27910(24-03-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 27910  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

          Aprobado Acta N° 089.   

Bogotá D.C., marzo veinticuatro (24) de dos  mil diez (2010).   

VISTOS  

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de los procesados  MILTON   y  LUIS     GUSTAVO    ESPINEL    CARDOZO  y   PAULA   ANDREA   BUSTAMANTE  RENGIFO  contra  el  fallo  de  segundo  grado  proferido  por el Tribunal  Superior  de  Ibagué  el  7  de  julio  de  2009, por medio del cual revocó la  sentencia  dictada por el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de la  misma ciudad.   

Dicho  despacho judicial había absuelto al  primero  de los mencionados de los delitos de concierto para delinquir con fines  de  narcotráfico  y  tráfico,  fabricación  y  porte  de  estupefacientes, al  segundo  del  delito de tráfico, fabricación y porte de estupefacientes y a la  tercera  del  delito  de  concierto  para  delinquir con fines de narcotráfico.   

         El  Tribunal  dictó la reseñada determinación en cumplimiento de  lo  decidido por esta Sala en la sentencia de 9 de marzo de 2009, por cuyo medio  casó  parcialmente  su  decisión  anterior  de  22  de febrero de 2007, por no  haberse  pronunciado  frente  a  la  apelación  interpuesta por la fiscalía en  relación con esas mismas imputaciones.   

HECHOS  

Se  declararon  por  el  Tribunal,  en  la  decisión impugnada, de la siguiente forma:   

“Habiendo  obtenido  información  de  la  existencia  de  una  organización  dedicada  al  tráfico  de estupefacientes, funcionarios del Cuerpo Técnico de Investigación  (CTI)  adscrito  a la ciudad de Ibagué, solicitaron ante las Fiscalías 24 y 21  Seccionales  la  interceptación  de  varios  abonados  telefónicos de la misma  ciudad.   

Continuando  el  aludido  monitoreo,  fue  detectado  un  grupo  de  personas  dedicadas  a  dicha  labor  ilícita a nivel  nacional   e  internacional,  siendo  el  jefe  Rodrigo  Espinel  Cardozo  alias  ‘titina’  y  los  demás  integrantes,  entre  otros,      LUIS      GUSTAVO     ESPINEL     CARDOZO     alias     ‘papiza’  y  Jorge  Humberto Aya Varón alias  ‘chicle,  avechucho  o  pato’, conociendo además  de  aquellas  actividades  MILTON  ESPINEL  CARDOZO  y  PAULA  ANDREA BUSTAMANTE  RENGIFO.   

De   las   mencionadas   conversaciones  telefónicas  se  infirió  que  tal  sustancia  provenía  del departamento del  Tolima  y era trasladada a la ciudad de Cúcuta (Norte de Santander), para luego  ser sacada del país hacia Venezuela, Brasil y Estados Unidos.   

Posteriormente,  el  18  de agosto de 2002,  aproximadamente  a  las 2:30 p.m., en la terminal de transportes de esta ciudad,  fue  capturado  en  flagrancia  Jorge Humberto Aya Varón, cuando se disponía a  abordar   un   bus   de  la  empresa  ‘Copetrán’,  con  destino  a  la ciudad de Cúcuta, llevando en una maleta 999.3 gramos de la  sustancia estupefaciente conocida como heroína.   

El mismo día fueron ordenados allanamientos  en  Ibagué  y  Cúcuta,  que  permitieron la captura de Rodrigo, LUIS GUSTAVO y  MILTON   ESPINEL   CARDOZO   y   PAULA   ANDREA  BUSTAMANTE  RENGIFO”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Por  razón  de  los hechos precedentes, se  dispuso  la  apertura  formal  de  instrucción,  dentro de la cual se vinculó,  mediante  diligencia  de  indagatoria, a Rodrigo, LUIS  GUSTAVO  y  MILTON ESPINEL  CARDOZO, Jorge Humberto Aya  Varón   y  PAULA  ANDREA  BUSTAMANTE    RENGIFO,  a quienes se le resolvió su situación jurídica con  medida   de   aseguramiento   de   detención   preventiva,   sin  beneficio  de  excarcelación.   

Cerrada  la  fase  sumarial, su mérito fue  calificado  el  12  de  agosto  de  2003 con resolución de acusación en contra  de        los  procesados      LUIS     GUSTAVO     y  MILTON  ESPINEL  CARDOZO  por  los  delitos  de  concierto  para  delinquir  con  fines  de  narcotráfico  y  tráfico  de  estupefacientes  y  en  contra  de  Jorge  Humberto Aya Varón y PAULA    ANDREA    BUSTAMANTE   RENGIFO  exclusivamente  por  la  primera conducta punible.  Y, mediante providencia  del  15  de  agosto  siguiente,  en  contra de Rodrigo  Espinel  Cardozo,  por esa misma ilicitud, pero en su  modalidad   agravada,   prevista   para   quienes   dirijan   o   encabecen   el  concierto.      

Al  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Ibagué  le  correspondió  adelantar  la  fase  del  juicio,  despacho  donde,  una  vez  surtido el trámite legal correspondiente, se dictó  fallo  de primer grado el 23 de noviembre de 2004, a través del cual condenó a  Rodrigo  Espinel  Cardozo a  las  penas  principales  de diez (10) años y tres (3) meses de prisión y multa  por  valor de 3.400 salarios mínimos legales mensuales vigentes, al encontrarlo  coautor  responsable  del  delito  de  concierto  para  delinquir  con  fines de  narcotráfico  agravado  y  a  LUIS  GUSTAVO  ESPINEL  CARDOZO  y  Jorge Humberto  Aya  Varón  a  las  de siete (7) años de prisión y  multa  por  valor  de  2.350  salarios mínimos legales mensuales vigentes, como  coautores  de  la  misma  conducta  punible  sin la circunstancia de agravación  punitiva.    

