28513(01-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28513  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 215   

Bogotá, D.C., primero de noviembre de dos mil  siete.   

VISTOS  

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado JOSÉ RAFAEL  ROJAS  GONZÁLEZ,  contra  la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Bogotá, el 29 de junio de 2007,  confirmatoria,  con  modificaciones,  de la emitida el 27 de mayo del mismo año  por  el  Juzgado  Trece  Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento de esa  ciudad,  en  la  cual  se condenó al acusado a la pena principal de 70 meses de  prisión,  como  autor  del delito de actos sexuales con menor de catorce años,  agravado.    Allí   mismo   se   decretó   la   sanción   accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas, por un  lapso  igual  al  de la privación de la libertad, y se negaron al procesado los  subrogados  de la suspensión condicional de la ejecución de la pena y prisión  domiciliaria.  De  igual  manera,  se modificó lo ordenado en primera instancia  acerca  del pago de perjuicios civiles, definiéndose que en total, el procesado  debería pagar la suma de $ 11.484.430.   

HECHOS  

En  el fallo atacado, se narró lo ocurrido,  de la siguiente forma:   

“De  la  noticia  histórica  informada se  desprende  que,  pasadas  las  dos  de  la tarde del 5 de octubre de 2005, en su  residencia    ubicada    en    la    calle    155ª    N°    14    –    13    de    Bogotá,   la   niña  A.M.B.C1,  de  cinco  años  de  edad,  fue  agredida  sexualmente, mediante  tocamientos en sus partes pudendas y besos en la boca”.   

DECURSO  PROCESAL   

         Denunciado  el  hecho  en  la  Fiscalía, el 25 de octubre de 2005, se solicitó  ante  el correspondiente Juez de Control de Garantías de Bogotá, expedir orden  de  captura  en  contra  de  JOSÉ  RAFAEL ROJAS GONZÁLEZ, en petición que fue  aceptada.   

       Una vez  operada  la  aprehensión del indiciado, el 26 de octubre de 2005, también ante  el  Juez  de  Control  de  Garantías,  se tramitó, en audiencia preliminar, la  legalización  de  la  captura, que fue ratificada. Al mismo tiempo, se formuló  imputación  en  contra del procesado, por el delito de actos sexuales con menor  de  14  años,  agravado,  negándose  el  imputado  a  aceptar  los cargos. Por  último,  fue  solicitado  imponer  medida  de  aseguramiento en contra de ROJAS  GONZÁLEZ,    ordenando   el   juez   se   le   recluyera   en   su   sitio   de  residencia.   

        Presentado  el  escrito  de  acusación  y  asumida  competencia,  en virtud del  reparto,  por  el Juzgado Trece Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento  de  Bogotá,  el  día  12  de  diciembre  de  2005, se celebró la audiencia de  formulación de acusación.   

     El  13 de enero de 2006,  tuvo lugar la audiencia preparatoria.   

      El 7 de marzo  de  2006, se dio comienzo a la audiencia de juicio oral, que fue interrumpida en  varias  ocasiones  por  ocasión  de  peticiones  probatorias presentadas por la  defensa,  que  le  fueron  negadas  y  obligaron  el  pronunciamiento en segunda  instancia del Tribunal.   

        Finalmente,  el  26  de septiembre de 2006, culminó la audiencia de juicio oral  con  el  anuncio  de  la  jueza  de  conocimiento  de que emitiría sentencia de  condena  en  contra  del  procesado,  como  autor  del  delito de actos sexuales  abusivos  con  menor  de catorce años, agravado, después de lo cual las partes  presentaron  sus  alegatos  respecto  de  la  pena  imponible y la concesión de  subrogados penales.   

        El  4  de  octubre  de  2006, dio comienzo el incidente de reparación integral, del  cual  se  realizaron  varias audiencias hasta que por último, el 27 de marzo de  2007,  culminó  con  la  decisión  de  la jueza de conocimiento de condenar al  acusado,  por  perjuicios  civiles, al pago de $ 40.480.000, a favor de la menor  afectada y sus familiares cercanos.   

        El  27  de  mayo  de  2007, se profirió la sentencia de primer grado, apelada allí  por la defensa y la representación de la parte civil.   

         Realizada  el  23  de  mayo  de  2007,  en  segunda  instancia,  la audiencia de  sustentación  del  recurso  de apelación, el 29 de julio de 2007, se profirió  el  fallo  de  segundo  grado,  que  confirmó  lo decidido por el A quo, con la  modificación   ya   reseñada   en   el   proemio   acerca  del  monto  de  los  perjuicios.   

SÍNTESIS  DE LA DEMANDA   

1. Cargo Primero  

Aunque  el casacionista dice que se apoya en  la  causal  primera  del  artículo  181  de  la  Ley 906 de 2004, desarrolla su  crítica  a través de la violación indirecta de la ley sustancial por error de  hecho fundado en falso raciocinio.   

Para  el  efecto,  el  recurrente se permite  “hacer  un  recuento  de cómo realmente ocurrieron  los  hechos”, y así relata lo ocurrido y lo referido  por  los  testimoniantes,  de acuerdo a su particular óptica, en la que destaca  las  que  entiende  motivaciones  perversas  de  la  menor  afectada y su madre,  relevando  las  supuestas inconsistencias en las atestaciones de los testigos de  cargos.   

Ya   después,   resume,   con   algunas  transcripciones,  lo  dicho  por  cada  uno  de los testigos en la audiencia del  juicio  oral,  de  lo  cual  resalta  apartados  que  asume sustanciales para su  crítica,  y  lo  valorado por ambas instancias sobre el particular.     

Finalmente,  en  el  apartado  que  rotula  “DEMOSTRACIÓN  DEL  ERROR  DE  HECHO ACUSADO”, el recurrente afirma que los  falladores  fundamentaron  la  sentencia  de condena en lo expresado por la  menor   afectada   y   lo   corroborado   por   el   perito  psiquiatra  que  la  evaluó.   

Sin   embargo,   agrega    que   los  funcionarios  A  quo  y  Ad  quem,  “vulneraron las  pautas    de    los    principios    de    la    lógica    y   reglas   de   la  experiencia”.   

Para  demostrarlo,  toma  cada  una  de  las  declaraciones  allegadas  al  juicio  y  sobre  ellas realiza una disección que  pretende,  en  lo  que  atiende  a  los  testigos  de cargos, evidenciar algunas  inconsistencias  o  contradicciones  en sus dichos, algunas  fundadas en la  particular  interpretación  que  hizo  de  los  hechos  al  comienzo, cuando no  destacar  la  animosidad  en contra del acusado, concluyendo en todas y cada una  de  ellas  que  se  violaron  indistintamente  las  reglas  de  la  lógica y la  experiencia,  aunque  nunca  concreta cuáles específicamente son esas reglas o  máximas.   

En   este   sentido,   el  libelista  hace  afirmaciones  del  tenor de que “la violación a los  principios  de  la  lógica  resultan evidentes (sic), pues de ninguna manera se  puede     sostener     que     la     niña     ha    sido    veraz    en    sus  manifestaciones”;      que     “lo  expuesto, constituye un atentado contra los principios de la  ciencia  y  de  la  propia  lógica,  el hecho de que se valora como ciertos los  dichos   de   la   niña”;   que  “la   violación   de   los   principios   citados   resultan  de  bulto”;   que  “acaso  las reglas de la ciencia y de la experiencia, no  enseñan  que unos padres conscientes y consecuentes, ante la afectación que un  niño  sufra  en  un  ojo,  sin previa valoración médica, de ninguna manera le  permitirían  que hiciera tareas”; o que “las  reglas  de  la  experiencia también enseñan que cuando se  falta a la verdad, esa mentira se trata de reforzar” .   

Ya  en  tema  diferente  al  de  la  causal  planteada,  el  impugnante  deduce de lo expresado por la menor afectada, que lo  declarado  por  ella ante el funcionario del C.T.I., obedeció a la ilustración  de  su  progenitora,  que  el desparpajo demostrado por la víctima en el juicio  contraría  esta  condición,  y que las preguntas hechas por la fiscalía en el  juicio oral fueron sugestivas y evidentemente parcializadas.   

Ya  luego,  advierte  que  contraría  los  principios  de  la  ciencia  y  la experiencia, que tampoco identifica, no ya la  valoración  dada  por  el  Tribunal a una determinada prueba, sino lo declarado  por al menor.    

   Atinente a lo expresado por el  médico  psiquiatra,  estima  el  demandante  que  los  falladores  hicieron una  “equivocada        valoración”  de la entrevista a la cual sometió el profesional de la medicina  a la víctima, dada su corta duración.   

Abordando  lo expresado por los testigos de  descargos  presentados  en  la audiencia de juicio oral, el censor significa que  también   respecto   de  todos  estos  incurrió  el  fallador  en  errores  de  raciocinio,   pasando   por   alto   genéricos  principios  lógicos  y  de  la  experiencia.   

Al  efecto, relieva el casacionista que los  funcionarios  de  ambas  instancias  “se fueron a lo  accesorio para descalificar sus dichos”.   

Finalmente,  en  punto de la incidencia del  yerro  planteado, afirma el demandante que no existe certeza para condenar   y,  en  consecuencia,  de haberse obviado los vicios demostrados en el cargo, el  Tribunal  hubiese absuelto a su representado legal, en seguimiento del principio  In  Dubio  Pro  Reo,  razón  por  la cual pide se case la sentencia para que se  expida fallo de reemplazo que así lo declare.   

2. Cargo Segundo.  

Dentro de la causal primera, aunque dice que  la  violación  es  indirecta,   acusa  el  demandante  a  la sentencia, de  aplicar  indebidamente  el  artículo 61 de la Ley 599 de 2000, dejando de tomar  en  consideración  el principio Non Bis In ídem previsto en el artículo 29 de  la Constitución Política Colombiana.   

Para   soportar  su  tesis,  significa  el  recurrente  que  los  falladores  al  momento de dosificar la pena partieron del  tipo  básico  dispuesto  en  el  artículo  209  del  C.P.,  -48  a 90 meses de  prisión-  a  lo  cual  se  aplicó  la  agravante específica establecida en el  artículo   211   siguiente,   hasta   derivar   la   pena   en   64   meses  de  prisión.   

Sin  embargo,  violando  el  principio  en  cuestión,  se  incrementó  ese  tope  mínimo de 64 meses, en seis meses más,  hasta  derivar en 70 meses de prisión,  pasando por alto que en contra del  procesado  no  se  despejaron otras circunstancias de agravación, aunque sí de  atenuación,  lo  que  significa  que  se  utilizó dos veces la agravación del  artículo 211.   

Acorde   con   lo  expuesto,  solicita  el  casacionista  que  se  case parcialmente el fallo, para efectos de que se rebaje  la pena a 64 meses de prisión.   

3. Cargo Tercero.  

Propuesto   de   manera  subsidiaria   “por  la  vía indirecta consagrada en el artículo  181  del  C.  de  P.P.”,  en  la  medida que los juzgadores de instancia   incurrieron  en  falsos  juicios,  dieron  por  probado sin estarlo, el supuesto  perjuicio…”.   

Sin señalar en concreto cuál es el yerro o  violación  en  que  incurren  los  falladores, el impugnante destaca cómo a la  menor  se  le  realizó  la  entrevista  psiquiátrica  106  días  después  de  ocurridos  los hechos “tiempo suficiente para que la  información  sugerida  por  parte de su progenitora y de su abuela, se hubiesen  (sic)     afianzado     en     la     mente     de    la    menor”.   

    Ya en desarrollo del cargo, el  censor  relaciona  indistintamente  presentados  falsos  juicios de existencia y  falsos  raciocinios,  partiendo  por  significar  que  el A quo incurrió en los  primeros  cuando  se dio crédito a la madre de la menor al momento de informar,  en  el  incidente  de  reparación  integral,  que  su  hija  venía  recibiendo  tratamiento    psicológico    en    el   ICBF,   con   lo   cual   “supuso  que  el  dicho  de  la señora Liza Basan era suficiente  para  aceptar  que  la  menor  ameritaba  una  atención sicológica y por ello,  condenó por daños y perjuicios …” .   

Seguidamente,  relaciona  el  demandante  lo  argumentado  por el Tribunal para modificar el valor de los perjuicios ordenados  por  el  A quo, para derivar, dentro del acápite de la demostración del error,  en   que  “Las   reglas  de  la  ciencia,  los  principios  de  la  lógica  y la misma experiencia”,  determinan  insuficiente  el  peritaje efectuado por el experto en psiquiatría,  ya  que  se  trató de una sola valoración, realizada 106 días después de los  hechos  y  sin tomar en cuenta que esos factores avistados en el examen pudieron  variar  para  el  momento  en  que  se  reitera  el  diagnóstico,  en curso del  incidente de reparación integral.   

Incluso,  añade  el  demandante, no tuvo en  cuenta   el   experto,  las  fracturas  que  presentaba  la  menor  “pero  que de acuerdo a los principios de la lógica y las reglas  de  la  experiencia,  permiten  colegir que las mismas fueran debidas al posible  maltrato por parte de la madre.”.   

Renglón  seguido,  trae  a  colación  el  demandante,  jurisprudencia  de  un  Tribunal,  en la cual se hacen afirmaciones  respecto   a   la   secuencia   de  entrevistas  que  requiere  el  diagnóstico  psiquiátrico,  así  como  un  estudio  realizado  por  el Servicio Nacional de  Menores de la República de Chile.   

En   punto  de  la  incidencia  del  error  propuesto,   el   recurrente   significa   que  “se  evidencia  la  aplicación  indebida  del  artículo  97 de C. Penal, Ley 599 de  2000,  al dar por probado sin estarlo el perjuicio ”,  por  ocasión  de  lo  cual,  solicita,  debe  casarse  parcialmente  el  fallo,  revocándose la condena en perjuicios civiles.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Previo a examinar los cargos presentados por  el  impugnante  en  contra  de  la  sentencia  objeto de censura, debe relevarse  cómo,  con  el  advenimiento  de  la Ley 906 de 2004, se ha buscado resaltar la  naturaleza  de  la  casación  en cuanto medio de control constitucional y legal  habilitado  ya  de  manera  general  contra  todas  las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas  por  los  Tribunales,  cuando  quiera  que  se  adviertan  violaciones  que  afectan  garantías  de  las  partes,  en  seguimiento  de  lo  consagrado  por  el  artículo  180  de  la  Ley  906  de  2004, así redactado:   

“Finalidad. El  recurso  pretende  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  estos, y la unificación de la jurisprudencia”   

                   Precisamente,  en  aras  de  materializar el cumplimiento de tan específicos intereses, la Ley  906  de  2004,  faculta  a  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia,  entre  otros,  de  la  potestad  de superar los defectos de que pueda  adolecer  la  demanda,  a efectos de que pueda emitirse pronunciamiento de fondo  –art.   184,   inciso  3°-.   

         Es  necesario,  sin embargo, inadmitir la demanda si, como postula el inciso segundo  de  la  norma  citada:  “el  demandante  carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos  de  sustentación  o  cuando  de  su  contexto  se  advierta  fundadamente que no se  precisa    del    fallo   para   cumplir   alguna   de   las   finalidades   del  recurso”.   

Atendidos  estos  criterios, ha señalado la  Corte2:   

“De  allí  que bajo la óptica del nuevo  sistema  procesal  penal, el libelo impugnatorio tampoco puede ser un escrito de  libre  elaboración,  en cuanto mediante su postulación el recurrente concita a  la  Corte  a  la  revisión del fallo de segunda instancia para verificar si fue  proferido o no conforme a la constitución y a la ley.   

“Por  lo  tanto,  sin  perjuicio  de  la  facultad  oficiosa  de  la Corte para prescindir de los defectos formales de una  demanda  cuando  advierta  la  posible  violación  de garantías de los sujetos  procesales  o de los intervinientes, de manera general, frente a las condiciones  mínimas de admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

“1.  Acreditación  del  agravio  a  los  derechos    o    garantías    fundamentales    producido   con   la   sentencia  demandada;   

“2.   Señalamiento  de  la  causal  de  casación,  a  través  de  la  cual  se  deja  evidente tal afectación, con la  consiguiente   observancia  de  los  parámetros  lógicos,  argumentales  y  de  postulación propios del motivo casacional postulado;   

“3. Determinación de la necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

“De  otro  lado,  con  referencia  a  las  taxativas  causales  de  casación  señaladas  en  el  artículo  181 del nuevo  Código, se tiene dicho que:   

“a)  La  de  su  numeral 1º –falta de aplicación, interpretación  errónea,  o aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal, llamada a regular el caso-, recoge los supuestos de la  que  se  ha  llamado  a  lo  largo  de  la  doctrina  de  esta Corporación como  violación directa de la ley material.   

“b)  La  del  numeral  2º  consagra  el  tradicional  motivo  de  nulidad por errores in iudicando, por cuanto permite el  ataque  si  se  desconoce  el  debido  proceso  por afectación sustancial de su  estructura  (yerro  de  estructura) o de la garantía debida a cualquiera de las  partes (yerro de garantía).   

“En  tal caso, debe tenerse en cuenta que  las  causales  de  nulidad  son  taxativas  y  que  la  denuncia  bien sea de la  vulneración  del  debido  proceso  o  de las garantías, exige clara y precisas  pautas                 demostrativas3.   

“Del  mismo modo, bajo la orientación de  tal  causal  puede  postularse  el  desconocimiento del principio de congruencia  entre       acusación       y       sentencia4.   

“c)  Finalmente,  la  del  numeral 3º se  ocupa  de  la  denominada violación indirecta de la ley sustancial –manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia-;  desconocer  las  reglas  de  producción alude a los errores de  derecho  que  se  manifiestan  por  los falsos juicios de legalidad –práctica  o  incorporación  de  las  pruebas   sin  observancia  de  los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o,  excepcionalmente  por  falso  juicio  de convicción5,     mientras    que    el  desconocimiento  de  las reglas de apreciación hace referencia a los errores de  hecho   que  surgen  a  través  del  falso  juicio  de  identidad  –distorsión   o  alteración  de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio-, del falso juicio de existencia  –declarar   un   hecho  probado  con  base  en  una  prueba  inexistente u omitir la apreciación de una  allegada  de  manera  válida  al  proceso-  y del falso raciocinio –fijación  de  premisas  ilógicas  o  irrazonables    por    desconocimiento    de    las    pautas    de    la   sana  crítica-.   

“La  invocación  de  cualquiera de estos  errores  exige  que  el  cargo  se  desarrolle conforme a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado.”   

Establecidas   las  premisas  básicas  de  evaluación,  abordará  la  Sala la demanda de casación, de conformidad con el  cargo planteado por el casacionista.   

    

1. Cargo Primero.     

         

La manera  profusa y reiterativa en que  asume  el  demandante la crítica, al punto de hallar en cada una de las pruebas  recaudadas  en  la  investigación  penal,  tanto  las  de  cargos  como  las de  descargos,  el  mismo tipo de yerro de raciocinio, informa de su querer, no otro  diferente  al  de  anteponer  su particular visión del conjunto probatorio y lo  que  el  mismo  arroja, a la propia de las instancias, con lo cual pasa por alto  que,   independientemente  de  su  mayor  o  menor  precisión  discursiva,  las  decisiones  de  las  instancias arriban a la sede de casación prevalidas de una  doble  condición  de acierto y legalidad que impone, para derrumbarla, señalar  de  manera precisa y específica la existencia de una violación tan ostensible,  protuberante  y trascendente, que  por ocasión de ella queda sin efecto lo  resuelto  o, cuando menos, debe modificarse positivamente para los intereses del  recurrente.   

En  consecuencia, si en términos generales,  por  su naturaleza, resulta bastante difícil que efectivamente se haya cometido  un  tal  desatino  en  ambas  instancias,  la  segunda de ellas colegiada, ya se  evidencia  un  despropósito  que  el  error  irradie,  de  manera  particular y  discriminada,  todas  y  cada una de las muchas pruebas que en el caso examinado  fueron allegadas al informativo.   

Y  es  ello  lo  que  pretende significar el  demandante  en  su  escrito  cuando aborda uno por uno los medios suasorios y en  todos  ellos  dice  haber  encontrado  el  falso  raciocinio que rotula el cargo  propuesto.   

Pero,  una  observación  desprevenida de la  demanda   advierte   que  su  sentido  se  encamina  apenas  a  controvertir  la  credibilidad  que  dio  a unos y otros el fallador, asunto que, por corresponder  al  arbitrio  interpretativo del  funcionario, no puede ser controvertido a  través  del mecanismo extraordinario de la casación, a no ser que se demuestre  evidente  vulneración  a las reglas de la sana crítica, en tanto, se pasan por  alto  las  máximas  de la experiencia, los principios que informan la lógica o  los postulados científicos.   

De  esta  forma lo dejó sentado la Corte en  reciente                  decisión6:   

“Lo  anterior,  ha  sido  suficientemente  destacado  por la Sala, en pacífica jurisprudencia, advirtiendo que quien alega  un  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  soportada en la violación de los  postulados  de  la sana crítica, está obligado a señalar lo que objetivamente  expresa  el  medio probatorio sobre el cual se predica el error, las inferencias  extraídas  por  el  juzgador  de  él  y  el mérito suasorio que le otorgó. A  renglón  seguido, es necesario indicar el axioma de la lógica, el principio de  la  ciencia  o la regla de la experiencia desconocidas o vulneradas, y dentro de  ellas  referirse  a  la correctamente aplicable, hasta, finalmente, demostrar la  trascendencia  del  error  en  punto  de  lo  resuelto,  significando  cómo  la  exclusión  del medio criticado, indispensablemente, dentro del contexto general  de  lo  aducido probatoriamente, conduciría a una más favorable decisión para  la            parte            impugnante7”.   

En  consecuencia, una crítica seria que se  perfile  por  la  senda  del  falso raciocinio, implica no solo advertir que han  sido  violadas  algunas  de estas fórmulas, sino verificar en concreto cuál de  todas  ellas  dejó  de  aplicarse, so pena de que la alegación no desborde los  hitos  de  la  simple petición de principios que parte de dar por  probado  precisamente lo que debe demostrarse.   

Y  es  ello  lo  que  se  distingue  en  el  desarrollo  del  primer  cargo  presentado  por el recurrente, pues, se limita a  señalar  en  todos  y  cada uno de los puntos probatorios, que en su análisis,  obviamente  diverso  al  que  de  forma  interesada  plantea  el  impugnante, el  Tribunal  violó  indistintamente los principios de la lógica y las máximas de  la  experiencia,  dejando  de  señalar  específicamente  cuál  fue la regla o  principio  utilizados  por el Ad quem y, en contrario, cuáles son los que en el  caso concreto deben operar.   

Y,  para  evitar reseñar, dado que así lo  exige  la  adecuada forma de sustentación del cargo, cómo el yerro trascendió  tan  profundamente  a  la  decisión,  que  conduce  a  modificarla en favor del  procesado,  el  censor decidió mejor realizar el ataque sobre todas las pruebas  de cargos y de descargos, como ya se dejó anotado.   

Incluso,  lejos de significar claramente la  regla  de  la  experiencia   o  principio  de la experiencia aplicables, el  censor  se  desvió  por el camino de las supuestas contradicciones o equívocos  que  contienen  los  dichos  de  los  testigos  de  cargos, atribuyendo el falso  raciocinio  no  a  las  instancias,  sino  a  los declarantes, con lo cual, como  aparece   elemental,   desnaturalizó  completamente  la  esencia  del  cargo  y  del   mismo recurso, pues, la controversia no se dirigió a controvertir la  legalidad  o acierto de las sentencias, sino los supuestos yerros o motivaciones  de    cada    uno    de    los   testigos   de   incriminación,   incluida   la  víctima.   

Ello  se  observa  diáfano en el siguiente  apunte   de   la  demanda:  “Constituye  igualmente  señores  magistrados  un  atentado  en contra de los principios de la lógica y  las  reglas  de  la  experiencia,  el que una persona como Liza Basan se hubiera  empeñado  en  ocultar  su  relación  amorosa  con  mi  prohijado,  sino  (sic)  fuera   por  el interés particular que tenía en mentir respecto de lo que  aseverara    en   contra   de   su   ex   amante   Rafael   Rojas”     

En este cometido, cabe agregar, ni siquiera  se  funda  en  los  elementos  de  juicio  recogidos  en la encuesta, sino en la  particular  versión  de  los  hechos  que  ofreció  al  inicio  de  su escrito  impugnatorio,  en capciosa argumentación que parte, sin ningún fundamento, por  ofrecer  un  específico  panorama de lo ocurrido y a partir de allí significar  mendaz,  interesado  o  contradictorio todo lo que digan la menor afectada y sus  allegados,  sólo  porque  no  se  acomoda  a  esa  narración  u  obedece a las  maquinaciones oscuras que el mismo recurrente despejó.   

Lo  demás,  son  simples  conjeturas del  casacionista,   que  otorga  un  determinado  efecto  probatorio,  afín  a  sus  intereses  defensivos,  a  hechos  o  afirmaciones  completamente aisladas, como  cuando  advierte  que  las varias fracturas reportadas en fechas recientes en el  cuerpo  de  la  menor,  pueden  corresponder  al medio violento utilizado por su  madre para obligarla a declarar en contra del procesado.   

Y,  cuando aventura alguna supuesta máxima  de  la  experiencia  pasada por alto, de entrada se aprecia que esta no comporta  las  condiciones de reiteración y universalidad inmanentes a un dicho concepto,  sino  apenas  la  conclusión  más favorable  a las pretensiones  del  censor.   Así   ocurre,   por   ejemplo,   cuando   sostiene  que  “los  principios  de  la  lógica  y  de la experiencia, que  enseñan   que  un  niño  que  no ha sido sugestionado, ni aleccionado, no  tiene  porque  (sic)  manifestar situaciones respecto de las cuales no le estén  interrogando”.   

         También  bajo la férula del falso raciocinio pretendió arropar el  demandante  la  crítica  a la actuación del fallador de primera instancia que,  en  la  audiencia del juicio oral, le impidió interrogar a la madre de la menor  acerca  de  aspectos  íntimos  (cantidad de vello axilar y púbico), destacando  que  si  se  hubiese  permitido  el  interrogatorio  sobre este tópico, habría  podido demostrar la mendacidad de la testigo.   

Desde luego, es este un tipo de controversia  completamente  ajeno  a la causal aducida, que genera confusión y refleja   la  manera  desprolija  como  en  un  solo  cargo se pretenden incluir todas las  críticas    y    valoraciones    particulares   del   demandante   –además de lo anotado, se controvierte  la  actuación  de la fiscalía, porque supuestamente indujo con sus preguntas a  la  menor,  asunto que, de haberse presentado, constituye un error de derecho, y  no  de  hecho,  vinculado  con  la  legalidad de la prueba-, al punto de obligar  desestimarlo,  pues,  además  de  que no se demuestra la efectiva violación de  los   principios  que  gobiernan  la  sana  crítica,  se  omite  determinar  la  trascendencia  concreta  de  cada  uno de los supuestos yerros y, finalmente, se  busca  presentar  un  típico  alegato  de  instancia  en  el cual el recurrente  contrapone  su  muy  particular  análisis  probatorio  al  que  efectuaran  los  falladores de primero y segundo grados.    

En   otro   orden  de  ideas,  cuando  el  casacionista  remite  a  lo  expresado por el perito psiquiatra, señala que sus  dichos  no  tienen  credibilidad  y  para  el  efecto  remite  a una providencia  anterior  del  Tribunal de Bogotá, en la cual se advierte, en seguimiento de lo  consignado  en  el Manual de la Escuela Norteamericana de Siquiatría, que ha de  hacerse   una   secuencia   de   entrevistas   con   el   paciente  “para    establecer    su    duración    y    gravedad   de   la  perturbación”.   

Empero, no explica el impugnante cuál es el  error  de raciocinio en el que incurrieron los juzgadores o cómo la afirmación  que  transcribe,  obra  de  otra  Sala del Tribunal, incide o tiene valor propio  respecto  de  lo  que se discute en el caso concreto. Mucho menos, si claramente  se  lee  en el texto traído a colación, que la evaluación periódica no busca  determinar  si  efectivamente  se  materializó  o  no el delito vejatorio, sino  “su     duración     y     gravedad    de    la  perturbación”.   

Por  último,  al reseñar lo expresado por  los  testigos  de  descargos,  al  igual  que  ocurrió  con  los  de cargos, el  recurrente  busca  hacer   prevalecer su valoración de ellos, diciéndolos  plenamente  creíbles,  no  obstante  reconocer  que  el Tribunal desestimó sus  dichos  por  hallarlos  parcializados  a  favor  del procesado y  de alguna  forma contradichos por los elementos incriminatorios.   

Si sucede, entonces, que los falladores,  dentro  del  análisis  conjunto  del espectro probatorio, hicieron un análisis  juicioso  de lo recogido y otorgaron mayor credibilidad a la víctima, el perito  médico  y  los allegados de la menor, frente a lo expuesto por el acusado y sus  amigos,  la  censura,  en  sede  de casación, no puede corresponder apenas, sin  demostrar  violación  trascendente  a  las reglas de la lógica, los principios  científicos  o las máximas de la experiencia, a la distinta valoración que de  ello hace el impugnante, por las razones que ya se anotaron.    

En consecuencia, la impropiedad argumental  que  registra el primer cargo propuesto por el casacionista implica necesaria su  inadmisión.   

2. Cargo segundo.  

La  sola  mención  de  que  se  violó  el  principio  del  Non  Bis  In  ídem,  no  constituye  fundamento suficiente para  soportar  un  cargo  que, de entrada, hace ver el manifiesto desconocimiento del  impugnante  acerca  del  contenido  y  efectos  de  las  normas  que  regulan la  dosificación punitiva.   

En este sentido, el recurrente anota que se  aplicó  indebidamente  el  artículo 61 del C.P., pero nada hace para verificar  su  afirmación,  pues, ni siquiera postula cuál es el contenido de la norma en  mención o de qué forma erró en su aplicación el fallador.   

Ello  por  sí  solo  constituye  basamento  suficiente  para  desestimar  el  cargo,  dado  que la precariedad argumentativa  impide  conocer  a  la  Corte  cuál  es  el  yerro  en  el  que incurrieron los  juzgadores.   

Pero, si se permitiera advertir la forma en  que  se  tasó  la pena, acorde con lo consignado en la demanda de casación, es  necesario  precisar que la dosificación se ciñó estrictamente a lo consagrado  en  la  ley  para el efecto, dado que el incremento efectuado sobre el mínimo y  máximo  de  la  pena  básica,  obedeció  a  que  se  despejaron  causales  de  agravación  específicas,  que  tienen la virtualidad de modificar los límites  punitivos,  y  luego  de  establecer  esos  topes  finales,  como  lo  ordena el  artículo  61  del  C.P.,  se  dedujo  el  ámbito  de  movilidad  punitiva para  después,  delimitados los cuatro cuartos que componen ese ámbito y determinado  que  la  sanción  se ubicaría en el primero  de ellos, como quiera que no  se   observaron   circunstancias   de   mayor   punibilidad   y  sí  de  menor,  particularmente  la  carencia  de antecedentes penales del procesado, establecer  el  quantum final, que no corresponde al mínimo de pena, como estima el censor,  sino  que  requiere analizar factores tales como la gravedad del delito, sin que  ello   constituya  violación  al  Non  Bis  In  Ídem,  como  así  lo  dispone  expresamente    el    artículo   61   del   Código   Penal,   en   su   inciso  tercero:   

“Establecido  el cuarto o cuartos dentro  del  que  deberá  determinarse la pena, el sentenciador la impondrá ponderando  los  siguientes  aspectos:  la  mayor  o menor gravedad de la conducta, el daño  real  o  potencial  creado, la naturaleza de las causales que agraven o atenúen  la  punibilidad,  la  intensidad  del  dolo,  la  preterintención  o  la  culpa  concurrentes,  la  necesidad  de pena y la función que ella ha de cumplir en el  caso concreto”     

    

        No   son  necesarias  mayores  argumentaciones para inadmitir, en consecuencia, el segundo  de  los  cargos  que componen la demanda de casación presentada por el defensor  del acusado.   

         3. Cargo tercero.   

         Desde  un  comienzo  destaca  por  su  imprecisión el  cargo,  en tanto, señala el casacionista, de manera genérica, que el ataque se  dirige  “por  la  vía  indirecta  consagrada en el  artículo  181  del  C.  de  P.  P.”,  para después  sostener  que  incurrieron  los  falladores  de ambas instancias en “falsos      juicios”,      nunca  precisados.   

         Ya  después,  afirma  que  los  juzgadores  erraron  al  estimar  el  valor  de los  perjuicios,  partiendo  por  significar que la primera instancia incurrió en un  falso  juicio  de  existencia,  en  tanto,  dio  credibilidad  a  la medre de la  víctima  cuando  ella  afirmó  que su hija venía siendo atendida por expertos  del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar.   

       Según  el  censor:   “El   juzgador   de   primera  instancia  incurriendo  en  falso  juicio  de existencia, supuso que el dicho de la señora  Liza  Basan  era  suficiente  para  aceptar que la menor ameritaba una atención  sicológica”.   

       Evidente  se  observa  la  impropiedad  de  lo manifestado por el impugnante, pues, ignora él  que  el  falso juicio de existencia entraña, como ya ampliamente lo ha dicho la  Sala,  que  el  juzgador pase por alto, dejando de valorar o analizar la prueba,  un   elemento  de  juicio   legal,  regular  y  oportunamente  allegado  al  plenario, o dé por existente uno que nunca se aportó.   

        Dentro  de  un  sistema  probatorio  regido  por  el  principio  de  la  sana  crítica,  inexistente  la  posibilidad  de tarifación probatoria, desde luego que la sola  manifestación  de  la  madre  de la víctima, si se le da credibilidad, resulta  suficiente  para  probar  el  punto de la atención psicológica recibida por la  víctima,  sin  que  sea  menester  aportar otros elementos ratificatorios, como  así parece entenderlo el demandante.   

       Pero ya  después,  dentro  del  mismo  cargo  y  sin  definición concreta del yerro, el  recurrente  abandona  el tópico del falso juicio de existencia para significar,  sin  decirlo,  que  posiblemente los falladores incurrieron en falso raciocinio,  pues,  se  apartaron  de  “las reglas de la ciencia,  los   principios   de   la  lógica  y  la  misma  experiencia”,  aunque,  como  ocurrió  en el primer cargo, la manifestación no se  concreta  en  definir  cuál de estos principios, reglas  o máximas fue el  pasado    por    alto    y    se   aplica   cabalmente   al   caso   específico  examinado.   

       Apenas,  con  citas  de  lo  que  se  expone en el Manual de la Escuela Norteamericana de  Siquiatría  y  un  estudio del Servicio Nacional de Menores de la República de  Chile,   cuyos   apartados  cita  fragmentariamente,  pretende  controvertir  lo  expresado  por  el profesional de la salud que atendió a la menor, significando  que  una  sola  revisión no es suficiente para diagnosticar el daño padecido y  el tratamiento a seguir.   

           Ello,  sobra  anotar,  representa  apenas  la  posición  particular  del  defensor, que busca  contraponer  a  la de las instancias, sin demostrar que estas hubiesen incurrido  en  algún  yerro  trascendente de apreciación o juicio, pues, debe resaltarse,  lo  decidido fue fruto de las argumentaciones y pruebas recabadas en el trámite  del  incidente  de  reparación  integral,  sin  que el casacionista abordase lo  sucedido  allí,  o  mejor, todos los elementos suasorios aportados en curso del  mismo,  para  determinar  cuál  es  la  trascendencia  que  se  dio al dictamen  pericial  y  cómo,  si  se  dijera  errado  este,  ello  incide  respecto de lo  decretado como pago de perjuicios.   

        Sea,  entonces,  porque  nunca  se  concretó  cuál fue el tipo de yerro –falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio  de identidad o falso raciocinio- en el que supuestamente incurrieron las  instancias         (incluso  se desarrollaron  indistintamente  dos de ellos), o porque, ya vinculados con el falso raciocinio,  nunca  se  determinó  cuáles  fueron  las  reglas  de  la  ciencia, principios  lógicos  o  máximas  de  la  experiencia pasados por alto y aplicables al caso  concreto  (dado  que  el  demandante  afirmó  genéricamente que todos ellos se  vulneraron),  o en fin, porque basado en documentos ajenos al caso examinado, el  recurrente   buscó   hacer   prevalecer   su  interpretación  de  lo  recogido  probatoriamente,  por  encima de la doble presunción de acierto y legalidad que  acompaña  a  lo  fallado  por  las  instancias,  necesario se hace inadmitir el  tercero  y  último  de  los  cargos  que  en  sede de casación se presentaron.   

Como la Corte no observa en el trámite del  asunto   o   lo  consignado  en  el  fallo  atacado,  violación  de  garantías  fundamentales  que  haga  necesaria la intervención oficiosa, se inadmitirá la  demanda de casación presentada por el defensor del acusado.   

Cuestión       final.   

Habida cuenta de que contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  procede  el  mecanismo  de insistencia de  conformidad  con lo establecido en el Art. 186 de la Ley 906/04, impera precisar  que  como  dicha legislación no regula el trámite a seguir para que se aplique  el  referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de  seguirse       para       su       aplicación8 como sigue:   

         

         a)  La  insistencia  es  un  mecanismo  especial que sólo puede ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de la providencia por cuyo medio la Sala decida no seleccionar la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  por alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal  -siempre  que  el  recurso  de  casación   no   hubiera  sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial-,  el  Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates y  suscrito la providencia inadmisoria.   

         b)  La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio  Público  a  través de sus Delegados para la Casación Penal, o ante uno de los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a la decisión mayoritaria de  inadmitir  la  demanda  o ante uno de los Magistrados que no haya intervenido en  la discusión.   

         c)  Es potestativo del Magistrado disidente, del que no intervino en  los  debates  o  del  Delegado  del Ministerio Público ante quien se formula la  insistencia,  optar  por  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para  su  revisión,  evento  último  en que informará de ello al  peticionario en un plazo de quince (15) días.   

         

         d)  El  auto  a  través  del  cual  no  se selecciona la demanda de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de casación, salvo que la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

1.   INADMITIR  la  demanda de casación presentada en nombre de JOSÉ  RAFAEL    ROJAS    GONZÁLEZ,     en  seguimiento de  las motivaciones plasmadas en el cuerpo del  presente proveído.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia en relación con el punto.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

                                       ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO          IBAÑEZ  GUZMÁN                     JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS            

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS               JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA      

                                        JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

                                                      TERESA RUIZ NÚÑEZ        

                                                                Secretaria   

    

1  En  seguimiento  de  lo  dispuesto en el art. 47 de la Ley 1098 de 2006, se obviará  identificar a la menor.   

2 Auto  del 2 de noviembre de 2006, Radicado 26.089   

3 Cfr.  auto de casación del 24 de noviembre de 2005, radicación 24.323.   

4 Cfr.  auto de casación del 24 de noviembre de 2005, radicación 24.530.   

5 ib.  radicación 24.530   

6 Auto  del 11 de julio de 2007, radicado 27.689.   

7 C. S.  de J., Auto del 5 de febrero de 2007, Rad. 26.382   

8  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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