32970(18-11-09) (1)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n° 32970  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 360  

Bogotá D. C., dieciocho (18) de noviembre de  dos mil nueve (2009).   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Aurelio   Riaño   Velandia   contra   la  sentencia  dictada  por  el Tribunal Superior de Bogotá, el 20 de mayo de 2009,  mediante  la  cual  confirmó  la  proferida  por  el  Juzgado Segundo Penal del  Circuito  Especializado  de  la  misma  ciudad, el 14 de noviembre de 2008; y lo  condenó   a  las  penas  principales  de  24  meses  de  prisión  y  multa  de  $11.588.450.00  y  a  la  accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso de la  privativa  de  la  libertad, como autor de la conducta  punible de peculado por apropiación.   

H E C H O S  

Fueron  sintetizados  por  el Tribunal de la  siguiente manera:   

“Se  imputa  al ciudadano AURELIO RIAÑO  VELANDIA,  el  haberse  apropiado  de dineros de la Lotería de Cundinamarca, en  calidad  de  Contratista.  Sirvió  de mampara al ilícito proceder, el contrato  estatal  #19  del  18  de  noviembre de 1998, cuyo objeto era la distribución y  venta  de  billetes  de  la  mencionada  lotería. A pesar de que el prenombrado  vendió  los  billetes  correspondientes,  no  reportó a las arcas oficiales su  valor,  conculcándose así el patrimonio público en la suma de veinte millones  doscientos     sesenta     mil     novecientos    sesenta    y    cinco    pesos  ($20.260.965).   

“Los   hechos  reseñados,  tuvieron  su  plenitud   fáctica  durante  el  interregno  comprendido  entre  los  meses  de  noviembre  y  diciembre del año de 1999, ya que el contrato aludido contemplaba  como   término   de   duración   un   (1)  año  contado  desde  su  fecha  de  suscripción”.   

A N T E C E D E N T E S  

1. Por los anteriores hechos, un Fiscal de la  Unidad  Especial  de  Delitos  contra la Administración Pública, de Justicia y  Otros  de  Bogotá,  el  5  agosto  de 2005, profirió resolución de acusación  contra  Aurelio  Riaño  Velandia  por  el  delito de peculado por apropiación.   

2. La etapa del juicio la tramitó el Juzgado  Catorce  Penal  del  Circuito  de Bogotá que, luego de celebrar la audiencia de  juzgamiento,  dictó  sentencia, el 14 de noviembre de 2008, en la cual condenó  a  Aurelio  Riaño  Velandia  a  las penas principales de 24 meses de prisión y  multa   de   $11.588.450.00   y   a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso de la privativa de la libertad, como autor  de  la  conducta  punible de peculado por apropiación, según el artículo 397,  inciso 3°, de la Ley 599 de 2000.   

3.  Contra la anterior decisión el defensor  de  Riaño  Velandia interpuso  recurso  de apelación, que al ser desatado por el Tribunal Superior de Bogotá,  el  20 de mayo de 2009, lo confirmó.   

Contra la anterior decisión, el defensor del  sentenciado interpuso recurso de casación.   

LA      DEMANDA    DE  CASACIÓN   

La  defensa  técnica,  basada  en la causal  primera  de  casación, postula un único cargo contra la sentencia del Tribunal  de la siguiente manera:   

Único cargo  

Acusa  al  sentenciador  de segundo grado de  haber   violado,   de   manera   directa,  la ley sustancial, toda vez que se trasgredieron los artículos 29  de  la  Constitución Política y 133 del Código Penal. El primero por falta de  aplicación.   

El  censor  manifiesta  inconformidad con la  pena  de  multa  que  le fue impuesta a su defendido, en la medida en que estima  que  el  juzgador  desconoció  lo  reglado  en  el  artículo  133  del Código  Penal.   

Así   mismo,   advierte  que  los  hechos  declarados  probados  en  la  sentencia  no  llevan a concluir la existencia del  delito  de  peculado,  habida  cuenta  que,  en  su  criterio, sólo existió un  incumplimiento    de    contrato    por    fuerza    mayor    derivado   de   la  inseguridad.   

Anota  que  la  empresa  de  su defendido se  quebró  y  quedó  en  incapacidad  económica  de cumplir con las obligaciones  contraídas.   

Luego  de  insistir  en  lo  anteriormente  expuesto,  pide  a  la  Corte  casar  la sentencia impugnada y, en consecuencia,  absolver a su representado y/o rebajar la pena de multa.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. La demanda de casación, como se sabe, no  es  un  escrito  de  libre formulación en el que puedan plantearse todo tipo de  inquietudes,   perplejidades,   contradicciones,  incoherencias  o  errores  que  advierta  el  actor  o  le  suscite el fallo de segunda instancia, sino que debe  cumplir  con  las exigencias de logicidad, coherencia y demostración necesarias  a  fin  de  desvirtuar  la  doble presunción de acierto y legalidad con que las  sentencias  acusadas  arriban  a esta sede extraordinaria, razón por la cual la  ley  establece  los  requisitos  que  forzosamente  debe  cumplir  el libelista.   

De  ahí  que  no  basta  con  postular  la  existencia  de  un  vicio de derecho y/o de actividad, sino que también se hace  necesario  que el casacionista argumente cómo el yerro avasalló sus derechos o  garantías  y,  cómo de no haberse incurrido en él, sin duda, el fallo habría  sido favorable.   

Por lo tanto, se debe desarrollar un discurso  tendiente  a  demostrar  la  existencia  del  error  con base en las causales de  casación  y  a  través  de  un  análisis  lógico evidenciar su trascendencia  frente  a  las  decisiones  adoptadas en el fallo, en tanto no puede perderse de  vista  que  la  Corte, en virtud del principio de limitación, no puede entrar a  complementar al demandante.   

En  otras  palabras, el recurso de casación  constituye  el  medio  por el cual la Corte revisa la legalidad de la sentencia.  De  ahí  que  el  libelista en el escrito de demanda deba cumplir con todas las  formalidades  estatuidas por el artículo 212 de la Ley 600 de 2000, en tanto le  compete  que  señale, de manera clara y precisa, la causal con la cual pretende  la  infirmación  del  fallo  y  argumentando  cómo  el  vicio  de derecho o de  actividad condujo a resquebrajar el fallo.   

Ahora bien, recuérdese que la causal primera  de  casación,  según la sistemática contemplada en la Ley 600 de 2000, regula  lo  referente  a  la  infracción  de  la  ley  sustancial, esto es, por la vía  directa  o  indirecta,  según  el  caso.  La  primera  de  las  hipótesis hace  referencia  al yerro en que incurre el juzgador al momento de elaborar el juicio  de  derecho,  derivado  de  falencias  cometidas  en  el proceso de selección o  interpretación del precepto.   

En  tales  condiciones, cuando la censura se  postula  bajo  ese  epígrafe,  al  casacionista  le compete que indique en qué  consistió  el vicio del juzgador, es decir, si seleccionó una norma que no era  la  llamada  a  gobernar el asunto, excluyó otra que sí resolvía los extremos  de  la relación jurídica procesal o, habiéndola escogido correctamente le dio  un alcance interpretativo que no se avizora de su contenido.   

2.   De  acuerdo  con  las  anteriores  precisiones  de  orden  lógico  y  de  debida  fundamentación,  resulta fácil  advertir  que  en el único cargo que presenta el demandante contra la sentencia  de  segunda  instancia  no  se  infiere  que el juzgador hubiese incurrido en la  infracción directa de la ley sustancial.   

En  efecto,  teniendo  en cuenta el discurso  argumentativo  que presenta el censor se concluye que la inconformidad radica en  dos  aspectos,  a  saber:  el  primero  de ellos referido al monto de la pena de  multa   impuesta  en  el  fallo  y,  el  segundo,  que  los  hechos  indican  el  incumplimiento  de  un  contrato  pero no la comisión de la conducta punible de  peculado por apropiación.   

En cuanto al primer motivo de inconformidad,  esto  es, el quantum fijado en la multa, el actor no demuestra que en el proceso  de  determinación  de  esta  sanción  el  juzgador  avasalló el artículo 133  del   Decreto  100  de  1980.  Todo  lo  contrario,  pasa  por  alto que el  sentenciador,  en virtud al principio de favorabilidad, seleccionó para efectos  de  determinación  de  la pena los artículos correspondientes de la Ley 599 de  2000.   

En  lo relativo a que los hechos muestran el  incumplimiento  de  un  contrato  y  no  el  delito por el que fue condenado, el  libelista  igualmente  olvida que cuando la censura se postula por la vía de la  violación  directa  de  la  ley  sustancial  se deben respetar los hechos y las  pruebas  declaradas  como  probadas en el fallo; de ahí que no resulta acertado  entrar  a  controvertir  la  evidencia probatoria y el acontecer fáctico, en la  medida en que el debate es de estricto derecho.   

En  este  particular  punto,  el  libelista,  contrariando  al juzgador, propone que al procesado se le debe absolver por esta  conducta  punible,  toda  vez  que  los  hechos muestran el incumplimiento de un  contrato  que  debe  discutirse  por  una  vía judicial distinta a la penal. Es  decir,  que  no comparte las decisiones de la sentencia en torno a la existencia  del  hecho  y  a  la responsabilidad del acusado, disparidad de criterios que no  constituye  yerro  para  ser postulado en casación, máxime cuando no demuestra  el aludido vicio.   

Como  quiera  que del discurso que exhibe el  demandante  no  se  advierte  la existencia del error invocado como sustento del  único   cargo,   la   inadmisión   de   la   demanda   es   la   decisión   a  adoptar.   

Por último, no se advierte violación alguna  de   los   derechos   fundamentales  o  garantías  de  los  intervinientes,  que determine el ejercicio de la  facultad  oficiosa de índole legal que al respecto le asiste a la Sala en punto  de asegurar su salvaguarda.   

ACLARACIÓN  

En la medida en que el juzgador de instancia  al  determinar  la   sanción  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  la  fijó  equivocadamente como accesoria, no  obstante  lo  previsto  en  el  artículo  397  de  la  Ley 599 de 2000, la Sala  aclarará  que  se  tendrá   como  principal,  máxime  cuando  la pena de  prisión  conlleva la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas,  según lo reglado en el artículo 52 de la mentada Ley  599 de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

1.     INADMITIR     la   demanda   de   casación  presentada a nombre de  Aurelio  Riaño  Velandia.  Por  lo  anotado en la motivación de este proveído.   

2. Aclarar que la sanción de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas es pena principal y no  accesoria    como    equivocadamente    se    anotó    en    los    fallos   de  instancia.   

3.  Contra esta decisión no procede recurso  alguno.   

Comuníquese  y  devuélvase  al Tribunal de  origen. Cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                          SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

Comisión    de   servicio                                                        Permiso   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                        JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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