En  la  misma  decisión  absolvió  de los  cargos   a   MILTON   ESPINEL  CARDOZO  y    a    PAULA    ANDREA   BUSTAMANTE  RENGIFO  y  del  cargo  por  el  delito  de tráfico,  fabricación   y  porte  de  estupefacientes  a  LUIS  GUSTAVO ESPINEL CARDOZO.   

Contra   la   anterior   determinación  interpusieron   recurso   de   apelación   los   defensores   de   Rodrigo  y LUIS  GUSTAVO    ESPINEL   CARDOZO   y   de   Jorge  Humberto  Aya Varón, así como el  representante  de la Fiscalía, respecto de los cuales se pronunció el Tribunal  Superior  de  la  misma ciudad el 22 de febrero de 2007 confirmando “en  todas  sus  partes  la  sentencia  impugnada”.   

Inconforme con el fallo de segundo grado, la  Fiscalía,  en  forma  exclusiva, interpuso recurso extraordinario de casación,  mediante demanda que fue admitida el 13 de julio de 2007.   

Allegado   el   concepto  del  Ministerio  Público,   la   Sala,  mediante  sentencia  del  9  de  marzo  de  2009,  casó  parcialmente  la  sentencia  impugnada de conformidad con la propuesta contenida  en  el  cargo  primero  de  la  demanda  presentada  por  la representante de la  Fiscalía  General  de  la Nación, razón por la cual decretó la nulidad de lo  actuado  a  partir,  inclusive,  de  la  sentencia  impugnada  proferida  por el  Tribunal  Superior  de  Ibagué  el  22  de  febrero  de  2007,  respecto de las  imputaciones  en  contra  de  los  sindicados  MILTON  ESPINEL  CARDOZO  por  los  delitos de concierto para  delinquir  con  fines  de  narcotráfico  y  tráfico,  fabricación  y porte de  estupefacientes,     PAULA    ANDREA    BUSTAMANTE  RENGIFO  por  concierto  para  delinquir con fines de  narcotráfico     y     LUIS    GUSTAVO    ESPINEL  CARDOZO  únicamente  por  tráfico,  fabricación  y  porte de estupefacientes.   

Acatando   la   decisión   anterior,  se  pronunció  nuevamente  el  Tribunal Superior de Ibagué el 7 de julio de 2009 y  revocó  el  fallo  absolutorio de primer grado dictado en favor de MILTON  y LUIS  GUSTAVO  ESPINEL  CARDOZO y  PAULA  ANDREA  BUSTAMANTE  RENGIFO  por  los  delitos  respecto  de  los cuales procedió el decreto de nulidad.  En su lugar, los  condenó de la siguiente forma:   

– A MILTON ESPINEL  CARDOZO  a  las  penas  principales  de ciento veinte  (120)  meses  de  prisión  y multa por valor de 3.350 salarios mínimos legales  mensuales  “como coautor  responsable   de   los   delitos  de  concierto  para  delinquir  con  fines  de  narcotráfico    en   concurso   con   tráfico,   fabricación   y   porte   de  estupefacientes”.   

–  A PAULA ANDREA  BUSTAMANTE  RENGIFO  a las penas principales de siete  (7)  años  de  prisión  y  multa  por valor de 2.350 salarios mínimos legales  mensuales  “como coautora  responsable   del   delito   de   concierto   para   delinquir   con   fines  de  narcotráfico”  y,   

–  A LUIS GUSTAVO  ESPINEL  CARDOZO  a  las  penas principales de ciento  veinte  (120)  meses  de  prisión  y multa por valor de 3.350 salarios mínimos  legales  mensuales  “como  coautor  responsable  de  los  delitos  de concierto para delinquir con fines de  narcotráfico    en   concurso   con   tráfico,   fabricación   y   porte   de  estupefacientes”.   

Así mismo se impuso, para los anteriormente  mencionados,  la pena accesoria de inhabilitación en el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  igual lapso al de la pena de prisión, reiterando que  no  tenían  derecho a la suspensión condicional de la ejecución de la pena ni  a la prisión domiciliaria.   

Posteriormente, con auto del 14 de enero del  año   en   curso,   a   solicitud   del   defensor   conjunto  de  MILTON  y LUIS  GUSTAVO  ESPINEL  CARDOZO y  PAULA  ANDREA BUSTAMANTE RENGIFO, el Tribunal declaró  la  cesación  de  procedimiento  por prescripción de la acción penal derivada  del  delito  de  concierto  para  delinquir  con fines de narcotráfico en favor  de  MILTON  ESPINEL CARDOZO  y   PAULA   ANDREA   BUSTAMANTE  RENGIFO.   En  la misma decisión, no obstante analizar la situación  del     procesado     LUIS     GUSTAVO     ESPINEL  CARDOZO, se abstuvo de decretar la prescripción a su  favor.         

Consecuente  con  lo decidido, modificó la  pena  impuesta  a  MILTON ESPINEL CARDOZO  para  reducirla  a  noventa y seis (96) meses de prisión y multa  por   valor   de   1.000  salarios  mínimos  legales  mensuales  y  cesó  todo  procedimiento  en beneficio de PAULA ANDREA BUSTAMANTE  RENGIFO.   

Contra  el fallo de segundo grado interpuso  recurso  extraordinario  de  casación  el  defensor  conjunto de los procesados  MILTON   y  LUIS     GUSTAVO    ESPINEL    CARDOZO  y   PAULA   ANDREA   BUSTAMANTE  RENGIFO,  quien  lo sustentó mediante demanda sobre cuya admisibilidad se  ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

         Propone  dos cargos contra el fallo de segundo grado. El primero de  ellos  al  amparo de la causal tercera de casación prevista en el artículo 207  de  la  Ley  600  de  2000,  por  nulidad  originada en la violación del debido  proceso  respecto  de  la  imputación por el delito de tráfico, fabricación y  porte   de   estupefacientes   en   contra   de   sus   prohijados  MILTON  y LUIS  GUSTAVO  ESPINEL  CARDOZO y, el segundo, por el motivo  primero  de  la  misma  preceptiva en la modalidad de violación indirecta de la  ley  sustancial, derivada de error en la apreciación probatoria en cuanto a las  imputaciones  por  las  conductas  de  concierto  para  delinquir  con  fines de  narcotráfico   y   tráfico   de   estupefacientes   respecto  de  los  citados  MILTON   y  LUIS    GUSTAVO    ESPINEL    CARDOZO.   

