26499(06-03-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 26499  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº 052  

Bogotá  D.C.,  seis  (6) de marzo de dos mil  ocho (2008).   

V   I   S   T   O   S   

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por la defensora de EDUARDO  TANGARIFE  contra  la  sentencia  de segunda instancia  proferida  por  el Juzgado Catorce Penal del Circuito de Bogotá, el  28 de  junio  de 2006, mediante la cual confirmó la dictada por el Juzgado Veintiséis  Penal  Municipal de la misma ciudad, el 11 de noviembre de 2005, y lo condenó a  las  penas  principales  de 12 meses de prisión, multa de 9.2 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  suspensión  en  el  ejercicio  del  derecho de  conducir  vehículos  automotores  por  el  termino  de  1  año y a la sanción  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  de  la sanción privativa de la libertad, como  autor de la conducta punible de lesiones personales culposas.   

H E C H O S  

El   juzgador   de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“Sucedieron el 29 de mayo de 2002, a eso de  las  9:20  p.m.,  en  la  calle  13 frente al No. 79-09, cuando se presentó una  colisión  entre  el  bus  de  placas  SNH-297,  que era conducido por el señor  EDUARDO  TANGARIFE y la motocicleta marca YAMAHA de placas OPO-55, que conducía  el  señor  JESÚS  ANTONIO  GALVIS  PAÉZ  y en la que viajaba como pasajera la  señora  ALBA FLÓREZ VARGAS. Como consecuencia del accidente sufrieron lesiones  el  señor  GALVIS  VÉLEZ   a  quien  se  le  fijó  una incapacidad   definitiva  de  cuarenta  y  cinco (45) días y como secuelas deformidad física  que  afecta  el  rostro  de  carácter transitorio y perturbación funcional del  órgano  de  la  visión  de  carácter  permanente,  en  tanto que a doña ALBA  FLÓREZ  VARGAS le fijó una incapacidad definitiva de setenta (70) días y como  secuelas  deformidad  física  que  afecta  el  cuerpo de carácter permanente y  perturbación  funcional  del miembro inferior derecho de carácter permanente y  perturbación    funcional    del    órgano   de   locomoción   de   carácter  permanente”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los  anteriores hechos, la Fiscalía  Local  Cuarenta  y  Tres  de  la Unidad Tercera Delegada ante los Jueces Penales  Municipales   de   Bogotá,  el  9  de  diciembre  de  2003,  acusó  a  Eduardo  Tangarife  por  la  conducta  punible de lesiones culposas.   

2.    El   Juzgado  Veintiséis  Penal  Municipal  de  Bogotá,  el 11 de noviembre de 2005, dictó sentencia de primera  instancia  en  la  que condenó al procesado a las penas principales de 12 meses  de  prisión,  multa  de 9.2 salarios mínimos legales mensuales vigentes y a la  suspensión  en  el ejercicio del derecho de conducir vehículos automotores por  el  término  de  1  año  y  a la sanción accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de la sanción  privativa  de  la  libertad,  como  autor  de  la  conducta  punible de lesiones  personales culposas.   

3.   Apelado  el  fallo  por  la   defensora,  el   Juzgado  Catorce  Penal  de  Circuito de Bogotá, el 28 de  junio de 2006, al desatar el recurso, lo  confirmó.   

Contra la anterior decisión, la defensora del  acusado  interpuso  recurso de casación excepcional, toda vez que considera que  la  “sentencia  atenta  contra  la  garantía de los  derechos fundamentales de mi prohijado”.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

La  defensa técnica del procesado, con base  en  la  causal  primera  de  casación,  presenta  un  único  cargo  contra  la  sentencia, cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Único cargo  

La defensora, basada en la causal primera de  casación,  acusa  al  Juzgador  de  haber  violado  indirectamente una norma de  derecho  sustancial  por  error  de  hecho “por falso  juicio   de  identidad”  y  “por error de apreciación”.   

