19963(20-08-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  19963   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta N° 233  

Bogotá  D.C.,  veinte  de agosto de dos mil  ocho.   

VISTOS  

Para  establecer  si reúne las exigencias y  condicionamientos  previstos  en los artículos 205 y 212 de la Ley 600 de 2000,  la  Corte  examina la demanda de casación por cuyo medio el defensor de BERTHYS  PÉREZ  GÓNGORA,  dice  sustentar la casación excepcional que interpuso contra  la  sentencia de segundo grado proferida por la Sala Penal del Tribunal Superior  de  Cali  (Valle),  el  29  de  enero  de  2008, mediante la cual confirmó, con  modificaciones,  el  fallo  condenatorio  emitido  por  el  Juzgado 18 Penal del  Circuito  de esa ciudad, el 10 de mayo de 2006, en el que declaró al mencionado  procesado  y  a  Luis  Enrique  Cancimance  Muriel,  José Eliécer Mena y Diego  Fernando  Prieto  Ortiz,  responsables  del  delito  de fabricación, tráfico y  porte de armas de fuego o municiones.   

HECHOS  

En  anterior  oportunidad procesal, quedaron  consignados de la siguiente manera:   

“Mediante  resolución  calendada a 17 de  febrero  de  2003,  la  señora Fiscal Primera Delegada ante los señores Jueces  Penales  del  Circuito  Especializados  profirió  resolución  de acusación en  contra  de  los  arriba  nombrados  como  presuntos coautores responsables de la  conducta  punible  nominada  Secuestro  Extorsivo,  definida  y sancionada en el  Título  III,  Capítulo  II, artículo 169 del Código Penal, modificado por el  artículo  2°  de  al Ley 733 de 2002 y entre otros ordenamientos ordenó (sic)  compulsar  copias  en  contra  de  los  procesados  con  el  fin  de  que fueran  investigados  por  el  delito de Porte ilegal de armas de defensa personal, toda  vez  que  de  acuerdo  con  las probanzas recaudadas se tuvo conocimiento que el  día  2 de octubre de 2002, cuando el señor JOSÉ MANUEL CASTRILLÓN JARAMILLO,  cumplió  una cita que previamente había sido concertada con el procesado quien  inicialmente  dijo  responder al nombre de ANDRÉS FELIPE MONTOYA pero que luego  logró  comprobarse se trataba era de LUIS ENRIQUE CANCIMANCE MURIEL, con el fin  de  esclarecer  una  supuesta  deuda que se le atribuía tenía pendiente con un  sujeto  llamado  JOSÉ  N.,  en  cuyo  nombre  actuaba,  explicando  CASTRILLÓN  JARAMILLO  que  en  realidad  el  (sic)  no  era el deudor sino un amigo suyo de  nombre  HUMBERTO N., alias “Tocayo”, residente en Méjico y con quien había  sostenido  diálogo telefónico confirmando la deuda pero en monto inferior a la  suma  que  se  le  estaba  cobrando, por lo que ANDRÉS le propuso se dirigieran  donde  su “patrón” para aclarar la situación, lo cual aceptó pero al ir a  bordar  (sic)  la camioneta de su padre en la que se movilizaba en compañía de  su  esposa  ELIZABETH IBARRA y su amigo ISRAEL VÉLEZ SANDOVINIK fue rodeado por  varios  individuos  armados, entre ellos, los demás sindicados, quienes bajo la  amenaza  de  tales  artefactos  lo obligaron a subirse a un automóvil Chevrolet  Sprint  de  placas  CAN 446, lo condujeron hasta el inmueble ubicado en la calle  9A  N°  4-54  y  posteriormente  lo  trasladaron  a  la casa distinguida con el  número  28D3-09  de  la  calle  72  del  barrio  Calipso,  lugar  donde  previo  ordenamiento  de diligencia de allanamiento y registro fue rescatado el plagiado  dos  días  después  y  capturados  los plagiarios JOSÉ ELIÉCER MENA, ANDRÉS  FELIPE  MONTOYA MURIEL o LUIS ENRIQUE CANCIMANCE MURIEL, BERTHYS PÉREZ GÓNGORA  y  DIEGO  FERNANDO PRIETO ORTIZ. Igualmente en dicho lugar fue incautada un arma  de  fuego,  tipo  revólver,  marca  Smyth & Wesson, calibre .38 largo, doce  cartuchos  para  la  misma,  un  gancho para esposas, un beeper, una motocicleta  LSB-32,  dos  manojos  de  llaves  y la suma de trescientos cuarenta y siete mil  pedos, dinero efectivo”.   

ACTUACIÓN   PROCESAL  RELEVANTE   

Con base en las copias ordenadas y remitidas  por  la  Fiscalía  Primera Especializada de Cali (Valle), su homóloga Séptima  Seccional  dictó  resolución  de  apertura  de  instrucción el 14 de marzo de  2003,  ordenando  la  vinculación  de  BERTHYS  PÉREZ  GÓNGORA,  Luis  Felipe  Cancimance  Muriel,  José  Eliécer Mena y Diego Fernando Prieto Ortiz, quienes  fueron  escuchados  en indagatoria, por su posible participación en la conducta  punible atentatoria de la seguridad pública.   

Perfeccionada en lo posible la instrucción y  decretado  su  fenecimiento,  por  resolución  del  26  de  agosto  de  2005 la  Fiscalía  instructora  acusó  a  los  sindicados  como presuntos coautores del  delito  de  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de fuego o municiones,  tipificado en el artículo 365 de la Ley 599 de 2000.   

De la etapa del juicio conoció el Juzgado 18  Penal  del  Circuito  de  Cali  (Valle),  despacho  que  luego  de  evacuar  las  audiencias    públicas    de    preparación    y    juzgamiento   –el  7  de  marzo y 6 de abril de 2006,  respectivamente-,  profirió  sentencia  condenatoria  el  10  de mayo del mismo  año,  declarando  la responsabilidad penal de los procesados en el ilícito por  el cual se les acusó judicialmente.   

Consecuente   con  su  determinación,  el  A  quo  impuso  las  penas  principales  de  prisión  de 40 meses, para Cancimance Muriel, y 30 meses, para  PÉREZ  GÓNGORA,  Mena y Prieto Ortiz, y las accesorias de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas -por igual término al de las  respectivas  sanciones aflictivas de la libertad-, y privación del derecho a la  tenencia  y  porte de armas por quince años. De igual modo, negó al primero de  los  mencionados  el  sustitutivo  penal  de  la  suspensión  condicional de la  ejecución   de   la   pena,  beneficio  que  le  fuera  concedido  a  los  tres  restantes.   

El  fallo en comento, que fue apelado por el  defensor  de  los  acusados  y  el  sindicado Luis Enrique Cancimance Muriel, lo  confirmó  la  Sala  Penal del Tribunal Superior de Cali (Valle), el 29 de enero  de  2008,  modificando la pena de prisión impuesta a los cuatro procesados, que  en  últimas  fijó  en  21  meses  para todos ellos, y concediendo al procesado  apelante el subrogado penal de la condena condicional.   

Luego,  el  defensor  de  los  enjuiciados,  obrando   exclusivamente   a   nombre  de  BERTHYS  PÉREZ  GÓNGORA,  interpuso  oportunamente    el    “recurso    de   casación  discrecional”   y   presentó   la  correspondiente  demanda.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

Cargo    único:    falso    juicio   de  identidad.   

Con  fundamento en la causal primera, cuerpo  segundo,  del  artículo  207  de  la  Ley  600  de 2000, el defensor acusa a la  sentencia   de   haber   incurrido   en   un   error   de   hecho   “por   falso   juicio   de   identidad,  porque  el  sentenciador  tergiversó  el  contenido de la prueba, de manera clara, evidente y sin lugar a  dudas”.   

Ello,  agrega, porque el juzgador argumentó  “tres  situaciones de las que probatoriamente logra  deducir  la  comisión  del ilícito de Porte Ilegal de Armas de Fuego en cabeza  de   mi   representados   (sic)   y  de  los  demás  sujetos  vinculados  a  la  investigación”.   

La primera de ellas, aclara el casacionista,  se  gesta  bajo  el  cobro de una presunta deuda desconocida en precedencia, con  base  en  el  testimonio de la presunta víctima de una extorsión, Manuel José  Castrillón  Jaramillo,  quien  refirió  la  presencia  de aproximadamente diez  personas   que   en   sentir  del  A  quo,  confirma la existencia de un grupo que realizó una acción de la  que no sabe si es legal o ilegal.   

Hace  saber,  a  continuación,  que por los  mismos  hechos  que  conforman la demanda de casación, un juzgado especializado  de  Cali  absolvió  a  los procesados, inicialmente vinculados por el delito de  secuestro extorsivo.   

Seguidamente transcribe algunos apartados de  la  declaración  del  ofendido,  asi como fragmentos de las consideraciones del  Tribunal,  en  las  que  determina  la  existencia  o  materialidad  del  delito  investigado       y       los       “supuestos  suficientes”  para endilgar responsabilidad penal en  los sindicados.   

De  las anteriores argumentaciones, sostiene  el  demandante,  se  puede  colegir  sin  ninguna dificultad que el Ad  quem edificó la sentencia de condena,  “sobre  una  base fundamentalmente equivocada, como  lo   es   la   de   que   exista   CERTEZA   de   responsabilidad”.   

Luego, de manera genérica y apoyado en cita  doctrinal,  el  libelista  lucubra  genéricamente sobre el concepto de certeza,  trayendo  a colación el contenido del artículo 232 de la Ley 600 de 2000. Ello  para  concluir  que  en  este caso se le dio un valor errado al testimonio de la  víctima,  sin  tener en cuenta que su denuncia se presentó en un proceso penal  por  el  delito  de  secuestro extorsivo, desechado por otra autoridad judicial.  Esa  testificación,  por  consiguiente,  además  de  insuficiente,  incurre en  enormes     y     constantes     contradicciones    que    le    restan    valor  probatorio.   

Es por lo anotado, agrega el impugnante, que  el  sentenciador  de  segunda  instancia  incurrió  en error de hecho por falso  juicio   de   identidad,  el  cual  debe  corregirse  mediante  la  emisión  de  “sentencia  modificatoria en el sentido de ABSOLVER  a  mi  representado  por  el  delito de PORTE ILEGAL DE ARMA DE FUEGO DE DEFENSA  PERSONAL,   descrita  en  el  artículo  365  del  Código  Penal”.   

Así  las  cosas,  tras citar las normas que  considera   vulneradas,   pide   que   se   case,   en   esa   forma,  el  fallo  demandado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Una vez más reitera la Sala, que frente a la  casación  excepcional,  a  más de las exigencias propias de este mecanismo, se  precisa  de  los  mismos  requisitos  de procedibilidad de la casación común u  ordinaria,  pues,  conforme  a lo establecido en el inciso 3º del artículo 205  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  dicho medio impugnativo solamente puede  proponerse  en  relación  con  los  fallos  de segundo grado proferidos por los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y  el  Tribunal Penal Militar en  procesos  adelantados  por  delitos  que  tengan  señalada pena privativa de la  libertad  cuyo  máximo  no  exceda de ocho (8) años, o contra los fallos de la  misma  naturaleza dictados por los Juzgados Penales del Circuito sin importar en  estos     eventos     el    quantum    punitivo.   

En  ese  orden  de ideas, tales presupuestos  dicen  relación con su interposición dentro de la oportunidad legal por sujeto  procesal  legitimado  y  revestido  de  interés  jurídico,  quien además debe  enseñarle  a la Corte la necesidad de su intervención, bien para el desarrollo  de  la  jurisprudencia  -ya porque no exista antecedentes sobre una materia, ora  porque  existiendo  hay  pronunciamientos  enfrentados,  o  porque  es necesario  aclarar  algún aspecto- o para la garantía de los derechos fundamentales, caso  este  en el cual ha de especificarse el derecho fundamental objeto de quebranto,  señalando  el  medio que lo garantiza, y la irregularidad en la cual se origina  su  desconocimiento,  atropello  o  vulneración; valga decir, debe indicarse de  manera  concreta  en  qué consistió la violación y su influencia nociva en la  garantía,  que  no  permite  el goce o libre ejercicio del derecho fundamental,  pues,      como      lo     dijo     la     Sala1:   

“Como   la  necesidad   del  desarrollo  jurisprudencial  y/o  la  tutela  de  los  derechos  fundamentales  surge del caso concreto, no de una abstracta consideración de la  Corte,  es  obvio  que  ésta  no puede ex-officio hacer una declaración de tal  naturaleza,   previa   revisión   del   proceso,  pues  ello  comportaría  una  inconveniente  anticipación  de  juicios sobre la materia de inconformidad. Por  ello,  de  manera  razonable,  se exige al recurrente que escriba la motivación  concreta  que  lo  impulsa  a  interponer el recurso, referida a uno o a los dos  fines  exclusivos  de  la  casación discrecional, única manera de conciliar el  carácter  rogado  de  las  impugnaciones  con  aquellas  loables necesidades de  interés  público,  pues, aunque con matiz excepcional, sigue siendo un recurso  extraordinario  que  se  radica  en  las partes y no una facultad oficiosa de la  Corte.   

Aunque  finalmente  todo  depende  de  la  discrecionalidad  reglada  de  la  Corte, lo cierto es que el peticionario ha de  exhibir  la  argumentación  autosuficiente  para  mostrar  la  necesidad  de un  desarrollo  jurisprudencial  o  de  la  protección  de  derechos  fundamentales  supuestamente  conculcados,  pues  sólo  a partir del señalamiento concreto de  falencias  puede  el órgano decisor avanzar dialécticamente sobre temas que de  otra  manera  le  están  vedados  por  obra de la legalidad y el acierto que se  presumen      en      el      debate      de      las     instancias”.   

Ninguno  de los anteriores derroteros cumple  el  demandante  –a pesar de  su  claro  anuncio  al momento de la interposición del recurso-, porque si bien  la  impugnación  se  ejercitó  oportunamente contra sentencia de segundo grado  diferente  a las mencionadas,  es  lo  cierto  que la argumentación pertinente se halla huérfana de cualquier  planteamiento  serio  que le indique a la Corte la necesidad de su intervención  en  orden  al  cumplimiento  del  cometido  que  le impone una cualquiera de las  alternativas   posibles   que   tornan   viable  el  ejercicio  de  su  potestad  discrecional,   como   con   antelación  se  indicó,  y  del  mismo  modo,  la  acreditación  del  consecuente  agravio  que  para  los  procesados contiene la  sentencia cuestionada.   

Y  tampoco  se infiere del texto del escrito  impugnatorio,  patente la necesidad de desarrollar la jurisprudencia, citando el  aspecto problemático menesteroso de consideración en esta sede.   

En   suma,   el   enfoque  de  la  demanda  exclusivamente  se  dirigió  a  cuestionar  los razonamientos probatorios de la  sentencia,  pero sin desarrollo alguno y sin mención atendible de la forma como  esa situación incidió en las garantías del justiciable.   

En  este  sentido, adviértase, que como los  reparos  relacionados  con  la apreciación de las pruebas, de suyo no entrañan  una  afrenta  directa  a  derecho  fundamental  en  concreto, pues el agravio se  mediatiza  por  el  establecimiento  de los errores de juicio en su estimación,  los  mismos  no  pueden  tenerse  como  sustentación  válida  del  recurso  de  casación discrecional.   

Este medio de impugnación excepcional, tiene  dicho  la  Corte,  sólo se justifica por la urgencia de proteger las garantías  fundamentales  conculcadas,  si  el  daño  se  pone  en  evidencia  con la sola  indicación  descriptiva  de  su  ocurrencia,  en  el  capítulo  de  la demanda  dedicado  a  la  fundamentación de la necesidad de que la Corte intervenga para  procurar   aquella   garantía,   cuestión   que   por   completo   olvidó  el  censor.   

Se  insiste,  los razonamientos en relación  con  la  apreciación de las pruebas, dada la indeterminación de los resultados  por  la  posibilidad de meras discrepancias valorativas, no pueden ser argumento  suficiente    para    reclamar   una   casación   sujeta   a   tan   singulares  necesidades.   

Es          que,   en   tratándose   de  defectos  de  apreciación  probatoria, fundamento de la solicitud de que la Corte ejercite en  este  evento la potestad discrecional que le asiste, la demanda no tiene ninguna posibilidad de ser admitida  en     los     términos    planteados    por    el  casacionista,  pues,  como  constantemente  lo  viene  sosteniendo   la   Sala2:   

“(…)  en  principio,  las  posibilidades  reconocidas en la  jurisprudencia  para  acceder  a la casación discrecional no se extienden a las  hipótesis  planteadas  en  la  demanda,  es  decir,  a  discutir la valoración  judicial  de  los  elementos  de  convicción,  porque  en  esa labor los jueces  cuentan  con la relativa libertad que se desprende de la sana crítica, a no ser  que  se  proponga  que sus deducciones son producto de una motivación aparente,  falsa  o  ausente,  supuesto  que  determinaría,  en caso de que se demuestre y  aparezca  concretado,  la  consolidación  de  un quebranto a las garantías, en  cuanto  obedecerían  tales  deducciones  a  la arbitrariedad -ajena a un estado  democrático  y  constitucional-  y  no  a la razón y a la justicia”.   

Es  claro  que  en  este  caso  el  censor  plantea  la invalidez de la  sentencia  por  yerros  en  la  valoración  de  los  medios de convicción   allegados   a   la   actuación,  buscando  anteponer  su  criterio  al  propio  de  las instancias, pasando por  alto   que   ellas   llegan   a  esta  sede  revestidas  de  una  doble      condición      de      acierto     y     legalidad.   

Finalmente,  como  se    halla    claro    que    el    casacionista      omitió  fundamentar  los  motivos que lo llevan a invocar el ejercicio de  la   discrecionalidad   por   la   Corte,    se    impone    de    entrada   el   rechazo   de   su   libelo  impugnatorio.   

Pero, incluso, si se pudiese pasar por alto  tan  ostensible  omisión,  es  necesario advertir que ya específicamente     delimitado    el    cargo    propuesto   en   contra   de   la   sentencia,  este  también     adolece  de   crasos  yerros  en  su  postulación,  al  punto  de  impedir conocer de la  Corte   cuál   en   concreto  es  la  violación       trascendente       que       se      reputa     de     los     fallos     de  instancia.   

Al efecto, mírese  como  al  atacar el contenido del testimonio de Manuel  José  Castrillón Jaramillo  -presunta   víctima   de   un   delito   de   secuestro   extorsivo,   investigado   en   el   proceso  del  cual  se  desprendió  el  presente-,    que   fue  uno  de  los  tenidos  en  cuenta  para deducir la responsabilidad en el ilícito  contra   la   seguridad   pública,  el  casacionista  advierte  que  el  juzgador  incurrió  en  un error de hecho en su apreciación  “por   falso   juicio   de   identidad”.   

Advierte,  igualmente,  que  el  yerro  se  presenta          a          partir         de         tres         “situaciones” probatorias analizadas  por  el  Tribunal,  de  las cuales solo enuncia una de ellas. De esta manera, no  solo  omitió  concretar  cuál  fue  el  yerro  del  fallador,  sino, también,  especificar     en    que    consistieron    las    otras    dos    “situaciones”  tenidas  en cuenta en  la  sentencia,  las  cuales,  según  el  propio  recurrente,  incidieron  en la  declaratoria de responsabilidad.   

Contrario    a    las   exigencias   de  fundamentación  del  recurso, el impugnante se limita  a  exponer  sus  propias consideraciones en torno a la  declaración  de  Castrillón  Jaramillo, dejando  el  cargo  en el mero enunciado,  pues,   por   un   lado,  nunca  desarrolla  el  falso  juicio  de  identidad      anunciado,   el   cual   obligaba  un  análisis  diferente,   en  el  que  determinase  cuál  es  el  apartado        testimonial       tergiversado,  cercenado  o adicionado  por  el  juzgador,  no  limitándose a anteponer sus  propias  conclusiones,  en  típico  alegato libre que pasó por alto certificar  cuál  es el ostensible yerro del Ad quem,  pues,  ni  siquiera  postula  adecuadamente si este proviene de  tergiversar,  cercenar  o  adicionar  el  contenido  de  la  prueba testifical, desde luego, abordando uno  por  uno los medios probatorios, para ver de significar cuál en concreto fue el  apartado agregado, cercenado o tergiversado.   

Ya  luego  de  esta  tarea  era  menester  definir,  con un nuevo análisis del acervo probatorio en su conjunto, cómo los  yerros  tuvieron  tal  trascendencia que la decisión, corregidos ellos, habría  de    mutar    favorable    para    los acusados.   

Y,  por  otro,  si  lo cuestionado es la  apreciación  probatoria  del    Ad   quem,  debió    formular   el   ataque   a   través  del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  el cual no es viable desarrollar en el  entendido  genérico  de  que  el  fallador  valoró  de  determinada manera los  elementos  materiales probatorios, cuando es evidente que para la estimación de  tales  probanzas  nuestro  sistema  probatorio  predica  la  libre apreciación,  dentro del contexto de la sana crítica.   

De esta forma, el demandante apenas enuncia  su  censura,  aludiendo  de  manera  genérica  que el testimonio de la presunta  víctima   –Castrillón  Jaramillo-  es insuficiente y contradictorio, pero en ningún momento dice cuál  es  el  principio  lógico  vulnerado;  tampoco  alude  a desconocimiento de las  reglas  de  la experiencia o las leyes científicas. Asimismo, omite indicar las  razones  de  esa  supuesta insuficiencia y las contradicciones que dice contener  la   testificación   de   la   presunta   víctima   del  delito  de  secuestro  extorsivo.   

Así  las  cosas,  el  defensor se limita a  consignar,  sin  mayores  análisis, una particular conclusión probatoria en la  que  pretende  anteponer  su  punto  de  vista,  desatendiendo  por completo los  parámetros  argumentales  y lógico-jurídicos previstos para la causal por él  invocada.   

Acorde   con  lo  anotado,  entonces,   inexorable   se   presenta  la  inadmisión  de  la  demanda,  disponiéndose    la  devolución    del  diligenciamiento al Tribunal de origen.   

Por  último, ha de señalarse que revisada  la  actuación  en  lo pertinente, no se observó la presencia de ninguna de las  hipótesis  que  permitirían  a  la Corte obrar de oficio de conformidad con el  artículo 216 del Código de Procedimiento Penal de 2000.   

En  mérito  a lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,   

RESUELVE  

       INADMITIR  la  demanda  de  casación  discrecional     presentada    a    nombre    del  procesado   BERTHYS   PÉREZ   GÓNGORA,  conforme  con  las  motivaciones plasmadas en el cuerpo de este  proveído.   

         Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Juzgado de origen.   

Cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                  ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  L.             AUGUSTO J.  IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                            YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA           JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Auto  del 25 de septiembre de 1997, Rad. 13.401.   

2  Auto    del    9   de   febrero   de   2006,   Rad.  23.055.     

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