27595(07-04-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 27595  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente   

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No. 98   

Bogotá, D. C., siete (7) de abril de dos mil  diez (2010).   

VISTOS  

Decide la Corte acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos y de debida argumentación de la demanda de casación  presentada  por el defensor de OMAIRA RAQUEL JORDÁN SIMANCA en contra del fallo  de  segunda  instancia  proferido  por  la  Sala  de Justicia y Paz del Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Barranquilla, mediante el cual incrementó la  pena  principal  de treinta y seis meses a trece años de prisión, a la vez que  modificó  la  calificación  jurídica de homicidio en  estado  de  ira e intenso dolor por una de homicidio           (simple),  que  en  contra de esta persona  dictó el Juzgado Tercero Penal del Circuito de la aludida ciudad.   

Igualmente, estudia la Sala la posibilidad de  casar  de  manera  oficiosa  la providencia del Tribunal, debido a la ostensible  vulneración de garantías fundamentales.   

SITUACIÓN    FÁCTICA    Y    ACTUACIÓN  PROCESAL   

1.  Entre  OMAIRA  RAQUEL  JORDÁN  SIMANCA  (mujer desempleada de treinta y cinco años de edad) y  José  Ángel Aguirre Montañez (abogado de cuarenta y dos) había una relación  sentimental  en  la que, cada vez que se presentaba un conflicto de pareja, este  último  solía  maltratar  a  la  primera  e  incluso  la  encerraba dentro del  inmueble  que  compartían  de manera ocasional, situado en la carrera 1E # 43 A  40, barrio Villa Blanca de Barranquilla.   

En la mañana del 25 de febrero de 2005, estas  personas  tuvieron  una  disputa  que  culminó  con  dos  disparos de revólver  calibre  38  largo,  uno de los cuales impactó a José Ángel Aguirre Montañez  en el costado izquierdo del pecho y le produjo la muerte.   

Según lo señalado por OMAIRA RAQUEL JORDÁN  SIMANCA,  este  sujeto  la  había mantenido desde el 23 de febrero bajo llave y  sin  suministrarle  comida,  debido a que ella se identificó ante una visitante  de  nombre  Mireya  como “la  mujer” de él. Así mismo,  aseguró  que en medio de las recriminaciones aquél acostumbraba a mostrarle un  arma  de  fuego  que  llevaba  consigo y guardaba debajo de la almohada mientras  dormían.   

También  indicó  que,  a  pesar  de  esta  situación,  pudo  alimentarse  solicitándoles a los menores de edad del sector  que  le  pasaran  guayabas de los árboles o le compraran comida con las monedas  que   escondía,  de  modo  que,  cuando  su  compañero  llegaba  de  noche  al  apartamento   y  le  preguntaba  si  tenía  hambre,  ésta  le  respondía  con  negativas.   

Respecto  de  lo acontecido el 25 de febrero,  OMAIRA  RAQUEL  JORDÁN  SIMANCA  afirmó  que  le pidió permiso a José Ángel  Aguirre  Montañez  para  salir  del inmueble e ir a una entrevista de trabajo y  que,  ante  la  negativa tan airada como desafiante de este último, se suscitó  un  forcejeo  entre  los dos para apoderarse del arma de fuego, que devino en un  disparo  al  aire  y  culminó  cuando  aquélla  quedó con el revólver en sus  manos, accionándolo en contra de éste.   

De  acuerdo  con  una  primera  versión,  el  último   disparo   fue,   al   igual  que  el  anterior,  tan  accidental  como  involuntario.  Pero,  conforme a un segundo relato, el forcejeo estuvo precedido  de  específicas amenazas de muerte por parte de José Ángel Aguirre Montañez,  de  suerte  que,  cuando  ella  recogió  el  arma del suelo después de haberse  caído    y    disparado,    la    utilizó    debido    a    los   “nervios y la desesperación”.   

2.  Por lo anterior,  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  ordenó la apertura formal del proceso,  vinculó  a OMAIRA RAQUEL JORDÁN SIMANCA mediante diligencia de indagatoria, le  resolvió  la  situación  jurídica y, una vez clausurada la investigación, la  Unidad  de Delitos contra la Vida calificó el mérito del sumario en su contra,  acusándola   de  la  conducta  punible  de  homicidio  agravado,  según lo dispuesto en los artículos 103 y  104     numeral    1    (por    cometerse    en    contra    del    “cónyuge,   compañero   o  compañera  permanente”) de la ley 599  de 2000, actual Código Penal.   

3.  Apelada  dicha  providencia  por  parte del defensor de la procesada, la Fiscalía Delegada ante  el  Tribunal  la  confirmó,  pero modificándola en el sentido de excluir de la  calificación  jurídica  la  circunstancia  de agravación en comento, debido a  que  no  estaba  demostrado  que  OMAIRA  RAQUEL  JORDÁN  SIMANCA  tuviera  una  convivencia  de  carácter  permanente,  sino  tan  sólo  esporádica,  con  el  fallecido.   

4.  Correspondieron  las  diligencias  para  su conocimiento en la etapa siguiente al Juzgado Tercero  Penal  del  Circuito de Barranquilla, despacho que por el delito de homicidio   en   estado   de   ira   e  intenso  dolor  previsto  en  los artículos 57 y 103 de la ley 599 de 2000 condenó  a  esta  persona  a  la  pena  principal de treinta y seis meses de prisión, al  igual  que  a  la  accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por un  tiempo  igual  al  de  la  sanción  privativa  de  la  libertad. Así mismo, la  condenó  al pago de daños y perjuicios derivados de la conducta punible y, por  último,  le  concedió  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena  por un periodo de prueba de dos años.   

Según el a quo, si bien es cierto que OMAIRA  RAQUEL  JORDÁN  SIMANCA  planteó  en  la  indagatoria un caso fortuito y en la  audiencia  pública  una legítima defensa, también lo es que en este asunto no  era  posible  predicar  que los disparos se derivaron de un forcejeo, ni tampoco  una  agresión  actual  o  inminente  por  parte  del sujeto pasivo, pero sí un  comportamiento  atribuible  desde  el  punto  de vista objetivo y subjetivo a la  procesada,  que  no  obstante  fue  el  producto de las vejaciones a las que era  sometida  (lo  que constituye el estado de que trata el artículo 57 del Código  Penal),  en  la  medida en que no hay medios de prueba que contradigan su relato  en  tal  sentido,  sino  que  por  el contrario lo confirman, como sucede con lo  declarado por la testigo Nora Esther Calvo Vivero.   

5. Recurrido el fallo  por  el  apoderado  de  la  parte  civil,  quien solicitó la desestimación del  estado  de  ira e intenso dolor, la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior  del  Distrito  Judicial  de  Barranquilla (que conoció del caso en virtud de un  acuerdo  emitido por el Consejo Superior de la Judicatura) le halló la razón y  modificó  la decisión de primera instancia, condenando a OMAIRA RAQUEL JORDÁN  SIMANCA  a  la pena principal de trece años de prisión como autora responsable  de     la     conducta    punible    de    homicidio  (simple)  y  revocando  en  consecuencia  el mecanismo  sustitutivo.   

De  acuerdo  con  el  ad  quem, el móvil del  homicidio   no   fue   la  situación  de  encierro  que  dijo  padecer  la procesada, sino el hecho de que  José  Ángel  Aguirre  Montañez  sostuviera relaciones con mujeres distintas a  ella,  tal  como  se  deriva  de  la  versión  de esta persona, así como de la  anotación  que  aparece en el acta de levantamiento de cadáver, según la cual  Nora  Esther  Calvo  Vivero  le  informó  al  funcionario instructor que OMAIRA  RAQUEL  JORDÁN  SIMANCA  dijo  momentos  antes  de  los  disparos: “si   no   eres   mío,   no   eres  de  nadie”.   

Agregó  que  el aludido encierro no tuvo los  asomos  de  gravedad que la sentenciada le quiso otorgar, en la medida en que se  trataba    de   una   circunstancia   “fácilmente     superable”  y, por consiguiente, ella “estaba  allí  no  propiamente  atemorizada por su amante, sino más  bien   tolerando   la   situación   momentánea   y   de   conflicto   con   su  pareja”.   

6.   Contra   la  decisión  de  segundo grado, el defensor interpuso el recurso extraordinario de  casación.   

LA DEMANDA  

Citando  el  contenido  del  numeral  1  del  artículo  220  del  decreto  2700  de  1991, modificado por la ley 553 de 2000,  propuso    el    recurrente    en    un    único    cargo    la    “infracción     directa”  de los artículos 3 y 4 de la ley 599  de  2000  (que  tratan de los principios de las sanciones penales y los fines de  la   pena),   al   igual   que   la   “mala           apreciación          de          pruebas”,  lo que condujo al Tribunal a cambiar  el  monto punitivo (violando el debido proceso al ir más allá de lo solicitado  por  la  parte civil) y a condenar a su protegida desconociendo el estado de ira  e intenso dolor.   

Al  respecto, aseguró que al contrario de lo  sostenido  por el ad quem OMAIRA RAQUEL JORDÁN SIMANCA no obró por celos, sino  por  haber estado encerrada, amenazada y desprovista de comida, situación que a  cualquiera  le  produciría rabia y devino en el desconocimiento de “principios    fundamentales   en   la  imposición  y  la función de la pena, podría decirse que por error de hecho y  de derecho”.   

