26122(02-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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                                  Proceso     No.  26122   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.175  

Bogotá  D.C.,  dos (2) de julio de dos mil  ocho (2008)   

VISTOS  

Decide la Sala el recurso extraordinario de  casación  presentado  por  el defensor de FABIO GUILLERMO MORERA RIVERA, contra  el  fallo  de  segundo  grado  de  15  de  noviembre de 2005 mediante el cual el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  confirmó  el  proferido por el Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito Especializado del mismo Distrito Judicial por cuyo medio lo  condenó   como  coautor  del  delito  de  tráfico,  fabricación  y  porte  de  estupefacientes       agravado       conforme   con   el   artículo  33  de  la  Ley  30  de  1986  (modificado  por  el  artículo  17  de la Ley 365 de  19971) y 38 numeral 3° de la misma Ley 30 de  1986.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  19  de  marzo  de  1997  en atención a  labores  de  inteligencia  basadas  en información ciudadana que daba cuenta de  actividades  ilícitas relacionadas con el tráfico de estupefacientes, unidades  de  la policía en cumplimiento de una orden judicial, practicaron diligencia de  registro  y  allanamiento  al inmueble ubicado en la Avenida 13 sur No. 25-69 de  Bogotá  encontrando  en neveras destinadas a la preservación de pulpa de fruta  varias  bolsas  plásticas  con  una  sustancia  que  al aplicarle los reactivos  arrojó    positivo    para    cocaína  clorhidrato  con  un  peso  neto  de  19.402  gramos.  En dicho lugar fueron capturados FABIO  GUILLERMO  MORERA  RIVERA,  César  Augusto  Sánchez  Vásquez, Solange ORTIZ y  Carlos Mario Gómez Montoya.   

La otrora Fiscalía Regional Antinarcóticos  abrió  formal  investigación  penal  y  vinculó a los capturados a través de  indagatoria.  Mediante  proveído  de 31 de marzo de 1997 los afectó con medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  sin  beneficio  de  la  libertad  provisional,  como  presuntos responsables del delito de tráfico fabricación y  porte  de  estupefacientes,  decisión confirmada por la Fiscalía Delegada ante  el   extinto   Tribunal   Nacional   el   16   de   junio  de  la  anualidad  en  cita.   

Clausurado el ciclo instructivo, el mérito  sumarial  fue  calificado  el 6 de febrero de 1998 con  resolución  de  acusación  en  contra  de FABIO GUILLERMO MORERA RIVERA por el  ilícito  previsto  en  el  artículo  33  de  la  Ley  30 de 1986, (modificado  por el artículo 17 de la Ley 365 de 1997),  y se precluyó a favor de Carlos Mario Gómez Montoya. También,  en     contra     de     Solange     ORTIZ  y Cesar Augusto Sánchez Vásquez  se   profirió   resolución  acusatoria   el   3   de   marzo  de  1998.  Ambos  proveídos     fueron  confirmados  el  24 de julio de 1998 por la Unidad de  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal Nacional, y por el grado jurisdiccional de  consulta  en la misma decisión revocó la absolución de Gómez Montoya para en  su    lugar    proferirle    resolución   de   acusación   por   el   referido  ilícito.   

La fase del juicio la adelantó inicialmente  un  juzgado  regional  de Bogotá, despacho que avocó el diligenciamiento el 16  de   septiembre   de   1998,   y   por   auto   del   25  de  marzo  citó  para  sentencia,  de conformidad  con  lo previsto en el artículo 4° del Decreto 2271 de 1991 y el artículo 1°  del Decreto 1156 de 1992.   

Los  procesados  Solange  ORTIZ  y Sánchez  Vásquez  se  acogieron  a los beneficios de sentencia anticipada continuando el  proceso respeto de MORERA RIVERA y Gómez Montoya.   

Posteriormente,  asumió el conocimiento el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  Especializado de Bogotá, y a través de  proveído  de  5  de  enero  de 2000 fijó fecha para llevar a cabo la audiencia  pública.   Al   iniciarla   el   24  de  agosto  de  2001 y advertir que obraban  varias  peticiones de MORERA y su defensor para acogerse a sentencia anticipada,  difirió  la  declaración  de  nulidad parcial de la actuación respeto de él,  mientras  se  obtenía  su  manifestación  en  relación  con tal pedimento, no  obstante  por el desistimiento allegado a la misma por  parte      del     procesado,     continúo     la  actuación.   

En  desarrollo de  la  vista  pública ordenó romper la unidad procesal  dada  la no comparecencia de MORERA y su defensor a una de sus sesiones, y luego  de  evacuada  la que se prosiguió de manera independiente respeto de él, en la  cual  la  Fiscalía  solicitó sentencia de carácter condenatorio por el delito  de  tráfico,  fabricación  o porte de estupefacientes que comprendiera además  la  circunstancia  específica  de  agravación consagrada en el numeral 3° del  artículo  38  de  la  Ley  30  de  1986  en  razón de la cantidad de sustancia  estupefaciente  incautada, al momento de emitir fallo, la juez por auto de 29 de  octubre  de  2003  declaró la nulidad de la actuación al considerar que debía  surtirse  el  trámite  previsto en el artículo 404 de la Ley 600 de 2000 a fin  de  variar  la  calificación  jurídica  provisional  para incluir la causal de  agravación,  anulación que abarcó parcialmente la audiencia pública desde la  sesión  del  3  de  junio  de  2003  con  la  que  se dio inicio al segmento de  alegaciones.   

Reanudada la vista pública, nuevamente por  auto  del  7 de junio de 2004 declaró la nulidad de las sesiones surtidas el 29  de  enero y 12 de febrero de 2004 por cuanto en ellas no se cumplió con el rito  de  la  variación  de  la  calificación  jurídica,  por  lo tanto, en la fase  adelantada  el  8  de  junio  de  2004 imprimió el trámite aludido para que la  Fiscalía incluyera la citada circunstancia agravante.   

Finalmente, por fallo de 31 de marzo de 2005  condenó  a  FABIO  GUILLERMO  MORERA  RIVERA  como coautor del delito objeto de  acusación,   con   la  circunstancia  de  agravación  incluida,  a  las  penas  principales  de  catorce  (14)  años  y  seis  (6) meses de prisión y multa de  cuatrocientos  (400)  salarios  mínimos  legales  mensuales,  así  como  a  la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas    por    el   mismo   término   de   la   pena   privativa   de   la  libertad.   

Impugnado  el  fallo  por  el  defensor, el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  mediante  el suyo de 15 de noviembre de 2005 lo  confirmó  en  su  integridad,  por  lo  que  insiste  el  mismo sujeto procesal  mediante  la impugnación extraordinaria con la demanda que en su oportunidad se  declaró  ajustada  a  los  requisitos  de forma, y sobre la cual se recibió el  respectivo concepto del Ministerio Público.   

DEMANDA  

El  defensor  formula  dos  cargos en orden  jerárquico  al  amparo  de la causal tercera de casación, por nulidad, dada la  afectación del debido proceso.   

Primer cargo (principal)  

Denuncia  la  infracción  de la estructura  procesal  por no dar curso a las diferentes peticiones que elevó el procesado y  su  defensor  para  que  se  fijara  fecha  a  fin  de  surtir  la diligencia de  formulación  de  cargos  y  acogerse  así  a  los  beneficios  de la sentencia  anticipada.   

Señala que en una  ocasión  la  diligencia no  se  pudo  realizar  por  circunstancias  ajenas  al  procesado  al  no  haber  sido  trasladado  desde  su  sitio  de  reclusión al  despacho  judicial,  en otra oportunidad, porque  antes  de  calificarse  el  mérito  sumarial, le     fue     negada    cuando    la   Fiscalía   consideró      que     la     formulación    era         extemporánea,  y  en  el  juicio,        el        juez       inicialmente   difirió   la   respuesta  hasta  tanto  se  resolviera  una nulidad deprecada    por    otros   procesados  para   luego     negarla     al     argumentar que  ya   se   había  citado  para  sentencia.   

Aduce   que  era  posible  darle  curso  a  tal  pedimento  porque  si  bien  el juez lo negó por haberse ya citado para  sentencia,  al  entrar  en  vigencia  la  Ley  600  de  2000  como  el  procedimiento  varió, se aplicó al  diligenciamiento   al   fijar   fecha   para   llevar  a  cabo  la  audiencia pública.   

Afirma   que  si  en  el Decreto 2700 de  1991   y   en   la  Ley  600  de  2000  se  prevé  la  posibilidad  de  que  el  procesado   se   acoja  a  la  figura  de   la   sentencia   anticipada   hasta  antes  de fijar  fecha  para la audiencia  pública,  y  en  este  caso  tal  diligencia sólo  se inició el 8 de junio de 2004, los  funcionarios  judiciales  omitieron darle curso a la  petición,    aunque  si   tramitaron   las  formuladas  por los otros  incriminados.   

En este orden, sostiene que la formulación  extemporánea     en    la    etapa    de    instrucción,    no    vedaba             la   posibilidad   de   hacerlo  en  la  fase  de  juzgamiento  al               considerarse   que  sólo    se    puede    realizar    por   una  sola  vez,  máxime  que  el procesado nunca       declinó       en       su       petición.   

La trascendencia del yerro la encuentra en  que         se         le        limitó  a  su  defendido  el  derecho  de  acogerse a sentencia  anticipada     y    obtener    una    rebaja     punitiva,    así   la   sanción   no  habría sido de 14 años de  prisión,  sino  a  lo  sumo de 10  o   9   años.   

Segundo  Cargo (subsidiario)   

Tras  aclarar que el reproche lo  funda  en  la  causal  segunda  de  casación,  pero  de  acuerdo  con  la jurisprudencia lo encamina bajo la causal  tercera,   denuncia  la  violación  del  debido  proceso, de la legalidad,  irretroactividad  de la ley  y    de  juez  natural  por  cuanto en desarrollo de la vista pública se  dio  aplicación al artículo 404 de la Ley  600  de  2000  variando   la   calificación   jurídica   de  la  conducta  para   incluir  una  circunstancia  de  agravación.    Considera    que   tal           aplicación      retroactiva         de        la  norma a hechos ocurridos en marzo de 1997 resultaba    más    gravosa   para   su  representado.   

Estima  que  el  agregado  de  la causal de  agravación consagrada     en     el  inciso  3° del artículo 38 de la Ley 30 de 1986 afrenta  contra la normatividad vigente  al   momento   de  los  hechos,  pues  en         el        Decreto  2700 de 1991 no se establecía  el  tema  de  la  variación  de  la  calificación jurídica, ni mucho menos se  contemplaba  la  posibilidad  de  agravar  con  ello  la  situación  jurídica del procesado.   

Es   del   criterio   que   la   sentencia  no  guardó  consonancia  con  la  resolución  de  acusación,  yerro  cuya  incidencia   radica   en   que   la   pena    se   aumentó   en     virtud     de    la  aludida circunstancia agravante.   

Por  lo tanto,  solicita  a la Corte casar la sentencia y     dictar     una    de        reemplazo        dosificando       la       sanción  dentro  de  los  parámetros  de la resolución de acusación, excluyendo la causal  de  agravación,  para  imponer a su representado una pena de siete (7) años de  prisión.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURÍA  

La    Procuradora   Tercera   Delegada  para   la   Casación  Penal sugiere a la Sala no casar el fallo por razón  de los cargos formulados.   

Primer  cargo  (principal)   

Tras   realizar   el  recuento  procesal  encaminado  a  establecer  si   los  funcionarios  judiciales   hicieron   caso   omiso  a  las  varias  solicitudes  del  procesado  y  su  defensor  para  ser  oído  en  diligencia    de    aceptación   de  cargos,   estima   la   Delegada  que  en    la    fase    de    instrucción    sólo   medió   la   petición   de  ampliar  la  indagatoria   de   MORERA   RIVERA   formulada   por  el  defensor  de  la  otra  procesada,                Solange          ORTIZ  como  prueba  para  demostrar la ausencia de responsabilidad  de ésta.   

Que  si  bien el apoderado de MORERA RIVERA  interpuso   recurso   de  reposición  contra    el    cierre    del   instructivo   justificando      recepcionar     solamente  la   ampliación   de  su     indagatoria,  el   instructor  dio  respuesta  al  indicarle  que  tal  diligencia se podía surtir en la etapa del juicio.   

Rememora  lo  acontecido en la fase del  juicio          para          concluir       que      la  actuación  fue  irregular cuando el juez pospuso la  realización  de  la audiencia de formulación de cargos hasta  culminar  el  periodo probatorio, cuando debió darle  prioridad   ya   que   se   buscaba   la  terminación  del  proceso con la consiguiente consecución de  la    rebaja    punitiva   para   el   enjuiciado.   

Aduce  que  ante  la insistencia de MORERA  RIVERA    de   ampliar  su  injurada,   el   Juzgado  Regional  la  negó  al  considerar  que  fue  hecha    con    posterioridad   a  la  decisión    que    citó   para   sentencia,   en   tanto   que   sí  ordenó  realizar la diligencia de  formulación   de   cargos   para  los  otros  procesados,  haciendo  así  caso  omiso   de  la  petición  de  sentencia  anticipada  previamente   hecha  por  MORERA  con  el  argumento  que  éste  había   solicitado   únicamente   ampliación   de  su            indagatoria.   

Expresa que también el 24 de mayo de 1999,  el    Juez    Regional    negó   la   solicitud   de   sentencia   anticipada      elevada  por  MORERA “por haberse producido en  marzo  de  1999  la  citación  para  sentencia:  en  consecuencia,   precluyó   la   etapa   procesal  para  hacer  la  petición”,    decisión   contra   la   cual   el  procesado  interpuso   recurso   de   reposición,  pero al no sustentarlo le    fue   declarado   desierto    el    21    de    septiembre    de    1999.   

Que fijada luego  el    5    de    enero    de   2000   fecha   para   la   audiencia   pública,   sólo  se  inició  el  24  de  agosto  de 2001 y  fue     suspendida    cuando    la    juez   se  percató  de  las  irregularidades  por  no  haberle  dado  trámite  a  las  varias  peticiones  de sentencia anticipada formuladas,     permitiéndole   previamente   al  defensor  consultar   con   el   procesado   para   insistir   en   tal  pedimento,         por   lo   cual   MORERA  el  28  de febrero de 2002 al          insistir  en  su  inocencia,  desistió de  tal  figura  aduciendo que  las         peticiones       precedentes  habían  sido  aconsejadas  por     otro     interno     del     centro    de  reclusión,  dejando así en  claro  que  su  voluntad  no  había  sido la de acogerse a  la    institución  jurídica        en        comento.   

Concluye  así  la   Delegada  que  los  argumentos  expuestos  por  el recurrente  no  tienen  fundamento  al           partir  de  una  base inexistente, como es  pretender   que   de  haberse  aceptado  la  petición  elevada  en  octubre  de  1998, la pena impuesta habría sido menor que la que  finalmente    se   le  impuso       al  procesado,      puesto      que     precisamente  la  juez de conocimiento  enmendó   la   actuación   irregular  dándole  la  oportunidad  a      éste     de     acogerse  al  beneficio  de  terminación  anticipada del proceso,  del  cual   declinó  voluntariamente.   

Por   lo   tanto,  solicita  a  la  Sala  desestimar     la  censura.   

Segundo  cargo  (subsidiario)   

En relación con  el   trámite   de  la  variación  jurídica  provisional  de  la  conducta  punible,   previsto  en  el  artículo  404 de la Ley 600 de 2000,  y la no aplicación  de  la  normatividad de Decreto  2700   de   1991,  que  en  criterio  del censor  resultaba   más   favorable   por  no  consagrar      tal     tema,           estima  la  Procuradora  que si bien la  resolución de acusación  ante   el  hallazgo  de  156.332   gramos   de   cocaína,  abarcó     el    delito    contemplado  en  el  artículo  17  de  la  Ley  365  de 1997, que  modificó  el  artículo  33 de la Ley 30 de 1986, no  se  incluyó  en  la parte  resolutiva   el   numeral   3°   del  artículo  38  de  la  Ley  30  de 1986, que establece  la duplicación del mínimo punitivo cuando la cantidad de droga  incautada  supera  los  cinco (5) kilos de         cocaína,  pese  a  que  en  la  parte atinente  a   la   calificación   jurídica  provisional  se  mencionó que se superaba  ampliamente     tal  cantidad.   

Agrega  que  esa circunstancia fue conocida  durante     toda     la     actuación     por    los    sujetos    procesales  quienes  estuvieron  al tanto de los resultados de las  pruebas  de campo, de ahí que para el momento en que  se  realizó  la  audiencia  pública  (8  de  junio  de  2004)  la  Ley 600 de  2000       preveía       el       procedimiento   a  seguir  ante  la  solicitud  de  variación  de  calificación,  de  ahí  que la juez dio traslado a  la  Fiscalía y concedió  el    uso    de   la   palabra   al   defensor de  conformidad  con  las  ritualidades  que implican el  ejercicio  del  derecho  de  defensa  en  el  debate  oral.   

La     favorabilidad    que  aprecia  el defensor en el sentido  que    al    no    existir   norma   especial   que  permitiera  bajo la normatividad del Decreto 2700 de  1991   la  variación  de  la  calificación  y  la  inclusión  en  el  pliego de cargos de una circunstancia agravante,    no   la   vislumbra   la   Delegada   ante   la   naturaleza  objetiva  de  la       causal,      dada   la   sustancia  estupefaciente  hallada,    la   cual  en  su  criterio  tiene  respaldo   probatorio  y  porque   tratándose   de  normas  de  carácter   adjetivo,   su  sucesión en el tiempo se rige por lo  dispuesto  en  el  artículo  40  de  la  Ley 153 de  1887, por su efecto general inmediato.   

Por  lo  tanto, considera que el       cargo       tampoco  está  llamado  a  afectar el  fallo condenatorio.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

La Sala estima pertinente realizar de manera  previa  las  siguientes  precisiones en relación con las normas bajo las cuales  se  adelantó  este  trámite judicial, resaltando algunas actuaciones, premisas  que servirán para abordar el estudio de cada una de las censuras.   

1.           Normatividad especial   

El   diligenciamiento        se            inició        el   19   de  marzo  de 1997 por la  orden   

judicial de allanamiento a la residencia  ubicada  en  la  Avenida 13 sur No. 25-69 de Bogotá en  desarrollo  del  cual  fue  hallada  en  bolsas  pláticas  de  pulpa  de fruta,  sustancia  que  al aplicarle los reactivos arrojó positivo para cocaína con un  peso  bruto  de  156.223  gramos,  pero  con  un  peso  neto  de  19.402 gramos.   

Para esa fecha se  encontraban   vigentes  normas  que  inicialmente tuvieron su origen en decretos adoptados al amparo del  estado   de   sitio   previsto  en  el  artículo  121 de la Constitución Política de 1886, como lo eran  los  Decretos  2790  de 1990 y  099 de 1991, los  cuales  fueron  convertidos  luego  en  legislación  permanente mediante el Decreto 2271 de 1991.   

Efectivamente,      ante  a  la  mayor  lesividad de hechos delictivos y para enfrentar  estructuras  delincuenciales,  razones  de  política  criminal de ese entonces,  llevaron   a  adoptar  una  normativa  sustantiva  y  procesal  especiales,  entre otras, para preservar a  los  miembros  de  la  administración  de  justicia y los testigos, de ahí que  comúnmente     se     le    denominara justicia sin rostro.   

Una de las diferencias fundamentales de tal  legislación   en   la   fase   de  juzgamiento,  respecto  de  la  normatividad  ordinaria, radicaba en la  ausencia  de  audiencia  pública,  situación  que  obviamente  incidía  en la  inmediación   probatoria,  el  debate  oral  y  el  ejercicio  del  derecho  de  contradicción  no  sólo  de la práctica de las probanzas sino respecto de las  alegaciones  de  los  sujetos  procesales,  por  cuanto  simplemente,  fenecida  la  fase  probatoria,  mediante  escrito  los  sujetos  procesales ofrecían sus  alegatos de conclusión.   

Así,    el  artículo  46  del Decreto  2790  de  1990 modificado  por    el    artículo    1°   del   Decreto    099   de   1991 disponía:   

“Vencido  el  término  probatorio,  se  citará  para sentencia dejándose el expediente a disposición del acusado y su  defensor  así  como  de  la  parte civil o de terceros incidentales si fuere el  caso,  en  secretaría por el término común de ocho días  y al Fiscal en  su  despacho por un término igual una vez vencido el de las otras partes, a fin  de  que  se presenten sus alegatos de conclusión. Transcurrido este último, el  juez tendrá quince días para dictar sentencia.   

“Si  vencido  el  término  común  el  defensor  no  hubiere  presentado  alegatos de conclusión, el Juez procederá a  designar  uno  de  oficio a quien, una vez posesionado, se correrá traslado por  el  término  previsto  en  el  inciso  anterior  y dispondrá la expedición de  copias  y  su  remisión para que se adelante si fuere el caso por el competente  la   correspondiente   investigación   disciplinaria   por  falta  al  estatuto  profesional del Abogado”   

El  Código de  Procedimiento     Penal    (Decreto    2700    de  1991),  dio carácter especial al juzgamiento de los  delitos  de  competencia  de los jueces regionales al establecer en el artículo  457:   

“Vencido  el  término  de traslado para la preparación de la audiencia,  el juez dentro  de  los  tres días siguientes decretará las pruebas que hayan sido solicitadas  y   las  que  considere  necesarias  para  el  esclarecimiento  de  los  hechos.   

“Las  pruebas  se  practicarán  en  un  término que no podrá exceder de veinte días hábiles.   

“Vencido el término probatorio mediante  auto   de  sustanciación  que  debe  notificarse,  el  proceso  se  dejará  en  secretaría  a  disposición  de  los sujetos procesales por el término de ocho  días, para que presenten sus alegatos de conclusión.   

“Dentro de  los diez días hábiles  siguientes el juez dictará sentencia.   

“La   notificación   y   recursos  se  tramitarán  conforme  a  lo  establecido  en  los  artículos 190 y 213 de este  Código”.    

La  eliminación  de  la  vista pública en  estos   asuntos   pasó  el  cotejo  con  el  texto  superior  cuando  la  Corte  Constitucional   en   sentencia   C-150   de   abril   23   de  1993,  concluyó  que:   

“Es   de  competencia  del  legislador  establecer  por  vía  general  y en abstracto, en cuáles hipótesis procede la  audiencia   pública   y   en  cuáles  no,  sin  que  exista  una  disposición  constitucional  que obligue a que ésta deba hacerse siempre o en algún tipo de  proceso  penal.  La  falta de audiencia pública para los delitos de competencia  del  Tribunal  Nacional y de los Jueces Regionales, no desconoce el principio de  la  igualdad  ni  las  correspondientes normas constitucionales, ya que en todos  los  casos  en  que  se  presenten  los  delitos a que se hace referencia, dicha  audiencia no podrá practicarse.”   

En  este  caso,  adelantada  la  respectiva  investigación,  la   resolución  de  acusación  fue  proferida  el  6 de  febrero  de 1998 y adquirió firmeza el 24 de julio de la misma anualidad por su  confirmación  por  parte  del  superior,  por  lo  tanto, a partir de esa fecha  empezó  la  fase  del juicio, de ahí que el 25 de marzo de 1999 de conformidad  con  el  Decreto  2271  de  1991  el  juez  dictara auto citando para sentencia,  disponiendo  correr  los  respectivos  traslados para que los sujetos procesales  presentaran sus alegatos de conclusión.   

El  1º  de julio de 1999 entró a regir la  Ley  504  de  1999,  por  la  cual  se crearon los juzgados penales del circuito  especializados  y  se  derogaron  o modificaron, entre otros, los Decretos-leyes     2790    de    1990,    2271    de    1991,   2376   de   1991,   en   el   artículo   33  estableció      que  en  los  procesos por delitos  de     competencia     de    aquella    categoría  de   jueces que a la  vigencia  de  la  norma se  encontraran       con      resolución      de      acusación      ejecutoriada  y  no  se hubiere vencido el término para presentar  alegatos  de  conclusión,  se  debía  aplicar  el trámite ordinario previsto  en   el   Título   I  del  Libro  III  del  Código  de  Procedimiento Penal,  esto  es,  lo  concerniente  a  la  fase procesal del juicio del Decreto 2700 de  1991.   

Por    lo    anterior,    la  Juez  Segunda  Penal  del  Circuito Especializado por  auto  de 5 de febrero de 2000 fijó  fecha  para  surtir  la audiencia pública puesto que aún no se habían surtido  las alegaciones propias de la otrora citación para sentencia.   

La  vista pública sólo se pudo iniciar el  24  de agosto de 2001, momento para el cual ya había entrado a regir la Ley 600  de  2000  (25  de julio de 2001), normatividad que en el artículo 404 prevé el  trámite  especial de variación de la calificación jurídica provisional en la  fase  del  juicio que se puede adelantar a iniciativa del funcionario acusador o  a  petición o insinuación del juez, de ineludible observancia cuando se vaya a  agravar la situación del procesado.   

2.                 De      las      normas      de  procedimiento   

Sabido  es  que las normas de procedimiento  tienen  como  características  las  de  ser  de  orden público, de obligatorio  cumplimiento, aplicación inmediata e interpretación estricta.   

De acuerdo con el artículo 40 de la Ley 153  de  1887,  las  disposiciones  concernientes a la sustanciación y ritualidad de  los  juicios  prevalecen  sobre  las  anteriores  desde  el momento en que deben  empezar  á  regir,  no obstante, los términos que hubieran empezado a correr o  las  actuaciones  y diligencias que ya se hayan iniciado, se regirán por la ley  vigente al tiempo de su iniciación.   

En  la  misma línea, el artículo 43 de la  citada  normatividad  al  consagrar  los  principios  de preexistencia de la ley  penal  y su aplicación por razón de la favorabilidad, hace la exclusión en lo  referente  a  las  disposiciones  que establecen los tribunales y determinan los  procedimientos,  las  cuales  se  aplicarán  con  arreglo  al  citado artículo  40.   

En la confrontación de tales disposiciones  con  el  texto  superior  la  Corte  Constitucional en sentencia C-200 del 19 de  marzo de 2002 al declarar su exequibilidad destacó que:   

“…dado que el proceso es una situación  jurídica  en  curso,  las  leyes  sobre ritualidad de los procedimientos son de  aplicación  general  inmediata.  Al  respecto  debe  tenerse en cuenta que todo  proceso  debe  ser  considerado  como una serie de actos procesales concatenados  cuyo  objetivo  final es la definición de una situación jurídica a través de  una  sentencia.  Por  ello,  en  sí  mismo  no  se  erige  como  una situación  consolidada  sino  como  una situación en curso.  Por lo tanto, las nuevas  disposiciones  instrumentales  se  aplican a los procesos en trámite tan pronto  entran  en  vigencia,  sin  perjuicio de que aquellos actos procesales que ya se  han  cumplido  de  conformidad  con  la ley antigua, sean respetados y queden en  firme.  Tal  es  precisamente  el sentido del artículo 40 de la ley 153 de 1887  objeto de esta Sentencia.”   

Sin  embargo,  también  esa  Corporación  resaltó  que  tratándose  de  la aplicación del principio de favorabilidad en  materia  penal,  no  cabe  hacer  distinción  entre normas sustantivas y normas  procesales,   dado   que   el   precepto   constitucional  no  establece  alguna  diferenciación    que   lleve   a   un   trato   especial   para   las   normas  procesales.   

Por  lo  tanto,  si  bien el efecto general  inmediato  de  las  normas  procesales permite su aplicación a situaciones  jurídicas    aún    no    agotadas    o    consolidadas,   pues   “no     tiene     el     alcance     de    desconocer    derechos  adquiridos”,   de   todas   manera   es  dable  la  verificación de la ley que resulte más favorable.   

Efectivamente,  el  procesado  frente a una  nueva  ley  procedimental  no puede invocar un derecho adquirido con ocasión de  la  ley  precedente, empero, la aplicación de la novísima disposición debe ir  de  la  mano  del análisis por parte del funcionario judicial que conozca en su  momento  del  asunto acerca de que no se consagren situaciones que le hagan más  perjuidicial  la  situación  jurídica,  ante  lo  cual  deberá adquirir plena  operatividad el principio de aplicación de la ley más favorable.   

Primer cargo (Principal)  

El demandante se pronuncia por la anulación  del  fallo  de  segundo grado motivado en vicios que afectaron el debido proceso  por  no  dar  trámite a las varias solicitudes elevadas por el incriminado y su  defensor para acogerse a la figura de sentencia anticipada.   

No genera duda el carácter sustancial de la  norma  que  prevé la rebaja punitiva por razón de la aceptación de cargos del  procesado  por  cuanto,  tal  figura  jurídica  dentro  de  la filosofía de la  justicia  premial,  bajo  el  Decreto  2700  de  1991 y Ley 600 de 2000  le  irroga  tal  beneficio en un porcentaje específico según la fase en la cual se  acoja,  en  clara  contraprestación  por la celeridad que le imprime al proceso  ante  la renuncia de alguna de sus pasos y de la controversia probatoria, lo que  obviamente  incide  en  la  eficacia  y  eficiencia  de  la  administración  de  justicia.   

Igualmente,  es claro que de manera general  cualquier  petición  que formulen los sujetos procesales ha de ser atendida con  prontitud  por  parte  de  los  funcionarios  judiciales, pues no de otra manera  pueden  ejercitar  sus  derechos de postulación, impugnación y demás, máxime  cuando  se  aboga por un acto de conformidad del procesado que en últimas le va  a  beneficiar  punitivamente, constituyéndose por lo mismo en una garantía que  le debe ser protegida.   

Pese  a lo anterior, y como lo clarifica la  Procuradora  Tercera  Delegada en su concepto, la sinrazón del libelista por no  ajustar  su  planteamiento  a la realidad procesal vaticina la improsperidad del  cargo, como se verá:   

Para este fin es necesario hacer un recuento  procesal   para   evidenciar  que,  pese  a  las  vicisitudes  a  lo  largo  del  trámite   judicial  y  la  desatención  a  algunas  de las peticiones que  elevaron  el  procesado  y  su  defensor  para  acogerse a la institución de la  sentencia  anticipada,  no se le afectaron a este respecto sus garantías porque  al  ser  finalmente  requerido aquél en las postrimerías de la fase del juicio  para  que  ratificara su intención en ese sentido, expresamente desistió de su  pedimento  aclarando  que  con  anterioridad lo había formulado por consejos de  otro interno quien le indicó que con ello obtendría su libertad.   

Efectivamente,     desde   cuando     fue     escuchado     en    diligencia    de   

inquirir al explicar su labor como empacador  de  la  pulpa de fruta se mostró ajeno a los hechos y al hallazgo del alcaloide  y  una  vez  se le notificó la providencia del  31 de marzo de 1997 con la  cual  se  lo afectó con medida de aseguramiento, no manifestó algo relacionado  con  aceptar  los  cargos  imputados,  muy  por  el  contrario,  su  defensor de  confianza,   el   7   de  octubre  de  1997,   solicitó  la  cesación  de  procedimiento   al   argumentar  que:  “la  señora  SOLANGE  es al parecer la persona que tiene los hilos conductores del empaque de  la   droga   que  iba  en  la  pulpa  de  fruta”2 petición que le fue resuelta  desfavorablemente  el  10  de  octubre  siguiente.   

Fue    el    defensor   de   la   otra  procesada,   Solange  ORTIZ      quien  el   12  de  noviembre  de  1997 solicitó           la          ampliación          de   las  indagatorias  de  César  Augusto  Sánchez  Vásquez  y  MORERA RIVERA  para   que   indicaran   lo   concerniente     a     la     responsabilidad  de  su representada    frente    a   los   hechos  investigados.3   

Una       vez      clausurado   el  ciclo  instructivo  el  12  de  diciembre  de  1997,  el  defensor de MORERA  interpuso  recurso  de  reposición  para  que  fuera  escuchado  en  ampliación  de  injurada al anotar que era importante tal prueba  “porque   allí   se  aclararían  muchas  cosas  y  así su despacho puede  tener   la   suficiente   claridad   para   la   RESOLUCIÓN   DE   ACUSACIÓN   o  la  PRECLUSIÓN…”.4   

Pese a lo anterior, el 14 de enero de 1998  la  Fiscalía  mantuvo  la  decisión de clausura, y  negó  la  solicitud  de  ampliación  de  indagatoria al indicarle que la misma  podía  ser elevada en la  etapa             del            juicio.5    

Sólo  hasta  el  16  de  enero  de 1998 su  apoderado  solicitó  la  práctica  de “diligencia      de      sentencia     anticipada”6.             En  el  mismo  sentido lo hicieron los  defensores  de  Solange  Ortiz  y  Sánchez Vásquez, y por resolución de 19 de  enero  siguiente  se  ordenó  llevar  a  cabo  las  respectivas  diligencias de  formulación  de  cargos,  las  que  se  surtieron el 22 de del mismo mes y año  respecto  de  la citada procesada, en tanto que el 23 al reponer parcialmente el  cierre  de la investigación en relación con Sánchez Vásquez se hizo respecto  de    éste,   no   lográndose   evacuar   la   diligencia   con   MORERA    RIVERA,    dada  la  solicitud  de aplazamiento de su  defensor,  en una ocasión, y por la no remisión del  procesado   del   centro   de   reclusión,   en   otra  oportunidad.7   

El  3  de  febrero  de  1998  la Fiscalía  declaró  la  nulidad  tanto de la providencia que repuso parcialmente el cierre  del  instructivo,  como de las dos diligencias de aceptación de cargos respecto  de  los  otros procesados, (Solange ORTIZ  y  Sánchez Vásquez) al estimar que habían sido practicadas de  manera  extemporánea, por  la     ejecutoria     de     la     decisión     de    clausura    del   ciclo  instructivo,  y  ordenó  correr  traslado  para la  presentación   de   los   alegatos  de  conclusión  respecto  de  los  citados  incriminados,  decisión  que  confirmó la Unidad de Fiscalía Delegada ante el  Tribunal     Nacional     el     24     de     julio     de     1998.8   

Y     si     bien     el representante judicial de  MORERA  insistió  en la  ampliación de indagatoria “antes  de     hacer     la     diligencia     de    sentencia    anticipada,”9         ante  el  hecho  de  que  el  3  de  febrero  de 1998 la Fiscalía  declaró      la      precedente     nulidad, no  fue   atendido   tal   pedimento   al  dejar  indemne  el  cierre  de  la  investigación y  disponer  surtir   el   traslado   respectivo   para   la   presentación  de  alegaciones  precalificatorias.   

Ahora,  en  lo que concierne a la fase del  juicio,  su defensor   solicitó  la  suspensión de los términos para que  una  vez  se  levantara  la  jornada  de  protesta  de los internos, su asistido  pudiera  formular  directamente  su  petición  para  acogerse  a  la  sentencia  anticipada,10  no  obstante,  el  juzgado  mediante  proveído  de  15  de  octubre  de  1998  difirió  la respuesta a tal petición  “hasta  tanto,  luego  de  vencido el término que  estableció  el  artículo  42  del  Decreto  2790  de  1990,  elevado  a  norma  permanente  por  el  Decreto  2271  de  1991, se resuelva, por este despacho, lo  atinente  a  las  solicitudes  de nulidad impetradas por los abogados de SOLANGE  ORTIZ  Y  CESAR  AUGUSTO  SACHEZ        VELASQUEZ        –sic-11   

El  9  de  noviembre de 1998 el juzgado no  accedió    a    declarar   la   nulidad   solicitada   por   los   defensores  de los procesados basada en  la  afectación  del  debido  proceso  porque  la  providencia  con  la  cual la  fiscalía  no  accedió  a  reponer  el cierre carecía de firma del funcionario  judicial   —decisión  ratificada  el 25 de febrero de 1999 por el entonces  Tribunal  Nacional—, por  lo   cual,  al   considerar   fenecido   el   término  probatorio  dispuso el  25  de marzo de 1999 citar  para   sentencia   conforme   con  el  procedimiento  contemplado       en       el      artículo  4° del Decreto 2271 de 1991  ordenando   correr  el  traslado  respectivo      a      los      sujetos  procesales.12   

El defensor de MORERA insistió en celebrar  la  diligencia  de  formulación  de  cargos  para  que  su asistido      los      aceptara,   pero   sólo   se   accedió   a  las    solicitadas  por  los defensores de los otros procesados Sánchez  Vásquez   y   Solange  ORTIZ.13   

A  su  turno,  el  propio  MORERA  RIVERA  solicitó  ampliación  de indagatoria, pero se le negó al argumentar que ya se  había       citado       para      sentencia,14    entonces    manifestó  expresamente   su   deseo   de   acogerse  a  los  beneficios  de  la  sentencia  anticipada15,   sin   obtener   alguna   respuesta,   incluso  el  27  de abril de 1999 pidió     aplazar     tal    diligencia   por   la  desobediencia  civil  surtida  en  el  centro carcelario,16 pero otro  juzgado  regional  al  avocar  conocimiento  el  24  de  mayo  de  1999 la negó  “por  haberse  producido  en  marzo  25 de 1999 la  citación  para  sentencia,  en  consecuencia  precluyó  la etapa procesal para  hacer          esta          petición.”.17   

Contra  la anterior decisión el    mismo    procesado    interpuso  el    recurso    de  reposición,18  sin embargo, el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado  que  le  correspondió proseguir con el conocimiento del asunto, por auto del 21  de  septiembre  de  1999  declaró         desierta        la             impugnación   dada   su   falta   de   sustentación.19   

Igualmente,  el  16  de  septiembre  de 1999 su apoderado solicitó  sentencia anticipada o audiencia especial, pero el 5 de  enero  de 2000 se fijó fecha para surtir la audiencia pública, en tanto que el  13  de enero de 2000 le fue concedida la libertad provisional  –hecha  efectiva  el  17 siguiente-,  por     el     vencimiento     de     términos.20   

Si bien con este  recuento  no  queda  duda  que  fueron  desatendidas  varias  peticiones  elevadas  por  el  mismo  MORERA  RIVERA  o  por su defensor  tendientes  a  dar  por  terminado de manera abreviada el proceso, al iniciar la  audiencia  pública  el 24 de agosto de 2001 la juez declaró la nulidad parcial  de  la actuación respecto  de        él        cuando       consideró  que:   

“…   Las  constancias    procesales   informan   que   previa  ejecutoria  del  auto  de  citación  para  sentencia  el sindicado MORERA  RIVERA,  solicitó  ante  el entonces Juzgado Regional que  conocía   del   proceso   la  celebración  de  la  diligencia  de  sentencia  anticipada. Esta solicitud  se  reiteró  el  13 de octubre de 1998, el 25 de marzo, abril 14 y 19,  27  y  29 de 1999. En mayo de esa misma anualidad el entonces  Juzgado  Regional  bajo  el  entendido  de  que  la  ejecutoria  del  auto que dictó para sentencia y sin  que  ello  corresponda a la verdad procesal resolvió  negar  por  improcedente  la  celebración del trámite excepcional que  solicitaba  el  procesado. Bajo las anteriores circunstancias  se  prosiguió con el trámite ordinario del juicio.  Así  las  cosas  es  evidente  que con relación al  señor    MORERA    RIVERA    surge    irregularidad   sustancial   que  afecta  el  debido proceso que daría lugar al reconocimiento  de  la  nulidad  parcial  a  partir  e inclusive del  proveído  de fecha enero 5 de 2000, con la finalidad  de   disponer   el   rompimiento   de   la  unidad  procesal  para  que  en  forma  separada se adelante la actuación excepcional que  solicita el acusado MORERA RIVERA”.   

No  obstante,  como  el defensor           solicitó  hablar  previamente      con      su     asistido     acerca    de   la   petición   de  sentencia           anticipada           pues           “…jurídicamente   no   considera  dicho  beneficio  favorable  a los intereses de quien  representa…”.        el       despacho  difirió  la  decisión  de  nulidad  hasta    que   el   citado   profesional  manifestara  la  voluntad del procesado la cual se  produjo  el  28  de  febrero  de  2002  cuando  a  través  de  memorial MORERA  RIVERA         indicó         que:   

“…desisto  de la sentencia anticipada  solicitada  por  mí,  en  razón  a  que  esta  fue  aconsejada  por  otro  detenido  que  estaba  conmigo   en   la   modelo;   el   cual   me   comunicó   que   yo   era   inocente   y   con   esto  me  concedían la libertad y  precluía     el  proceso.”21  (Negrillas ajenas al texto)   

De  lo  anterior  surge  con  nitidez  que  cualquier  omisión  en  el  trámite  de  la solicitud de sentencia anticipada,  presentada  por  el procesado o su defensor, resulta anodina al comprobar que se  le  otorgó  en  la  fase  final  del  juicio  la  oportunidad de recabar en tal  pedimento, al cual de manera expresa el incriminado desistió.   

La  Sala  ha  insistido  en  que  para  la  sentencia   anticipada   su   facultad  dispositiva  de  carácter  discrecional  corresponde  netamente  al  procesado,  por  ser  él  quien  puede  provocar su  trámite,  y  si  bien  es  dable que el defensor también lo solicite, sólo en  aquél  radica  la  facultad  de  aceptar  o no los cargos formulados, como acto  personalísimo  del  sujeto  pasivo  de  la  acción penal judicial.22   

En  aplicación  de  lo  dispuesto  en  el  artículo  33  de  la Ley 504 de 1999 al disponer          que  en los  procesos  por  delitos  de competencia de los jueces  penales   del  circuito  especializados     que     se     encontraran con resolución de acusación  ejecutoriada  y  no  se  hubiere vencido el término  para  presentar  alegatos de conclusión,  se debía  aplicar   el   trámite  del   juicio   previsto   en  el  Decreto  2700  de  1999,  el Juzgado ordenó el 5 de enero de 2000 fijar  fecha  para  la  realización  de la audiencia pública, dando con ello también  cabida  a  las disposiciones del ordenamiento adjetivo ordinario que permitían,  de  acuerdo  con  el artículo 37, formular la petición de sentencia anticipada  en  la  fase  del  juicio  hasta antes de fijar fecha para la celebración de la  vista  pública, término que amplió un tanto la Ley 600 de 2000 (artículo 40)  al    admitirlo    hasta    antes    de    que    tal    proveído    adquiriera  ejecutoria.   

No  obstante  lo  expuesto,  tales  marcos  temporales  en  nada  inciden  para  la aplicación de la ley más favorable que  añora  el  libelista,  ni  tampoco  la  rebaja  punitiva que se prevé en tales  estatutos,  precisamente  porque  la  juez  le  otorgó al procesado en la vista  pública  la  posibilidad  de  insistir  en  su  petición  para  acogerse a los  beneficios    de   la   sentencia   anticipada   a   la   cual   voluntariamente  renunció.   

Y  si  bien  de  ser  otro el contexto  y  de  no  haber  mediado la  renuncia  expresa del procesado a la petición de sentencia anticipada no sería  dable  una  solución  de  nulidad  procesal,  sino  la de fallo de sustitución  reconociendo   la  rebaja  de  pena  correspondiente  según  la  oportunidad  en  que no fue tramitado su  pedimento23   

,   resulta  totalmente  vacua  la  queja  que  funda  el  censor  precisamente    por   la   aludida   renuncia   al   derecho   por   parte   del  incriminado.   

Vista  así  la realidad procesal, el cargo  deberá ser desestimado.   

Segundo cargo (subsidiario)  

De  la  premisa  relacionada  con  que  la  aplicación  del  procedimiento  especial previsto en el artículo 404 de la Ley  600  de  2000  para  la  introducción  de una circunstancia agravante, resultó  perjudicial  para  su  defendido,  porque  el  Decreto  2700  de  1991  no   consagraba  expresamente  la  figura  de  la  variación  jurídica provisional,  denuncia  el  censor  la  pretermisión  del  debido  proceso  ante  la falta de  consonancia    de    la    sentencia   con   los   cargos   formulados   en   la  acusación.   

Es evidente que la resolución de acusación  proferida  el 6 de febrero de 1998, adquirió firmeza el 24 de julio de 1998 por  su  confirmación  por  parte  del superior y si bien parte del juicio se rituó  por  las  normas  especiales  como  los  Decretos 2790 de 1990 y 099 de 1991, en  atención  a  que la Ley 504 de 2000 ordenó que en los procesos de conocimiento  de  los  juzgados  penales  del  circuito  especializados  en  los  cuales  aún  no se hubiera    vencido    el    término    para    presentar    alegatos  de conclusión, se debían aplicar las disposiciones del  Decreto  2700  de  1991,  como  aún  no  se habían  surtido   las   alegaciones   previas   al   fallo,  se     dispuso    adecuar    el    trámite,       por      ello,  el  5 de  enero  de  2000, se fijó fecha para llevar a cabo la audiencia pública por ser  a  todas  luces  más  garantista  al  recobrar  vigencia el debate público, la  inmediación  probatoria  y su controversia y demás prerrogativas inherentes al  acto público de juzgamiento.   

No  obstante, para el momento en que se dio  inicio   a  la  vista  pública  (24  de  agosto  de  2001), fecha para la cual  ya  había  entrado a regir la Ley 600 de 2000 (25 de  julio  de  1991)  resultaba  plenamente aplicable el  trámite  previsto  en  el artículo 404,   pues  tal  procedimiento  tiene  lugar  cuando  se advierte  error  en  la  calificación  jurídica  por  parte  del funcionario acusador al  valorar  los elementos de convicción o en la selección del precepto que regula  el  comportamiento  investigado,  o cuando por prueba sobreviniente se altera un  elemento  estructural  del  tipo,  la  forma  de  coparticipación o imputación  subjetiva,  o  algún evento configurador de una circunstancia que modifique los  límites    punitivos    para    hacer    más   gravosa   la   situación   del  enjuiciado.   

Tal  preceptiva conmina su adelantamiento a  iniciativa  del funcionario acusador o a petición o insinuación del juzgador y  es  de  ineludible  observancia  con  ello  se  va  a  agravar la situación del  procesado,  puesto  que  si  va  resultar  favorecida su situación jurídica se  muestra   innecesario   tal  trámite,  dado  que  el  juez  puede  degradar  la  responsabilidad,  pudiendo  incluso  si  el fiscal considera que el acusado debe  ser  condenado  por una especie delictiva de menor entidad que la imputada en la  acusación  o  que  se  le  debe  reconocer una circunstancia atenuante o alguna  causal  que  aminore  o  aún  excluya  su  compromiso  penal, simplemente   bastará con que sea alegado en su intervención.   

Así   las   cosas,   ante  la  petición que en la audiencia pública elevó la representante  de  la Fiscalía para que el procesado fuera condenado por el delito previsto en  el  artículo  33  de  la  Ley  30  de  1986  con  la  inclusión  de  la  circunstancia específica de agravación del numeral 3° del  artículo   38   del   mismo   ordenamiento   dada   la  cantidad  de  sustancia  estupefaciente   incautada,   la  juez  en  vez  de  emitir fallo,   por  evidenciar  una  anomalía  procesal  declaró,   el   29   de   octubre   de  2003,  la  nulidad  de  la  actuación al dejar sin validez  parte   de   la  audiencia  pública,  a  fin  de  permitir  la  reforma  de  la  calificación jurídica.   

Se  consideró  que:   

“…se  incurrió  por  parte  del  ente  acusador  en  un  yerro,  en cuanto a que si bien ello no constituye error en la  ubicación  típica,  si  lo es en cuanto al género del comportamiento, pues en  tratarse  de  la  actividad  de  narcotráfico  agravada,  es  evidente  que tal  condición  incide  negativamente  en los intereses jurídicos del acusado, pues  debe  saber  de  manera  efectiva  que en el evento de condena la pena a imponer  oscilará  entre  doce  (12)  y  veinte  (20  años  de  prisión  y no, como se  desprende   de   la   acusación,   entre  seis  (6)  y  veinte  (20)  años  de  prisión.   

(…)  

“En  este  orden de ideas, para respetar  además  un orden justo y frente a la prevalencia de principios constitucionales  como  el  derecho  de  defensa  y  del  debido proceso, el juzgado estima que la  solución  al  caso  se  marca  con  el  reconocimiento  y  declaratoria  de  la  irregularidad  sustancial,  que  afecta el proceso de manera parcial a partir de  la  sesión  de  diligencia de audiencia pública de fecha 3 de junio de 2003 en  la  que se dio inicio al segmento de las alegaciones. Esta solución para que se  viabilice  el  trámite  a  que  hace referencia el artículo 404 del Código de  Procedimiento  Penal  relativo  a  la  variación  de la calificación jurídica  provisional  de  la  conducta  punible,  lo  que  se imprime entre otros eventos  cuando  se  deba  reconocer una circunstancia de mayor punibilidad que modifique  los          límites          punitivos”24   

La anulitación  también  la          declaró  con posterioridad cuando reanudada  la   vista   pública   y   surtidas  dos  sesiones  no  se  hizo el trámite correspondiente   del   artículo   404   de   la  Ley  600  de  2000  y  fue el 8  de  junio  de  2004  que  se  le dio plena aplicación, cuando la juez concluyó  que:   

“en  materia de agravantes especificas y  existiendo    el   mecanismo   procesal   para   su  reconocimiento,  previsto  como se dijo por el citado  articulo  404,  mal  se pude obviar su atención para  considerar  su  presencia  en  el  evento  de  fallo de condena. No obstante  que la reiterada jurisprudencia  ha  predicado  que  la  imputación  ante  todo y frente a la nueva  legislación  penal  es  fáctica y no jurídica, en  los  eventos  como  el  que  aquí se presenta en que  aquella   imputación   fáctica   traiga   como  consecuencia  la  modificación       de      los      extremos   punitivos      descritos      de      manera    gravosa,  ello  debe ser conocido obviamente por el procesado y su  defensor    como  un  ejercicio  pleno del  derecho  de  defensa manifestación propia del debido  proceso”   

Por  ende, la representante de la Fiscalía  varió  la  calificación  jurídica  con  la  inclusión  de  aludida causal de  agravación  al  precisar  que  desde  un  comienzo  la  cantidad  de  sustancia  incautada  correspondió a 19.402 gramos de cocaína, situación que había sido  conocida  por  los sujetos procesales. Seguidamente se le concedió el uso de la  palabra  al  defensor,  quien  indicó  que  la  enmienda  de tal error judicial  atentaba  contra  el principio de igualdad en la aplicación de la ley penal por  cuanto  a  los  otros  procesados que se acogieron a sentencia anticipada no les  había  sido  predicada  la agravante y que violaría el derecho a la defensa en  caso  de  que  el  procesado  fuera condenado, prosiguiendo la actuación con la  intervención  de  cada  uno con sus consideraciones tendientes a la emisión de  fallo.   

En  este  orden, resulta diáfano que se le  concedió   a  la  defensa  la  oportunidad  para  controvertir  la  acusación,  incorporar  nuevos  elementos  de juicio o suspender el proceso para analizar la  nueva  imputación,  además,  no  fue  una decisión sorpresiva, puesto que las  decisiones  de anulación que la precedieron permitían advertir la insinuación  de  la  juez  de  sortear  en  debida forma la inclusión de una causal de mayor  intensidad  punitiva  que  predicaba la Fiscalía, a fin de que fuera cabalmente  conocida y debatida.   

Si  bien  bajo  el  Decreto 2700 de 1991 la  resolución  de  acusación  se  tornaba  intangible  y asumía la condición de  referente  necesario  y  único  de  la sentencia, sin que le fuese permitido al  Fiscal  o  al  Juez  modificarla  en la fase del juicio, cualquiera que fuese el  motivo  alegado,  ni  menos  desbordarla al momento de dictar sentencia, como la  nueva     normatividad     adjetiva     de    2000  permitía la mutación de  la   calificación  jurídica,  no  se  justificaba  aquí  la declaración de  nulidad   para   retrotraer   en   mayor   grado  el  diligenciamiento  a  fin  de emitir una nueva            resolución            de            acusación,  como  solución  que  se  desprendía del Decreto 2700 de 1991.   

Para  ese  momento la Sala había precisado  desde  la  decisión  del 14 de febrero de 2002 (Radicación 18452) los aspectos  que  se  deben  observar para variar la calificación jurídica provisional, por  error  en  la  calificación  por  parte del funcionario acusador al valorar los  elementos  de  convicción  o  en  la  selección  del  precepto  que  regula el  comportamiento  investigado,  o  cuando  por  prueba  sobreviniente  se  alteran  circunstancias  modificadoras de los límites punitivos haciendo más gravosa la  situación jurídica del enjuiciado.   

Se hizo énfasis en tal decisión en que no  se  debería  pasar  por  alto  tal  instituto  procesal  que permite ajustar la  acusación  a  sus  precisos  términos  por  la  incidencia  en el principio de  congruencia  que  debe  guardar la sentencia con los cargos de la resolución de  acusación.   

También  la Corte para ese entonces había  insistido,  y  lo  hace  hoy,  en  que  no  basta con citar en la resolución de  acusación   el   simple  enunciado  del  supuesto  fáctico  que  configura  la  circunstancia  a  fin  de  que  sea  deducida  en  el  fallo,  pues  se requiere  inequívoca  imputación  jurídica,  “sin que ello  implique  que  figure  en  la  parte  resolutiva  de la acusación, ni que se le  identifique  por  su  denominación  jurídica  o  por la norma que la consagre.  Implica,  pues,  valorada atribución, de tal suerte consignada en cualquiera de  las   fases   de   la   acusación,   que  no  se  abrigue  duda  acerca  de  su  imputación”  (Decisión  del  23  de septiembre de  2003.   Radicación   16320),  estando  por  ello  vedado  al  juez  agravar  la  responsabilidad  del  acusado  al  adicionar  hechos nuevos, suprimir atenuantes  reconocidas  en  la acusación o incluir agravantes no contempladas en ella o en  la variación de la calificación jurídica.   

Así las cosas, la Sala no encuentra eco en  la  manifestación  del  demandante  relacionada  con  que no debió surtirse la  variación  de  la  calificación jurídica ya que el Decreto 2700 de 1991 no lo  preveía,  por  cuanto,  se  insiste,  al  entrar  a  regir  la Ley 600 de 2000,  resultaba  plenamente  aplicable tal procedimiento por estar dotado de todas las  garantías para controvertir la nueva acusación.   

Dada la sin razón del demandante, el cargo  no prospera.   

CASACIÓN OFICIOSA  

La  Sala  advierte  en  el presente caso la  necesidad  de  acudir a la facultad oficiosa que le confiere el artículo 216 de  la  Ley  600  de 2000, por la infracción de la garantía del debido proceso del  enjuiciado  específicamente  ante  el  nuevo  criterio  jurisprudencial  en  lo  atinente  al  trámite  de  la  variación jurídica provisional, diferente a la  errónea   calificación,   la   cual   sólo   es  viable  cuando  obre  prueba  sobreviniente.   

Del mismo modo la intervención oficiosa de  la  Corte  se  impone por cuanto el juzgador tuvo en cuenta una circunstancia de  mayor  punibilidad  para  efectos de dosificar la pena, cuando en la resolución  de  acusación  no fue considerada, en clara pretermisión de la congruencia que  debe guardar el fallo con la resolución de acusación.   

Por  último,  también  se  deberá  casar  parcialmente  el  fallo  en relación con la pena pecuniaria, por cuanto además  de  que no medió argumentación alguna para su imposición, no guardó la misma  proporción respecto de la pena de prisión concurrente.   

1.            Del  cambio jurisprudencial en relación  con la variación de la calificación jurídica   

En  providencia  del  23  de  abril de 2008  (Radicación  29339)  la  Corte  replanteó la interpretación que se venía haciendo del artículo 404 de  la Ley 600 de 2000 al disponer que:   

“…para  las  variaciones agravadas de  calificación  referidas  a  un  elemento básico estructural del tipo, forma de  coparticipación  o  imputación subjetiva, reconocimiento de una agravante y la  variación  de  desconocimiento  de  una  atenuante  se  pueden  efectuar  sólo  mediante    el   presupuesto   de   ‘prueba   sobreviniente’,  requerimiento  de  procedibilidad  y  probatorio   que  la  disposición   en   cita  de  igual  establece  tienen  cabida  es  tras la conclusión de la práctica de  pruebas’”.   

En   este  orden,  modificó  la  línea  jurisprudencial  trazada desde el  auto  del   14  de  febrero  de  2002  que  permitía  la  variación de         la        calificación        no        sólo por  prueba  sobreviviente,  sino  también mediante  prueba   antecedente,  esto   es   la  realizada  con  una  nueva  mirada  o  apreciación  probatoria,  pues:   

“Al  admitirse  que  la  variación de la calificación pueda efectuarse de igual con  ‘pruebas   antecedentes’  requisito  de  procedibilidad  no  consagrado  de  manera  expresa  en el artículo 404  de  la Ley 600 de 2000, de alguna manera se permite sin fundamento legal para el  caso  de  debido  proceso  instrumental  con  incidencias  sustanciales  que  la  Fiscalía  en  la  etapa  del  juicio  pueda  llegar  a  efectuar  enmendaciones  oficiosas  a  la calificación provisional dada en la resolución de acusación,  bajo  el  solo  predicado  de  la  palabra  de  haber  omitido  valorar  pruebas  consideradas        como       ‘antecedentes’,  facultades  oficiosas  que  por  vía  jurisprudencial  no son  dables  otorgar  a  un sujeto procesal no obstante que éste se predique como el  titular  de  la  acusación  y que como tal, sólo puede proceder conforme a las  “formas  propias del juicio” a variar la calificación, no bajo el argumento  de   la   enmendación   o   del   olvido   valorativo   de   una   ‘prueba   antecedente’,   sino   bajo  el  presupuesto  normativo  y de debido proceso penal instrumental de incidencia sustancial de la  ‘prueba  sobreviniente’.   

La   Sala   precisó   que  las         variaciones         de        agravación,   diferentes   a   la   errónea  calificación  que  hacen relación al nomen          iuris,  sólo  son  procedentes  en  la  medida en que se dé el presupuesto fáctico de  prueba  sobreviviente surtida en la fase del juicio,  así se determinó que:   

“Al hallarse  ubicada  la  variación  de la calificación al interior de la etapa del juicio,  fase  de  características  esenciales  de  concentración  y  de contradicción  probatoria,  es  como se comprende de acuerdo a lo imperado por el artículo 404  que  las  variaciones  de  la  calificación  distintas  a los temas de errónea  calificación     que     dicen     relación     con     nomen     iuris    diferentes,   sólo   son  procedentes  conforme  a  dicha  normativa  en la medida en que hubiesen surgido  “pruebas  sobrevinientes”  y  que  en  su  contrario  ante  la  inexistencia  material  y  jurídica  de  éstas  en  la etapa del juicio, por ausencia de ese  requisito  de  procedibilidad y postulado de necesidad de la prueba no es viable  efectuar    ninguna    variación    agravante    de   calificación”.   

En  este  caso,  las  pruebas técnicas   practicadas  en  los  albores  de  la  investigación  determinaron   que   la   sustancia   incautada   correspondía  a  cocaína         clorhidrato25  con un peso bruto   de   156.223,   pero   con   un  peso  neto  de    19.402    gramos.26   La  resolución        de        acusación  fue  por  el  delito   previsto   en   el   artículo   33   de   la  Ley    30    de   1986             (modificado  por  el  artículo  17 de  la    Ley    365    de   1997),  en  tanto  que  en la audiencia pública al surtir el trámite  del    artículo    404    de   la   Ley  600  de 2000 se varió la calificación jurídica provisional  para   incluir  la  circunstancia  de  agravación  prevista   en   el   numeral   3°   del   artículo   38   de  la  Ley   30   de   1986   (cuando  la  cantidad de sustancia incautada sea superior a cinco  (5) kilos de cocaína).   

Como   se  observa,  se  trató  de  una  modificación  basada  simplemente  en  prueba  antecedente, hecha con una nueva  lectura  del  funcionario  que representaba para ese  momento a la Fiscalía.   

Bajo   esta  perspectiva,    es  palmario    que    conforme    con    la   nueva   tesis   jurisprudencial,   no  resultaría  dable  agravar  la situación jurídica del procesado  por  cuanto  no  medió prueba sobreviviente y si bien se  podría contra-argumentar que para casos como estos  en  los  que  la  interpretación  con  criterio de  autoridad   favorece   al   procesado   existe  la  específica  causal  de  revisión  prevista  en  el  numeral  6°  del  la  Ley  600  de  2000  “cuando  mediante  pronunciamiento  judicial,  la  Corte  haya cambiado favorablemente el  criterio     jurídico    que    sirvió    para    sustentar    la    sentencia  condenatoria”,  una  postura  de  tal  jaez  desconocería  el  papel  de  la  Corte  en  sede de  casación  destinado  a velar por la efectividad del  derecho  material  y las garantías debidas a las personas que intervienen en la  actuación penal.   

El     rol     de     garante  no  sólo  de  los  derechos  fundamentales, sino de los  fines  esenciales  del  Estado,  especialmente, el de asegurar la vigencia de un  orden   justo,   en   aras   de   la  materialización  de  la  justicia  en  la  decisión, llevan a la Corte a aplicar en este caso  el  reciente  criterio  jurisprudencial,  como  lo  ha  hecho  con  anterioridad  Vg., en decisiones hito  como    la    que    precisó    que    las   circunstancias   de   agravación  punitiva  han  de estar  incluidas   en   la   resolución   de   acusación  o  la  de  la  non  reformatio in            pejus,    por    citar    algunos  ejemplos,   que  han  obligado   a   tener   en   cuenta   esas  nuevas  interpretaciones  para  casos  precedentes,  cuando  incluso las decisiones en las  instancias     estuvieron    soportadas    en    la    línea    jurisprudencial  revaluada.   

En    efecto,    aunque   para  el  momento en que se dio la variación de la calificación  jurídica  se  ajustó  a  la  jurisprudencia de ese entonces, el nuevo criterio  judicial  ha  de  tenerse  en  cuenta  en  este  caso, ya que se advierte que la  inclusión  de  la  causal de agravación del delito contra el bien jurídico de  la   salud   pública   para  la  cual  no  medió  prueba  sobreviniente  tiene  trascendencia, como que  duplicó  la  pena  mínima  de  seis  (6)      años      al   pasarla   a  doce  (12) años,  lo  que  lleva  a  que la Corte case parcialmente el  fallo     a     fin     de     excluirla  de  la          condena.   

2.            De  la  inclusión  de circunstancias de  mayor punibilidad   

La     inclusión      de   circunstancias   de mayor  o menor  punibilidad en la resolución  de  acusación,  siempre que no hayan sido previstas de otra manera, tiene clara  incidencia,  no sólo por su necesaria discusión y contradicción en desarrollo  del  proceso,  sino  porque  ellas se reflejarán en el proceso de dosificación  punitiva,  pues  fijados  los límites mínimos y máximos del delito en los que  se  ha  de mover el fallador teniendo en cuenta las circunstancias modificadoras  de  tales  extremos  (Vg.  causales  de  agravación específicas), establecerá  según  la  concurrencia  de  causales de mayor o menor punibilidad, el cuarto o  cuartos  dentro  de  los que deberá determinar en concreto la pena a través de  la  ponderación de los factores concernientes a la mayor o menor gravedad de la  conducta,  el  daño real o potencial causado, la naturaleza de las causales que  agraven  o  atenúen la punibilidad, la intensidad del dolo, la preterintención  o  la  culpa  concurrentes,  la  necesidad  de pena y la función que ella ha de  cumplir en el específico caso.   

La  precisión  de  la acusación impide al  juez  agravar  la  responsabilidad  del  acusado  al  adicionar  hechos  nuevos,  suprimir  atenuantes  reconocidas  en  la  acusación  o  incluir  agravantes no  contempladas  en  ella  o  en la variación de la calificación jurídica cuando  haya  mediado prueba sobreviniente, so pena de infringir el denominado principio  de  congruencia integrado por la correspondencia entre lo imputado, lo juzgado y  lo sentenciado.   

La acusación se constituye así en el marco  conceptual,  fáctico  y  jurídico de la pretensión punitiva del Estado, sobre  la  cual  se  soportará  el  juicio  y el fallo, garantía que se refleja en el  derecho   de  defensa  ya  que  el  procesado  no  podrá  ser  sorprendido  con  circunstancias  que  no  haya  tenido  la  oportunidad  de  conocer  y  menos de  controvertir.   

En  el  caso  de  la  especie  el  juzgador  consideró  la  concurrencia  de  la causal de mayor punibilidad relacionada con  haber  obrado  en  coparticipación  criminal,  prevista  en el numeral 10° del  artículo  58  del  Código  Penal,  situación  que  a la postre lo hizo ubicar  dentro  del  ámbito de movilidad en los cuartos medios, cuando correspondía no  sobrepasar  el  primero,  por  cuanto  en  la  resolución  de  acusación no se  advierte   la   inclusión   de   la   nomenclatura   legal  de  tal  causal  de  intensificación  punitiva,  ni se puede establecer del recuento fáctico que el  propósito del ente acusador haya sido atribuirla al incriminado.   

La  juez  a  quo  consideró:   

“Como  se puede observar, en el presente  caso  se  procederá  a  determinar  la  sanción  dentro  de los cuartos medios  teniendo  en  cuenta  que  se observa la presencia de una circunstancia de menor  punibilidad  como quiera que el procesado carece de antecedentes, consagrada por  el  artículo  55-1  del C.P.., así como también se configura la circunstancia  de  agravación  que  hace referencia a la coparticipación criminal que aparece  señalada  en  el  numeral 10° del artículo 58 del C.P., por lo que el ámbito  punitivo va de catorce (14) a veinte (20) años de prisión”   

Es  palmario que el fallador no atendió el  pliego   acusatorio   en   el  que  no  se  dedujeron  circunstancias  de  mayor  punibilidad,  situación  que  el  Tribunal  avaló  con  la confirmación de la  condena,  con  lo  cual desbordaron los términos y alcances de la acusación al  sorprender  con  la  inclusión  de  la  circunstancia  de  mayor punibilidad no  conocida  por el enjuiciado, yerro trascendente que afecta incluso su derecho de  defensa,  lo  que  impone que a través del ejercicio de la facultad oficiosa la  Corte lo corrija.   

Por  lo  anterior,  es  necesario entonces,  eliminar  como  criterio  de  dosificación de la pena la circunstancia de mayor  punibilidad  contemplada  en  el numeral 10º del artículo 58 del Código Penal  —Ley    599    de  2000—,27   

que incluyeron los falladores.  

3.           De la sanción pecuniaria   

Evidentemente para la fijación de esta pena  se  ha  de  respetar el marco de punibilidad fijado en el tipo penal, dentro del  cual  debe  proceder  a  ponderar  los  restantes  criterios  que  la  misma ley  prescribe para su cuantificación.   

En   este  caso  la  sanción  pecuniaria  acompaña   la   pena   aflictiva   de  la  libertad,  al  aparecer  contemplada  específicamente  entre  cien  (100)  a cincuenta mil (50.000) salarios mínimos  legales mensuales.   

En  el  fallo no aparece alguna motivación  para  la  fijación  de  la  multa,  además, indebidamente no respetó el mismo  parámetro  tenido  en  cuenta  para  la  pena  de prisión concurrente, pues al  partir  de  cien (100) salarios mínimo legales mensuales y su duplicación dada  la  causal  de agravación fundada en la cantidad de sustancia hallada, esto es,  al  partir  de  doscientos  (200)  salarios,  se fijó la multa en cuatrocientos  (400) salarios mínimos legales mensuales.   

Por  lo  tanto,  el  fallador  incurrió en  vulneración  de  garantías  fundamentales, ya que si determinó que la pena de  prisión  a  imponer  a la procesada correspondía al mínimo del segundo cuarto  punitivo  del  tipo  en  comento (catorce años) aumentado en seis (6) meses, el  mismo  parámetro  debió  aplicar  para fijar la sanción de multa, dado que no  resulta  coherente  ni  acorde  con el principio de proporcionalidad que la pena  pecuniaria    concurrente    con    la   prisión   se   duplique   sin   alguna  justificación.   

Así las cosas, la pena principal de multa a  imponer  también  será  modificada por la Sala al casar parcialmente el fallo.   

Por razón de lo expuesto, la Corte partirá  del  primer  cuarto punitivo establecido para el delito previsto en el artículo  33  de  la Ley 30 de 1986 (modificado por el artículo  17  de la Ley 365 de 1997), y respetando el porcentaje  de  incremento  para la pena de prisión que consideró la juez de primer grado,  que  respecto de catorce (14) años, —como   rango   mínimo   del  segundo  cuarto  punitivo—aumentó  solo  seis  (6) meses por  razón  de  la gravedad del delito, esto es, un 3.57%, se partirá ahora de seis  (6)  años —como límite  menor  del  primer  cuarto  punitivo—,  y con aludido porcentaje la pena de prisión quedará en setenta  y cuatro (74) meses y diecisiete (17) días de prisión.   

Para  la  pena  pecuniaria  se partirá del  mínimo  de  cien  (100)  salarios  mínimos y con el mismo rasero se fijará en  ciento tres y medio (103.5) salarios mínimos legales mensuales.   

En el mismo término de la pena privativa de  la  libertad  se fija la sanción accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de derechos y funciones públicas.   

Finalmente,  dada la sanción principal por  imponer  al  enjuiciado,  la Sala estima que lo decidido en manera alguna afecta  las  consideraciones  de  los juzgadores en las instancias que no concedieron el  subrogado  penal  de  la suspensión condicional de la ejecución de la pena, ni  el  sustituto  de  la  prisión  domiciliaria  por no cumplirse con el requisito  cualitativo dada la pena impuesta.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.            NO  CASAR  el  fallo  por  razón  de  los  cargos  formulados  en la demanda presentada por el  defensor de FABIO GUILLERMO MORERA RIVERA.   

2.              CASAR    OFICIOSA   Y   PARCIALMENTE  el fallo recurrido en el sentido de excluir la causal  de  agravación prevista en el numeral 3º del artículo 38 de la Ley 30 de 1986  por   no   estar  soportada  en  prueba  sobreviniente  destinada  a  variar  la  calificación jurídica provisional.   

3.                CASAR  OFICIOSA  Y PARCIALMENTE la sentencia de segundo grado  para  marginar  la circunstancia de mayor punibilidad (artículo 58 numeral 10°  del  C.P.)  deducida  por el juzgador relación con el procesado FABIO GUILLERMO  MORERA   RIVERA,   por   no   haber   sido   incluida   en   la  resolución  de  acusación.   

4.             CASAR   DE   OFICIO   Y   PARCIALMENTE  el   fallo   para  ajustar  la  sanción  pecuniaria  concurrente con la pena de prisión.   

5.            PRECISAR que,  por  razón de la casación oficiosa aquí dispuesta, la pena principal impuesta  al  procesado FABIO GUILLERMO MORERA RIVERA como coautor del delito de tráfico,  fabricación  y  porte  de  estupefacientes  es de setenta y cuatro (74) meses y  diecisiete  (17)  días  de prisión, en tanto que la pena pecuniaria se fija en  ciento tres y medio (103.5) salarios mínimos legales mensuales.   

En el mismo término de la pena privativa de  la  libertad  se fija la sanción accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de derechos y funciones públicas.   

6.           En  lo  demás,  el  fallo impugnado se  mantiene incólume.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

         

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

      

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                    ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS             AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN            

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANES            YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                  JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  La  Ley 365 de 1997 entró a regir el 22 de febrero de 1997.   

2  Folio 65 cuaderno N° 2   

3  Folio 103 ídem   

4  Folios 130 y 131 ibídem   

5  Folio 165 Cuaderno N° 2   

6  Folio 174 idem   

7  Folio 210 ibídem   

8  Folio 44 cuaderno de segunda instancia Fiscalía   

9  Folio 230 Cuaderno N° 2   

10  Folio 27 cuaderno N° 3   

11  Folio 33 idem   

12  Foli 116 ibídem   

13  Folio 123 Cuaderno N° 3   

14  Foilio 128 ídem   

15  Folio 137 ibídem   

16  Foilio 144 ibídem   

17  Folio 149 y 150 idem   

18  Folio 159 idem   

19  Folio 180 idem   

20  Folios 192 a 194 ibídem   

21  Folio 269 cuaderno N° 3   

22  Corte  Suprema  de  Justicia.  Sentencia  de  3  de  mayo  de  2007.  Radiación  23486   

23  Cfr.  Sentencias del  17 de mayo de 2001. Rad. 15634 y 1° de junio de 2006  radicación 22980, entre otras.   

24  Folios 118 a 123 Cuaderno N° 6   

25  Folio 296 cuaderno N° 1   

26  Folio 226 ídem   

27    El   ámbito   de   punibilidad   del   delito   es   el  siguiente:   

Tráfico,  fabricación y porte de estupefacientes             

Art.  33  Ley 30/86  (modificado por el art 17 de la Ley 365/97  

Límites punitivos             

6    a    20  años  

Ámbito    de  punibilidad             

14  años  

Factor             

3.5 años  

Cuartos punitivos             

6   años   a   9  años  y  6  meses   

9 años, 6 mese y 1 día a 13 años  

13 años a 16 años 6 meses  

16 años, 6 meses y 1 día a 20 años  

    

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