26728(10-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No. 26728  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

          Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No.  185   

Bogotá D. C., diez (10) de julio de dos mil  ocho (2008).   

VISTOS  

Mediante  sentencia  anticipada  del  13 de  diciembre  de 2005, el Juzgado Quinto Penal del Circuito de Bucaramanga condenó  a   ÁLVARO   YESID   GÓMEZ   ESPINOSA,   por   los   delitos  de  hurto           calificado           agravado          –en grado de tentativa- y porte ilegal  de  armas  de  fuego de defensa personal, a la pena de  trece  (13)  meses catorce (14) días de prisión, a inhabilitación de derechos  y  funciones  públicas  por  igual  lapso;  y  le  negó  el  subrogado  de  la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria.   

Al   desatar  el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  el  defensor de GÓMEZ ESPINOSA, con el fallo del 17 de agosto  de  2006,  el Tribunal Superior de Bucaramanga confirmó la sentencia de primera  instancia,  con  la  modificación  consistente  en declarar que dicho implicado  quedaba  condenado  a  la  pena de diez (10) meses un (1) día de prisión; y al  mismo   término   redujo   la   inhabilitación   de   derechos   y   funciones  públicas.   

Posteriormente, con auto del 28 de agosto de  2006,  el Tribunal Superior de Bucaramanga corrigió “por error aritmético”  el  fallo de segundo grado, en el sentido de aclarar que la pena a descontar por  ÁLVARO  YESID  GÓMEZ  ESPINOSA es de nueve (9) meses un (1) día de prisión y  en    igual    cantidad    la    inhabilitación   de   derechos   y   funciones  públicas.   

En  esta  oportunidad,  la Sala califica el  aspecto  formal  de la demanda de casación presentada por el defensor de GÓMEZ  ESPINOSA.   

HECHOS  

Fueron relatados de la siguiente manera, por  el  Ad-quem en el fallo de  segundo grado:   

“En horas de la mañana del 24 de junio de  2005,  varias personas llegaron a la residencia ubicada en la calle 109 A No. 22  A  -98  del  barrio Provenza, movilizándose en una motocicleta, un automóvil y  algunos  de  ellos  a pié.  En el vehículo de color blanco, conducido por  ÁLVARO  YESID GÓMEZ ESPINOSA, se desplazaban dos hombres, uno de los cuales se  hallaba  vestido  con uniforme de la empresa “Servientrega”, logrando entrar  a  la vivienda con una caja, cuando la empleada del servicio abrió la puerta, a  quien  le  dijeron  que  llevaban  una  encomienda  dirigida  a  la dueña de la  casa.   

Una vez ingresaron al inmueble, amenazaron a  la  empleada  con  armas de fuego y la ataron de pies y manos para apoderarse de  joyas   y  otros  efectos  de  valor.   Un  vecino  que  notó  movimientos  extraños,  dio  aviso  a  las  fuerzas  policiales,  quienes en rápida acción  dieron  captura  a  los  facinerosos  cuando  intentaban partir del lugar de los  hechos.”   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

1. Con base en el informe de policía y las  actas  de  incautación  de elementos, la Fiscalía Octava Seccional Bucaramanga  abrió  investigación  y  vinculó  mediante indagatoria a NOHEMI LUQUE ORTEGA,  FERNANDO  MEDINA,  ARIEL  REY GUERRERO, GERMÁN VILLATE VILLAMIL y ÁLVARO YESID  GÓMEZ  ESPINOSA,  quienes  con diversas explicaciones pregonaron su inocencia o  trataron   de   restar  importancia  al  aporte  de  su  participación  en  los  ilícitos.   

2.  Al definir la situación jurídica, con  resolución  del  11  de  julio  de  2005, la Fiscalía Veintitrés Seccional de  Bucaramanga  afectó  a  los  antes  mencionados  con  medida  de aseguramiento,  consistente  en  detención  preventiva  sin  excarcelación, por los delitos de  hurto calificado agravado y  porte  ilegal  de armas de fuego de defensa personal.  (Folio 121 cdno 1)   

3.  El  defensor  de  ÁLVARO  YESID GÓMEZ  ESPINOSA  interpuso el recurso de apelación, tras estimar que él era inocente,  pus  sólo  fue  contratado  para  transportar a unas personas, sin saber lo que  éstas harían; y que, a lo sumo, se trataba de una tentativa.   