         Con  el objeto de evitar repeticiones innecesarias, en el siguiente  acápite  considerativo  se  comenzará  por  resumir  el fundamento del cargo y  luego se expondrá el sentir de la Sala.    

         En  dicha  labor  se  omitirá el resumen de los planteamientos del  censor  y  el  criterio  de la Sala en lo relacionado con el delito de concierto  para  delinquir con fines de narcotráfico, habida cuenta que el Tribunal, en el  referido  auto  del  pasado 14 de enero, declaró la prescripción de la acción  penal  derivada  de  esta  conducta  a favor de MILTON  ESPINEL  CARDOZO  y  PAULA  ANDREA BUSTAMANTE RENGIFO.   

         En  un  acápite  final  se  precisará  en torno a la presencia de  algunas  irregularidades  que  se  evidencian  en  el trámite de la actuación.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         1.  Primer cargo (principal). Causal tercera, nulidad por violación  al debido proceso:   

1.1.         Planteamiento:   

         Aduce  el  casacionista  que  el  fallo impugnado es violatorio del  debido     proceso,     concretamente     en    relación    con    “la condena por fabricación, tráfico  y  porte de estupefacientes contra MILTON ESPINEL CARDOZO y LUIS GUSTAVO ESPINEL  CARDOZO”.   

         En  sustento  de  su  pretensión,  el  casacionista señala que el  Tribunal  no motivó su determinación “en  la  medida  en  que  no  se  refirió  a  las pruebas que en su  conjunto  fueron  arrimadas  por  los  sujetos  procesales  a través del debate  probatorio”.  Ello,  añade,  pues  “sólo se  dedicó  a analizar el concierto para delinquir con fines de narcotráfico y por  deducción    a    condenar    por    tráfico,    fabricación   o   porte   de  estupefacientes”.   

          Más  adelante  indica  que  el  Tribunal,  incurriendo en el mismo  error  que  condujo a la Corte a decretar la nulidad parcial del fallo anterior,  sólo  tuvo  en consideración algunas pruebas y dejó de lado otras a su juicio  incidentes en la determinación de su responsabilidad.   

         Así,     por    ejemplo,    en    relación    con    GUSTAVO  ESPINEL CARDOZO no se pronunció  respecto  de  los  testimonios  de  Juan Carlos   Góngora  Camacho y Fernando  Cervera     González,  ni  en relación con la ausencia de llamadas entre el  primero  y  Jorge Aya, salvo  la  del  18  de  agosto  de  2002,  como  tampoco  de la llamada 3 del casete 12  sostenida     con    Rodrigo    Espinel.   

         En    cuanto    a    MILTON    ESPINEL  CARDOZO   hizo   lo  propio  con  el  testimonio  de  Fernando     Cervera     González    e  infirió  falsamente,  a partir del supuesto de haber recogido a  tres  personas  en la terminal, quienes habrían preparado el alucinógeno en la  residencia     de     Ángela    Oyuela,  que  se  trata  de  la  misma sustancia incautada a Jorge  Aya el 18 de agosto de 2002.   Así  mismo,  se  equivocó en varias inferencias y no se pronunció sobre otras  pruebas obrantes en el proceso.   

         Por  lo  tanto,  continúa,  se  incurrió  en  el yerro denunciado  frente  a  este  sindicado, pues para arribar a la conclusión de condenarlo era  necesario         demostrar        su        responsabilidad        “con el total de las pruebas recogidas  y  no  con  el vislumbrante desprecio al reporte probatorio que excluye su   responsabilidad”.   

         De  esa  manera,  considera  se  afectaron  las  garantías  de sus  prohijados,  pues se profirió una sentencia carente de motivación respecto del  delito  de  fabricación,  tráfico  o  porte  de  estupefacientes,  por lo cual  depreca su nulidad.   

          1.2. Consideraciones de la Sala:   

          No  se  discute  que  las  decisiones  tomadas por los funcionarios  judiciales  deben  estar  precedidas  de  las razones jurídicas que les brindan  sustento,  como así lo exigen, en el marco jurídico interno, los artículos 55  de  la Ley 270 de 1996, Estatutaria de la Administración de Justicia, en cuanto  impone  al  juez  el deber de hacer referencia a los hechos y asuntos propuestos  por  los  sujetos  procesales,  y  en  los  arts. 3° de la Ley 600 de 2000, con  carácter  de  principio  rector,  de  acuerdo  con el cual el funcionario está  obligado  a  motivar  las  medidas  que  afecten  derechos  fundamentales de los  sujetos  procesales,  así  como  en  los artículos 170 y 171 de la misma obra,  referidos  a  los requisitos de las sentencias y de las providencias judiciales,  respectivamente.     

Lo  anterior,  además,  en consonancia con  normativas  internacionales  ratificadas  por  Colombia  que  también  así  lo  demandan,  a  saber:  el  literal  a) del numeral 3º del artículo 14 del Pacto  Internacional  de Derechos Civiles y Políticos de Nueva York (Ley 74 de 1968) y  el  literal  b) del numeral 2º del artículo 8º de la Convención Americana de  San José de Costa Rica (Ley 16 de 1972).   

No empece el amplio espectro normativo en la  materia,  se  advierte  que  la  propuesta  contenida  en  esta censura dista de  evidenciar el defecto anunciado.   

         Ello,  de  una  parte,  porque  objetivamente  se  constata  que la  cuestionada  providencia contiene la motivación en relación con el específico  aspecto  echado de menos por el libelista y, de otra, dado que de lo expuesto en  la  censura  emerge  evidente  la  intención de que la motivación se ajuste al  criterio  personal  del libelista y no, como debía ser, a demostrar un yerro de  motivación   por  alguna  de  las  alternativas  referidas  por  la  Sala  como  constitutiva  de  un  vicio  sobre el particular (falta absoluta de motivación,  motivación   incompleta  o  deficiente,  motivación  ambivalente  o  dilógica  y  motivación falsa).   

         En  efecto,  obsérvese  que  el  censor  fundamenta  las supuestas  falencias  de motivación en que se dejaron de analizar algunas probanzas que en  su   sentir  demostraban  la  inocencia  de  sus  prohijados  en  el  delito  de  fabricación,  tráfico o porte de estupefacientes por el cual se los condenó y  porque, respecto de otras, se erró en su valoración.   

         Es  claro  que  esas  propuestas  no guardan relación con el yerro  anunciado  y  que más bien se asimilan, por lo menos conceptualmente, a errores  en  la  apreciación probatoria, cuyo ataque en sede de casación no procede por  la  causal  invocada  sino  por  la  primera  por violación indirecta de la ley  sustancial  a  consecuencia,  en  el primer caso, de un error de hecho por falso  juicio  de  existencia  y, en el segundo, de uno de la misma naturaleza pero por  falso raciocinio.   

         Sin  embargo, el actor tampoco se ciñe a los presupuestos exigidos  para  la  correcta  formulación  de  estos  errores,  sobre  lo  cual  en forma  reiterada   se  ha  pronunciado  la  Sala,  por  cuanto  el  debate  que  ofrece  simplemente  se reduce a la discrepancia de la valoración contenida en el fallo  con su particular modo de razonar.   

           

Esa  actitud  no  se  allana a la causal de  nulidad  que  se  alega,  ni  mucho  menos  a la técnica y naturaleza del medio  extraordinario  de  impugnación,  en  donde no hay cabida para debatir posturas  personales  alrededor de la credibilidad que ofrecen los medios de convicción y  el  discurso  debe  estar  necesariamente orientado a demostrar la existencia de  errores que determinen la ilegalidad del fallo.   

A ello se aúna, como ya se señaló, que la  fundamentación   del   cargo   ni   siquiera  compagina  con  la  realidad  que  objetivamente  ofrece  la  sentencia,  con  desconocimiento  de  la exigencia de  corrección  material,  según la cual “entre  las  piezas  procesales  sobre  las  que  se fundamenten los  cargos  y  la presentación que se haga de ellas en la demanda, debe existir una  relación     de     correspondencia    objetiva,    respetando    siempre    su  realidad”1   

.  

Tal  afirmación  porque es evidente que el  fallo  no  carece  de motivación, como lo asegura el actor, en relación con la  responsabilidad  de  MILTON  ESPINEL  CARDOZO  y LUIS  GUSTAVO  ESPINEL CADOZO por el delito de fabricación,  tráfico  y porte de estupefacientes, cuando se efectúa un exhaustivo análisis  al  respecto,  tanto  probatorio  como  jurídico (a partir de la página 31 del  fallo),  de  donde surge fuera de todo contexto su aseveración en el sentido de  que  simplemente  aparece  como  consecuencial  al  del delito de concierto para  delinquir con fines de narcotráfico.   

Al  contrario,  el  juzgador  construyó de  forma  metódica  y  minuciosa cada uno de los elementos probatorios que obraban  en  contra  de  los  procesados  por esa delincuencia, por lo cual es incorrecto  aducir  defectos  de  motivación  en  ese  punto,  constituyendo situación muy  distinta,  como  así  claramente  se  colige,  que  no  comparta  tal criterio,  emprendiendo  una  discusión  sobre  su  valoración  desde su estricta óptica  particular, impertinente en esta sede extraordinaria.   

Las  serias  incorrecciones  de  la censura  puestas  de  manifiesto permiten inferir que no cumple con el requisito previsto  en  el numeral tercero del artículo 212 de la Ley 600 de 2000, en el sentido de  que     la     demanda    de    casación    deberá    contener    “la  enunciación  de  la  causal y la  formulación   del   cargo,   indicando   en   forma   clara   y   precisa   sus  fundamentos”, por cuanto  no  desarrolla la propuesta de acuerdo con los derroteros de la causal invocada,  ni  tampoco  evidencia  algún  yerro  que  determine  la  ilegalidad del fallo.   

         

         Por  consiguiente,  la  censura  se  inadmitirá.      

         

          2.   Segundo   cargo   (subsidiario).   Causal  primera,  violación  indirecta de la ley sustancial:   

2.2.         Planteamiento:   

         Según  el actor, se incurre en este motivo por los diversos yerros  en  que  incurrió  el  Tribunal  en  la apreciación de las pruebas, los cuales  condujeron  a  la aplicación indebida de la norma que sanciona el tipo penal de  fabricación,  tráfico  y  porte de estupefacientes en contra de sus defendidos  MILTON   ESPINEL  CARDOZO  y  LUIS  GUSTAVO  ESPINEL  CADOZO.   

         Expone,     in    extenso,   que  se  configuró  un  error de hecho por falso juicio de existencia porque el juzgador  no  se pronunció sobre los testimonios de Juan Carlos  Góngora  Camacho, Fernando  Cervera  González, Fredy Murillo Orrego y  Jorge  Eliécer  Arciniegas y por falso  raciocinio   en   la   apreciación  de  algunas  conversaciones  obtenidas  por  interceptación  telefónica,  respecto  de  las cuales el fallador “parte  de  una  generalización  que  transgrede  la regla de la experiencia, que indica, contrariamente a como razona  la  sentencia  del juzgado de primera instancia, quien sí aplicó correctamente  los  criterios  de la sana crítica y que sí indicó las apreciaciones sesgadas  de   los  investigadores  y  fiscalía”.   

         A  consecuencia  de  los reseñados yerros de apreciación, añade,  el  sentenciador  aceptó  que  MILTON ESPINEL CARDOZO  asistió  a  la  reunión  en la casa de Ángela   Oyuela   cuando  de  ellos  se  infiere    lo    contrario,    incurriendo   así   en   indebida   “compaginación”   de   los   medios   de   prueba.   