En     cuanto     al     “error  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad”,       considera       que       el      juzgador      “tergiversó,  distorsionó, desdibujó o desfiguró el hecho real  y  cierto  que  revela la prueba”, lo que repercutió  en la sentencia, así:   

Con     respecto    al    “Dictamen  Físico  Forense  obrante  a los  folios 208 a 211  del   C.O”,  estima  que  se  hizo  una  valoración  errónea,  dado  que el juzgador entró a suponer o a imaginar que al momento de  la  colisión  el  bus transitaba detrás de la motocicleta, cuando en realidad,  en  su  criterio, ésta aparece de frente y en contravía, tergiversando así el  medio probatorio.   

Así mismo, asevera que el dictamen es claro  en  demostrar  que  la  colisión ocurrió en la parte frontal de la motocicleta  y   lateral  izquierda  delantera  del  el  bus,  evidencia  física que no  ameritaba  discusión.  Reitera  que  el  yerro  del  Juzgador está en no haber  apreciado  que  la  motocicleta  se  desplazaba  en contravía por la orilla del  separador  y que fue Galvis Páez quien invadió el carril por el que transitaba  Tangarife, como se deduce de su injurada y del experticio.   

Recalca que el error del sentenciador se hace  flagrante  cuando  afirmó:  “Además si se aceptase,  hablando  hipotéticamente,  que el bus lo cerró, su obligación era detener la  marcha,  más no hacer esa maniobra riesgosa a la izquierda, que a la postre fue  uno    de    los    factores    causantes    del    accidente”,   dejando  de  lado  el  resultado  claro  y preciso de la experticia.   

Afirma  que de acuerdo con lo reglado en los  artículos  109  y  156  del Decreto 1344 de 1970 y 94 de la Ley 769 de 2002, el  conductor  de  la motocicleta “violaba flagrantemente  las  normas precipitadas”. Así mismo, asevera que el  Juzgado  concluyó  erróneamente que el conductor del rodante se desplazaba por  el  carril  que le correspondía, es decir, el izquierdo y que tenía prelación  aunque iba en contravía.   

Recalca que el sentenciador no tuvo en cuenta  los  experticios  técnicos de los vehículos y supuso que el bus iba detrás de  la  motocicleta.  También   dice que hay contradicción en lo afirmado por  el   juzgador  respecto de las  lesiones sufridas por Galvis Páez, en  la  medida  que se indicó  que fueron “todas en  su   parte   delantera   del  rostro  y  órgano  de  la  visión”  y  en  cuanto  a  las  sufridas  por  Flórez  Vargas  las ubicó,  “en  su  miembro  inferior  derecho”,  lo  que,  en  su  criterio,  corrobora   que la colisión fue  frontal entre la motocicleta y el bus.   

Después de reseñar apartes de la sentencia,  sostiene  que “EL INFORME DE ACCIDENTE”,  pone  en  evidencia   el yerro del juzgador, toda vez que el  agente  de  tránsito  diagramó  claramente  la posible ruta de los automotores  implicados,  al  igual  que  la perito, tergiversando este medio de convicción,  sobre   el   cual   se   edificó   la   sentencia    en   contra  de   Tangarife.   

En   cuanto  al  numeral  dos  que  llamó  “testimonios”,   acota  que  el   sentenciador  le  dio  plena  validez  a  lo  dicho por la  lesionada   Alba   Azucena   Flórez   Vargas,   inferencia  que  califica  como  contradictoria respecto del dictamen y el experticio técnico.   

Como una constante, procede a repetir que las  lesiones   ocasionadas   confirman   que  el  bus  no  iba  detrás  de  la  motocicleta.   

De  otro  lado,  afirma  que  entre  Galvis  Páez   y  la lesionada hay una relación de amistad y, por lo tanto, ésta  aduce  que  el  motociclista  no es culpable del accidente, siendo el testimonio  “parcializado”. De igual  manera,  reitera  que el  juzgador distorsionó el informe del accidente de  transito  No.  01638  05,  atribuyendo a toda costa que fue el viraje del bus el  que  ocasionó  el accidente y, además, dio plena credibilidad a la versión de  oídas  del  agente  Jackson  Giraldo,  el  cual señaló  que “le  informaron  que  el  hecho  se  originó por distracción del  conductor del bus”.   

De  la  misma  manera,  en  cuanto al examen  psiquiátrico  realizado  a  Jesús  Antonio  Galvis  Páez,  afirma que el  juzgador   distorsionó    el  resultado,  al  concluir  que  posterior  al  accidente  éste  tuvo  una  pérdida  de  memoria  y,  por  lo tanto, no podía  exigírsele que recordara con precisión los hechos.   

Y,    con   respecto   al   “error  de  apreciación”, acota que el  sentenciador  distorsionó,  tergiversó  o desdibujó la prueba de la siguiente  manera:   

a. Que hizo una valoración equivocada de los  hechos,    vulnerando    los    elementos    que    integran     la    sana  crítica.   

b.  Que realizó una apreciación equivocada  de  los  hechos  al  afirmar,  entre otros ya anunciados,  que el automotor  estaba  atrás de la motocicleta y que éste invadió el carril izquierdo por el  que  aquél  transitaba,  cuando del caudal probatorio se refleja que los hechos  sucedieron de manera distinta.   

c.   Que se apartó de las reglas de la  experiencia,  dado  que de las lesiones  se puede concluir que la colisión  fue  de  frente  y  no  como  el  sentenciador  manifiesta  equivocadamente  los  hechos.   

d.    Que  apreció  erradamente  los  experticios físicos.   

e.   Que  planteó   “en  forma  equivocada  la  realidad  ocurrida  y,  por  lo tanto,  edificó  la  sentencia  en una inferencia errónea por inexacta observación de  tales pruebas”.   

f.    Que   afirmó  que   ambos  conductores  contribuyeron  a  que se suscitara la colisión, debiendo responder  por  su  actuar,  pero  condenando  sólo  a Tangarife por ambas lesiones.    

Señala  como normas violadas los artículos  6º,  232,  234,  251,  277, 284, 285, 286  de la Ley 600 de 2000,  el  Decreto  2700  de  1991  y  la  Ley  81  de 1993, y concluye que sí el juzgador  hubiese  aplicado estos derroteros procesales la decisión adoptada habría sido  distinta.   

En   consecuencia,  solicita  a  la  Corte  casar   la  sentencia  y, “en su lugar, decretar  la absolución del señor EDUARDO TANGARIFE”.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  De  acuerdo  con  el  anterior  recuento  procesal,   surge   evidente  que  en  este  caso  sólo  procede  la  casación  excepcional,  en  la medida en que la sentencia de segunda instancia fue dictada  por  un  Juzgado  Penal  del  Circuito,  encontrándose  dentro de la hipótesis  reglada en el artículo 205, inciso final, de la Ley 600 de 2000.   

Por  manera  que la casacionista, en estricto  acatamiento  de  la  jurisprudencia  de  la  Sala, debió cumplir con las demás  cargas estatuidas para este medio de impugnación extraordinario.   

En efecto, recuérdese que cuando  de la  casación  excepcional  se  trata, el demandante debe exponer así sea de manera  sucinta  pero  clara qué es lo que pretende con el recurso, teniendo como norte  que  solamente procede para el desarrollo de la jurisprudencia o para garantizar  los derechos fundamentales.   

En  tratándose del primer punto, esto es, el  desarrollo  de  la  jurisprudencia, el casacionista debe mencionar en la demanda  si  con  la  impugnación de la sentencia de segunda instancia persigue unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina, ora para abordar un tópico  aún  no desarrollado, precisando la manera en que la decisión solicitada tiene  la  utilidad  simultánea  de  brindar  solución al asunto y a la par servir de  guía a la actividad judicial.   

Y,  respecto  de  la  protección  de los de  derechos  fundamentales,  el  casacionista  está  obligado  a  desarrollar  una  argumentación  lógica  dirigida  a  evidenciar el desacierto, siendo imperioso  que  demuestre  el desconocimiento de una garantía por quebrantamiento  de  la  estructura básica del proceso o por violación de un derecho fundamental, e  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el  derecho invocado y su  concreto conculcamiento con la sentencia.   

Si  bien  es  cierto  que  la defensora en el  libelo  manifestó que interponía el recurso de casación excepcional, en tanto  que  a su defendido se le trasgredieron “los derechos  fundamentales”,  de todos  modos  no  indicó  en qué consistió el vicio que trajo como consecuencia  el  quebrantamiento  de  la estructura del proceso o la violación de un derecho  fundamental, según el caso.   

