27251(15-05-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27251  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 119   

Bogotá  D.  C., quince (15) de mayo de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

Mediante sentencia del 29 de junio de 2006,  el  Juzgado  Primero Promiscuo del Circuito de Concordia (Antioquia) absolvió a  OSCAR  DE  JESÚS  CARO  HERNÁNDEZ,  a  quien  la Fiscalía Seccional del mismo  municipio  acusó  por  el  delito  de  tentativa  de homicidio agravado, por la  indefensión de la víctima.   

El Fiscal instructor interpuso el recurso de  apelación,  dado  que, en su criterio, no era jurídicamente viable afirmar que  el  procesado  actuó  en legítima defensa. Al desatar la alzada, con fallo del  24  de  octubre de 2006, el Tribunal Superior de Antioquia revocó íntegramente  la  sentencia absolutoria de primera instancia, y, en su lugar, condenó a OSCAR  DE  JESÚS CARO HERNÁNDEZ, por el delito de tentativa  de      homicidio     agravado     –por  la  indefensión  de la víctima-, a  la  pena  de catorce (14) años de prisión, a inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso, al pago de quinientos  (500)   salarios   mínimos   legales   mensuales   vigentes,  por  concepto  de  indemnización  de  perjuicios;  y  le  negó  el  subrogado  de  la suspensión  condicional de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

En  esta  oportunidad,  la Sala califica el  aspecto  formal  de  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor del  implicado.   

HECHOS  

Fueron relatados de la siguiente manera, por  el   Tribunal   Superior   de   Antioquia,   en  la  sentencia  de  segunda  instancia:   

“En las primeras horas de la madrugada del  6  de  diciembre  de  1999, en la zona urbana del municipio de Betulia, Oscar de  Jesús  Caro  Hernández  acometió con un machete a su enconado enemigo Orlando  de  Jesús  Parra  Correa,  y  le ocasionó 19 heridas en distintas partes de su  cuerpo   que,   sin   bien   no   le   produjeron   la   muerte,  sí  afectaron  considerablemente  su salud, hasta el punto que tuvo una incapacidad provisional  de 50 días.”   

LA  DEMANDA   

Un  cargo  propone  el defensor de OSCAR DE  JESÚS  CARO  HERNÁNDEZ contra la sentencia del Tribunal Superior de Antioquia,  con  fundamento  en  la causal primera de casación prevista en el artículo 207  del  Código  de  Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000, por violación indirecta  de la ley sustancial.   

Asegura     que    el    Ad-quem  incurrió en error de hecho por  falso raciocinio al valorar  equivocadamente  los  testimonios  de  Jhony Hinestroza Correa y Wilson Arboleda  Restrepo,  a  los  cuales  restó  credibilidad  por  encontrar  que  contenían  protuberantes  contradicciones  entre  sí y con la versión del implicado, CARO  HERNÁNDEZ,  sobre  la  expresiones  insultantes  que  Orlando Parra (lesionado)  lanzó  contra  aquél;  respecto  de la existencia y exhibición de una arma de  fuego  –changón (sic) por  parte  de  Orlando  Parra  para  amedrentar  al  procesado; y con relación a la  procedencia  del  machete  utilizado  por  CARO  HERNÁNDEZ  para  desplegar  su  ataque.   

Recuerda    el    libelista   que   los  acontecimientos  tuvieron  lugar  en horas de la madrugada, cuando todos estaban  embriagados,  por  lo  cual, en esas condiciones, no es viable, sin apartarse de  la  lógica,  exigir  completa  coherencia, armonía y fidelidad en el relato de  los detalles.   

Lo      importante     –acota  el censor- es que los testigos  refirieron  que  Orlando Parra (lesionado)     tenía    una    arma    de    fuego    que    “manipuló” contra OSCAR DE JESÚS CARO  HERNÁNDEZ;  y también la “imprescindible necesidad  de   repeler  la  grave  como  injusta  agresión”,  realidad       que       fue      desconocida      por      el      Ad-quem,   con   base   en   argumentos  especulativos relativos a una indemostrada sed de venganza.   

Menciona  como  infringido  el artículo 12  (culpabilidad) del Código  Penal,    Ley    599    de    2000;    y    los    artículos   7   (presunción   de   inocencia)   y  232  (necesidad  de  la  prueba)  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  Ley  600 de 2000; y solicita a la Corte  casar  el  fallo  impugnado,  para absolver al implicado por ausencia de certeza  sobre su responsabilidad penal.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La  demanda  presentada  por el defensor de  OSCAR  DE  JESÚS CARO HERNÁNDEZ no satisface los requisitos establecidos en el  artículo    212   de   la   Ley   600   de   2000.   Debido   a   ello,   será  inadmitida.   

1.  Dado  que  el recurso extraordinario de  casación  se  rige por el principio dispositivo, las pretensiones de la demanda  delimitan  la  competencia  de  la Sala de Casación Penal, con excepción de la  nulidad  que  puede ser decretada oficiosamente en aras de la protección de las  garantías fundamentales.   

Por  tanto,  no  constituye  una especie de  tercera  instancia; no consiste en someter a un nuevo juicio al procesado, ni en  sede  de  casación  puede  postularse  un  debate probatorio generalizado y sin  acatamiento  de  la  lógica  argumentativa  que  le es inherente, puesto que el  recurso  extraordinario  no  fue  concebido como un medio adicional para litigar  libremente,  sino  como  una  excepcional  manera  de  llevar a conocimiento del  máximo  tribunal  de  la  jurisdicción  ordinaria  el  fallo  proferido por el  Ad-quem,  por las causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  que  hubiesen  sido  seleccionadas  y  desarrolladas en la demanda.   

De  ahí  que,  el  recurso de casación se  concibe  como  un  instituto  procesal extraordinario que busca remediar o poner  fin   a   la   violación   de  la  Constitución  Política,  del  bloque   de   constitucionalidad  en  lo  pertinente  y  de  la ley, con reflejo en la sentencia de segunda instancia, por  errores  de  juicio  o  de  actividad, y como tal comporta la elaboración de un  juicio  lógico  jurídico  sobre  la  sentencia  misma,  siguiendo el derrotero  trazado en las causales invocadas.   

No  se  trata  de  exigir  que el libelista  estructure  fórmulas únicas o sacramentales para postular sus reproches, ni se  precisa  siquiera  que  utilice  la  terminología acuñada por la doctrina y la  jurisprudencia   para   designar   las  distintas  especies  de  errores  en  la  estimación  probatoria.  Sin embargo, el casacionista debe discurrir de un modo  claro,  lógico,  y  profundo,  hasta  demostrar  que el fallo presenta defectos  protuberantes  en  su  estructura  jurídica,  de  tal suerte que no es factible  mantener su vigencia.   

2.  Si  del alejamiento de las reglas de la  sana  crítica  en la estimación probatoria se trataba, lo que constituiría un  error   de  hecho  por  falso  raciocinio,  en  el  marco  del  recurso  extraordinario  correspondía  a la  impugnante  acreditar  el  desconocimiento  de  las  reglas  de  ese  método de  valoración   probatoria   -sana   crítica-,   lo  cual  implica  demostrar  la  divergencia  que  existe  entre  las  motivaciones  actuales  del  fallo,  y las  declaraciones  que hubiese contenido si se hubieran acatado los postulados de la  lógica,  las  reglas de la experiencia o los aportes de las ciencias, tarea que  tampoco fue asumida por la libelista.   

Cabe  recordar  que  se incurre en error de  hecho  por falso raciocinio,  cuando  al  sopesar  una  prueba  que  existe  legalmente  y  es  valorada en su  integridad,  se  le  asigna una fuerza de convicción que vulnera los postulados  de  la  sana  crítica;  es  decir,  los principios concretos de la lógica, una  máxima  de  la  experiencia  plenamente  identificada  y aplicable al caso, y/o  algún aporte científico específico.   

En ese orden de ideas, si la pretensión de  la     defensa     consistía     en     demostrar     que    el    Ad-quem  quebrantó los postulados de la  sana  crítica  y  produjo  una  decisión  desfasada  y arbitraria, el camino a  seguir  en  búsqueda de la casación era el del error de hecho por falso  raciocinio,  que  tiene su propio  método,  especialmente en cuanto exige demostrar cuál postulado científico, o  cuál   principio  de  la  lógica,  o  cuál  máxima  de  la  experiencia  fue  desconocido por el fallador.   

A  continuación  tenía  que  indicar  la  trascendencia  del  error,  de  modo  que  sin  su influjo el fallo hubiera sido  distinto,  y concomitantemente indicar cuál era el aporte científico correcto,  o  cuál el raciocinio lógico, o cuál la deducción por experiencia que debió  aplicarse para esclarecer el asunto debatido.   

Demostrada así la presencia del yerro y su  trascendencia  en  la  forma  antes  señalada, en operación de causa a efecto,  debía  enlazarse  con  la violación de determinada ley sustancial por falta de  aplicación,  o  aplicación indebida, todo en procura de verificar que el fallo  impugnado es manifiestamente contrario a derecho.   

En  el mismo orden de ideas, para demostrar  la  trascendencia de los yerros que atribuye al Tribunal, era imprescindible que  el  casacionista  analizara  críticamente,  no  sólo  los testimonios de Jhony  Hinestroza  Correa  y  Wilson  Arboleda  Restrepo,  sino  el  resto de pruebas e  inferencia  indiciarias  que  soportan  la  instancia  de  segundo  grado, hasta  demostrar  que  no  eran  idóneas  para  sustentar  la condena, labor que no se  emprendió  en  la demanda, siendo obligatorio hacerlo con la profundidad que el  asunto amerita.   

Siguiendo el derrotero antedicho, tocaba al  defensor  de  CARO  HERNÁNDEZ  desvirtuar  todos  y  cada  uno  de  las  medios  probatorios,  testimonios  e  indicios,  sobre  los  cuales  el  Juez  colegiado  cimentó  la  sentencia  condenatoria;  y  adelantar  un escrutinio con la misma  lógica  casacional  sobre  tales  medios de convicción, hasta demostrar que no  eran  idóneos,  ni  suficientes  para determinar en grado de certeza que él es  penalmente  responsable  por el delito de tentativa de  homicidio   agravado   -por   la   indefensión   de   la  víctima-.   

3.  En  el  fallo condenatorio, el Tribunal  Superior     de     Antioquia     hizo,     entre    otras,    las    siguientes  reflexiones:   

-.  En la sentencia de primera instancia se  acogió  sin ninguna crítica la versión del implicado y se omitió analizar el  acopio probatorio en su conjunto.   

-.  No  es  factible reconocer que OSCAR DE  JESÚS  CARO  HERNÁNDEZ  actuó  en  legítima defensa, pues su versión es muy  contradictoria,  como también lo son los testimonios de Jhony Hinestroza Correa  y  Wilson  Arboleda  Restrepo,  sobre  los siguientes  tópicos:    i)    los    insultos    proferidos   por  Orlando  Parra  Correa  (lesionado)  para    ofender   al   procesado;   ii)  la  supuesta  tenencia  y  exhibición   de   una   arma   de   fuego  (changón  (sic))    que   Orlando  Parra      habría  esgrimido  contra el procesado; y iii) la procedencia  del  machete  que  CARO  HERNÁNDEZ  utilizó para agredir a Parra Correa, pues,  mientras  el  procesado dijo que él la tenía consigo, Wilson Arboleda aseveró  que el implicado le quitó la peinilla a un compañero.   

-.  No es posible admitir que Orlando Parra  (lesionado)  esgrimió  un  changón  (sic)  con  el  ánimo  de  atacar  a  CARO  HERNÁNDEZ.   Pues,   esta  arma  de  fuego  supuestamente  dirigida  contra  el  procesado,   no   fue  encontrada  al  lesionado  ni  en  el lugar de los hechos,  sino  que  fue  entregada  al  día  siguiente  a las  autoridades de Betulia, por familiares del implicado.   

-.     Nada     indica    que    CARO  HERNÁNDEZ se haya visto en  la  imperiosa  necesidad  de  reaccionar,    para   defenderse   de   una   injusta   agresión   actual   o  inminente.   

-.  Es  creíble,  en  cambio, el relato de  Orlando           Parra          (lesionado),   en   tanto  asegura  que  se  disponía  a ingresar a  la  caseta,  cuando  OSCAR  CARO  HERNÁNDEZ  “se  le  vino  encima”,  y  le propinó varios machetazos, que lo derribaron al suelo,  sin  tener él (Orlando) la posibilidad de repelerlo con un cuchillo, que era la  única arma que portaba.   

-.  Entre  el  procesado  y  la  víctima  se   había  gestado  una  “grave   enemistad”;  y   con  anterioridad  se  enfrentaron varias veces, a mano armada.   

-.  La  causación  a  Orlando  Parra,  de  diecinueve  heridas con un machete demuestra el ánimo  vengativo  de  CARO  HERNÁNDEZ, antes que la supuesta  necesidad de defender su vida.   

En lugar de hacer una referencia integral y  contextuada  del  asunto,  y  de  acometer  un  estudio crítico del conjunto de  pruebas    sopesado   por   el   Ad-quem,  el  libelista  intenta  hacer  una abstracción acudiendo que el  arma  de  fuego  sí  existió y que el ánimo belicoso era mutuo, para asegurar  luego  que  debió  reconocerse bien la legítima defensa, o bien, que no existe  certeza acerca de la responsabilidad penal del implicado.   

Con  ese modo de plantear su inconformidad,  el  censor  dejó intacto el fundamento probatorio del fallo, contra el cuál no  dirigió  ningún  cuestionamiento de fondo, con la lógica que exige el recurso  extraordinario.   

4.  Aunque  el  libelista  insiste  en  el  distanciamiento   de   las  reglas  de  la  sana  crítica,  como  modalidad  de  error de hecho que atribuye  al  Tribunal  Superior  de  Antioquia,  y  alude a las inferencias ilógicas, no  supera  las  exigencias  de  argumentación  mínimas  para que la censura pueda  admitirse.   

La  demanda  se  reduce  a  algunas frases  conclusivas,  donde  el  libelista  sostiene  que  el Juez colegiado reflexionó  erradamente.  Sin  embargo,  no  contiene  desarrollo argumentativo y de ninguna  manera  expresa  las  razones por los cuales debe aceptarse que la postura de la  defensa es la acertada.   

En  lugar  de  presentar razonadamente los  motivos   que   lo  llevan  a  sostener  que  el  pensamiento  del  Ad-quem  es  ilógico  o  especulativo,  básicamente  afirma  que los testigos Jhony Hinestroza Correa y Wilson Arboleda  Restrepo  no coincidieron por completo en su relato, debido a que se encontraban  en estado de embriaguez.   

Las    percepciones   subjetivas   del  casacionista  reflejan  su  manera  particular de exponer el asunto en la medida  que  le  interesa,  con  la  esperanza  de  que prevalezca sobre el criterio del  Tribunal  Superior;  y  lejos  está  de  poder  aceptarse  como  argumento para  sustentar a un cargo en sede extraordinaria.   

5.   En  cuanto  el  Tribunal  Superior,  sopesando  integralmente  el  recaudo  probatorio, dedujo la responsabilidad del  implicado  apoyado  también  en  razonamientos indiciarios, para estructurar el  cargo  en  casación era menester abordar por separado el estudio de cada uno de  esos  medios probatorios, pero no para hacer al respecto una crítica genérica,  buscando  anteponer  el personal criterio de la defensa, sino a profundidad, con  la  lógica  del  recurso,  en  orden a demostrar que el Juez colegiado cometió  determinada  especie  de error en alguno de los componentes del indicio o en los  procesos  lógicos  de  inferencia;  vale  decir,  en  la  estimación del hecho  indicador,   al   deducir   el  hecho  indicado,  o  al  valorarlos  separada  o  conjuntamente.   

Sin  embargo, la controversia que el actor  propone,  únicamente sobre lo inferido a partir de los testimonios mencionados,  nunca  sobrepasó  de  un  intento  por  convencer acerca de la falta de certeza  sobre  la  responsabilidad  CARO  HERNÁNDEZ,  sin  precaver que era obligatorio  ocuparse  en  desvirtuar  las pruebas que le sirvieron al Tribunal para cimentar  la condena.   

6.  La  jurisprudencia  de  la  Sala  ha  explicado  repetidas  veces  la manera como debe encararse la prueba de indicios  para su censura en casación.   

La   crítica   debe   orientarse  hacia  cualquiera  de  los  momentos de la construcción del indicio, vale decir, a los  elementos  de  convicción  que  soportan  el  hecho  indicador, a la operación  mental  de inferencia del dato indicado o a la estimación individual o conjunta  de  su  poder suasorio. Ello implica que el recurrente señale en cuál de estos  pasos  radica  el  error,  y  cómo  por su incidencia en el fallo se obtuvo una  decisión   que   debe   ser   remplazada   por   otra   que   se  ajuste  a  la  legalidad.   

Además,  en  relación  con cada indicio,  cuando  los errores de apreciación se presentan en el análisis de la prueba de  los  hechos  indicadores,  para  la  correcta  formulación  de  la  censura  el  casacionista  debe  identificar las pruebas que le sirven de sustento y precisar  el  error  de  hecho denunciado. Esto es: falso juicio  de  existencia  (suposición o supresión)    o   falso   juicio   de   identidad  (cercenamiento     o     distorsión).  O  el error de derecho que se hubiese cometido, por falso     juicio    de    legalidad  (formalidad  sustancial de la  prueba)  o  falso juicio de  convicción    (excepcionalmente,    tarifa   legal  probatoria).   

Y  si se trata de cuestionar la inferencia  lógica  o  el valor probatorio otorgado a los indicios, es deber del recurrente  acreditar    el    error    de   hecho   por   falso  raciocinio,  que  se  presenta por desconocimiento de  las  reglas  de  la  sana  crítica  (principio de la  lógica,   aportes   de   las  ciencias  o  reglas  de  experiencia), lo cual se cumple en la forma antes referida.   

6.  Era  imprescindible,  entonces,  en la  confección  de la demanda, analizar por separado y con lógica casacional todos  y  cada uno de los hechos indicadores asumidos por EL Juez colegiado y verificar  que  la  inferencia  lógica  o la persuasión que derivaron de ellos estaban en  franco  desfase  con  la  verdad probada, o que las deducciones en sana crítica  podían  ofrecer  conclusiones  equívocas o discordantes, en lugar de converger  hacia la responsabilidad penal.   

En  la demanda que se examina, es evidente  que  el  defensor  continúa  argumentando de manera libre, como si la casación  fuese  otra  instancia, de suerte que no postula ni desarrolla en rigor el cargo  por  ninguna  de  las  especies  de  error,  de derecho ni de hecho, sino que se  limita  a enunciar un supuesto yerro y con ello pretende convencer a la Corte de  que  su  visión de los acontecimientos es la acertada; de donde se concluye que  el  problema  subyace en la credibilidad, la fuerza de convicción o el poder de  persuasión  que  el  Tribunal  Superior  otorgó  al  acopio  probatorio  en su  conjunto,  pero  en este tema prevalece el criterio de la Corporación, al punto  que   el   fallo  viene  amparado  con  la  doble  presunción  de  legalidad  y  acierto.   

7.    Las  impropiedades  advertidas  con  antelación  conllevan  a  inadmitir la demanda,  máxime  que  tampoco  en la revisión del expediente se observa la vulneración  de  alguna  garantía  fundamental,  que  amerite el ejercicio de las facultades  oficiosas  de  la Sala de Casación Penal en los términos del artículo 216 del  Código de Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación presentada a nombre de OSCAR DE  JESÚS CARO HERNÁNDEZ.   

Contra  la presente providencia no procede  recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                            ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                         AUGUSTO IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                                        YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

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