24707(02-12-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 24707  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta No. 348   

Bogotá, D.C., dos (2) de diciembre de dos mil  ocho (2008).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Procede  la  Sala  a resolver de fondo   el   recurso   de   casación  interpuesto  contra  el  fallo  emitido     por     el    Tribunal    Superior    de  Cartagena,  el  5  de abril de 2005, que confirmó   la  sentencia  adoptada  por  el  Juzgado Único Penal del  Circuito  Especializado  de  la misma ciudad, del 28 de  enero   de   2000,   contra   ÁLVARO   MANUEL  ANAYA  NÚÑEZ1,      quien      lo      condenó   a   las   penas   principales  de  150  meses  de  prisión  y   multa  de  204.16  smlmv  y  lo  inhabilitó  en  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  lapso  igual al de la  privación     de     la     libertad,     en     calidad     de    coautor   del   delito   de  tráfico,   fabricación   o   porte  de  estupefacientes  agravado.  (Ley 30 de 1986, artículos 33 y 38).   

H    E    C    H   O   S   

El 16 de enero de 1999, en el archipiélago de  San  Andrés  y  Providencia,  personal  de la Armada de los Estados Unidos, por  indicios  de  tráfico  de  narcóticos, entregaron a la Patrullera ARC al mando  del   capitán   Pablo   José  de  Porto,  una  motonave  de  bandera colombiana, identificada como M/N SEXY  ULA  y  matrícula  CP  7-0186-A,  en  la  cual  se  hallaron doce baterías que  contenían alcaloides.   

Las  cajas  arrojaron  -en  la  diligencia de  pesaje,  identificación  preliminar,  toma  de  muestra  y  destrucción de una  sustancia  alucinógena-  un  peso  bruto  de  307.155 y neto de 298.680 gramos,  positivo para cocaína.   

Fueron capturados los tripulantes de la nave:  CELESTINO  ALAMILLA  PEÑA, ORESTES OLIER JARAVA, RAMÓN SILGADO MORELO, EFRAÍN  MORELO,    LUIS    ARNULFO   FORY   COSME   y   tiempo   después   ÁLVARO MANUEL ANAYA NÚÑEZ.   

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1. El 7 de enero de  2000,  la  Fiscalía Delegada ante los Juzgados Penales  del   Circuito  Especializados  de  Cartagena,  dictó  resolución  de  acusación  contra    los   imputados,   como   coautores   del   delito   de   tráfico,     fabricación     o     porte     de    estupefacientes  agravado,  consagrado en la Ley 30 de 1986, artículos  33  y  38.3,  modificada  por  la Ley 365 de 1997; el procurador judicial de los  encartados   recurrió   la   decisión   y   tiempo   después   desistió   de  sustentarla.   

2.  Los  juzgadores  condenaron    a   ÁLVARO   MANUEL   ANAYA   NÚÑEZ,  tal  y como quedó atrás anotado. Contra el fallo, la  defensa  técnica  del mismo, interpuso y sustentó el recurso extraordinario de  casación;  libelo  que  fue  admitido  y  que  hoy  convoca  a la Sala a fin de  pronunciarse       sobre       la       decisión       que      en      derecho  corresponda.     

L  A    D   E   M   A  N  D  A    

Bajo  el  imperio  de  la  Ley  600  de 2000,  artículo  207,  el actor atacó el fallo de segundo nivel por error de hecho en  sentido de falso juicio de identidad.   

Lo  sustentó  aduciendo  que  “se   puede   captar  de  frente  a  la  situación  fáctica  u  (sic)  jurídica  que se ocupó y ostentó ALVARO (sic)  ANAYA,  mi  hoy asistido, en la problemática que nutre éste asunto referente a  la  inmovilización  y  hallazgo detectado en la embarcación SEXI ULA, frente a  las  PRUEBAS TESTIMONIALES que, según la sentencia demandada, lo comprometen en  el   suceso,   en   el   grado   de  certeza”.    

Citó  una jurisprudencia de la Sala en donde  se  puntualizan  algunos presupuestos del error planteado y, a renglón seguido,  indicó:  “la sentencia demandada se ha desfigurado o  distorsionado  el hecho que revelan unas pruebas”. Y,  al  condenar  a  su asistido jurídico, las instancias valoraron los testimonios  imprimiéndoles   “un   alcance   objetivo  que  no  tienen”,  es  por  ello  que  los yerros alegados se  evidencian de la siguiente manera:   

1)  Indicó que los  falladores   sopesaron   las  declaraciones  de  Jaime  Méndez  Cruz,  Celestino Alamilla, Marizeth Mena Mora,  en  donde  concluyeron:  la existencia de una labor previa de inteligencia sobre  la  nave  incautada,  las  actividades  comerciales de los hermanos ANAYA  junto  con  sus  probables acciones  ilegales  y  vínculos  con los tripulantes. Además, constataron los juzgadores  un   conocimiento   anterior  entre  ellos,  quienes  realizaron  los  trámites  pertinentes  para  la  autorización  y permiso de movilidad de la embarcación.   

2)  Prosiguió  el  defensor  parodiando  las  decisiones  de instancia al afirmar que la certeza la  lograron  determinar  por  la valoración de las pruebas testimoniales aludidas,  en  el  entendido que los navegantes tenían el propósito común de transportar  cocaína  en  cajas  de baterías; además, la faena de pesca resultó falsa por  ausencia  de  insumos  y  si  la  nave  sufrió algún daño les resultaba mejor  regresar  al  puerto  de  origen que seguir adelante como lo hicieron; amén del  parentesco,   negado   por   el   procesado   ÁLVARO  ANAYA  y  RAFAEL  SILGADO  MOELOS.   

3)   Agregó:  “lo  anterior,  lo armoniza la Sala, sosteniendo que  todos  los  miembros  de  la  tripulación de la Sexy Ula (Capitán, Marineros y  maquinistas),  no  iban  en  faena  de  pesca sino a entregar unos kilogramos de  Cocaína.  Y  que  el  Armador de la misma, señor ALVARO (sic) ANAYA, fue quien  dispuso  todo  lo  necesario  para  el  embarque  de  la  droga,  como trámites  documentales y pagos respectivos”.   

4)  Anunció  el  libelista  que  en  el  proceso “se ha desfigurado el  hecho  o  circunstancias que revelan las pruebas testimoniales… en especial al  LUGAR  O POSICIÓN de su prohijado dentro de los pormenores documentales para la  preparación  de una embarcación que va a realizar una faena de pesca, que, por  supuesto   y   es   lógico   está   a   cargo   de   otros  humanos  en  forma  directa”.   

5)  En su sentir se  desfiguraron los testimonios  de   Jaime  Méndez  Cruz  y  Marizeth Mena Mora, “porque  se  han  ADICIONADO  o  AGREADO unas circunstancias”,  como  que  su  mandante  “haya estado en conocimiento  previo de un embarque ilegal droga y haya respaldado el mismo”.   

6) Su defendido fue  capturado  después  de  la  tripulación,  “pero en  ningún  momento  y  aquí  versa  la gran parte del error del H. Tribunal en la  sentencia  demandada,  se puede tomar los sucesos o acontecimientos narrados por  los  dos  (2)  testimonios  citados  como  soporte  o  pilar  de  que los mismos  comprometen  a mi cliente ANAYA ni en el grado o nivel que se quiere ubicar. Por  ello  se  ha desdibujado lo que dijeron éstos exponentes en cuanto a mi ahijado  judicial”.   

7) Anunció además:  “las  consideraciones  que  respaldan  la  sentencia  demandada,  están  provistas  de un ERROR DE HECHO porque se ha TERGIVERSADO el  hecho  o  circunstancias  que  revelan  las señaladas y concretamente referidas  pruebas  TESTIMONIALES de JAIME MENDEZ (sic) Y MARICETH (sic) MENA. O sea, se le  ha  dado  un  alcance  que  no tienen, porque el UNICO (sic) ALCANCE que tienen,  JURÍDICAMENTE”,  son  los  hechos  que se exponen a  continuación:   

7.1.  Su poderdante,  como  cualquier ser humano, realizó gestiones comunes a embarcaciones de pesca,  motivo  por  el  cual,  es  ilógico  condenar  a  una persona con los medios de  convicción  señalados,  puesto  que  “no arrojan ni  indican  lo  que  ha  concluido  la  Sala,  con  todo respeto, pero de forma muy  errada, como lo hemos explicado.   

7.2. Los falladores  desconocieron  un contrato suscrito entre su prohijado y WILLIAM DARÍO RESTREPO  MENDOZA,  el  cual “demuestra aún mas (sic) el sitio  o  posicionamiento  de  mi  asistido  en  el asunto”.   

Afirmó   que   el  error  es  trascendente  “y repercute profundamente en la sentencia, lo cual,  salta a la vista y sobran comentarios adicionales”.   

El nexo de causalidad, para el profesional del  derecho,  resulta  más  claro  en  la  parte resolutiva del fallo, “bastando  decir,  que  el  QUID O MEOLLO de toda la sentencia, es  precisamente  el punto que venimos de anotar ampliamente en torno al ALCANCE que  se  le ha dado a las pruebas TESTIMONIALES aludidas, lo cual constituye un claro  error de HECHO”.   

Después de transcribir un tratadista nacional  en   punto   del  recurso  extraordinario  de  casacón,  sostuvo:  “el  llamado  del  suscrito Defensor, casacionista, es para que se  ACEPTE  LA  CAUSAL  propuesta, casando el fallo demandado y dictando la que debe  reemplazarlo  porque  no  puede  ser  otra  distinta sino a LA ABSOLUCIÓN DE MI  CLIENTE ANAYA NUÑEZ (sic)”.   

El  actor  adicionó  la demanda –dentro   de   los  treinta  días  de  traslado-  dejando  ver  que  le  faltaron  otras  pruebas por analizar en donde  existieron      también      desaciertos      y      errores:      (a)  el  contrato,  que  no  fue valorado,  (b)  los  cinco millones que  entregó   su   defendido   “con  destino  a  fines  totalmente        legales”,       (c)  el  señor  ALAMILLA,  confesó  que  pactó  una  suma  de  dinero  cercana a los doscientos millones de pesos de los  cuales  recibió  veinte  millones,  “de un personaje  que  NO ES MI CLIENTE y al cual mencionó expresamente con su nombre”,   (d)  ese  dinero     no    fue    entregado    por    su    prohijado    y    (e)   la   faena   para  el  memorialista  “es  cierta y no es falsa como se insinúa en contra  de  mi  cliente”,  porque  la  embarcación  llevaba  elementos  de pesca como giradores, rollos de plástico, anzuelos, radar, radios  de  comunicación, bollas de diversos tamaños, con el aditamento que la carnada  se   compra   en   San   Andrés.  Sobre  éstos  temas,  finalmente,  solicitó  “se   hagan   las   revisiones   o   constataciones  pertinentes”.   

M I N I S T E R I O    P Ú B L  I C O   

El Procurador Segundo  Delegado  para la Casación Penal, después de realizar  un  resumen de los hechos, de la actuación procesal, de la demanda e indicar la  forma  adecuada de formular el ataque en casación, solicitó rechazar el ataque  y  casar  de  oficio  con  fundamento  en  el postulado de legalidad de la pena.   

Indicó              que  las múltiples deficiencias  metodologías  de  la  demanda, así como no haber demostrado la trascendencia y  solo  imponer  su  particular criterio e inconformidad respecto a la valoración  de   los  testimonios  de  Méndez  Cruz  y  Marizeth Mora,  de manera alguna evidencian la tergiversación predicada.   

El Delegado, apartándose de las deficiencias  que   acompañan   el  libelo,  determinó  algunos  aspectos  atinentes  a  las  “inconformidades”  del  recurrente:   

1) La responsabilidad  penal  de  ANAYA NÚÑEZ, fue  valorada  en  conjunto  por  los  falladores del caudal probatorio allegado a la  actuación,   entre  los  que  se  cuenta  las  declaraciones  atacadas  por  el  impugnante.   

2)  Realizó  un  recuento  de  lo  narrado  por el testigo Jaime Méndez  Cruz  (analista  de  sistemas  de la Armada Nacional):  estuvo  en  la  incautación  de  la  nave, habló sobre los antecedentes que la  originaron,  de  los  informes  de inteligencia referidos a los hermanos JAIME y  ÁLVARO       ANAYA  (administradores  de la embarcación SESY ULA), quienes desde el año 94 hacían  parte  de  redes  del  narcotráfico denominadas “los  Castillo   y   Los   Zapata  del  área  de  Morrosquillos”;   puntualizó  los  seguimientos  que  les hizo a los procesados, la  ubicación  de  400  kilos de cocaína que se cargaron en Punta Rincón para ser  trasladados  hasta  Bajo  Nuevo  en  el  Archipiélago  de  San Andrés; toda la  información  precedente  a los hechos –adujo  el  testigo-  fue recaudada por las diferentes autoridades de  inteligencia  de  la  Armada  Nacional,  que reposa en los archivos de la Fuerza  Naval.   

3) En la misma línea  de  argumentación, la Delegada extracta y analiza el testimonio de Marizeth  Mora  (secretaria  de la agencia  marítima  RYMAR),  así  como  el  contrato de arrendamiento celebrado entre el  procesado  ÁLVARO  ANAYA  y  WILLIAM  RESTREPO,  junto  con  el inventario de los elementos encontrados en la  embarcación,  para  demostrar  que  no le asiste  razón al defensor, pues  los  falladores  consideraron  tales medios probatorios en conjunto, en donde se  concluyó  que:  la  tripulación  de la           Sexy  Ula  se conocía de tiempo atrás,  tampoco  existió  trabajo  eventual en el muelle, además tenían el propósito  común  de  transportar  cocaína camuflada y resaltó el grado de parentesco de  los procesados.   

4) Siendo ello así,  “la  crítica no es más que un argumento probatorio  de  instancias  que  no  demuestra  sino  un  desacuerdo con la apreciación del  sentenciador,  mas  no que éste ultimo (sic) hubiera tergiversado el sentido de  las  pruebas  o  desconocido  la  existencia  de algunas, de una manera capaz de  modificar  el sentido del fallo”. Motivo por el cual,  la  censura  no tiene vocación de prosperidad, pues se llega a la certeza de la  responsabilidad   penal  de  ÁVARO  ANAYA,   con   fundamento   en   todas  las  pruebas  recopiladas  en  su  contra.    

La     solicitud     de    casación   oficiosa   elevada   por   la  Procuraduría,  tiene sustento en la restauración de los derechos fundamentales  del  procesado  en  atención  al  principio  de  legalidad  de  la  pena  y  en  consonancia  con  el  principio  de favorabilidad, pues el Tribunal le impuso el  mismo   lapso   de  150  meses  que  la  sanción  principal,  a  la  accesoria.   

La  Ley  100  de  1980,  artículo 44, era la  vigente  para el momento de los hechos, la cual debió aplicarse ultractivamente  porque  el  término  máximo  de  pena  accesoria  no superaba los 10 años; no  obstante,  estableció  la  más  gravosa  contenida  en la Ley 599 de 2000, que  tiene una duración de 20 años.    

En ese orden, recomienda el Procurador, casar  parcial    y    oficiosamente   la   sentencia   dictada   contra   ANAYA,  extendiéndoles el beneficio a los  otros  procesados  FORY  COSME,  SILGADO  MORELO, MORELO BARRIOS y OLIER JARAVA.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   SALA   

La  Corte advierte que al haber sido admitida  la  demanda  de  casación en lo atinente al cargo elevado por error de hecho en  sentido  de  falso  juicio  de  identidad,  se  superaron  los  múltiples e inconmensurables defectos lógico  argumentativos  exhibidos  con el único propósito de analizar a fondo aquellas  falencias  que ameritan una reflexión jurídica atenta, por las posibles fallas  a  las  garantías  fundamentales  materializadas  en las instancias, sin que lo  precedente  (casar  el  fallo  por ejemplo), irremediablemente desencadene en su  declaratoria,  máxime  si  se  constata  todo lo contrario; es decir, que no se  presentó  ninguna  afrenta  o  vulneración de entidad trascendente establecida  por la ley y desarrollada por la jurisprudencia.   

I. Problema jurídico planteado:  

1. El censor pretende en sede de casación se  absuelva  a  su  mandante,  refugiándose  en  un  falso juicio de identidad por  tergiversación  de  las declaraciones de Jaime Méndez  Cruz  (analista  de  sistemas de la Armada Nacional) y  Marizeth       Mena       Mora       (secretaria  de  la  agencia  marítima), por cuanto los falladores,  desquiciaron el sentido objetivo de tales medios de convicción.   

1.1. Ensambló en el  mismo  discurso  otras pruebas indicando que ellas tampoco fueron analizadas por  las   instancias:   (i)  un  contrato    de    arrendamiento,    (ii)  la  confesión  del  capitán  ALAMILLA,  en donde, igualmente, se  refirió  al  dinero por él recibido en cuantía de veinte millones de pesos de  los    doscientos    pactados    con    personas    diversas    a   ÁLVARO   ANAYA   NÚÑEZ  y  (iii)  la “faena  de  pesca”  fue  un  hecho  cierto porque la embarcación  acarreaba elementos para esos fines exclusivos.    

1.2. Adicionalmente  sostuvo  que  su  prohijado no hacía parte de la tripulación y las diligencias  realizadas  para  legalizar  el desplazamiento de la nave no podían indicarle a  los jueces que estaba inmiscuido con el tráfico de drogas.   

Fluye  de  lo  precedente  que el actor en un  discurso  confuso,  vago  e  impreciso,  intercaló valoración probatoria (sana  crítica)  con  autoría (su protegido jurídico no tenía idea de la existencia  del  alcaloide en las 12 cajas), pues únicamente se dedicaba a labores lícitas  en  cuestiones  de trámites marítimos: con tales presupuestos, arguyó que los  juzgadores  “desdibujaron”  las pruebas señaladas.     

Teniendo  en cuenta la gran variedad de ideas  planteadas  en  el  libelo,  las cuales fueron expuestas en forma generalizada y  sin  ningún desarrolló expedito, resulta claro, que el tema más sobresaliente  de  ese  manojo  de  nociones  deshilvanadas  y discordantes, es la coautoría;  en el entendido que para él,  su  amparado  jurídico no era conocedor de la ilícita sustancia que cargaba la  embarcación,  motivo  por  el  cual,  las  instancias distorsionaron los medios  probatorios  que  así  lo  informaban  al condenarlo cuando debieron declararlo  inocente.    

II.   La   demanda  frente  a  las  pruebas  incriminatorias    y    a    las    valoraciones   de   las   mismas   por   los  falladores:   

a) La Sala recuerda  los temas expuestos en el libelo:   

(1) las declaraciones  de    Jaime   Méndez   Cruz,   Celestino   Alamilla  Peña   y   Marizeth  Mena  Mora,  no tienen el alcance objetivo acreditado por el  Tribunal,     (2)    se  tergiversaron  tales  testimonios  respecto  al  lugar  o  posición en donde se  encontraba  su  prohijado  puesto  que  él  solo  era  tramitador, (3)  su  mandante  no  tenía conocimiento  previo   del   embarque   ilícito,  (4)  a   su   prohijado   lo  capturaron  después  de  la  tripulación,  (5)   el  gran  error  del  Tribunal  se  concretó  al hacer depender la responsabilidad de su “cliente”    con    base   en   las   atestaciones   mencionadas,  (6)   las  consideraciones  expuestas   en   los   fallos   “son   errores   de  hecho”,   (7)  el  Juez Colegiado propuso su especial y particular visión de los  acontecimientos,   en   el   entendido   que   ÁLVARO  ANAYA   tenía  un  trabajo  lícito  como  cualquier  “humano”,   solamente  realizó      gestiones     para     transitar     la     nave,     (8)  se  desconoció el contrato celebrado  con    WILLIAM    RESPREPO,    y   (9)   en     la     “adición     de     la  demanda”  habló sobre los cinco millones entregados  a  su  poderdante, los cuales, en su concepto, eran legales, además el capitán  del  navío  mencionó a otro sujeto ignorado por los jueces y, fue enfático en  sostener  que  la  faena de pesca era cierta por cuanto en la nave se halló una  gran cantidad de elementos.   

Sopesados  los  argumentos  esbozados  en  la  demanda  con  los  medios probatorios de entidad incriminatoria expuestos en las  sentencias  condenatorias,  desde  ningún  punto  de  vista jurídico le asiste  razón  al  profesional  del  derecho,  quien jamás derrumbó la presunción de  acierto y legalidad que viene atada a las decisiones judiciales.   

Simplemente  se dedicó a presentar un exiguo  embate,  principalmente,  a  las declaraciones de Jaime  Méndez  Cruz y Marizeth Mena  Mora,  indicando  que  se  tergiversaron,  pero jamás  demostró  tal  premisa;  y  ello,  desde luego, no le fue posible, primero,   porque  la  argumentación  se  asimila  a  un  escrito  de libre factura sin ninguna consistencia casacional al  formular  una  gran  variedad  de  hipótesis  e  ideas,  ignorando la temática  jurisprudencial  cuando  se  acoge  el  falso juicio de identidad como motivo de  censura;    segundo,   la  responsabilidad  penal  degradada por los falladores a su prohijado ÁLVARO     ANAYA,    se    fundamentó  principalmente     por    inferencias    lógicas2,  a  partir  de  los referidos  testimonios,   situación   que  dejó  inalterable;  por  tal  motivo,  resulta  quimérico  pretender  la inocencia o absolución de una persona dejando parte o  toda  la  prueba  incriminatoria incólume, siendo labor del experto atacarla en  su  integridad  para  que  el  cargo  resulte,  por  lo  menos, coherente con la  petición.   

b)  En  virtud  del  principio  de  inescindibilidad que rige el recurso extraordinario de casación,  en  donde  los  fallos  de  primera y segunda instancia se funden y conforman un  único  cuerpo3,  se  expondrán  aquellos medios de convicción que fueron tenidos  en  cuenta por los juzgadores para degradarle responsabilidad penal al procesado  ÁLVARO  ANAYA NÚÑEZ.    

1.  Integrantes del  Comando  de  Guardacostas  del  Atlántico,  Estación de Cartagena,  recibieron  de  la Armada de los Estados  Unidos,  una  motonave de bandera colombiana, en la cual detectaron 12 cajas que  contenían una sustancia blanca al parecer de cocaína.    

2.  En el operativo  fueron  detenidos CELESTINO ALAMILLA PEÑA (Capitán),  ORESTES  OLIER JARAVA, RAMÓN  SILGADO  MORELO,  EFRAÍN  MORELO BARRIOS y LUIS ARNULFO FORY COSME.   

3. El 16 de enero de  1999,  la  Armada  Nacional  realizó el inventario a la embarcación  Sexy  Ula,  donde se dejó constancia, por ejemplo, de 200 metros de nylon para pesca,  radios,  motobombas,  clase  de  motor,  salvavidas,  herramientas,  entre otros  artículos.    

4.  A  folio 12 del  cuaderno    primero   principal,   se   allegó   la   diligencia   de   pesaje,  identificación,  toma  de  muestra y destrucción de la sustancia ilícita, que  al  serle aplicados los reactivos correspondiente arrojó positivo de cocaína y  sus  derivados.  El  alcaloide fue hallado en 12 cajas, comprimido y envuelto en  plástico   recubierto   con   cinta   adhesiva  con  logotipo  de  “Popeye”, con un peso bruto de 307.155  y neto de 298.680 gramos.   

5.  El  Capitán  Pablo     José     del     Porto,     declaró  que  el  14  de  enero  de  1999,  se  incautó la nave en  cuestión,  con  cinco  tripulantes,  la cual se encontraba en un sitio donde le  era  prohibido,  llevaba  una  gran  cantidad  de  combustible, sin carnada para  ejercer  la pesca y por labores de inteligencia se sospechaba que en su interior  había estupefacientes.   

6.  El oficial de la  Naval  Armando José Ramírez,  comunicó  que  le  practicó  una  inspección  minuciosa  a  la  embarcación,  logrando  establecer  que  en  diversas  partes  se hallaban varias baterías de  metal  recubiertas  con  brea,  sin  tapas,  más  livianas que las comunes y al  descubrir  su  contenido ubicó una sustancia de color blanco y en polvo la cual  fue  sometida  a  la prueba de narcotex mostrando una coloración azul propia de  la cocaína.     

7.  Marizeth   Mena  Mora,  secretaria  de  la  agencia  marítima  denominada  RYMAR, afirmó que el navío arribó a Cartagena  el  6  de  mayo  de 1998 y en noviembre “apareció el  señor  ALVARO (sic) ANAYA el habó con la jefe mia (sic) y le dijo que el (sic)  estaba  al  frente  de la embarcación”. Además, que  ANAYA y el capitán ALAMILLA,  solicitaron  un  nuevo  zarpe  en  enero  de  1999, informándoles ella sobre el  vencimiento  de  las  pólizas  de  cumplimiento;  advirtió que conoció a otro  tripulante  de  apellido  FORY,  y  respecto  a ÁLVARO  ANAYA  preciso: él es el armador de la nave Sexy Ula,  fue  quien  canceló  en la agencia marítima los trámites para elevar anclas y  negó  cualquier  intervención de terceras personas que hubieran adelantado las  gestiones  portuarias  requeridas  para  conseguir  el  permiso  de salida de la  aludida nave.    

8.  El  Instituto  Nacional  de  Pesca  y  Agricultura,  mediante la Coordinadora de Ordenamiento y  Desarrollo     certificó    que    ÁLVARO    ANAYA  NÚÑEZ,   solicitó  permiso  de  pesca  y  comercio  industrial,  el  cual  le  fue  autorizado  para  la  motonave  Sexy  Ula.    

9.  El  analista de  sistemas   de   la   Armada   Nacional  Jaime  Méndez  Cruz,   expuso   que   a  los  hermanos  ÁLVARO     y     JAIME    ANAYA  y a la embarcación Sexy Ula se les  estaba  realizando  una  labor de inteligencia por tráfico de narcóticos en el  Golfo  de  Morrosquillo,  personas que administraban la nave, allí narró todos  los  pormenores descritos en los hechos, e incluso sostuvo que fueron los mismos  tripulantes  (capitán  y  maquinista)  quienes  les  manifestaron dónde estaba  escondidas  las  baterías  con  la  droga  ilícita.  Continúo  el  declarante  afirmando  que  el  capitán  de  la  motonave  le  anunció  el  compromiso  de  ÁLVARO  ANAYA en los hechos  antijurídicos,  “quien  le  pagó  DIEZ MILLONES DE  PESOS,  con  cheques  del  Banco  de Colombia, los cuales fueron cambiados de la  sucursal  Bazurto,  los  cuales  fueron cambiados por el mismo ALVARO (sic) y el  CAPITAN  (sic),  el  cheque  lo cambiaron ellos. Hubo otros dos cheques por DIEZ  millones  de pesos, cinco y cinco, los cuales no fueron pagados al Capitan (sic)  por  no  haber  cumplido el trabajo en su totalidad, esta plata fue entregada en  el  primer  viaje,  el  día  14  de diciembre. El capitan (sic) dijo que era en  total   de   $60.000.000   como  pago  total  del  trabajo”.     

El mismo deponente comunicó que “la  agencia  maritima  (sic)  RIMAR (sic) solicito (sic) el zarpe  con  destino a San Andres (sic), a una faena de pesca… pero ya el buque había  salido  de  Cartagena hacía punta rincon (sic) sitio en el cual fue cargado con  la  droga,  por  dos  sujetos  en  una  lancha blanca… procediendo a salir con  destino  a  bajo  nuevo  a  entregar  la  droga…  quiero dejar en claro que la  motonave  en  ningún  momento  había tomado hielo, ni carnada para efectuar la  faena de pesca”.   

Con   base  en  los  anteriores  medios  de  persuasión  los  juzgadores  determinaron  con  certeza tanto la ocurrencia del  ilícito  de  tráfico de estupefacientes agravado como la responsabilidad penal  de  todos  los  coprocesados, entre ellos la de ÁLVARO  ANAYA.  Motivo  suficiente  para  valorarlos contra el  penado  y  adicionarle  otros  motivos,  los  cuales  se pueden determinar de la  siguiente   manera:  (i)  la  confesión   realizada   por   el  capitán  CELESTINO  ALAMILLA   PEÑA,   quien   se  acogió  a  sentencia  anticipada,    (ii)    la  embarcación  Sexy  Ula,  no  estaba  de  pesca, puesto que los agentes hallaron  doscientos  metros  de nylon sin haber detectado algún otro elemento indicativo  de   tal   actividad   marítima,   (iii)  el  hecho  que  la  nave estuviera averiada específicamente en el  cuarto  frió –o depósito-  y  prosiguieran  con  el  viaje  sin  que  anticipadamente hubieran arreglado el  inconveniente  mecánico, atenta contra la lógica al pretender ir de pesca, sin  los  mínimos  elementos  necesarios para tal actividad, tal como se corroboró;  y,  si  se le suma a ello, el hecho que  la embarcación se había desviado  de  la  ruta  determinada  por las autoridades, faltándole por lo menos setenta  (70)  horas  de  viaje;  la  condena  declarada  por  las  instancias,  se torna  jurídicamente viable.   

c)  Constataron los  falladores  una  relación personal y directa entre los tripulantes, el capitán  y   la   nave   con   el   procesado   ÁLVARO  ANAYA  NÚÑEZ:   

“Todos   los  vinculados  al  proceso  manifestaron  en  sus  iniciales  intervenciones que no  conocían  al  señor  ALVARO  (sic) ANAYA NUÑEZ (sic). No obstante el despacho  encuentra  que  la  secretaría  de  RYMAR  en  su  declaración  bajo juramento  manifestó  que  Celestino  en  algunas ocasiones estuvo en la agencia marítima  con  el  señor  ANAYA NUÑEZ (sic) y que además la autorización para el zarpe  de  la  embarcación  se  la  entregó  a ANAYA en presencia de un tripulante de  apellido  FORY,  que  no  es otro que FORY COSME, quien afirmó, sin embargo, en  forma tajante no conocer a ANAYA.   

De  otra  parte,  los  parientes EFRAIN (sic)  MORELO  BARRIOS,  RAMON  (sic)  SILGADO MORELO dijeron no conocer a ALVARO (sic)  ANAYA  NUÑEZ  (sic),  pero  sí  manifestaron tener vínculos de parentesco con  Jaime  Anaya  Morelo, éste último hermano medio de aquel, situación que está  acreditada  en la actuación. Así, pus (sic), coincidencialmente los procesados  en  mención  no  sabían quién era ANAYA NUÑEZ (sic), vinculado como ellos al  proceso,  y  armador de la motonave, y en cambio sí conocían al medio hermano,  sin vínculos con el proceso.    

“El capitán Alamilla a su vez sostuvo que  conoció   a  ALVARO  (sic)  ANAYA  NUÑEZ  (sic)  cuando  éste  fue  capturado  encontrándose  ambos  en  la  Cárcel  de  San  Diego,  pero de la declaración  rendida  por  la  secretaria  de RYMAR puede colegirse que en ocasiones aquellos  dos  se  desplazaron  juntos  a  la agencia. Además el mismo ANAYA aseguró que  sostuvieron relaciones a raíz del zarpe”.   

También   los   juzgadores  valoraron  las  exculpaciones  brindadas  por  él, en el contexto de su injurada, en donde, por  ejemplo,  adujó  ser  inocente y ajeno al delito imputado. No obstante, escudó  su  actuar  en  WILLIAM  DARÍO RESTREPO, persona que trata de presentar como la  responsable  de todo el devenir criminal, por un contrato de arrendamiento de la  motonave  que  supuestamente signó con aquel, pero sin mediar ningún dato para  su  ubicación,  localización  e individualización, a pesar de haber realizado  la aludida transacción comercial.   

Y  de  contera,  no  tuvo  sentido  para  la  judicatura,   que  una  vez  formalizada  la  citada  negociación  ANAYA  siguiera  apareciendo  como  único  representante  legal  de  la  nave,  por  los diferentes trámites que continuó  realizando  para  el  desplazamiento  del navío y girando cheques supuestamente  por solicitud de WILLIAM RESTREPO.   

Por tal motivo, en las decisiones atacadas se  expresó:  “De  esa  situación  lo único que puede  inferirse  con  claridad  es  que  ANAYA  NUÑEZ (sic) tuvo en sus manos todo lo  relacionado  con  el  zarpe, estuvo al tanto de dichos trámites, de ahí que la  existencia  de  William Darío no deje de ser una invención  para degradar  la  responsabilidad de la incautación de la droga en un individuo del que no se  tiene  el  más  mínimo indicio de existencia, hecho que confirmó, incluso, la  secretaria  de  RYMAR,  quien  manifestó  claramente que el mencionado Restrepo  nunca  lo  conoció  y que todas las diligencias inherentes al barco siempre las  realizó  ANAYA  NUÑEZ  (sic),  a  quien  conocía  de tiempo atrás porque era  armador,    esto    es,   en   sus   palabras   el   encargado   replanear   los  viajes”.   

Finalmente,   el   procesado   ÁLVARO  ANAYA, quiso ocultar su relación  con  algunos  tripulantes  pero ese hecho se controvirtió con las declaraciones  transcritas,  además  afirmó  que  no  es pariente de los MORELO, cuando ellos  admitieron  lo  contrario,  que si son familiares de su hermano JAIME ANAYA y el  hallazgo  de  la sustancia prohibida no fue sorpresivo y fortuito como quisieron  hacerlo  ver  los  inculpados,  tal  como  lo  informó  el analista de sistemas  Jaime         Méndez         Cruz.   

El  Tribunal,  por  su  parte,  después  de  puntualizar  aquellos  medios  de  prueba  idóneos para demostrar el compromiso  penal  de  ÁLVARO ANAYA junto  con  los demás coautores, le otorgó credibilidad al testimonio de Jaime  Méndez  Cruz, no solo por el relato  mismo  de  los  hechos,  sino  por  su  respaldo  con las versiones rendidas por  CELESTINO  ALAMILLA  PEÑA  (capitán)  y  ORESTES OLIER JARAVA, última persona  señalada,    que    le   indicó   dónde   se   hallaban   algunas   baterías  incautadas.   

En  ese  orden,  el  Juez  Colegiado también  acreditó  la  declaración  de  Marizeth  Mena  Mora,  la  cual  señala  de manera clara y precisa todas las  circunstancias  de  tiempo,  modo y lugar con los que se demuestran, entre otros  acontecimientos,  el  trato  y  conocimiento previo entre el capitán ALAMILLA y  ÁLVARO  ANAYA, los trámites  que  realizaron en la dependencia donde ella laboraba, y que conocía al segundo  “desde  hace  mas  de un año, pues siempre lo veía  por el muelle.   

El  Tribunal  al  ocuparse  de  la coautoría  –tema  cuestionado por lo  defensa-,  se  apoyó  en la teoría  subjetiva en cuanto la voluntad guía  al   autor  para  producir  el  resultado  querido,  concluyendo  que  para  ser  considerado  como  tal  debe  de  poseerse  el  ánimo, sin importar los aportes  causales  al  resultado  típico;  igualmente,  con  el  objeto  de  precisar el  concepto  de  dominio del hecho destacado por Roxin, aludieron las instancias al  aporte  objetivo  y el papel predominante en la realización del delito por cada  persona para diferenciar al autor del partícipe.   

Discurso dogmático que el Tribunal acopló al  caso en estudio, de la siguiente manera:   

“Los  miembros  de  la  tripulación de la  motonave  SEXY  ULA  desde  la  vinculación  de  unos  como  marinos, otro como  maquinista  y  otro  como  Capitán,  a  sabiendas de que no iban a realizar una  faena  de  pesca, sino que se dirigían a hacer la entrega de 298.680 kilogramos  de  cocaína  en  la  región  de  Bajo  Nuevo, hace recaer sobre ellos el total  dominio  del  hecho,  pues su voluntad estuvo desde el primer momento dirigida a  lograr  la  entrega  de  la droga incautada, tratando al unísono de realizar la  conducta  punible, pudiendo evitarlo negándose a dar la contribución exigida a  cada  uno  de  ellos.  Es así cono resulta por fuera de toda lógica y por ello  inatendible   la   propuesta   de  que  el  único  responsable  de  los  hechos  investigados  es  el  señor  CELESTINO  ALAMILLA  PEÑA,  quien  se  acogió  a  sentencia  anticipada,  resultando claro que el armador de la nave señor ALVARO  (sic)  ANAYA fue quien dispuso todo lo necesario para el embarque de la droga…  igualmente  permite  llegar  a  este convencimiento el que en la embarcación no  habían  instrumentos  de  pesca, que el cuarto frío estaba dañado, hechos que  indican  las  reglas  de  la  experiencia no podían pasar desapercibidos, y que  ponen  de  presente  que  la  labor de pesca realmente no existía, y que todos,  desde  el  capitán hasta el maquinista trabajaban mancomunadamente, el capitán  dirigiendo  la embarcación, el armador, ANAYA NUÑEZ (sic) quien se encargó de  los  trámites  documentales  y  pagos  debidos  para  lograr  el  zarpe  de  la  embarcación,  armar  la  tripulación  que  conciente  de  la labor a realizar,  prestara  su  concurso  para  llevarla  a feliz término encomendada, que era el  transporte  de  la  droga  hasta  el  cayo de Bajo Nuevo a sesenta millas de San  Andrés  Islas,  y  hacía  ese objetivo dirigieron su actuar adoptando el hecho  como   propio,   habiendo   acertado   el   a   quo  al  darles  tratamiento  de  coautores”.      

Respecto al contrato de arrendamiento signado  con  una  persona  de nombre WILLIAM RESTREPO, tampoco es cierto, como se anotó  en  páginas  anteriores,  que  no lo hubiesen valorado los falladores, al punto  que  fue rechazado y no se le concedió credibilidad a la versión del procesado  ÁLVARO  ANAYA, puesto que lo  catalogaron  como  una  persona  imaginaria  propuesta por el encartado como una  más de sus coartadas.   

En  este orden, el testimonio de Jaime  Méndez  Cruz (analista de sistemas  de  la  naval),  fue  de  vital  importancia  y al que se le otorgó total valor  probatorio    por    todos   los   detalles   atrás   expuestos:   (1)   realizó   la   inspección   a  la  embarcación,   (2)  se  dio  cuenta  del  estado  de  nerviosismo  de  cada  una  de las personas capturadas,  (3)  habló  de  la labor de  inteligencia  realizada  a los hermanos ÁLVARO y JAIME  ANAYA,    (4)  de  la  forma como se transportó el alcaloide de una nave a otra,  (5)   identificó  de  los  tripulantes,   cuáles   le  señalaron  los  sitios  donde  estaba  ubicada  la  sustancia,  (6) determinó las  diferentes     zonas     de     viaje     de     la    motonave,    (7)  puntualizó  los  trámites  para los  permisos  marítimos,  (8) el  dinero    que    debía    emplearse    para    tales   fines   y   (9)  el  pago  efectuado  al  capitán del  navío  por  transportar  la  droga  prohibida:   circunstancias que fueron  corroboradas  por el capitán CELESTINO ALAMILLA; asimismo, la droga fue cargada  el  9 de enero, fecha en la cual todos los tripulantes ya estaban laborando para  el referido oficial, en la embarcación tantas veces mencionada.   