Además,  el único cargo formulado contra la  sentencia  de segunda instancia no se compadece con el motivo aducido  para  recurrir  a  través  de  la  casación  excepcional,  por  cuanto  que busca la  absolución  del  acusado,  basado en una personal apreciación de los medios de  prueba.   

En efecto, la libelista, como era su deber, no  construyó  el reproche por el motivo de inconformidad que tendiera a evidenciar  la  violación  de  los   derechos fundamentales presuntamente trasgredidos  por  el  sentenciador,   toda  vez que el discurso argumentativo lo centra en denunciar un error de hecho  por  falso  juicio  de  identidad  y  “por  error de  apreciación”.   

Ahora   bien,   en   el  entendido  que  la  casacionista  acató  la  anterior  carga,  tampoco  el  reproche  cumple con el  presupuesto  de  claridad  y  precisión, en tanto que no enseñó a la Corte en  qué  consistió  la  tergiversación  del  contenido  material de la prueba, al  punto  que  lo  llevó  a  declarar  una  verdad  que  no  se deriva de su tenor  literal.   

El  discurso argumentativo la casacionista lo  concentra  en  manifestar  que el juzgador de segundo grado hizo una valoración  errónea       del       “Dictamen      Físico  Forense”,        del         “INFORME   DE  ACCIDENTE”  y  de  unos  testimonios,  yerros que, en  su  criterio,  lo  llevaron  a  concluir  equivocadamente en torno la forma como  ocurrió  el  accidente,  esto  es,  cómo  se desplazaban los automotores en la  vía,   aspecto   que   incidió   en   el   juicio  de  responsabilidad  de  su  defendido.   

Así  mismo,  en  lo  que llamó “error  de  apreciación”,  procede  a  realizar  un  análisis  personal  de  la  credibilidad de los citados medios de  prueba,  complementando que la conclusión del juzgador de segundo grado resulta  equivocada  en  unos  determinados  puntos que se permite relacionar.   

Frente  a  dicha  hipótesis, es claro que la  libelista  no  enseña  en  qué consistieron las tergiversaciones del contenido  material   de   la   prueba   y   tampoco  pone  en  evidencia  un  “error  de  apreciación”, en la medida  en  que  la  fundamentación  del único cargo presentado contra la sentencia de  segunda  instancia está construido sobre una personal manera de ver los hechos,  obviamente    en   abierta   disparidad   con   lo   concluido   en   el   fallo  impugnado.   

En tales condiciones, la libelista olvida que  la  casación  no  es una tercera  instancia donde se pueda contraponer los  criterios  del  juzgador  con base en personales apreciaciones, puesto que, como  lo  ha  reiterado  la  jurisprudencia  de  la  Sala,  el  escrito con el cual se  pretenda   la   infirmación   de   la  sentencia  debe  respetar  los  precisos  presupuestos  señalados  en  la ley procesal para su elaboración, en la medida  en  que  esta  impugnación  extraordinaria tiene como único objetivo denunciar  vicios  de  derecho o de actividad cometidos en su elaboración o en el trámite  judicial,  según el caso, y, por supuesto, evidenciar su trascendencia frente a  las conclusiones adoptadas en el fallo.   

Dicho  de otra manera, la demandante presenta  una  visión  distinta  a la argumentada por el Juzgado en procura de obtener la  absolución  de  su  defendido, sin que evidencie error en la apreciación   de los medios de prueba allegados validamente al proceso.   

         

Finalmente,  se  advierte que del estudio del  proceso  no  se  vislumbra  violación  de  derechos  fundamentales o garantías  de         EDUARDO        TANGARIFE,    que  determine  el ejercicio de la facultad oficiosa de índole legal que al respecto  le asiste a la Sala en punto de asegurar su salvaguarda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda      de     casación     presentada     a     nombre     del          procesado,  EDUARDO              TANGARIFE,   por  lo  anotado en la motivación de este proveído.  En    consecuencia,   se  DECLARA   DESIERTO   el  recurso.     

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Comuníquese       y              cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                            JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *