27086(15-05-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27086  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado    acta    N°    119   

Bogotá,      D.      C.,      quince (15) de mayo de dos mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O  S   

La Corte decide respecto del cumplimiento de  los  presupuestos  de  logicidad  y  debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  WILLIAM  DARÍO VANEGAS.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el juzgador de segunda instancia de la siguiente manera:   

“Mediante  denuncia  instaurada  por la señora Rubiela Romero Rueda, el día 4 de marzo de  2004,  se  puso  en  conocimiento  el  homicidio de María Angélica Gil Romero,  quien  fuera  hija  de  la  denunciante,  la  cual  manifestó  que el día 6 de  diciembre  de  2000,  la  citada salió de su residencia ubicada en la vereda de  ‘La  Chacua’  del  municipio  de Soacha, en donde  vía  con  su  esposo  WILLIAM  VANEGAS  y  sus  hijos,  con destino a su casa a fin de que la acompañara a  cumplir  una citación ante la Inspección de Policía de Soacha, por agresiones  físicas  y  verbales  infringidas  contra  la  joven  Brigitte  Algarra  Urrea,  diligencia  a  la  cual no se presentó desconociéndose su paradero.   

“Durante más de  tres  años  se  dedicó  a buscarla logrando establecer que el compañero de su  hija  WILLIAM  VANEGAS  le  había  ocasionado la muerte y que la tenía enterrada en una marranera cerca de  donde  vivía,  de  lo  cual  informó  a  la  autoridad  competente”.   

2.   El  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Soacha,  mediante  sentencia  del  16  de mayo de 2006, condenó a  William Darío Vanegas a la  pena  principal  de  15  años de prisión, a la accesoria de rigor y al pago de  los  perjuicios,  como  autor del delito de homicidio imputado en la resolución  de   acusación,  la  cual  quedó  ejecutoriada  el  27  de  octubre  de  2005.   

3.  Apelado  el  fallo  por el defensor del  procesado,  el  Tribunal  Superior de Cundinamarca, el 11 de septiembre de 2006,  lo  confirmó  en  su integridad, decisión contra la cual el citado profesional  del derecho interpuso el recurso extraordinario de casación.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

El  defensor  del  procesado  William  Darío Vanegas, al amparo de las  causales  primera  y  tercera de casación, presenta dos cargos cuyos argumentos  se sintetiza, así:   

Primer cargo  

Con  fundamento  en  la  causal  primera de  casación,   acusa   la   sentencia   del   Tribunal   de   ser  “violatoria  al  debido  proceso  y  al  derecho  a la defensa, a la  presunción   de   inocencia   y  a  la  imparcialidad  del  funcionario  en  la  determinación  de  la  verdad  real  dentro  del  proceso,  por  la aplicación  indebida  y  errónea en la apreciación de las pruebas, incurriéndose en error  de hecho”.   

Afirma  que  el  error  del  juzgador surge  cuando  “desestimó la constancia dejada en el acta  de   inspección  del  cadáver”,  además  de  que  “se  apreció  erróneamente  la falta de la prueba  que  conduzca  a  la  certeza de la responsabilidad del procesado William Darío  Vanegas”, generándose de esa manera la duda que no  quiso reconocer el Tribunal.   

De  otra  parte, asevera que el Tribunal no  analizó  correctamente  los indicios obrantes en el proceso, en especial el del  móvil,  transgrediéndose  los  parámetros que la ley impone al respecto, esto  es,  la  debida valoración de las “premisas mayor y  menor”.   

Agrega  que  se hace necesario recordar que  entre  su  defendido y María Angélica “no existía  ningún  vínculo  de unión marital”, motivo por el  cual  no  era  posible que se originara “un problema  mayor  entre  ellos”,  como  así lo demuestran las  declaraciones  de  Brigitte Algarra y Fernando Algarra, además de que la muerte  de  María Angélica “no sucedió los días 5 o 6 de  diciembre  del  año  2000, sino que sucedió el día 7 de diciembre”,   tal   como  lo  “estableció  y  probó”   su   defendido   en   la   indagatoria.   

Dice que su defendido, el 7 de diciembre de  2000,  no  dio  información “falsa a la progenitora  de  María  Angélica, ya que la cita determinada por la Inspección de Policía  fue  para  el  7  de diciembre y no para el 6 de dicho año y mes, quedando así  probado   incluso   por  declaración  de  Angélica  María  Quemba”.   

En  esas  condiciones,  considera  que  el  reproche queda fundamentado.   

Segundo cargo  

Con base en la causal tercera de casación,  acusa  al Tribunal de dictar sentencia en un juicio viciado de nulidad, toda vez  cuando  William  Darío  Vanegas  fue  trasladado,  el 10 de marzo de 2003, a la  vereda   “La  Chacua”,  jurisdicción    de    Soacha,    con    el    fin    de   que   “indicara  donde  había  o estaban enterrados los restos del cuerpo  de  María  Angélica  Gil, este traslado y actuación judicial se llevó a cabo  sin    la    presencia   de   defensa   técnica”,  irregularidad  que,  en  su  criterio,  es  violatoria  del debido proceso y del  derecho de defensa.   

Por  lo  expuesto,  solicita  a  la  Corte  “dar    trámite    legal    a    la    presente  demanda”.    

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

La demanda de casación presentada a nombre  del   procesado  William  Darío  Vanegas  no  cumple  con  los presupuestos formales, razón por la cual se  inadmitirá.   

En  efecto, el artículo 212 del Código de  Procedimiento  Penal  establece,  entre  otros requisitos, la enunciación de la  causal  y  la  formulación  del  cargo,  debiéndose  indicar  en  forma clara,  precisa,  lógica  y  coherente  sus  fundamentos  y  las  normas que se estimen  infringidas.  De igual manera, se estatuye que se pueden presentar varios cargos  y     excluyentes,    pero    en    capítulos    separados    y    de    manera  subsidiaria.   

En  esas condiciones, surge evidente que el  actor  no  distingue  entre  un   alegato  de  instancia  y  una demanda de  casación,  en  la  que  no  se  puede   hacer,  de manera libre, cualquier  cuestionamiento  a  una  sentencia  que por  ser la culminación de todo un  proceso,  viene  amparada  por la doble presunción de acierto y legalidad, sino  que  debe  ser  un escrito lógico, coherente y sistemático que busca restaurar  la  legalidad  del  fallo, por lo cual sólo es procedente denunciar los errores  cometidos  por  el  fallador,  al  tenor de las causales expresa y taxativamente  señaladas  en  la  ley,  demostrarlos y evidenciar su trascendencia en la parte  dispositiva de la providencia impugnada.   

Teniendo  en  cuenta  lo  anterior  y en lo  atinente  al  primer cargo,  resulta  fácil  advertir sus falencias desde el simple enunciado, toda vez que,  en  abierta  discrepancia  con  el  principio  de autonomía, según el cual, al  interior  de  un  mismo  cargo  no  se pueden mezclar ataques correspondientes a  causales  distintas,  pues cada una tiene características y reglas técnicas de  demostración  diferentes y producen diversas consecuencias jurídicas, el actor  transita,  de  manera  simultánea,  por  las  causales  primera  y  tercera, al  plantear  errores  en la apreciación de la prueba y la transgresión del debido  procedo  y  del  derecho  de  defensa,  reparos que ha debido formular de manera  separada y respetando el postulado de prioridad.   

De  otra  parte,  si  bien es cierto que el  libelista  fundó el ataque a la sentencia por los senderos de la causal primera  de  casación,  también lo es que no señaló la vía de la transgresión de la  ley sustancial, es decir, si fue de manera directa o indirecta.   

Tampoco  señaló cuáles fueron las normas  sustanciales  infringidas  y su sentido, esto es, si fueron vulneradas por falta  de aplicación o por aplicación indebida.   

Ahora bien, bajo dicha hipótesis casacional  (causal  primera),  observa  la  Sala  que  el  censor  afirma  que  el Tribunal  incurrió    en    “error   de   hecho”,   el   cual,   en   su   criterio,   surge  de  la  equivocada  “valoración    de    las    pruebas”  como  fueron  la  constancia  dejada  en  la  inspección  del  cadáver,  los  indicios  y  las  declaraciones  de  Brigitte  Algarra, Fernando  Algarra y María Angélica Quemba.      

No   obstante,   se   advierte   que   su  inconformidad  radica  en  la credibilidad que los juzgadores le otorgaron a los  elementos  de  juicio,  olvidando  que  la  simple  disparidad  de  criterios no  constituye  yerro  demandable  en  casación,  pues de acuerdo con el sistema de  apreciación  probatoria que rige el juzgador goza de libertad para justipreciar  los  medios  de  prueba  allegados al proceso, sólo limitado por los postulados  que informan a la sana crítica.   

A  más  de  lo  anterior, desconoce que el  fallo  llega  a  esta  sede  precedido  por  la  doble  presunción de acierto y  legalidad,  es  decir,  que  los  hechos  y  las  pruebas  fueron  correctamente  apreciadas y el derecho estrictamente discernido.   

Así    mismo,   teniendo   en    cuenta    la    afirmación    del   actor,   según      la     cual,    el     sentenciador     se   equivocó    en    la    valoración    de    las   pruebas,    por    lo   que,    a    su   juicio,   incurrió    en    “error   de   hecho”,    se    hace    necesario  recordar   que   el  error  de  hecho,  como   lo    ha    dicho    la    Corte,    en   materia   probatoria   subyace   una   actitud   frente   a   lo   descriptivo,   en   el  sentido  de  que  se  transgrede  la  información   suministrada  por  la  prueba  o  se  finge  la  que  ella  pueda  suministrar, generándolo tres falsos juicios, a saber:   

–   Falso juicio de existencia, según  el  cual, el juzgador, al momento de valorar de manera individual y conjunta las  probanzas,  supone  un medio de convicción que no obra en el diligenciamiento o  excluye  uno,  los  que  tenían  la  capacidad  de  probar  circunstancias  que  eliminan,    disminuyen    o   modifican   la   decisión   absolutoria   o   de  condena.   

–  Falso juicio de identidad, en el que  incurre  el juzgador cuando en la apreciación de una determinada prueba le hace  decir  lo  que ella objetivamente no reza, erigiéndose en una tergiversación o  distorsión  por  parte  del  contenido  material  del   medio   probatorio,   bien   porque  se le coloca a decir lo  que  su  texto  no encierra o porque se le hace expresar lo que objetivamente no  demuestra.   

–    Falso   raciocinio,  cuando  el  sentenciador  se  aparta,  al  momento de apreciar los medios de convicción, de  los  postulados de la sana crítica, es decir, de las leyes de la lógica, de la  ciencia,  de  las  máximas  de  la  experiencia  o  del  sentido  común.    

Como puede advertirse, si bien el libelista  mencionó  la  existencia  de  unos  errores  de  hecho,  de todos modos guardó  silencio  sobre el falso juicio que lo determinó, limitando su argumentación a  hacer  breves e insulares críticas sobre la manera como el Tribunal valoró los  medios  de pruebas, tales como que se “desestimó la  constancia   dejada   en   el   acta  de  inspección  del  cadáver”,  o  que  no se valoraron debidamente los indicios, o que entre  su   procurado  y  María  Angélica  “no  existía  ningún   vínculo   de   unión  marital”  o  que,  “la  muerte  de María Angélica no sucedió en los  días  5  o  6  de diciembre del año 2000” o que su  representado  no  suministró  información  falsa a la denunciante, quedando la  discusión  en  una  discrepancia de criterios en torno al grado de credibilidad  que  el  sentenciador  de  segundo  grado otorgó a los citados medios de prueba  para  concluir  en  la  responsabilidad  de  su  defendido,  contraposición  de  criterios  que,  como  se  dijo,  no  es  susceptible  de  ser  atacado  en esta  sede.    

De  otro  lado,  desconoce  el  censor  los  parámetros  técnicos que rigen para atacar la prueba de indicios en esta sede,  toda  vez que, como también lo ha dicho la Sala, se hace imperioso recordar que  cuando  el  reproche  recae  sobre  esta  probanza,  se  debe tener en claro los  elementos  que  la  componen,  esto  es,  hecho indicador y razonamiento lógico  -hecho indicado-.   

En  efecto, “si  el  indicio  es un medio de prueba, debe tenerse claro que cuando se plantean en  casación  defectos  en  su  apreciación como fundamento de la violación de la  ley  sustancial,  la vía de ataque tiene que ser la indirecta, siendo deber del  demandante  indicarle  a la Corte la clase del error que denuncia (de hecho o de  derecho),  su  modalidad  y  si  lo predica del hecho indicador o probado, de la  inferencia  lógica o de la fuerza persuasiva obtenida del análisis conjunto de  los       diferentes      indicios”.   

“Cuando  la  equivocación  se  hace  recaer  en  la  prueba del hecho indicador, los errores  susceptibles de ser planteados son los siguientes:   

“De  hecho por  falso  juicio  de existencia, que tiene ocurrencia cuando se supone esa prueba o  se omite considerar otra que la desvirtúa.   

“De  hecho por  falso  juicio  de  identidad,  que  ocurre  cuando  se  distorsiona su contenido  fáctico.   

“De  hecho por  falso  raciocinio,  que  sucede cuando la premisa obtenida a partir de la prueba  del  hecho  indicador,  desde  la  cual se construirá el juicio lógico, fue el  producto   de   un   razonamiento   apartado   de   las   reglas   de   la  sana  crítica.   

“De derecho por  falso  juicio  de  legalidad,  que  tiene lugar cuando el juez estima probado el  hecho  indicador  con una prueba inválida, o considera inválida una prueba que  los    desvirtúa”.1   

De igual forma, cuando el yerro radica en la  inferencia  lógica  y/o  en la fuerza demostrativa que el juzgador le otorga al  conjunto  indiciario, su postulación debe ser con estricto apego en el error de  hecho por falso raciocinio.   

Aquí  el  censor  sólo  refiere  que  las  construcciones  indiciarias  no  llevan a la conclusión que dedujo el Tribunal,  sin  que  advierta  si el yerro de apreciación fue sobre el hecho indicador, la  inferencia  lógica  o  el  hecho  indicado,  falencia técnica que la Corte, en  virtud del principio de limitación, no puede entrar a suplir.   

Finalmente,  en  cuanto  al  segundo  cargo  sustentado  en la causal  tercera  de casación y que le permitió al libelista afirmar que en este asunto  se  dictó  “sentencia  en  un  juicio  viciado  de  nulidad”,  olvidó  el  actor  que  la  coherencia  conceptual  y  el  rigor  metodológico de la casación imponen que dentro de la  demanda  se  debe dar aplicación al principio de prioridad en la invocación de  las  causales  y  la proposición de los cargos, toda vez que es necesario tener  en  cuenta  la  incidencia procesal que genere la prosperidad de alguno de ellos  respecto     del     efecto     corrector     o    invalidante    del    recurso  extraordinario.       

Al respecto ha dicho la Sala:  

“Ello obedece a  la  lógica  sobre  el  cual  está  edificado  este  recurso extraordinario. Su  racionalidad  impone  verificar  previamente,  esto  es,  antes de cuestionar el  fondo  de  la  sentencia,  si  la estructura y los instrumentos de garantía del  proceso  no  han sufrido escamoteo alguno. Sólo entonces, una vez constatada la  legitimidad  constitucional  del  procesamiento  que  le dio origen, es factible  entrar  a  auscultar  la  sentencia  en  sí  misma, en orden a comprobar si sus  soportes  probatorios  y el raciocinio que sobre ellos se ha operado, se ajustan  o  no  a  la legalidad”.2   

Así,  entonces, cuando de varios cargos se  trata  y uno de ellos se apoya en la causal de nulidad, el método, la lógica y  la  coherencia  precisan que primero se debe despejar todo aquello atinente a la  legalidad  y  validez  tanto  del  proceso  como de la sentencia impugnada, para  posteriormente   adentrarse  en  las  demás  materias  que  involucren  asuntos  relacionados  con  la  aplicación  de  la  ley  sustancial o con la valoración  probatoria,  pues,  como  lo  ha  enseñado  la  jurisprudencia, “no  es  razonable  que primero se acepte la validez del proceso, se  reproche  su  valoración  probatoria y se censure la indebida aplicación de la  ley,  y  luego  se  cuestione  la  eficacia  y legitimidad del mismo”                   3,   como   sucede   en   este  caso.   

De otro lado, cuando de la nulidad se trata,  para  el  éxito  de  la  impugnación  se  debe  identificar  el  acto procesal  irregularmente    cumplido,   demostrarse   la   omisión   de   un   desarrollo  jurídicamente  exigible  conforme  a  las disposiciones que lo establecen, y la  incidencia  de  ello  en  el  proceso  o  en  la  sentencia,  con efectos en las  garantías  constitucionales  y  legales  reconocidas a favor del procesado o de  cualquier  otro sujeto procesal, o en la estructura del proceso, y que no puedan  ser subsanadas.   

Recuérdese   que   la   argumentación  correspondiente  a  la  causal tercera de casación, si bien tolera cierto grado  de  flexibilidad,  no escapa al cumplimiento de los requisitos que la ley exige,  pues son comunes a todos los motivos de censura.   

En  el  evento que ocupa la atención de la  Sala,  el libelista no acierta en la causal invocada, pues si consideraba que el  acto  judicial  en  el cual el procesado indicó “el  sitio  donde  estaban  enterrados  los restos del cuerpo de María Angélica Gil  Romero”  se llevó a cabo con desconocimiento   de   las   reglas   que   la  ley  establece   para    el   efecto,   ha  debido   formular   el   reproche    bajo    los    postulados    de    la   violación   indirecta  de la ley sustancial, por error de derecho generado  en un falso juicio de legalidad.   

Y   si  se  entendiese   que   quiso   aludir   al  falso  juicio  de   legalidad,   de  todos  modos  no  lo  demostró,   ya   que   no   indicó   cuáles  eran  las   normas   que  condicionaban  la  validez  del  citado  acto  judicial,  en  qué  consistió  el  error  y  su  trascendencia frente a las conclusiones del fallo.   

Por  consiguiente,  al no reunir la demanda  los   presupuestos   de   logicidad,   claridad   y   precisión,  la  Corte  la  inadmitirá.   

Finalmente,  cabe  señalar  que el estudio  detenido  del  expediente  permite  a  la  Sala concluir  que no procede la  casación  oficiosa  por  cuanto  no  se  percibe  ninguna  causal de nulidad ni  vulneración de derechos fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de  WILLIAM  DARÍO VANEGAS. En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                           ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN    

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

         Secretaria     

1   Sentencia   del   26  de  noviembre  de  2003.  11135,  entre  otras.   

2   Casación 17281 del 19 de junio de 2003. ente otras.   

3   Casación 18656 del 21 de abril de 2004.     

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