La  Unidad  de  Fiscalías Delgadas ante el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga,  con  proveído  del  22 de agosto de 2005,  mantuvo  vigente  la  medida  de  aseguramiento  contra  GÓMEZ ESPINOSA, por el  delito   de   hurto  calificado  agravado,  pero  aclaró  que  se  trataba  de  un  ilícito  en  grado  de  tentativa. (Folio 247 cdno. 1)   

4. El defensor de NOHEMI LUQE ORTEGA allegó  un  título  judicial con el fin de indemnizar los perjuicios, según el avalúo  pericial  y,  en  atención  a ello, con resolución del 5 de agosto de 2005, la  Fiscalía  instructora  concedió  libertad  provisional,  bajo  caución, a los  procesados  NOHEM  LUQUE  ORTEGA,  FERNANDO  MEDINA, ARIEL REY GUERRERO, GERMÁN  VILLATE VILLAMIL y ÁLVARO YESID GÓMEZ ESPINOSA.   

5. En firme la medida de aseguramiento, con  el  aval de su abogado, el implicado ÁLVARO YESID GÓMEZ ESPINOSA manifestó su  intención  de  someterse  a  la  justicia  y,  para  el  efecto,  la  Fiscalía  Veintitrés  Seccional  de  Bucaramanga  programó  diligencia de formulación y  aceptación de cargos, llevada a cabo el 11 de noviembre de 2005.   

GÓMEZ  ESPINOSA admitió todos los cargos,  esto  es,  hurto  calificado  agravado  en  grado  de  tentativa  y porte ilegal de  armas  de  fuego de defensa personal. Fue asistido por  de  su defensor de confianza, quien no hizo solicitudes especiales. (Folio 269 cdno. 1)   

La decisión de GÓMEZ ESPINOSA dio lugar a  la  ruptura  de la unidad procesal, dispuesta por la Fiscalía instructora, para  continuar   la  investigación  por  separado  con  relación  a  los  restantes  implicados.   

6.  Asumió  el  conocimiento del asunto el  Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  de  Bucaramanga,  autoridad que, mediante  sentencia  anticipada  del  13  de  diciembre  de 2007, condenó a ÁLVARO YESID  GÓMEZ  ESPINOSA  como  autor del concurso de delitos integrado por hurto  calificado  agravado, en grado de  tentativa,  y  porte  ilegal  de  armas  de  fuego de  defensa  personal,  a la pena principal de trece (13)  meses  catorce (14) días de prisión, le negó la suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria;  y  adoptó  las  otras  determinaciones  indicadas en la parte inicial de esta providencia. (Folio 12 cdno. 2)   

7. El defensor de GÓMEZ ESPINOSA interpuso  el  recurso  de  apelación,  orientada  a  que  se  le  conceda  la suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena y, con los mismos argumentos, pero en  subsidio, la prisión domiciliaria.   

De igual manera reclamó la aplicación, por  favorabilidad,  de  la  rebaja de hasta la mita de la pena, en los términos del  artículo  351  de  la  Ley  906  de  2004,  toda vez que el asunto culminó con  sentencia anticipada, equivalente al allanamiento a cargos.   

Al  desatar  la alzada, con fallo del 17 de  agosto   de  2006,  el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga   confirmó  la  negación   del   subrogado  y  de  la  prisión  domiciliaria;  y  accedió  al  reconocimiento  por  favorabilidad  de  la  rebaja  de  la pena autorizada en el  artículo  351  de  la  Ley  906  de  2004, de manera que GÓMEZ ESPINOZA quedó  condenado  a  la  pena  de nueve (9) meses un (1) día de prisión. (Folio 9 cdno. Tribunal)   

8.  El  defensor del implicado interpuso el  recurso  extraordinario  y allegó la demanda cuyo aspecto formal se califica en  este proveído.   

LA  DEMANDA   

Dos  cargos  postula el defensor de ÁLVARO  YESID  GÓMEZ ESPINOSA contra la sentencia del Tribunal Superior de Bucaramanga,  con  fundamento  en la causal primera de casación, prevista en el artículo 207  del  Código  de  Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000, por violación indirecta  de     la     ley     sustancial    originada    en    defectuosa    estimación  probatoria.   

