24681(15-05-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  24681   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.119  

Bogotá D.C., quince (15) de mayo de dos mil  ocho (2008).   

VISTOS  

Decide  la  Sala  acerca  de los fundamentos  lógicos  y  de  debida argumentación de la demanda de casación presentada por  el    defensor    de    MILLER    ALFREDO    BURBANO  CERÓN,  contra  el fallo de segunda instancia dictado  por  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali, Valle, mediante el cual  confirmó  el  emitido  por  el  Juzgado  Diecinueve  Penal  del Circuito de esa  ciudad,  en  cuanto lo condenó a setenta meses de prisión e inhabilitación de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso,  como autor penalmente  responsable   del   delito   de   acceso   carnal   abusivo   con  menor  de  14  años.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Se  compendia  de  las diligencias que en el lapso comprendido entre  los  meses  de  septiembre  y  noviembre  de 1999, la menor C.M.S.D. fue abusada  sexualmente  en  múltiples  ocasiones por MILLER ALFREDO BURBANO CERÓN, hechos  que  fueron  denunciados por la señora Martha Isabel Delgado Landazuri el 23 de  abril  de 2002, quien por casualidad, el día anterior a éste se enteró de los  mismos,  pues,  cuando revisaba los cuadernos de la menor, encontró una nota en  la  cual  manifestaba  que  ya  no  era  virgen  como  sus demás compañeras de  colegio,  hallazgo  ante  el  cual  la  menor  refirió  lo  ocurrido  en aquél  tiempo.   

2.  Oída  en  declaración  la  menor  y en  ampliación  de  denuncia  a  su  progenitora,  la  Fiscal 39 Seccional de Cali,  ordenó  la apertura de investigación penal en contra de MILLER ALFREDO BURBANO  CERÓN,  a  quien  vinculó procesalmente mediante indagatoria y le resolvió la  situación  jurídica  con medida de aseguramiento de detención preventiva, sin  derecho   a   la   libertad  provisional  como  probable  autor  del  delito  de  acceso    carnal    abusivo    con   menor   de   14  años,   providencia  confirmada  por  la  Unidad  de  Fiscalías  Delegadas  ante  el  Tribunal Superior mediante providencia de 27 de  agosto  de  20031   al   desatar   la   alzada   interpuesta   por  el  defensor  del  procesado.   

3.  Clausurado  el  ciclo  instructivo,  el  mérito   probatorio   del   sumario   se   calificó   el   29  de  octubre  de  20032  por  el  mismo  ilícito  de  conformidad con el artículo 208 del  Código  Penal,  decisión  que  adquirió  firmeza el 13 de noviembre del mismo  año al no ser objeto de impugnación.   

4.  La  etapa  del  juicio  la  adelantó el  Juzgado  Diecinueve  Penal del Circuito de Cali, despacho que mediante sentencia  del      10      de     noviembre     de     20043,  condenó  a  MILLER  ALFREDO  BURBANO  CERÓN  como  autor  penalmente responsable del delito de acceso carnal  abusivo  con  menor  de  14 años en concurso homogéneo, a la pena principal de  setenta  (70)  meses de prisión, mismo tiempo en que le fijó la pena accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas.  Igualmente  lo  condenó  al pago de perjuicios morales subjetivados en cuantía  de  cincuenta  (50)  salarios mínimos legales mensuales. No le fue concedida la  suspensión   condicional   de   la  ejecución  de  la  pena,  ni  la  prisión  domiciliaria.   

5.  Impugnado  el  fallo por el defensor, el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Cali lo confirmó el 2 de agosto de  20054,  al  considerar que la prueba de cargo que llevó a la convicción  del   a  quo  acerca  de  la  responsabilidad  penal  del procesado, fue adecuadamente valorada, motivo por el  cual resolvió no acceder a las pretensiones de la defensa.   

Ante  la  inconformidad  con  la  anterior  determinación,  el  defensor  del  procesado  insiste  a  través  del  recurso  extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

Al  amparo de la causal primera de casación  por  violación  directa  de la ley sustancial al incurrir en error de hecho, el  libelista  presenta  dos  cargos:  el primero por falso juicio de identidad y el  segundo, por falso raciocinio.   

Cargo   Primero.    Falso  juicio  de  identidad   

Aduce  que  el fallador de segunda instancia  incurrió     en     falso     juicio     de     identidad    al    “tergiversar  la  valoración  probatoria adecuada a cada medio de  prueba allegado al proceso”.   

En  este  sentido manifiesta que las pruebas  valoradas  por  los  juzgadores  de  primera  y  segunda  instancia se reducen a  “simples  testimonios” de  los  cuales  únicamente constituyen pruebas válidas para la investigación las  versiones  de  la  menor  ofendida  y  del procesado. Así mismo, afirma que los  sentenciadores  no  desvirtuaron  la  presunción  de  inocencia que cobija a su  prohijado,  motivo  por el cual se ha estructurado una condena con fundamento en  un  caudal  probatorio al que se le ha dado un alcance que desborda los límites  de la valoración jurisdiccional y de la sana crítica.   

Con   tal   perspectiva   afirma   que  el  ad quem obtuvo certeza acerca  de  los  hechos  donde  materialmente  no  la  había,  pues  el  análisis para  confirmar   la   sentencia   del   a  quo  carece  de objetividad, en su sentir, ya que los testimonios de la  menor  y  su  progenitora fueron valorados de manera precaria de acuerdo con los  rezagos   de   la   eliminada   tarifa   legal   y  en  detrimento  de  la  sana  crítica.   

Cargo segundo. Falso raciocinio  

En  desarrollo  de  este  cargo  insiste  en  demostrar  que  la  valoración  de  los  elementos probatorios efectuada por el  ad    quem,    desconoce  “las  reglas  de  la  sana  crítica, la lógica, la  experiencia, la ciencia y el sentido común”   

Señala      que      “dichas  reglas ausentes en estas valoraciones debieron haber sido  las  que  determinaran  al fallador en instante aquel en el que precisamente una  de  las  pruebas, esta es el testimonio de la menor, podría pasar por encima de  las  pruebas,  sin  mas  razones  que el análisis inocuo de una casuística que  puede  resultar  aplicable  pero  sin  fuerza  vinculante  a nuestro orden legal  (…)”   

En  un  acápite  que denominó “de  la  evidente  existencia  de la duda razonable”  afirma  que  el  juez de instancia no desvirtuó la presunción de  inocencia,  de  modo  que  procesalmente  persiste  duda  razonable  que se debe  resolver  a  favor del procesado, ya que como los delitos sexuales no admiten la  modalidad  culposa  se  requiere  que  el  dolo  se  encuentre   plenamente  demostrado,   circunstancia   que   no   se   vislumbra   en   el   sub   lite,  por  tanto  el  fallador  al  conceder  plena  veracidad  al  testimonio  de  la menor ofendida quebrantó los  principios  de  la  sana  crítica,  no tuvo en cuenta que las declaraciones que  obran   en   el   plenario  “solo  deben  servir  de  orientadores   de   la   acción   judicial   y   no   plena   prueba   para  el  juzgamiento”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La Corte insistentemente ha señalado que la  demanda  de casación difiere ostensiblemente de un alegato de instancia, porque  requiere  una  presentación  lógica  adecuada  a  cada  una  de  las  causales  legalmente  establecidas,  con  el  respectivo  desarrollo de los cargos que por  vicios   in   procedendo  o  in  iudicando se denuncien y  la  demostración  de  su  trascendencia  en  la  parte  dispositiva  del  fallo  impugnado,  ya  que  la  pretermisión  de  estos  requerimientos mínimos, como  ocurre en el presente evento, condena la censura a su rechazo.   

En  efecto,  el  triunfo  de  la  censura no  depende  de  la  variedad   de  criterios  personales,  como  tampoco de lo  extenso   o   atractivo   del  discurso  forjado  en  la  demanda,  sino  de  la  argumentación  técnica  que  conlleve, de manera lógica, precisa, coherente y  jurídica,  a  la  demostración  de  que  la  sentencia  es  ilegal,  por haber  incurrido el juzgador en los vicios que se vienen de mencionar.   

De  este  modo,  acerca   de   la   violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,   vía   que  escogió  el  libelista  para  hacer  los  embates a la  sentencia,  la  jurisprudencia  de  esta  Sala  de la  Corte        ha        sido        reiterativa  en  el sentido de     que     los     errores     de    apreciación    probatoria  denunciados   inexorablemente   deben   conducir   a  demostrar  que  es  equivocada  la  declaración  del  derecho  material  contenida  en el fallo,  por  haber  omitido  la  aplicación  de  un precepto legal o por  emplearlo indebidamente.   

Esta  especie de  desaciertos  se presenta por  errores  de hecho o de derecho. Los primeros concurren  cuando    el    juez    ignora    una    prueba    que    obra   válidamente  en  el  proceso  o  supone  como  existente  una  que no  ha  sido  incorporada  (falso juicio de existencia) o  cuando  distorsiona o tergiversa su contenido fáctico  atribuyéndole   efectos   que   no  se  derivan  de  ella   (falso   juicio   de   identidad)  y los segundos, hacen  referencia a que el fallador admite y  confiere    valor   probatorio   a   un   medio   de  convicción   allegado   irregularmente  al  proceso  o    desconoce  y  niega  alcance  probatorio  a  las  pruebas  (falso juicio de legalidad),  o le  asignó  un  valor probatorio distinto al establecido  por  la  ley  o  le  negó  el  que  legalmente se le  ha  conferido (falso juicio de convicción).   

La transgresión indirecta de la ley también  se  presenta  cuando  en la asignación del mérito suasorio que se deriva de la  prueba  válidamente,  regular  y oportunamente allegada al proceso, el juzgador  desconoce  los  postulados  de  la  sana  crítica  como método de apreciación  probatoria  (falso  raciocinio), es decir,  no  tiene  en  cuenta los principios de la ciencia, la lógica, la  experiencia o el sentido común.   

Por eso es por lo que cuando se acude a esta  vía       de       censura       –violación    indirecta    de    la    ley    sustancial–,   atañe   al   actor  precisar  la  naturaleza  del  error,  el  sentido de la violación y, luego de identificar el  desacierto,  demostrar  su  incidencia  en la parte resolutiva del fallo acusado  acreditando  cómo,  de  corregirse el yerro respecto de las pruebas erradamente  apreciadas,   al   valorarlas   correctamente   con   las  demás,  válidamente  incorporadas    al    proceso,   la   sentencia   habría   sido   de   distinto  contenido.   

Con fundamento en las anteriores precisiones  la  Corte  procede  a decidir lo pertinente acerca de lo cargos formulados en la  demanda.   

1. Falso juicio de identidad  

El  falso  juicio  de  identidad se concreta  respecto  de  determinado  medio de prueba legal y regularmente aportado, cuando  el  juzgador  hace atribuciones fácticas trascendentes que no corresponden a su  contenido  (falso  juicio  de identidad por adición), o porque recorta aspectos  sustanciales  de  su  texto  (falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento o  supresión),  o  porque muda o cambia el sentido de su expresión literal (falso  juicio  de  identidad  por distorsión o tergiversación), eventos en los que se  pone    a    decir    al   medio   de   prueba   lo   que   éste   no   expresa  materialmente.   

En el caso bajo examen, el demandante señala  que  el  Tribunal  incurrió en un error de hecho por falso juicio de identidad,  porque  conforme  con  su  criterio,  se  debieron  tener en cuenta como únicas  pruebas,  el  testimonio  de  la menor ofendida y el dicho del procesado, puesto  que  las demás declaraciones son de oídas, empero omitió que cuando se invoca  esta  clase de error como sustento de la violación indirecta, es ineludible que  en  la  demanda  se  citen  las  reflexiones  del  juzgador  que le sirvieron de  sustento  a  su  decisión  de  condena  y se contrasten con el contenido de las  pruebas que acusa fueron transfiguradas en su contenido material.   

Y  revisadas las que sirvieron de fundamento  al  fallo,  se  aprecia  que  lo  extractado  de  ellas  por  el  Tribunal   corresponde  a  lo  que  dijo  la menor ofendida y su progenitora, por lo que no  puede    afirmarse    que    su   contenido   fue   falseado,   tergiversado   o  distorsionado.   

Cuestión diferente es la disconformidad con  el  mérito  suasorio  que  se  atribuyó  a  esos  medios  de prueba, que es en  últimas  la  crítica  que  el  defensor  hace  en  la  demanda, por no haberse  asentido  en  el  fallo a su propuesta en el sentido de que la menor faltó a la  verdad  porque  no  habló  a tiempo, no se allegó la carta en que consignó lo  ocurrido  y , además, por el lapso transcurrido entre los hechos y la denuncia,  no  se  hicieron  las  evaluaciones  médico legales que la situación imponía,  además,   de   la   tesis  de  que  su  progenitora  actuó  movida  por  fines  protervos.   

Así, pasa de plantear un error de hecho por  falso  juicio  de identidad a uno por falso juicio de convicción, pues, afirma,  que  el  ad  quem valoró la  prueba  como si estuviera sometida a tarifa legal, equivocación que ni siquiera  se atrevió a desarrollar.   

Por estas razones no se admitirá la demanda  por este cargo.   

2. Falso raciocinio  

Acerca  de  esta  forma de error  tiene  precisado  la  Sala  que  cuando se denuncia el mismo por desconocimiento de los  postulados  de  la  sana crítica, se debe precisar qué dice de manera objetiva  el  medio,  qué  infirió  de  él el juzgador, cuál mérito persuasivo le fue  otorgado,  cuál  fue el postulado de la lógica, ley de la ciencia o máxima de  la  experiencia desconocida, y cuál el aporte científico correcto, la regla de  la  lógica  apropiada,  la  máxima  de  la  experiencia  que debió tomarse en  consideración  y  de  qué manera; y, finalmente, demostrar la consecuencia del  desacierto  indicando  cuál  debe  ser  la apreciación correcta de la prueba o  pruebas   que   cuestiona,  y  que  habría  dado  lugar  a  proferir  un  fallo  sustancialmente distinto al impugnado.   

En  este  caso,  el  libelista  simplemente  manifestó  su  desacuerdo  con  el fallo, argumentando que se desconocieron las  reglas  de  la  sana  crítica, pero no singularizó cuál de ellas —leyes  de  la  ciencia,  reglas  de la  lógica,   normas  de  la  experiencia—,  ni  la  prueba  en  torno  de la cual recae el vicio, simplemente  pretende  cotejar su propia estimación probatoria con la de los sentenciadores,  con  abierto  desconocimiento  de la doble presunción de acierto y legalidad de  la  que  está  revestido  el  fallo  y,  por  ende,  de  la técnica exigida en  casación para postular el error de hecho por falso raciocinio.   

Es  que  no  señala  qué  se dedujo de las  pruebas  en  la  sentencia  y  cuál  fue el mérito persuasivo otorgado por los  juzgadores,  lo  que  hace es sostener que en el fallo se faltó a las reglas de  la  sana  crítica  y  que el juzgador se dejó influenciar por el sistema de la  tarifa  legal  de  la  prueba  de  “tal  modo que se  colocan  dos  pruebas  idénticas  en  escenarios  diferentes y no se concede el  beneficio  de  la  duda  acerca de ambos, y solo (sic) se inclina por decir (sin  que  así lo diga la prueba) aspectos que echan de menos la otra prueba sin más  ni  más  que intenciones y argumentos poco probados y violatorios de toda regla  interpretativa      similar      a      la      sana     crítica”.   

Y  a  partir  de  ese  singular  análisis,  concluye  que  procesalmente  no  se  desvirtuó  la  presunción  de inocencia,  circunstancia  que  traslada  al  aspecto  de  la culpabilidad, afirmando que el  delito  por  el  cual  se  procede  es doloso y, por lo mismo, debe “ser  comprobado  desde su mas (sic) intrínseca manifestación de  voluntad”  y que el testimonio de la menor agraviada  no  se  puede  utilizar  como  elemento  para desvirtuar la aludida presunción,  porque  sólo  sirve  como  criterio  orientador  de  la  acción  judicial, sin  expresar la razón lógica y jurídica de esta afirmación.   

Por  estos  motivos,  el  cargo  tampoco  se  admitirá.   

En conclusión, el demandante incumplió los  principios  de  sustentación  suficiente,  crítica vinculante, coherencia y no  contradicción,  los  cuales  encuentran arraigo en el carácter dispositivo del  recurso  e  implican  que la demanda debe bastarse a sí misma para propiciar la  invalidación  del fallo, sin que la Corte pueda entrar a suplir sus vacíos, ni  a  corregir  sus  deficiencias,  y  que  sus  desarrollos  críticos deben estar  fundados  en  las  causales  taxativamente  previstas  en  la  ley,  sometidos a  precisos  requisitos  de  forma  y  contenido  según  la  causal  invocada, con  identidad  temática  y ajustados a las exigencias básicas de lógica general y  lógica jurídica.   

La    incondicional    prescindencia   o  pretermisión  de  los  señalados  requerimientos,  como  ocurre en el presente  evento,  hacen  que  la  demanda  quede  equiparada  a  un  escueto  alegato  de  instancia, por lo que se debe reprobar con su inadmisión.   

Finalmente,  es  oportuno resaltar que no se  observa  en el trámite procesal o en el fallo impugnado, violación de derechos  o  garantías al procesado, que haga necesario el ejercicio de la facultad legal  oficiosa que le asiste a fin de asegurar su protección.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

NO   ADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de MILLER ALFREDO BURBANO  CERÓN  contra  la  sentencia  proferida  por  el Tribunal Superior del Distrito  Judicial de Calí.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                 ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ    DE    L.                                AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                 YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                    JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

     

1 Folio  87 c.o. N° 1   

2 Folio  108 c.o. N° 1   

3 Folio  459 c.o. Nº 2   

4 Folio  555 c.o. N° 2     

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