Sostuvo que tampoco descarta la posibilidad de  que  la  Corte  estudie  de  manera  oficiosa  el  trámite  que  del recurso de  apelación  se  dio ante el a quo, pues “se   habilitaron  términos  que  aprovechó  la  parte  civil  para  recurrir         en        alzada”.   

En consecuencia, solicitó a la Corte casar la  sentencia  de  segunda  instancia  y, en su lugar, confirmar la proferida por el  Juzgado Tercero Penal del Circuito de Barranquilla.   

CONSIDERACIONES  

1. De la demanda  

1.1.  La  Sala,  de  tiempo  atrás,  ha  sostenido  que  la  casación  es  un  recurso  de  ámbito  restringido   en   el   que   la   pretensión   de   examinar  la  legalidad  y  constitucionalidad  del  fallo que se impugna no puede limitarse a un escrito de  libre  formulación,  sino que debe apoyarse en un contenido mínimo de claridad  y  coherencia  que  permita  entender el vicio o los vicios que se denuncian, al  igual  que  la  identificación  de  sus consecuencias.   

De  ahí  que  la  demanda de casación nunca  podrá  equipararse  a  un  alegato  de instancia, pues tal como se deriva de lo  señalado  en  los  artículos  212  y  213  de  la  ley 600 de 2000, Código de  Procedimiento  Penal  vigente  para  este  asunto, requiere de una presentación  lógica  y  adecuada  a cualquiera de las causales legalmente establecidas en el  artículo  207 ibídem, así como el respectivo desarrollo de los cargos que por  los  vicios  in procedendo (de  mero  trámite o actividad) o in iudicando (de   juicio)  haya  propuesto  el  recurrente,  con  la  respectiva  demostración    de    su   trascendencia   para   efectos   de   la   decisión  adoptada.   

1.2.  En el presente  asunto,  salta a la vista que el único cargo propuesto por el demandante carece  de  cualquier  formulación, desarrollo o fundamento coherente que sea atendible  en sede del extraordinario recurso.   

En    efecto,  el  recurrente  no sólo invocó como causal una norma  de  casación  (el  artículo 220 numeral 1 del decreto 2700 de 1991, modificado  por  la  ley  553  de  2000) que jamás fue aplicable al caso en concreto (en la  medida  en  que dicha disposición estuvo vigente hasta el 24 de julio de 2001 y  los  hechos  materia  de  imputación  tuvieron  ocurrencia  el 25 de febrero de  2005),  sino  que  de ninguna manera aclaró cuál era el reproche propuesto, ni  mucho  menos  si  éste  correspondía  a  un  error in  iudicando   o   a   uno  in  procedendo.   

Esto  último,  por  cuanto  en  determinado  momento  del  escrito  sugirió que el vicio del Tribunal consistió en suprimir  el  reconocimiento  del  estado  de  ira  e  intenso  dolor  (error in  iudicando); en otra oportunidad, adujo  que  el  ad  quem  violó  el  debido  proceso  por  no respetar el principio de  limitación   del   superior   jerárquico  (error  in  procedendo);   al   mismo   tiempo,  aludió  que  se  desconocieron  principios  en  la  imposición  de  la pena (error de juicio); e  incluso  mencionó  la  necesidad  de  que la Corte examinara de manera oficiosa  –como  si él no estuviese  facultado  para  proponerlo–  que  la  apelación haya sido concedida por el a quo conforme a los términos de  ley (error de trámite).   

Es cierto que, a pesar del equívoco en cuanto  a  la  norma  aplicable al caso concreto, el profesional del derecho citó en la  demanda  el  contenido  material  de la causal primera de casación (esto es, la  violación  de una norma de derecho sustancial), pero aparte de que su propuesta  no  guarda  armonía  con  todos  los  problemas  referidos  en  precedencia, se  refirió   de   manera  ambigua  e  indiscriminada  a  las  modalidades  de  tal  infracción,  pues  en  un  principio  aseguró  que se trataba de la violación  directa  de  los  artículos  3  y  4  del  Código Penal (aspecto que supone la  ausencia  de  debate  alguno  respecto  de la situación fáctica que consideró  demostrada  el  cuerpo  colegiado),  para  luego  sostener  que la equivocación  obedeció  a  una  errónea  valoración  probatoria (circunstancia que no sólo  implica  cuestionar  los  hechos  y  los  elementos de juicio en que se basó la  decisión, sino que además es inherente a la vía indirecta).   

Y  si en gracia de discusión se aceptase que  lo  que  en  últimas quería proponer el demandante era la violación indirecta  de  la  ley  sustancial (debido a que en varios apartados del escrito cuestionó  la  conclusión probatoria acerca del móvil), en ningún momento dejó en claro  si  ello  correspondía  a  un  error  de  hecho  (ya sea por un falso juicio de  existencia,  falso  juicio  de  identidad o falso raciocinio) o de derecho (bien  sea  por  un  falso  juicio de legalidad o un falso juicio de convicción), sino  que  incluso  especuló  que  se  trataba de ambos yerros a la vez (“podría  decirse que por error de hecho  y    de    derecho    en    la    apreciación    de   las   pruebas”1),   con   lo   cual   actuó   en  desmedro  del  principio  de  no  contradicción  (que  no  sólo  rige  en  sede  de valoración probatoria, sino  también  en  casación),  pues le era imposible afirmar, respecto de una única  situación, que algo era y no era al mismo tiempo.   

1.3.  Con base en lo  señalado,  la  Corte  concluye  que  el  abogado se alejó de los principios de  sustentación  suficiente,  crítica vinculante, coherencia y no contradicción,  que  no  sólo  encuentran arraigo en el carácter dispositivo del recurso, sino  que  además  implican  que  la  argumentación debe bastarse por sí misma para  propiciar el derrumbamiento del fallo.   

En  consecuencia,  la  Sala  no  admitirá la  demanda  presentada  por  el defensor de OMAIRA RAQUEL JORDÁN SIMANCA en contra  de  la  sentencia  de  segunda instancia proferida por la Sala de Justicia y Paz  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Barranquilla.   

2. De la casación oficiosa  

2.1.   Según  lo  establecido  en  el  artículo  2  de la Carta Política, es un fin esencial del  Estado      Social      y      Democrático      de     Derecho     “garantizar   la   efectividad  de  los  principios,  derechos  y  deberes  consagrados  en  la Constitución”,  función  que le compete a todas las  autoridades  de  la  República,  pero  en especial a la Rama Judicial del poder  público,  ya que el artículo 228 ibídem señala que dentro de sus actuaciones  “prevalecerá  el  derecho  sustancial”. Así mismo, la  ley  270  de  1996,  Estatutaria de la Administración de Justicia, impone a los  funcionarios  judiciales  el  deber  de “hacer   efectivos   los   derechos,   obligaciones,   garantías   y  libertades” previstos tanto  en  la  Constitución  Política  como  en  la  ley  (artículo 1), así como la  obligación  de  “respetar,  garantizar  y velar por la salvaguarda de los derechos de quienes intervienen en  el   proceso”  (artículo  9).   

Por su parte, la Corte Suprema de Justicia no  sólo   “es  el  máximo  tribunal  de  la jurisdicción ordinaria”,  según  lo  consagran  los artículos 234 de la Carta y 15 inciso  1º  de  la  ley  270  de  de 1996, sino que además tiene a modo de atribución  principal  la  de  “[a]ctuar  como  tribunal de casación”  de  acuerdo con su especialidad, tal como se desprende del artículo 235 numeral  1   de   la   Constitución   y   el   artículo  16  inciso  2º  de  la  norma  estatutaria.   

En  desarrollo de tales preceptos, el Código  de  Procedimiento  Penal  de  la  ley  600  de  2000 consagró que la actuación  procesal  “se desarrollará  teniendo  en  cuenta  el  respeto  a  los derechos fundamen-tales de los sujetos  procesales” (artículo 9) y  que   los   funcionarios   judiciales  “harán      prevalecer     el     derecho     sustancial” (artículo 16), por lo que resolverán  los      asuntos      sometidos     a     su     consideración     “con   sujeción  a  los  principios  y  garantías  que  orientan el ejercicio de la función jurisdiccional”  (artículo  142  numeral 1), haciendo  “efectiva  la  igualdad de  los  sujetos  procesales  en  el  trámite de la actuación procesal” (numeral 5 ibídem).   

A  su  vez,  dicho  ordenamiento  procesal le  asigna  a la Sala de Casación Penal de la Corte el conocimiento de la casación  (artículo  75  numeral  1),  recurso extraordinario que tiene como fines los de  asegurar  “la  efectividad  del  derecho material y de las garantías debidas a las personas que intervienen  en  la actuación penal, la unificación de la jurisprudencia nacional y además  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  las  partes  con  la sentencia  demandada”   (artículo  206).   

Todo  lo  anterior  conduce  a  que,  en  la  actualidad,  el principio de limitación por el cual solía regirse la casación  penal,  según  el  cual “la  Corte  no  podrá  tener en cuenta causales de casación distintas a las que han  sido      expresamente      alegadas      por      el     demandante”  (artículo  216), no tenga un alcance  absoluto  sino  relativo,  pues la Sala podrá decretarla de oficio cada vez que  advierta  que la decisión es contraria a la Constitución y la ley, esto es, de  manera  obligatoria  en  los eventos en que la sentencia haya sido dictada en un  juicio  viciado  de  nulidad  (por  falta  de competencia, violación del debido  proceso   o   del  derecho  de  defensa)  y  de  modo  facultativo  “cuando  sea  ostensible  que  la  misma  atenta        contra        las       garantías       fundamentales” (ibídem).   

La anterior disposición es el producto de la  evolución  que  el  recurso  extraordinario ha experimentado en Colombia. En un  principio,  el modelo de la casación fue adoptado del derecho procesal francés  posterior  a  la  Revolución  de  1789, con fundamento en la idea de que a todo  Estado  de  Derecho le era indispensable una institución de tinte superior que,  dotada  por  sus miembros de conocimientos, experiencia y sabiduría, controlara  la  aplicación  de  la  ley en las providencias de los funcionarios judiciales,  sin  perjuicio  de  que  de  forma  secundaria  o  accesoria también lograra la  reparación de los agravios sufridos por el que recurriere.   

A  la  luz  de  la Constitución Política de  1886,  que  en  el  artículo  151  atribuyó  a la Corte Suprema de Justicia la  facultad  de  actuar como tribunal de casación, este recurso fue restringido en  materia  penal  a  los  asuntos  previstos con pena de muerte, que subsistió en  nuestro  país hasta que fue abolida por el acto legislativo número 03 de 1910,  momento  en  el  cual  también  desapareció  el  recurso  por  sustracción de  materia,  para  ser consagrado de nuevo mediante la ley 78 de 1923, que creó la  Sala  de  Casación  en lo Criminal, actualmente conocida como Sala de Casación  Penal.   

Por aquel entonces, el ordenamiento jurídico  colombiano  consagraba  la  aplicación del principio de limitación del recurso  de  casación  de  modo absoluto, esto es, que la Corte de ninguna manera podía  tener  en  cuenta  causales  que  no  fueran  invocadas  en forma expresa por el  demandante,  ni  tampoco  proceder  de  oficio en aras de asegurar los fines del  recurso.   

Lo  anterior,  por  cuanto  se aducía que la  naturaleza  de  la casación no correspondía a la de un recurso común de plena  jurisdicción,  sino  a la de una actuación extraordinaria, impulsada de manera  discrecional  por los sujetos procesales, en la medida, extensión y complejidad  que  quisieran  otorgarle.  La función de la Corte, por lo tanto, no consistía  en  buscar  la  justicia  natural  del caso concreto, sino que su ámbito estaba  restringido en todos los eventos a lo que le fijara el recurrente.   

Esta  postura,  sin  embargo,  devino  con el  transcurrir  de  los  años  en  insostenible,  toda  vez  que  implicaba, en la  práctica,  que  la  salvaguarda  de  las  garantías judiciales residía en las  pretensiones   de   la   demanda   y   no   en   los   mandatos   de   la  Carta  Fundamental.   

De ahí que la Sala, ante el manifiesto error  in procedendo de un asunto, y  en  aras  de  proteger  el  contenido  material  de los artículos 26 y 28 de la  Constitución   Política   anterior,  tuvo  que  relativizar  el  principio  de  limitación  mediante  la  declaración  oficiosa  de  la  llamada  “nulidad      supralegal”,  tal  como se advierte en fallos como  los  de  4  de  diciembre  de 1974, 27 de noviembre de 1975, 29 de septiembre de  1976 y 24 de marzo de 1981. En palabras de la Corte:   

“[…]  así lo  exigen  razones  superiores  de  jerarquía  legal  que  devienen  en imperativo  categórico   la   obediencia   debida   por   la   Corte  a  los  manda-mientos  constitucionales  que  prescriben  las  garantías  fundamentales de la defensa,  entre   las   cuales   adquieren  especial  relevancia  las  contenidas  en  sus  ordenamientos  26  y  28  que  regulan  la legalidad del delito, de la pena, del  procedimiento  y  el  principio de favorabilidad, cuya suma es el debido proceso  […]  Si  esto  es así, y si justamente el  haberse  dictado  sentencia en juicio viciado de nulidad es causal de casación,  resulta  inopinadamente  absurdo  que  precisamente  el Tribunal instituido para  conocer   de  ese  recurso  extraordinario  estuviese  obligado  a  desatarlo  a  sabiendas   de   que,   al   hacerlo,  dicta  sentencia  en  juicio  viciado  de  nulidad”2.   

De  esta forma, la casación, de mecanismo de  control  de  legalidad, pasó a ser también a uno de control constitucional, en  el  que  a  pesar  de  no haberse propuesto causal alguna en tal sentido, debía  prevalecer  el  respeto  por  parte  del  máximo  tribunal  de la jurisdicción  ordinaria    de    las    garantías   judiciales   que   integran   el   debido  proceso3.   

Con la consagración en la Carta Política de  1991  de  Colombia como un Estado Social y Democrático de Derecho, esta postura  adquirió   mayor   consolidación,   pues   tal   como   lo  sostuvo  la  Corte  Constitucional  la  regulación  de  la  casación  no  tiene como único fin el  de   

“[…] preservar  el  interés  privado  que  cada  una  de  las  partes  procesales demanda de la  administración  de  justicia,  sino, además, el interés supremo colectivo que  tiene  el  Estado  y la comunidad en la conservación, respeto y garantía de la  norma  jurídica,  con  el  fin  de  asegurar,  conforme  al  Preámbulo  de  la  Constitución,  un marco de justicia material, efectiva, concreta y comprometida  con  el  anhelo  de  orden  y  de  paz,  que le asiste como derecho, a todas las  personas”4.   

Aunado  a  lo  anterior, la Constitución hoy  vigente  abarca  un  mayor  número  de  garantías  de superior raigambre, pues  además  de  las  previstas  en  el  artículo  29  (relacionadas con las formas  propias  del  juicio,  el  derecho  de  defensa  y  los  principios  de estricta  legalidad,  derecho  penal  de acto, publicidad, juez natural, aplicación de la  ley  penal  más  favorable,  presunción de inocencia, celeridad y non   bis   in  ídem,  entre  otras)  sus  alcances  tienen  que  guardar  armonía  con el contenido de los artículos 31,  209,  228,  229  y  250  (esto  es,  con  los  principios  de segunda instancia,  prohibición  de  reforma en perjuicio, supremacía del derecho sustancial sobre  las   formas,   acceso   a   la   administración  de  justicia,  congruencia  e  imparcialidad).   

Y como la vulneración o el desconocimiento de  tales  postulados  no  siempre  ni  necesariamente  suscita  la  nulidad  de  la  actuación                  procesal5,  es  obvio  que la actuación  oficiosa  de  la Corte no puede limitarse a la declaratoria de invalidez, sino a  la  corrección  que  sea  del caso en razón de la procedencia de las distintas  causales  de  casación, en la medida en que fuera ostensible el desconocimiento  de  garantías,  tal  como  lo señala el aludido artículo 216 de la ley 600 de  20006.   

Así  ha  procedido la Sala en situaciones en  las  que  ha casado fallos de los tribunales de manera oficiosa frente a errores  de  apreciación  probatoria  no propuestos por los demandantes. Por ejemplo, en  la   sentencia   de   25   de   agosto   de   20047,  la Corte casó de oficio una  decisión  en la que el ad quem había incurrido en manifiestos yerros fácticos  por    falsos   juicios   de   identidad   y   de   raciocinio,   aduciendo   lo  siguiente:   

“Confrontados los  supuestos  probatorios  en los que se apoyaron las sentencias de condena con los  medios  de  convicción  recaudados, se advierte que otras muy distintas son las  conclusiones  que  de  éstos  emergen  o  que las inferencias elaboradas por el  Tribunal  carecen  de  la  univocidad  y  solidez necesarias para declarar, más  allá    de    la    duda,    la   responsabilidad8”.   

Así mismo, en el fallo de 13 de septiembre de  20069,  la  Sala  adoptó  idéntica  solución  al  casar  y en su lugar  absolver  debido  a un error de derecho por falso juicio de legalidad que había  sido   desarrollado   de   manera   incorrecta  por  el  demandante.  Según  la  Corte:   

“[…] surge con  nitidez  que  la  casación  oficiosa  procede  no  sólo cuando la sentencia de  segunda  instancia  se  dicta  en  un  juicio  viciado de nulidad, sino también  cuando  sea  violatoria  directa  o  indirectamente  de  una  norma  de  derecho  sustancial  o  cuando  no  esté  en consonancia con los cargos formulados en la  resolución      de      acusación”10.   

Y,  en  la  providencia  de  8  de octubre de  200811,   la   Sala  casó  por  falsos  juicios  de  identidad  y  falsos  raciocinios  con  el  fin  de  reconocer  en  un  sentenciado  por  homicidio el estado de ira e intenso dolor  que  en  razón  de  la situación fáctica acreditada por los juzgadores le era  predicable,  cuestión  que  de  ninguna  manera  había  sido  planteada por el  recurrente en la demanda. En palabras de la Corte:   

“Al incurrir en  los  errores  fácticos  analizados en precedencia, las instancias llegaron a la  conclusión       de       que      […] no actuó  al  amparo  de la atenuante en comento, con lo cual desconocieron que, en razón  del  hecho  antecedente  que  consideraron  acreditado,  era  tan  evidente como  razonable  derivar  que  la  conducta violenta del procesado fue la consecuencia  del  impulso  emocional  que  sintiera  al  encontrarse  accidentalmente  con el  agresor  de  su  padrino,  víctima  de un ataque con machete por parte de quien  manera injusta y contraria a derecho pretendió robarlo.   

”En este orden  de  ideas,  no  hay  razón alguna para desestimar la concurrencia de un nexo de  determinación   entre   el   comportamiento  grave  e  injusto  desplegado  por  […]  y  la  reacción  suscitada  días  o  semanas   después   por   parte   de   […], ni mucho  menos  el  estado  emocional  que  al  momento  de  los  hechos  desencadenó la  violencia  empleada  por  este  último”12.   

Por  otra  parte, la Corte había manejado el  criterio  de  que,  en  los casos en los que no admitía la demanda de casación  pero  a  la  vez hallaba la vulneración de una garantía o derecho fundamental,  debía  disponer  el  traslado  de  la  misma  al  Ministerio  Público para que  emitiera     concepto     antes     de     hacer    cualquier    pronunciamiento  oficioso.   

Esta postura, sin embargo, fue abandonada por  la  Sala  a partir de la decisión de fecha 12 de septiembre de 200713,  en la que  estimó  que,  en  virtud  de los principios rectores de celeridad, eficiencia y  eficacia  en  la  administración  de  justicia,  y en armonía con el fin de la  casación  de  garantizar  la  efectividad  del derecho material, lo consecuente  era,  frente  a  este  tipo  de  situaciones,  subsanar  de  manera inmediata la  irregularidad advertida.   

La   Corte,  por  lo  tanto,  procederá  a  pronunciarse  de manera oficiosa en el presente asunto, pero no para estudiar el  tema    que    en    este    sentido    propuso   el   demandante   –atinente al trámite dado al recurso de  apelación  de  la sentencia de primera instancia (en el que, dicho sea de paso,  la     Sala     no    encuentra    anomalía    relevante    alguna)–,  sino  en  defensa  de  los  derechos  fundamentales  de  OMAIRA  RAQUEL JORDÁN SIMANCA, en particular la garantía de  estricta  legalidad  tanto  del  delito  como  de la pena impuesta, así como el  principio de prohibición de exceso (o de proporcionalidad).   

2.2.  En  el  fallo  impugnado,  el  Tribunal descartó la configuración del estado de ira e intenso  dolor  reconocido por la funcionaria a quo, tras estimar que la conducta punible  de  homicidio ejecutada por la  procesada    obedeció    a    una    “circunstancia  distinta a la situación de encierro que dijo padecer  OMAIRA  RAQUEL  JORDÁN”14,    consistente    en   el  “ataque    de    celos  experimentado     por     la    mujer”15.   

Tal  postura tuvo como referentes probatorios  (i)  una manifestación que  acerca  de  los  problemas  de  la  relación sostenida con José Ángel Aguirre  Montañez   hizo   la   procesada   durante   el   interrogatorio,  (ii)   el   señalamiento   que   en  la  diligencia  de  levantamiento  de cadáver presentó la vecina Nora Esther Calvo  Vivero    y    (iii)   la  declaración  que  esta  última  persona  presentó  en  sesión  de  audiencia  pública.   

El  primer  elemento  de  convicción  fue la  explicación  que  OMAIRA  RAQUEL  JORDÁN SIMANCA brindó en audiencia pública  ante  una  pregunta  de  la  funcionaria  judicial,  atinente  a la relación de  pareja:   

“Preguntado.  Diga  por  qué  motivos usted se quería separa [sic]  de  él  antes  de  esta  discusión  que  tuvieron.  Contestó.  Por  la cantidad de mujeres que él tenía, ésa, la que él me dijo  ese  día,  Mireya,  que  fue la que lo fue a buscar y otra que le encontré una  carta,  se  llama Luz Dary Molina, sé que vivía en el hipódromo, y una que se  llama  Miriam Hernández, no sé dónde vivirá, pero él no convivía con ellas  ”16.   

El  segundo fue la constancia plasmada por el  servidor  público  en  el  acta  de  levantamiento  de cadáver, relativa a una  expresión  que  Nora Esther Calvo Vivero escuchó justo antes de producirse los  disparos:   

“Igualmente deja  constancia  el  señor  Fiscal  que  por la parte del patio se asomó la señora  Dora  [sic] Calvo Vivero, c.  c.    […],  quien manifiesta que aproximadamente  siendo  las  6:50  de  la  mañana sintió como lavando el patio del apartamento  donde  ocurrieron  los  hechos  y  se escuchó una voz masculina que manifestaba  ‘tú  eres  la  reina de  esta  casa’ y seguidamente  se      escuchó      una      voz     femenina     diciéndole     ‘si   no   eres   mío,  no  eres  de  nadie’,  pero  que  no  alcanzó  a  saber  quién  lanzaba esas expresiones y que después seguidamente  escuchó      dos      detonaciones     de     arma     de     fuego”17.   

Y  el  tercero consistió en los aspectos que  acerca  de  lo  ocurrido  el  25  de  febrero de 2005, así como de la relación  sostenida  entre OMAIRA RAQUEL JORDÁN SIMANCA y José Ángel Aguirre Montañez,  adujo  la  referida  persona en la sesión de audiencia pública de 8 de febrero  de 2006:   

“Yo me levanté  el  día 25 de febrero, era viernes, yo estaba barriendo el patio, yo sentí que  también  ellos estaban lavando el patio y de pronto yo sentí dos disparos y yo  me  metí  corriendo  y cuando yo salí, estaba asomada una muchacha que vive al  lado  de  mi  casa  de  nombre  Mónica Patricia, yo me asomé enseguida y vi al  señor  tirado  en  el  suelo  y  ella estaba con el revólver en la mano y ella  estaba  gritando ‘yo no lo  quería  hacer’, y yo le  dije  ‘niña, por qué lo  hiciste,    por   qué   lo   hiciste’,  ‘lo  que  pasa  es  que  él  me  tenía  la  cabeza  grande, atribulada, porque me tenía  encerrada  y  yo  quería  salir,  yo  me  quería  ir  y  él  me escondió las  llaves’, después de eso  ella  lo  movía  del piso y le decía ‘levántate      que      yo     te     quiero     mucho’,  después  entraron  los  vecinos y  llegó    la    policía    y    ya    […]  Yo  sí  oí  diciendo  entre  los  vecinos  que  el difunto la tenía encerrada, eso fue  después  de  la  muerte,  mas  no  sé  por  qué  motivos, no sé qué vecinos  […]  Preguntado.  Diga la declarante cómo  le  consta  a  usted  que el señor José Ángel era el compañero marital de la  señora  OMAIRA.  Contestó.  Porque  ellos  para  los carnavales en horas de la  tarde  salieron  juntos,  nada ese día, y ella salía todos los días y barría  la  puerta,  él  tenía  un pick-up [sic]      y      lo      ponía     todos     los     días”18.   

Lo anterior fue suficiente para que el ad quem  concluyera  en el fallo impugnado que el móvil del comportamiento, al contrario  de  lo  que  había  sostenido  la  primera  instancia, fueron los celos y no el  maltrato  vivido por la mujer, pese a que también consideró como demostrado en  este  asunto  que  la  relación  de  la  pareja  se alteró el 22 de febrero de  2005   

“[…]  por  la  llegada    –el   día  anterior– al apartamento  de  una  mujer buscando a José Ángel Aguirre, visita que OMAIRA RAQUEL JORDÁN  aprovechó  para  hacer saber a la dama que ella era la mujer del hombre a quien  la  otra  buscaba,  hecho  este  que  contrarió  a José Ángel de tal modo que  llevó  al hombre a prohibir la salida de OMAIRA RAQUEL del apartamento, para lo  cual  procedió  a  dejarla  allí bajo llave los días 23 y 24 de febrero; esto  hizo  que  la  mujer  mostrara  contrariedad  por  el  comportamiento de aquél,  disgusto  que no obstante le permite fraguar su salida la mañana de los hechos,  para  lo  cual  intentó  convencer a José Ángel, y al momento en que se opuso  éste,  ocurre  el altercado de la pareja y en su desarrollo la mujer se hizo al  revólver    de    aquél   y   le   disparó   en   dos   ocasiones”19.   

Luego de concretar dicho aspecto fáctico, el  cuerpo   colegiado  consideró  que,  no  obstante,  el  comportamiento  que  la  procesada  le  achacó  a  su  pareja  carecía  de  la  gravedad necesaria para  suscitar  en  ella  la  circunstancia  atenuante  de  responsabilidad,  pues era  posible  extraer  del  relato  de OMAIRA RAQUEL JORDÁN SIMANCA, así como de lo  señalado  por Nora Esther Calvo Vivero, que el encierro bajo llave no sólo era  tolerado  por  la  autora  de  los  disparos,  sino que además era “fácilmente    superable”. Según el Tribunal:   

“El encierro de  la  señora  JORDÁN SIMANCA no tuvo los ribetes que ella le trató de dar, pues  la  prueba  allegada muestra que la mujer tuvo la posibilidad todos los días de  salir   al   patio,   barrer   la   puerta,   poner   un   pick-up  [sic]  y  hasta lavar dicha sección del  apartamento;  y,  a  pesar  del  hambre  padecida durante dos o tres días y sus  respectivas  noches, tan sólo se le ocurrió comentar tan dramática situación  con  su  vecina  Hilda  Zenith,  con quien después alcanzó a planear la salida  pacífica  del  apartamento,  es  decir,  tuvo tiempo suficiente para meditar al  respecto,  lo  que  significa  que  la  situación era fácilmente superable, al  punto  que  primero  intentó  persuadir  a su captor y sólo ante el fracaso se  produjo   la   reacción,  situación  que  entonces  no  tenía  gravedad  para  precipitar  un  hecho  sangriento  como  el que finalmente ocurrió […]   

”[…]    La  conducta   de   la  procesada  se  encuentra  entonces  más  bien  marcada  por  sentimientos  encontrados  que permiten creer, de una parte, que estaba allí no  propiamente  amenazada  por  su  amante,  sino más bien tolerando la situación  momentánea  y  de conflicto con su pareja; y, de otro lado, que el altercado no  se   produjo  sólo  porque  el  hombre  le  negó  la  entrega  de  las  llaves  –y que, de ser así, tal  circunstancia  no  tuvo  la  característica  de insoportable para precipitar el  crimen–   sino   más  bien   dicho   altercado  encuentra  explicación  razonable  en  el  reflejo  de  las  palabras por ellos  expresadas  inmediatamente  antes  del  homicidio,  esto  es,  que el móvil del  delito  no  obedeció a razón distinta del ataque de celos experimentado por la  mujer  que,  como escarmiento, impide conceder a la procesada JORDÁN SIMANCA la  aminorante     de     pena    otorgada    en    primera    instancia”20.   

2.3. Para la Sala, es  evidente  que  el  Tribunal  incurrió  en un error de hecho por falso juicio de  identidad  en  la apreciación de las pruebas, toda vez que desconoció aspectos  importantes  de  los  medios  de convicción traídos a colación en el fallo, e  incluso  realizó  una  lectura  equivocada y en momentos discriminatoria de los  mismos,  que  lo  condujo  a  la  errónea  conclusión  de  que la conducta fue  producto  de  un ataque de celos y no del maltrato que en razón de su estado de  vulnerabilidad sufría la procesada en la relación de pareja.   

En  primer  lugar,  lo  que  las  instancias  descartaron  de la versión de los hechos suministrada por OMAIRA RAQUEL JORDÁN  SIMANCA  tan  sólo  fueron  las  circunstancias mismas en que se produjeron los  disparos,  debido  a  que  los  relatos  que  al  respecto  otorgó  durante  la  indagatoria  y  el  interrogatorio  en  audiencia  pública  reñían entre sí.   

En  efecto,  la  procesada durante la primera  diligencia sostuvo lo siguiente:   

“[…]  comenzó  a  puntarme  [sic]  con el  revólver   y   fue   cuando   yo   me   le   encimé  y  le  dije  ‘siempre  me  dices  que  me  vas  ha  [sic]   matar,  ya  estoy  aburrida’,  comenzamos a  forcejear,  yo  trataba  de  quitarle  el  revólver,  en el forcejeo sentí que  salió  el  tiro  y  él aflojó las manos y el revólver me quedó en las manos  mías,  y  él  quedó parado mirando con la vista fija y sentí que salió otro  tiro  y  le  dije  ‘viste,  nos   hemos   podido  hacer  un  daño’,  y  de  pronto  vi  que  salió  hacia atrás y cayó, y yo salí  corriendo   hacia   donde   él  para  ver  dónde  le  había  dado”21.   

Y en la vista pública narró los hechos de la  siguiente manera:   

“[…] entonces  comenzó  a  decirme  una  cantidad de cosas y que no le pidiera más las llaves  porque  yo  de  ahí  iba a salir era muerta, en eso él trata de ir hacia donde  está  el  revólver,  entonces yo como vi que estaba todo bravo salí corriendo  también  y comenzamos a forcejear, en eso el revólver cae y yo siento que sale  un  tiro,  cuando  yo me agacho de rapidez y lo cojo, me retrocedo hacia atrás,  cuando  veo  que  él  sale  corriendo  hacia  mí,  yo  de  los  nervios  y  la  desesperación      le     disparé”22.   

De  ahí  que  tanto el a quo como el ad quem  llegaron    a    la    conclusión    de    que,   en   realidad,   “la mujer se hizo al revólver de aquél  y   le   disparó   en   dos  ocasiones”23.   

Ahora   bien,  lo  que  las  instancias  no  descartaron  de  lo  dicho  por  esta  persona  fueron  las  circunstancias  que  antecedieron  a  la  producción  del  resultado  típico.  De ahí que tanto la  visita  de  una  persona  identificada  con el nombre de Mireya como el encierro  bajo  llave  y  sin  alimentos de OMAIRA RAQUEL JORDÁN SIMANCA, al igual que el  intento  de  convencer  a José Ángel Aguirre Montañez para que la mañana del  25  de  febrero  la  dejara  salir del inmueble, fueron hechos extraídos por el  Tribunal  del  relato  suministrado  por la procesada. En efecto, en el referido  relato se lee lo siguiente:   

“[…]  él  me  dejaba  encerrada  en  el  apartamento  […]   pasó  todo  el  día  del  lunes  y amaneció el día martes, cuando nos levantamos me  llamó  y  me  dijo que necesitaba hablar conmigo y nos sentamos en la sala y me  dijo  ‘tú por qué verga  tuviste  que  decirle  a  esa  señora  que vino que eras mujer mía’   y   yo   le   dije   ‘qué  querías que dijera’   y   me   contestó   ‘podías  decir cualquier cosa pero no  que  tú eras mujer mía’,  yo  le  dije ‘por qué tú  me    tratas    así,    por    qué    me    dices    esas    cosas’,     me     dijo     ‘porque   me  dañastes  [sic]  el negocio, no ves que tú comías  con  la  plata  que ella me daba y un computador que ella me iba ha [sic]         comprar’             […],  él  sacó el revólver y me lo ponía en la cabeza y  hablaba  y  decía  lo  mismo,  que  le  había dañado el negocio, yo vine y me  acosté  y  él  colocó  el  revólver debajo de la almohada, amaneció el día  miércoles  […]    y    me    decía    ‘oi  [sic]  sí   te   voy  ha  [sic]  castigar,   no   te   voy   a   dejar   comida   ni  nada’,  él  se  fue, me  dejó  enllavada [sic] y sin  comida  todo  el  día hasta las nueve de la noche que llegó y como yo sufro de  gastritis  tenía ardor en el estómago, en el patio hay un palo de guayaba y le  dije  al  muchacho  Jesús, no le sé el apellido, que me pasara unas guayabas y  me  las  comí,  y  cuando  él  llegó  me  preguntó que si tenía hambre y le  contesté   ‘no  tengo  hambre’  y  comenzó  a  hablar  y  me  decía  que  yo era una grosera, que cómo no tenía hambre si no  había   comido  nada,  yo  le  dije  ‘si   pasé   todo   el  día  sin  comer  qué  importa’,  la  noche  yo  me  acosté  y  él  también  se acostó, el día jueves día 24 hizo lo mismo, se fue en la mañana  y  regresó  en  la noche y me preguntó que si quería comer, yo le dije que no  porque  estaba  llena,  me  dijo  que  llena de qué, yo llamé a la niña de al  lado,     Yulisa,     ella    se    acercó    y    me    decía    ‘por    qué    a    ti   te   dejan  encerrada’,   yo   le  contesté  ‘no te explico  esto,  porque  ere [sic] una  niña  y no me entiendes’,  y  ella  me  dijo  ‘lo que  pasa   es   que   tú  estás  tragada’,    y    me    dijo    ‘ahí  [sic] no,  yo     con     un     novio    así    ya    lo    hubiese    dejado’,     me     dijo     ‘para   qué   me  llamas’   y   yo   le   dije   ‘para  que  me  hagas  el  favor y ves  [sic] a la tienda que tengo  quinientos  pesos’, yo los  tenía  escondidos  porque él no me dejaba tener plata, si tenía cien pesos me  los  cogía,  ‘una chicha  de  trescientos  y un pan de doscientos’,  en la noche cuando regresó me empujó y me comenzó a decir que  yo    se    las    iba    ha    [sic]   pagar,  ese  mismo día fue y compró pollo y se lo comió él, nos  acostamos,  el  día  jueves  antes  de  que  llegara  a  las 6:30 p.m., yo dije  ‘voy  ha  [sic]  inventar algo para irme porque no  puedo  soportar  esto’, yo  le  dije  a  Yulisa  que  le dijera a la mamá que se diera la vuelta, que iba a  hablar   con  ella,  con  Zenith,  ella  oía  todo,  yo  le  dije  ‘si  él  te pregunta que si es verdad  que  me  salió  un  trabajo, le vas a decir que sí, para irme a las 6:00 de la  mañana’  y ella me dijo  ‘es   verdad,   está  bien’,  eso  fue  para  amanecer  el  vierne  [sic]  25,  yo  le dije a él ‘yo  voy  ha  [sic]  ver la cosa  del  trabajo’, él estaba  riéndose     y     me    decía    ‘tú     cres     [sic]    que    yo   soy   marica’,  ‘si  tú  quieres  creer  cre  [sic]  porque    yo    me   voy   a   bañar’,  yo  cogí  me  bañé, me cambié y cuando me estaba pintando me  dijo  ‘ella jura que se va  a  ir’,  cuando me iba a  salir   le  dije  ‘hasme  [sic] el favor y me das las  llaves      y      si      desconfías      ven      tú     conmigo’,             ‘yo  que  me  voy a ir contigo ni qué  verga’  y  comenzó  a  puntarme   [sic]  con  el  revólver”24.   

