26263(22-08-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26263  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta No. 236  

San Gil, veintidós (22) de agosto de dos mil  ocho (2008).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Procede  la  Sala  a resolver de fondo   el   recurso   de   casación,  interpuesto  contra  el  fallo  emitido  por  el Tribunal Superior de Distrito Judicial  de  Ibagué  (Tolima),  el  4  de  agosto de 2005, que  confirmó   la   sentencia  adoptada  por  el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito de la misma ciudad, el 31  de  mayo  de  2004;  en el proceso seguido contra DIEGO  ANDRÉS         MONTEALEGRE        GUTIÉRREZ1,  que  lo    condenó,   a   la  pena  de  28 años y 9 meses de prisión, a   la   accesoria   de  inhabilitación  de  derechos  y  funciones  públicas,  por  un  período  igual  al de la sanción principal, en calidad de  coautor     responsable    de    los    punibles  de homicidio agravado en concurso  con hurto (calificado y agravado) y porte ilegal de armas de fuego.   

H    E    C    H   O   S   

El  18 de mayo de 2002, aproximadamente a las  dos  de  la madrugada, en el kilómetro 5 vía Ibagué-Picaleña, exactamente en  la  carpa de Tiendas Pop, contiguo a manufacturas Carolina, ingresó un grupo de  personas,  entre  las  que  se  identificaron  a  DIEGO  ANDRÉS    MONTEALEGRE    GUTIÉRREZ   y   ABRAHAM   ULTENGO   PAJOY,  quienes  en  varias oportunidades le dispararon al vigilante NOEL  HERRERA  POVEDA,  causándole  su  deceso  en  forma  inmediata,  al  tiempo que  destrozaban  el  lugar  y  se  apoderaban  de gran cantidad de prendas de vestir  destinadas, por el almacén, para su comercialización.   

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1. El 4 de marzo de  2003,  la  Fiscalía Delegada ante los Juzgados Penales  del   Circuito   de   Ibagué,   dictó  resolución    de    acusación   contra  ABRAHAM  ULTENGO  PAJOY  y  DIEGO  ANDRÉS MONTEALEGRE  GUTIÉRREZ,  como  coautores  del  delito de homicidio  agravado  en concurso con hurto (calificado y agravado) y porte ilegal de armas.  El  23  de abril del mismo año, la Fiscalía de segunda instancia, confirmó  el  proveído recurrido por los  defensores técnicos de los coimputados.   

2.  El 31 de mayo de  2004,  el Juzgado Tercero Penal del Circuito de Ibagué  (Tolima),   condenó  a  los  imputados  ULTENGO  PAJOY  y  MONTEALEGRE  GUTIÉRREZ,  a la pena de 28 años 9  meses  de  prisión  –para  cada  uno-  y,  a  la  accesoria de inhabilitación de  derechos  y  funciones  públicas,  por  un  período  igual  al  de la sanción  principal.  Así  mismo,  al  pago por perjuicios materiales en el equivalente a  600 smlmv y morales en 300 smlmv.   

3. El 4 de agosto de  2005,  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de  Ibagué,    confirmó   integralmente   el   fallo   recurrido   por   los   procesados  y  sus  defensores.              

4. El nuevo apoderado  judicial   del  condenado  DIEGO  ANDRÉS  MONTEALEGRE  GUTIÉRREZ,  sustentó la impugnación el 7 de febrero  de  2006, siendo admitida el 27 de noviembre del mismo año; y, el 8 de julio de  2008,    regresó    la    actuación    proveniente    de    la    Procuraduría  Primera Delegada para la Casación Penal,    a    fin    de    pronunciarse    la    Sala   de   fondo  sobre las pretensiones expuestas en  el libelo.   

L    A       D  E  M  A  N  D  A    

Bajo  el  auspicio  de la Ley 600 de 2000, el  actor,  formuló un cargo de violación de la Ley sustancial por vía indirecta,  error  de  derecho  en  sentido  de  falso  juicio  de  legalidad, respecto de la declaración de Diego  Alexander  García  Jiménez, alias  “huevito”,  al no reunir  los  requisitos  para  su validez y el Tribunal, sin embargo, la convalidó para  condenar a su prohijado.   

Síntesis  de  los  argumentos  en los que se  sustentó el ataque:   

(1)  El  libelo fue  elaborado  por  el  actor,  recogiendo  el  criterio  expuesto  por  la  Doctora  María   Mercedes   Mejía,  cuando  se  desempeñaba  como  Delegada  ante el Tribunal, quien manifestó que  “las  normas  que  no  se aplicaron… la doctora se  refiere  a las normas y otro tanto hacen los tratadistas que la alta funcionaria  cita en forma textual”.   

(2)    Los  artículos  29  de  la Carta Política y 316 del Código de Procedimiento Penal,  fueron   inaplicados,   por   tanto,   se   apoyó   el  libelista  “en  lo  dicho  por la Delegada ante el Tribunal Superior, doctora  María    Mercedes   Mejía   Botero,   esto   al   confirmar   la   resolución  acusatoria”.   

(3) Por tal motivo,  el  Tribunal   le  está  vedado  “revivir  una  declaración  inexistente  y mucho menos considerando una nueva declaración del  mismo  testigo,  en  la  que  no  ratifica  lo dicho  y en donde se explica  suficientemente”.   

(4)  Dijo  conocer  exactamente   la  jurisprudencia   sobre  el  falso  juicio  de  legalidad,  referida a la prueba y su inexistencia.   

(5) La declaración  de  alias  “huevito”, fue  practicada  por  miembros  del  CTI,  sin  haber  mediado  comisión  alguna  de  autoridad  competente,  ni  en  presencia  de  un  Fiscal;  en tal diligencia el  testigo  relató  la  forma  como sucedieron los acontecimientos, identificando,  entre  otros,  al  recurrente  en  casación,  como  una  de  las  personas  que  consumaron  los  delitos:  “de Diego Andrés dice que  hizo  propiamente  dicho… tenía un arma, la misma que se la había comprado a  Richard”;  luego  pasó  a confrontar ésta versión  con  otras  rendidas  por  el mismo testigo ante la Fiscalía, en donde aseguró  que   todo   fue   un   invento   por   las   precisiones   recibidas   por  los  investigadores.    

(6)  Criticó  a la  Fiscalía  porque  en  la  nueva atestación que le recibió a Alexander García  Jiménez,   le  faltó  preguntarle  “cuál  era  la  versión  que  sobre  los  hechos  le  había  dado a Richard, eso se le hubiera  ocurrido  a cualquiera… lo que si quedó claro es que lo de Diego Andrés y lo  de  otras  personas  involucradas  no  era  cierto”.   

(7)  Con  tantas  irregularidades  en la declaración en comento, al ser menor de edad el testigo,  haberse   realizado  la  diligencia  sin  autorización,  ni  con  Fiscal,  bajo  amenazas,   él    inventó  cosas  y  acusó  a  personas  sin  ser  ellas  responsables  de los hechos, “por físico miedo a que  lo   metieran   en   los   calabozos   con   los  guerrilleros”.  Agregando  el libelista: “el testigo dijo  que  lo  que está escrito en la declaración ante el cti, es lo que de su parte  dijo  en  ese momento y que la firma que aparece en esa declaración es la suya.  Lo  cual  es  muy  distinto  a  ratificarse  en  lo dicho, puesto que a renglón  seguido dijo que todo lo dicho no era cierto”.   

(8) La Fiscalía no  se  interesó  en  el  contenido  de  la  nueva  versión  y se concentró en la  anterior  rendida  ante  el  C.T.I.;  no obstante, el testigo alias “huevito”      es     “de  oídas  y  muy  mal  interrogado  en  su  segunda y verdadera  declaración”.     Por     tanto,    “la  responsabilidad de que la segunda declaración, la verdadera,  no  sirviera  para  nada, la tuvo la fiscalía. La primera es inexistente a ojos  de  vista  y  la  segunda  no  sirve  para  nada  por falta de efectividad en el  interrogatorio”.   

(9)  En un párrafo  titulado  “concretando”,  el  actor  afirmó:  “la declaración de huevito fue  recibida  por  el  C.  T.  de investigación. El joven no fue hasta el lugar del  hecho  y por supuesto no vio nada de lo que ocurrió en el interior de la carpa.  Una  declaración  en  esas condiciones no vale un peso, esto si consideramos la  constitución, la ley y la práctica judicial”.   

(10) Las siguientes  páginas  las  dedicó  a  disertar sobre la narración de los hechos realizados  por  el testigo Diego Alexander García Jiménez, alias  “el huevito”, tanto en la  primera  como  en  la  segunda  declaración  y  sobre  las  afirmaciones  de la  Fiscalía  en ese punto, para concluir –entre  párrafos  que  “la  Delegada  en  comento  encuentra  que ciertamente el referido testimonio debe ser excluido del  análisis  probatorio, ya que fue incorporado al proceso contrariando las reglas  determinadas  por  la ley para su practica y aducción, esto es, sin el lleno de  las formalidades señaladas en el ordenamiento ritual”.   

(11) La retractación  realizada     por    García    Jiménez  ante  la  Fiscalía,  fue  avalada  por  la funcionaria de segunda  instancia  al confirmar la acusación, indicando que la Corte viene diciendo que  tal  arrepentimiento  no deja sin valor lo  expresado en el primer momento,  al  requerirse  un  estudio a fondo de todo lo actuado. Por eso, ningún testigo  afirmó  haber  visto  a  su prohijado en el lugar de los acontecimientos, nadie  dijo  qué  él  hubiera disparado contra el celador y menos aún existe testigo  “que  merezca  crédito  que  diga que Diego Andrés  vendió ropa hurtada”   

(12) Transcribió, en  páginas  siguientes,  todo  lo  manifestado  por  la  Fiscal  Delegada  ante el  Tribunal,  frente al testimonio reseñado, para luego, atacar la valoración del  Juez  Plural  realizada  sobre  ese  testimonio: “con  todo  respeto  la  Sala  del Tribunal Superior hizo una lectura equivocada de la  segunda  declaración  de  huevito,  puesto  que este aceptó haber dicho lo que  aparece  en su primera delación y que la firma que allí aparece es la suya. Al  respecto  no  hay  ninguna duda”, el problema para el  actor,  residió  “que todo lo allí dicho es mentira  y eso es lo que cuenta”.   

(13)  Acto seguido,  sostuvo  que  la Corte “debería dictar una sentencia  absolutoria,  aplicando  a  favor  de  mi cliente el indubio pro reo, esto es la  presunción  de  inocencia  de  que  hablan  los artículos 7 y 232 del C. de P.  Penal”; normas que transcribió.   

(14)   Luego  se  refirió  a  otros medios de prueba como a la declaración de otro vigilante, al  informe  del C.T.I. y que  la “ropa la vendió y  la  compró  mucha gente. A mi cliente nadie lo vio en esas, por lo menos eso es  lo    que    yo    puedo    decir   después   de   leer   el   expediente   con  detenimiento”.   

(15)   Analizó  genéricamente  varias atestaciones (como las de JOSÉ  VALLEJO, DIEGO y su  novia,  ISBEYRE  PAOLA  VARGAS,  CINDY  MARCELA  HERNÁNDEZ  alias  “la  moco”  Y  MARÍA FERNANDA MILLÁN  OLAYA);  para  concluir  que  “por todo lo brevemente dicho en materia probatoria,  es  por  lo  que  sostengo  que  no  hay  nada  con que condenar y eso porque la  declaración  inicial  de  hurvito  (sic) no existe”.   

M I N I S T E R I O    P Ú B L  I C O   

El Procurador Primero  Delegado  para la Casación Penal, después de realizar  un  resumen  de los hechos, de la actuación procesal y una parca sinopsis de la  demanda, solicitó no casar la sentencia recurrida.   

La Delegada considera, como lo dijo el actor,  que  la  atestación  de  DIEGO  ALEXANDER  GARCÍA  JIMÉNEZ,  es nula de pleno  derecho,  por  cuando  los  investigadores  del C.T.I., carecían de competencia  para  realizarla  y  no  se  comisionó  a funcionario alguno para su práctica.   

Observó   también   la   Procuraduría,  “que dicho testimonio no constituye el fundamento de  los  fallos  de  condena,  ya  que  fue  el  restante material probatorio el que  determinó  atribuir  a  MONTEALEGRE  GUTIERREZ  (sic),  de  manera  certera, la  materialidad,      autoría      y     responsabilidad     de     los     hechos  investigados”.    

La  Fiscalía  determinó  que ABRAHAM ULTEGO  PAJOY,       DIEGO       ANDRÉS      MONTEALEGRE  GUTIÉRREZ, entre otros, fueron quienes entraron a las  tiendas  a  hurtar  la  mercancía;  además, todos se conocían, se estableció  dónde  vivían   y  se identificó a las personas que estaban vendiendo la  ropa  objeto  del  ilícito  en  los  barrios  Bello  Horizonte  y Santa Rita de  Ibagué.   

La testigo ISBEYRE PAOLA VALLEJO VARGAS, menor  que   cohabitaba   para  la  época  de  los  acontecimientos  con  MONTEALEGRE   GUTIÉRREZ,   declaró   sobre  la  participación  de él en los delitos y el Juez Colegiado puntualizó  sobre  el  particular:  “su  compañero  sentimental  tenía  en su poder varias prendas de vestir con marquillas idénticas a las que  fueron  hurtadas,  y  que  un hermano de él le ayudó a vender el mismo tipo de  prendas  en  el  municipio  de Campoalegre”; el mismo  procesado  reconoció  que  estuvo  en  el citado municipio, con otras personas.   

Con   todo   el  acontecer  indiciario,  la  Procuraduría,   estimó  que  las  instancias  estructuraron  adecuadamente  la  responsabilidad  en  cabeza  de MONTEALEGRE GUTIÉRREZ:  (a)   al  comprobarse  que  el  condenado  recurrente,  “conocía   con   suficiencia  la  manera  como  se  desarrollaron  los  hechos”,  como  lo  informó  su  compañera  sentimental,  (b)  también  se  constató “que poseía ropa de la misma  marca  de  la hurtada… pues a ella le obsequió prendas que tenían las mismas  marquillas”.   

Por  ende, el testimonio de la menor ISBEYRE,  confirma  “un sinnúmero de detalles que apuntalados  con  los  otros  elementos  de  convicción  aducidos  al expediente, conducen a  sustentar    la    responsabilidad    del    procesado    en    el   caso   bajo  estudio”.   

Finalmente,  adujo  la  Delegada,  que  las  personas  que consuman esta clase de delitos “tienden  a  negar  su participación, pero entregan detalles a su grupo familiar, como en  este  caso  a  su  compañera  sentimental,  sobre  las circunstancias en que se  causó    la    muerte    al    celador,   la   hora   y   el   tipo   de   arma  utilizada”.   Por   tanto,   la  prueba  indiciaria  demostró  en  grado  de  certeza la responsabilidad penal del hoy condenado, en  esas condiciones, el error alegado es intrascendente.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   SALA   

1. Problema jurídico planteado:  

El  actor,  bajo  una  gama  de  argumentos  indiscriminados,  atacó  la  primera  declaración  jurada  de  DIEGO ALEXANDER  GARCÍA  JIMÉNEZ,  recibida  por empleados adscritos al CTI., porque no tenían  funciones  ni  habían  sido  comisionados  para  el  efecto;  en ese sentido se  incurrió  en  un  error de derecho por falso juicio de  legalidad.  En  esa  línea  de motivación, se opuso,  así  mismo,  a todas las pruebas recopiladas por las instancias, hasta el punto  de  sostener  que  su  prohijado  era  inocente,  al no existir medio probatorio  alguno  que  demostrara  su  responsabilidad, por ello, solicitó la aplicación  del indubio pro reo.      

2.  La  Sala  comprobará  si  de  verdad  se  conculcó  la  Ley  sustancial  por  vía  indirecta,  con  el yerro denunciado.   

1. Aspectos genéricos:  

(a) El 1 de diciembre  de    2002,    DIEGO    ALEXANDER    GARCÍA    JIMÉNEZ,   alias   “huevito”,  declaró  ante  JHON FREDY  MARTÍNEZ  BOCANEGRA  y  AUGUSTO SÁNCHEZ TREJOS, funcionarios del C.T.I., allí  informó:   

(i)  Que VÍCTOR lo  convidó  para hurtar la ropa y él no aceptó porque su mamá estaba muy brava.   

(ii)  Que  un  día  antes  de  los  hechos, por la noche se encontró con ABRAHAM y VÍCTOR, quienes  le  insistieron  y  explicaron  al  detalle  como  era  el trabajo: “me  dijeron  que  íbamos  a  ir NELSON ALIAS CALAVERA, VICTOR el  sobrino  de  ABRAHAN (sic), DIEGO ANDRES MONTEALEGRE ALIAS CHICCHE BOJE, MARCELA  ALIAS  LA  MOCO,  PAOLA  hermana  de  MARCELA  LA  MOCO, RICHARD”.  Además,  narró todos los pormenores en los que debía consumarse  los  hechos:  el  día, hora, labores acordadas para cada uno, armas, el modo de  sorprender,  aislar,   incomunicar  y  atacar  al  vigilante, los lugares o  sitios  donde  trasladarían  la  mercancía y lo concerniente a las amenazas si  llegaba a decir algo.    

(iii) Al otro día,  el  testigo se encontró con RICHARD y le dijo “huevo  coronamos”,  llevándolo a la casa para mostrarle la  ropa hurtada, misma que él le ayudó a vender.   

(iv) Respecto de las  armas  anotó  que  CHICHE BOJE, compró el revolver antes de cegarle la vida al  celador  en   “$  40.000 pesos y después de la  muerte  del  viejito  DIEGO  la vendió a un man del centro porque ellos estaban  desesperados en vender esa arma porque estaba muy caliente”.   

(b)   La  Fiscal  Delegada  ante el Tribunal de Ibagué, advirtió: “el  referido  testimonio  debe  ser  excluido  del  análisis probatorio, ya que fue  incorporado  al  proceso contrariando las reglas determinadas por la ley para su  práctica  y aducción”. Luego, precisó que el hecho  de  ser  esa  prueba  ilegal,  “no obsta para que con  fundamento  en  el  resto  del  haz  probatorio  se  sostenga  la resolución de  acusación  recurrida”;  por  tal  motivo,  el 23 de  abril     de    2003,     confirmó la imputación.   

(c)   El  2 de  enero  de 2003, nuevamente declaró  DIEGO ALEXANDER GARCÍA JIMÉNEZ, pero  esta   vez,   ante   la   Fiscalía  40  Seccional  de  Ibagué,  en  presencia  de  los  defensores  de  los  acusados.  Medio  probatorio  que  descartó también el libelista, aduciendo su  inexistencia,  por cuanto el testigo se retractó de lo narrado en la diligencia  anterior,  al  haber  sido  objeto de presión por parte de los funcionarios del  C.T.I.,   y,   por  tanto,  adujo  que  había  inventado  algunas  cosas.    

Las   instancias,  al  valorar  el  aludido  testimonio  concluyeron  que  lo  narrado por el declarante resulta determinante  sobre   la  participación  activa  de  los  coprocesados,  al  manifestar   detalles  propios  de  la  empresa  criminal urdida para hurtar las Tiendas Pop,  “sin  que  por ende, pueda  aducirse,  que  aquellas revelaciones son el resultado de invenciones suyas o de  artificios,  fruto  de las presiones indebidas o de las torturas psicológicas a  que  se le hubiera sometido por parte de los investigadores del C.T.I., para que  delatara  a los culpables, como lo adujo posteriormente, aspecto este que no fue  puesto  de  presente  por  el  testigo en su relato inicial, como debió haberlo  revelado en el evento de que hubiese sido cierto”.   

Y,  sobre  la  valoración  de  esa  segunda  declaración  el  Juez Plural, sostuvo: “para la Sala  es  claro  que con la declaración que rindiera con posterioridad dicho testigo,  esa  primera  declaración  fue  ratificada  o  reproducida  en  lo  sustancial,  conclusión  a  la  que  se  arriba  al  apreciarse  que  en  tal ocasión se le  interrogó  si  el  contenido  de  su  primera  versión  es  real,  a  lo  cual  respondió:   “Sí   esa  es  mi  firma  y  yo  dije  cosas  de  las  que  hay  ahí”.   

2. Prueba incriminatoria:  

Como tales se tuvieron en cuenta: una parte de  la    declaración   de   oídas   de   la   novia   del   penado   MONTEALEGRE  GUTIÉRREZ, misma corroborada  por  él;  otro  segmento  de  esa  diligencia  se  identificó  con  los hechos  denunciados  por  la  menor,  al aseverar que su novio tenía algunas prendas de  vestir  con  marquillas  iguales  a  las  hurtadas;  así  mismo, se refirió al  hermano  de  él, al estar vendiendo los dos, algunos otros elementos objeto del  punible, en el Municipio de Campoalegre (Huila).    

En  lo atinente a la segunda declaración del  testigo     DIEGO     ALEXANDER    GARCÍA    JIMÉNEZ,    alias    “huevito”,  el Tribunal entendió que,  así  hubiera  tratado  de  arrepentirse  de  lo  expresado, la retractación no  tenía  sustentó  procesal,  por cuanto reconoció en la nueva versión, que lo  afirmado  en  la  anterior  diligencia, si lo había manifestado él. Inclusive,  los  restantes  medios  probatorios, generan una convergencia dominante en punto  de la responsabilidad penal en los hechos ilícitos.    

3. Aspectos específicos:  

Los  fallos promovidos por las instancias, si  no  se  repelen,  chocan o enfrentan, constituyen un cuerpo jurídico-probatorio  inquebrantable,  cuya  hermenéutica  no  puede  ser  derrumbada por conjeturas,  hipótesis  o  suposiciones  de  las  partes  en  el contexto de la demanda, por  virtud   de  la  presunción  de  acierto  y  legalidad  que  los  acopla.    

En este orden, la censura es insustancial, al  obrar  en  el  plexo  probatorio  otros  medios  que  comprometen  seriamente la  responsabilidad      penal      de      MONTEALEGRE  GUTIÉRREZ, en los actos ilícitos.   

La  Sala  viene  anunciando  que  el error de  derecho  en  la modalidad de falso juicio de legalidad,  se  refiere  al  proceso  de  formación de la prueba,  unido  a  la normatividad que la regula, produce e incorpora a la actuación. Es  por  ello,  que  el vicio en estudio, gravita en torno a la validez o existencia  jurídica    –más   no  material-   del   medio  probatorio;  existiendo  dos  alternativas  de  ataque:  (i)    un   aspecto  positivo, cuando los falladores le  otorgan  validez  jurídica a una prueba, sin cumplir las exigencias formales de  producción   y   (ii)  un  aspecto negativo, al restarle  cualquier  eficacia  normativa  al  medio  que  en  realidad  cumple  todas  las  formalidades.   

Un ataque de tal naturaleza, propuesto contra  la  primera  declaración  jurada que rindió el testigo DIEGO ALEXANDER GARCÍA  JIMÉNEZ,  es  insustancial  y  efímero,  justamente, por los mismos argumentos  traídos  por el libelista: ninguna autoridad le imprimió valor jurídico a esa  diligencia  practicada  por  funcionarios  del  CTI.,  todo  lo  contrario,  fue  rechazada al unísono por las instancias.   

No sucedió igual con la segunda declaración  de  GARCÍA  JIMÉNEZ, en donde los falladores al analizarla, refutaron tanto la  retractación  como  las  supuestas  invenciones  que realizó el testigo, al no  corresponder  con  el  devenir  procesal.  La Corte resalta que el testigo en la  nueva  diligencia  ratificó  los hechos jurídicamente relevantes, expuestos en  la  anterior,  lo cual no la hace ilegal, si el nuevo acto procesal –que  no  depende  del  otro,  como  lo  entiende  el  libelista-  cumplió  con  las  formalidades  de  ley,  tal y como  aconteció aquí.    

La  Sala  subraya,  por ejemplo, la respuesta  brindada  por  el  deponente,  ante  el  Fiscal  de  conocimiento:  “yo  me inventé todo eso. Unas cosas de  esas   si   son   verdad.   A   mi   RICHARD  me  dijo  que  habían  matado  al  celador”.  Y, cuando negó  todo  en  punto a los responsables de los delitos, acto seguido indicó sobre la  declaración   que   le   recibieron   funcionarios   del  C.T.I.:  “a  mi  me  la mostró DEISY… yo tampoco quería que supieran en  el  barrio  lo  que  yo  dije. Ella antes de traerla me dijo que la iba a llevar  para  mostrármela  y me la mostró, porque yo a ella me le había negado de que  yo  no  había  dicho nada. Informó además que cuando  su   señora   madre  leyó  la  declaración  se  puso  a  llorar  “por  lo  que yo dije… ayer que la mujer de ABRAHAM estuvo en la  casa  hablando  con  mi  mamá  de  lo que yo había dicho, ella también vio la  declaración,   es   que   esa   declaración   la   mostraron   por   todo   el  barrio”;  réplica  dada  a  uno  de  los  abogados  defensores    de    los    hoy   penados.     

Como puede verse, el testigo manifestó en la  segunda  declaración,  que  parte  de  lo allí expuesto fue inventado por él;  así  se  lo  manifestó  al  Fiscal  del  caso, ante la irrefutable realidad de  quedar  al  descubierto  con  todas  las personas de su comunidad, pues el haber  delatado  a  sus amigos y el dolor de su mamá, lo puso a la defensiva contra la  incontrovertible  verdad  revelada  frente  a los funcionarios del CTI.; pero en  esencia  su  arrepentimiento no se produjo a causa de haber sido coaccionado por  la          autoridad          –circunstancia  indemostrada-,  menos aún cuando manifestó que todo  se  lo  inventó  en  su relato anterior; sino porque sintió miedo al saber que  todo  el  barrio –junto con  los  familiares  de los procesados- tenían una copia de la declaración rendida  ante     el     C.T.I.,     la     cual     había     signado,    precisamente,  él.       

La anterior conclusión, no llega de la nada,  sino  ante  la  pregunta  de  la  defensora  de ULTENGO  PAJOY,   develando   el   motivo   esencial   de   su  retractación:  todo  el  barrio  tenía  conocimiento  de  lo  que declaró, en  especial,  cómo  se  concretó la empresa criminal, quienes la componían, qué  armas  portaban,  cuál  día  se  llevaría a cabo, dónde consiguieron algunas  armas,  cómo  y  quien  se  las  vendió  y  los  motivos  por  los  cuales  el  testigo    DIEGO   ALEXANDER   GARCÍA   JIMÉNEZ   no   quiso  participar:  “su  mamá  estaba  brava”,  y  “ella  se puso a  llorar   por   lo   que   yo  dije”  en  la  primera  declaración;  éstas son las verdaderas razones que generaron su retractación,  pero  sin  ningún  resultado, tal como se vio, bajo el rasero de los principios  de la sana crítica.   

En  igual forma, el declarante aceptó varios  acontecimientos   antijurídicos   como   ciertos   (homicidio   del   celador),  identificó  algunos  infractores  de  la  Ley  penal (Richard) y excluyó a los  demás,  pero  olvidó que Richard hacía parte del grupo, como lo indicó en la  primera  declaración  cuando  el  testigo  se  encontró  con  él  y  le  dijo  “huevo    coronamos”,  llevándolo  a la casa para mostrarle la ropa hurtada, misma que él le ayudó a  vender.    

En consecuencia, lo narrado por el declarante  GARCÍA   JIMÉNEZ,   fue   valorado   por   el   Juez  Colegiado,  “bajo   los   principios  de  la  sana  critica  que  orientan  la  estimación  legal de las pruebas, tales como la lógica y la experiencia, entre  otros,  llevan  al  convencimiento  racional  por  parte  del  juzgador,  de que  contiene  la  verdad de lo ocurrido, percibido y declarado por aquella fuente en  forma  espontánea”. La prueba, entonces, se produjo  con  toda la potencialidad jurídica para irrogarle al penado la responsabilidad  penal   imputada   por   los   delitos   aludidos;  descartando  cualquier   retractación  e  invención de los hechos, sin que el actor hubiera atacado los  otros    medios   incriminatorios,   con   lo   cual   su   demanda   se   torna  insustancial.    

Así  se  puede  corroborar  en  el  fallo de  segundo  nivel:  “desde luego que el hecho de haberse  retractado  el  testigo  en su segunda declaración, no conduce necesariamente a  desechar  a priori, su primigenia versión, como de manera infundada lo reclaman  los  impugnantes,  ya  que  si la misma, valorada bajo los principios de la sana  crítica  que  orientan  la  estimación  legal  de  las  pruebas, tales como la  lógica  y  la  experiencia,  entre otros, llevan al convencimiento racional por  parte  del  juzgador,  de  que  contiene  la  verdad de lo ocurrido, percibido y  declarado por aquella fuente en forma espontánea”.   

Repárese en lo afirmado por el Juez sobre el  particular:  “tal  y  como se presenta el testimonio  vertido  por  GARCÍA  JIMÉNEZ  ante  la  Fiscalía,  este se constituye en una  ratificación…tan  cierto es lo narrado por el joven García Jiménez que así  lo  admite Diego Andrés Montealegre en su ampliación de indagatoria, cuando lo  señala  como  un partícipe más del crimen, pero que en el camino desistió de  continuar  con  su  propósito,  de  suerte,  que  el testigo conocía de manera  directa    lo    que    expuso    en    su    declaración”.      

Por  tales  motivos,  la  Sala  constató  la  legalidad  del  proceso, sin que se hubiese vulnerado la Ley sustancial por vía  indirecta    en    sentido   de   falso   juicio   de  legalidad,  error  de  derecho;  en  consecuencia,  se  desestimará  la  censura, por ser intrascendente la violación denunciada, toda  vez  que,  no  es  el  yerro  en  sí  mismo  considerado donde radica el éxito  casacional,  sino  en la incidencia del mismo con el resto del plexo probatorio.   

Finalmente,  cuando el actor se refiere a los  diversos  medios  probatorios,  para  concatenar su ataque, realiza una crítica  subjetiva  donde  avasallan las conjeturas e hipótesis, pretendiendo imponer su  criterio  por  encima  del  expresado por los falladores, por ejemplo, al aducir  que  su  prohijado no era responsable porque la “ropa  la  vendió  y la compró mucha gente. A mi cliente nadie lo vio en esas, por lo  menos  eso  es  lo  que  yo  puedo  decir  después  de  leer  el expediente con  detenimiento”,   en  contra  de  lo  acreditado  en  instancias;  con  lo cual, se hace imposible derrumbar la presunción de acierto  y legalidad que viene unida a los fallos de instancia.    

  Por tanto, se  desestimará el cargo propuesto.   

C  A  S  A C I Ó N   O F I C I O S  A   

Se  hará  en  dos  sentidos:  (i)   por   garantía   al  principio  de  legalidad   de   las   penas:   principal   (favor   rei)  y  accesoria,  (ii) al haber  operado  el  fenómeno  jurídico  de  la  prescripción de la acción penal del  punible  de  tráfico, fabricación y porte de armas de  fuego   o  municiones,  por  el  que  también  fueron  condenados.    

1.    Punibilidad    adoptada   por   los  juzgadores:   

Para un entendimiento puntual de los derechos  constitucionales  vulnerados  a  los  procesados  DIEGO  ANDRÉS  MONTEALEGRE GUTIÉRREZ y ABRAHAM ULTENGO PAJOY  (no   recurrente),  en  virtud  de  la  tasación  de  las  penas,  es  oportuno  transcribir  apartes  del fallo expedido por el Juzgado  Tercero  Penal  del Circuito de Ibagué, del 31 de mayo  de           2004,           proveído          confirmado          “integralmente”  por  el  Tribunal    Superior    de    la   misma  ciudad.   

“Bajo  los  criterios  fijados  por  los  artículos  60  y  61  del  Código Penal para dosificar la pena, atendiendo las  circunstancias  que  rodearon  la conducta, las cuales denotan en los procesados  una  personalidad  proclive  al  delito,  la naturaleza de los hechos obviamente  generan  zozobra,  angustia  en  cualquier  lugar  del  territorio,  y por ende,  no  permiten  partir  del  mínimo  de  la  sanción  establecida  en  la  norma  transgredida.    (…)   

                     

“Para  el caso en examen, significa que el  delito  con  pena  señalada  de  mayor gravedad individualmente es el Homicidio  Agravado…  Establecidos  sus  mínimos y máximos en 25 y 40 años, el ámbito  punitivo  de  movilidad  es  de  15  años,  dividido  en  cuartos,  arroja como  resultado  un  cuarto  mínimo  que oscila entre 25 y 28 años y nueve meses, un  primer  cuarto  medio que oscila entre 28 años, nueve meses y 32 años 6 meses;  un  segundo  cuarto medio que va de 32 años 6 meses a 36 años, tres meses y un  cuarto máximo que va de 36 años tres meses a 40 años.   

“En este orden de cosas, teniendo en cuenta  los  aspectos  basilares que rigen el concurso de conductas punibles en cuanto a  la  penalidad  que  merecen, como el permitir la dosificación específica de la  pena  correspondiente  para  el  concurso,  sin  que desborde el límite máximo  previsto  en la ley para cada clase de pena, es decir, 40 años siendo prisión,  o  ese  hasta  en  otro tanto si resultare menor, pero  ante  la  ausencia  de circunstancias de menor punibilidad de las consagradas en  los  artículos 55 y 59 del Código Penal, la pena a imponer está ubicada en el  cuarto medio, esto es, VEINTIOCHO AÑOS Y NUEVE MESES DE PRISIÓN.   

“Se  aplicará  como  pena  accesoria  la  interdicción  de  derechos y funciones públicas por un período igual al de la  sanción    principal”.    (Subrayado   fuera   de  texto).   

2.   Precisiones   dosimétricas   de   la  Corte:   

En consecuencia, correspondería en principio  realizar   la   redosificación   punitiva   derivada   de  la  declaratoria  de  prescripción  de la acción  penal  en  el  punible  de  de tráfico, fabricación y  porte  de  armas de fuego o municiones, sin embargo, en  el  acápite  sobre punibilidad plasmado en la sentencia de primera instancia se  advierte  una  vulneración ostensible al principio de legalidad de la pena, que  impide  descontar  el  guarismo  equivalente  al delito referido, por cuanto los  falladores  omitieron  tasar  los  montos  punitivos para las conductas punibles  concursantes.   

Además  subsisten  otros  yerros  de  igual  magnitud,  los  cuales deben ser reparados por la Sala de manera inmediata a fin  de garantizarle a los condenados la debida legalidad de la pena.   

En  efecto,  aunque  el  juzgador  primario  estableció  entre los punibles sometidos a concurso el de mayor pena (homicidio  agravado)  y  dividió  el  ámbito  punitivo  de  movilidad para este delito en  cuartos,  se  equivocó  al escoger el cuarto en el que podía fijar la sanción  correspondiente,   a   pesar   de  haber  reconocido  expresamente  “la  ausencia  de  circunstancias  de mayor o menor punibilidad de  las  consagradas  en  los  artículos  55  y 58 del Código Penal”;  lo  que  al  tenor  del  precepto  61,  inciso  2,  indicaría la  tasación  de  la pena dentro del cuarto mínimo, y él seleccionó “el  cuarto medio”, imponiendo una pena  de 28 años 9 meses de prisión.   

Indiscutiblemente,   el   error  advertido,  comporta  una  clara  trasgresión  del  postulado  de legalidad de la pena, por  cuanto  el poder punitivo del Estado se ve burlado, al no haberle aplicado a los  procesados  DIEGO  ANDRÉS  MONTEALEGRE  GUTIÉRREZ  y  ABRAHAM  ULTENGO  PAJOY (no recurrente), una pena mayor  de  prisión  ,  la  cual  en  derecho  debía de corresponderle a cada uno; sin  embargo,  el  postulado  de  legalidad de la pena enfrentado al de no reforma en  peor,  atendiendo  criterio  mayoritario de la Sala, prevalece sobre el primero.   

Ahora bien, a fin de restablecer el principio  conculcado,  la  Corte debe ubicar la pena en el cuarto mínimo que oscila entre  25  y  28  años  9  meses;  como  el juzgador le impuso la sanción mínima del  segundo  cuarto,  correspondería  asignar de manera equivalente la pena mínima  del  primer  cuarto,  esto  es, 25 años. No obstante, la Sala se enfrenta a una  premisa  contradictoria,  toda  vez  que  en  el  fallo del Juez inicialmente se  afirmó  que  no era posible partir del mínimo de la sanción  establecida  en  la  norma  trasgredida, pero a renglón seguido dispuso la imposición de la  pena mínima del segundo cuarto.   

Para  resolver  el dilema planteado, la Corte  estima   procedente  aplicar  el  principio  de  favor  rei2,  concibiéndose  por  tal,  cuando  los  derechos individuales del  procesado  se enfrentan con los intereses generales del Estado, predominando, en  esas  circunstancias,  los  del  primero;  en ese orden, se impondrá la pena de  prisión más benigna, la cual es 25 años de prisión.   

Así  mismo,  les  aplicó,  como  sanción  “accesoria la interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  período igual al de la sanción  principal”;  por tal motivo, entra la Sala también a  subsanar  el  yerro  de  manera  oficiosa  y  en  forma  inmediata, en defensa y  garantía  de  los  derechos  fundamentales que le asisten a los condenados, con  base  en los artículo 44 y 51 del la Ley 599 de 2000, toda vez que la duración  de  la  pena accesoria no puede ser mayor de 20 años, por mandato expreso de la  normatividad sustancial citada   

Se  observa,  en  el  mismo  sentido,  que el  vocablo              técnico-jurídico              de             “interdicción”,  propio  de  vetustas  legislaciones  como  la  ley  100  de  1980,  consagrado en el artículo 52, fue  modificado  por el de “inhabilitación” de la Ley 599 de 2000.   

3. Conclusiones:  

Como   puede   apreciarse,   son  varios  y  ostensibles  los  yerros  perpetrados por los falladores al momento de tasar las  penas:  (i) desconocieron el  sistema  de  realizar la ecuación aritmética en lo atinente a los concursos  de  conductas  punibles, a pesar  de  citar  jurisprudencia  y parodiar conceptos ligeros sobre el mismo tema; por  ende,  los  funcionarios  se  ausentaron del artículo 31 de la Ley 599 de 2000,  siendo    imprescindible    e    imperativa    su    aplicación;   (ii) no realizaron la dosificación de los  punibles  de hurto (agravado y  calificado)  y  el de tráfico, fabricación y porte de  armas  de  fuego o municiones, (iii) si hay ausencia de  circunstancias  de  menor  punibilidad  no  se  deberá ubicar el juzgador en el  cuarto  medio,  sino  en  el  primero,  así se desprende de lo consagrado en el  artículo   613,  inciso 2° de la citada Ley 599 de 2000;  (iv)  en lo atinente a la pena accesoria, desbordó lo  previsto   en   el   artículo   51  de  la  misma  Ley  sustancial.    

4. Prescripción:  

La Sala declarará la extinción de la acción  penal  por  haber  operado  el  fenómeno  jurídico  de  la  prescripción,  en  relación  con  el  punible  de porte ilegal de armas de fuego por el que fueron  sentenciados   MONTEALEGRE   GUTIÉRREZ   y   ULTENGO  PAJOY.   

Los actos ilícitos sucedieron en vigencia de  la  Ley 599 de 2000, pues bajo su vigencia se consumaron los punibles imputados:  (i)     homicidio      (103),     agravado  (104), que tiene establecida una  pena      de     prisión     mayor     a     veinte     años;     (ii)         el        hurto       (239)       calificado    (240.1)   y   agravado (241.10) que supera los diez (10)  años  y  (iii) fabricación,    tráfico    y   porte   de   armas   de   fuego   o  municiones (365), de 1 a 4 años.    

El  artículo  86  de  la  Ley  599  de 2000,  determina  que  la  prescripción  de  la  acción  penal  se  interrumpe con la  resolución  de  acusación o  su  equivalente,  ejecutoriada  se  reinicia  el conteo de un nuevo término que  será  igual  al  consagrado  en el precepto 83, sin que pueda ser menor a cinco  (5) ni superior a diez (10) años.   

Por  tanto,  el  término  prescriptivo de la  acción    penal,    en    punto    a   la   ejecutoria   de   la   resolución  de  acusación, se entiende en  dos  sentidos:  i) si se trata  de  un  servidor público debe  contabilizarse,   como   lo   viene   explicando  la  jurisprudencia4 de esta Sala,  en  seis  (6)  años  y ocho (8) meses, ii)  por  el  contrario, si es un particular, el lapso tiene un límite  de cinco (5) años.    

En virtud de lo dispuesto en el artículo 197  de  la  Ley  2700  de  1991,  modificado  por  el 187 de la Ley 600 de 2000, que  disciplina  lo  concerniente  a  la  ejecutoria de las  providencias  de  segunda  instancia,  al enseñar que  “quedan  ejecutoriadas el día en que sean suscritas  por   el  funcionario  correspondiente”;  se  tiene,  entonces,     que     la      resolución    de  acusación    expedida    por    la    Fiscalía   Delegada   ante   el   Tribunal  de  Ibagué,  quedó  ejecutoriada  el  día  de  su  expedición,  esto es, el  23  de  abril de 2003, lo que  indica  que  se  interrumpió  el  ciclo prescriptivo; iniciando un nuevo conteo  equivalente  a  la  mitad  del señalado en el artículo 83, el que no puede ser  menor  de  seis  (6) años ocho (8) meses, en relación a servidores públicos y  será  hasta cinco (5) años, para los particulares, con base en lo dispuesto en  el aludido artículo 86, numeral 2.   

Por  tanto,  a DIEGO  ANDRÉS   MONTEALEGRE   GUTIÉRREZ   y   ABRAHAM   ULTENGO   PAJOY  (no  recurrente),  como  particulares  les  operó el fenómeno  jurídico de la prescripción de la acción en cinco (5) años.   

El   23   de   abril   de  2008,  fecha en la que operó el fenómeno jurídico de prescripción de  la  acción  penal,  el proceso no había llegado a la  Sala para dictar la sentencia correspondiente, pues se  encontraba  en el tiempo de traslado a la Procuraduría  Primera  Delegada  para  la  Casación  Penal, Despacho  donde  se  venció  el término aludido: se envió el expediente para concepto a  la  Delegada  el  27  de noviembre de 2006   y   fue   entregado   –según  constancia  de  la  secretaría  de la Sala- el 1  de julio de 2008; motivo por el cual, el  Estado  Colombiano  como  titular  de  la acción pública, perdió la potestad,  desde   ese  momento,  para  investigar,  perseguir  y  sancionar a los infractores de la ley penal, toda vez  que  el  fallo  condenatorio  de  segundo  nivel, a la fecha, aún no ha cobrado  ejecutoria.   

En consecuencia, atendiendo lo preceptuado en  los  artículos  38  y  39  del Código de Procedimiento Penal, se declarará la  extinción    de    la   acción   penal  por el delito de tráfico, fabricación y  porte  de armas de fuego o municiones, en los términos  señalados;  decretándose  así mismo, la cesación de  todo   procedimiento  a  favor  de  los  sentenciados  DIEGO ANDRÉS MONTEALEGRE GUTIÉRREZ y ABRAHAM ULTENGO  PAJOY (no recurrente).   

En este orden, se declarará la prescripción  de  la  acción  penal,  sin  redosificar  pena  por  ese  específico fenómeno  jurídico,  toda  vez  que,  las  instancias  olvidaron adicionarle al homicidio  agravado   los   delitos   concursantes,   uno   de   los  cuales  se  encuentra  prescrito.    

En  todo  lo  demás,  la sentencia impugnada  conserva su integridad.   

Con  fundamento  en lo expuesto, la    Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:  Desestimar  la  demanda  de  casación presentada a nombre de DIEGO  ANDRÉS   MONTEALEGRE   GUTIÉRREZ,  por  las  razones  aducidas en la parte motiva del presente proveído.   

Segundo:     Casar     oficiosa     y  parcialmente  el  fallo de segundo grado de fecha 4 de  agosto  de 2005; en consecuencia, se les impone a DIEGO  ANDRÉS   MONTEALEGRE   GUTIÉRREZ   y   ABRAHAM   ULTENGO   PAJOY  (no  recurrente),  la  pena  principal  de veinticinco (25) años de  prisión  para  cada  uno y la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos   y   funciones  públicas  por  un  lapso  de  20  años,  tal  y  como  se  puntualizó en la parte  pertinente de este proveído.   

Tercero:  Declarar   extinguida  la  acción  penal  por el delito de fabricación, tráfico  y  porte  de  armas  de fuego o municiones, mediante la  cual   se   condenó   a   DIEGO  ANDRÉS  MONTEALEGRE  GUTIÉRREZ  y  ABRAHAM  ULTENGO  PAJOY, por  las  razones  puntualizadas  en la parte  motiva de este proveído.   

Cuarto:  Decrétase,  en consecuencia, la cesación de  procedimiento a favor de los  procesados.   

Quinto:              Ofíciese  a los organismos de seguridad  del   Estado,   con  el  fin  de  comunicarles  lo  aquí  decidido.    

Sexto: Contra    las   determinaciones   adoptadas   no   procede   recurso  alguno.   

Séptimo: En todo lo  demás la sentencia impugnada permanece incólume.   

Octavo:  Cópiese,  notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

                       Excusa  Justificada   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID    RAMÍREZ    BASTIDAS               

Permiso  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

Comisión de servicio  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1 Las  instancias  también  condenaron  a  las  mismas penas (principal y accesoria) a  ABRAHAM      ULTENGO      PAJOY,     quien no impugnó en casación.   

2 En el  mismo  sentido,  Corte  Suprema de Justicia, radicado 32.496 del 9 de febrero de  2006.   

3  “El  sentenciador  sólo  podrá moverse dentro del  cuarto  mínimo  cuando  no  existan  ni  atenuantes  ni  agravantes o concurran  únicamente  circunstancias  de  atenuación  punitiva,  dentro  de  los cuartos  medios,   cuando  concurran  circunstancias  de  atenuación  y  de  agravación  punitiva”.    

4 Corte  Suprema  de  Justicia,  Radicación  25.767 (20-09-06); 25.149 (5-10-06); 20.673  (1-9-04).     

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