         Además,   el  Tribunal  “nunca   consideró   el   dominio  funcional  o  acto  parcial  con  referencia  al  hecho  conjunto,  de  tal  manera, que sin el concurso de MILTON  ESPINEL  CARDOZO  o  de  LUIS  GUSTAVO  ESPINEL CARDOZO el plan de transporte de  alcaloides   del   18   de   agosto   de   2002   hubiera  fracasado”.   

         Corolario  de  lo  expuesto, depreca casar el fallo impugnado y, en  su  lugar,  proferir  uno  de  reemplazo,  por  medio del cual se absuelva a los  mencionados    del    delito    de    fabricación,    tráfico   y   porte   de  estupefacientes.   

          2.2. Consideraciones de la Sala:   

Esta  censura,  al igual que la precedente,  también  se  inadmitirá,  debido a que en realidad no desarrolla ningún error  de  apreciación  probatoria  con  la aptitud de derruir el fallo, puesto que se  dedica,  de  manera extensa y bajo el rótulo de haberse incurrido en errores de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia y raciocinio, a confrontar su criterio  personal  en punto de la valoración de diversas probanzas con el plasmado en el  fallo  impugnado,  desconociendo  que  esa  actitud  riñe con la naturaleza del  recurso, en tanto no constituye una tercera instancia.   

Tampoco  compagina,  se  insiste,  con  la  noción  de  error,  pues  el  asunto  se circunscribe a enfrentar dos puntos de  vista  sobre un mismo tópico, insuficiente, por lo demás, para resquebrajar la  doble  presunción  de acierto y legalidad que gobierna al fallo cuando arriba a  esta sede.   

Ante  la distorsión por parte de libelista  de   la   verdadera  naturaleza  de  los  errores  de  apreciación  probatoria,  sustrayéndose,  por tanto, a la carga argumentativa que corresponde emprender a  quien   pretenda   demostrarlos   para   tenerlos  por  adecuada  y  formalmente  presentados,  oportuno  se ofrecer recabar en lo que ha señalado pacíficamente  la jurisprudencia sobre el particular.   

Así,  el  falso juicio de existencia tiene  ocurrencia  cuando un medio de prueba es excluido de la valoración que efectúa  el  juzgador  no obstante haber sido allegado al proceso en forma legal, regular  y  oportuna  (ignorancia  u omisión) o porque el juzgador lo crea a pesar de no  existir  materialmente  en el proceso (suposición o ideación), otorgándole un  efecto trascendente en la sentencia.   

En  esta  hipótesis,  el  recurrente está  obligado  a  identificar  el  medio de prueba que en su criterio se omitió o se  supuso,  a  establecer la incidencia de esa omisión o suposición probatoria en  la  decisión  que se controvierte y en favor del interés que se representa -lo  cual  comporta la necesidad de demostrar que el fallo atacado no se preserva con  otros  elementos  de  juicio-  y  a  demostrar  de  qué  forma se violó la ley  sustancial  con  ese  defecto de apreciación, ya sea por falta de aplicación o  por aplicación indebida.   

         Por   su   parte,  el  falso  raciocinio  se  configura  cuando  el  sentenciador  aprecia  la  prueba  desconociendo las reglas de la sana crítica,  esto   es,   postulados   lógicos,   leyes   científicas   o  máximas  de  la  experiencia.   

En   tal   supuesto   le  corresponde  al  casacionista  señalar  qué  dice  concretamente  el  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado  y,  desde luego, determinar el postulado lógico, la ley científica o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta e identificar la norma de derecho  sustancial  que indirectamente resultó excluida o indebidamente aplicada.   Finalmente,   deberá  demostrar  la  trascendencia  del  error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la  adecuada  apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un   fallo   esencialmente   diverso   y   favorable   a  los  intereses  de  su  representado.   

Contrario sensu a  los  postulados expuestos, lo que trasluce de las propuestas es el planteamiento  de  una  discusión  sobre  el  mérito  de  las  probanzas  desde  su  estricta  perspectiva  personal  que no encasilla en alguno de los errores de apreciación  probatoria invocados.   

         En  ese  orden  de  ideas,  también  se  inadmitirá  este  cargo.   

          Cuestión final:   

         Como  se  advirtió  previamente,  la  Sala  encuentra  que  en  el  trámite   surtido   por   el  Tribunal  se  incurrió  en  irregularidades  que  eventualmente    pueden    afectar    el   debido   proceso,   según   pasa   a  verse.   

         

         1.  Para  precisar  la primera, recuérdese que esta Sala, mediante  sentencia  del  4  de  marzo de 2009, con ocasión del recurso extraordinario de  casación  promovido por el representante de la Fiscalía General de la Nación,  decretó  la nulidad parcial de la actuación al encontrar que el Tribunal en su  fallo  del  22  de  febrero de 2007 no se pronunció frente a los argumentos que  dicho   sujeto   procesal   expuso  para  sustentar  el  recurso  de  apelación  interpuesto  contra  la absolución decretada por el a  quo   a  favor  de  MILTON  ESPINEL  CARDOZO  por  los  delitos de concierto para  delinquir  con  fines  de  narcotráfico  y  tráfico,  fabricación  y porte de  estupefacientes,    de  PAULA    ANDREA    RENGIFO   BUSTAMANTE  por  concierto  para  delinquir  con  fines de narcotráfico y de  LUIS     GUSTAVO    ESPINEL    CARDOZO      por      tráfico,      fabricación      y      porte     de  estupefacientes.   

         El   efecto   consecuente   a  esa  determinación,  resulta  obvio  inferirlo,  es el de la ruptura de la unidad procesal, como así se establece en  el  numeral 3° del artículo 92 de la Ley 600 de 2000, normatividad por la cual  se rige esta actuación, al señalar:   

         “Además  de  lo  previsto  en  otras  disposiciones,   no   se  conservará  la  unidad  procesal  en  los  siguientes  casos:   

         (…)   

         3.  Cuando se decrete nulidad parcial de la actuación procesal que  oblige  a  reponer  el  trámite  con relación a uno de los sindicados o de las  conductas            punibles”.            

         Significa  lo  anterior que lo decidido  por  el  a quo en relación  con  la  condena a Rodrigo Espinel Cardozo   por   el  delito  de  concierto  para  delinquir  con  fines  de  narcotráfico  agravado  y  de  LUIS  GUSTAVO ESPINEL  CARDOZO  y  Jorge Humberto  Aya  Varón por el delito de concierto para delinquir  con  fines  de  narcotráfico, que no quedó cobijado con el referido decreto de  nulidad  y  respecto  de  los  cuales,  dicho  sea  de  paso, el Tribunal sí se  pronunció  al  resolver  el  recurso  de  apelación  promovido por la defensa,  siguió  su  trámite  normal  e  independiente  por  efecto de la ruptura de la  unidad  procesal,  alcanzando  ejecutoria  precisamente  con  la decisión de la  Corte             del             9            de            marzo            de  2009.                 

         Cabe  aclarar que esta interpretación ninguna relación guarda con  la  denominada ejecutoria parcial o fraccionada de las decisiones, frente a cuya  viabilidad   de  antaño  se  ha  opuesto  la  Sala2,  en  tanto se predica de una  misma  determinación  y  no  de  diversas,  como  aquí ocurre por virtud de la  referida  ruptura de la unidad procesal, en donde es evidente que las decisiones  tomadas  en  cada  una  de  las  actuaciones  procesales  cobra  ejecutoria  por  separado.   

         De  esta forma deviene indudable que el Tribunal, cuando por razón  de  lo  ordenado  por la Corte se ocupó de los planteamientos esgrimidos por la  Fiscalía  para  sustentar su inconformidad frente a las absoluciones decretadas  por  el  a quo y las revocó  atendiendo  a  lo  allí  expuesto, incurrió en irregularidad al redosificar la  pena  de  LUIS  GUSTAVO  ESPINEL  CARDOZO  por  incluir  en  tal  procedimiento  el delito de concierto para  delinquir  con fines de narcotráfico, objeto de actuación independiente, amén  de  que  ya  había  cobrado  ejecutoria  con  la  sentencia  proferida por esta  Corporación  el  9 de marzo de 2009, en virtud, se insiste, de la ruptura de la  unidad procesal.   

         Ha   debido   el   ad  quem,       entonces,      simplemente  imponer  la  pena  correspondiente  por  el  delito de  tráfico  de  estupefacientes  a  LUIS GUSTAVO ESPINEL  CARDOZO,  quedando  abierta la posibilidad de que, en  fase  posterior y ya ejecutoriada la decisión, un juez de ejecución de penas y  medidas  de  seguridad, procediera a su acumulación jurídica con la del delito  de concierto para delinquir con fines de narcotráfico.   

         Esta  situación  se  configuró  exclusivamente  en  relación con  LUIS    GUSTAVO    ESPINEL   CARDOZO   y  no  respecto de MILTON ESPINEL CARDOZO  y  PAULA  ANDREA  RENGIFO  BUSTAMANTE  porque  el  decreto de nulidad parcial, a  diferencia  del primero, comprendió todos los cargos imputados en su contra, de  suerte  que actuó correctamente el Tribunal cuando en el fallo de 2 de julio de  2007 fijó la pena por todas las conductas.   

         El  yerro  del  Tribunal  frente  a  la  situación  de  LUIS  GUSTAVO  ESPINEL CARDOZO pareció  acentuarse  cuando,  con posterioridad a la nueva sentencia de segunda instancia  y   mientras   se   surtía  el  traslado  para  que  el  defensor  allegara  la  correspondiente  demanda de casación, a solicitud de ese mismo sujeto procesal,  en  el  auto del 14 de enero de 2010 se estudió la posibilidad de decretar a su  favor  la  prescripción  de  la acción penal por la conducta de concierto para  delinquir  con  fines  de  narcotráfico,  sin reparar que, como ya se dijo, esa  ilicitud  hacía parte de actuación tramitada de forma independiente por razón  de  la  ruptura  de la unidad procesal y, lo que es peor, que la declaratoria de  su  responsabilidad  ya  había  quedado ejecutoriada desde el fallo dictado por  esta Sala el 9 de marzo de 2009.     

         Por  fortuna  tal  situación no tuvo trascendencia toda vez que el  Tribunal  se  abstuvo  de decretar la cesación de procedimiento a favor de este  procesado  y  respecto  del  señalado  delito  con  fundamento  en una errónea  interpretación  de  lo  decidido  por  la  Corte en la sentencia del  4 de  marzo de 2009.   

         Ciertamente,  en  la  parte considerativa del aludido auto señaló  el Tribunal:      

         “…habiendo  quedado  ejecutoriada la  resolución  acusatoria  el dos (2) de septiembre de 2003 (fl. 96 cdno. 11) a la  fecha  han  transcurrido  más  de  los  seis  (6)  años  exigidos  para que la  prescripción  se  estructure,  únicamente  para  el  delito  de  concierto  para  cometer  delitos  de  tráfico  de drogas tóxicas,  estupefacientes    o    sustancias   psicotrópicas,  por   lo  tanto  puede  predicarse  que  la  acción  penal    derivada  de  este  delito  se  encuentra  prescrito  (sic)  únicamente  respecto  de  MILTON  ESPINOSA       CARDOZO      y      PAULA      ANDREA      BUSTAMANTE.   

         Lo   anterior,   porque   la   Corte   Suprema  de  Justicia  casó  parcialmente  la  sentencia  haciendo  referencia  que  respecto  a LUIS   GUSTAVO   ESPINEL  CARDOZO  era  únicamente  por  tráfico,  fabricación         o        porte        de        estupefacientes”3          (subrayas      fuera      del      texto      original).       

         Es  decir  que  el  ad  quem  se  abstuvo  de  cesar  procedimiento  a  favor  de  LUIS  GUSTAVO  ESPINEL  CARDOZO  por  el  delito  de  concierto  para delinquir con fines de narcotráfico tras considerar  que  de  acuerdo  con lo fallado por la Corte Suprema este procesado únicamente  era   responsable   de   la  conducta  de  fabricación,  tráfico  o  porte  de  estupefacientes.   

         Nada  más  alejado  de  la  realidad,  porque la Colegiatura en su  decisión  del  4 de marzo lo que claramente señaló fue que la nulidad parcial  únicamente  cobijaba  lo  tramitado  por  ese  delito  en  relación  con  este  procesado  a partir del fallo del Tribunal del 22 de febrero de 2007, pero nunca  con  el  fin  de  puntualizar  que  sólo  era  responsable  por dicha ilicitud.   

         En  todo caso, merced a la infortunada interpretación del Tribunal  no  se decretó la cesación de procedimiento en favor de este procesado por tal  conducta,   lo   cual   evita   aplicar  correctivo  alguno  por  este  aspecto.   

         Empero,  ha  de activarse el mecanismo de enmienda en relación con  la  irregularidad  referida inicialmente del fallo impugnado de julio 7 de 2009,  consistente  en  haber  dosificado  la  pena  de  LUIS  GUSTAVO  ESPINEL CARDOZO incluyendo la correspondiente  al   delito  de  concierto  para  delinquir  con  fines  de  narcotráfico,  por  comportar,  conforme a lo atrás explicado, afectación del debido proceso y, en  especial,   de   los  principios  non  bis  in  ídem  y cosa juzgada.   

         Esto  último porque finalmente se le impuso doble sanción por esa  misma  conducta,  esto  es,  tanto  en  la sentencia del 23 de noviembre de 2004  (confirmada  el  22 de febrero de 2007) como en la de 7 de julio de 2009, lo que  impondría  acudir  al  mecanismo  de  la  casación  oficiosa contemplado en el  artículo  216  del  estatuto procesal penal decretando la nulidad parcial de la  decisión,  en  lo  que toca a este procesado y en punto de la pena impuesta por  el delito de concierto para delinquir con fines de narcotráfico.   

         Sin  embargo,  no  será necesario invalidar la actuación para que  el  Tribunal  individualice  la  pena únicamente por el delito de fabricación,  tráfico  o  porte  de  estupefacientes,  prescindiendo de la establecida por el  concierto  para delinquir, o proceder la Corte a su fijación, dado que en dicha  determinación    se    estableció    la   sanción   correspondiente   a   esa  ilicitud.   

         De  esa  forma  se  respeta  el carácter residual y extremo de las  nulidades,   cuya   declaratoria  sólo  procede  para  los  casos  en  que,  de  conformidad   con  el  numeral  5  del  artículo  310  del  estatuto  procesal,  “no  exista  otro  medio  procesal     para     subsanar     la    irregularidad    sustancial” (principio  de  residualidad).   Bastará entonces, para enmendar la incorrección, con  retomar  la  dosificación  impuesta  por  este  delito  en  el aludido fallo de  segundo grado, concretada en los siguientes términos:   

         “Ahora  bien,  en  relación  con  la  conducta  punible  de  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes la  determinación  del  quantum  de  la  sanción  a  imponer deberá realizarse de  conformidad  con  los  extremos  punitivos contemplados en el inciso primero del  artículo  376  ley  589  de 2000 (999,3 grs. de heroína, según PIPH), el cual  contempla  una  sanción  imponible  de ocho (8) a veinte (20) años de prisión  años  de  prisión  y  multa  de  mil (1.000) a cincuenta mil (50.000) salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes.   Así, en cuanto a la prisión, se  deduce  un  límite inferior de 96 meses y un máximo de 240 meses, extremos que  al   dividirlos   en   cuartos,   conforme   al   art.  61  del  Código  Penal,  arrojan            como  resultado:  1°  de  96 meses a 132 meses, 2° 132 a 168 meses 3° 168 a 204 meses y 4° 204  a 240 meses.   

         Determinados   los   cuartos  y  al  no  haberse  formulado  en  la  acusación,  circunstancias  de  mayor  punibilidad,  y  contar  al  menos  este  procesado  con la ausencia de antecedentes como condición de menor punibilidad,  la  pena  para este delito debe fijarse en el primer cuarto, esto es, entre 96 y  132 meses depresión.   

         Ubicados  en  este  cuarto,  tomamos los criterios expuestos en los  incisos  tercero y cuarto del citado artículo 61 y se  fija  en  noventa y seis (96) meses de prisión, pues considera la Sala, que las  condiciones  particulares del caso no exigen elevar este mínimo, visto el grado  de  protagonismo  del  procesado.  En cuanto a la multa, se fija igualmente  el   mínimo,   esto   es,  mil  (1.000)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes”4.   

         En  tales  cantidades,  por  consiguiente,  se  fijarán  las penas  principales  a  imponer  al  procesado  LUIS  GUSTAVO  ESPINEL  CARDOZO  como coautor penalmente responsable  del  delito  de  fabricación, tráfico o porte de estupefacientes, aclarándose  que  por  el  mismo  término  de  la pena privativa de la libertad se impone la  accesoria  de inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas,  como así se dispuso en el fallo.   

Importa señalar que lo aquí establecido no  tiene  repercusión  en  punto  de  las  demás decisiones adoptadas en el fallo  impugnado.     

         2.  Una  segunda  irregularidad  advertida  tiene  que  ver  con la  incorrecta  determinación  adoptada por el Tribunal en el auto del pasado 14 de  enero,   por   medio  del  cual  declaró  la  cesación  de  procedimiento  por  prescripción  de  la  acción  penal  derivada  del  delito  de  concierto para  delinquir    con    fines    de   narcotráfico   en   favor   de   MILTON   ESPINEL  CARDOZO  y PAULA ANDREA BUSTAMANTE.   

      

         En   efecto,  el  Tribunal,  al  margen  de  los  términos  de  la  resolución  de  acusación de fecha agosto 12 de 2003, dictada en contra de los  procesados  en  mención,  y  reproducidos  en  los  fallos  proferidos  en esta  actuación,  dejó  de  aplicar  el  incremento  del  término  de prescripción  establecido  en  el  inciso quinto del artículo 83 de la Ley 599 de 2000, en el  sentido  de  que “también  se   aumentará   el  término  de  prescripción,  en  la  mitad,  cuando  la  conducta  punible se hubiere iniciado o consumado en el  exterior”  (subraya fuera de texto).   

         Acorde  con  los  términos  de  la  acusación,  es  claro  que la  organización   delictiva   conformada  por  los  procesados  era  de  carácter  internacional  y  tenía  por  fin  exportar  el alcaloide, para lo cual tenían  contactos en el extranjero.   

         Así   se   consigna   en  la  pieza  acusatoria  al  precisar  que  “es  innegable  que  nos  encontramos  de  frente a una asociación criminal con una finalidad específica  de  traficar  estupefacientes  más  exactamente  de  heroína, bajo el mando de  Rodrigo  Espinel  Cardozo  A. Titina, quien financia y  controla  la  ruta  desde la ciudad de Cúcuta, la que es enviada desde Ibagué,  Cúcuta,  Barquicineto (sic)  –Venezuela,  Brasil  y  finalmente  Nueva  York,  compuesta  por sus hermanos  LUIS   GUSTAVO   y  MILTON  ESPINEL  CARDOZO,  los  cuales  se  encargan  de  la  consecución  de correos humanos, de pagar a los proveedores y mantener contacto  con  Rodrigo;  Jorge  Humberto Aya Varón, utilizado aquí como correo humano en  diferentes  oportunidades,  por  eso  su  vinculación  con  la  agrupación era  constante  y  PAULA ANDREA BUSTAMANTE RENGIFO encarga de recibir los dineros que  vienen  del exterior y consignarlos en cuentas donde posteriormente le indica su  novio   Rodrigo   Espinel   Cardozo…” (subraya fuera de texto).   

         Ya antes, en el mismo proveído, se había indicado:   

         “En   respuesta   a  las  labores  de  monitoreo  y  seguimiento  realizadas  por el citado investigador, se produjo el  informe  417 adiado mayo 9 de 2001, donde se noticia que se logró establecer la  existencia   de   una  red  de  traficantes  a  nivel  internacional,  conformada  por los señores Juan N.,  Gustavo  N.  y  Rodrigo  N.,  quienes  se  dedican  a  recolectar  estupefacientes  de  las  distintas poblaciones del departamento del  Tolima,  y  luego  exportarlos  a  los Estados Unidos,  donde  además  detectan  que estos sujetos tienen como fachada una microempresa  mediante  la  cual  tienen contacto con un japonés y  transportaban    la    sustancia    hacia    los    Estados   Unidos…”(subrayas       fuera      de  texto).   

         Por  consiguiente,  ninguna  duda surge en cuanto a que el lapso de  prescripción  en  la  fase del juicio ha debido  incrementarse en la mitad  del  término previsto, esto es, por tres años más, para un total de doce (12)  años,   fenómeno  que  se  hubiera  desencadenado  en  el  mes  de  agosto  de  2012.   

No   obstante   lo   anterior,   ninguna  determinación  puede  tomar  la Corte en este momento procesal, en la medida en  que   el  aludido  auto,  respecto  de  lo  definido  frente  a  los  procesados  MILTON      ESPINEL      CARDOZO     y  PAULA  ANDREA  BUSTAMANTE,  ha  hecho  tránsito a cosa juzgada.  Sin embargo, la Corte  encuentra  necesario expedir, por la Secretaría de esta Corporación, copias de  la  presente  actuación  con destino al Consejo Superior de la Judicatura -Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria-  con  el  objeto  de que se establezca la posible  responsabilidad  disciplinaria  en  que  pudieron  incurrir  los Magistrados que  conformaron la Sala de Decisión Penal al suscribir tal auto.   

        En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

         1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de los procesados MILTON  y  LUIS  GUSTAVO  ESPINEL  CARDOZO  y  PAULA  ANDREA  BUSTAMANTE  RENGIFO, por las razones consignadas en la  anterior motivación.   

2.      CASAR     oficiosa  y  parcialmente el fallo de segundo grado para reducir la  pena    impuesta    a    LUIS    GUSTAVO    ESPINEL  CARDOZO  a  las  principales  de  noventa y seis (96)  meses  de  prisión  y  multa de mil (1.000) salarios mínimos legales mensuales  vigentes  y accesoria de inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones  pública  por  el mismo lapso de la privativa de la libertad, aclarando que ella  corresponde  exclusivamente  a  su  responsabilidad  como  coautor del delito de  fabricación,     tráfico     o     porte    de    estupefacientes.    

          3.  PRECISAR que lo ordenado en el numeral  anterior  no  tiene  ninguna incidencia frente a las demás decisiones adoptadas  en el fallo impugnado.   

4.-  EXPEDIR,  por  la  Secretaría  de  la  Sala  de  Casación  Penal  de la Corte Suprema de  Justicia,   copias  de  la  presente  actuación  con  destino  al  Consejo  Superior de la Judicatura -Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria-,  con  el  objeto de que se establezca la posible  responsabilidad  disciplinaria  en  que  pudieron incurrir los Magistrados de la  Sala  de  Decisión  del Tribunal de Ibagué al suscribir el auto de enero 14 de  2010,  de  conformidad  con  lo  expuesto  en  la  parte  considerativa  de esta  providencia.   

         

         Contra esta determinación no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

       JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                         AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                                   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                          YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                

JULIO        E.        SOCHA  SALAMANCA                   JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

         

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Auto de 28 de febrero de 2006, rad. 24783.   

2 Cfr.  entre otros, auto de fecha 30 de septiembre de 2005. Rad 24180.   

3  Págs. 12 y 13 del auto de 14 de enero de 2010.   

4 Es de  anotar  que  la  pena  impuesta a LUIS GUSTAVO ESPINEL  CARDOZO   en  esta  providencia  se  determinó  por  remisión  a  la  de su hermano MILTON ESPINEL CARDOZO  al  estimarse  su  situación  similar,  como así se  reseñó    en    la   pág.   39.        

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