19920(13-02-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19920  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

         

          Magistrado Ponente:   

         DR. ALFREDO GOMEZ QUINTERO              Aprobado  acta  No.  28   

Bogotá     D.    C.,    trece (13) de febrero de dos mil ocho (2008)   

VISTOS  

Decide la Sala el recurso extraordinario de  casación    interpuesto   por   el   defensor   contractual   de   RUBIEL   DÍAZ   LONDOÑO   contra   la  sentencia  del  25  de  abril  de  2002  por   medio de la cual el Tribunal  Superior  de  Barranquilla  confirmó  –con  algunas  modificaciones-  el fallo proferido por el Juez Sexto  Penal  del  Circuito de la misma ciudad y en su lugar lo condenó a las penas de  dieciocho  (18)  años  de  prisión,  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  diez (10) años, indemnización en cuantía de trescientos (300)  s.m.l.m.v.  a  favor de cada una de las víctimas, y le negó el subrogado de la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y la sustitución de  prisión   efectiva   por   prisión   domiciliaria,   por  hallarlo  penalmente  responsable  de  dos  delitos  de  homicidio  (simple)  de  los  que  fueron  víctimas  Stella  Toro  Arias  (compañera  sentimental  del  sentenciado) y Leonela Tatiana Torres Arias, hija  de la primera víctima.   

         HECHOS   

Así    los   relató   el   Procurador  Delegado:   

“A  eso de las  10:00  de la noche del 9 de diciembre de 1997, en la carretera de la Vía al Mar  con  destino a Barranquilla, entre el establecimiento denominado “Dinastía”  y  el  peaje ubicado a la entrada del municipio de Puerto Colombia (Atlántico),  resultaron  muertas  Stella  Toro  Arias  y  su  hijastra Leonela Tatiana Torres  Arias1   tras   recibir   cada   una   varios   impactos   con   arma  de  fuego.   

Éstas  se movilizaban en el campero Toyota  de   placa   MAM   232  conducido  por  RUBIEL  DÍAZ  LONDOÑO,  compañero permanente de la primera, quien  presentó  una  herida  en  el abdomen y a pesar de su estado las trasladó a la  Clínica del Caribe donde llegaron sin vida.   

De   la   doble   occisión   sindicó  a  desconocidos,  pero  finalmente  se  le  imputó a él  la autoría”.   

ANTECEDENTES  

La  Fiscalía  profirió  resolución  de  acusación  de  primera  instancia  el  8  de  julio  de 1998 por el concurso de  delitos  de  homicidio, agravado por los numerales 1 y 7 del artículo 323 y 324  del  Decreto  100  de  1980. (Fls. 471 – 486 / 1)   

El  17  de  septiembre de 1998 la Unidad de  Fiscalía   Delegada   ante  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Barranquilla  excluyó  una causal de agravación y mantuvo la acusación por el  concurso  homogéneo  de  homicidios  agravados  por  el  numeral  séptimo  del  artículo    324    del    anterior    Código   Penal:    El   estado   de  indefensión.     (Fls.    5    – 21 C. de segunda instancia).   

El  Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito de  Barranquilla     condenó     a     RUBIEL    DÍAZ  LONDOÑO  el  18  de  diciembre  de 2001 por el doble  homicidio  agravado,  a  la  pena  principal de 28 años, más las accesorias de  ley.   (Fls.  384  –  423 / 2))   

El 25 de abril de 2002 el Tribunal Superior  del  Distrito  Judicial  de  Barranquilla  confirmó  la  sentencia, no obstante  excluyó  la  agravante  porque encontró que la acusación “no fundamentó”  el   estado   de   indefensión  de  las  víctimas2  y  redujo  la condena en los  términos   ya   señalados   (fls.5  – 24 Cuaderno del Tribunal).   

LA    SENTENCIA  IMPUGNADA   

Tanto   el   Juzgado   como  el  Tribunal  concluyeron,  con  base  en  evidencias  físicas  (dictámenes de balística) e  indicios,   que  RUBIEL  DÍAZ  LONDOÑO  es  el  responsable  del  doble  homicidio  y que ninguna de las  coartadas defensivas se ofreció coherente.   

La  determinación se funda en el hecho de  que  se evidenciaron rastros de pólvora en los cuerpos de las víctimas, lo que  denota  disparos  hechos  a quemarropa o a “boca de  jarro”  y  desvirtúa  un  ataque  hecho  desde el  exterior  del  vehículo  en  el  que  se transportaban, además de no constatar  señales   de   impactos   contra  el  carro que conducía el procesado.   

La  conclusión  a  la  que  llegaron  los  juzgadores   de   primera   y  segunda  instancia  es  que  el  mismo  conductor  (marido  y  padrastro)  fue  quien  las eliminó.   

        LA IMPUGNACION   

Cargo  primero  (principal).   Falso  juicio  de  identidad  en la apreciación de la prueba indirecta y exclusión de  la duda   

Los  errores que denuncia el impugnante se  presentaron  fundamentalmente  en  la apreciación de la versión del procesado,  cuyos  datos  los estimó falaces el sentenciador.  En la contemplación de  las  pruebas  el  juzgador  articuló  el  dicho  del  imputado  con las pruebas  técnicas  que  aparecen  en  el  expediente  (tales  como  informes de Policía  Judicial,  experticias científicas como el dictamen de medicina legal y algunos  testimonios):   

i)  Indicio  de mentira (apreciación de la indagatoria)   

Este  indicio  se  fundamentó,  según el  libelista,  en  la  manera como el sentenciador apreció el motivo del viaje que  habían   hecho  las  víctimas  aquel  día  a  la  Ciudad de Cartagena.   

El   juzgado  estimó  que  RUBIEL   DÍAZ   LONDOÑO  mintió  al  ocultar  el  verdadero  motivo  del  viaje,  en  la  medida  que nada dijo de la  existencia  de  un  poder  que  Leonela  Tatiana  (la hijastra) había conferido  aquel  día  a  favor  de  Stella  Toro  (madrastra),  relacionado  con  la administración de todos  los  bienes  de aquélla y que  le     había    dejado    su    padre,    muerto    años    atrás.   

El  imputado  narró,  como  motivo  de  aquel viaje una diligencia  notarial  para  solicitar  unos  certificados  de nacimiento de David Díaz Toro  y   Alex  Torres  Toro,  a  quien  le cambiaron el nombre de Alex por el de  Mauricio   y   el   apellido   Torres   por  el  apellido  de  Díaz3.   

El  indagado  precisó,  además,  que las  relaciones   suyas   con   Stella  Toro  y  su  hijastra  Leonela  Tatiana  eran  buenas;   sin  embargo,  a pesar de que algunos  testigos   apoyaron   esa   versión,  cosa  diversa  dijo  Paulo  César  Ramírez  Olave,  el  novio  de  Leonela  Tatiana,  quien  por  esa  razón, conocía de cerca la intimidad de la  familia.   

ii)   Indicio de huellas del delito.  Falso juicio de identidad   

El sentenciador dedujo que la versión del  indagado   no   era   creíble,   pues,   narró   un   ataque  de  al    menos    ocho    personas   que  se transportaban en una camioneta y dos motocicletas  que  lo  emboscaron;   recalcó   que   el   campero   que   conducía  no  registró  abolladuras,  huellas  de impacto, rastro alguno de accidente que permitiera corroborar alguna  colisión con motocicleta.   

De  otra  parte,  según  el  informe  del  Policía  judicial  que atendió el caso, el entrevistado adujo que producto del  ataque  se  presentó  un  golpe  del  vehículo  con  un barranco, pero   ningún  rastro  de  colisión  tenía el automotor.   

iii)   Indicio de manifestaciones posteriores al hecho   

El  sentenciador adujo que la versión del  procesado  no  era  creíble,  pues,  en  la  declaración  que rindió el 10 de  diciembre  de  1997  (al  otro  día  del  doble  homicidio) contó que la noche  anterior  llevaba  un  revólver,  pero  no tenía presente si se le cayó en el  monte,  en  la carretera, si se le quedó en el carro o si se le perdió al huir  del  atentado.  Sin embargo, en el curso del proceso entregó el arma de su  propiedad a la Fiscalía.   

iv)   El  motivo para delinquir   

El Juez no creyó la versión del procesado  cuando   manifestó   que  una  posible  causa  del  atentado  fue  i)   la  retaliación  de  “los  hermanos Galeano” contra  Stella  Toro  por  asuntos  relativos  con el narcotráfico, en razón de que el  anterior  esposo  de  ésta (José Alex Torres Gallego, muerto en otro atentado)  tuvo  negocios  con  aquellos;   ii)   Otra  posible  causa,  pudo  haber  tenido  origen  en  el  ejercicio de la profesión de abogado por parte del procesado.   

Sin embargo, el juzgador no creyó ninguna  de  tales  hipótesis  y  fundó la determinación de  responsabilidad  de RUBIEL  DÍAZ  LONDOÑO  en  el  testimonio  de Gloria Inés  Rodas  Velásquez,  quien  contó  que  aquél  nunca litigó, entre otras cosas  porque  en  la  indagatoria circunscribió la actividad profesional a haber sido  asesor de algunas empresas y sociedades.   

El  juzgado,  dice,   erró  al  apreciar  la  necropsia  de  las  víctimas  (que dan cuenta de disparos a corta distancia y trayectoria postero –  anterior  del  cuerpo  de  Stella  Toro),  prueba  a partir de la cual concluyó  “sin  piso  alguno”  que  los  disparos  fueron  hechos  desde  la silla del  conductor  del  vehículo;   no  debe  olvidarse  que  se  registraron once  disparos,  lo que supondría que el procesado “recargó el arma”.   

Tal modo de apreciar las pruebas en contra  del   procesado,   afirmó   el   libelista,   es   errónea,   pues,  “lo  que se encuentra probado no permite constituir este tipo  de  hipótesis”,  por  modo  que  las  pruebas  indirectas  que  sustentan  la  decisión   no   son   plena  prueba  de  la  responsabilidad  penal  y  ante ello se impone la absolución  por aplicación de la duda.   

Cargo  segundo (subsidiario): Falso juicio  de   existencia  por  omisión  en  la  apreciación  de  pruebas  (contraindicios)  y  exclusión  de  la  duda   

Si bien es cierto que el juzgado mencionó  algunas  pruebas  (testimoniales  y documentales), la  verdad  es  que  “no  las  apreció en su correcto  sentido”,    las  omitió, en la medida que  dio  prioridad  al  “indicio  de  mentira”  en  contra  del procesado, sobre  pruebas   (contraindicios)   que   demostraban   la  inocencia  de  DÍAZ LONDOÑO.   

Ello   generaba   la   existencia   de  la  duda  insalvable.   Las  pruebas  omitidas  fueron:   

Los testimonios de Sandra Milena Rodríguez  Pretel  (compañera  de  estudios de Leonela Tatiana), de Mercedes Teresa Pretel  Barreto  (la  mamá  de  la anterior testigo), de Rodrigo León Monsalve Agudelo  (trabajador  de  la  finca  donde  vivían  las  víctimas),  del  abogado José  Aquilino Enciso Barón (amigo del procesado).   

Los  folios de matrícula inmobiliaria que  dan  cuenta  de  que  las  víctimas  no  tenían  propiedades a sus nombres, la  inspección  judicial  al  lugar de los hechos, el dictamen de balística y unos  desprendibles  de  retiro  de dinero realizados por el sentenciado el mismo día  de los hechos en la ciudad de Cartagena:   

En  relación con los testimonios se tiene  que  dieron  cuenta  de  las  buenas  relaciones  que existía en la familia que  conformó   RUBIEL   DÍAZ   LONDOÑO  con  Stella  Toro  Arias  y  su  descendencia,  no obstante que el  testigo  Pablo  Ramírez  Olave (que era el novio de Leonela Tatiana) sostuvo lo  contrario.   

En  relación  con la prueba documental se  tiene:   

i)    A  partir  de  la  Escritura  pública  num.  6478  del  5  de diciembre de 1996 se  establece  que el procesado adquirió la posesión de un terreno en las islas de  Barú;   igualmente suscribió un contrato de promesa de compraventa de una  casa  en  Barranquilla.   Esas  declaraciones  desmienten a quienes  sostuvieron  que  esos  bienes les pertenecían a las  víctimas Stella Toro Arias y su hija Leonela Tatiana.   

Igualmente  se  demostró,  a  partir  de  certificados  de  tradición,  que  las  víctimas  no  poseían  bienes  en las  ciudades de Manizales ni en el departamento de Risaralda.   

De otra parte, con la escritura núm. 2340  del  22  de  julio de 1998  (negociación  celebrada  meses  después  de  los  hechos  de  este proceso) se  demostró  que  Lina  Marcela Álvarez Toro (la otra hija de Stella y hermana de  Leonela  Tatiana) vendió un apartamento ubicado en la torre “Los Centauros”  de   Cartagena;    para   poder   vender  ese  inmueble  aportó  un  poder  falsificado,  según  el  cual Stella Toro Arias autorizó la venta, no obstante  haber  fallecido  siete  meses antes de la fecha en que aparece suscribiendo ese  poder4.    Sin   embargo,  el  juzgador  fundamentó  la  sentencia  contra    RUBIEL    DÍAZ    LONDOÑO  en  el testimonio que rindió Lina Marcela Álvarez cuando está  demostrado que se trata de una persona “proclive al delito”.   

ii)   Con  el  extracto bancario de la cuenta bancaria número 008443088 de la Corporación  CONAVI  a nombre de RUBIEL DÍAZ LONDOÑO,  cada  uno  por  cuantía  de  $400  000,  se  demuestra que las  transacciones  (retiros de dinero) fueron realizadas el mismo día de los hechos  en  la  ciudad  de  Cartagena  y  de ello se concluye que el procesado no tenía  interés económico alguno para delinquir.   

iii)  Con  la  inspección judicial al sitio donde ocurrió el atentado se acreditó que se  hallaron  evidencias que pertenecían al vehículo conducido por el sentenciado,  de   donde   se   prueba  que  los  hechos  sucedieron  como  el  procesado  los  relató.   

vi)  Finalmente, en relación con el  dictamen  de  balística,  es  pertinente  recordar  que  se  descartó  que los  proyectiles  que  causaron la muerte a las damas hubiesen sido disparados con el  arma  de  propiedad  del  sentenciado.  Sin embargo, el juzgador supuso que  DÍAZ LONDOÑO aportó el  arma    de   su   propiedad   al   expediente,   simplemente   como   estrategia  defensiva.   

Por  todo  ello,  dice,  la  sentencia se  fundamentó  en  indicios  contingentes  que sólo permiten inferir –con      probabilidad-      la  responsabilidad  del  sentenciado;   no  obstante,  persiste la duda que se  debe  aplicar  en su favor;  por consiguiente, la Corte debe casar el fallo  y proferir una sentencia absolutoria.   

EL    CONCEPTO    DEL    MINISTERIO  PÚBLICO   

Enfatizó en la necesidad de desquiciar la  prueba  de  cargos  en  su  totalidad  porque,  de persistir prueba de cargo con  entidad  para  mantener  el  sentido  de  la  sentencia,  no  se  compromete  la  presunción    de    legalidad    y    de    acierto    del   fallo.    Si   de   atacar  la  prueba  indirecta  se  trata,  es  necesario desquiciar la totalidad de los indicios que  dan consistencia a la imputación.   

En  el caso objeto de análisis, lejos de  demostrar  yerros  interpretativos en la apreciación de las pruebas (directas e  indirectas),  el  demandante  “cuestionó  y  parceló”  las  pruebas  a  su  arbitrio,  de  manera  antojada, con el fin último de llegar a conclusiones que  favorecen   su   condición   de   parte,  esto  es,  que  no  fue  RUBIEL     DÍAZ    sino    personas  desconocidas  los  que  atentaron contra las dos damas que lo acompañaban en su  vehículo la noche del 9 de diciembre de 1997.   

Recordó  que, a las cuatro de la mañana  del  día siguiente rindió una entrevista a los miembros del Cuerpo Técnico de  Investigación  donde  narró  que  se  estrelló  contra  un  barranco y luego,  gracias  a que salió corriendo del vehículo, logró escapar del ataque del que  los   hicieron   víctimas   personas   desconocidas,   quizá   por  “asuntos  relacionados con el ejercicio de su profesión de abogado”.   

Sin  embargo,  el  mismo  día  rindió  testimonio,  contó  que  desconocidos  lo  atacaron  para  que  “aflojara  el  billete”,  relató  que  salieron de Manizales por necesidad, que se  fueron  a  vivir  a  Cartagena  y  después  a  una finca cerca de Barranquilla por amenazas contra Stella Toro por  las  actividades  de su antiguo esposo, pero aclaró que últimamente ninguno de  los  dos  había recibido amenazas por lo que estimaba que el atentado se debió  a  un “simple atraco”,  sin  entender qué situación de fondo existía;  no obstante, durante  el curso del proceso cuando se  enteró  de  la orden de captura en su contra, confirió poder a un abogado (Dr.  Rodrigo Adolfo Vargas) para que atendiera su caso.   

Lo  curioso de  la  designación  de  aquel  defensor,  señaló  el  Delegado,  es  que  Lina  Marcela  Álvarez  Toro, la hija de Stella Toro, compareció por esos días a la  Unidad  de  Investigación  del  D.A.S.  Atlántico  y  manifestó  –según  se lo comentó su padrastro  RUBIEL  DÍAZ-  que  el  mismo  día  del  viaje a Cartagena (el día de los hechos) merodeaba un taxi de  color  amarillo  y  que  sus  tripulantes  se  mostraron  interesados  en  “su  persona”   (sic).   Pero  lo  más  diciente,  según  el  Delegado,  es  que  Lina Marcela Álvarez  Toro  (hijastra  del  procesado)  confirió  poder al mismo abogado (Dr. Rodrigo  Adolfo  Vargas)  para  que “en su nombre se constituyera en parte civil contra  Paulo  César  Ramírez Olave y el padre de éste, Germán Ramírez Pérez”, a  quienes  denunció  como  autores intelectuales de la muerte de las dos mujeres,  por motivos pasionales.   

Recordó   también  que  la  Fiscalía  descartó  algún motivo pasional, dijo, porque no existe antecedente alguno que  dé   cuenta   de  una  relación  afectiva entre Stella Toro Arias y Germán Ramírez Pérez a espaldas  del     imputado     DÍAZ    LONDOÑO;   tampoco  que  el atentado hubiese sido efecto de venganza  por  enemistades del primer esposo de la occisa Stella Toro, en tanto, la muerte  de aquél sucedió muchos años atrás (en 1989).   

Precisó  que  resulta  “poco  común y  corriente”  que  habiendo sido víctima de un ataque por ocho (8) personas que  le  dispararon  desde  dos  motocicletas,  a  uno  y otro lado del vehículo que  conducía,   resultase  prácticamente  ileso;   manifestó   su  extrañeza  ante  “la  suficiente  sangre  fría  para  abandonar a su suerte” a las damas que lo acompañaban en  el  momento  del ataque cuando la experiencia común enseña que “…se  comparte el peligro y en veces se llega hasta el sacrificio  por la familia”.   

En   suma,   consideró   acertada   la  apreciación  probatoria  del  juzgado  y  del  tribunal  cuando encontraron sin  razón  las  explicaciones  del imputado,  porque no consultan lo que ordinariamente acontece en la vida en  sociedad.   

La  prueba  de  balística,  tal como fue  apreciada,  se  encarga  de  negar  las manifestaciones del procesado:  Las  víctimas  tenían tatuaje en los orificios de entrada de los proyectiles;   el  vehículo  en  que se transportaban no registra disparos desde el exterior y  ello  permite  aceptar  como  única  explicación  de  lo  sucedido,  que sólo  él  fue el autor de los  disparos.   

