24462(18-06-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24462  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

          Magistrado  Ponente   

          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

          Aprobado Acta No. 162   

Bogotá D. C., dieciocho (18) de junio de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

Mediante sentencia de 25 de noviembre de 2004  el  Juzgado  Primero  Especializado  de  Descongestión de Medellín1  condenó  a  JOSÉ  ROBERTO  NOHAVA  MONTOYA a la pena de doce (12) años y seis (6) meses de  prisión,    multa    de   dos   (2)   salarios   mínimos   legales   mensuales  vigentes,  como  autor  del  delito   de   tráfico   fabricación   o  porte  de  estupefacientes  en  la  modalidad  de  conservar y concierto para delinquir con  finalidad  de  tráfico de estupefacientes; y absolvió  a  MARIO  ALBERTO  HERNÁNDEZ  ACEVEDO,  JOSÉ  ELIÉCER MONTOYA CORREA, SORELLY  AMPARO  VELÁSQUEZ  MARÍN, ENOE DEL SOCORRO MONTOYA CORREA,  NELSON ZAPATA  RENGIFO,  YOLANDA  MARÍN  LOPERA,  ARCESIO MARÍN OSPINA, CRISTINA YANETH URREA  GUZMÁN,    JOHN    JAIRO    MONTOYA    CORREA   y   GUILLERMO   LEÓN   GARCÍA  GARCÍA.   

Al  desatar  la apelación  interpuesta  por     el     procesado     JOSÉ     ROBERTO     NOHAVA    MONTOYA, su defensor y  el  agente del Ministerio Público, en decisión de 14  de   junio  de  2005,  el  Tribunal  Superior  de  Medellín  revocó  el  fallo  absolutorio,  para  en  su  lugar  condenar  a   MARIO  ALBERTO  HERNÁNDEZ  ACEVEDO,  JORGE  ELIÉCER  MONTOYA  CORREA, NELSON ZAPATA RENGIFO YOLANDA MARÍN  LOPERA  y  ARCESIO  MARÍN  OSPINA  a  la  pena  principal de siete (7) años de  prisión,  multa  de  dos  mil  doscientos  (2.200)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  para  el año 2000, la inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por un período igual a la pena principal; les  negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena y la   prisión  domiciliaria,  como  autores  responsables  del delito de concierto para delinquir con fines de narcotráfico.   

En  esta  oportunidad  resuelve  la  Sala el  recurso  de  casación  interpuesto  por el defensor del procesado MARIO ALBERTO  HERNÁNDEZ ACEVEDO.   

HECHOS  

Fueron relatados de la siguiente manera en la  sentencia proferida por el Tribunal Superior de Medellín:   

“Mediante   labores   de   inteligencia  adelantadas  por  el  Grupo  de estupefacientes de la Policía Metropolitana del  Valle  de Aburrá se pudo establecer la existencia de una organización dedicada  a  la  venta y distribución de sustancias estupefacientes y alucinógenas   en  el sector del centro de esta ciudad, razón por la cual el Jefe de ese grupo  investigativo  solicitó  a la Fiscalía, el 10 de enero de 2001, la apertura de  una  investigación  previa  y la autorización para interceptar varios abonados  telefónicos,   lo   cual   permitió   la  individualización,  como  presuntos  implicados,  de  los  señores  JOSÉ  ROBERTO  NOHAVA  MONTOYA,  JOSÉ ELIÉCER  MONTOYA  CORREA,  MARIO  ALBERTO  HERNÁNDEZ  ACEVEDO, SORELLY AMPARO VELÁSQUEZ  MARÍN,  ENOE  DEL  SOCORRO MONTOYA CORREA,  NELSON ZAPATA RENGIFO, YOLANDA  MARÍN  LOPERA, ARCESIO MARÍN OSPINA, CRISTINA YANETH URREA GUZMÁN, JOHN JAIRO  MONTOYA  CORREA,  GUILLERMO  LEÓN  GARCÍA  GARCÍA,  cuya captura fue ordenada  mediante  resolución  del 3 de septiembre de 2001  (fls.323-327 c. 1) y se  hizo  efectiva  al  día siguiente (fls. 51-97 c. 2) conjuntamente con FANNY DEL  SOCORRO   CORREA   RESTREPO   y  RAMÓN  ANTONIO  CIRO  JIMÉNEZ.”2   

ACTUACIÓN  PROCESAL  RELEVANTE   

          1.  Con  base en los anteriores hechos, la Fiscalía, en resolución  de    3    de    septiembre    de    2003,    ordenó    la   apertura   de   la  investigación3,  dispuso  la vinculación y captura, entre otros, de MARIO ALBERTO  HERNÁNDEZ ACEVEDO.   

2.  El   5  de  septiembre  de 2001, se  escuchó   en   indagatoria   a  MARIO  ALBERTO  HERNÁNDEZ  ACEVEDO4  y  mediante  resolución  interlocutoria  de 19 de septiembre del mismo año, la Fiscalía le  definió      la      situación      jurídica5  y  se  abstuvo  de  imponerle  medida de aseguramiento.   

4.   Adelantada   la   investigación,  en  resolución   de   sustanciación   de   8   de   agosto   de   20026, se dispuso el  cierre de la instrucción.   

5.  En el tránsito de la investigación, el  implicado    RAMON    ANTONIO    CIRO    JIMÉNEZ7  el 6 de marzo de 2002 se  acogió  a  cargos  para sentencia anticipada, aspecto que motivó la ruptura de  la unidad procesal.   

6.  En interlocutorio de 23 de septiembre de  2002  se  calificó  el mérito del sumario con resolución de acusación contra  MARIO  ALBERTO  HERNÁNDEZ ACEVEDO, JOSÉ ROBERTO NOHAVA MONTOYA, JOSÉ ELIÉCER  MONTOYA  CORREA,  SORELLY  AMPARO  VELÁSQUEZ  MARÍN,  ENOE DEL SOCORRO MONTOYA  CORREA,  NELSON  ZAPATA  RENGIFO,  YOLANDA MARÍN LOPERA, ARCESIO MARÍN OSPINA,  CRISTINA  YANETH  URREA  GUZMÁN,  JOHN  JAIRO  MONTOYA CORREA y GUILLERMO LEÓN  GARCÍA   GARCÍA,   como  coautores  del  delito de concierto para delinquir con  fines           de           narcotráfico8.   

7.  Interpuesto  el  recurso  de apelación,  entre  otros,  por  el defensor del acusado MARIO ALBERTO HERNÁNDEZ ACEVEDO, la  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal Superior de Medellín, en resolución de 12  de         noviembre         de         20029,   confirmó   la   decisión  recurrida.   

8.  Remitidas las diligencias para adelantar  la  etapa del juicio, el 5 de marzo de 2003, la acusada FANNY DEL SOCORRO CORREA  RESTREPO, aceptó los cargo para sentencia anticipada.   

9.  El 19 de mayo de 2003, el Juzgado Cuarto  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Medellín,  llevó  a cabo la audiencia  preparatoria  y durante los días 2 de julio, 9, 10 y 29 de septiembre de 2003 y  30  de  mayo  de  2004, se celebró la vista pública de juzgamiento10.   

10. Mediante sentencia de 25 de noviembre de  2004     el    Juzgado    Primero    Especializado    de    Descongestión    de  Medellín11  absolvió  a  MARIO  ALBERTO  HERNÁNDEZ  ACEVEDO,  JOSÉ ELIÉCER  MONTOYA  CORREA,  SORELLY  AMPARO  VELÁSQUEZ  MARÍN,  ENOE DEL SOCORRO MONTOYA  CORREA,   NELSON  ZAPATA  RENGIFO,  YOLANDA  MARÍN  LOPERA, ARCESIO MARÍN  OSPINA,  CRISTINA  YANETH  URREA  GUZMÁN, JOHN JAIRO MONTOYA CORREA y GUILLERMO  LEÓN  GARCÍA  GARCÍA  y  condenó a JOSÉ ROBERTO NOHAVA MONTOYA a la pena de  doce  (12)  años  y  seis  (6)  meses  de  prisión,  multa de dos (2) salarios  mínimos   legales   mensuales  vigentes,  como  autor  del  delito  de  tráfico  fabricación  o  porte  de  estupefacientes  en  la  modalidad  de  conservar y concierto para delinquir con  finalidad de tráfico de estupefacientes.   

11.   Inconformes  con  la  decisión,  el  procesado  JOSÉ  ROBERTO  NOHAVA MONTOYA,    su    defensor    y    el  agente  del  Ministerio  Público  interpusieron  el  recurso de  apelación  y  en  sentencia  de  14  de  junio de 2005, el Tribunal Superior de  Medellín  lo  resolvió  y  revocó  el  fallo  absolutorio,  para  en su lugar  condenar  a   MARIO  ALBERTO  HERNÁNDEZ  ACEVEDO,  JORGE  ELIÉCER MONTOYA  CORREA,  NELSON  ZAPATA  RENGIFO YOLANDA MARÍN LOPERA y ARCESIO MARÍN OSPINA a  la  pena  principal  de siete (7) años de prisión, multa de dos mil doscientos  (2.200)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  para el año 2000, la  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  período  igual  a la pena principal; les negó la suspensión condicional de la  ejecución   de   la   pena  y  la   prisión  domiciliaria,  como  autores  responsables    del   delito   de   concierto   para  delinquir   con  fines  de  narcotráfico.  En lo  demás, la confirmó.   

12.   Contra  la  sentencia  del  Tribunal  Superior,  el  apoderado  de MARIO ALBERTO HERNÁNDEZ ACEVEDO, presentó demanda  de  casación,  la  cual,  mediante auto de 3 de agosto de 2006 fue admitida por  esta  Corporación y dispuso correr traslado al señor Procurador Delegado en lo  Penal, para que emitiera concepto.   

LA DEMANDA:  

El  defensor  del  procesado  MARIO  ALBERTO  HERNÁNDEZ  ACEVEDO,  presenta demanda de casación en la que formula dos cargos  por   violación   indirecta,   por   falso   juicio   de   identidad   y  falso  raciocinio.   

El   libelista   expone   las   siguientes  razones:   

          Primer  cargo.  Violación  indirecta  de la ley por falso juicio de  identidad.   

          .-  Acusa la sentencia por violación indirecta del artículo 340 de  la  Ley  599  de 2000 por falso juicio de identidad en la tergiversación de las  pruebas,  porque  se  les dio un sentido diferente al que deriva su contexto, al  inferir  de  ellas  el  propósito  de  concertar  la  comisión de una serie de  punibles  tendientes  al  tráfico  de  estupefacientes,  conclusión  que no se  ajusta a lo que señala el material probatorio.   

.-  Dice  que  el  Tribunal  y el Ministerio  Público  “desdibujan el hecho que revela la prueba  con  base  en una serie de hechos indicadores que por claridad de la conclusión  que  conllevan  considero  (sic) conveniente resaltar en la forma en que lo hice  en  su  oportunidad  pues de allí se colige lo protuberante del error en que se  incurre.”   

Destaca que el procesado Ramón Antonio Ciro  Jiménez  en  la  diligencia  de  indagatoria,  no  involucra  a  MARIO  ALBERTO  HERNÁNDEZ  en  la organización de tráfico de estupefacientes, medio de prueba  con  base  en  el  cual, el agente del Ministerio Público soporta el recurso de  apelación  contra  la sentencia de primera instancia, incrimina a un MARIO, sin  que  se  pueda afirmar que se trata de su defendido, pues no lo individualiza de  manera  clara  y  precisa,  ni  siquiera  aporta su número telefónico, y sólo  dijo:  “…Esa  droga la expendía, la entregaba de  media  libra  para  arriba, no la papeletiaba, aquí hay unas personas a las que  se  les  vendía por kilo o por libra, lo mínimo era media libra. Esas personas  son  los  interlocutores  que están en esas llamadas, por ejemplo YOLANDA, ella  la  expendía,  yo  me  comunicaba  por  teléfono  al  4512948,  esa YOLANDA se  encuentra  retenida  en  estos momentos acá en la SIJIN, al igual que el señor  MARIO no le sé el apellido, no recuerdo el teléfono.”   

Con base en este aparte, no entiende cómo el  Tribunal  concluye,  de  manera  inequívoca, que la persona que menciona Ramón  Antonio  Ciro  Jiménez,  es  MARIO  HERNÁNDEZ ACEVEDO, cuando Mario, al que se  hace  relación  en  la  indagatoria,  no  se  conoce  el apellido ni su número  telefónico.   

Es  evidente  el  error  por  el  cual MARIO  ALBERTO  HERNÁNDEZ  ACEVEDO  “…debe responder de  los  cargos  que  le imputa el Ministerio Público por la homonimia de su primer  nombre  y  no  por  que  (sic)  haya  hecho  algo, transgrediéndose con tamaña  afirmación  los más elementales principios legales y probatorios e incurriendo  en   una  clara  responsabilidad  objetiva,  totalmente  proscrita  por  nuestro  ordenamiento penal.”.   

De  los dichos de Ciro Jiménez solamente se  infiere  que  en  la  organización existía una persona con el nombre de MARIO,  sin   que   se   pudiera   “incluir”,  como  de  manera  errada  lo hizo el ad  quem,  que  se  trataba  de  MARIO  ALBERTO HERNÁNDEZ  ACEVEDO.   

-.  De la transcripción de la conversación  telefónica  interceptada  el  10/08/02 vista el folio 81 del cuaderno No. 1 del  expediente,  se  observa  “…que no se trata de un  lenguaje  cifrado  que permita inferir que en la misma se referían a sustancias  estupefacientes  y/o  a  dinero  habido por esa ilícita actividad. En efecto en  dicha  conversación  se  habla  simplemente  de  recibir   una persona que  manifiesta  ir  a  visitar  a  alguien  y  que  le  informe  al celador de dicha  visita.”   

Resulta evidente el yerro del Tribunal cuando  infiere  de  esta  conversación  la  responsabilidad de MARIO HERNÁNEZ ACEVEDO  porque  las  leyes  de  la  lógica,  las ciencias y la experiencia “enseñan  que una conversación como la interceptada, se insiste  solo  (sic)  permiten colegir que el señor Ramón le pidió a mi poderdante que  lo  recibiera  personalmente  y que le informara de la misma al celador. Afirmar  lo  contrario  significa  incurrir  en  un  flagrante error en contra de la sana  critica,  más  aún,  cuando  el encartado en su injurada explica claramente el  motivo  de  la  reunión,  y  el  mismo  es  corroborado con los dichos de otros  procesados”.   

Otro  error  probatorio  corresponde  a  la  valoración  equivocada de algunas de las comunicaciones registradas en el busca  personas  código  44239,  cuando  el Tribunal de manera errada las utiliza para  establecer  la  responsabilidad  de  MARIO ALBERTO HERNÁNDEZ como miembro de la  organización que operaba desde el hotel La Macarena,   

         “por cuanto:   

    

* Quedo  (sic)  probado  que Enohe (sic) era la compañera permanente  del  señor  Mario Alberto Hernández para la fecha de los hechos y ello de suyo  justifica  o  explica   cualquier  comunicación  que  estos  tuvieran, por  evidentes  razones,  que no son propiamente ilícitas como lo colige el fallador  de  segunda   instancia. Dicho de otra forma, es lógico que una compañera  permanente  llame a su compañero en forma más o menos permanente y que en caso  de  problemas,  más  aún  legales,  acuda  a  éste para buscar algún tipo de  ayuda.     

    

* Se  estableció  igualmente  dentro del proceso que el señor Jorge Eliécer Montoya  Correa  para  la  fecha  de  los  hechos  era cuñado de  mi defendido pues  aquél  es  hermano  de  la  señora Enohe (sic) del Socorro Montoya, quien para  entonces  era compañera permanente del señor Mario Alberto Hernández Acevedo.  Relación  familiar  ésta  que  explica los mensajes interceptados y según los  cuales  se dice ‘llamar al  tigre’…”.     

          -.   Al  desconocer  la  segunda  instancia  la  relación  afectiva  existente  entre  estas  personas y así colegir “de  sus  comunicaciones  una  falsa conexión delictual”,  erró en la valoración de esta prueba.   

          Segundo cargo.   

          De  manera  subsidiaria,  acusa  la  sentencia  por violación   indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error de hecho, para lo cual transcribe  apartes  de  esta  Sala,  en  los  que  se  hace  precisión  al falso juicio de  identidad y lo plantea en los siguientes términos:   

          -.  La valoración que realizó el Tribunal es equivocada, pues a lo  largo  del  proceso  se  determinó  que  MARIO  ALBERTO  HERNÁNDEZ ACEVEDO era  compañero y trabajador de Enoe del Socorro Montoya Correa.   

         

          Comparadas  las  pruebas  que  se tuvieron en cuenta en la sentencia  del  Tribunal  con  las  demás  que  obran en el expediente se colige que en la  sentencia  atacada  se  dio  por  probado  sin  estarlo,  la  existencia  de  la  “concertación     para    la    comisión    de  narcotráfico…” y desconoció el hecho consistente  en  que  “…la  comunicación de mi poderdante con  Enohé  (sic)  del  Socorro  Montoya  Correa y su hermano Jorge Eliécer Montoya  devino  por la relación emocional que él tenía con la primera.”.   

          Al   confrontar   la   sentencia   del  a  quo  en  que  absolvió  a  MARIO  ALBERTO  HERNÁNDEZ  ACEVEDO  con  la  sentencia  del  ad quem  que  ahora  se recurre, la incidencia del error se hace obvio para  concluir  que “dicho error generó la revocatoria de  la  absolución y en su lugar la imposición de una pena de prisión a siete (7)  años de prisión.”.   

          “Violación  indirecta que salta de bulto, pues si el señor Juez  de  segunda  instancia  hubiera  dado  por  sentando,  como  lo  hizo la primera  instancia,  que  las  comunicaciones  del  señor  Hernández  Correa  (sic) con  algunos  de  los  procesados  obedecía a la relación sentimental y laboral que  éste  tenía  con  la  señora Enohé del Socorro Montoya lo había absuelto de  todo cargo, como lo hizo la primera instancia.”.   

         

          Al  condenar  el  Tribunal  Superior  a  su defendido como autor del  delito  de  concierto  para delinquir con fines de narcotráfico, está violando  de       manera       indirecta      el      artículo      22      (dolo)     del    Código    Penal  (Ley  599  de  2000)  y 267  (adopción  irregular)  del  “Código del Menor” (sic).   

          Se   aplicó  de  manera  indebida  el  artículo  168  (secuestro    simple)   del   “Código  Penal”   (sic)   (Ley   599  de  2000)  al  modificar una providencia -sentencia  de  primera  instancia- en la que de manera adecuada se  habían  valorado los hechos que arrojaban las pruebas para en su lugar condenar  por  el  delito  de concierto para delinquir con fines  de narcotráfico.   

          Error  en  la  valoración  de las pruebas que implica la violación  indirecta  de  las  siguientes  normas:  artículos  1°  (dignidad  humana) del  Código  Penal y de Procedimiento Penal, “pues en un  estado  social  de  derecho  como  el  nuestro  corresponde  a  las  autoridades  públicas  velar  por  la  protección del individuo a quien se le violentan sus  derechos   e   igualmente   a   aquel   que   ha   llevado   a   cabo   el  acto  delictivo.”   

          Expresa,  que  es obligación del Estado y de las autoridades que lo  representan,   velar   por  la  aplicación  de  los  principios  de  tipicidad,  culpabilidad,  trasgresión  que  implican  el  desconocimiento  de  la dignidad  humana.   

          Como  normas  violadas  de manera indirecta, señala, los artículos  4°  (función  de la pena),  6°    (legalidad),   9°  (conducta   punible),  12  (culpabilidad)   y   21  (modalidades  de  la  conducta  punible)   del   Código   Penal   (Ley  599  de  2000).   

                      Solicita se  case  parcialmente  la  sentencia  y  en  su  lugar  se absuelva a MARIO ALBERTO  HERNÁNDEZ ACEVEDO por el delito de concierto para delinquir.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

La  Procuradora    Tercera  Delegada para la Casación  Penal    luego    de    reseñar    la   actuación  procesal  y  la  demanda,  emite  concepto en el que solicita a la Corte no casar  la         sentencia        impugnada   con   base   en   las   siguientes  razones:   

Primer cargo:  

-. El desarrollo y  fundamentación  del  reproche  resulta  impropio  para  demostrar  el error que  denuncia,      que     conlleva     a     ser  desestimado.   

-.  La  censura  dirige  el  cargo a revelar  la  tergiversación  del  contenido  fáctico  de  la  prueba,  pero se   aparta   de   la   exigencia   elemental  relacionada  con  la  demostración      de      esta      clase      de     errores,     la    cual    se   concreta   con   la  confrontación  que  se  hace  del  contenido material del medio de prueba, para  establecer  qué  acredita  en relación con lo que se dedujo en la sentencia de  instancia,     tarea     que    no    cumple    el  impugnante.   

-. No se advierte impropiedad con  ocasión  a  la  prueba  contenida  en  el  dicho de uno de los  procesados     que     incrimina    a    Hernández  Acevedo,  como  una  de  las personas que hacían parte de la organización  delincuencial  dedicada  a  la comercialización de estupefacientes, respecto de  la      cual,     se  dice, recae el yerro en el  análisis    probatorio    realizado   por   el   ad  quem,            al            encontrarse    que   el   Tribunal  al  apreciar conjuntamente los  elementos  de  prueba,  precisa  los  componentes  que  configuran  el delito de  concierto  para delinquir a partir de unos hechos que tienen plena demostración  en el proceso.   

-.   En   la   sentencia,  en     primer     lugar    se  hace  referencia a la responsabilidad  de  JOSÉ ROBERTO NOHAVA MONTOYA; quien reconoció que  la  droga  se  hallaba  en  su  domicilio  y  por encargo de RAMÓN ANTONIO CIRO  JIMÉNEZ,  último  que  acepta  la  propiedad  sobre  las  drogas;  en  segundo  orden,  se  relaciona  de  manera  coherente y lógica la declaración de  Ciro  Jiménez, en cuanto aceptó tener amistad con las mayoría de las personas  que     resultaron      encartadas  en el delito de tráfico de estupefacientes y que fue descubierta  en  la operación de policía judicial, en la cual se vincula el nombre de MARIO  ALBERTO  HERNÁNDEZ  ACEVEDO, como quien se concertó con Ramón Antonio para la  realización del delito.   

De     esta     manera,   encuentra  identidad  lo  que  dice  materialmente  el medio de prueba y lo manifestado por el sentenciador sobre ese  contenido,  para  que  la  distorsión que se plantea  quede  en  la  discrepancia sobre la credibilidad que se le dio al dicho de Ciro  Jiménez.   

-. En  relación  con    la   distorsión   que   atribuye   sobre  las  transcripciones  de  los  resultados  de  las  interceptaciones  telefónicas,  mezcla  argumentos  que se  refieren  a  desaciertos  probatorios de distinta naturaleza, sin que señale, a  qué  obedece  la  tergiversación  de  estos medios de convicción -adición,       mutilación      o      alteración-.,     donde     la     crítica     que     se    hace,    se    limita   a   indicar   que  fue  distorsionado  el  análisis    con   relación   a   otros   medios   de   convicción,      que      declararon  demostrado el acuerdo permanente  de  voluntades  que  existía   entre  los  miembros  de  la  organización  delictual.   

-.     No    existe    alteración  del  contenido  material  del  medio  de convicción,   cuando   al        estudiarlo  y  hallar  que  no  refleja la totalidad de los hechos objeto de  prueba,  es  correlacionada  con  otros   y  de  ese  conjunto se extrae la  conclusión   que   es   compatible   con   la   visión   completa  del  acopio  probatorio.   

Segundo cargo:  

-.    El  demandante   pretende,  se  configure  error  de  hecho  por falso juicio de  identidad,  a  partir  de  comparar las valoraciones  probatorias    del  a    quo   con   las  conclusiones      del     ad     quem.   

-.  Como  el  falso  juicio  de identidad se plantea a partir de la  errónea  apreciación  de  los  términos utilizados  en   las   conversaciones  telefónicas  y  mensajes  dejados  en el busca personas de MARIO ALBERTO HERNÁNDEZ ACEVEDO, el demandante  no  desarrolló  la postulación y omitió identificar las expresiones objetivas  y  literales  de  las  manifestaciones sobre las cuales señala el  error y  especificar  lo  que  leyó  o  entendió  de  manera adulterada el Tribunal Superior, con la finalidad de  enseñar   a   la   Corte   en   qué   consistió   la  tergiversación  de  la  prueba.   

Pretende    remediar    esa   omisión  analizando  el  medio de prueba que dice fue tergiversado,  para emitir  su    opinión    y    criticar   al   Tribunal   por   suponer   que   los  términos  que  se  utilizaron en las comunicaciones  logran    demostrar    un    acuerdo   o   concertación    para   realizar  actividades  ilícitas.   

-.    La  oposición  del  libelista se dirige a la valoración que en conjunto se hizo de  los  medios  de  prueba  para  inferir  el concierto para delinquir con fines de  narcotráfico  y  no  a  la  forma  como  se  apreciaron  los  términos  de las  conversaciones   sostenidas   por   el   implicado,   los   cuales  tampoco  fueron analizados en el fallo  de   manera  aislada  y  de  los  que  se  derivó  el hecho indicador del cual  el  juzgador  dedujo  la  existencia del concierto.   

Fueron  las  circunstancias  conocidas  y  hechos   aceptados   por   los   procesados  que  reconocieron  la  participación   en   el   tráfico  y  negociación  de  estupefacientes  y la relación con  el       implicado,       de       las  que  como  hechos  indicadores el  Tribunal   hizo   la  inferencia del acuerdo de  voluntades  para  la  realización  del  delito, por  tanto, el cargo debe ser desestimado.   

CONSIDERACIONES  DE LA  SALA   

Primer cargo  

El  impugnante centra el reproche contra la  sentencia  del  Tribunal,  por  violación  indirecta  de  la ley sustancial por  tergiversación   de   los   medios  de  prueba  que  se  condensan  en  la  indagatoria  de Ramón Antonio Ciro Jiménez; la trascripción de los resultados  de  las  interceptaciones  de  las  llamadas  telefónicas y el contenido de los  mensajes  dejados  en  el  buscapersonas  del  código  44239;  por dárseles un  sentido  diferente al que deriva su contexto e inferir de ellas el propósito de  concertarse  para  la  realización  de  delitos de tráfico de estupefacientes,  conclusión que dice, no se ajusta a lo que ellas demuestran.   

El  libelista  asegura  que  los  jueces de  instancia  incurrieron  por  violación indirecta de la ley sustancial por falso  juicio de identidad.   

Contrastadas las piezas procesales, advierte  la   Corte,  que  en  la  sentencia  atacada,  el  ad  quem  arribó  a  la  conclusión  que  MARIO  ALBERTO  HERNÁNDEZ  ACEVEDO, fue parte de un grupo de personas que se habían concertado  para  ejecutar  los  delitos  de  tráfico  de  estupefacientes,  a partir de la  valoración  de los medios de prueba, en su conjunto, donde no solamente tuvo en  cuenta  la  declaración  de  Ramón  Antonio  Ciro  Jiménez  producida  en  la  diligencia  de  indagatoria,  las  transliteraciones  y  transcripciones  de las  interceptaciones  telefónicas  y mensajes del buscapersonas, si no que además,  le  hicieron  parte,  los testimonios de los miembros de policía judicial de la  Sijin,  Manuel  Gilberto  Salcedo  Reina y Pablo Emilio Durán que ratifican los  informes que constituyen la génesis de la investigación.   

Es  importante  precisar que el Tribunal en  forma  alguna distorsionó el testimonio en el cual Ramón Antonio Ciro Jiménez  incrimina  a  MARIO  ALBERTO  HERNÁNDEZ ACEVEDO, simplemente realizó una labor  analítica  de la declaración, confrontada con el material probatorio restante,  que  le permitió concluir que el testigo dijo que MARIO ALBERTO, era una de las  personas  que realizaba la distribución de las sustancia estupefaciente que él  traía  desde el Urabá, en asocio con las demás que se encontraban privadas de  la  libertad, razón por la cual, las conclusiones del juez de primera instancia  resultaban    equivocadas    y    procedió     a    revocar    el    fallo  absolutorio.   

El  error  de  identidad que sin fundamento  alega  el  censor,  solo refleja su discrepancia frente al valor suasorio que el  Tribunal  confirió  a la declaración del testigo, que como trabajo analítico,  se    realizó    en    comparación    con    las   restantes   probanzas   del  proceso.   

Esta tarea fue la que emprendió el Tribunal  y a partir de la ella afinó:   

“Del  mismo  modo  tiene  sustento  la  incriminación  que  hace  el  confeso  Sr.  RAMÓN  CIRO  contra  MARIO ALBERTO  HERNÁNDEZ  ACEVEDO, señalándolo como una persona relacionada directamente con  sus  actividades  ilícitas (fls.173 c. 2) y aunque dice no recordar su apellido  o  el  número  de  su  teléfono,  tiene  certeza  de  la  persona que lo está  incriminando  porque  lo  referencia  como  uno  de los retenidos con él, en la  SIJIN.  Ese vínculo tiene mayor sustento en las contradicciones que se observan  durante  la  diligencia  de  indagatoria  del  Sr.  MARIO ALBERTO quien aduce en  principio   que   conoce  al  Sr.  RAMÓN,  porque  cada  ocho  o  quince  días  visitaba   con  una  amiga  el  hotel  La  Macarena,  de  propiedad  de  su  compañera  ENOHÉ  MONTOYA,  pero no sabe dónde vive o a qué se dedica porque  no  es  tan amigo, pero más adelante admite que es propietario de la panadería  “El   Pastel”  y  cuando  se  le  confronta respecto a la muy lacónica  llamada  transcrita  en  el  folio 81 del cuaderno 1, sólo atina a decir que la  conversación  era  un  maíz para él llevar a la finca lo que deja sin piso el  argumento  simplista de que no está en lenguaje cifrado, pues resulta obvio que  ambos  saben  a  qué  se  están  refiriendo  y por ello omiten toda referencia  concreta al objeto de la visita que MARIO le autoriza a RAMÓN.   

(…)  

La exposición de Policía Judicial No. 639  del  31  de  agosto  de  2001,  suscrita por el CT  MANUEL GILBERTO SALCEDO  REINA  (fls.  85-104  c.1)  y  que  cobra fuerza probatoria con su ratificación  vertida  el  17  de  septiembre de 2001 (fls. 248-255 c.2) y la de su compañero  PABLO  EMILIO DURAN ROZO (fls. 49-51 c.3), ciertamente hace referencia a FANNY y  GUILLERMO;  como las personas que coordinan la venta de estupefacientes en todos  los  hoteles  de  la zona céntrica, para lo cual contactaban a RAFAEL ANTONIO y  su   esposa  ROSA,  quienes  traían  la  droga  desde  algunos  municipios  del  departamento  de  Antioquia,  pero  también  menciona  reiteradamente  a  MARIO  ALBERTO  HERNÁNDEZ  ACEVEDO  y  su  esposa  o  compañera permanente ENOHÉ DEL  SOCORRO  MONTOYA  RESTREPO,  aduciendo  que  para  la  ilícita  actividad ellos  utilizan  el  Hotel La Macarena (fl. 101 c. 2) por lo que no puede venir ahora a  negarse  que  tuviera  control  sobre  las  actividades  ilícitas  que  en  ese  hotel    se   desarrollaban   y   de  las  que12   dan   buena  cuenta  las  comunicaciones  interceptadas  y las declaraciones ya mencionadas, pese a que en  el  mismo  no  se hubiesen incautado sustancias estupefacientes, ni figura en la  relación    de    hoteles    dedicados    al    narcotráfico   (fls.   217-218  c.1.).”   

Al  corroborar  la literalidad del medio de  prueba  en  el  expediente,  Ramón  Antonio  Ciro  Jiménez,  en ampliación de  indagatoria  del  7 de septiembre de 2001, al aceptar los cargos por los delitos  de  tráfico  de estupefacientes y concierto para delinquir, expone el modo como  opera  para  la obtención y distribución de la sustancia estupefaciente, de la  siguiente manera:   

“Esa  droga   me  la  mandaban  de  Urabá,  esa  droga,  el  último viaje que me mandaron, no se bien la fecha, me  mandaron  el viaje, y el señor que me la mandaba era el señor USUGA, el vivía  en  Apartadó,  vivía  porque  lo  mataron, hace creo que menos de dos meses, y  creo  que  lo  mataron o eso pienso yo, que lo mataron referente a esa droga que  él  conseguía  allá. Incluso de esa droga le quede debiendo una plata y se la  pagué  a  la  señora  de  él, porque soy muy honesto yo, se que la señora se  llama  MIRIAM pero no más. La última vez que me mandaron hace por ahí un mes,  porque  él  como  que  había  dejado  recogido  y  la  señora  se encargó de  mandarla.  Esa  droga  la expendía, la entregaba de media libra para arriba, no  la  papeletiaba,  aquí había unas personas a las que se les vendía por kilo o  por  libra,  lo  mínimo  media  libra. Esas personas son los interlocutores que  están  en  esas  llamadas,  por  ejemplo  YOLANDA,  ella  la  expendía,  yo me  comunicaba  por teléfono al  4512948, esa YOLANDA se encuentra retenida en  estos  momentos  acá  en  la  Sijin, a un señor CUCHO, que el teléfono de ese  señor  es  2455536,  al  señor  ELIECER  en  el 4779327, también se encuentra  retenido  en  la  Sijin,  al  igual que el señor MARIO no le se el apellido, no  recuerdo  el teléfono. Esas personas son la que tenían  relación directa  conmigo.”.   

Prueba  testimonial  respecto de la cual se  advierte,  que  al  ser  valorada  en  su  tenor  literal  por el Tribunal en la  sentencia   atacada,  no  fue  tergiversada,  donde  es  claro  que  tampoco  se  desnaturalizó  su contenido, pues de ella se extrae con claridad meridiana, que  Ramón  Antonio  Ciro  Jiménez  adquiría  los  estupefacientes  de la zona del  Urabá  Antioqueño,  los  distribuía en cantidades de un kilogramo, una libra,  hasta  media  libra  a quienes se encuentran como interlocutores en las llamadas  telefónicas,  que corresponden a YOLANDA, CHUCHO, ELIECER y MARIO, personas que  a  su  vez  dice,  en  el momento en que rinden la diligencia se encontraban con  él, privadas de la libertad en la Sijin.   

Al  remitirnos  a las llamadas telefónicas  que  se relacionan con ocasión a la actividad de interceptación, se corrobora,  que         del        abonado        285223013  instalado  en el negocio de  propiedad  de  Ramón Antonio Ciro Jiménez, el 10 de agosto de 2001 a las 19:29  se  realizó  una  llamada al número telefónico 3742614 el cual corresponde al  que   reporta  MARIO  ALBERTO  HERNÁNDEZ  ACEVEDO  en  el  momento  de  la  diligencia          de          indagatoria14  como  el  de  su domicilio,  conversación  donde  hablan  las  personas  con  los nombres de Ramón y Mario,  conforme   se   verifica  en  el  informe  No.  63115  de  29 de agosto de 2001 de  la  Policía  Judicial  de la Policía Nacional Sección Valle de Aburrá, hecho  con  el  que  se acredita, como lo dice Ciro Jiménez, MARIO ALBERTO HERNÁNDEZ,  había sido su interlocutor telefónico.   

De la misma forma, con base en el informe de  policía  de  la  Sijin  de  4 de septiembre de 200116   con   ocasión   a   los  operativos  de  allanamiento,  registro  y  captura que se habían programado de  manera  antelada,  se constata que se deja a disposición, entre otras personas,  a  los  capturados  MARIO  ALBERTO  HERNÁNDEZ  ACEVEDO  y  Ramón  Antonio Ciro  Jiménez,  sin  que  exista  otra  persona dentro de ese grupo, con el nombre de  Mario.   

Así,  resulta palmario, que el Tribunal no  tergiversó,  menos,  torció  el  contenido  de la diligencia de indagatoria de  Ramón  Antonio  Ciro Jiménez, pues es claro que cuando el declarante incrimina  a  MARIO,  lo  hace,  individualizándolo  como  quien en ese momento se hallaba  privado  de  la libertad y en su compañía, en las instalaciones de la policía  judicial,    cuando    afirma    “…  también  se  encuentra  retenido  en  la  Sijin, al igual que el  señor  MARIO  no le se el apellido, no recuerdo el teléfono. Esas personas son  la     que     tenían      relación    directa    conmigo.”,   resultando   por   deducción,   que  solamente  con  el  nombre de MARIO, fue capturado en el grupo delincuencial que  realizaba  la  actividad  de  distribución  de  estupefacientes y al cual se le  venía  haciendo  seguimiento  con  arduas  labores  de  policía judicial desde  varios  meses  atrás  y  en  el que se había identificado plenamente de manera  previa  y  contra  quien se había emitido orden de captura, existía la persona  con el nombre de MARIO ALBERTO HERNÁNDEZ ACEVEDO.   

Ese   proceso  de  individualización  se  verificó  también, cuando el declarante indica a los compradores en cantidades  de  un  kilo,  una  y  media libra de sustancia estupefaciente, quienes luego la  distribuyen   en   menores   cantidades,   como   sus   interlocutores   en  las  comunicaciones,  aunque respecto de MARIO, en ese momento no recuerda el número  telefónico,  aspecto  que  se supera desde la perspectiva probatoria que arroja  la  relación  de  llamadas telefónicas y mensajes en el buscapersonas desde el  teléfono      de      Ramón     Antonio     Ciro     Jiménez     -2852230-  al  abonado  de  MARIO ALBERTO  HERNÁNDEZ      ACEVEDO      -3742614-,  lo  mismo  que al busca personas código 44239, que conforme a la  documentación   de   la   empresa  “BeeperCar”17 se encuentra registrado a su  nombre  como  suscriptor,  hechos, que como ciertos, probados y conocidos dentro  del expediente, se deduce, habían sido interlocutores.   

Además   -se  repite-,  la  valoración que realizó el Tribunal fue  en  conjunto de todos los medios probatorios, al que le hacen parte los testigos  Manuel  Gilberto  Salcedo  Reina  y Pablo Emilio Durán como policía judicial a  cargo  de  la  investigación,  quienes  desde  el  29 de agosto de 2001, en que  rindieron  el  informe  que  pone  de relieve el modus  operandi  de la organización para la distribución de  sustancias              estupefacientes18, que luego fue ratificado en  las  declaraciones  rendidas  el  17  de  septiembre19    y    23    de   octubre  de20  2001,  respectivamente,  en las cuales identifican plenamente como  uno  de  sus  integrantes  a MARIO ALBERTO HERNÁNDEZ ACEVEDO, con la cédula de  ciudadanía.  No. 71.451.519, aspecto  que inadvierte el censor al formular  el  cargo,  aunado,  al ser la misma persona, que se encontraba capturada en las  instalaciones  de  la Sijin, el 7 de septiembre de 2001, en compañía de Ramón  Antonio Ciro Jiménez.   

Por  tanto,  en  la  sentencia  de  segunda  instancia,  no  se  distorsionó  el  contenido  de las pruebas señaladas en la  demanda;  por  el contrario, a partir de su literalidad, fue que el ad  quem,  estableció  y  luego  de  una  valoración  lógica, racional y sistemática con los demás medios de prueba en  su  conjunto,  como  ahora  se  corrobora,  que  la persona a quien  Ramón  Antonio    Ciro    Jiménez    incriminaba    era   MARIO   ALBERTO   HERNÁNDEZ  ACEVEDO.   

En  suma, la apreciación probatoria que en  su  conjunto realizó el Tribunal en la sentencia, refleja de manera diáfana la  realidad  procesal, sin que se encuentre distorsión del contenido de los medios  de prueba que señala el censor como tergiversados.   

El   cargo,   en   consecuencia,   debe  desestimarse,  motivo  por  el  cual  la  Corte,  acogiendo  el  concepto  de la  Procuradora   Delegada,   no   casará  la  sentencia  objeto  de  impugnación.   

Segundo cargo  

En  este  reproche  es  prácticamente  la  reiteración  del  anterior,  presentado  por la tergiversación de las pruebas,  bien  porque  no  se  tuvieron en cuenta integralmente o se distorsionaron en su  contenido literal.   

Cuando se esperaba un desarrollo concreto en  el  sentido de demostrar qué dice cada prueba y la comparación con lo que dijo  de   cada   una   de  ellas  el  ad  quem  para  verificar  la  alteración,  el  censor  pasa a ponderar las  reflexiones  del  juez  de  primera  instancia y toma partido, porque éstas por  contraposición a lo dicho por el Tribunal le son más favorables.   

En  un  principio,  el  censor  cumple de  manera  parcial,  con  los presupuestos lógicos de formulación del cargo, pues  si  bien   y  de  una  parte  transcribe  los  apartes  de  la  sentencia e  identifica   los   medios  de  prueba;  de  otra,  omite  la  obligación  de presentar en forma puntual y  fehaciente,  lo  que  se  extrae  de  los  medios  de  convicción  -transliteraciones  y transcripciones de las llamadas telefónicas  y   mensajes   del  buscapersonas-,  pues  ocupa  el  reproche  en  presentar lo que él considera debió ser objeto de valoración de  la  prueba  y  deja de lado mostrar, los contenidos que enfatizó el Tribunal en  la   sentencia  atacada  a  ese  respecto,  pretendiendo  imponer  su  criterio,  olvidando  el  rigor  que se exige en casación, para convertir la demanda en un  alegato propio de instancia.   

El  libelista  tampoco  le  presenta a la  Corte,  el estricto contenido material de los resultados de las interceptaciones  de  las  llamadas  telefónicas  y  el  contenido  de los mensajes dejados en el  buscapersonas  código  44239, a partir de los cuales, se pueda precisar en qué  se  desfiguró  su  literalidad por tergiversación, pues para llevar a cabo esa  actividad,  se  requiere realizar confrontación de las precisiones hechas en la  sentencia  acerca  de  su  contenido,  con  lo  que  en la realidad enseñan los  documentos  que  transliteran  las llamadas telefónicas y los mensajes de texto  impresos del buscapersonas.   

En  ese  deber,  que  cumple  de  manera  incompleta,  se  queda  sólo  en  citar  apartes  de  piezas probatorias que no  alcanzan  los  temas  que fueron tratados en la sentencia atacada, como se dejó  puntualizado  en  la  respuesta del cargo anterior; comparar las consideraciones  que  sobre  esos  medios  realizó el a quo con respecto a las elaboradas por el  Tribunal;  expresar  su  personal concepción sobre lo que se quiso decir en las  llamadas   telefónicas   y  en  los  mensajes  de  texto  del  busca  personas,  pretendiendo   imponer   su   propio   criterio   al   del   juez   de   segunda  instancia.   

De  la  misma  manera,  inadvierte que la  deducción  de  la responsabilidad de MARIO ALBERTO en la sentencia del Tribunal  se     estableció     -se    repite-  a  partir de la valoración de todo un conjunto probatorio, como  de  manera  precisa  lo anticipa la señora Procuradora Delegada, al que además  le  hacían  parte los testimonios de los investigadores de policía judicial de  la  Sijin,  que  también  lo  incriminan  de  manera  directa, como parte de la  organización   delincuencial   dedicada   a   la  adquisición  y  expendio  de  estupefacientes   y  así  dejó  incompleta  la  censura,  pues  en  el  evento  hipotético  en que se le encontrara razón respecto de los medios de prueba que  ataca,  la  solidez  de  los  asertos y el valor suasorio que a ellos les dio el  ad  quem,  los  que  no  controvierte,    bastarían    suficientes    para    conservar   la   decisión  condenatoria.   

En tales condiciones el censor protesta por  la  convicción a la que llegó el ad quem,  tema  que  en  sede del recurso extraordinario de casación no es  posible   sin   demostrar   un  falso  raciocinio  por  desconocimiento  de  los  parámetros  de  la  sana  crítica, cuando se han aplicado de manera equivocada  las  reglas  de la experiencia, la ciencia o la lógica, temática por la que al  mismo tiempo, la Sala no advierte irregularidad.   

Por lo demás, las glosas que se hicieron en  el  cargo  anterior son válidas en este caso por la similitud de los reproches,  sin que sea necesario repetirlos.   

Consecuente   con  lo  precisado  por  la  Procuradora Delegada, el cargo no prospera.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.    No  casar   la   sentencia  impugnada,  conforme  lo  expuesto en la parte motiva de esta providencia.   

2.  Contra la  presente sentencia no procede recurso alguno.   

3.  Cópiese,  notifíquese,     cúmplase     y    devuélvase     al     Tribunal    de    origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                                ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

Permiso  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS              AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN             

                       Cita medica   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                                        YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                  JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                 

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.    

1  Cuaderno No. 3, folio 28.   

2  Cuaderno No. 6, folio 423.   

3  Cuaderno No. 1, folio 323.   

4  Cuaderno No. 2, folio 106.   

5  Cuaderno No. 2, folio 256.   

6  Cuaderno No. 4, folio 171.   

7  Cuaderno No. 3, folio 278   

8  Cuaderno No. 4, folio 272.   

9  Cuaderno No. 4, folio 363.   

10  Cuaderno  No.  5,  folios  316,  320.  Cuaderno  No.  6,  folios  34,  14 y 217,  respectivamente.   

11  Cuaderno No. 3, folio 28.   

12  Cuaderno No. 2, folio 172.   

13  Abonado   telefónico   instalado   en   el  establecimiento  de  comercio   “Refresquería  Virtual” de propiedad de Ramón A. Ciro Jiménez. Diligencia  de indagatoria. Cuaderno original No 2, folio 158   

14  Cuaderno No. 2, folio 106.   

15  Cuaderno No. 1, folio 81.   

16  Cuaderno No. 2, folio 94   

17 La  empresa   “BeepeCar”  certifica  que  Mario  Alberto  Hernández  Acevedo es el suscriptor del código  33239. Cuaderno original No. 1, folio 275.   

18  Informe  de  policía   No.  631  de   29  de agosto de 2001, cuaderno  original No. 1, folio 73.   

19  Testimonio  de  Manuel  Gilberto  Salcedo  Reina, cuaderno original No. 2, folio  248.   

20  Testimonio  de  Pablo  Emilio  Durán  Rozo,  cuaderno  original  No.  3,  folio  49.     

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