El  defensor  no demostró la tergiversación  alegada  en  las  declaraciones  atacadas puesto que solo consintió en anunciar  que  de ellas se le había degradado la responsabilidad penal en los hechos a su  prohijado,  sin  ningún argumento adicional que demostrará su propuesta.    

Aunado a lo precedente, se tuvieron en cuenta  otros  hechos  para condenar al procesado ÁLVARO ANAYA  NÚÑEZ:   (i)  porque él era el armador de la nave Sexy Ula, tal como lo aceptó  y    corroboró    la    secretaria   Marizeth   Mena  Mora;    (ii)  el  declarante  Méndez Cruz,  informó  que uno de los cheques fue cobrado por ambos (Altamilla  y   Anaya),   (iii)  en  la  diligencia  de allanamiento practicada en la casa del mismo procesado, se ubicó  una  colilla  de su chequera en donde se constató que éste le giró al aludido  capitán  el  14 de diciembre de 1998, una suma superior a los cinco millones de  pesos  y  (iv)  también  se  encontró  en  su vivienda garantías por la compra de dos baterías Willard con  destino al barco motivo de allanamiento.   

En  conclusión,  el  cargo  se  desestima.   

C  A  S  A C I Ó N   O F I C I O S  A   

El Tribunal Superior  de  Cartagena  y  el  Juzgado  Único   Penal   del  Circuito  Especializado  de  la  misma  ciudad,  en  sus  fallos (condena y confirmación) vulneraron el principio  de  legalidad  de la pena, lo  cual   genera   violación   a   los   derechos  fundamentales  del  sentenciado  ÁLVARO MANUEL ANAYA NÚÑEZ,  motivo  por el cual decide la Corte lo que en derecho corresponda, conforme a la  dosificación punitiva realizada por las instancias.   

Fue           condenado   a   las   penas   principales  de  150  meses  de  prisión  y   multa  de  204.16  smlmv,  en calidad de coautor   del   delito   de  tráfico,   fabricación   o   porte  de  estupefacientes  agravado.  (Ley 30 de 1986, artículos 33 y 38).   

A  su  turno,  también  le  aplicaron  como  sanción   accesoria   la   inhabilitación  para  el  ejercicio   de   derechos   y   funciones   públicas  “por  el  mismo  término de la pena privativa de la  libertad”;  motivo  por  el  cual,  entra  la Sala a  subsanar  el  yerro  de  manera  oficiosa  y  en  forma  inmediata, en defensa y  garantía  de  los  derechos fundamentales que le asisten al condenado, con base  en  el artículo 44 de la Ley 100 de 1980, vigente para la época, que disponía  como  término  máximo  de pena accesoria 10 años; no obstante, los juzgadores  le  aplicaron la sanción más gravosa consagrada en la Ley 599 de 2000, con una  duración de 20 años; tal y como lo advirtió la Delegada.   

En   este   orden,   aplicado  favorable  y  ultractivamente  el  artículo  citado de la extinta normatividad sustancial, la  pena   accesoria  no  puede  sobrepasar  los  diez  años  contra  el  condenado  ÁLVARO   ANAYA   y,   por  garantía  constitucional,  se  les  extenderá  a  los otros coprocesados, FORY  COSME,  SILGADO  MORELO,  MORELO BARRIOS y OLIER JARAVA, la misma medida, puesto  que  también  sus derechos han sido afectados en igual proporción, teniendo en  cuenta  que  la  conducta antijurídica se consumó en vigencia de aquel Código  Penal.   

Con  fundamento  en lo expuesto, la    Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:           Desestimar   la  demanda  de  casación  presentada   a   favor   de   ÁLVARO  MANUEL  ANAYA  NÚÑEZ,   atendiendo   lo  sustentado  en  páginas  anteriores.   

Segundo:     Casar     oficiosa     y  parcialmente  el  fallo de segundo grado de fecha 5 de  abril   de   2005,   expedido   por   el  Tribunal  de  Cartagena;  en  consecuencia,  se  le  impone  a  los  condenados  ÁLVARO  MANUEL ANAYA NÚÑEZ,  FORY  COSME,  SILGADO  MORELO,  MORELO  BARRIOS  y  OLIER  JARAVA, la  pena  accesoria, para cada uno, de inhabilitación para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas de diez  (10)  años,  conforme  quedó  argumentado  en  la  parte  motiva  del presente  proveído.   

Tercero: Decretar  que los demás puntos jurídicos  de la sentencia impugnada se mantienen incólumes.   

Cuarto: Contra la presente decisión no procede recurso alguno.   

Quinto:  Cópiese,  notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Comisión de servicio  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

                    

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID    RAMÍREZ    BASTIDAS               

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                               JAVIER  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1  También     fueron    declarados    penalmente    responsables:    ORESTES   OLIER  JARAVA,  RAFAEL  SALGADO  MORELO,  EFRAÍN  MORELO  BARRIOS   y   LUIS  FORY  COSME. (No recurrentes).   

2  Cuando   se   pretende   atacar  los  indicios,  la  jurisprudencia  desarrolló  –hace  algunos años- la  alternativa  del  falso raciocinio, como error de hecho, cuando se demuestre por  vía indirecta la violación de la Ley sustancial.    

3  Excepto  en  los  eventos  en  que  sus  decisiones chocan o se contraponen, por  ejemplo,   cuando  el  Tribunal  revoca,  caso en el cual, deberá atacarse  exclusivamente, la sentencia de segundo nivel.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *