26829(22-07-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26829  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  Ponente   

JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado acta N°  223  

Bogotá,  D.  C., veintidós (22) de julio de  dos mil nueve (2009).   

V    I    S   T   O  S   

La Corte resuelve el recurso extraordinario de  casación    interpuesto    por   el   defensor   del   procesado   LUIS   ALBERTO  BECERRA  NEIRA  contra  la  sentencia  del  23  de  agosto  de  2006,  proferida por el Tribunal Superior de  Medellín,  a través de la cual confirmó el fallo condenatorio del 24 de enero  de  2006,  emitido por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Itagüí, que lo  condenó  a  las  penas  principales  de  8  años  de  prisión y multa de 1000  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  así  como  a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  término  igual  al  de  la  pena  privativa  de  la  libertad,  como  autor del  comportamiento  punible de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes, al  tiempo  que le negó la suspensión condicional de la ejecución de la condena y  la prisión domiciliaria.   

H    E    C   H   O  S   

El   sentenciador   de  segundo  grado  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“Historia  la  foliatura  que  el  1  de julio de 2005 a eso de las 23:30 horas, en la calle 64  No.  55-05  (de  Itagüí), establecimiento comercial denominado Licorera la 55,  fue  capturado   por  agentes de la Policía el señor LUIS ALBERTO BECERRA  NEIRA,  porque  al  practicar  una  requisa se halló en la bodega del lugar una  bolsa   contentiva  de  4400  gramos  de  cocaína,  aproximadamente”.   

ACTUACIÓN    PROCESAL   

Con  fundamento  en  el  informe suscrito por  personal  de  la  Policía  Metropolitana  de  Valle de Aburrá, la Fiscalía 53  Seccional  de  Itagüí, mediante resolución del 5 de julio de 2004, ordenó la  apertura    de    formal    instrucción,   al   tiempo   que   ordenó   la  vinculación  de  LUIS  ALBERTO  BECERRA  NEIRA, quien con la  asistencia       de       defensor       contractual,      fue      indagado   en   la   misma   fecha.    

Su   situación  jurídica  fue resuelta a través de resolución del 7  de  julio  del  mismo  año,  por medio de la cual fue afectado con medida   de  aseguramiento  de  detención  preventiva  por  la  conducta  punible  de  tráfico,  fabricación  o  porte de  estupefacientes (artículo 376 del Código Penal).   

La    investigación   fue   clausurada a través de resolución del 16  de  septiembre  de  2005,  la  cual  fue  debidamente notificada.  El 12 de  octubre     siguiente     LUIS    ALBERTO    BECERRA  NEIRA fue acusado   como   presunto   autor  de  la  conducta  punible  de  tráfico,  fabricación   o   porte   de   estupefacientes   (artículo   376  del  Código  Penal).    La   decisión   acusatoria  no  fue  impugnada  y  cobró   ejecutoria   el   20   de   octubre   de   2005.   

Mediante  auto  del 21 de octubre de 2005, el  Juez     Segundo     Penal     del    Circuito    de    Itagüí    avocó    el  conocimiento  de la causa, corrió el traslado previsto  en  el  artículo  400 de la Ley 600 de 2000 y, en decisión del 15 de noviembre  de  2005, fijó fecha para la práctica de la audiencia  preparatoria,  la  cual  tuvo lugar 24 del mismo mes y  año;  en  ella,  el  juez  ordenó  de  manera oficiosa la práctica de algunas  diligencias  probatorias,  fijó  fecha  para  realizar la audiencia pública de  juzgamiento  y  –por razón  de  su  extemporaneidad-  se  abstuvo  de  pronunciarse respecto de la solicitud  probatoria   formulada   por   el   apoderado   de   la   defensa  en  la  misma  diligencia.   

La  audiencia  de  juzgamiento  tuvo  lugar el 24 de enero de 2006.   Al  término  de  dicha  diligencia,  tras escuchar al procesado, agotar la fase  probatoria  y  recibir los alegatos de conclusión por parte de la fiscalía, el  procesado    y    su    defensora,    el    juez    dictó    el    fallo   condenatorio   en  los  términos  detallados  en  el  acápite de antecedentes procesales (fl. 199-201), enseguida  lo  notificó  en  estrados  y  corrió  traslado  a los sujetos procesales para  interponer  y  sustentar  el  recurso de apelación, en caso de que lo estimaran  conveniente.    

Así, la defensa intervino para interponer el  recurso                   vertical1   y   lo   propio   hizo   el  procesado2.   Una  vez  más, la defensa tomó la palabra para apoyar las  manifestaciones  del  procesado,  insistir  en su proceder de buena fe, pedir la  consideración  de  las  pruebas  de  descargos,  así  como  la  libertad de su  defendido  o, en subsidio, la prisión domiciliaria.   Por último, el  juez  –con  apoyo  en  el  artículo  193-b-1  de  la  Ley  600  de 2000- concedió el recurso en el efecto  diferido,  y  remitió  la  actuación  al Tribunal Superior de Medellín.    

Dicha   Corporación,   en   fallo  de  segunda  instancia  del  23  de  agosto  de  2006,  ,  tras  negar  la  petición  de  nulidad formulada sobre el  argumento  de  la irregular emisión de la sentencia de primer grado al término  de    la    audiencia    pública   de   juzgamiento,  confirmó la decisión recurrida.   

Frente  a  la determinación del Tribunal, el  defensor  del  procesado  interpuso  el  recurso extraordinario de casación, el  cual  fue concedido por la Corporación de instancia y sustentado oportunamente,  mediante   la   correspondiente  demanda  que  fue  declarada  ajustada  por  la  Sala.     

LA DEMANDA  DE   CASACIÓN   

El   defensor  del  procesado  LUIS  ALBERTO  BECERRA  NEIRA  formula dos  cargos  al  amparo  de  la  causal  primera  de casación, por vía del error de  hecho:   el   primero   de   ellos   lo   orienta   como   una   “violación  directa  de  la  ley  sustancial,  violación al debido  proceso  y  al  derecho de defensa” y el segundo como  un   “falso   juicio   de   raciocinio”.  Sus argumentos se sintetizan así:    

Primer   cargo:  “violación   directa   de   la   ley  sustancial,  violación   al   debido   proceso   y   al   derecho   de   defensa”   

A través de la causal primera de casación de  que  trata  el  artículo  207  de la Ley 600 de 2000, el censor denuncia que el  Tribunal  incurrió  en violación directa de la ley sustancial, toda vez que no  advirtió  que  el juez de primer grado violó el debido proceso y el derecho de  defensa,   concretamente   el   artículo  410  del  estatuto  mencionado,  como  consecuencia   de   emitir   el   fallo  dentro  de  la  audiencia  pública  de  juzgamiento.   

Aduce, en apoyo del reproche planteado, que el  juez  violó  el  debido  proceso  por  no  tomarse  un término prudencial para  analizar  las  diligencias,  conforme la sana crítica y, además, porque la Ley  600  de  2000 no permite proferir el fallo en estrados.  Señala que con el  proceder  que denuncia, el juez aplicó el rito procesal que consagra la Ley 906  de  2004  con  el fin de agilizar el proceso, no obstante lo cual dicho trámite  no  le  es  favorable al procesado, pues el que debió aplicarse era el previsto  en el Código de Procedimiento Penal de 2000.   

Califica de lacónico el argumento con el cual  la  defensora  interpuso  el  recurso de apelación y sostiene que el juez no le  dio  oportunidad  al  procesado  de manifestar si era su deseo impugnar el fallo  condenatorio.   Agrega  que, de ser legal la emisión del fallo al término  de  la  audiencia  pública, en todo caso el juez ha debido darle aplicación al  artículo  194  de  la  Ley 600 de 2000 para que el impugnante tuviera tiempo de  sustentar el recurso.    

El  casacionista  solicita  a  la Sala que se  declare     la     nulidad    de    la    audiencia  pública  desde  el  proferimiento del fallo, a fin de  que  éste sea emitido conforme lo ordena la Ley 600 de 2000.  Por último,  el  impugnante  transcribe  el  contenido  del  salvamento  de voto al fallo del  tribunal.   

Segundo     cargo:     “error    de   hecho   por   falso    juicio    de    raciocinio”.   

El  demandante  alega  que  el  sentenciador  incurrió  en  el  yerro  aludido  al  no  tener en cuenta las declaraciones del  procesado  y  sus  familiares,  desconocer  los principios de valoración de los  diferentes     medios     de     pruebas,     todo    lo    cual    –según    dice-   incidió   en   la  determinación   del   fallo   impugnado.    Precisa   que  “las  sentencias  de  primera  y  segunda instancia desconocieron el  valor   real   probatorio   de   las  pruebas  arrimadas  a  la  investigación,  desconociendo  en  su  análisis  la aplicación de la sana crítica”.   

Aduce  que  el  yerro pregonado recayó en la  “valoración  errada” de  los  testimonios de Jairo Ríos Tamayo, Ángela Patricia Sierra Valencia, Jesús  Vélez,  la  esposa  de  LUIS  ALBERTO  BECERRA NEIRA, los cuales corroboran las  explicaciones  de  éste  en  cuanto  a  la  manera en que recibió y guardó la  sustancia   ilícita,   así   como   las   circunstancias   que   rodearon   su  hallazgo.     

El recurrente discrepa de la manera en que el  sentenciador  apreció  las  pruebas, toda vez que, según dice, ellas respaldan  las explicaciones del procesado BECERRA NEIRA.    

Apoya el anterior aserto argumentando que, si  bien  es cierto la tipicidad de la conducta está demostrada, también lo es que  BECERRA  NEIRA  fue  asaltado en su buena fe por parte de un tal Jorge, quien le  entregó  el  paquete  con el estupefaciente para que se lo custodiara.  Es  así  que,  agrega,  “en  este  tipo de negocios es  normal  que algunos clientes se aprovechen de la confianza que se les brinda por  parte  de  los  administradores, aún de los mismos propietarios, para encaletar  objetos  como  armas,  artículos  de  dudosa  procedencia,  y  como  en el caso  presente, droga estupefaciente”.   

Apunta que no es razonable que una persona, en  condiciones  de  comprender  y  autodeterminarse,  guarde  en  una  licorera una  cantidad  de  sustancia estupefaciente superior a la dosis personal, pues dichos  establecimientos  son vigilados por las autoridades; tampoco que, aún cuando se  admitiera  que BECERRA NEIRA conocía el contenido del paquete, lo dejara tirado  sobre   unas   canastas    de   gaseosa   en   el  interior  de  su  propio  negocio.   

Señala,  en  consecuencia,  que  el fallador  debió  admitir  las  explicaciones  del  procesado,  toda  vez  que si éste en  realidad  fuera  responsable  del punible que se le endilga se hubiera acogido a  la  sentencia anticipada. Pero, por el contrario, BECERRA NEIRA se negó a ello,  con  la  esperanza  de  un resultado favorable a sus intereses, toda vez que era  conciente de su inocencia.   

El   censor   admite   la   tipicidad   y  antijuridicidad  de  la  conducta,  pero  insiste  en  que a BECERRA NEIRA se le  dedujo  responsabilidad  objetiva  a  partir  del hallazgo de la sustancia en su  establecimiento  comercial, sin considerar las circunstancias en que ocurrió el  mismo,  esto  es,  sin  advertir  que  el  procesado permitió el ingreso de las  autoridades  al  local  comercial.   Todo  lo  anterior  demuestra que LUIS  ALBERTO   BECERRA  NEIRA  “fue  utilizado  por  una  persona     inescrupulosa     que    abusó    de    su    confianza”.   

Tras citar doctrina y jurisprudencia sobre el  concepto  de  culpabilidad,  así como del falso raciocinio, el recurrente   pide a la Corte casar íntegramente el fallo recurrido.   

CONCEPTO     DE    LA    PROCURADORA  TERCERA   

DELEGADA  PARA  LA  CASACIÓN   PENAL   

La  Procuradora  Delegada  estima  que  no le  asiste  razón al casacionista en los argumentos propuestos en desarrollo de los  cargos  formulados,  motivo  por  el cual solicita a la Corte que se abstenga de  casar el fallo impugnado.   

En  apoyo  de  su  petición,  explica que no  existe  ninguna  irregularidad  en el hecho de que se hubiese proferido el fallo  al  término  de  la  audiencia  pública  de  juzgamiento,  toda  vez que dicha  determinación  bien  puede  tomarse  en  estrados  y, en todo caso, el juzgador  puede  hacerlo  en  cualquier  momento,  dentro  de  los15 días siguientes a la  finalización  de  la  audiencia  de  juzgamiento,  como  aquí  se  hizo.    

Señala  que, no obstante el corto lapso para  tomar  la  decisión,  el fallo se apoyó en una motivación suficiente, la cual  tuvo  en  cuenta  las  pruebas  allegadas  al proceso, así como su apreciación  individual   y   conjunta.   Agrega  que  las  garantías  de  los  sujetos  procesales  no  fueron vulneradas, toda vez que éstos sabían de la posibilidad  de  que  la  sentencia pudiera ser adoptada en la audiencia pública y para ello  estaban  preparados  y,  además,  tanto  la  defensa como el procesado tuvieron  oportunidad  de  sustentar su inconformidad con la sentencia, sin que hasta este  momento  hubiesen  presentado  argumentos defensivos diferentes a los allí  esgrimidos.    

La  Procuradora  Delegada  concluye  así  el  análisis  del  cargo:  “no  se ve como, si el juez  hubiera  hecho  uso  del  término  de 15 días para tomar su decisión, habría  podido  mejorar  la  situación procesal del condenado, o incluso, si la defensa  hubiera  dispuesto  de términos adicionales”, motivo  por  el  cual  pide  a  la  Sala  no  acoger  el  cargo  de  nulidad  formulado.   

Respecto  del  segundo  cargo,  la Agente del  Ministerio  Público,  tras  resaltar  que  los  argumentos del casacionista son  confusos     e    incompletos,    señala    que    no    existe    –ni   el   impugnante  demuestra-  una  vulneración     en     la     apreciación    probatoria    por    parte    del  sentenciador.   

Agrega  que  la  materialidad  de la conducta  punible   imputada   está   demostrada,   que   los   argumentos   ad-absurdum      del     casacionista  “no     pasan     de    ser    expresiones    de  litigante”  y  que  no existe la responsabilidad que  aquél  pregona,  pues  la  responsabilidad  no  se  dedujo solamente por ser el  propietario  del predio donde se halló el alucinógeno, sino su conocimiento de  la situación y el compromiso asumido al resguardarlo.   

Concluye  que  el  segundo  cargo  no  debe  prosperar  y, en consecuencia,  pide a la Corte que se abstenga de casar la  decisión recurrida.    

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Sea lo primero advertir que con el fin de  resolver  el fondo de la inconformidad planteada por el casacionista en cada uno  de  los dos cargos formulados, la Sala –sin  llegar  a trasgredir la prohibición que le impone el principio  de  limitación-   habrá  de pasar por alto la confusa postulación de los  cargos, así como el inconsistente argumento que los desarrolla.   

Es  así  que,  aún  cuando  el primer   cargo   aparece   enfocado  como  violación  directa  de  la  ley sustancial, en particular del artículo 410 del  Código  de Procedimiento Penal de 2000, en realidad su desarrollo argumentativo  y  petición  final dejan ver que la intención del demandante no es otra que la  de  obtener  la  nulidad  parcial  de  lo actuado, motivo por el cual la vía de  ataque adecuada era la causal tercera del artículo 207.    

Aún  así,  como  se  verá  enseguida,  el  reproche  planteado  por el demandante carece de razón, ya sea que se mire como  motivo  de  nulidad  o  se  interprete  como  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial.   

Recuérdese  que  el  reparo  formulado en el  primer  cargo se refiere a la  posible  irregularidad  en  que  pudo  incurrir  el  fallador de primer grado al  proferir  la sentencia al término de la audiencia pública de juzgamiento, así  como  al  notificarlo  en  estrados  y  correr  el  traslado  para  recurrirlo y  sustentar el recurso en la misma diligencia.   

2.     Respecto     del    primer  cargo, dígase que los hechos sobre  los  cuales  el  censor  edifica  su  denuncia tienen cabal acreditación, en la  medida  en  que  el  diligenciamiento  –tal  como quedó detallado en acápite anterior- da cuenta de que en  verdad  el juez de la causa profirió el fallo de primera instancia al finalizar  la  audiencia  pública de juzgamiento y que enseguida lo notificó en estrados,  luego  de  lo  cual corrió el traslado correspondiente a los sujetos procesales  para  elevar  y  sustentar  el recurso de apelación, término del cual hicieron  uso el defensor y el procesado.   

No  obstante  que  el  impugnante  atina  al  demostrar  la  realidad  de  lo  ocurrido  en  la  diligencia  de  audiencia  de  juzgamiento,  la  Corte  no  ve  que  allí  hubiese  existido una irregularidad  relevante  ni  trascendente que hubiera tenido incidencia en el debido proceso o  el derecho de defensa.   

El  anterior  aserto  encuentra  sustento  en  varias razones:   

2.1  Por  una  parte, los 15 días legalmente  previstos  en  el inciso 2º del artículo 410 de la Ley 600 de 2000 para que el  juez  dicte  la  sentencia  de  primer  grado,  no son otra cosa que un término  máximo  para  llevar a cabo dicha actuación, motivo por el cual resulta viable  que  ésta  tenga  lugar  antes de su vencimiento.  Así se desprende de la  redacción    de    la    norma,   la   cual   establece   que   “finalizada  la  práctica  de  pruebas  y  la  intervención de los  sujetos  procesales en la audiencia, el juez decidirá  dentro   de   los   15   días   siguientes”.    

Un entendimiento ajustado del aludido mandato  permite  entender  que lo censurable es que ese término se prolongue sin motivo  justificado,  pero  lo  contrario, es decir, la adopción de la decisión dentro  de   límites   temporales  mínimos  –en   otras   palabras,   ‘el  exceso  de  celeridad’-  no  puede  generar  irregularidad alguna, pues, por una parte, la  producción  del  fallo  en  los  instantes  siguientes  a la terminación de la  intervención  de  los  sujetos  procesales naturalmente se encuentra dentro del  lapso  temporal  a  que  se  refiere  el  artículo  y,  por  la otra, no parece  razonable  admitir  que  puede haber un exceso perjudicial en el cumplimiento de  una garantía procesal de rango constitucional.   

No  se  ve entonces de qué manera pudo haber  sido     arbitraria     la     emisión,     por    parte    del    ad-quem,  del  fallo  una vez terminó la  intervención  de  los  sujetos procesales.  Naturalmente, la comunicación  verbal  de  una  decisión  en  el curso de una audiencia o diligencia carece de  muchas  de  las  formalidades  que  normalmente  contiene  la que se produce por  escrito,  pero  no  por  ello se vulnera garantía alguna, pues la decisión del  funcionario  judicial contiene materialmente todos aquellos elementos necesarios  para  configurar  la  sentencia, esto es, los razonamientos de orden jurídico y  probatorio  encaminados  demostrar  la existencia del hecho y la responsabilidad  del  procesado,  así  como la evaluación de los argumentos de descargos, entre  otros   requisitos   previstos   en   el   artículo   170  de  la  Ley  600  de  2000.     

Así las cosas, surge nítido entonces que una  irregularidad  constitutiva de violación al debido proceso no puede tener lugar  solamente  por  razón del proferimiento del fallo inmediatamente después de la  intervención  de  los  sujetos  procesales,  a no ser que la dinámica procesal  posterior  tenga  efectos  perjudiciales  para el debido proceso o el derecho de  defensa.    

2.2  Pero,  por otra  parte,  una irregularidad en tal sentido no fue lo que  ocurrió  en  el  caso  que  ocupa  la  atención  de  la Sala, pues los sujetos  procesales,  cuya  asistencia  a la audiencia pública era obligatoria, esto es,  defensor  y fiscal, estuvieron presentes para ser notificados de la decisión en  estrados,  tal  como  lo  permite  el artículo 182 del Código de Procedimiento  Penal  de  2000,  respecto  de  decisiones  que  se  profieran  en  el  curso de  audiencias  y  diligencias,  sin que de dicha regla se exceptúe la sentencia de  primer grado.    

De  manera  que  si  las  providencias que se  profieren   en   el   curso   de   una   audiencia   o  diligencia  –y,  acorde  con  el  artículo 169 del  Código  de  Procedimiento  Penal de 2000, la sentencia, junto a los autos y las  resoluciones,   es  una  de  las  piezas  procesales  que  se  incluye  bajo  la  denominación   de   providencias-   deben  ser  notificadas  por  estrados,  en  cumplimiento  de  un  preciso  mandato  legal, ello significa que tampoco existe  irregularidad   alguna  en  el  proceder  del  juez,  luego  de  pronunciada  la  sentencia.   

2.3  En  lo que tiene que ver con el traslado para interponer y sustentar  el  recurso  de  apelación contra la sentencia dentro de la misma diligencia en  que  se  profirió,  tampoco existe allí irregularidad alguna, toda vez que las  providencias  que se notifican en estrados deben ser recurridas y sustentadas en  la  respectiva  audiencia  o diligencia, y no dentro de los 3 días siguientes a  su  última  notificación,  tal  como  lo  prevé  el  artículo  186 del mismo  estatuto  -en  concordancia  con  el inciso 3º del artículo 187- normas que se  refieren  a  los  términos  para  la  interposición  y  sustento  de  recursos  formulados  en  contra  de decisiones que se notifican por mecanismos diferentes  al estrado.   

2.4    Por   último,   dentro  de  la  sistemática  procesal de la Ley 600 de 2000, se sabe que se trata de un sistema  mixto  con  tendencia  acusatoria,  esto  es,  contiene  parámetros propios del  proceso  inquisitivo  y  de corte acusatorio. El primero, sin duda, se cumple en  la  instrucción,  donde  rigen  los actos escritos, entre ellos, la emisión de  las providencias.   

    

Mientras que el juicio oral comporta un tinte  acusatorio,  en  la  medida en que el fiscal pasa a ser un sujeto procesal y los  actos  de  juzgamiento  se  cumplen de manera verbal. De ahí que la misma norma  procesal  haya  consagrado en el citado artículo 182 de la Ley 600 de 2000  que  las  providencias que se dicten en el curso de las audiencias y diligencias  se considerarán notificadas el día en que se celebren.   

Es decir, de esa oralidad reglada que contiene  la  sistemática  de la Ley 600 de 2000 permite que el derecho de contradicción  no  solo  pueda  ejercerse de manera escritural sino también en el curso de las  audiencias  contempladas  para  esta fase procesal (preparatoria y juzgamiento).  Así  las  cosas,  tal  postulado  se  puede ejercer de manera oral dentro de la  correspondiente   diligencia,   máxime   cuando  la  mentada  ley  consagra  la  notificación  en  estrados,  situación  que  da  la  oportunidad a los sujetos  procesales  que muestren inconformidad con las decisiones allí adoptadas cuando  adviertan  que  las  mismas  constituyen  un  desmejoramiento  de  la  relación  jurídico procesal.   

Es   verdad   que   para   efectos   de  la  interposición  y sustentación del recurso de apelación contra la sentencia de  primera  instancia,  resulta  más  cómodo para las partes la forma escritural,  pues,  en  determinados  eventos,  tal  situación  puede  conducir  a  que  las  reflexiones  de  inconformidad se hagan con más ahínco intelectual. Empero, en  este  asunto  no  observa  la  Sala  cómo de haberse dictado el correspondiente  fallo   de   mérito   al   culminar  el  debate  oral  afectó  las  garantías  fundamentales  del  procesado,  puesto que el casacionista no dio ninguna razón  que  lleve  a  inferir que emitido el fallo de manera escritural y notificado en  los  términos  señalados  en  el  artículo  323  del Código de Procedimiento  Civil,  aplicable a este asunto en virtud al principio de integración, el mismo  habría  sido  favorable  a  los  intereses  procesales del acusado.     

En  síntesis,  puede verse que el juez de la  causa  respetó  los  lineamientos legales al disponer el traslado para formular  el  recurso  de  apelación y sustentarlo dentro de la misma diligencia.  Y  con  ello  no  se  violó  ninguna  garantía  procesal,  toda  vez que tanto la  defensora  como  el procesado hicieron uso del término concedido; véase que la  apoderada  judicial  intervino  en dos oportunidades para ofrecer sus argumentos  de  disenso, así como para apoyar las manifestaciones de inconformidad alegadas  por su prohijado con el mismo propósito.   

Por  lo  tanto,  aún  cuando  -en  gracia de  discusión-  se  admitiera  que  la  sentencia  no  es  una  de  las  decisiones  susceptibles  de  ser notificadas en estrados, lo cierto es que la irregularidad  que  así  se  configuraría no sería más que una irritualidad intrascendente,  puesto  que  la sentencia contiene todos los requisitos de existencia y validez,  al  tiempo  que  existió  la  garantía  de  su  controversia  por  los sujetos  procesales.    

3.  De manera que la Corte no ve –ni  el  demandante  lo demuestra, más  allá  del  contexto  de  su  personal opinión- de qué manera la adopción del  fallo  después de transcurridos 15 días de terminada la audiencia pública, su  notificación  personal  o  por  edicto,  o  bien  la  concesión  de los plazos  previstos  en  los  artículos 186 y 194 de la Ley 600 de 2000 para interponer y  sustentar  el recurso de alzada, hubiesen conducido a una decisión favorable al  procesado  como  consecuencia  de  un  mejor  desempeño  por  la  defensa  o el  juez.    

Semejante  hipótesis  no  parece  razonable  cuando  el  proceso  deja ver que las tesis defensivas han sido reiteradas una y  otra  vez,  incluso  –como  más   adelante  se  verá-  sirven  de  fundamento  al  segundo  cargo  de  las  demanda.   

Por  los  motivos  que  se  han expresado, el  primer     cargo    no  prospera.   

4.    A    través    del   segundo  cargo,  el  casacionista reprocha  que  el  juzgador desconociera las reglas de la sana crítica en la apreciación  de las pruebas de descargos.    

Dicha  vía  de  ataque le permite a la Sala  insistir     en    que    el    error    de    falso  raciocinio     tiene     lugar     “cuando  el  sentenciador  se  aparta,  al  momento  de apreciar los  medios  de  convicción, de los postulados de la sana crítica, es decir, de las  leyes  de  la  lógica,  de  la ciencia, de las máximas de la experiencia o del  sentido    común.”3    

De  manera complementaria, la jurisprudencia  de   la   Corporación  ha  definido  las  exigencias  argumentativas  que  debe  satisfacer  el  impugnante cuando acude a esta particular vía de censura.   Al respecto ha dicho que:   

“Cuando la censura  se  funda  por  los senderos de la violación indirecta de la ley sustancial por  error  de  hecho por falso raciocinio, el casacionista con el fin de cumplir con  el  presupuesto  anteriormente  señalado,  debe  indicar cuál fue la ley de la  lógica,  el principio de la ciencia y/o la máxima de la experiencia vulnerada,  de  qué  manera  lo  fue  y  su  incidencia  con  la  parte  dispositiva  de la  sentencia.   

Recuérdese  también que cuando el reproche  se  apoya  en  la nomenclatura anteriormente mencionada, surge indispensable que  el  censor  enseñe  y  demuestre  el  vicio que le enrostra al juzgador, habida  cuenta  que  la  simple  discrepancia  de criterios no constituye yerro para ser  atacado  en esta sede, puesto que el juzgador goza de libertad para justipreciar  los  medios  de  prueba,  sólo limitado por los postulados que informan la sana  crítica.   

En  lo atinente a la trascendencia del error  en  la  apreciación  probatoria, necesario es que el casacionista tenga para el  efecto  todos  los  medios de prueba que sustentaron el juicio de condena, en la  medida   en   que   si   el  mismo  resulta  inane,  la  sentencia  permanecerá  incólume.   

Por  último,  con  el objeto de integrar la  proposición  jurídica  completa,  el libelista debe señalar cómo el error en  la  apreciación  de  las  pruebas  condujo  a  aplicar  una norma que no era la  llamada  a  gobernar  el  asunto  o,  a  excluir otra que sí dirimía el objeto  litigioso    desde    el    plano    del    juicio    de    derecho.”4   

5. Vistos los presupuestos anteriores, la Sala  advierte  que  con  el  reproche  formulado  en  los  términos  reseñados,  el  recurrente   opone  a  la  apreciación  judicial su propia interpretación  probatoria,   sin   demostrar   de   qué  manera  el  sentenciador  violó  las  reglas   de  la  sana crítica al conceder mérito suasorio a los medios de  convicción.    Dicho   en   otros  términos,  con  su  argumentación  el  casacionista no pasa de discrepar de la apreciación del juzgador.   

Para  apoyar  el  aserto  anterior,  la Corte  habrá  de  recordar  enseguida  cuáles  fueron  los  soportes  probatorios que  condujeron  al  juzgador  a  emitir  el juicio de condena, y si la manera con la  cual   el   censor   pretende   demostrar   su   ilegalidad   es   idónea  para  ello:   

5.1  La  sentencia  condenatoria  empieza por  considerar  y  admitir  que  el  procesado LUIS ALBERTO  BECERRA  NEIRA  es  una persona de bien, trabajadora y  con  arraigo  en  su  comunidad, tal como lo refiere él mismo y lo corroboraron  numerosas  personas  dentro  del  proceso; así mismo, reconoce que BECERRA      NEIRA     “no  es  un narcotraficante, en el entendido de ser alguien dedicado  de continuo al comercio de adictivos”.   

No  obstante lo anterior, el fallador estimó  que  el  procesado terminó por participar como uno de los eslabones del proceso  criminal,  puesto  que,  a  sabiendas,  recibió  para  su  guarda y custodia un  paquete que contenía una sustancia ilícita.    

A  dicha  conclusión  llegó  el  juez de la  causa,  tras  apreciar  como  ilógicas  las  explicaciones del procesado, quien  aseguró  que había recibido la encomienda de buena fe de parte de un tercero a  quien  identifica como Jorge N, sin conocer su contenido y en cumplimiento de su  costumbre  de  guardar  las  pertenencias  de  los clientes de su negocio.    

Fue    así    que    el    a-quo estimó que no es creíble que, sin  más,  el procesado hubiese aceptado guardar la carga que provenía de un sujeto  a  quien  escasamente  conocía, y quien se la entregó por fuera del horario de  operación   normal   del   establecimiento   de   comercio   que   BECERRA NEIRA administraba.   

El a-quo,  tras recavar en la naturaleza y elevado costo de un cargamento de  casi  5  kilogramos  de  cocaína,  desechó  las  explicaciones del procesado a  través   de   una   regla  de  experiencia,  según  la  cual:  “ninguna  persona,  sin más, entrega este cargamento a otra persona  sin  antes  haber  asegurado  en lo más posible su destino final, puesto que se  arriesga  mucho  dinero   y  hasta  la  integridad  personal,  en  caso  de  pérdida”.  Además, argumentó que aún cuando  puede   admitirse   que   BECERRA   NEIRA  tuviera  por  costumbre  guardar  paquetes  de la clientela que se  encontraba  dentro  de  su establecimiento de comercio, de todos modos el sujeto  que  le  entregó  el alijo no se encontraba departiendo en la licorera sino que  se  movilizaba  en  un vehículo con suficiente espacio para transportarlo, y ni  siquiera se detuvo en la tienda.   

Todo  lo  anterior condujo al juez a concluir  que:  “necesariamente la droga tuvo que llegar allí  con    conocimiento    de    Luis   Alberto.”    

Por  su  parte,  el  Tribunal  reiteró  los  razonamientos  del  a-quo e  insistió  en  que  el  procesado  pudo  advertir  fácilmente que, por su peso,  textura  y  olor,   el  paquete  no  contenía  ropa, tal como –según  dijo  BECERRA  NEIRA-  se  lo  aseguró el individuo de quien lo recibió.   

   

Además,  a efecto de descartar la pretendida  ingenuidad   o  ignorancia  de  LUIS  ALBERTO  BECERRA  NEIRA  sobre  el  ilícito contenido de la encomienda,  esgrimió  la  siguiente  regla  de  experiencia, a partir de las ocupaciones de  aquél:  “quien maneja el mundo del licor y atiende  un  negocio  hasta  altas  horas  de  la  noche,  donde se expende esta clase de  bebidas,  logra  recopilar  experiencias  de trato y convivencia que amplían su  visión  social,  lo  mismo  si  se  desempeña  como taxista en una ciudad como  Medellín,  también  lo ubica como persona conocedora del ambiente social, y al  menos  con  conocimiento  de  la  filosofía popular”  (fl. 227).   

Con    fundamento   en   los   anteriores  razonamientos,  el  sentenciador  descartó los argumentos de la defensa, según  los  cuales  si  la mercancía ilícita no estaba oculta fue porque el procesado  no  conocía  su  contenido,  como  también aquél otro en el sentido de que el  hallazgo  de  la droga en el establecimiento de BECERRA  NEIRA  fue el producto de una posible retaliación por  parte de una vecina.   

5.2  A  su  turno,  el  casacionista pretende  demostrar  la  ilegalidad  del  razonamiento  probatorio   del  juzgador  a  través   de   la   oposición   de   una   regla  de  experiencia  –de   por   sí  bastante  discutible-  encaminada  a  respaldar  la tesis defensiva de la buena fe del procesado.   Es  así  que  para  el  censor:  “en  este tipo de  negocios  es  normal  que algunos clientes se aproveches de las confianza que se  les  brinda  por  parte de los administradores, aún de los mismos propietarios,  para  encaletar  objetos como armas, artículos de dudosa procedencia, y como en  el    caso    presente,    droga   estupefaciente”.   

El  argumento  así  presentado  –como  ya  se advirtió- no pasa de ser  una  apreciación  probatoria  distinta  a  la  del  fallador, pues este último  estimó   que  dada  la  naturaleza  y  costo  de  la  carga   –“el  contenido  de  la  bolsa por sí solo muestra lo delicado del asunto”,  expresó  el  Tribunal- no era razonable que su propietario la  diera  a  guardar  a cualquier desconocido, apreciación que la Corte no objeta,  puesto  que  en  nada  desborda las facultades de apreciación que le asisten al  juzgador.   

5.3 El recurrente acude a otra interpretación  probatoria,  según  la  cual  si  el  paquete  no  estaba  oculto es por que en  realidad  el  procesado  no  conocía su contenido.  Dicha apreciación del  censor,  una vez más, no muestra sino una discrepancia con la del juzgador, sin  demostrar   en   esta  última  una  ilegalidad  ostensible  y  relevante.    

En  efecto,  el  fallador  apreció de manera  distinta  lo  relativo  al  ocultamiento  de  la  bolsa de cocaína –sin  que  en  ello  se  evidencie  una  trasgresión   a   las   reglas  de  la  sana  crítica-,  y  así  lo  plasmó:  “si  bien  [el  paquete]  no  estaba oculto, porque  estaba  encima de unas cajas de gaseosa como lo atestiguaron los policiales, sí  se  hallaba  en  espacio  reservado a los dueños del  lugar,   porque  se  encontraba  en  la  bodega  del  establecimiento  y  envuelta no sólo en la bolsa negra sino en otra blanca, que  así   mismo   contenía  otros  cinco  paquetes,  es  decir,  que  estratégicamente      había      sido     resguardada” (subraya la Sala).   

Se  vislumbra sin dificultad que mientras que  para  el  sentenciador  la droga estuvo oculta -puesto que se ubicó en un lugar  con   acceso   restringido-,  para  el  demandante  el  paquete  no  lo  estuvo,  apreciación  probatoria por sí misma inocua para demostrar la ilegalidad de la  apreciación judicial.   

5.4 Otros razonamientos ofrece el demandante,  encaminados  a  construir  otras  tantas  reglas  de  experiencia  supuestamente  desconocidas  por  el  juzgador.   Es  así  como alega que si BECERRA  NEIRA permitió voluntariamente la  entrada  de  la  autoridad  a  su  establecimiento,  y  si se negó a acogerse a  sentencia  anticipada  es  porque  era  ajeno  al  comportamiento punible.    

Pero  dichas  fórmulas,  reitera  la  Corte,  además  de  ser  reglas  de  dudosa  validez,  no son más que interpretaciones  probatorias   del   casacionista  que  en  nada  demuestran  cómo  el  fallador  desquició  las  reglas  de  la  experiencia,  la ciencia o de la lógica, en la  apreciación  probatoria que lo condujo a predicar certeza de la responsabilidad  del procesado.   

Así mismo, la afirmación del casacionista en  el  sentido  de  que  el  juzgador  condenó  a BECERRA  NEIRA con fundamento en responsabilidad objetiva, esto  es,  solamente  por  ser  el  poseedor  del  inmueble   donde  se halló la  cocaína,  contradice  la  realidad  procesal,  toda  vez  que,  tal  como se ha  detallado,   la   decisión   del   sentenciador   fue  prolija  para  sustentar  probatoriamente    el    elemento    subjetivo   de   la   responsabilidad   del  procesado.   

6.        En        conclusión,    los    argumentos    del  impugnante,  con  los  cuales  desarrolla  el  segundo  cargo,  si  bien  pueden  ser  plausibles  y de recibo  dentro  de  las  instancias,  no  lo son en esta sede extraordinaria, en la cual  ningún  valor  tiene  la  apreciación  probatoria  plausible  que  ofrezca  el  demandante,  como  no  sea  que  venga  acompañada  de  la  demostración de la  ilegalidad  evidente  y  trascendente  de  la  ponderación  judicial  que está  amparada por la presunción de acierto y legalidad.   

Así lo ha determinado la jurisprudencia de la  Sala,   y   lo   reitera   una   vez   más   en   el  caso  que  hoy  ocupa  su  atención:   

“[S]urge  indispensable  que  el  censor  enseñe  y  demuestre el vicio que le enrostra al juzgador, habida cuenta que la  simple  discrepancia  de  criterios no constituye yerro para ser atacado en esta  sede,  puesto  que  el juzgador goza de libertad para justipreciar los medios de  prueba,   sólo   limitado   por   los   postulados   que   informan   la   sana  crítica.”5   

“[E]l  análisis probatorio realizado por el  juzgador  se  halla  privilegiado  sobre la valoración que realicen los sujetos  procesales,  de  modo  que aún éste se evidencie como más científico o mejor  razonado  no podrá primar sobre el del juzgador en tanto no se demuestre que el  del   segundo   fue  obtenido  por  la  incursión  en  alguno  de  los  errores  trascendentes  en  esta  extraordinaria  sede,  más  aún  cuando  dentro de un  sistema  de  libre apreciación racional como el que nos rige, para los fines de  desarrollar  y  fundamentar  un cargo en casación por errores en la valoración  de  la  prueba, le está vedado al recurrente conducirse bajo los parámetros de  unas  instancias  ya superadas, por cuanto de lo que se trata en esta sede es de  cuestionar  el  juicio  del  juzgador  y  su  sujeción  a  la  legalidad  en el  proferimiento  de  la  sentencia  y  en  la  manera  en  cómo evaluó el acervo  probatorio.”6   

7.  Por  todo  lo  anterior,  el segundo  cargo  de  a  demanda,   orientado   por  la  vía     del     falso     raciocinio    no  prospera   

Así  las  cosas,  la  Corte se abstendrá de  casar el fallo impugnado.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

NO  CASAR   la   sentencia   impugnada,  conforme  los  cargos  propuestos  por el  defensor   del   procesado   LUIS   ALBERTO   BECERRA  NEIRA.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                          SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

                 PERMISO   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                        JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUIZ NUÑEZ  

              Secretaria     

1  “por cuanto considero que mi representado no merece  un  juicio  de  reproche  por  cuanto  que  estoy  segura  del buen actuar de mi  representado  y de que al momento de guardar él el paquete, fue engañado. Pido  que  el  Despacho  escuche a mi representado con respecto a las cosas que quiere  manifestar     como     apelación”.   

2  El  procesado  BECERRA  NEIRA  solicitó  al juzgado ampliar la actividad probatoria  encaminada  a  dar  con  la  identidad  y  el  paradero de la persona a quien le  recibió  el  paquete  con el ilícito contenido. Adujo que si en su indagatoria  no  mencionó  a  sus  familiares  como testigos de los hechos por consejo de su  apoderado de entonces.   

3  Auto  del  13  de  febrero  de  2008, radicación No.  26746   

4  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  auto   inadmisorio   de   13   de   febrero   de   2008,   radicación  No.  26017.    

5   Auto   de   13  de  febrero  de  2008,  Rad:  26017.   

6  Sentencia  de  casación  del  12 de octubre de 2006,  radicado No. 26090.     

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