26270(31-03-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26270  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado    acta    N°    070   

Bogotá,      D.      C.,      treinta y uno (31) de marzo de dos mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O  S   

La Corte decide respecto del cumplimiento de  los  presupuestos  de  logicidad  y  debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de ALBA LUCÍA  GUTIÉRREZ ORTIZ.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el Tribunal de la siguiente manera:   

“De acuerdo al  recaudo  probatorio  se  tiene  que la señora CLAUDIA JANETH SANDOVAL, actuando  como  Subdirectora  Administrativa  y  de  Recursos  Humanos  de la Corporación  Autónoma  del  Valle  del  Cauca, CVC, refirió que al parecer podrían haberse  presentado  irregularidades  en  la  contratación  de  la  abogada ALBA   LUCÍA  GUTIÉRREZ  ORTIZ,  quien  fungía    como    servidora   pública  en la Empresa Regional de Telecomunicaciones del Valle del Cauca,  S.A.,  E.S.P.,  E.R.T., de acuerdo con constancia expedida por el Gerente de tal  entidad  pública,  que la  acusada  prestaba  sus  servicios  como  Jefe de la Oficina Jurídica y Jefe del  Departamento  de Jurisdicción Coactiva, desde el 10 de marzo de 2000, abarcando  el  período  donde  se celebraron tras contratos con la CVC, discriminados como  Órdenes  de  Trabajo  N°  2067 de julio de 2000 por valor de $900.000°°, N°  547  de  marzo  5  de  2002 por valor de $1.100.000°° y N° 880 de abril 15 de  2002  por  valor  de  $618.000°°,  aclarando que la CVC no alcanzó a realizar  pago  alguno  de  estas  órdenes  de  trabajo,  resaltando  que la funcionaria   acusada   presentaba   su  documentación    con    membrete   de   un   bufete   de   abogados”.   

2.   El  Juzgado  Catorce  Penal  del  Circuito  de  Cali,  mediante  sentencia  fechada  el  19  de diciembre de 2005,  condenó   a  la  procesada  Alba  Lucía  Gutiérrez  Ortiz  a  las  penas  principales  de  48  meses  de  prisión,  multa  de  50  salarios  mínimos legales mensuales e inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el lapso de 60 meses,  como  autora  del  delito  de  violación del régimen legal o constitucional de  inhabilidades  e incompatibilidades imputado en la resolución de acusación, la  cual  quedó  ejecutoriada  el 17 de noviembre de 2004. Así mismo, le concedió  la prisión domiciliaria.   

3.  Apelado el fallo por el defensor de  la     procesada    Gutiérrez    Ortiz,  quien alegó que la conducta imputada era atípica por cuanto no  hubo  antijuridicidad  material  sino  meramente  formal,  a  demás  de  que se  presentó   violación  del  derecho  de  defensa   técnica   de  su  procurada,  el Tribunal Superior de Cali,  el 15 de junio de 2006, lo confirmó integralmente.   

4.   Contra  esta  determinación,  el  defensor    de    Gutiérrez   Ortiz   interpuso recurso extraordinario de casación.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

Con  fundamento  en  las causales primera y  tercera  de casación, el defensor de la procesada formula tres cargos contra la  sentencia   del  Tribunal,  cuyos  argumentos  se  sintetizan  de  la  siguiente  manera:   

Primer cargo  

Basado  en  el  cuerpo primero de la causal  primera  de  casación,  acusa  al  Tribunal  de  haber  incurrido en violación  directa  de  la  ley  sustancial  que  conllevó  a  la aplicación indebida del  artículo 408 del Código Penal.   

Recuerda que los juzgadores concluyeron que  su  procurada  incurrió  en  el  delito  de  violación  del  régimen  legal o  constitucional   de   inhabilidades  e  incompatibilidades,  al  suscribir  tres  órdenes  de  trabajo  (actos  contractuales)  con la Corporación Autónoma del  Valle  del  Cauca, pese a su condición de servidora pública, pues era empleada  de  la  Empresa Regional de Telecomunicaciones del Valle del Cauca, reuniéndose  de  esa  manera  las  exigencias  objetivas contempladas en el artículo 408 del  Código Penal.   

Sin  embargo, considera que el sentenciador  no  analizó en debida forma los elementos constitutivos de dicho tipo penal, el  cual  precisa  que  el  sujeto  del  delito  de  violación del régimen legal o  constitucional  de inhabilidades e incompatibilidades debe ser servidor público  e  intervenir  en  las  fases  contractuales  por  razón  del  ejercicio de sus  funciones.   

Estima  que  si bien su procurada tenía la  calidad  de  servidora  pública  cuando  suscribió  las  citadas  órdenes  de  trabajo,  de  todos  modos no lo hizo en  el  ejercicio  de   sus   funciones,   razón  por  la  cual  el   juzgador,      para     imputar     dicha     ilicitud,     “debió  acudir  a  la  disposición  contenida  en  el  estatuto de  contratación  estatal que le da a los contratistas el carácter de particulares  que  ejercen  funciones  públicas  en  lo  concerniente al objeto del contrato,  concretamente  al  artículo  65 de la Ley 80 de 1993. Lo anterior significa que  para  los  efectos  del  artículo 408 del estatuto penal, la señora Gutiérrez  Ortiz   era   un   particular   que   ejercía  funciones  públicas  de  manera  temporal”.     

Luego   de   citar   y   transcribir  una  jurisprudencia  de  esta  Corporación,  agrega  que  cuando  la  naturaleza del  contrato   no   conlleva   el   transferimiento  de  una  función  pública  al  contratista, el mismo continúa siendo particular.   

Refiere  que  en  este caso las órdenes de  trabajo  suscritas por su defendida tuvieron como objeto la elaboración de unas  escrituras  públicas  de  desglose  y  donación  de  un  predio, incluyendo la  elaboración  de  la  minuta,  protocolización y aportación del certificado de  libertad,  actos  que,  en  su  criterio, no representaban una función pública  puesto  que  no se circunscribían a una actividad propia del Estado, por lo que  podían ser desarrollados por cualquier persona.   

Por  ello,  considera  que no se incurre en  violación   del   régimen   legal   o   constitucional   de   inhabilidades  e  incompatibilidades  cuando  la  actividad  que  se  contrata  no  constituye una  función  pública,  como sucedió en este asunto, motivo por el cual solicita a  la   Corte   casar   el   fallo   impugnado  y,  en  su  lugar,  absolver  a  su  defendida.   

Segundo cargo  

Apoyado también en el cuerpo primero de la  causal  primera de casación, acusa al Tribunal de haber incurrido en violación  directa  de  la  ley sustancial, yerro que condujo a la aplicación indebida del  artículo  408  del  Código  Penal,  toda vez que entendió que “la  antijuridicidad  se  estructura  con  la simple infracción del  deber  de  cuidado  sin que sea menester profundizar y evaluar lo concerniente a  la    efectiva    lesión    o    puesta   en   peligro   del   bien   jurídico  protegido”.   

Afirma  que  el  Tribunal  no  entendió la  discusión  planteada  respecto  del  componente de la antijuridicidad material,  limitándose   a   hacer   consideraciones  propias  del  juicio  de  tipicidad,  concluyendo    que    este    último   aspecto   constituye   indicio   de   la  antijuridicidad.   

Después    de    referirse    a   unos  pronunciamientos   jurisprudenciales   relativos   a  la  configuración  de  la  materialidad  de  la  antijuridicidad,  dice  que  los  juzgadores  de instancia  “se  abstienen  de hacer las consideraciones en los  términos  que  han  sido precisados por la jurisprudencia de la Corte y que son  exigencia   de  la  normatividad  vigente”,  siendo  claro,  en  su criterio, que no hubo, por parte de su defendida, “ningún  interés  por  utilizar  la  administración pública para  beneficiar  intereses particulares”, como tampoco se  percibe  “peligro  alguno  para los intereses de la  administración”.   

Por ello, como con el proceder de la acusada  no  se  puso  en  peligro  ni  se  lesionó  los intereses de la administración  pública,  concluye solicitándole a la Corte casar la sentencia impugnada y, en  su lugar, se le absuelva.       

Tercer cargo  

Apoyado  en la causal tercera de casación,  afirma  que  el  Tribunal dictó sentencia en un juicio viciado de nulidad, toda  vez que a su representada se le transgredió el derecho de defensa.   

Afirma  que  el  inicial  defensor  de  la  procesada  se limitó a concurrir a la diligencia de indagatoria y a notificarse  de  las  posteriores  providencias, sin desarrollar ninguna actividad en el tema  probatorio  ni  en  “la discusión o argumentación  jurídica”, situación que permite colegir que hubo  de su parte un comportamiento omisivo frente al deber que tenía.   

Asevera  que  el  mencionado  defensor  no  acudió  a  ninguno  de  los testimonios practicados, situación que privó a la  acusada  de “llevar al proceso aclaraciones respecto  de  cuál  fue  la  dinámica  de la actividad contractual que dejara a salvo su  comportamiento,    en    la    medida   que   no   generó   peligro   para   la  administración”,  tema éste que, junto con otros,  pudieron  ser  debatidos en el escenario de la investigación, además de que la  privó de la posibilidad de acceder a la segunda instancia.   

En   fin,  considera  que  ninguna  tesis  defensiva  planteó  el  entonces  profesional  del  derecho  a  lo  largo de la  instrucción,  ni aportó pruebas, ni valoraciones jurídicas, las cuales, en su  criterio,   existían,   omisión   que   generó   la  violación  del  derecho  constitucional de la defensa técnica.   

Por  lo  expuesto,  solicita  a  la  Corte  declarar la nulidad para retrotraerla a la etapa investigativa.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

La  demanda  de casación presentada por el  defensor  de  la  sentenciada  Alba Lucía Gutiérrez  Ortiz   no   reúne   los  requisitos  de  claridad,  precisión  y  logicidad que para ser admitida establecen las normas que regulan  el recurso extraordinario.   

En   efecto,  como  lo   ha   reiterado   la  Corte,  la  demanda  de   casación   no  es  de  libre  formulación,  razón  por  la  cual  no  es  procedente  hacer  cualquier  clase  de cuestionamientos a una sentencia que por  ser  la  culminación  de  un proceso está amparada por la doble presunción de  acierto  y  legalidad,   sino   que  debe  ser  un  escrito  lógico y  sistemático  en el que sólo es permitido  denunciar los errores cometidos  en  el  fallo,  al tenor de los motivos expresa y taxativamente señalados en la  ley,  demostrarlos  dialécticamente y evidenciando su trascendencia en la parte  resolutiva del mismo.   

En  el  libelo que ocupa la atención de la  Sala  y  en  cuanto  se refiere a los cargos primero y  segundo,  si  bien es cierto que el demandante fundó  los  ataques  a la sentencia por los senderos de la violación directa de la ley  sustancial  por  aplicación indebida del artículo 408 del Código Penal,   también   lo   es   que   no   precisó,  como  era su  deber,  cuáles fueron las razones jurídicas por las cuales, en su criterio, el  Tribunal  incurrió  en dicha aplicación indebida, ni explicó, en el campo del  estricto   derecho,  los  motivos    por    los    cuales   considera   que   en         este        caso        es        “atípica”     la   conducta  punible  de  violación  del  régimen legal o constitucional de inhabilidades e  incompatibilidades  imputada  a  su representada, bien porque no se reunieron la  totalidad   de   sus   componentes  típicos  (primer  cargo), ora por cuanto se ausentó la antijuridicidad  material        (segundo       cargo).   

Por  ello,  se hace necesario recordarle al  libelista  que  la  violación  directa  de  la ley sustancial tiene que ver con  la   equivocación  en  que  incurre el juzgador al aplicar la normatividad  que  corresponde  a los hechos materia de juzgamiento, manifestándose a través  de  tres  variaciones:  la  primera se presenta cuando no se aplica la norma que  corresponde  porque  el  juez  yerra  acerca  de su existencia, es la denominada  falta  de  aplicación  o  exclusión  evidente;  la  segunda,  el  sentenciador  efectúa  una  falsa  adecuación  de  los  hechos  probados a los supuestos que  contempla  la  disposición  y, por ello, incurre en aplicación indebida, y, la  última,  los  procesos  de  selección  y  adecuación al caso en cuestión son  correctos  pero al interpretar el precepto el juez le atribuye un sentido que no  tiene   o   le   asigna   efectos   distintos   o  contrarios  a  su  contenido,  configurándose   así  la  llamada  interpretación  erróneamente  de  la  ley  sustancial.   

Así  mismo, ha señalado la jurisprudencia  de  la  Corte  que  cuando  se  invoca el cuerpo primero de la causal primera de  casación,  esto  es,  violación  directa de la ley sustancial, el libelista no  puede  discutir  la  valoración  de  la prueba realizada por el sentenciador ni  cuestionar  la  declaración  de los hechos consignada en el fallo, pues toda su  actividad  debe  estar  dirigida  exclusivamente a demostrar la equivocación en  que  incurrió  el  Tribunal  al  aplicar o al inaplicar la normatividad al caso  concreto.   

Se   trata,   entonces,   de  un  estudio  estrictamente      jurídico,     toda     vez     que      “cualquiera  que  sea  la modalidad de violación directa de la ley,  el  yerro  de los juzgadores recae indefectiblemente en forma inmediata sobre la  normatividad,  todo  lo  cual implica un cuestionamiento en un punto de derecho,  sea  porque  se  deja  de  lado  el precepto regulador de la situación concreta  demostrada,  porque  el hecho se adecua a un precepto estructurado con supuestos  distintos  a los establecidos, o porque se desborda la intelección propia de la  disposición         aplicable        al        caso        concreto…”.1   

Estos  últimos  delineamiento  lógicos no  fueron  observados  por  el demandante, pues, como se indicó, si bien apoya los  dos  primeros reproche bajo  los  derroteros  de  la  violación directa de la ley sustancial por aplicación  indebida  del  artículo  408 de la Ley 599 de 2000, de todos modos, abandonando  los   derroteros   que  en  esta  sede  identifican  dicha  causal,  se  limitó  simplemente  a  afirmar  que  la  mencionada conducta punible es “atípica”,   toda   vez  que,  en  su  criterio,  la  acusada  no  obstante  ostentar  su condición de “servidora  pública”  actuó  como una  “particular”  en  la  ejecución  de  las  ordenes de trabajo que suscribió con otra entidad pública  (cargo  primero) o que con  su   proceder   “no  puso  en  peligro”  ni  “lesionó el bien jurídico de  la    administración    pública”   (segundo cargo).   

Tales  afirmaciones,  las  que reitera a lo  largo  de  los reproches, carecen de la debida argumentación y, por ende, de la  necesaria  demostración  jurídica,  pues  más allá de aseverar la atipicidad  del  delito de violación del régimen legal o constitucional de inhabilidades e  incompatibilidades,  en  manera  alguna  ilustra a la Corte sobre los motivos en  estricto  derecho  que  conduzcan  en  realidad  a  colegir  la alegada falta de  tipicidad frente a la citada conducta punible.     

Es  más,  el planteamiento de las censuras  sufren  un desvió hacia los linderos de la violación indirecta, pues en espera  de  que,  como  se  dijo,  centrara su argumentación a demostrar, en el ámbito  estrictamente  jurídico,  cómo  el  juzgador  le  otorgó al artículo 408 del  Código  Penal  unos  alcances  que  no  contempla,  se  ocupó  en  afirmar que  “si  se  revisa en el caso específico el contenido  de  las  ordenes de trabajo, se observa que se trataba de la elaboración de una  escritura  pública  de  desglose  y  donación  a  favor  de  la CVC del predio  denominado  ‘Las Delicias,  incluyendo   la  elaboración del plano topográfico, la elaboración de la  minuta,   protocolización   y   aportación   del   certificado   de  registro,  presentándose  igual  situación en la otra orden…, de donde se colige que no  se  trataba  de una función pública” (primer  cargo),  o  que  “basta  considerar  que  para  la  suscripción  de  las  ordenes de  trabajo  la  iniciativa provino de servidores público de la CVC que entendieron  que  la  persona  que  venía  asesorando al propietario de los predios, que era  conocedora  de  los  pormenores  de  la  situación  era  la  más indicada para  adelantar  las  diligencias  y acciones tendientes a consolidar el propósito de  la  institución” (segundo  cargo).   

Si  el libelista no compartía el resultado  fáctico  logrado  por  los  jueces,  por  cuanto  que  el  proceso arrojaba los  suficientes    elementos   de   juicio   que,   bajo   su    correcta   valoración,     conducían     a     la     “atipicidad”        del   delito   de violación del régimen legal o constitucional de inhabilidades  e  incompatibilidades  por  ausencia  de  uno  de   sus    elementos   configurantes  o  por  inexistencia  de  antijuridicidad  material,  es claro, entonces, que tales desavenencias recaen sobre las pruebas,  motivo  por  el cual el ataque deja de ser directo para convertirse en indirecto  y,   por   lo   mismo,  debió  centrar   el   reproche   a   través   de   la  apreciación  probatoria, según  la  índole  de  los  errores  que  en  esa  materia  hubiesen  podido  incurrir los  sentenciadores.   

Ahora  bien, si en gracia de discusión  se  aceptara que las argumentaciones del demandante se delinearon exclusivamente  en  el  ámbito  de la aplicación indebida del artículo 408 del Código Penal,  lo  que  se  deduce cuando afirma que los juzgadores desconocieron los elementos  constitutivos  del  citado delito, o que se conformaron con la simple existencia  de    la    antijuridicidad    formal,   de   todos   modos   los   cargos los dejó en el simple enunciado,  pues   no   ilustró   a   la   Corte   en   qué   consistió  la  errada  hermenéutica que el sentenciador  le  otorgó  a dicha preceptiva, cuál era su correcto entendimiento y alcance y  cómo  de  haberse  interpretado  de  manera  acertada  el  fallo  habría  sido  favorable  a  los  intereses  jurídicos  de su defendida, es decir, que hubiese  sido absuelta por atipicidad de la conducta punible.   

En  fin,  las  anteriores  consideraciones  evidencian la inadmisibilidad de los cargos.   

En   cuanto  al  último  cuestionamiento  (tercer  cargo)  que  hace  sustentado  en  la causal tercera de casación y que le permitió afirmar que en  este  asunto  se  dictó  “sentencia  en  un juicio  viciado  de  nulidad”  por violación al derecho de  defensa  técnica,  olvidó  el  actor  que  la coherencia conceptual y el rigor  metodológico  de  la  casación  imponen  que  dentro de la demanda se debe dar  aplicación  al  principio  de  prioridad en la invocación de las causales y la  proposición  de  los  cargos,  toda  vez  que  es  necesario tener en cuenta la  incidencia  procesal  que  genere la prosperidad de alguno de ellos respecto del  efecto         corrector         o         invalidante        del        recurso  extraordinario.       

Al respecto ha dicho la Sala:  

“Ello obedece a  la  lógica  sobre  el  cual  está  edificado  este  recurso extraordinario. Su  racionalidad  impone  verificar  previamente,  esto  es,  antes de cuestionar el  fondo  de  la  sentencia,  si  la estructura y los instrumentos de garantía del  proceso  no  han sufrido escamoteo alguno. Sólo entonces, una vez constatada la  legitimidad  constitucional  del  procesamiento  que  le dio origen, es factible  entrar  a  auscultar  la  sentencia  en  sí  misma, en orden a comprobar si sus  soportes  probatorios  y el raciocinio que sobre ellos se ha operado, se ajustan  o  no  a  la legalidad”.2   

Así,  entonces, cuando de varios cargos se  trata  y uno de ellos se apoya en la causal de nulidad, el método, la lógica y  la  coherencia  precisan que primero se debe despejar todo aquello atinente a la  legalidad  y  validez  tanto  del  proceso  como de la sentencia impugnada, para  posteriormente   adentrarse  en  las  demás  materias  que  involucren  asuntos  relacionados  con  la  aplicación  de  la  ley  sustancial o con la valoración  probatoria,  pues,  como  lo  ha  enseñado  la  jurisprudencia, “no  es  razonable  que primero se acepte la validez del proceso, se  reproche  su  valoración  probatoria y se censure la indebida aplicación de la  ley,  y  luego  se  cuestione  la  eficacia  y legitimidad del mismo”                   3,   como   sucede   en   este  caso.   

De otro lado, cuando de la nulidad se trata,  para  el  éxito  de  la  impugnación  se  debe  identificar  el  acto procesal  irregularmente    cumplido,   demostrarse   la   omisión   de   un   desarrollo  jurídicamente  exigible  conforme  a  disposiciones  que  lo  establecen,  y la  incidencia  de  ello  en  el  proceso  o  en  la  sentencia,  con efectos en las  garantías  constitucionales  y  legales  reconocidas a favor del procesado o de  cualquier  otro sujeto procesal, o en la estructura del proceso, y que no puedan  ser subsanadas.   

Recuérdese   que   la   argumentación  correspondiente  a  la  causal tercera de casación, si bien tolera cierto grado  de  flexibilidad,  no escapa al cumplimiento de los requisitos que la ley exige,  pues son comunes a todos los motivos de censura.   

En el caso concreto, si bien el actor acusa  la  inactividad  de  su  antecesor en la etapa de la investigación, pues, en su  criterio,  luego de asistir a la procesada en la indagatoria no realizó ninguna  otra  actividad  en  aras  de  velar  por  los  intereses  jurídicos  de  quien  representaba,  también  lo  es  que no demostró a la Corte cómo tal pasividad  fue  producto  de  una  clara  negligencia  y  desidia  en  la  labor del citado  profesional  del  derecho,  o,  en  otros  términos,  no precisó cómo en este  específico  asunto el mencionado silencio por parte del entonces abogado no fue  producto de una programada estrategia de defensa.   

Como lo tiene dicho la jurisprudencia de la  Sala,  para  la  alegación en sede de casación de la violación del derecho de  defensa  resulta  insuficiente anunciar la supuesta inactividad del togado, pues  ha  de demostrarse “que en realidad fue una omisión  lesiva  de  los  intereses  del  procesado,  atendiendo  a  lo  recaudado por la  investigación,  y  no limitarse en abstracto a criticar al defensor, ni a decir  según  su  criterio  qué  hubiera hecho, pues es lógico que cada profesional,  frente  a  un  caso  concreto,  diagnostique  y  establezca su propia estrategia  defensiva,  de  manera  que  no  coincidir  en  ello  no  significa  que se haya  infringido           la           garantía           constitucional”.4   

Así,  entonces, como se indicó, el censor  no  evidenció  si  la  inactividad  del defensor se debió a una personalísima  estrategia  o  a  un  incumplimiento  en  las  labores encomendadas. De la misma  manera,  tampoco  demostró cómo el profesional del derecho al haber solicitado  pruebas  o haber presentado alegaciones necesariamente la situación procesal de  la sindicada habría sido favorable.   

Por  último,  si  el mencionado abogado se  notificó  personalmente  de  todas las providencias que en la etapa instructiva  fueron  proferidas  por  la  fiscalía, como así lo admite el propio libelista,  necesariamente  ello  lleva  a  colegir, en sana lógica, que no se presentó el  predicado  abandono  de su mandato, siendo aquel profesional del derecho y no el  actor  el  llamado a plantear, desde su personal perspectiva, la estrategia más  adecuada  frente  a  la  defensa  que  ejercía  en  ese momento procesal.    

En esas condiciones, al no reunir la demanda  los presupuestos de claridad y precisión, la Corte la inadmitirá.   

Finalmente,  cabe  señalar  que el estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de  ALBA     LUCÍA    GUTIÉRREZ    ORTIZ.  En  consecuencia,  se declara desierto el recurso extraordinario  de casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                             JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                     

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                             JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                                     

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

                                                                           Secretaria     

1 Rad.  14899,  sentencia  del  6  de  mayo  de 2003; rad. 18580, auto del 12 de mayo de  2004;  rad.  21821, sentencia del 2 de marzo de 2005; rad. 21206, auto del 29 de  junio de 2005, entre otros.   

2  Casación 17281 del 19 de junio de 2003, entre otras.   

3  Casación 18656 del 21 de abril de 2004.   

4  Sentencia del 7 de febrero de 2002. Rad. 10983.     

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