25587(02-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 25.587  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta  No. 175                                                                                       Magistrado  Ponente:   

                                     Dr. JOSE LEONIDAS BUSTOS MARTINEZ   

Bogotá,  D.  C.,  dos  de  julio  de dos mil  ocho.   

Decide  la  Corte  el  recurso  de  casación  interpuesto   por  el  defensor  de   Luis  Díaz  Llerena  contra la sentencia dictada el 13 de enero de  2006  por  el  Tribunal  Superior  de San Andrés, mediante la cual confirmó la  proferida  el  8  de  septiembre  de  2005 por el Juzgado Penal del Circuito del  mismo   lugar,   que  condenó  al  procesado  por  el  delito  de  enriquecimiento   ilícito   de   servidor   público,  en concurso homogéneo.   

Hechos.  

El  11  de  abril  de  2000,  el  señor  Pedro    Eduardo    Abello    Navarro   denunció   penalmente   ante   el  Departamento  Administrativo  de  Seguridad  (DAS)  de  San Andrés Islas, al señor Luis  Díaz  Llerena,  para  entonces Técnico Operativo del  Instituto  Nacional  de  Pesca  y Acuicultura (INPA), de aprovechar el cargo que  venía  desempeñando  para  comerciar  perlas de caracol pala (strombus gigas),  sin  tener autorización para hacerlo y sin pagar impuestos, y en algunos casos,  presionando  a  los  pescadores y armadores con denunciarlos ante el INPA por el  incumplimiento  de  los  reglamentos, para obtener de ellos las mejores perlas y  su venta a precios muy favorables.   

Actuación  procesal  relevante.   

1  La fiscalía inició investigación formal  por  estos  hechos, vinculó a la actuación mediante indagatoria a Luis  Díaz  Llerena,  y el 14 de enero de  2003  calificó  el mérito probatorio del sumario con resolución de acusación  en  su contra por el delito de enriquecimiento ilícito  de  servidor  público,  en  concurso  homogéneo,  de  conformidad  con  lo  previsto  en  el  artículo  148  del Decreto 100 de 1980,  modificado  por el 26 de la Ley 190 de 1995. Esta decisión causó ejecutoria el  8        de        abril        de       2003.1   

2.  Rituado  el  juicio, el Juzgado Penal del  Circuito  de San Andrés, mediante sentencia de 8 de septiembre 2005, condenó a  Luis  Díaz Llerena a la pena  principal  de  96  meses  de  prisión,  inhabilitación  para  el  ejercicio de  derechos   y   funciones   públicas   por   el   mismo  término,  y  multa  de  $147’750.000,  como autor  responsable   del   delito   imputado   en  la  resolución  de  acusación,  en  concurso2.   

3. La defensa apeló esta decisión para pedir  la  nulidad de la actuación por violaciones al debido proceso, o la absolución  por  ausencia  de  prueba, pero el Tribunal Superior de San Andrés, mediante el  suyo  de  13  de  enero  de  2006, que ahora el mismo sujeto procesal recurre en  casación,   lo   confirmó  en  todas  sus  partes3.   

La         demanda.   

Con  fundamento  en  la  causal  primera  del  artículo  207  de  la  Ley  600 de 2000, cuerpo primero, el demandante acusa la  sentencia   impugnada  de  violar  en  forma  directa  la  ley  sustancial,  por  aplicación  indebida  del  artículo 412 de la Ley 599 de 2000 (148 del Decreto  100  de  1980), que define el delito de enriquecimiento  ilícito de servidor público.   

Sostiene que los juzgadores, en el proceso de  tipificación  de  la  conducta,  incurrieron  en  un  error de selección de la  norma,  por  aplicación  indebida, porque los hechos investigados no encuentran  adecuación  en  el  referido tipo penal, ni en ningún otro, siendo lo correcto  haber  declarado  la atipicidad del comportamiento, en aplicación del principio  de tipicidad.   

Explica  que el simple aumento del patrimonio  no   es   suficiente   para   la   tipificación   del  delito  de  enriquecimiento  ilícito, porque la norma,  además  de  este  imperativo,  exige  como  condición que el incremento no sea  justificado,  y  que la conducta no constituya otro delito, lo que significa que  sólo  es  posible deducir responsabilidad penal por exclusión, pues el injusto  consiste   en   no  poder  justificar  el  incremento  patrimonial  adquirido.    

En  el  caso  estudiado, de acuerdo con los  hechos  y  pruebas  aceptados  por  los  juzgadores,  se  tiene que Luis  Díaz Llerena se dedicaba al comercio  de  perlas, un negocio muy lucrativo, dentro del contexto de una competencia muy  desequilibrada,  lo  cual  justifica  plenamente  los  márgenes de utilidad del  procesado,  no  siendo  posible,  por  tanto,  afirmar  que  no se justificó el  incremento.   

Tan  cierto  es que la causa del acrecimiento  patrimonial  se  debió  a la actividad en el comercio de perlas, que este hecho  es  reconocido,  a todo nivel, como una verdad incontrovertible, inclusive en el  proceso  disciplinario  que  se  inició  en  su  contra  y  que  concluyó  con  destitución del cargo en primera y segunda instancia.   

Hallándose   probado,   entonces,  que  el  procesado  se dedicaba al comercio ilegal de perlas marinas de caracoles pala, y  que  este  negocio constituyó la fuente de su incremento patrimonial, no podía  aplicarse  el  artículo 412 del Código Penal, porque este tipo penal presupone  desconocer el origen del enriquecimiento.    

Si  la  procedencia del incremento se conoce,  hay   que   darlo   por  justificado,  independientemente  de  que  provenga  de  actividades  lícitas  o  ilícitas,  o de la manera como se amasó, aún siendo  desde  todo  punto  de vista contrario a los deberes del cargo que desempeñaba,  por    haber    utilizado    sus    funciones    para    su   propio   beneficio  personal.   

Es  carga técnica en casación precisar qué  norma  dejó  de  aplicarse  con ocasión de la selección indebida. Pero ocurre  que  el  comercio  ilegal  de perlas no encuentra en la legislación penal norma  alguna  que la provea, resultando dicha actividad, por tanto, atípica. De allí  que   la   sentencia   de   la   Corte   no   pueda  ser  sustitutiva,  sino  de  absolución.   

Concepto del Ministerio Público.   

La  Procuradora  Tercera  Delegada  para  la  Casación  Penal  solicita  a  la  Corte  no  casar la sentencia impugnada, pues  considera  que  el  aumento patrimonial que el procesado obtuvo no derivó de su  salario,  ni  de  actividades  lícitas  por fuera del ámbito laboral, sino por  abuso de la función pública que desempeñaba.   

Sostiene que la jurisprudencia de la Corte ha  sido  reiterativa  en  señalar que la punición del enriquecimiento ilícito de  servidor  público exige la afluencia de varias condiciones, (i) que se trate de  un  enriquecimiento  patrimonial  doloso,  (ii)  que  el  aumento patrimonial se  obtenga  por  razón  del  cargo  o  con ocasión de sus funciones, (iii) que el  aumento  patrimonial  carezca de causa que lo justifique, y (iv) que la conducta  no se enmarque  en otro delito.   

Examinados  estos requerimientos frente a los  hechos  del  caso,  ningún  error  se advierte en la selección de la norma que  describe  la  conducta típica, porque el procesado se dedicó al jugoso negocio  del  comercio  de  perlas  naturales  de  caracol  pala,  en  horas  laborables,  aprovechando  su  condición  de  Inspector  del  INPA,  lo  cual le daba acceso  privilegiado  a  las  embarcaciones  pesqueras, con lo cual se satisface el dolo  que requiere la conducta para la configuración del delito.   

No  es cierto, como lo plantea el demandante,  que  el  incremento  patrimonial  esté justificado y que la conducta no sea por  tanto  delictiva. O que por no ser el comercio de perlas una actividad ilícita,  el  procesado  no  haya  incurrido  en el delito de enriquecimiento ilícito. La  actuación  demostró  que  el  aumento  de  su  patrimonio fue notable y que la  actividad  comercial  que  desarrollaba  la  cumplía con abuso de la función y  violación de la ley disciplinaria.   

Al  procesado  le  fue  imputado el delito de  enriquecimiento  ilícito  de  servidor  público,  porque  la investigación no  demostró  la  exacción  a que sometía a los pescadores, para obligarlos a que  les  vendieran  las  perlas,  a  precios favorables, so pena de amonestarlos por  irregularidades   administrativas  que  eventualmente  pudiera  detectar  en  el  desempeño de sus funciones de Inspector.   

SE        CONSIDERA:   

El  cargo  propuesto  contra  la  sentencia  impugnada  se  sustenta  en  la  afirmación  de  que  los  hechos que sirven de  sustrato  a  la imputación fáctica no configuran el tipo penal de enriquecimiento    ilícito    de   servidor   público,   que  los  juzgadores  le  atribuyeron  al  procesado,  porque  la  condición  típico  normativa  consistente  en  que  se  trate de un incremento  patrimonial  no justificado,  no concurre en el caso en estudio.   

Atendiendo  el contenido del ataque, la Corte  analizará  primero  la  estructura  dogmática  del  tipo penal que describe la  conducta   imputada   al  procesado,  con  el  fin  de  dejar  establecidos  los  requerimientos  legales  que  se  exigen  para su configuración, y después los  hechos  del  caso  concreto,  que  los  juzgadores  declararon  probados, con el  propósito  de  determinar  si se avienen o no a la descripción del tipo penal.   

1.    Estudio  dogmático.   

       

Luis    Díaz    Llerena    fue  acusado  y condenado por infringir el artículo 148 del Decreto  100  de  1980,  modificado  por  el 26 de la Ley 190  de 1995 (norma    vigente    cuando    ocurrieron   los   hechos),  que  elevó  a  la  categoría de delito, bajo la nominación de  enriquecimiento  ilícito, la  conducta  del  servidor público que “por razón del cargo o de sus funciones,  obtenga   incremento  patrimonial  no  justificado,  siempre  que  el  hecho  no  constituya otro delito”.    

De acuerdo con esta descripción típica, son  elementos  estructurales  de  la  conducta  delictiva los siguientes, (i) que el  sujeto  activo  sea  un  servidor  público,  (ii) que su patrimonio registre un  incremento  patrimonial,  (iii)  que  este  acrecimiento  patrimonial carezca de  justificación,  (iv)  que exista nexo causal entre el desempeño del cargo o el  ejercicio  de  la  función  y  el aumento del patrimonio, y (v) que el hecho no  constituya otro delito.   

Los  dos  primeros presupuestos (que  el  sujeto activo sea un servidor público y que su patrimonio  registre  un  aumento) no revisten mayores dificultades  para  su  entendimiento.  El  primero  significa  que  el delito sólo puede ser  cometido  por  un  servidor  público  en ejercicio del cargo o de las funciones  inherentes   al   mismo,   y   el   segundo,   que   debe  probarse  un  aumento  desproporcionado  de  su  patrimonio  económico durante el tiempo que estuvo al  servicio    de    la   administración   pública.4    

La diferencia patrimonial a que se refiere el  segundo  elemento,  no  necesariamente  debe  reflejarse  en  el  aumento de los  activos.  La  Corte ha dicho que también existe incremento de riqueza cuando se  evidencia  disminución  de  los pasivos, o se generan gastos exagerados, que no  resultan   acordes   con   los  ingresos  salariales,  ni  con  las  actividades  particulares     lícitas    que    el    funcionario    desarrolla.5   

La condición normativa consistente en que el  acrecimiento  patrimonial  carezca de justificación, significa que las entradas  adicionales   o  diferencias  que  se  advierten  en  el  patrimonio  no  hallan  explicación  plausible  en  la remuneración percibida por el servidor público  en  el  desempeño  del  cargo,  ni en las utilidades obtenidas con ocasión del  ejercicio   de   actividades   o  negocios  particulares  lícitos,  ni  en  sus  rendimientos.6   

La  existencia  de nexo causal entre el cargo  público  y  el enriquecimiento no justificado, implica acreditar que el aumento  patrimonial  proviene del ejercicio del cargo o de la función pública, pero no  saber,  con  precisión,  el  tipo de actividad vinculada con el ejercicio de la  actividad  funcional, o relacionada con el desempeño del cargo, que alimenta en  concreto      los      ingresos     extras.     7     

El último presupuesto, consistente en que la  tipicidad  de este ilícito sólo opera cuando el hecho  no   constituya   otro  delito,  define  el  carácter  subsidiario  del  tipo,  particularidad que en criterio reiterado de la Corte no  busca  solucionar  eventuales  conflictos  aparentes de tipos, como de ordinario  ocurre,  sino impedir que por falta de determinación del origen específico del  incremento,  el  atentado  contra la administración pública pueda quedar en la  impunidad,   

“Singularizado el caso del enriquecimiento  ilícito,  de  tiempo atrás tenía ya precisado por su parte la doctrina que la  subsidiariedad      en     él     ‘…  opera  de  modo  diverso, por cuanto en estricto sentido no se  trata  de  que  el  hecho  no  constituya  otro  delito, sino de que no aparezca  demostrada  en  concreto  la  comisión  de uno o varios delitos cumplidos en el  ejercicio   del   cargo’  (Luis  Enrique  Aldana  Rozo,  El  Catedrático,  el  Procurador, el Magistrado,  Editorial  Universidad  Externado  de  Colombia,  1987, pag. 94)”.8   

En idéntico sentido se pronunció la Corte en  decisión    de    21   de   noviembre   de   19909,  oportunidad  en la cual hizo  las siguientes precisiones sobre el punto:   

“Pertinente  es  aclarar,  como lo hace el  Magistrado  Aldana  Rozo  en  el  estudio  transcrito  por la Delegada, que este  carácter  subsidiario que se le dio al punible, no fue para solucionar posibles  conflictos  aparentes  de tipos, como con frecuencia lo hace el legislador, sino  para  impedir  que  por  falta  de precisión probatoria quedara en la impunidad  cualquiera  de  los otros delitos contra la administración pública.   

“Es  decir,  que  si  se  demuestra que un  empleado  oficial  se enriqueció injustificadamente por razón de su cargo o de  las  funciones  propias  de  éste,  pero  la  prueba  no permite establecer con  precisión  si  el  incremento  patrimonial  fue  producto de un peculado, de un  cohecho,  de  una  concusión,  etc.,  habría  necesidad  de  absolverlo  si no  existiera  en  el  Código  la  figura  del  enriquecimiento ilícito, concebida  precisamente para suplir esta falta de precisión probatoria.   

“Porque  si  la prueba permite deducir con  certeza  que  el  incremento  patrimonial  fue  el  fruto  de un peculado, de un  cohecho,  etc.,  pues  obviamente  al  empleado  oficial se le condenará por el  peculado,  o  por el cohecho, o por el delito contra la administración pública  que   con  precisión  se  hubiere  establecido”.10   

Siendo este el alcance en el cual la doctrina  de  la Corte ha entendido el carácter subsidiario que ostenta el tipo penal que  describe   el  enriquecimiento  ilícito  de  servidor  público,  la  conclusión  que  se  sigue  es  que su  tipificación  sólo  es posible cuando probatoriamente no logra establecerse la  actividad  que  en  concreto  da origen al incremento patrimonial injustificado,  pero  la  prueba  muestra  como causa cierta o próxima del mismo, el desempeño  del cargo o el ejercicio de la función.   

Por   contraposición,  si  el  origen  del  acrecimiento  patrimonial  se  conoce, o lo que es igual, si la prueba establece  que  los  recursos  provienen  de una fuente determinada, el juicio de tipicidad  debe   descartar   de   plano   la   hipótesis   delictiva   del   enriquecimiento  ilícito,  pues  en  este  caso,  la  conducta  derivará  necesariamente  en  la  comisión  de  un delito  autónomo,  o en su atipicidad, cuando el hecho, de suyo, no estructure ilicitud  penal    alguna.        

Si  la investigación establece, por ejemplo,  que  el  incremento  proviene  de  la apropiación de fondos que estaban bajo el  cuidado  del  funcionario,  o  de  exigencias  dinerarias a los usuarios para la  realización  de actos propios del cargo, o de actividades del narcotráfico, se  estructurará,  en  su orden, un delito de peculado, uno de concusión, o uno de  tráfico de estupefacientes, según cada caso.   

Pero si la actuación prueba que el incremento  proviene  de actividades que de suyo no son constitutivas de delito, la conducta  será   atípica,   porque  la  subsidiariedad  de  la  norma  que  describe  el  enriquecimiento   ilícito   de   servidor   público  no  tiene  por  objeto  sancionar  supletoriamente los  incrementos  patrimoniales  indebidos que no encuentren adecuación en otro tipo  penal,  sino  sólo  los que provienen del ejercicio del cargo o de la función,  en  los  que la actividad específica que los origina no ha logrado determinarse  probatoriamente,    

“no se trata de que el hecho no constituya  otro  delito, sino de que no aparezca demostrada en concreto la comisión de uno  o varios delitos cumplidos en ejercicio del cargo”.   

2. El caso concreto.   

Luis    Díaz    Llerena    fue  denunciado  penalmente por obstaculizar la comercialización de  perlas  de  caracol  pala  (Strombus gigas)  a  las  personas  que  tenían  autorización para hacerlo, y por  dedicarse   a  su  explotación  comercial  sin  tener  el  respectivo  permiso,  aprovechando  las  ventajas  que  le ofrecía el cargo de Técnico Operativo del  Instituto Nacional de Pesca y Acuicultura (INPA), que ocupaba.   

La  comercialización de este producto es una  actividad  controlada,  que  requiere  para  su  ejercicio  un  permiso especial  otorgado  por  el  Instituto Nacional de Pesca y Acuicultura, donde se fijan las  condiciones  de la explotación, entre ellas, período de duración, cantidad de  perlas  que  pueden  ser comercializadas anualmente, y el valor del impuesto que  corresponde    pagar    por    su    explotación.11   

La investigación estableció que Luis  Díaz Llerena desempeñó el cargo de  Técnico  Operativo del Instituto Nacional de Pesca y Acuicultura en San Andrés  desde  el 6 de abril de 1991 hasta el 18 de febrero de 2002, y que dentro de las  funciones  que  debía desarrollar se encontraban, (i)  hacer  cumplir  la  normatividad vigente en la pesca, (ii) realizar operativos y  vigilancia  en  la  veda  del  caracol  pala  Strombus  gigas,  y (iii) realizar  inspecciones  técnicas  y oculares a las embarcaciones pesqueras que llegaban a  puerto.    

También   demostró   que   Luis  Díaz  Llerena  comercializaba perlas  de    caracol   pala   (Strombus   gigas)  desde antes de entrar a ocupar el cargo de Técnico Operativo del  Instituto  Nacional  de  Pesca  y  Acuicultura,  sin   tener permiso de las  autoridades  competentes para adelantar dicha labor, y que durante el tiempo que  laboró  en  el Instituto continuó haciéndolo, sin autorización, amparándose  en las ventajas que la función le ofrecía.    

Específicamente   logró  acreditarse  que  durante  el  período de ejercicio del cargo de Técnico Operativo del Instituto  Nacional  de  Pesca  y  Acuicultura  (INPA), Luis Díaz  Llerena  realizó cuatro operaciones de venta de perlas  de    caracol   pala   (Strombus   gigas),  con  la Sociedad de Comercialización Internacional KM Limitada,  por     valor    total    de    $147’750.000, así:   

Diciembre   6   de   1999     …………………        $27’000.000   

Agosto       14       de       2000  ………………………$22’000.000   

Enero  23 de 2001……………………….  $62’000.000   

Mayo  21  de 2001……………………….  $36’750.000   

TOTAL…………………………………..$147’750.000   

Estos  hechos  determinaron su condena por el  delito   de   enriquecimiento  ilícito  de  servidor  público,  en  cuantía  igual  al valor de las cuatro  transacciones    mencionadas    ($147’000.000),  pues  se  consideró  por los juzgadores de instancia que  esta  actividad le había generado unos ingresos cuantiosos, injustificados, que  reñían con el decoro que debía guardar como servidor público,   

“[…] olvidando el decoro que debe guardar  todo  funcionario  público en protección del Estado al que representa en todos  sus   actos,   públicos  y  privados,  Díaz  Llerena  se     dedicaba     al  comercio de manera paralela a su labor como Inspector  del  INPA,  de  lo  que  derivó  ingresos  cuantiosos,  cuestión perfectamente  reprochable   y   que   el   acusador  fijó  en  la  ilicitud  de  ‘enriquecimiento   ilícito’,  por  la  que se le condenará en esta  providencia”   (Sentencia   de  primera  instancia,  página 7).   

“[…]  porque  lo  cierto  es que con los  documentos  aportados  por  la  Sociedad  de  Comercialización Internacional KM  Ltda..,  obrantes  a  folios  143  a  157  del  cuaderno  2,  sí se enriqueció  ejerciendo   una   actividad   comercial  cuya  práctica  se  encuentra  reglamentada  y él lo hacía sin  permiso  o  autorización  alguna, peor aún, abusando del cargo en el INPA como  Técnico  Operativo  y del conocimiento que sus funciones le proporcionaban para  competir  con  quienes  sí  están  legalizados  para  comerciar  con perlas de  caracol   pala…”    (Sentencia   de  segunda  instancia, página 15).   

Estas  referencias,  permiten  afirmar que el  incremento    patrimonial    que   determinó   la   condena   de   Luis   Díaz  Llerena  por  el  delito  de  enriquecimiento   ilícito   de   servidor   público  provino   de   una  actividad  comercial  específica  (la   compraventa  de  perlas  de  caracol  Strombus  gigas),  para  la cual el implicado no había obtenido  permiso  de  las  autoridades  competentes,  y  por  ende,  que no se trataba de  incrementos  obtenidos  por  razón  del  ejercicio  del cargo o de la función.   

Esto resquebraja la estructuración del delito  de     enriquecimiento    ilícito    de    servidor  público,  porque para la realización típica de este  hecho  punible  es condición insustituible que exista relación causal entre el  incremento  indebido  y  la función, y este nexo, de acuerdo con los hechos que  sirven  de  fundamento  a  la decisión de condena, no se advierte trabado en el  presente caso.   

Además   de   esta   exigencia,   para  la  configuración  de  este ilícito es necesario que la actividad que da origen el  acrecimiento  patrimonial  no  se  conozca,  porque  este tipo penal, como ya se  dejó  expuesto  en  el  acápite precedente, sólo opera cuando se sabe que los  recursos  provienen  de  un  delito cometido por razón del cargo o con ocasión  del  ejercicio  de  sus  funciones, pero se desconoce, en concreto, la actividad  que los origina.   

El  reproche,  por tanto, en cuanto afirma la  violación  directa  del artículo  148 del Decreto 100 de 1980, que define  el  delito  de  enriquecimiento  ilícito  de servidor  público,  por  aplicación  indebida, está llamado a  prosperar.  Restaría  determinar si la conducta imputada al procesado encuentra  adecuación  en  otro  tipo  penal,  o  si  es  atípica,  como  lo  plantea  el  casacionista en la demanda.   

3.   Juicio  de  tipicidad.   

3.1. En la denuncia se afirma que Luis   Díaz   Llerena   aprovechaba  las  funciones  de  inspección  y  control  que ordinariamente debía cumplir en los  barcos  pesqueros,  para  tener acceso privilegiado a ellos, donde negociaba las  mejores  perlas,  y  que  además presionaba a los pescadores y armadores que no  cumplían  las  exigencias del Instituto de Pesca, con el fin de obtener precios  ventajosos.    

Esta forma de actuar, para obtener ventajas en  los  precios  del  producto,  aprovechando  su condición de Inspector del INPA,  podría   dar   lugar   a   la  configuración  de  un  delito  de  concusión,  puesto que a través de actos  de   constreñimiento  ilegal,  estaría  obteniendo utilidades económicas  indebidas,  equivalentes  a  las diferencias con los precios reales, a cambio de  omitir actos propios de sus funciones.    

Pero  la  prueba  no  avala  esta  hipótesis  delictiva.  Los vendedores de perlas que realizaron negocios con el procesado no  declararon  en  el  curso  del  proceso, y lo que revelan los testimonios de las  personas  que  tenían  autorización  para comercializar el producto, es que el  método  utilizado  por  el  procesado  para  atraer  a  los  vendedores, no era  concretamente     ese,     sino     el     del     ofrecimiento    de    mejores  precios:      

“Es  de  general conocimiento de todos los  pescadores  de caracol que el señor sindicado les compra las perlas y quien les  ofrece  quinientos  mil pesos más que nosotros para que nos las quiten después  de      que      las      hemos      comprado”12   

“  […]  cada  vez  que está haciendo un  negocio  manda  a  un  tercero  para que diga al buzo que el señor LUIS DIAZ le  ofrece   500   o  un  millón  de  pesos  por  arriba  de  lo  que  nosotros  le  ofrecemos”13   

“Hace  aproximadamente tres semanas cuando  yo  estaba  haciendo  la  compra  de  perlas llegó un señor alias verruga  quien  es  el  conductor de una  camioneta   de  propiedad  del  señor  Luis  Llerena,  en  compañía  de  un  señor  de  nombre ESTEBAN, y  primero  trataron de quitarme el negocio ofreciendo quinientos mil pesos más de  lo      que      yo      estaba      dando…”14   

3.2.  La prueba allegada al proceso demostró  en   cambio   que   Luis   Díaz  Llerena  utilizaba  el  cargo que desempeñaba para interferir abusivamente  en  la labor de las personas que tenían licencia para comercializar la perla de  caracol  Strombus  gigas,  impidiéndoles  el libre ejercicio de esta actividad,  conducta  que, para la Corte, se adecua en el tipo penal que define el delito de  abuso  de  autoridad  por  acto  arbitrario e injusto,  previsto  en  el artículo 152 ejusdem, modificado por  el 32 de la Ley 190 de 1995,   

“Abuso  de  autoridad  por  acto  arbitrario  o injusto. Modificado  Ley  190 de 1995, artículo 32. El empleado oficial que  fuera  de  los  casos  especialmente  previstos como delito, con ocasión de sus  funciones  o excediéndose en el ejercicio de ellas, cometa un acto arbitrario o  injusto,  incurrirá  en  multa  de diez (10) a cincuenta (50) salarios mínimos  legales  mensuales vigentes e interdicción de derechos y funciones públicas de  seis (6) meses a dos (2) años”.   

La arbitrariedad del acto, ha sido dicho por  la  Corte,  suele  manifestarse como extralimitación de función o como desvío  de  ella  hacia  fines no contemplados en la ley, lo que sugiere que para tildar  el  acto  de  arbitrario no basta con acudir a la especial motivación que guió  al  servidor  en  la  realización  del  acto  oficial  censurado  sino  que  es  necesario,  además,  que  en  plano meramente externo se manifieste el capricho  como negación de la ley.   

Y  la  injusticia,  por  su  parte,  suele  identificarse  a  través de la disparidad entre los efectos que el acto oficial  produce  y  los  que  deseablemente  debían haberse realizado si la función se  hubiere  desarrollado  con  apego  al  ordenamiento  jurídico;  en  esencia, la  injusticia  debe  buscarse  en  la  afectación  que se genera como producto del  obrar  caprichoso,  ya  porque  a  través  suyo  se  reconoce  un derecho o una  garantía   inmerecida,   ora   porque   se   niega   uno  u  otra  cuando  eran  exigibles.15   

Estas  particularidades  de  la conducta, se  muestran  igualmente diáfanas en el caso en estudio16,  pues  el  procesado,  sin  razón   alguna,   distinta   del  interés  simplemente  personal,  actuaba  en  contravía   de  los  deberes  que  el  cargo  le  imponía,  afectando  con  su  comportamiento  a  las  personas  que  habían  obtenido legalmente permiso para  comercializar  las  perlas  caracol  Strombus  gigas,  quienes debieron soportar  injustamente  limitaciones  en  el  ejercicio  de este derecho, por cuenta de su  accionar abusivo.    

Además  de  típica,  la  conducta se revela  antijurídica   y   culpable,  puesto  que  afectó  el  bien  jurídico  de  la  administración  pública, sin causa que lo justifique, y fue llevada a cabo por  el   procesado   en   forma   voluntaria,  con  conciencia  de  su  tipicidad  y  antijuridicidad,    siéndole    normativamente   exigible   un   comportamiento  distinto.       

3.3.  Adicionalmente podría pensarse que el  comercio   de   perlas   de  caracol  pala  (Strombus  gigas)  sin  tener  autorización  para  hacerlo,  es  constitutivo,  de  suyo,  del delito de aprovechamiento  ilícito  de  recursos  biológicos,  previsto  en  el  artículo  242  del  Decreto  100 de 1980 (modificado por el 19 de la Ley 491 de  1999)17,  pero  cualquier  consideración sobre su eventual estructuración  resulta   innecesaria,   por   hallarse   prescrita   la   acción  penal.    

4.           Decisión.   

De conformidad con lo dispuesto en el numeral  primero  del artículo 217 de la Ley 600 de 2000, la Corte anulará la decisión  de  condena  por  el delito de enriquecimiento ilícito  de   servidor   público,   y   dictará   fallo   de  sustitución,    de    carácter    condenatorio,   por   el   de   abuso   de   autoridad   por   acto   arbitrario   e  injusto.    

Aún  cuando  esto  implica  condenar por un  delito  distinto  del  que  fue  objeto  de  imputación  en  la acusación, tal  disconformidad  no  quebranta  el  principio  de  congruencia. La Corte, en este  tema,  se  ha  inclinado  por  un  criterio  de interpretación material, que no  formal,  de  acuerdo  con  el cual, el principio de consonancia sólo se vulnera  cuando  la  nueva calificación  desconoce el eje central o núcleo básico  de la acusación. Al respecto, ha dicho:   

“[…]   el  principio  de  congruencia,  como  garantía  de intangibilidad de la estructura  conceptual   del   proceso,  no  implica  la  existencia  de  una  relación  de  conformidad   absoluta  entre  al  acto  de  acusación  y  el  fallo,  sino  el  señalamiento  de  un  eje  conceptual  que garantice el derecho de defensa y la  unidad  lógica  y  jurídica  del  proceso,  que  no  se  rompe cuando la nueva  calificación  respeta  el núcleo básico o central de la imputación fáctica,  y  la  situación  se  torna favorable al procesado.18     

En  el caso sometido a estudio, los supuestos  fácticos   que   estructuran   la   descripción   típica   del   abuso  de  autoridad  por  acto  arbitrario  e  injusto fueron  objeto  de amplio análisis en la resolución de acusación,  al  punto   que  el  fiscal del caso reconoció la confluencia de todos sus  elementos,   pero   desestimó   su   aplicación  en  virtud  de  su  carácter  subsidiario,  por  considerar  de  invocación  prevalente  el  tipo  penal  que  definía  el  delito  de  enriquecimiento  ilícito de  servidor  público.   En torno al punto, hizo las  siguientes precisiones:    

“Enmarcaríamos para el caso bajo estudio,  cuyos  hechos  concretos  se  le  pusieron de presente durante la indagatoria al  encartado,  la  posibilidad típica del delito contenido en el artículo 152 del  Código  de  Penas  (Decreto  100  de  1980),  cuyo  nomen  iuris  corresponde a  ‘abuso  de autoridad por  acto     arbitrario     o    injusto’,  que  se materializa ante el desviado,  excesivo  o  incorrecto ejercicio de la potestad pública de que está revestido  el servidor en razón de las funciones que ejerce.   

“Se     ubica     un    ‘abusar’  que  se  entiende  como:  usar mal,  excesiva,  injusta, impropia o indebidamente la autoridad de que está revestido  el servidor público.   

“El  acto a que alude el artículo 152 del  Código  Penal  no  es  sólo  aquella manifestación de voluntad con contenido,  forma  o  alcances  jurídico  directos,  sino que, para el caso, también puede  estar  representado  por  todo  hecho  o  actuación  humana,  observada  por un  servidor  público, que materialice un ‘abuso’ de la  autoridad de la cual está investido.   

“¿Cuáles  son  los  actos  arbitrarios o  injustos  de DIAZ LLERENA? pues serían las actuaciones personales realizadas en  las  embarcaciones  pesqueras  o  en  el  propio  momento  de desembarcarse, las  negociaciones  de  compra venta que sostiene mediante su potestad pública y que  evidentemente  facilitaron  verificar  la  actividad  de  comercialización  del  producto marino.   

“Estas  negociaciones  irían en contra de  los  reglamentos por cumplir del mismo (sic) como servidor del INPA, entidad que  debe  velar por el adecuado uso e implementación de la pesca y demás productos  marinos  y siendo DIAZ LLERENA servidor de la misma, pues no podía actuar de la  manera como se ha venido enunciando.   

“Sin  embargo,  el  delito  de  ABUSO  DE  AUTORIDAD  POR  ACTO  ARBITRARIO O INJUSTO, es un tipo subsidiario, toda vez que  la   norma   expresamente  determina  ‘que    fuera    de   los   casos   especialmente   previstos   como  delito’,  lo   que   excluye  su  aplicación  respecto  de  otro  básico  o  especial”.   

Como puede verse, la imputación del delito de  abuso  de  autoridad  por  acto  arbitrario e injusto,  lejos de resultar divorciada del núcleo básico de la  imputación  fáctico  jurídica  realizada  en la acusación, se presenta   absolutamente  ajustada  a ella, si se tiene en cuenta que este ilícito fue una  de  las  alternativas  de  tipicidad  consideradas  en  ese  momento, y que a su  inaplicación  se  llegó,  no por ausencia de sus elementos estructurales, sino  por  su  carácter subsidiario.     

La   pena   adscrita   para  el  delito  de  abuso  de  autoridad  por  acto  arbitrario e injusto,  previsto  en el artículo 152 del Decreto 100 de 1980,  modificado  por  el  32  de  la Ley 190 de 1995 (norma  vigente  cuando  ocurrieron  los  hechos), es multa de  diez  (10)  a  cincuenta  (50)  salarios  mínimos legales mensuales vigentes, e  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas de seis (6) meses a dos (2)  años.   

Siguiendo  los  criterios  de  dosificación  punitiva  previstos  en  los  artículos  46 y 61 del Decreto 100 de 1980, y los  lineamientos  establecidos  en  el  artículo 61 de la Ley 599 de 2000, la Corte  fija  en  quince (15) salarios mínimos legales mensuales la pena de multa, y en  diez   (10)   meses   la   pena   de   interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas.    

En  la  aplicación  de estos criterios se ha  tenido  en  cuenta  que el procesado no registra antecedentes penales, que no se  presentan  circunstancias  de  mayor  punibilidad,  pero  también,  la especial  gravedad  de la conducta. Por esta razón se hace un incremento proporcionado de  la   pena,   a   partir   del   mínimo,   respetando   el   techo   del  primer  cuarto.     

No  se  condena al pago de indemnización por  daños  y  perjuicios,  por  no haberse demostrado su causación en el curso del  proceso.        

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en nombre de la  república y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

1. Casar la sentencia impugnada.   

2.   Condenar   al  procesado  Luis  Díaz  Llerena  a las penas de multa  equivalente  a  quince  (15)  salarios mínimos legales mensuales vigentes, y de  interdicción  de derechos y funciones públicas por diez (10) meses, como autor  responsable  del  delito de abuso de autoridad por acto  arbitrario e injusto.   

3. Abstenerse de condenar al pago de daños y  perjuicios.   

4.    Librar    las   comunicaciones   de  ley.   

Contra   esta   decisión   no   proceden  recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

SIGIFREDO ESPINOSA PEREZ  

JOSE       LEONIDAS       BUSTOS  MARTINEZ                      ALFREDO GOMEZ  QUINTERO             

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZALEZ   DE  LEMOS      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMAN   

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANES                           YESID RAMIREZ BASTIDAS   

JULIO        ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                    JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                          

                                      

                                            

                                                  Teresa Ruiz Núñez   

                                                     SECRETARIA   

    

1  Folios 44, 151, 213-224, 242 y 249 del cuaderno original 1.   

2  Folios 261-273 del cuaderno original 2.   

3  Folios 3-21 del cuaderno del Tribunal.   

4  El  artículo  412  de  la  Ley  599  de  2000,  que  tipifica  actualmente la misma  conducta,  extiende  hasta  dos  años  después  de  la dejación del cargo, la  actividad delictual.   

5 Cfr.  C.S.J.   Unica   instancia   11507,   Auto   de  29  de  julio  de  1998,  entre  otros.   

6 Cfr.  C.S.J.  Unica  instancia  11507,  Auto  de  11  de  febrero  y  29  de  julio de  1998.   

7 Cfr.  C.S.J. Casación 7906, Sentencia de 29 de octubre de 1993.   

8  C.S.J. ibídem.   

9  Apartes  de esta decisión aparecen transcritos en la Sentencia de 29 de octubre  de 1993.   

10  C.S.J.,   Segunda   instancia   5007.   Sentencia   de   21   de   noviembre  de  1990.   

11  Mediante  Resolución  0568  de 29 de noviembre de 1999 el Instituto Nacional de  Pesca  y Acuicultura delegó al  Departamento Archipiélago de San Andrés,  Providencia  y  Santa  Catalina, esta función (artículo primero, numeral 6°).   

12  Declaración   de   Pedro   Eduardo   Abello   Navarro   (fls.28   del  cuaderno  1).   

13  Declaración  de  Pedro  Eduardo  Abello  Navarro  en  el  proceso disciplinario  (fls214/2).   

14  Denuncia de María Isabel Mateus Gerrero (fls.139 del cuaderno 1).   

15  C.S.J. Segunda Instancia 23285. Sentencia de 20 de abril de 2005.   

16 El  artículo  416  del  nuevo Código Penal exige para la configuración del delito  que el acto, además de arbitrario sea injusto.   

17 La  misma  conducta  se  encuentra  actualmente tipificada en el artículo 328 de la  ley 599 de 2000.   

18  C.S.J.,  Colisión  18457,  Auto  de  14  de  febrero  de 2002; Casación 21287,  Sentencia  de 11 de agosto de 2004; Casación 23069, Sentencia de 15 de junio de  2005, entre otras.     

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