Del  contexto  fáctico  anterior, acerca del  cual  OMAIRA  RAQUEL  JORDÁN  SIMANCA no presentó inconsistencias, el Tribunal  tan  sólo  tomó  en  consideración  algunos  aspectos con el fin de restarles  importancia  (como  la  visita de otra mujer, el encierro bajo llave, el acuerdo  con  Zenith y el intento de persuasión para dejarla salir) y, por el contrario,  ignoró  otros  (como  la  dependencia  económica  de la procesada, el maltrato  verbal  mediante  el  uso de improperios, la agresión física con el empujón y  la  violencia  moral  o  psicológica al ser amenazada con un revólver o al ver  cómo  se  alimentaba  su  pareja)  que,  en  conjunto,  aluden  a  una concreta  situación  de  indefensión  o  vulnerabilidad  en  esta persona y en todo caso  impiden   sostener,   como   lo  hizo  el  cuerpo  colegiado,  que  “no  tenía  gravedad para precipitar un  hecho     sangriento     como    el    que    finalmente    ocurrió”25,  o  que  ella  “estaba  allí  no propiamente amenazada  por    su    amante”26,   o   que   los   disparos  obedecieron  a  “la cantidad  de    mujeres    que    él    tenía”27.   

En cuanto al argumento según el cual la mujer  tuvo  la  posibilidad  de salir al patio, hacer oficio y poner un tocadiscos, el  ad  quem  tergiversó  el  testimonio  de  Nora  Esther  Calvo Vivero durante la  audiencia  pública,  no sólo en lo relativo a que era la procesada, y no José  Ángel   Aguirre   Montañez,   la   que   utilizaba  el  aparato  (“él  tenía  un  pick-up  [sic]    y    lo    ponía   todos   los  días”28),  sino  además  en  que la  testigo  jamás afirmó haberla visto salir durante los días en que permaneció  en     encierro;     simplemente,     utilizó     la     frase     “ella  salía  todos los días y barría  la  puerta”  para explicar  una  de  las  razones  por  las cuales pensaba que los sujetos involucrados eran  pareja.   

Aunado a lo anterior, es de anotar que OMAIRA  RAQUEL  JORDÁN  SIMANCA  indicó  en  indagatoria  que  el  patio  del inmueble  también  estaba  cerrado  con  llave, por lo que se colige que la circunstancia  del  encierro no le imposibilitaba que fuera vista en dicho sector (“los  días  23 y 24 no me dejó comida,  yo  estaba  en  el  apartamento,  la  reja  de  la puerta de la calle tenía dos  candados  y  la  del  patio dos candados”29).   

En   lo   que  concierne  a  la  expresión  “si  no eres mío, no eres  de  nadie”, que de acuerdo  con  el  acta  de  levantamiento  de cadáver fue la que escuchó la vecina Nora  Esther  Calvo  Vivero momentos antes de los dos disparos, el Tribunal le otorgó  un  alcance  probatorio que no le corresponde, pues no tuvo en cuenta que cuando  esta  persona  declaró  bajo  la  gravedad  del juramento en audiencia pública  sostuvo una versión que riñe con la que figura en la constancia:   

“[…] yo estaba  barriendo  el  patio, yo sentí que también ellos estaban lavando el patio y de  pronto   yo   sentí   dos   disparos   […]             Preguntado      [por     la     parte  civil].  ¿Le  dio  usted  alguna  información  a la  policía  sobre  los  hechos  materia  de  este  proceso cuando hicieron acto de  presencia  en  el  teatro de los acontecimientos? Contestó. Yo les dije a ellos  lo  que había pasado, que había oído los dos disparos y ella con el revólver  en     la    mano”30.   

Adicionalmente,   es   de   destacar   una  circunstancia  que sí fue referida por el ad quem, pero a la cual no le otorgó  trascendencia  alguna  en el fallo, relativa a que, de acuerdo con el testimonio  de  esta  persona, cuando justo después de los disparos le preguntó el porqué  de   su   conducta   homicida,   la   procesada   le   respondió:  “porque me tenía encerrada y yo quería  salir,   yo   me   quería   ir   y  él  me  escondió  las  llaves”31,  respuesta  que  no  sólo  apoya  la  realidad del contexto fáctico descrito en la audiencia pública y la  indagatoria  sino  que  también  desvirtúa que el móvil del delito hayan sido  los   celos   o  el  número  de  relaciones  interpersonales  que  la  víctima  tuviese.   

Por  último, debe la Sala precisar que de la  manifestación  de  OMAIRA  RAQUEL  JORDÁN SIMANCA, según la cual era su deseo  separarse  de José Ángel Aguirre Montañez por el número de amantes que éste  tenía,  no  era posible derivar una motivación en la conducta punible distinta  a  la que desde de un punto de vista objetivo apuntaba a demostrar la existencia  de  constantes abusos y maltratos por parte del compañero sentimental, tal como  lo  hizo  el  juzgado  de  primera instancia en el fallo que modificó el cuerpo  colegiado.   

En consecuencia, el error fáctico en comento  es inobjetable.   

2.4.  Por otro lado,  la  desafortunada  lectura  que  acerca  de  la situación fáctica descrita por  OMAIRA  RAQUEL  JORDÁN  SIMANCA  realizó  el  Tribunal  en  el fallo objeto de  impugnación  tampoco  fue  consecuente  con  los  instrumentos  internacionales  suscritos,  aprobados  y  ratificados  en  nuestro  país  que  propugnan por la  eliminación  de  cualquier  tipo de discriminación que atente en contra de los  derechos  fundamentales  de  la  mujer, sin perjuicio de que se trate del sujeto  activo o pasivo del delito.   

Al     respecto,     la    Convención   sobre   la   Eliminación   de  todas  las  Formas  de  Discriminación  contra  la  Mujer  (adoptada  por  la  Asamblea  General  de  la  ONU  el  18 de diciembre de 1979, aprobada en nuestro  país  por la ley 51 de 1981 y reglamentada por el decreto 139 de 1990) definió  la          expresión          “discriminación          contra         la         mujer”   como   aquella   de   la   que   se  desprende   

“[…]   toda  distinción,  exclusión  o restricción basada en el sexo que tenga como objeto  o  resultado  menoscabar  o  anular  el  reconocimiento, goce o ejercicio por la  mujer,  independientemente  de su estado civil, sobre la base de la igualdad del  hombre,  de  los  derechos humanos y las libertades fundamentales en las esferas  política,   económica,   social,   cultural   y  civil  o  en  cualquier  otra  esfera”32.   

Igualmente, estipuló la adopción proveniente  de    los    Estados    parte    de   “una  política  encaminada  a  eliminar la discriminación contra la  mujer”33,  para  lo  cual contempló,  entre otros, el deber de   

“c) Establecer  la  protección jurídica de los derechos de la mujer sobre una base de igualdad  con  los  del  hombre  y  garantizar,  por conducto de los tribunales nacionales  competentes  y  de  otras instituciones públicas, la protección efectiva de la  mujer       contra       todo      acto      de      discriminación”34.   

Por    su    parte,    la    Convención  Interamericana  para Prevenir, Sancionar y Erradicar la  Violencia    contra    la   Mujer   (o   Convención    de    Belém    do   Pará  –Brasil), suscrita el 9 de  junio  de  1994  y  aprobada  en  nuestro  país  mediante  la  ley 248 de 1995,  estableció que   

“[…]   debe  entenderse  por  violencia  contra la mujer cualquier acción o conducta, basada  en  su  género,  que  cause  muerte,  daño  o  sufrimiento  físico,  sexual o  psicológico   a   la   mujer,   tanto   en  el  ámbito  público  como  en  el  privado”35.   

Así  mismo,  advirtió  que  la “violencia  contra  la  mujer incluye la  violencia        física,        sexual        y        psicológica”36   

“a)  Que tenga  lugar  dentro  de  la  familia o unidad doméstica o en cualquier otra relación  interpersonal,  ya  sea  que  el  agresor  comparta  o  haya compartido el mismo  domicilio  que  la  mujer,  y que comprende, entre otros, violación, maltrato y  abuso     sexual”37.   

En análogo sentido, resaltó que “[t]oda   mujer   tiene   derecho   al  reconocimiento,  goce, ejercicio y protección de todos los derechos humanos y a  las  libertades  consagradas  por  los instrumentos regionales e internacionales  sobre     los     derechos    humanos”38,  entre los  que se encuentran   

“c) El derecho a  la libertad y seguridad personales.   

”d) El derecho a  no ser sometida a torturas.   

”e) El derecho a  que    se    proteja    la   dignidad   inherente   a   su   persona”39.   

También   estableció   que   toda   mujer   

“[…]  contará  con  la  total  protección  de  esos  derechos  consagrados en los instrumentos  regionales   e  internacionales  sobre  derechos  humanos.  Los  Estados  partes  reconocen  que  la violencia contra la mujer impide y anula el ejercicio de esos  derechos”40.   

Incluso  introdujo  como  obligación  de los  Estados     que    suscribieron    la    Convención    la    de    “adoptar,   por   todos   los   medios  apropiados  y  sin  dilaciones,  políticas  orientadas  a prevenir, sancionar y  erradicar   dicha   violencia   y   llevar   a   cabo  lo  siguiente”41:   

“f) Establecer  procedimientos  legales justos y eficaces para la mujer que haya sido sometida a  violencia,  que  incluyan,  entre  otros,  medidas  de  protección,  un  juicio  oportuno y el acceso efectivo a tales procedimientos.   

”g) Establecer  los  mecanismos  judiciales  y  administrativos  necesarios para asegurar que la  mujer  objeto  de  violencia  tenga acceso efectivo a resarcimiento, reparación  del  daño  u  otros  medios  de  compensación  justos  y  eficaces”42.   

Por último, aclaró que, para la adopción de  todas esas medidas, los Estados miembros   

“[…]  tendrán  especialmente  en  cuenta  la  situación  de  vulnerabilidad a la violencia que  pueda  sufrir  la  mujer  en  razón, entre otras, de su raza o de su condición  étnica,  de migrante, refugiada o desplazada. En igual sentido, se considerará  a   la   mujer   que   es  objeto  de  violencia  cuando  está  embarazada,  es  discapacitada,  menor  de  edad,  anciana, o está en situación socioeconómica  desfavorable  o  afectada  por situaciones de conflictos armados o de privación  de    su   libertad”43.   

Es  de  destacar además que esta  Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la  Violencia  contra  la  Mujer  tuvo  como  uno  de  sus  referentes44  la  Declaración sobre la Eliminación de  la  Violencia contra la Mujer, adoptada por la Asamblea  General  de  la  ONU  el  20  de  diciembre  de  1993,  que definió el término  “violencia   contra   la  mujer” como   

“[…] todo acto  de  violencia  basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener  como  resultado  un  daño  o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la  mujer,  así  como  la  amenaza  de  tales  actos,  la coacción o la privación  arbitraria  de  la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la  vida     privada”45.   

Igualmente,  dicha declaración estipuló que  los    actos    violentos    contra    la    mujer   abarcan   la   “violencia    física,    sexual    y  psicológica   que   se   produzca   en   la   familia,   incluidos   los  malos  tratos”46,    al    igual   que   la  “perpetrada  dentro  de la  comunidad  en  general”47.   

A su vez, consagró que la mujer tiene derecho  al  goce  y protección de los derechos “a   la   libertad   y   la   seguridad   de  la  persona”48,         “a  verse  libre  de todas las formas de  discriminación”49      y      “a  no  ser sometida a tortura, ni otros  tratos     o     penas     crueles,    inhumanos    o    degradantes”50.   

En  la  sentencia  de  23  de  septiembre  de  200951,   la   Sala  señaló  que  la  observancia  de  los  instrumentos  internacionales  que  promueven  el respeto por los derechos fundamentales de la  mujer   

“[…]    es  imperiosa  en  un  país  como Colombia, en donde la tradición sociocultural ha  sido  la  de tolerar, justificar y ponderar la supremacía de lo masculino tanto  en  el  ámbito  público como en el privado, de suerte que las expectativas con  las  personas  pertenecientes  al  sexo  opuesto  han  quedado  reducidas  a  la  asunción  de determinados roles (como el de madre abnegada, novia fiel y esposa  sumisa),  e incluso a la divulgación de ciertas cualidades (como la virginidad,  la  ineptitud,  la pasividad, la belleza o la simple condición ornamental), que  de   ningún   modo   se  compaginan  con  el  debido  respeto  a  sus  derechos  fundamentales.   

”Lo anterior ha  llevado,  en el diario vivir, a un sinnúmero de situaciones en las que no sólo  deviene  en  evidente el estado de debilidad manifiesta de la mujer, sino en las  que  también  se producen consecuencias lesivas de bienes jurídicos que siguen  contando  con  la  aquiescencia  de  un considerable sector de la comunidad. Por  ejemplo,  en la Encuesta Nacional de Salud  realizada  por  el Ministerio de la Protección Social en el año  2007,  se aseguró que, en relación con algunas formas de violencia doméstica,  la  percepción  de los habitantes de Bogotá comprendidos entre los dieciocho y  los sesenta y nueve años era la siguiente:   

”‘El  23,2  %  de los hombres y el 11,8 % de las mujeres de ese grupo  de   edad   y   que   reside  en  el  departamento  considera  que  ‘cuando  un  hombre golpea a una mujer  muy     seguramente     es    porque    ella    le    dio    motivos’.   En   el  promedio  nacional  los  porcentajes   fueron   del   29,8%   en   los   hombres   y  del  18,8%  en  las  mujeres.   

”’El  12,6%  de  los hombres y el 9,1% de las mujeres de ese grupo de  edad   y   que   reside   en   el   departamento   considera   que  ‘hay  situaciones  en  las  cuales  se  justifica   que   un   hombre   le   dé   una   cachetada   a   su   esposa   o  compañera’.   En   el  ámbito  nacional los porcentajes fueron del 16,2% en hombres y del 12,0% en las  mujeres’52.   

”Los anteriores  datos  parecen confirmar la vigencia del Informe de la  Relatora  Especial  sobre  la  violencia  contra  la  mujer,  sus  causas  y sus  consecuencias   (presentado   por  la  Comisión  de  Derechos  Humanos  de la ONU el 11 de marzo de 2002 y realizado en virtud de una  misión  a  Colombia, durante el mes de noviembre de 2001), en el que acerca del  particular sostuvo que, en nuestro país,   

”‘[…]  sigue  considerándose  la  violencia doméstica como una cuestión privada, por lo que  no  suelen  denunciarse los sucesos de esa índole, ni se puede por consiguiente  determinar  el alcance real del problema. Según la información recibida por la  CIDH    [Comisión   Interamericana   de   Derechos  Humanos],   son   menos  de  la  mitad  las  mujeres  maltratadas  que buscan ayuda y sólo el 9% de ellas presentan denuncia ante las  autoridades.  Ni el Estado ni la sociedad están lo bastante sensibilizados a la  necesidad  de  abordar  el  problema de la violencia doméstica. La impunidad de  los   autores   de   estos   actos   contra   la  mujer  es  prácticamente  del  100%’53.   

En este orden de ideas, el Tribunal incurrió  en  una valoración discriminatoria en contra de la mujer, no sólo al ignorar o  minimizar  todos  los  aspectos  fácticos  narrados  por OMAIRA RAQUEL JOR-DÁN  SIMANCA  (que  sin  duda  eran  alusivos  a violencia por razones de sexo), sino  también  al  estimar  que  el  solo  acto  de  ser encerrada en un inmueble sin  alimentos  carecía  de  las  connotaciones de gravedad necesarias para producir  consecuencias  jurídicas  en  la  imposición de la pena o en la determinación  del  grado  de  reproche,  e  incluso  al sugerir que podía tratarse de un acto  tolerado  por  esta  persona, en la medida en que había sido vista barriendo la  puerta  y lavando el patio, es decir, como si realizar labores que por cultura o  tradición  han sido asignadas a las representantes del sexo femenino demostrase  la  ausencia  de cualquier comportamiento contrario a derecho relacionado con el  menoscabo a la libertad.   

2.5. Demostrado como  se  encuentra  el error fáctico del ad quem, la trascendencia del mismo termina  siendo  incuestionable.  De  acuerdo con la jurisprudencia reiterada de la Sala,  para  que  se  configure  la circunstancia atenuante del estado de ira e intenso  dolor  se  requiere de (i) un  acto   de   provocación   grave   e   injusto,  (ii)  una  reacción  por  parte  del autor constitutiva del  resultado     típico    y    (iii)    una relación causal entre ambas conductas.   

En  el  presente  asunto,  no hay conclusión  distinta  a  la  de que la acción perpetrada por OMAIRA RAQUEL JORDÁN SIMANCA,  consistente  en  disparar en dos oportunidades en contra de José Ángel Aguirre  Montañez,  obedeció a la privación de la libertad a que él la sometía, así  como  al  maltrato  tanto  físico  como  psicológico  que  durante  los  días  anteriores  al  suceso  provino  de  este  último,  de suerte que concurrió un  comportamiento  grave e injusto, en tanto afectaba los derechos fundamentales de  la  mujer,  al igual que una reacción que no sólo desencadenó el resultado de  muerte,    sino   que   además   fue   la   consecuencia   directa   del   acto  provocador.   

Así  lo consideró la funcionaria de primera  instancia,  cuando  llegó  a la conclusión de que la procesada actuó dominada  tanto por la ira como por el intenso dolor:   

“[…]    no  podemos   ignorar   las  circunstancias  especiales  que  rodearon  la  trágica  relación  sentimental  entre  José  Ángel  Aguirre  Montañez y OMAIRA RAQUEL  JORDÁN  SIMANCA, consistentes en el maltrato y vejaciones de que fuera víctima  la  actual  procesada, maltrato que puede deducirse de las circunstancias en que  la  dejaba  expuesta, encerrada en el apartamento que compartían ocasionalmente  desde  principios  del año 2005, sin mediar ninguna justificación, privándola  así  de  su libertad, lo que traía como inmediata consecuencia una limitación  a  proveerse  su  alimentación.  Todo  esto  nos  da  una  pauta  de  las malas  relaciones interpersonales que esta pareja sostenía.   

”Es  así como  estas  circunstancias  que denuncia la procesada son de recibo para esta agencia  judicial,  pues como explicamos en acápite anterior la presunción de inocencia  debe  prevalecer  hasta  que  exista  prueba  legal y oportunamente allegada que  desvirtúe  a  aquella. Por ello, muy a pesar de que probatoriamente se descarta  la  legítima  defensa, encontramos que sí se enmarca la circunstancia de menor  punibilidad  de  la  ira o intenso dolor prevista en el artículo 57 del Código  Penal   […],   lo  que  lleva  inexorablemente  a  encontrar  el  comportamiento  de la procesada en medio de circunstancias que no  podemos  denominar  normales,  que  se  constituyen  en  un  caldo de cultivo de  conductas  que,  a  priori,  pueden parecer execrables y por tanto sancionables,  porque  todas  esas  humillaciones  y  vejámenes que día a día recibía de su  compañero  sentimental  explotaron en ese momento y fue cuando accionó el arma  de fuego y le disparó en dos ocasiones.   

”[…]  En  el  caso  sub  iúdice,  se  vislumbra  el  estado de ira e intenso dolor en que las  circunstancias  anteriores  al  hecho llevaron a OMAIRA RAQUEL JORDÁN SIMANCA a  transgredir  el bien jurídico de la vida de José Ángel Aguirre Montañez, por  lo  que  deberá  responder por tal resultado antijurídico, pero en el acápite  de  dosificación  punitiva se le tendrá en cuenta la diminuente punitiva de la  ira  e intenso dolor (art. 57 C. Penal)”54.   

Por lo tanto, la Sala casará oficiosamente el  fallo  del  Tribunal,  en  el sentido de confirmar la sentencia proferida por el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  Barranquilla,  que condenó a OMAIRA  RAQUEL  JORDÁN  SIMANCA a la pena principal de treinta y seis meses de prisión  por  la  conducta punible de homicidio en estado de ira  e   intenso   dolor  y  le  concedió  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena privativa de la libertad.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE   SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.  NO  ADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  OMAIRA RAQUEL JORDÁN  SIMANCA  en contra de la decisión de segunda instancia proferida por la Sala de  Justicia    y   Paz   del   Tribunal   Superior   del   Distrito   Judicial   de  Barranquilla.   

2.  CASAR  de manera  oficiosa el fallo impugnado.   

3. Como consecuencia  de  lo  anterior, CONFIRMAR la  sentencia  que  el Juzgado Tercero Penal del Circuito de Barranquilla emitió en  contra  de  la  señalada  persona  por  la  conducta  punible  de  homicidio   en   estado   de   ira   e   intenso   dolor.   

Contra  esta  providencia, no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                             SIGIFREDO     ESPINOSA    PÉREZ   

          Salvamento  de voto   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                            AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

                                                                                                         

                                                              

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                       YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

          

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Folio 39 del cuaderno del Tribunal.   

2  Sentencia  de  27 de noviembre de 1975,  Gaceta  judicial, Tomo CLI, pp. 473 y ss. En el actual  ordenamiento    jurídico,   la   distinción   entre   nulidades   de   índole  constitucional  y  legal  carece  de  sentido,  según  lo sostuvo la Sala en la  sentencia  de 28 de febrero de 2002 (radicación 15024), por cuanto “se   pasó  de  una  regulación  de  formulación  casuística  de  ellas  a  una genérica, de actualización de los  postulados  constitucionales del juez natural, el debido proceso y el derecho de  defensa,  y se acogió el principio de taxatividad, de acuerdo con el cual sólo  pueden  ser  decretadas  nulidades  por los motivos expresamente previstos en el  código”.   

3 Así  lo  reconoce  el  artículo  181 de la ley 906 de 2004, Código de Procedimiento  Penal  vigente  para  el  nuevo  sistema  acusatorio,  cuando  define al recurso  extraordinario  de  casación  como un “control          constitucional         y         legal”  que  en términos generales procede  si  los  fallos  de  segunda instancia “afectan    derechos    y    garantías    fundamentales”.   

4 Corte Constitucional, sentencia C-596 de 2000   

5  De  acuerdo  con  la  sentencia  de  30  de  enero  de  2003 (radicación 17117), el  artículo  29  de  la  Carta Política “contiene   una   serie   de  garantías  que  son  susceptibles  de  quebrantarse    por   errores   de   juicio   o   in  iudicando,   como  las  referidas  al  principio  de  legalidad  o  al de favorabilidad, cuyo reparo debe intentarse por la vía de la  causal    primera   de   casación   –violación  directa  o  indirecta  de la ley sustancial–,  o  las  que hacen relación con el  derecho  a  la defensa, el de contradicción, el de investigación integral o el  debido  proceso,  las  cuales  pueden  ser  afectadas  por vicios de actividad o  errores  in  procedendo que  dan  lugar,  entonces,  al motivo tercero de ataque extraordinario, es decir, el  de          la          nulidad”.   

6  Por  su  parte,  el inciso 3º del artículo 181 de la ley 906 de  2004  establece  acerca  del principio de limitación en casación lo siguiente:  “En  principio, la Corte  no  podrá tener en cuenta causales diferentes a las alegadas por el demandante.  Sin  embargo,  atendiendo  a  los  fines de la casación, fundamentación de los  mismos,   posición   del   impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de  la  controversia  planteada, deberá superar los defectos de la demanda para decidir  de fondo”.   

7  Radicación 21829.   

8  Sentencia de 25 de agosto de 2004, radicación 21829.   

9  Radicación 23251.   

10   Sentencia   de   13   de   septiembre   de   2006,   radicación  23252.   

11  Radicación 25387.   

12  Sentencia de 8 de octubre de 2008, radicación 25387.   

13 Radicación 26967.   

14 Folio 15 del cuaderno del Tribunal.   

15  Folio 17 ibídem.   

16  Folio 34 del cuaderno del juicio.   

17 Folio 4 del cuaderno de instrucción.   

18 Folios 39-40 del cuaderno del juicio.   

19  Folio 14 del cuaderno del Tribunal.   

20 Folios 16-17 ibídem.   

21 Folio 20 del cuaderno de instrucción.   

22 Folio 33 del cuaderno de juicio.   

23  Folio  14  del cuaderno del Tribunal. En el mismo sentido, folio 67 del cuaderno  del          juicio:          “[…]  fue  cuando accionó el arma de fuego y le dispara en  dos              ocasiones”.   

24 Folios 18-20 del cuaderno de instrucción.   

25  Folio 16 del cuaderno del Tribunal.   

26  Folio 17 ibídem.   

27  Folio 34 del cuaderno del juicio.   

28 Folio 40 del cuaderno del juicio.   

29  Folio 18 del cuaderno de instrucción.   

30 Folios 39 y 41 del cuaderno del juicio.   

31  Folio 39 ibídem.   

32  Artículo  1 de la Convención sobre la  Eliminación  de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer.   

33  Inciso 1º del artículo 2 ibídem.   

34 Literal c) ibídem.   

35  Artículo  1  de  la  Convención Interamericana para  Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la mujer.   

36  Inciso 1º del artículo 2 ibídem.   

37  Literal a) ibídem.   

38 Inciso 1º del artículo 4 ibídem.   

39  Literales c), d) y e) ibídem.   

40  Artículo 5 ibídem.   

41  Inciso 1º del artículo 7 ibídem.   

42 Literales f) y g) ibídem.   

43  Artículo 9 ibídem.   

44 Cf.  preámbulo ibídem.   

45  Artículo  1  de la Declaración sobre la Eliminación  de la Violencia contra la Mujer.   

46 Inciso 2º del artículo 2 ibídem.   

47  Inciso 3º ibídem.   

48  Inciso 4º del artículo 3 ibídem.   

49  Inciso 5º ibídem.   

50  Inciso final ibídem.   

51  Radicación 23508.   

52  Http://www.minproteccionsocial.gov.co/VBeContent/library/documents/DocNewsNo18-358DocumentNo9094.PDF.   

53  Coomaraswamy,  Radhika,  Informe de la  Relatora  Especial  sobre  la  violencia  contra  la  mujer,  sus  causas  y sus  consecuencias  acerca  de  su  misión  a  Colombia del 1º al 7 de noviembre de  2001, CDH, 11 de marzo de 2002, § 29.   

54 Folios 66-67 del cuaderno de juicio.     

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