El  comportamiento  posterior  del  imputado  devela su responsabilidad en la medida  que   “…en  lugar  de  informar  lo  que  había  ocurrido,  transita  por dos peajes y en forma increíble calla y trata de pasar  desapercibido”;   a  más  de  ello,  dio por  perdida  su  arma  y  después  la  aportó a la investigación con el argumento  pueril   de   que  quienes  la  hallaron  se  la  devolvieron  en  un  gesto  de  colaboración con su causa.   

Le parece inexplicable que, si el objetivo  del  atentado  era  eliminar  al  propio RUBIEL DÍAZ  LONDOÑO,  lo  hubiesen  dejado  vivo  y lo hubiesen  dejado  escapar  prácticamente  ileso,  habiendo  sido ocho sicarios quienes lo  atacaron, según la versión que rindió.   

La impugnación, según el Delegado, no es  otra  cosa  que  la  manera  “particular,  arbitraria  y sofística” como el  libelista  examina  y  enumera  las  pruebas  indirectas,  al  paso que presenta  antojadas  conclusiones  a  manera  de  “contraindicios”, a contrapelo de la  forma  articulada  y  coherente  como  las registra el fallo, con el pretexto de  “neutralizar  la  fortaleza  de  la  prueba” a la manera como el juzgador la  contempló.   

Indicio de mentira  

El  Procurador  precisó que el cambio de  nombre  de  Alex  Torres por Mauricio Enrique Díaz se realizó el 25 de febrero  de  1997 (mucho antes de  los  hechos  de  este  proceso,  según  aparece  al  folio  471 / 2),  por  modo  que  el  imputado  sí  mintió  sobre  el  verdadero  motivo  del  viaje  aquel  día  a  la  ciudad de  Cartagena,  en  la  medida  que  “…el día de los  hechos  Leonela  Tatiana  otorgó  poder  general  a  su  madrastra  Stella Toro  Arias”  y que ese mandato claramente favorecía al  procesado  RUBIEL  DÍAZ,  pues    que,   con   anterioridad   Stella   Torres  “…también  le  confirió  poder  en  idénticas  condiciones  y  además  en  su  calidad  de  abogado  mal podía incurrir en la  inexactitud  de  no  señalar cuál era la importancia de la gestión adelantada  en     la    oficina  fedataria” (cfr. Fl. 641 a 643 / 1).   

De  manera  que  no  hubo  error  en  la  apreciación de la indagatoria del imputado.   

Tampoco  erró  el  sentenciador  cuando  apreció  las  declaraciones  de  Fidelia Arias García (madre de Stella) y Lina  Marcela   Álvarez   Toro   (la   hija),   quienes  dieron  cuenta  (en   la   audiencia   pública)  que  “…abundaban las desavenencias entre los miembros  de      la     familia     DÍAZ     –         Toro”.   El  Procurador  sostiene  que el juez se persuadió de la  versión  que  dieron en la audiencia pública, porque ese dicho coincide con el  de  Paulo  César  Ramírez Olave (que era el novio de Leonela Tatiana) y con el  de su padre Germán Ramírez Pérez.   

En  el  segundo  cargo  subsidiario de la  demanda,  según  resalta  el  Delegado,  el impugnante demandó como omitidas las declaraciones de Sandra  Milena  Rodríguez  Pretel (compañera de estudios de Leonela Tatiana), Mercedes  Teresa  Pretel  Barreto  (la  mamá  de  la  anterior testigo), de Rodrigo León  Monsalve  Agudelo  (trabajador de la finca donde vivían las víctimas) y la del  abogado  José Aquilino Enciso Barón (amigo del procesado) quienes atestiguaron  sobre   las   buenas  relaciones  que  existía  en  la  familia  que  conformó  RUBIEL DÍAZ LONDOÑO con  Stella  Toro  Arias;  sin embargo advirtió que  no    hubo    tal    omisión    y    que,  al  apreciarlas,  el  juez  encontró que no eran creíbles y las desechó.   

Indicio de rastros o huellas  

Si  el  indagado  contó  que  estando en  marcha  fueron interceptados por un grupo de hombres que se transportaban en una  camioneta  y  dos motocicletas, que ante la inminencia del ataque “aceleró”  y  escuchó  disparos  y  se  demostró que las damas que lo acompañaban fueron  impactadas  a  corta  distancia  porque  tenían  rastros  de ahumamiento en las  heridas,  que  la  una  recibió  cinco  disparos  y la otra dos, la indagatoria  debió ofrecerse coherente con esa evidencia.   

Más,  lo  cierto  es que el vehículo no  tenía  abolladuras  de  ninguna  naturaleza, no existían huellas de impacto de  afuera  hacia  adentro,  tampoco había evidencia de choque contra la tierra (si  dijo  que se metió entre un barranco), no se detectaron rastros en la carretera  que  dieran  cuenta de la utilización de los frenos ante un vehículo “que se  atravesó”,   ni   partes   de   automotor  que  dieran  cuenta  de  accidente  alguno,  y lo   más  trascendente,  el  dictamen  científico  de  balística  concluyó  que las heridas fueron causadas “en el  interior del vehículo”.   

Resaltó    entonces    el    señor  Procurador, que la manera  como  apreció  las pruebas el juzgador fue acertada, pues, ninguna evidencia se  ofreció   coherente  con  el  dicho  del  indagado,  en  síntesis,  porque  no  demostró  errores en la  apreciación  de  las  pruebas.   Más  bien  limitó  el  escrito  a  la presentación de un alegato  particular  en el que ofreció un modo de apreciar los hechos con la expectativa  de que la Corte favorezca al recurrente.   

Indicio de manifestaciones posteriores al  hecho   

Si  el  procesado  rindió  una  primera  versión  al  otro  día  de  los  hechos  (el  10  de diciembre de 1997), donde  explicó   que   llevaba   revólver,   pero  no  tenía  presente  qué      suerte      corrió  el  artefacto (si le cayó en  el  monte,  en  la carretera, en el carro o se le perdió al huir del atentado),  no  había  razón  para que lo aportara a la investigación tiempo después con  el   argumento   baladí   de   que   “funcionarios  del  cuerpo  técnico  de  Investigación  encontraron  el  arma  y  se  la hicieron llegar porque deseaban  ayudarlo”.   

Ese  tipo  de  explicaciones  se  ofrece  indicadoras   de   una  actitud   posterior   que   denota   –y  nada  más-  interés  por  liberarse de la sindicación, sobre  todo  si  conocía  de  antemano que el arma que hizo llegar a la investigación  penal  no  era el arma homicida, pues, de lo contrario no la hubiera aportado al  proceso.   

En  síntesis, recalcó el Procurador que  el  razonamiento  del Tribunal fue respetuoso de la lógica, que las razones que  ofrece   el   opugnador   no  demuestran  en  manera  alguna  la  exclusión  de  responsabilidad que pretende con la demanda.   

El móvil para delinquir  

El  Juez  analizó  con  detenimiento las  diversas  hipótesis  sobre  la  causa  que  determinó  el  crimen  de  las dos  mujeres:   un  hurto, la actividad profesional de abogado del procesado, la  relación  pretérita  del  anterior  marido  de Stella Toro con actividades del  narcotráfico  y  hasta  la  infidelidad  de  Stella  con  su  actual compañero  RUBIEL        DÍAZ       LONDOÑO.   

Sin embargo, en coherencia con la teoría  del  caso  que  presentó  la  Fiscalía  cuando reseñó que por la trayectoria  izquierda –   derecha  de  los  disparos  en  los  cuerpos  de las víctimas, por los signos de ahumamiento de las heridas, por las  heridas  que recibió Stella en su brazo izquierdo (todas reciben la nominación  de  “heridas  de  defensa”,  por  lo  que  se  presume que levantó su brazo  izquierdo  para  cubrirse  del ataque), la conclusión coherente es la de que el  ataque provino desde un mismo punto:  el puesto del chofer.   

Si    ello    es    así,  precisó,  la apreciación de la  prueba   técnica   –  científica  no atropelló los postulados de la lógica ni de la ciencia como lo  pregona    el    impugnante;     nada     impedía     que,     una    vez    neutralizara    la   defensa   de   las   dos  mujeres,  recargara  el  arma y culminara el ataque en las condiciones conocidas.   

Se  impone  colegir entonces, tal como lo  dedujera  el  fallador, que primó el móvil económico (arrebatar los bienes de  las   víctimas)   como   la   única   causa  explicable  de  la  conducta  del  sentenciado.   Por  tanto,  concluyó  el  Delegado,  las  dos censuras que  ensayó  el  libelista  no  deben  prosperar  y  pidió  a  la Corte no casar la  sentencia.   

       LA CORTE CONSIDERA   

Es competente la Corte Suprema de Justicia  para  resolver el recurso extraordinario de casación propuesto por el opugnador  contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal Superior de Barranquilla, de  conformidad  con el artículo 205 de la Ley 600 de 2000, sin perjuicio del poder  oficioso  que  le confiere el artículo 216 en concordancia con el artículo 206  y el numeral tercero del artículo 207 ib.   

Sea  lo primero señalar que en el primer  cargo  (principal)  el  demandante critica los indicios de responsabilidad penal  deducidos  por  el  juez  (individual  y  colectivo), mientras que en el segundo  cargo  ataca  la  apreciación  material  de  otras pruebas que de alguna manera  excluyen  la  responsabilidad  penal.   Con  ese  ejercicio  dialéctico el  libelista  aduce  que  existen  “contraindicios en  favor  del  sentenciado”  que fueron omitidos y en  últimas  que  fue  errada la apreciación del juez y es correcta la perspectiva  probatoria de la impugnación.   

El   indicio   (o  prueba  indirecta)  no es otra cosa que la capacidad de razonamiento del  juez  a  partir de la contemplación de la prueba indirecta;  el indicio lo  construye el juez ante la falta de prueba directa.   

Cuando  se trata de atacar el indicio que  fundamenta  la  sentencia,  al  actor  le corresponde referir en primer lugar la  prueba        del       hecho       indicador5 y a partir de ella demostrar  las  fallas  del  razonamiento  que  llevaron  al  juez  a  formular  una  tesis  (errónea) que le sirve de vértice a la decisión.   

Si  la  tesis  nuclear  del fallo deviene  errónea,  ello  obedece  a  que el juez no contempló correctamente las pruebas  indirectas;    por   consiguiente,   la  sentencia  no  soporta  juicio  de  constitucionalidad ni de legalidad alguno.   

La  versión  que  rindió  el  procesado  (quien  niega  a  ultranza su responsabilidad en los  homicidios)  es  la  prueba  fundamental que cita el  libelista  como  erradamente  apreciada (falso juicio  de  identidad);   el juzgado apreció de manera  articulada    la    versión    de   RUBIEL   DÍAZ  LONDOÑO  y  a  partir  de  ello  dedujo que era una  versión  mentirosa.  Entonces, dos perspectivas se tienen (en la instancia  de casación) frente al dicho del procesado:   

i)  La de  la  parte  defensiva  que  aboga  por  sacar  avante  la  versión  que niega la  responsabilidad   penal   y  ii)   La  del  juzgador  quien fundó la tesis de la sentencia en que el  dicho  del  imputado  es  falso,  que  todo  cuando  dijo  son  mentiras  y  que  él  es  el  verdadero  responsable  (autor  material)  de la muerte de las damas que lo acompañaban en  el   viaje   de   regreso   a   la   ciudad   de   Barraquilla   la   noche  del  9/12/1997.   

Ante esta doble perspectiva, la Sala debe  partir  por  reiterar que  el  recurso  de casación es un juicio puro de legalidad y de constitucionalidad  del  fallo;   dicho  de otra manera, el objetivo del extraordinario recurso  no  es auspiciar un nuevo  debate  orientado a que “finalmente” la Administración de Justicia comparta  la   tesis   del   demandante   (vencida   en   las  instancias  ordinarias  del  proceso).   

Ello  significa  que  si el demandante no  demuestra  que  el Acto de  administración  de  justicia (la sentencia) es ilegal, la decisión se mantiene  porque  la  apreciación probatoria del Tribunal en la segunda instancia llega a  la   Corte   precedida   y   prevalida   de  las  presunciones  de  acierto  en la apreciación probatoria  y  de  legalidad  en  la  manera  como  la decisión se profirió;   es  decir, que el fallo es producto del debido proceso penal.   

En  frente  de  la  prueba  indirecta  de  responsabilidad,  construida  a  la  manera de razonar del juzgador individual y  colectivo,   el   demandante   construyó   su   propia  prueba  indirecta  (que  antojadamente   denominó   contraindicios)   que   no  son  otra  cosa  que  el  razonamiento  insular,  opuesto  al del juzgador, con el que pretende evidenciar  la existencia de la duda:   

El  libelista  sintetizó la impugnación  (los   dos   cargos)  a  razonar  de  manera  distinta  al  juez  (individual  y  colegiado).   Bien  hizo notar el señor Procurador Delegado cuando sostuvo  que   “de   manera   sofística   …  pretende configurar prueba indirecta  de  exoneración  … por  lo  cual  …  de  forma  arbitraria   propone   una   estimación   particular  proscrita  en  esta  sede  extraordinaria”    para    decir    –finalmente-  que  hay  duda, que la  Corte debe creer en las mentiras del procesado y absolverlo.   

Como  las  dos  censuras  son  totalmente  compatibles, la Sala las responderá de manera conjunta:   

En  relación con el Indicio de mentira y  el  motivo  para  cometer  el  doble  crimen  (apreciación  de  la versión del  imputado)   

DÍAZ LONDOÑO  contó  que  el  día de los hechos habían viajado a la ciudad de Cartagena con  la  finalidad  de solicitar unos certificados de nacimiento de los menores David  Díaz  Toro  y   Alex Torres Toro (o Mauricio Díaz), pero no refirió nada  sobre  el  poder  para  administrar  bienes que aquel  día  le  confirió  Leonela Tatiana (la hijastra) a  Stella Toro (madrastra).   

Soslayó  referir ese dato trascendente y  ofreció  al  menos  cuatro  causas  probables  del  atentado:   

El   ejercicio   de  la  profesión  de  abogado:   sin  embargo, se demostró que no tenía a su cargo litigios que  sugirieran alguna actividad riesgosa.   

Acciones  retaliativas  de  “los   hermanos   Galeano”  contra  Stella   Toro   porque   su  exmarido  (fallecido     ocho     años     atrás,    en    1989)    estuvo    vinculado    con   el  narcotráfico.   Sin  embargo ninguna prueba surgió que hiciera viable tal  hipótesis.   

Nada  hay  que  sugiera que hubiesen sido  víctimas   de  un  atraco,  entre  otras  razones  porque  jamás  se  demostró que transportaran objetos  de  valor;   especuló sobre la probable infidelidad de su compañera, pero  ello        tampoco        se       demostró6.   

Al apreciar la prueba técnica y la prueba  científica otras alternativas surgieron razonables:   

La necropsia da cuenta de disparos a corta  distancia  de  y trayectoria postero – anterior del  proyectil en el cuerpo  de   Stella   Toro.    Ante  ello,  un  espectador  razonable  advierte  la  imposibilidad  de que los disparos hechos  desde  la  parte  externa  de  un  vehículo dejen huellas de ahumamiento en los  cuerpos  de  las víctimas, simplemente porque el imputado dijo que el ataque se  hizo    desde    unos  vehículos   (una   camioneta   y   dos   motocicletas)  en  marcha,  lo que significa que los atacantes no  abordaron,  no  ingresaron  ni  sus  cuerpos  ni  sus  manos  armadas dentro del  automotor  que  conducía  RUBIEL  DÍAZ.   

Por    otra    parte,    paradójicamente     el    imputado  resultó  prácticamente ileso (o bien, mínimamente  lesionado    con    un    disparo   a   quemarropa,   que   sólo   quemó      su     piel7)  en  un  atentado,  según  dice,  “auspiciado  por  ocho  personas”  del  que logró  escaparse  “corriendo”,  después de abandonar el vehículo que –según         él-  había  sido  cercado  por  ocho  atacantes  que  se  movilizaban  en  una  camioneta que le taponó el paso y dos  motocicletas   que   avasallaron   cada  uno  de  los  costados  del  carro  que  conducía.   

La  “línea  de  tiro”,  es decir, la  trayectoria  de  los  proyectiles  en  los  cuerpos,  tal  como lo hizo notar el  sentenciador  y  lo  relieva el señor Delegado, no sugiere cosa diferente a que  se  hicieron  desde  el  asiento  del  conductor  del  vehículo  en  el  que se  transportaban las víctimas.   

Si se detectaron heridas de arma de fuego,  con  ahumamiento, en el brazo izquierdo del pasajero que iba junto al conductor,  ello  sugiere  creer  de manera coherente que era el conductor el atacante y que  las   heridas   “defensivas”   se  causaron  en  el  brazo  de  la  víctima  cuando trató de proteger  su  cuerpo  y levantó la  mano  izquierda.  Ello se corrobora, además porque estando el procesado en  el  puesto  izquierdo  del  vehículo,  en  la  silla  del  conductor, por donde  “entraron  los disparos” paradójicamente no fue lesionado, como sí lo fue,  por  el  mismo costado el  pasajero que ocupaba la silla derecha.   

Por  esas  razones,  la construcción del  indicio  de mentira, tal como razonó el sentenciador, es clara en el sentido de  que  la causa del crimen no fue otra que acceder  a  la  administración de los bienes de las víctimas, si  se  tiene en cuenta que para el momento del regreso a Barranquilla y después de  la  firma  del  poder de la hijastra, ya Stella Toro tendría la totalidad de la  administración   de   los  bienes  que  les  había  dejado  el  ex    marido    rejoneador8.   

Al eliminar a Stella Toro, quien  ya había conferido a su marido la  administración  de  todos  sus  bienes,  el único beneficiado era RUBIEL  DÍAZ  LONDOÑO;  ello sin  perjuicio de que tuviese propiedades a su nombre.   

Por  ello,  la  Sala  encuentra razonable  concluir  –como lo hizo  el      juzgador,     que     el     verdadero   motivo   del  crimen  fue  acceder a la propiedad de  los   bienes   de   las  víctimas.   

La  prueba  indirecta, de responsabilidad  penal,              construida  a  la  manera  como  se  hizo en la  sentencia  (inescindible),  según  lo  advierte la Sala en total acuerdo con el  representante  del Ministerio Público, resiste toda crítica porque se presenta  razonable y coherente.   

En   relación   con  las  huellas  del  delito.  El indicio de mentiras   

El indagado narró que fue víctima de un  ataque  auspiciado por ocho personas que se transportaban unas en una camioneta,  otras     en     dos     motocicletas,  que  lo asaltaron por cada costado del vehículo que conducía y  desde  donde  les dispararon indiscriminadamente;  no obstante se demostró  que  el  vehículo  que  conducía  no  tenía  rastros  de accidente, no tenía  rastros  de  impactos  de  afuera hacia adentro, no tenía rastros de choque con  “un  barranco”,  no había rastros de huellas de frenado en la carretera. En  fin,  nada  había  que  hiciera creíble la versión que ofreció de los hechos  sucedidos la noche del 9/12/97.   

Las   manifestaciones   posteriores  al  hecho.  Indicadoras de mendacidad   

En  la  versión del día siguiente a los  hechos  (el 10/12/97) contó que la noche anterior llevaba un revólver, pero no  dio  cuenta del artefacto por disímiles razones;  a pesar de ello, durante  el  curso  de la investigación lo aportó a la Fiscalía, según afirmó porque  “funcionarios  del cuerpo técnico de Investigación que encontraron el arma y  se la hicieron llegar para ayudarlo”.  Nada más infantil.   

Tampoco se omitieron pruebas  

El  libelista  citó  como  omitidas  las  versiones  de Sandra Milena Rodríguez Pretel (compañera de estudios de Leonela  Tatiana),  de  Mercedes Teresa Pretel Barreto (la mamá de la anterior testigo),  de  Rodrigo  León  Monsalve  Agudelo  (trabajador de la finca donde vivían las  víctimas),    del   abogado   José   Aquilino   Enciso   Barón   (amigo   del  procesado);   esos  testigos  refirieron  que  eran  buenas  las relaciones  interpersonales    entre    los    miembros    de    la   familia   DÍAZ  –  Toro,  no  obstante Pablo Ramírez Olave (quien era el novio de Leonela Tatiana)  sostuvo            lo           contrario9.   

No  es  omisión  de  prueba  excluir  la  credibilidad  de  unos testigos cuando el juzgador opta por dar mayor crédito a  una versión que los contradice.   

Finalmente ninguna duda persiste;  no  es  cierto  el  calificativo  de  “contingente”  que  le da el impugnante al  indicio   que   fundamenta  la  condena.   Se  trata  de  una  apreciación  seria, realizada por los  jueces  de instancia, cuyo  acierto,    legalidad   y   coherencia   no   se   ven  comprometidos  con  la  impugnación.   

La  Sala  ha  auscultado  en  detalle  la  demanda  de  casación y  comparte  a  plenitud  el  criterio  de  los  juzgadores y del señor Procurador  Delegado:   No  se  advierten  en  el  escrito  errores      in  iudicando  de naturaleza alguna en la contemplación  material  de  los  medios  de  convicción,  no  obstante  reiterar –como  lo  precisó  la fiscalía de  segunda   instancia-  que  RUBIEL  DÍAZ:   

“…en  vez  de  hacer  aportes para su  esclarecimiento  (de los  hechos),  pareciera  que ha puesto todo su empeño y  dedicación  en distorsionar lo sucedido;  pero como la realidad es tozuda,  y  una  sola,  con  todos  los  esfuerzos  de  éste, para presentarla de manera  distinta,  sólo  ha  logrado enredarse en su propia maraña, pues, las diversas  hipótesis  que  junto  con  sus  sendos defensores ha venido presentando, se ha  visto  forzado,  a someterlas a ajustes, o dejarlas de lado, en la medida que se  han ido derrumbando ante la evidencia lógica y probatoria”.   

No prosperan los cargos.  

En  mérito  de  lo  dicho  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  en  Sala  de  Casación Penal y  administrando  Justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  Ley,   

       RESUELVE   

1.-          NO              CASAR    la   sentencia   del  25  de  abril  de 2002 proferida por el Tribunal Superior del  Distrito Judicial de Barranquilla.   

Contra  esta decisión no procede recurso  alguno.   

La  condena se ejecutará en los términos  en  que  lo  dispone  la  sentencia;  el Juez del conocimiento REMITIRÁ     las     comunicaciones  referenciadas  en  el  artículo  472  de  la  Ley  600  de  2000 e INSISTIRÁ  en  la orden de captura ante  los organismos de seguridad del Estado.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

    ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO                                     MARIA DEL ROSARIO GONZALEZ  DE LEMOS   

AUGUSTO JOSÉ IBAÑEZ  GUZMÁN                 JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANÉS   

        YESID  RAMÍREZ    BASTIDAS                               JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

Permiso  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

                    

                                                                          

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1Leonela    Tatiana    era    hija    solamente    de   José  Alex  Torres Gallego (q.e.p.d.), el segundo marido de Stella  Toro   (por   eso   se   identifica   en   el   proceso   como  la  hijastra de aquella);  Lina Marcela  Álvarez   Toro   se   relaciona  en  el  proceso  como  verdadera  hija  de Stella Toro, nacida en el primer  matrimonio de Stella con el médico Arcenio Álvarez.   

Por  estimar  relevante  el antecedente, la  Sala  transcribe  aquí  la  historia  de  las dos mujeres, a la manera como fue  referida   en   la   resolución   de   acusación   por  la  Delegada  ante  el  Tribunal:   

“Tal pareciera  que  la historia de Stella y Leonela se empezó a escribir hace muchos años, en  otro  lugar,  en  circunstancias  que  las  llevaron  a  compartir  la vida y la  muerte;   sobre ellas desprevenidamente se ha venido sosteniendo a lo largo  del  paginario,  que  las víctimas de los hechos fueron la Señora Estella Toro  Arias  y  su  hija  Leonela  Tatiana  Torres  Arias, apareciendo como una de las  principales  declarantes  Lina Marcela Álvarez, hija de la primera y hermana de  la  segunda,  pero  remontándonos  en  el  tiempo,  encontramos en la ciudad de  Manizales  a  Estela, casada con el médico Arcenio Álvarez, quien falleció de  cáncer,  unión  de la que nació Lina Marcela;  por otro lado, se tiene a  Arlex  Toro, rejoneador, personaje a quién se le atribuyen oscuras actividades,  y  el  título  de esposo de la “Reina de la coca”;   lo cierto es  que  en  el  año  de  1997 en Miami, nace Leonela Tatiana Torres Arias, hija de  José  Arlex  Torres  Arias  y  Leonela Arias, nacimiento que se registró en la  ciudad  de  Bogotá  el 6 de diciembre de 1982 (fl. 157), teniendo que según el  relato  de  RUBIEL DÍAZ, a  Leonela  la mataron en el año de 1982;  siendo así que en el año de 1985  contrae  matrimonio Arlex con Stella, naciendo el niño Arlex Torres Toro.   Siguiendo  la  cadena de muertes, Arlex es secuestrado y muerto en cautiverio en  1989;      y     entonces     RUBIEL    DÍAZ  LONDOÑO,  que  al  parecer  era trabajador de Arlex,  “le  manejaba  los  negocios”, empieza a “salir” con la nuevamente viuda  Stella,  y  deciden  convivir;    huyendo  de  los  problemas  de  los  “negocios”,   se  trasladan  primero  a  Cartagena  y  finalmente  fijan  su  residencia  en  una  finca  cercana  a  Barranquilla, en el municipio de Galapa,  naciendo  de  esta  unión  el  niño  David  Díaz  toro.  Sin embargo, la  tragedia  siguió  persiguiendo  a  Stella y Leonela, a quienes finalmente manos  criminales les segaron su vida el día 9 de diciembre de 1997.   

Se precisa entonces que Leonela Tatiana era  hija  del  fallecido  Arlex  Torres,  mas  no  de Stella Torres, sino de Leonela  Arias,  la  “Reina de la Coca”, al decir de RUBIEL  DÍAZ;   mientras  que  Lina Marcela era hija de  Stella  con  su  primer  esposo,  por  lo tanto, ningún parentesco la unía con  Leonela  Tatiana;   que  de  la  unión de RUBIEL  y Stella, solo nació un niño, David;  al igual  que  de  la Arlex y ésta, el menor Arlex Toro Torres, a quien posteriormente le  fue  cambiado el nombre, por el de Mauricio Díaz Torres, figurando como hijo de  RUBIEL  DÍAZ, ignorándose  mediante qué procedimiento”.   

2Consideración    que,    dicho    sea    de   paso,   no  la  puede  compartir  la  Sala  de  Casación Penal  sencillamente porque la totalidad de la  argumentación  esta referida a un ataque auspiciado,  a  quemarropa,  contra  dos  mujeres indefensas que acompañaban a su victimario  (marido  y  padrastro),  quien  conocía a plenitud la indefensión en la que se  hallaban.    Sin   embargo,   en   virtud  del  principio  de  limitación  que  rige el extraordinario  recurso   y   de  la  garantía  de  la  prohibición  constitucional  de  reforma  peyorativa,  la  Sala no  agravará  la  pena.  No obstante ello, la Corte no puede pasar por alto su  deber    de   “llamar   la   atención”  en  este  punto,  simplemente  porque  se trató, sin  lugar  a  dudas, de dos conductas de  homicidio  agravadas  por  la  indefensión  de las víctimas, como palmariamente  aparece  en  el  pliego  de  cargos  de  la  segunda  instancia    en   toda   la   argumentación   de   la   providencia.   

3Se  aportó  al  expediente  copia  del  registro  civil  de  nacimiento de Mauricio  Enrique  Díaz Toro, sentada el 25 de abril de 1997 (es decir, antes de la fecha  del   homicidio);    de  esta  manera,  en  la  relación  de  RUBIEL  DÍAZ  LONDOÑO  y  Stella  Toro  Arias figuraban dos hijos:  David y Mauricio Enrique.   

4En  este  punto,  la  Sala  precisa que el casacionista hace una imputación por una  conducta    punible    de   falsedad,   sucedida,   según   él,   el  22  de  julio  de 1998, cuando, para poder vender un inmueble,  que  quizá  figuraba a nombre de Stella Toro Arias, LA HIJA “aportó un poder  falsificado”.   Esa  imputación, a juicio de la Sala, Ninguna incidencia  tiene  en relación con la apreciación de las pruebas  indirectas  de  cargo  en  que  se  fundamenta  la  sentencia  contra  el señor  DÍAZ LONDOÑO.   

5Si se  presentan  falsos  juicios  de  existencia  por omisión o por suposición en la  prueba  del  hecho  indicador  deberá  demostrarlos  en  primer  término, para  después aducir las fallas del razonamiento.   

6No  deja  de  ser sugestivo que, se haya urdido la tesis de la infidelidad de Stella  Toro  Arias  a  su  marido  RUBIEL  DÍAZ.   La  Fiscalía de segunda instancia refirió el antecedente  de la siguiente manera:   

“Similar suerte… corre la teoría de que  todo  se debió a un plan del novio de Leonela, Paulo César Ramírez Olave y el  padre  de éste Germán Ramírez Pérez, respecto de la cual no paran mientes en  decir  que  la  fallecida Stella mantenía relaciones íntimas con el último de  los  mencionados  a  espaldas de su marido, y su propia hija lo manifestara ante  funcionarios  del  D.A.S.,  en  un  gesto  nada  propio,  ni leal hacia la madre  asesinada,  y por el contrario sí se nota mucho afán por defender al padrastro  de  seis  años  atrás,  camino  en  el cual se llega hasta a formular denuncia  penal  en  contra  de  los  dos  antes mencionados y tratar de involucrar a unos  funcionarios  públicos,  anunciando pruebas que nunca se presentaron, todo bajo  el  simulacro  de  una pretendida demanda de parte civil, en la que se fijan los  daños  morales  en  la  suma  de  un  millón  de  pesos, y se ocupa de aportar  documentos  sin  ser reconocido en el proceso;  pero decimos que es similar  a  la  anterior,  en  cuanto  a  que  a  ella  se  opone,  que  la asesinada fue  precisamente  la joven y quien aparecía como su madre, mientras que salió casi  ileso  RUBIEL, contra quien  supuestamente  era  dirigido  el  atentado,  y  no  es tanto que no hubiera sido  muerto,   como   las   circunstancias   peliculescas   en  que  se  supone  ello  ocurrió”.   

7(fl.  32,  declaración  del  médico  Jorge  Daez;   ib.  Fl.  123  dictamen  de  balística sobre la prenda de vestir del procesado):   

“…además, la  lesión  sufrida  por  el sindicado, presenta una trayectoria supero inferior, y  un  desnivel  de  13  centímetros,  lo  cual  es  demasiado, y conduce a que la  víctima  se  encontraba en el suelo, o se disparó ella misma;  igualmente  revela  de  aquí,  la  improbabilidad  de  que Díaz  Londoño  hubiera  salido  con  vida  de  un  ataque  efectuado  en  esas  circunstancias,  porque  el  disparo  fue directo, libre de  obstáculo,  y  a  una distancia can corta que no se le posibilitaba escapatoria  alguna,  además  de  que  a  su  vez  él hubiera podido lesionar a su agresor,  teniendo  en  cuenta  que  se  encontraba  esgrimiendo  un  arma de fuego” …  “…resulta  improbable  que  proviniera de un ataque de terceras personas, en  medio  de  una  lluvia de tiros…”. “RUBIEL DIAZ  LONDOÑO    se   autolesionó   para   desviar   la  investigación     hacia     un     ataque     de    terceros…”.    (ib.   Fiscalía  de  segunda  instancia,  resolución  de  acusación).   

8“…la  joven  Lina  Marcela  Álvarez  Toro  aportó, durante el  juicio,  la  prueba del verdadero motivo de su presencia en Cartagena:  una  copia  auténtica  del poder general suscrito por Leonela Tatiana en la Notaría  2ª.  De  Cartagena,  curiosamente  el  mismo  día  en  que  perdieron la vida,  mediante  el  cual  facultaba  directamente a Stella Toro Arias para manejar sus  bienes  y  en  forma  indirecta  al  sindicado en virtud del mandato también de  carácter  general que le diera Stella Toro Arias, en años anteriores”.   (Sentencia de primera instancia, página 30, página 32).   

9Su  declaración  aparece  reseñada en las páginas 7 y 8 del fallo del juzgado. El  testigo     concluyó     que     “…el    cree    que    fue    RUBIEL quien las mató para quedarse con  la herencia de ellas”.     

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