PRIMER   CARGO.   Omisión   de   pruebas  documentales. Suspensión condicional de la ejecución de la pena   

El  libelista  contrae  esta  censura  a la  negación  del  subrogado  de  la suspensión condicional de la ejecución de la  pena    y   asegura   que   el   Ad-quem  tomó esta determinación porque dejó de apreciar varias pruebas  documentales:  “contrato de trabajo, certificación  de  estudios,  constancia laboral, recomendaciones y juego de firmas”,   que   permitían   deducir   que  antes  y  después  de  su  participación  en  el  delito  investigado,  GÓMEZ  ESPINOSA  ha mantenido una  conducta  ejemplar,  que  no  requiere  tratamiento penitenciario ni comporta un  peligro para la comunidad.   

Para    el    censor,   “de  haberse analizado y valorado las pruebas documentales allegadas  que  dan  cuenta  de esa personalidad lícita, honesta y responsable”  del  implicado,  otra  sería  su  suerte,  pues se le habría  concedido dicho subrogado.   

SEGUNDO  CARGO.  Subsidiario.  Omisión  de  pruebas documentales. Prisión domiciliaria   

El  libelista  sostiene  que  este yerro se  presenta  en  la  sentencia  de  primera  instancia,  dado  que  el A-quo  negó  la  prisión domiciliaria,  “sin   argumento  ni  sustento  alguno”;  sino, aduciendo los mismos motivos que impidieron conceder la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  a  pesar de que los  requisitos    para   cada   uno   de   esos   institutos   son   “diametralmente  distintos”. Agrega, sin  más  explicación,  que  el  Tribunal Superior “no resolvió” ese problema,  con   lo   cual  violó  el  artículo  38  (prisión  domiciliaria)   del   Código   Penal   (Ley  599  de  2000)  y  el artículo 20  (investigación  integral)  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000).   

Con argumentos similares que en el reproche  anterior,   asegura   que  dejaron  de  apreciarse  los  documentos  mencionados  (contrato  de  trabajo,  certificación  de estudios,  constancia    laboral,    recomendaciones   y   juego   de   firmas)  de los que dimanaba que el desempeño personal, laboral, familiar  y  social  de  ÁLVARO  YESID GÓMEZ ESPINOSA, era compatible con los requisitos  exigidos  en  el artículo 38 citado, entre ellos, que no coloca en peligro a la  comunidad;  y  con mayor razón, si se observa que para la prisión domiciliaria  no es necesario sopesa la gravedad de la conducta punible.   

Como  corolario  de  los cargos postulados,  pretende  que  la  Corte  case  el  fallo  impugnado en el sentido de conceder a  GÓMEZ  ESPINOSA  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena, o, en  subsidio, la prisión domiciliaria.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La  demanda  presentada  por el defensor de  ÁLVARO  YESID GÓMEZ ESPINOSA no satisface los requisitos formales establecidos  en   el   artículo   212   de  la  Ley  600  de  2000.  Debido  a  ello,  será  inadmitida.   

1.  Dado  que  el recurso extraordinario de  casación  se  rige por el principio dispositivo, las pretensiones de la demanda  delimitan  la  competencia  de  la Sala de Casación Penal, con excepción de la  nulidad  que  puede ser decretada oficiosamente en aras de la protección de los  derechos   fundamentales   y   la  eventual  intervención  de  oficio  para  el  restablecimiento  de  garantías  superiores a los sujetos procesales, si a ello  hubiere lugar.   

Por  tanto,  no  constituye  una especie de  tercera  instancia; no consiste en someter a un nuevo juicio al procesado, ni en  sede  de  casación  puede  postularse  un  debate probatorio generalizado y sin  acatamiento  de  la  lógica  argumentativa  que  le es inherente, puesto que el  recurso  extraordinario  no  fue  concebido como un medio adicional para litigar  libremente,  sino  como  una  excepcional  manera  de  llevar a conocimiento del  máximo  tribunal  de  la  jurisdicción  ordinaria  el  fallo  proferido por el  Ad-quem,  por las causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  que  hubiesen  sido  seleccionadas  y  adecuadamente desarrolladas en la demanda.   

De  ahí  que,  el  recurso de casación se  concibe  como  un  instituto  procesal extraordinario que busca remediar o poner  fin   a   la   violación   de  la  Constitución  Política,  del  bloque   de   constitucionalidad  en  lo  pertinente  y  de la ley, que hubiese ocurrido por errores de juicio o actividad  y  no  se hubiese advertido ni enmendado en la sentencia de segunda instancia; y  como  tal,  comporta  la  elaboración  de  un juicio lógico jurídico sobre la  sentencia    misma,   siguiendo   el   derrotero   trazado   en   las   causales  invocadas.   

No  se  trata  de  exigir que el libelista  estructure  fórmulas únicas o sacramentales para postular sus reproches, ni se  precisa  siquiera  que  utilice  la  terminología acuñada por la doctrina y la  jurisprudencia  para  designar  las distintas especies de violación de la ley o  de  errores  en  la estimación probatoria. Sin embargo, sí es de esperarse que  el  casacionista discurra de un modo claro, lógico, y profundo, hasta demostrar  que  el fallo presenta defectos protuberantes en su estructura jurídica, de tal  suerte que no es factible mantener su vigencia.   

2.  Uno de los requisitos esenciales de la  impugnación  consiste en la acreditación del interés jurídico para recurrir,  que  para  el procesado y su defensor, en tratándose de la sentencia anticipada  está  restringido  a  los  casos que contemplaba el artículo 40 del Código de  Procedimiento  Penal,  Ley 600 de 2000, a saber: respecto de la dosificación de  la  pena,  de  los mecanismos sustitutivos de la pena privativa de la libertad y  de la extinción de dominio sobre bienes.   

Dicho  interés jurídico se refleja en la  necesidad  de  que  la  Corte Suprema de Justicia intervenga para poner fin a un  agravio   injustificado  que,  como  consecuencia  del  fallo  impugnado,  esté  padeciendo el sujeto procesal representado por el libelista.   

En otras palabras, es indispensable que el  censor  demuestre  la  existencia del agravio o perjuicio concreto, generado por  los  errores  de  juicio  o de actividad cometidos en las instancias; y además,  que  discurra  el sendero de las causales de casación que hubiere seleccionado,  hasta  arribar  a la conclusión de que es necesario un nuevo fallo, emitido por  la  Sala  de  Casación  Penal, como única manera de remediar o poner fin a tal  situación.   

3.  Como lo ha reiterado la jurisprudencia de esta Sala, la sentencia  anticipada  participa  de  la  naturaleza  de la justicia consensuada y a su vez  forma  parte  del  denominado  derecho premial, puesto que previa solicitud a la  Fiscalía,  el  implicado  manifiesta  consciente,  espontánea  y libremente su  voluntad  de  aceptar  los  cargos  que  el instructor le formule; y a cambio de  ello,    en    compensación    al    “ahorro   de  instancia”  que  el  sometimiento  a  la  justicia  genera,   recibe   como   beneficio   una  sustancial  rebaja  de  la  pena  que  correspondiere.   

Una   de   las  consecuencias  de  aquel  sometimiento   premiado   es   la  imposibilidad  de  retractarse.  La  aceptación consciente y voluntaria  de  la  responsabilidad  penal se rige por el principio de irretractabilidad, en  virtud  del  cual, proferida la sentencia anticipada, el procesado y su defensor  renuncian  a  controvertir  la  prueba  y  el  contenido  de la acusación. Ello  implica  que,  descartados  los  motivos  que  eventualmente  darían lugar a la  impugnación  (dosificación  de  la pena, mecanismos  sustitutivos  de  la pena privativa de la libertad y extinción de dominio sobre  bienes),   dichos   sujetos  procesales  carecen  de  interés   jurídico   para   interponer   los   recursos   de   ley  contra  el  fallo.   

4.  En  el  marco  de  la Ley 600 de 2000,  exceptúa  la  anterior  regla, la postulación de algún motivo de nulidad, por  afectación  sustancial  del  debido  proceso o de las garantías fundamentales.  Así  que,  cuando  de  nulidad  se  trate  es  factible  recurrir  la sentencia  anticipada,  y  en  particular,  podría  interponerse el recurso extraordinario  debido  a  que  la  casación  tiene  por  fines “la  efectividad  del  derecho  material  y  de  las  garantías  de las personas que  intervienen  en  la  actuación  penal,  la  unificación  de  la jurisprudencia  nacional  y además la reparación de los agravios inferidos a las partes con la  sentencia        demandada”       (Artículo   207,  Código  de  Procedimiento  Penal,  Ley  600  de  2000).   

Sin  embargo,  aún  en  tratándose de la  causal  de  nulidad,  es preciso que el libelista acredite el interés jurídico  para  impugnar,  lo  cual  se logra identificando en concreto cuál es agravio o  perjuicio  injustificado  que  su representado no debe soportar, y que dimana de  los  defectos  que  conspiran  contra  el  derecho  a  la  defensa  o  el debido  proceso.   

Para  el  seguimiento  de  aquella  línea  jurisprudencial,  confrontar,  entre  otros:  Auto  del  17  de  mayo  de  2000,  radicación  10250.  Auto  del  9 de junio de 2000, radicación 14860. Sentencia  del  5  de  junio  de  2000, radicación 15058. Sentencia del 12 de diciembre de  2002,  radicación  16099.  Sentencia  del  4 de septiembre de 2003, radicación  12768.   

5.  En el asunto  que  se  examina,  si  bien el libelista trae a sede extraordinaria aspectos del  fallo   que   dicen   relación  con  la  manera  de  purgar  de  la pena, el libelo no será admitido, por  los motivos que a continuación se exponen.   

6.  SOBRE  EL  PRIMER  CARGO:  Omisión  de  pruebas  documentales.  Suspensión condicional de la ejecución de la pena   

A decir de libelista, el Tribunal Superior  de  Bucaramanga  incurrió  en  error  de  hecho,  por  no  analizar  la  prueba  documental  consistente  en:  contrato  de  trabajo, certificación de estudios,  constancia  laboral,  recomendaciones  y  juego  de firmas, de los cuales podía  deducirse  que  ÁLVARO  YESID  GÓMEZ  ESPINOSA,  siempre  ha  sido una persona  honesta,  que  no  coloca  en riesgo a la comunidad, por lo cual era acreedor al  subrogado   de   la   suspensión   condicional   de   la   ejecución   de   la  pena.   

6.1 En la sustentación del reproche, para  reforzar  su  postura,  el  censor  incluye  afirmaciones  relacionadas  con  el  intachable  comportamiento de GÓMEZ ESPINOSA dentro de los causes legales, modo  de  argumentar  incompatible  con la impugnación propuesta, por tratarse de una  sentencia  anticipada,  dado que la exclusión del episodio delictivo por el que  fue  condenado  anticipadamente,  conlleva una forma de retractación, que no ha  lugar, según se explicó en precedencia.   

6.2  La  jurisprudencia  de  la  Sala  ha  reiterado  que  incurre  en  error de hecho por falso  juicio  de  existencia el juez que omite apreciar una  prueba  legalmente  aportada  al  proceso,  o  cuando,  contrario sensu, infiere  consecuencias  valorativas  a  partir  de  un  medio de convicción que no forma  parte del proceso.   

En   el   recurso   extraordinario,   la  postulación     de     un    falso    juicio    de  existencia      por  omisión  debe  iniciar con la verificación objetiva  de  que  la  prueba  fue practicada y obra materialmente en el expediente y que,  pese  ello,  el  Juez  pretermitió  su  contenido y no la tuvo cuenta entre los  argumentos que soportan el fallo.   

La  demostración  de la trascendencia del  yerro  atribuido  al Ad-quem  comporta  la  obligación  de enseñar a la Corte que si tal falencia no hubiese  ocurrido,  el  sentido  del  fallo  sería  distinto;  efecto  para  el  cual es  imprescindible  que  el casacionista refiera al verdadero alcance de cada prueba  presuntamente  omitida y, además, que enseñe la entidad suasoria de cada medio  ignorado,  de  suerte  que  el  análisis conjunto de todo el acopio probatorio,  permitiría   arribar   a   conclusiones   diversas  de  las  declaradas  en  el  fallo.   

Ahora bien, desvirtuar el mérito concedido  a  las  otras pruebas implica a su vez demostrar que los funcionarios judiciales  se  equivocaron  en  el proceso de valoración y fijación de su poder suasorio,  lo  cual  tampoco  se  logra a través de la imposición del criterio particular  del  censor,  sino  demostrando  con  la  lógica  del recurso extraordinario la  incursión en errores de hecho o de derecho en ese ejercicio.   

