eximente de responsabilidad. Y no se puede llegar a  otra  conclusión cuando en la demanda la casacionista afirma que del proceso se  desprende    que    “las   comercializaciones   del  combustible  se  hacían por costumbre en los términos reseñados por él en su  indagatoria,   es  decir  verbalmente,  y  se  materializaba  cuando  hacía  el  descargue,  posición  esta de consideración que vulnera la aplicabilidad de la  causal  de  ausencia  de responsabilidad”, procurando  de  esa  manera  imponer  su  personal  criterio  frente  a  las deducciones del  juzgador  sin  acatamiento  a  los  parámetros  casacionales  dispuestos por la  ley.   

En  esas  condiciones, desconoce la libelista  que  la  simple  discrepancia  de  criterios  no  constituye yerro demandable en  casación,  puesto  que teniendo en cuenta el sistema de apreciación probatoria  que  nos  rige,  el juzgador goza de libertad para justipreciar los elementos de  juicio,   sólo   limitado   por  los  postulados  de  la  sana  crítica,  cuya  transgresión  se  debe  postular  a  través  del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio.   

A    más    de    lo   anterior,   olvidó   igualmente   que  el  fallo   llega    a   esta    sede    precedido    de   la   doble   presunción   de   acierto  y  legalidad,   es    decir,     que    los    hechos    y    las   pruebas    fueron   correctamente   apreciadas   y  el   derecho    acertadamente    aplicado,    motivo    por   el    cual    constituye   una  carga   para   el   demandante   entrar   a   evidenciar   el   error   in    iudicando   o   in   procedendo   invocado,   según     el     caso,     y     demostrar    su   trascendencia  frente  a  las  conclusiones  adoptadas   en  la  sentencia.   

Por consiguiente, al no reunir la demanda los  presupuestos de claridad y precisión, la Corte la inadmitirá.   

Por  último, se advierte que del estudio del  proceso  no  se  vislumbra violación de derechos fundamentales o garantías del  sujeto    procesal   que   recurre,   que  determine  el  ejercicio  de  la facultad oficiosa de índole  legal   que   al  respecto  le  asiste  a  la  Sala  en  punto  de  asegurar  su  salvaguarda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  la    defensora    de   JESÚS   MISAEL  SIMAHAN GÓMEZ,   por  lo  anotado en la motivación de este proveído.  En    consecuencia,   se  DECLARA   DESIERTO   el  recurso.     

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Comuníquese  y  cúmplase.   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                     

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                 MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                            JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                                   JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación 22693 del 18 de noviembre de 2004.   

2 Rad.  14899,  sentencia  del  6  de  mayo  de 2003; Rad. 18580, auto del 12 de mayo de  2004; Rad. 21821, sentencia del 2 de marzo de 2005, entre otros.     

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