29249(31-03-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  29249   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

          Aprobado Acta N° 070.   

Bogotá D.C., marzo treinta y uno (31) de dos  mil ocho (2008).    

VISTOS  

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  del  libelo  de  casación presentado por el representante de la víctima contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá  el  16  de  octubre  de  2007, a través de la cual confirmó la de primer grado  dictada  por  el  Juzgado 28 Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento de  la   misma   ciudad  el  17  de  mayo  anterior  que  absolvió  a  GABRIEL   ANTONIO  BUSTOS  SÁNCHEZ  del  delito de hurto calificado agravado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  antecedente  fáctico  que  motivó  el  presente     procesamiento,     fue     declarado     por     el    ad-quem,  en  el  fallo impugnado, de la  siguiente forma:   

“Conforme   se   desprende  del  acervo  probatorio  recaudado,  los  hechos que informan el presente proceso se refieren  como  ocurridos en esta ciudad para la época del mes de noviembre de 2005, como  quiera  que  para  el día 21, la señora Liliana Margarita Valderrama López se  percató  que  de  su  caja  fuerte que mantenía en su residencia ubicada en la  diagonal  126  No.  28-38  apto.  501 habían desaparecido un total de US 72.598  dólares   que   heredó  de  su  padre  y  provenientes  de  otras  actividades  mercantiles,  por lo que posteriormente optó por formular denuncia en contra de  su  esposo  GABRIEL ANTONIO BUSTOS, habida consideración que éste fue quien le  proporcionó  la  caja  de  seguridad, conocía la clave y obviamente compartía  con  aquella  la habitación, de suerte que con este fundamento la Fiscalía dio  comienzo       a       la       correspondiente       indagación”.   

El  28  de  abril  de  2006,  se  realizó  audiencia  preliminar ante el Juzgado 43 Penal Municipal con función de Control  de  Garantías  de  esta  capital,  durante  la  cual se legalizó la captura de  BUSTOS  SÁNCHEZ, al tiempo  que  en  su  contra  se  formuló  imputación por el delito de hurto calificado  agravado  y  se  lo  afectó  con  medida  de  aseguramiento  no privativa de la  libertad.   

El  16  de  junio  siguiente,  la Fiscalía  radicó  escrito  de  acusación  en  contra del mencionado por el mismo delito,  reprimido  en  los  artículos  239,  240-4 y 241-2 del Código Penal, cargo que  reiteró  durante  la audiencia de formulación de la acusación celebrada el 17  de  julio  subsiguiente  ante  el Juzgado 28 Penal del Circuito con Funciones de  Conocimiento de Bogotá.   

Ante  este  último  despacho  judicial  se  llevaron  a cabo las audiencias preparatoria (15 de agosto, 8 y 27 de septiembre  de   la  misma  anualidad)  y  del  juicio  oral  (26  de  octubre  ibídem),  a cuyo término, absolvió al  procesado  de  la  conducta por la cual fue acusado, mediante sentencia de fecha  mayo 17 de 2007.   

Esta última determinación, fue confirmada  por  el  Tribunal  Superior de Bogotá el 17 de octubre posterior, en virtud del  recurso  de  apelación  interpuesto por los representantes de la Fiscalía y de  la víctima.   

Inconforme con la decisión adoptada por el  ad-quem, el apoderado de la  víctima  la  recurrió extraordinariamente, para lo cual allegó demanda, sobre  cuya  admisibilidad,  en punto del cumplimiento de los presupuestos de lógica y  adecuada argumentación, se pronuncia la Sala.   

LA  DEMANDA   

         El  actor  formula  una  única  censura contra el fallo de segunda  instancia,  con  fundamento en la causal primera prevista en el artículo 181 de  la  Ley  906  de  2004  “como  norma violada por la  sentencia  que  le  dio  a  la  prueba  mérito distinto del que expresamente le  atribuye la ley”.   

Para    el    libelista    “erró  el  ad-quo  en  derecho, cuando no obstante las repetidas  advertencias  de  la  Fiscalía  y  del  apoderado  de la víctima, la sentencia  siguió  las  falaces  huellas  de  la  incertidumbre, identificando la conducta  punible  del  señor  GABRIEL  ANTONIO  BUSTOS  SÁNCHEZ  con  la  figura  de la  duda”.   

Acto seguido, manifiesta que, con el objeto  de  desarrollar la censura, “debo aceptar los hechos  en  que se fundamenta la sentencia impugnada, ya que lo que controvierto son las  consecuencias  jurídicas  que  se  les  asigna  con prescindencia de las normas  sustantivas”.   

Con  la  sentencia,  agrega,  también  se  afectaron   “derechos  y  garantías”  por  falta de aplicación del artículo 275 del estatuto procesal  penal,  al  dejar  de  considerar  elementos  probatorios,  evidencia  física e  información  “descubiertos, recogidos y custodiados  por  el  Fiscal”,  por  conducto del servidor de la  Policía   Judicial   e,  igualmente,    por  los  peritos  tanto  del  Instituto  Nacional  de Medicina Legal como el particular designado oficialmente  y  el  que  examinó  la  caja  fuerte,  de  cuya  apreciación  surge  clara la  responsabilidad   del   procesado   en   la   conducta   por   la   cual  se  lo  acusó.   

Por ello, califica de ilógico el argumento  según   el   cual   BUSTOS   SÁNCHEZ  no  es responsable penalmente porque nadie lo vio cometer el delito  en   tanto   cabe   la   posibilidad   de   que   alguien  más  hubiera  podido  perpetrarlo.   Planteamiento  además  inaceptable,  si se tiene cuenta que  “fuera  del  procesado no existió persona alguna o  alguien   dentro  del  juicio  a  quien  se  le  pueda  imputar   la  carga  indiciaria”.   

Es  que, desde su punto de vista, ninguna  duda  probatoria  surge  al  respecto  cuando está acreditada la existencia del  dinero  en  la  caja  fuerte  de  la víctima, cuya existencia sólo conocía la  pareja  conyugal  conformada por la víctima y el procesado, siendo este último  quien  entregó  dicho  elemento  a  su  pareja,  conocía  la clave y trató de  engañar  a  la justicia, “como también de sindicar  a otras personas”.   

En acápite posterior, rotulado “4.  FALTA  DE  APLICACIÓN”, afirma  que  el  juzgador de segunda instancia “incurrió en  error  de  hecho, por falta de aplicación del artículo 275 del C. de P.P., por  no  considerar  o  desechar  la prueba, los elementos materiales probatorios, la  evidencia   física   e  información  que  de  haberlas  considerado,  hubieran  conducido a la condena del procesado”.   

Por  su  parte,  en  el  siguiente  aparte  intitulado    “DESARROLLO   DE   LOS   CARGOS   DE  SUSTENTACIÓN”,  indica  que  el fallo “se  basa  sobre  el error de aducción, que se produce cuando se  da  a  la  prueba  un  mérito  distinto  del  que  expresamente  le atribuye el  artículo 275 y 382 del C. de P.P.”.   

Lo  último  dicho,  asegura,  porque en la  sentencia  se  desechó  la  prueba  atrás  aludida  que  sustentaba  un  fallo  condenatorio  contra  el  procesado,  así como por no acometer el estudio de su  personalidad,  todo  lo  cual confluía para eliminar la duda que dio lugar a la  absolución.   

A continuación, el demandante refiere a la  noción  de  error  de  derecho, al advertir que “se  produce  cuando  se  da  a  la  prueba un merito (sic)  distinto   del   que  expresamente  le  atribuye  el  artículo  275  y  382  del C. de P.P.”, así como a  las de falso juicio de legalidad y de convicción.   

Luego  pregona  que  todos  los  elementos  probatorios  aludidos  configuran un hecho indicador, cuya fuerza no sólo surge  por      el      número      sino      por     su     gravedad     “convirtiéndolos  en  indicios  indudables que conjuntamente con  la     prueba     material     recogida     en    investigación    (sic)  constituyen  plena  prueba  de la  autoría  del  delito”,  en  especial el indicio de  oportunidad,  que  por  no valorarse debidamente edifica quebranto del artículo  273 del estatuto adjetivo penal.   

En seguida, recuerda cómo a pesar de que la  prueba  indiciaria  no  aparece  relacionada  como  tal  en  la  Ley 906 de 2004  “vive   con   fuerza   probatoria”  al  tiempo  que “en la presente demanda  se  sostiene la tesis de que las deducciones del ad-quem son erradas, porque las  pruebas  no  fueron apreciadas en su conjunto de acuerdo con las reglas del sana  crítica  como lo ordena el artículo 273 del c. de P.P., en concordancia con el  artículo  382  del  C.  de  P.P.”, originándose un  error de derecho.   

Finalmente,  sostiene  que  “si  el  juzgador  de  la  segunda  instancia  hubiese  tomado en  consideración  la  causal  de  culpabilidad concurrente, artículo 239, 240-4 y  241-2  del  código  penal y analizado a fondo la condición personal de GABRIEL  ANTONIO  BUSTOS  SANCHEZ,  que  llevaron  a la víctima a estado de indefección  (sic)  y circunstancias en  que  actuó,  no habría caído en la falsa conclusión de no hallar responsable  penalmente  al  mismo  y,  por  ende,  violar  la ley sustancial por aplicación  indebida”.   

Con fundamento en lo expuesto y tras indicar  que  “la  teoría  moderna de la pena no recomienda  compasión  hacia  los culpables”, solicita casar el  fallo  impugnado  con  el  objeto  de  que se condene al procesado por el delito  sustento de la acusación.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.   De  conformidad  con  el  inciso  segundo  del artículo 184 de la Ley 906 de 2004 “no  será  seleccionada,  por  auto  debidamente  motivado  que  admite  recurso  de  insistencia  presentado  por  alguno  de  los  magistrados  de  la Sala o por el  Ministerio  Público,  la  demanda  que se encuentre en alguno de los siguientes  supuestos:   Si  el demandante carece de interés, prescinde de señalar la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de sustentación,  o  cuando de su contexto se advierta fundadamente que  no   se   precisa   del  fallo  para  cumplir  alguna  de  las  finalidades  del  recurso”.   

Esa  preceptiva  se  complementa  con  el  artículo  183  del  mismo estatuto, según el cual el recurso extraordinario de  casación  se  interpondrá “mediante demanda que de  manera    precisa   y   concisa   señale   las   causales   invocadas   y   sus  fundamentos”.   

A  partir  de  lo  consagrado  en  dichas  disposiciones,   se   infiere   que   sólo   se  admitirán  las  demandas  que  exhiban  una  adecuada    estructura   lógica   y  cuenten   con   una  argumentación  mínima orientada a ofrecer las razones  de  disenso  frente  al  fallo  impugnado,  a más de  persuadir    que    se    precisa    del  fallo  para  lograr alguno de los fines  del  recurso,   taxativamente   contemplados  en  el  artículo           180          ibídem.   

Lo dicho en precedencia, sin embargo, no es  óbice         para     que     la     Corte    “atendiendo  a  los fines de la casación, fundamentación de los  mismos,   posición   del   impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de  la  controversia   planteada”,   como   lo   prescribe  textualmente  el artículo 184 del mismo ordenamiento, supere los defectos de la  demanda  para  decidir  de  fondo,  lo  cual  se  corresponde  totalmente con la  orientación   marcadamente  finalística  que  tiene  ahora  el  recurso.    

2.  Frente  a  la  demanda  de  casación  presentada   por   quien   obra   en   el   proceso  como  representante  de  la  víctima,   se   impone  precisar  que no cumple con las exigencias señaladas para su admisión, por las  siguientes razones:    

2.1.   No  obstante  invocar la causal  primera  prevista  en  el  artículo  181  del  estatuto procesal penal, la cual  concierne,  como lo tiene sentado la Sala, a la denominada violación directa de  la  ley  sustancial, la propuesta no cumple con los presupuestos inherentes a su  naturaleza.   

Lo anterior, porque es de la esencia de este  motivo  casacional  sujetarse  a  los  fundamentos fácticos y probatorios de la  decisión  impugnada,  como quiera que el error se contrae a un debate puramente  jurídico  que  deviene  de  la  falta de aplicación (no se selecciona la norma  llamada  a  regular  el  caso),  de  su  aplicación  indebida  (se  escoge para  solucionar  el  caso  una preceptiva que no es atinente) o de su interpretación  errónea  (en  donde  si  bien  se  selecciona la normativa correctamente, se le  otorga una hermenéutica equivocada).   

De  modo  que,  aunque esta causal también  recae  en  la vulneración de preceptos sustanciales, no guarda relación con la  crítica  fundada  en  la  incorrecta  apreciación  de las probanzas, cuya vía  expedita  en  sede  del  recurso  extraordinario  de  casación es la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  contemplada ahora en el numeral tercero del  artículo  181  de  la  Ley  906  de 2004, siempre a condición de que el censor  demuestre  que  el  fallador  incurrió  en  errores  de hecho o de derecho, los  primeros  producto de falsos juicios de existencia, de identidad o raciocinio y,  los  segundos,  por  los  llamados falsos juicios de legalidad o de convicción,  que  a  su  vez generan violación de la ley sustancial, bien porque el precepto  aplicado  no  debió  serlo o en cuanto se dejó de aplicar el llamado a regular  el caso.    

Precisamente  por la disímil esencia entre  las  dos  causales aludidas, se colige también que son excluyentes y, por ende,  deben  ser  formuladas a través de reparos independientes, con el fin de evitar  la  vulneración  de  principios regentes de la materia casacional, como son los  de  autonomía  y  no  contradicción,  consagrados  en  procura de preservar la  claridad  y concisión que debe evidenciar la demanda con miras a su admisión y  estudio.   

De  manera  desafortunada,  en  el  único  reproche  formulado  por  el  representante  de la víctima, se incurre en dicha  falencia  cuando  anuncia  que tiene sustento en el motivo primero del artículo  181  de  la  Ley 906 de 2004 y, acto seguido, en su desarrollo, se aparta de los  presupuestos   fácticos  y  probatorios  del  fallo,  para  adentrarse  en  una  discusión  de  esta  última  índole eventualmente compatible con la causal de  violación  indirecta,  actitud  que,  además, se torna mayormente inexplicable  cuando  recién  había consignado que “debo aceptar  los  hechos  en  que  se  fundamenta  la  sentencia  impugnada,  ya  que  lo que  controvierto   son   las   consecuencias   jurídicas  que  se  les  asigna  con  prescindencia        de        las       normas       sustantivas”.          

Corolario   de   lo   dicho,  surge  como  conclusión  irrefutable  que  la violación directa de la ley sustancial no era  la  vía  apropiada para impugnar la decisión de acuerdo con los planteamientos  del  censor  y  que, desde esa perspectiva, incurre en un defecto insalvable que  conduce  a  la  inadmisión  del  libelo,  cuando,  so  pretexto  de  tal motivo  involucra  una  discusión  referida  al  mérito  probatorio.      

2.3.   A  lo  expuesto en precedencia,  súmese  que  el defecto referido en el acápite previo no es meramente nominal,  esto  es,  en  cuanto  del  contenido  de  la  censura pudiera extraerse, con la  indispensable  claridad,  un  error de apreciación probatoria compatible con la  violación  indirecta de ley sustancial prevista en el numeral 3° del artículo  181  del  estatuto  adjetivo  penal,  con la magnitud suficiente para socavar la  legalidad del fallo.   

Al   contrario,  en  su  disertación  el  casacionista  comienza  por  indicar que en el fallo se incurrió en un error de  derecho   consistente   en   “no   considerar   la  apreciación      de      la      plena     prueba     respaldada     con     la  indiciaria”;   más adelante, alude a un falso  juicio     de    legalidad    por    “error    de  aducción”,  derivado  de  que  se le otorgó a los  elementos  de  juicio  “un mérito distinto del que  expresamente  le  atribuye  el  artículo  275 y 382 del C. de P.P. (sic)”;  luego  afirma que por la misma razón anterior se configuró un error de derecho  por  falso  juicio  de  convicción  y,  para  rematar, asegura que “existe  la  prueba indiciaria que se levanta como una operación  mental  a  través de la cual con los parámetros de la sana crítica vale decir  con  los  principios  de  la  sana lógica, las máximas de la experiencia y los  portes  (sic) científicos,  se  infiere  la existencia de otro hecho como es el apoderamiento del dinero por  parte    del    señor    GABRIEL    ANTONIO    BUSTOS   SÁNCHEZ”.   

Es  decir  que  en  la  censura se plantean  varios   modalidades   de   error  originados  en  la  apreciación  probatoria,  circunstancia  que  no  trascendería  si  no fuera porque todos tienen el mismo  fundamento,  con  lo  cual  el  actor  pasa  por  alto  que  en  virtud  de  sus  características  distintivas  son  excluyentes  y,  por  lo  mismo,  ha  debido  postularlos  a  través  de  cargos independientes, lo que no deja de sorprender  cuando pareciera entender su naturaleza.   

En  ese  estado  de  cosas,  tanto  por  lo  expuesto  en  el  acápite  anterior  como  en  este,  no  se puede colegir cosa  distinta  a  que en el único reproche instaurado se trasgredieron los referidos  principios   de   autonomía   y   no   contradicción   que  rigen  este  medio  extraordinario de impugnación.   

En  punto  del  primero  en mención, se ha  dicho  por  la  Sala  que  en  la  formulación  de  los  cargos  las propuestas  orientadas  hacia  el  resquebrajamiento del fallo deben ser planteadas en forma  autónoma,  con  miras  a evitar que se incurra en entremezclas argumentativas y  conceptuales,  máxime  cuando  se  trata  de  asuntos  que tienen fundamento en  diversas causales de casación.   

Por   su   parte,   el  principio  de  no  contradicción  tiene  que  ver  con el hecho de que las propuestas excluyentes,  tanto  en  su  naturaleza  como  en sus efectos, no pueden ser formuladas en una  misma  censura,  por  lo mismo señalado con antelación en el sentido de que el  escrito  pierde  coherencia y comprensión al afirmarse que algo es y no es a la  vez de forma simultánea.   

La  pretermisión  de  estos  principios,  evidentemente,  atenta  contra  la  coherencia  lógica y argumentativa que debe  exhibir  el  libelo casacional para dar lugar a su estudio de fondo.     

2.4.   También conduce a la decisión  de  inadmitir  el  libelo,  la  comprobación  de que si bien el cuestionamiento  apunta  en  su  totalidad  a discutir la valoración de la prueba indiciaria, no  asume  el  ataque de acuerdo con su estructura particular, según lo tiene dicho  en forma reiterada la Sala.   

   

Así,  en  tratándose  de  este  medio  de  prueba,  es  preciso  que  en  la  demanda se identifique si la equivocación se  cometió  respecto  de  los  medios  demostrativos de los hechos indicadores, la  inferencia  lógica,  o  en  el  proceso  de valoración conjunta al apreciar su  articulación,  convergencia  y concordancia de los varios indicios entre sí, y  entre  éstos  y  las  restantes pruebas, conduciendo a una conclusión fáctica  incorrecta.   

Si  el  error radica en la apreciación del  hecho  indicador,  cuando  quiera que éste necesariamente ha de acreditarse con  otro  medio  de  prueba,  necesario  resulta  postular  si en su apreciación se  incurrió  en  un error de hecho o de derecho y, desde luego, impera señalar la  expresión correspondiente a uno cualquiera de ellos.   

     

Ahora,  si  el error se ubica en la segunda  fase  de  la  construcción  indiciaria,  esto  es,  en el proceso de inferencia  lógica  elaborado por el juzgador, ello supone aceptar la validez del medio con  el  que  se  acredita el hecho indicador y demostrar que el juzgador en la labor  de  asignación  de  su  mérito  persuasivo se apartó de las reglas de la sana  crítica,  es decir, de las leyes de la ciencia, los principios de la lógica, o  las  máximas  de  experiencia, haciendo evidente en qué consiste y cuál es la  incidencia  correcta  en  la  inferencia  cuestionada y cómo en concreto un tal  medio de razonar fue desconocido.   

Pero  si  lo  que  se pretende es denunciar  error  de  hecho  por  falso juicio de existencia de un indicio o un conjunto de  ellos,  el  censor debe acreditar la existencia material en el proceso del medio  que  constituye  el  hecho  indicador,  la  validez  de  su  aducción,  qué se  establece  de  él, cuál mérito le corresponde y, luego de realizar el proceso  de  inferencia  lógica  a partir de tener por acreditado el hecho base, exponer  el  indicio  que  se  estructura  con  sustento  en el mismo, e indicar el valor  suasorio  correspondiente,  así  como su articulación y convergencia con otros  indicios o medios de prueba directos.   

Adicional a lo anterior, en consideración  a  la naturaleza de este medio de prueba, si el yerro se presenta en la labor de  análisis  de  la  convergencia  y congruencia entre los distintos indicios y de  éstos  con  los  demás  medios,  o  al  asignar  la  fuerza demostrativa en su  valoración  conjunta,  no  puede dejar de precisarse en la demanda, concretando  el  tipo  de  error  cometido,  que  la  inferencia  realizada  por  el juzgador  transgrede  los  postulados de la sana crítica, acreditando que la apreciación  probatoria  que se propone en su reemplazo, permite llegar a conclusión diversa  de  aquella a la que arribara el sentenciador, pues no resulta de recibo en este  trámite   anteponer   el   particular   punto   de   vista  del  actor  al  del  fallador.     

Esta forma de atacar la apreciación de la  prueba  indiciaria,  se reitera, garantiza no sólo el respeto por su estructura  lógica  sino  también  facilitar  la  comprensión  del  cuestionamiento, pues  cuando  la  censura  aborda en forma indiscriminada los estadios a los que se ha  hecho  referencia  se incurre en contradicción, toda vez que, como se ha dejado  dicho,  es  presupuesto  de cada eslabón del cuestionamiento estar conforme con  el anterior.   

En  el asunto que ocupa la atención de la  Sala,  deviene  indudable  concluir  que  el  censor  desatendió las anteriores  pautas  no  obstante  ser la única forma de controvertir en esta sede la prueba  indiciaria   sobre  la  cual  se  edificó  el  fallo  absolutorio  a  favor  de  BUSTOS  SÁNCHEZ, desde el  momento  mismo en que no perfiló el ataque hacia uno de los diferentes estadios  que  componen  la  prueba  indiciaria, por lo que resulta evidente que el reparo  carece  de  la  concisión  y  precisión  que se exige para que sea admitido, a  tenor  de  lo  dispuesto  en  el  referido  artículo  183  de  la  Ley  906  de  2004.   

2.5.  Dígase,  finalmente,  que  también  incide  para  adoptar  la  decisión de inadmitir el libelo, el hecho de que sin  dificultad  alguna  se  logra  extraer  que  la  inconformidad del demandante se  reduce  al  esbozo  de  su  disparidad  personal con el criterio del Tribunal, a  pesar  de  que  bastante se ha insistido por esta Sala en el sentido de que  no  está  concebido  para dirimir cuestionamientos que surjan de la convicción  personal  que  se tenga sobre la apreciación probatoria, en tanto no constituye  una  tercera  instancia  y  porque el fallo sometido a revisión llega a la sede  cobijado  por  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  la cual no se  desvirtúa  con  la  simple  exposición  de un criterio particular, sino con la  demostración de errores trascendentes que socaven su legalidad.   

Adicionalmente, es preciso subrayar que en  la  propuesta  contenida  en  la  demanda  no  sólo  se  persigue  imponer  una  apreciación  probatoria  subjetiva,  sino  que también carece de trascendencia  por  sustraerse  a  discutir  elementos de juicio decisivos de la determinación  absolutoria,  tales  como el reconocimiento en este caso particular de falencias  en  el  programa metodológico por parte de la Fiscalía y de factores paralelos  que  alimentaron  la incertidumbre probatoria, concernientes a la vida en pareja  del   procesado   y   su  cónyuge  “potencialmente  influyentes  en el ánimo de la ofendida tanto para concretar una autoría en su  cónyuge   como   para   fincar   una   represalia  o  vindicta”  y  derivados  de  las inconsistencias encontradas en el dicho de la  denunciante.   

3.   Las  falencias indicadas atentan  contra  la  claridad y concisión que legalmente se exige de la demanda, pues no  obra  una  mínima  argumentación  dirigida  a  demostrar el error atribuido al  fallo,  circunstancia que, consecuentemente, torna ineludible su inadmisión, de  conformidad  con  lo  normado  en  los  artículos  183  y  184 de la Ley 906 de  2004.   

Se arriba a idéntica conclusión, además,  porque  del  contenido  de  la  demanda  y  de  la revisión de la actuación no  encuentra  procedente  la Sala la necesidad en este caso de superar los defectos  reseñados  en procura de cumplir alguno de los fines del recurso extraordinario  previstos en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.    

         

         Cuestión final.   

Habida cuenta de que contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación1,    como  sigue:   

         i)                      La  insistencia  es  un  mecanismo especial que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la Sala decida  inadmitir  la demanda de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere  lo  decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno de los Delegados del Ministerio Público para la Casación  Penal  –siempre  que  el  recurso   de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial–, el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

         ii)                     La solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

iii)            Es  potestativo  del Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

iv)          El  auto a través del cual se inadmite  la  demanda  de  casación  trae como consecuencia la firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

        En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda   de  casación  presentada  por  el representante de la víctima, por las razones consignadas en  la anterior motivación.   

         Contra  esta  decisión procede el mecanismo de insistencia, en los  términos señalados.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO            MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS   

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                 JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANES              

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                         JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA       

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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