6.3 En el presente asunto, el libelista se  limitó  a  mencionar  el contrato de trabajo, la certificación de estudios, la  constancia   laboral,   las    recomendaciones  y  juego  de  firmas,  como  documentos  supuestamente  dejados de apreciar. No obstante, olvidó explicar el  contenido  y  alcances  de  cada  uno  de esos documentos, por manera que, no es  posible  realizar un ejercicio tendiente a verificar la posible trascendencia de  tales medios.   

Nada informó acerca de las “recomendaciones”  y el “juego  de  firmas”,  que incluye en el  conjunto  pretermitido; olvidó explicar a la Corte por qué razones consideraba  que  tales  documentos  tenían  la entidad de pruebas pertinentes, conducentes,  legal  y  oportunamente  allegadas;  y  tampoco  dio  a  conocer  la manera como  desvirtuaban  las  reflexiones  de  los funcionarios judiciales, vertidas en las  sentencias  de  instancia,  y  a  través  de  las cuales negaron la suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

6.4  Quizá,  el  defecto  más grave, que  conspira  contra  la  posibilidad  de  admitir  el  cargo,  consiste  en  que el  casacionista  argumenta  sin  consultar  la  realidad  procesal  y  sin el rigor  condigno  a  la  pretensión  de quebrar el fallo, conformado por las sentencias  convergentes en el mismo sentido.   

Desde un punto de vista objetivo y sin que  ello  implique  de ninguna manera un pronunciamiento de fondo, no se ajusta a la  realidad   la   afirmación   del  libelista  según  la  cual  el  Ad-quem ignoró, o no apreció la prueba  documental a que alude.   

En  casos  como  el  presente,  se precisa  revisar  las  diligencias para formarse una idea completa acerca del sentido del  cargo, antes de definir acerca de su admisibilidad.   

En ese análisis, se constata de plano que  el  libelista  parte  de  un supuesto que no compagina con la historia procesal;  por  lo  cual, la censura es inadmisible, ya que no se vislumbra la necesidad de  activar  alguno  de  los  fines  garantistas  de la casación, ni de restablecer  algún derecho fundamental que hubiere sido vulnerado.   

Basta leer la sentencia del 17 de agosto de  2006,  proferida  por  el  Tribunal Superior de Bucaramanga, para constar que el  punto  de  partida  del  censor  no tiene sustento material, toda vez que en ese  fallo  se  hizo  consideración  expresa a los factores que el censor extraña y  que  de  alguna  manera  se  relacionan  con  la  negación  del subrogado de la  ejecución condicional de la ejecución de la pena.   

En  efecto,  el  Juez  colegiado  dijo  lo  siguiente:   

“El  procesado  carece  de  antecedentes  penales,    es   bachiller   y   además   adelantó   estudios   técnicos   en  criminalística,  soltero, de 20 años de edad para la fecha de los hechos y sin  obligaciones  familiares.  Un  individuo de ese perfil, que se une a otros más,  para  recibir  una suma de dinero que le es ofrecida como producto de la labor a  desempeñar  en  la  empresa criminal, grupo que se hizo pasar como empleados de  “Servientrega”  para  entrar  a  la  vivienda,  dentro  de la cual atan a la  empleada,  con  el  ánimo  de  apoderarse  de los enseres y elementos de valor,  revela  una  personalidad  que  requiere  tratamiento  penitenciario,  para  que  asimile  los fines de la pena y por esa vía reciba los beneficios de de ella se  derivan,   esto   es,  que  el  legislador  sanciona  severamente  ese  tipo  de  comportamientos  y su cumplimiento no puede eludirse sin fortalecer valores como  el  del respeto por la propiedad ajena y la dignidad humana, pues a las personas  no  pueden   someterse  (sic) a vejámenes como el que se dio en el caso de  la empleada de la vivienda donde se perpetró el reato.”   

6.5 Demostrado lo anterior, es palmario que  el  libelo no consulta el requisito de admisibilidad, consistente en fundamentar  los  cargos  “en  forma clara y precisa”,  exigido  en  el  artículo  212  de  la Ley 600 de 2000; pues  carece  de cualquier principio de realidad, o base mínima aceptable el reproche  planteado  por el libelista, máxime que, en adelante, sus opiniones se explayan  en  un  campo  especulativo,  sin  posibilidad de ser recibidas como reflexiones  condignas  a  las  exigencias  de  la  lógica  jurídica  y  la  argumentación  razonable  inherentes  al recurso extraordinario, a través del cual se busca la  casación  parcial  del  fallo  proferido  por  el  Tribunal Superior, que viene  amparado con la doble presunción de legalidad y acierto.   

7.    SOBRE   EL   SEGUNDO    CARGO:   Omisión   de   pruebas   documentales.   Prisión domiciliaria   

Se  queja  el  libelista porque el Juez de  primera    instancia    no    concedió     a     ÁLVARO    YESID    GÓMEZ  ESPINOSA  la  prisión  domiciliaria, acudiendo a las  mismas  razones  que  adujo  para  negarle la condena de  ejecución       condicional,       pese      a      que     los requisitos  son   “diametralmente  distintos”;   defecto  que  ocurrió,  igualmente,  porque  dejaron  de estudiarse las pruebas documentales relativas a la actividad  personal, familiar y social de aquél.   

7.1 De entrada se  observa  que  el censor confunde la providencia objeto  de  ataque  en  sede  extraordinaria,  dado  que  enfila las críticas contra la  decisión  de  primera  grado,  cuando  lo  correcto  es  cuestionar el fallo de  segunda  instancia,  porque  el recurso de casación, según el artículo 205 de  la  Ley  600 de 2000, “procede contra las sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los  tribunales  superiores de distrito  judicial  y  el Tribunal Penal Militar”, por delitos  que  tengan  señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo exceda de ocho  años;  y  de manera excepcional contra sentencias de  segunda  instancia,  distintas  a  las  antes  mencionadas,  a  solicitud de los  sujetos  procesales,  cuando  se  considere  necesario  para la garantía de los  derechos fundamentales o el desarrollo de la jurisprudencia.   

Tal  inconsistencia  no  desaparece por el  solo  hecho  de que el censor haya afirmado que el Tribunal Superior no enmendó  el    yerro    en   que   incurrió   el    A-quo,  porque,  aún  así, en modo alguno   el  cargo  cuestiona las razones que adujo el Juez colegiado para  negar la prisión domiciliaria.   

7.2  Amén  de lo anterior, en cuanto este  reproche  se  refiere  a  la  omisión  de  la prueba documental, las glosas que  dieron  lugar  a  inadmitir  el  primer cargo también  aplican    en   esta  oportunidad,  por  verificarse  de  modo  objetivo  que el Tribunal Superior sí  analizó  los  elementos  de  convicción  relativos al comportamiento personal,  laboral  y  social  del  implicado,  como por ejemplo, el estudio, el  trabajo  y  la  vida  de  relación, antes de negar  tanto  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena  como la prisión domiciliaria.   

Sobre   esa  temática,  a     lo     reseñado     en    precedencia    el    Ad-quem agregó:   

“La  modalidad  delictiva  muestra  la  carencia  de escrúpulos de ÁLVARO YESID GÓMEZ ESPINOSA, lo cual da certeza de  que   el   condenado   sí   requiere   de   tratamiento   intramural,  con  el  propósito que no vuelva a  cometer  nuevas conductas punibles, de reintegrarlo a la sociedad con la visión  del respeto por la vida y los derechos e intereses ajenos.   

Las premisas anteriores arrojan igualmente  un  pronóstico  negativo  respecto  de  la  prisión  domiciliaria, haciéndose  imperioso someter al inculpado a tratamiento penitenciario.   

La defensa para argumentar el otorgamiento  de   los   mecanismos   sustitutivos  de  la  pena,  hace  afirmaciones  que  no  corresponden  objetivamente con los hechos demostrados en el expediente, como el  señalar  que  el  inculpado se limitó a conducir el vehículo, que desconocía  el  propósito  delictivo de los compañeros o que participó en los hechos dado  su   estado   de  necesidad  económica,  situaciones  que  corresponden  a  una  retractación  extemporánea  de  los  cargos  aceptados  de manera espontánea,  consciente y libre por el inculpado…”   

Como  se  constata,  el Tribunal Superior  analizó   una   serie   de   circunstancias   para  negar  los  “mecanismos  sustitutivos de la pena”,  ninguno  de  los cuales fue refutado por el censor, con la intensidad argumental  condigno  al  recurso  extraordinario,  pues,  al  parecer entendió culminar la  postulación,  con  la  denuncia de un acontecimiento que supuestamente sucedió  (la  omisión  de  la prueba documental),  sin  correlacionarlo  en  punto  de  la  trascendencia  con  el  fundamento de la decisión cuestionada.   

7.3  De otra parte, el libelista no dio alcance a su aserto según el  cual  los requisitos para la suspensión condicional de la ejecución de la pena  y  la  prisión  domiciliaria  son “diametralmente distintos”; no reveló el  cimiento  jurídico de esa afirmación, ni explico el  concepto,  naturaleza,  y  limitaciones  de  unos  y  otros;  con  lo  cual el  segundo  cargo  se  reduce a expresiones especulativas, si entidad para alcanzar  la textura de un cargo casacional.   

Adicionalmente, como el Tribunal Superior  ofreció   múltiples   razones  para  concluir  que  GÓMEZ  ESPINOSA  requiere  “tratamiento         intramural”,     vale     decir,  interno  en  un  establecimiento  carcelario,  correspondía  al  casacionista  demostrar  por  qué estimaba erradas las reflexiones del Tribunal  Superior,    especialmente   en   cuanto  en  el  fallo se afirma que por ser  necesario el encarcelamiento, no era procedente, por  sustracción de materia, la prisión domiciliaria.   

7.4   Con   todo,   es   propicia   esta  oportunidad  para  ratificar  la línea jurisprudencial trazada por esta Sala de  la  Corte,  según  la  cual  entre  los  factores  a  evaluar    para   resolver   sobre   la   prisión  domiciliaria,    deben  incluirse  las   características   la  conducta  punible,    por    ser    innegable   la     relación     que     existe  entre la naturaleza y modalidades del delito, con el  comportamiento personal, familiar y social del implicado.   

Al  respecto,  en Auto del 31 de marzo de  2008  (radicación 29227),  se acotó:   

“De  acuerdo  con  lo  anterior, para estructurar correctamente el ataque dirigido a reprochar  la  no  concesión  de  la prisión domiciliaria, compete al libelista acreditar  que  el  sentenciador  supuso  un  requisito  no previsto en la ley o no motivó  adecuadamente su decisión.   

(…)  

No obstante, al desarrollar los reproches,  el  impugnante  dejó  de  referirse  a  las múltiples decisiones de la Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de Justicia, al amparo de las cuales la  naturaleza  y  modalidades  del  hecho  punible  sí  constituyen  factores para  determinar  si  el  sentenciado se hace o no acreedor a disfrutar de la prisión  domiciliaria,  pues  esos  aspectos  son  reveladores de su desempeño personal,  laboral, familiar y social.   

De  esa postura jurisprudencial dan cuenta  recientes   pronunciamientos,   en   uno   de   los   cuales   se   señaló  lo  siguiente:   

“Si  bien es cierto, que la norma exige  fundar  el  elemento  subjetivo  en  el desempeño personal, laboral, familiar y  social,  también  lo  es  que para su comprobación se debe tener en cuenta las  pruebas   que   reposan   en   la   actuación   procesal,  que  demuestran  las  circunstancias  particulares  de  la  comisión del delito en atención a que la  conducta   punible   evidencia   la  personalidad  del  procesado,  la  cual  es  fundamental    para    determinar    si    se   concede   o   no   la   prisión  domiciliaria”1.”   

8.   Las  impropiedades  advertidas  con  antelación  conllevan  a  inadmitir la demanda,  máxime  que  en  la  revisión  del expediente no se observa la vulneración de  alguna  garantía  fundamental,  que  amerite  el  ejercicio  de  las facultades  oficiosas  de  la Sala de Casación Penal en los términos del artículo 216 del  Código de Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada a nombre de ÁLVARO  YESID GÓMEZ ESPINOSA.   

Contra la presente providencia no procede  recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                            ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                         AUGUSTO IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                                        YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Sentencia  de segunda instancia del 30 de mayo de 2007, radicación 23047. En el  mismo  sentido  ver:  Sentencia  de segunda instancia del 10 de octubre de 2007,  radicación  24110.  Sentencia de casación del 21 de marzo de 2007, radicación  24985.  Y  sentencia  única  instancia del 11 de diciembre de 2007, radicación  11830.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *