28657(05-12-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28657  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 245.  

Bogotá,  D.  C., diciembre cinco (5) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

La Sala procede a examinar las bases lógicas  y  de  adecuada  sustentación  de  la  demanda  de  casación presentada por el  defensor  de RUPERTO ANTONIO LOAIZA ARENAS contra  la  sentencia  del  24 de abril de 2007, mediante la cual el  Tribunal  Superior  Militar,  al  confirmar  con algunas modificaciones el fallo  proferido  por  el Juzgado 148 de Primera instancia, adscrito al Departamento de  Policía  Antioquia,  condenó  al  procesado en mención a la pena principal de  seis  (6)  años y seis (6) meses de prisión, como autor responsable del delito  de homicidio preterintencional.   

HECHOS  

          El    29    de    julio   de   2005   el   patrullero   RUPERTO   ANTONIO  LOAIZA  ARENAS,  cuando  realizaba  el  servicio de centinela en el sector de la Federación de Cafeteros  del  municipio  de  San  Luis  (Antioquia),  requirió al ciudadano Edilson   Hernando   Giraldo  Franco  para  efectuarle  registro  personal.  Como éste no atendió su llamado sino que, por  el  contrario,  emprendió  veloz carrera, el efectivo policial disparó su arma  en  tres  (3)  ocasiones,  la última de ellas con dirección a la humanidad del  transeúnte,  cuyo impacto de bala le causó la muerte.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. La investigación la adelantó el Juzgado  162  de  Instrucción Penal Militar, primero a manera de indagación preliminar,  etapa  iniciada el 29 de julio de 2005, y luego a través de formal instrucción  penal, cuya apertura ocurrió el 1º de agosto siguiente.   

2.  En  el  curso  de  la  investigación se  escuchó  en  indagatoria  a  RUPERTO  ANTONIO  LOAIZA  ARENAS,  tras  lo  cual  le fue resuelta la situación  jurídica,   siendo   afectado   con   medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  por  el delito de homicidio, según providencia del 5 de agosto del  citado año.   

3.  Mediante  decisión  del 11 de noviembre  postrero,  asumió  el  conocimiento de la investigación la Fiscalía 149 Penal  Militar,  ordenando  de manera simultánea su clausura, por cuya razón, surtido  el  traslado de rigor, procedió el 9 de diciembre del mismo 2005 a calificar el  mérito  del  sumario,  habiendo  proferido  resolución  de  acusación  contra  RUPERTO     ANTONIO    LOAIZA    ARENAS, por el delito de homicidio.   

4. En virtud de la apelación interpuesta por  la  defensa,  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior Militar, a través  de  providencia  fechada  9  de febrero de 2006, confirmó el pliego acusatorio,  con  la  modificación  consistente  en  atribuir  al  procesado  el  punible de  homicidio  agravado,  en  vez  del  homicidio  simple  imputado  por  el  fiscal  a quo.   

5. Correspondió tramitar la fase del juicio  al  Juzgado  148  de  Primera  Instancia  con  sede  en  Medellín, cuyo titular  ordenó,  en  auto  del  23  de  mayo de 2006, la práctica de algunas pruebas y  negó  otras solicitadas por la defensa, tras lo cual  citó a audiencia de  Corte Marcial, que realizó el 31 de enero de 2007.   

          6.  El  a quo puso  fin  a  la instancia con la sentencia del 14 de febrero del cursante año, en la  cual  condenó  al  acusado  a  la  pena  principal de veinticinco (25) años de  prisión,  así  como  a las accesorias de interdicción de derechos y funciones  públicas,  prohibición  de  porte  y  tenencia de armas de fuego y separación  absoluta   de  la  fuerza  pública,  las  dos  primeras  por  tiempo  igual  al  determinado   para  la  sanción  principal,  como  responsable  del  delito  de  homicidio agravado.   

          7.  Apelada  la  decisión  de  primera instancia por la defensa, el  Tribunal  Superior  Militar,  en  sentencia  del  24  de  abril  de  la presente  anualidad,  confirmó  la  condena,  aun  cuando  la  modificó en el sentido de  proferirla  por  homicidio  preterintencional, con marginamiento, además, de la  agravante  específica,  por  cuya  razón  disminuyó las sanciones principal y  accesorias  de interdicción de derechos y funciones públicas y prohibición de  porte  y  tenencia  de  armas, para determinarlas todas en seis (6) años y seis  (6) meses.   

LA  DEMANDA   

          Dos  cargos formula el actor contra la sentencia del Tribunal; ambos  los  intitula  error  de  derecho,  pero  al  enunciarlos denuncia la violación  directa  de  la  ley  sustancial, en el primer reproche por aplicación indebida  del  artículo  105  del  Código  Penal,  que  trata  del  delito  de homicidio  preterintencional  y,  en el segundo, por falta de aplicación del artículo 109  ibídem, el cual tipifica el punible de homicidio culposo.   

          Al  desarrollar el primer cargo,    sostiene    que    el    Tribunal    condenó   por   homicidio  preterintencional,   al   no   hallarse   probada   la  intención  necandi,    pero   no   analizó   otras  circunstancias  establecidas  en  el  plenario,  como  el  estado  anímico  del  procesado  derivado  del  hecho  de  encontrarse en zona guerrillera, estado del  cual da cuenta la peritación sicológica que se le practicó.   

          Según   señaló,   si   el   juzgador   hubiese   examinado   esas  circunstancias,    habría   concluido   que   el   patrullero   “nunca  buscó  la  muerte  y  ni aun lesionar al occiso sino que por  temor  (que  a  la  postre  era  infundado)  al  estar  en  zona  guerrillera lo  confundió  y  buscaba  únicamente  el  poder  requisar  al ciudadano que huía  infundadamente  y  al observar que estrago (sic) de su vestimenta un instrumento  tomó  la  idea  que era un arma de fuego para atentar contra su humanidad y por  ello disparó imprudentemente…”.   

             

          Después  de  discurrir  acerca  del  dolo y la preterintención, en  cuya  tarea  trajo a colación la definición de varios autores de derecho penal  sobre  el primero de esos elementos, insistió en señalar que la intención del  procesado  fue  inicialmente  requisar  al  hoy  occiso y luego intimidarlo para  impedir  su  huida,  pero nunca herirlo y menos aún matarlo. En su criterio, no  se  probó  lo  contrario,  de  modo  que,  al  concluir situación diversa, los  juzgadores incurrieron en error de derecho.   

          En    el   segundo   cargo   aduce  que  cuando  el  patrullero  accionó  su  arma no previó el  resultado  previsible,  razón  por  la  cual no obró dolosamente sino en forma  culposa.   

          Acudiendo  también  a  citas doctrinales, conceptualizó acerca del  delito  culposo,  tras  lo  cual reiteró su criterio referente a que el acusado  actuó  bajo  esa forma de culpabilidad, lo cual, según afirmó, fue reconocido  en la sentencia recurrida.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

          La  Sala  inadmitirá  la  demanda  instaurada  por  el  defensor de  RUPERTO     ANTONIO    LOAIZA    ARENAS,   pues   no   cumple   los  presupuestos  de  adecuada  y  lógica  sustentación  previstos  en  el  numeral  3º  del artículo 212 del Código de  Procedimiento  Penal  de  2000 y desarrollados por la jurisprudencia de la Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  cuya satisfacción se torna  ineludible,  a  fin de no convertir este extraordinario medio de impugnación en  una  tercera  instancia,  sino  que su utilización tenga como único propósito  denunciar,  de  manera  clara  y  coherente,  los quebrantos a la ley sustancial  evidenciados  en  el  fallo  o  las  garantías  constitucionales de los sujetos  procesales.   

          Empiécese  por  destacar  cómo,  de  manera  desacertada, el actor  denomina  los  dos  cargos error de derecho, pero a renglón seguido emprende la  tarea  dirigida  a  demostrar la incursión del fallador en violaciones directas  de  la  ley,  entremezclando de esa forma dos motivos de casación completamente  diversos,  pues  mientras  el  error  de derecho corresponde a una de las formas  mediante  las  cuales  se  manifiesta  la  violación  indirecta de la ley, cuya  concreción  ocurre  cuando  el  juzgador  aprecia indebidamente las pruebas, la  violación  directa  comprende  controversias  puramente  jurídicas, suscitadas  bien  por  la no aplicación de una norma, bien por su aplicación indebida, ora  porque fue interpretada erróneamente.    

          De  ahí  que el error de derecho deba denunciarse con fundamento en  el  apartado  segundo  del  numeral 1º del artículo 207 de la Ley 600 de 2000,  mientras  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial por vía del apartado  primero de la misma disposición.   

          Pero,  asumiendo  que  la  voluntad  del  demandante fue acudir a la  violación  directa,  pues  en  ese  sentido  orientó  el desarrollo de los dos  reproches,  en  su  postulación desatendió la regla casacional, según la cual  al  actor  le está vedado desconocer los hechos y controvertir las conclusiones  probatorias   del  fallador.  En  tal  caso,  debe  aceptar  tanto  éstas  como  aquéllos,  conforme quedaron expresados en la sentencia, limitando su propuesta  a  plantear  el  problema  de carácter estrictamente jurídico con ocasión del  cual ocurrió la violación directa de la ley.   

          Como  se anotó, el libelista no cumplió esa carga argumental, pues  en  los  dos  cargos  sostiene que el procesado no disparó con la intención de  herir  a  la  víctima,  cuando  muy  distinta fue la conclusión probatoria del  Tribunal,   según  se  aprecia  en  el  siguiente  segmento  de  su  decisión:   

          “Se  inclina  la  Sala  por concluir que  indudablemente  el  actuar  de  LOAIZA  ARENAS  fue doloso, ya que ni en lo más  remoto   podría   llegar   a  admitirse  la  más  mínima  posibilidad  de  un  comportamiento  culposo,  cuando  el uniformado es consciente y claro en afirmar  que  disparó  con  la  intención  de  lesionar  en  el  brazo  al  sujeto  que  perseguía…”1.   

          La  cita,  por lo demás, pone de presente la falta de fidelidad con  los  fundamentos  del  fallo  del  argumento del casacionista, según el cual el  ad  quem  admitió  que  el  acusado  obró  culposamente. Como quedó visto, la conclusión del juzgador fue  muy  diversa  y  si  bien  en sus fundamentos enrostró al policial procesado un  actuar  imprudente, lo hizo con relación al resultado que se produjo (la muerte  del  transeúnte),  pues  sólo  de  esa  manera era dable edificar el homicidio  preterintencional  por  razón  del  cual,  finalmente, le formuló el juicio de  reproche,  si  se  tiene  en  cuenta que esa modalidad delincuencial se presenta  cuando   el   resultado   de   la  conducta  “siendo  previsible,  excede  la  intención  del  agente”2.   De   la  siguiente  manera  razonó  al  respecto el Tribunal:            

          “Así las cosas, está claro que si bien  es  cierto  hubo  un  ánimo  en la persona del PT. LOAIZA ARENAS al accionar su  arma  hacia  la humanidad de GIRALDO FRANCO, éste no estuvo encaminado a causar  la   muerte   del   particular,  siendo  reprochable  precisamente  el  no  haber  previsto com conocedor del resultado del accionar de  un  arma  de  fuego,  que  era  apta para ocasionar la  muerte,  haciéndose  palpable  la  ausencia  del dolo respecto a la voluntad de  matar…,  es  decir  el accionar el arma fue netamente doloso, el policial debe  responder  por  su  comportamiento  y  al estar presente, tanto la intención de  realizar  un hecho considerado punible como es el de causar la lesión y haberse  producido  efectivamente  un resultado dañoso, aunque  excede  lo  querido  y  deseado por el uniformado, debe  ser   objeto   de   sanción”(subrayas   fuera  del  texto)3.   

          En  consecuencia,  por  los  evidentes defectos de argumentación y,  además,  no  haber  sido  el  actor  fiel  a los fundamentos del fallo, lo cual  constituye  desconocimiento  del principio de lealtad, la Sala, como lo anunció  ab  initio,  inadmitirá  la  demanda objeto de examen.   

         

         Casación oficiosa:   

          Advierte   la  Corte  que  el  Tribunal  vulneró  el  principio  de  legalidad  en  lo  atinente  a  las  normas  reguladoras de la pena accesoria de  prohibición  de porte y tenencia de armas de fuego, pues la impuso al procesado  por  el  término  de seis (6) años y seis (6) meses, cuando el numeral 8º del  artículo  47  del  Código Penal Militar (Ley 522 de 1999) y el artículo 59 de  la  misma  codificación,  establecen  como  límite  máximo  para esa sanción  accesoria el lapso de tres (3) años.   

          La   Sala   corregirá  de  inmediato  el  quebranto  advertido,  en  aplicación  del  criterio  adoptado  recientemente4,   cuando   se   cambió   la  jurisprudencia  según  la  cual, al acontecer una situación de esa naturaleza,  debía  surtirse, previamente, traslado al Ministerio Público para que emitiera  concepto   sobre   el   particular.   El  cambio  jurisprudencial  se  cimentó,  básicamente, en las siguientes razones:   

          “…  encuentra  la  Sala que en aras de  los   postulados   de   pronta  y  eficaz   administración   de   justicia,   lo   lógico   es   que  advertida  la  irregularidad  que  atente  contra las garantías de los derechos fundamentales,  sin   correr  traslado  al  Ministerio  Público,  se  subsane  de  manera  inmediata,  con el fin de reparar  el  agravio inferido, máxime cuando la Constitución y la ley impone a la Corte  Suprema de Justicia  efectivizar el derecho material”.   

          Por  tanto,  a  efectos  de  restablecer  la  garantía  fundamental  vulnerada,  la  Corte  casará  parcialmente  y  de manera oficiosa la sentencia  impugnada,  para  fijar  en  tres (3) años la pena accesoria de prohibición de  porte y tenencia de armas de fuego.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el defensor de  RUPERTO ANTONIO LOAIZA ARENAS.   

2.-    CASAR  oficiosa  y  parcialmente la sentencia, para fijar en  tres  (3)  años  la  pena  accesoria  de  prohibición de porte y tenencia de armas de fuego allí impuesta  a RUPERTO ANTONIO LOAIZA ARENAS.   

3.-             DECLARAR  que los restantes ordenamientos  de la sentencia impugnada se mantienen incólumes.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ            MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO J. IBAÑEZ  GUZMÁN                        JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES              

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                  JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA   RUIZ  NÚÑEZ   

           Secretaria   

    

1 Fl. 573 cd. # 2.   

2  Artículo 24 del Código Penal.   

3 Fl.  575 cd. ídem.   

4 Corte  Suprema  de  Justicia.  Sala  Penal.  Providencia  del 12 de septiembre de 2007,  radicación 26967.     

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