28387(03-10-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28387   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 188  

Bogotá,  D.C.,  tres  de  octubre de dos mil  siete.   

V    I    S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda de casación presentada por el defensor del procesado DIEGO LUIS  GUTIÉRREZ  MUÑOZ,   contra el fallo de segunda instancia proferido por el  Tribunal  Superior  de  Arauca, fechado el 17 de abril de 2007, mediante el cual  confirmó  integralmente, la sentencia proferida por el Juzgado Único Penal del  Circuito  Especializado  de  Descongestión  de  esa  ciudad,  condenando  a  su  representado  legal a  la pena de treinta y nueve años de prisión y multa  de  ciento dos salarios mínimos legales mensuales, en calidad de coautor de los  delitos  de  homicidio agravado, secuestro extorsivo agravado, rebelión y hurto  calificado  agravado.  Además,  se impuso la pena accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas, por lapso de veinte años, el pago, a título  de  perjuicios  morales,  del  equivalente  a  cien  salarios  mínimos  legales  mensuales,  y  se  negó al procesado el subrogado de la suspensión condicional  de  la  ejecución  de la pena.  Por último, se absolvió a Orlando Triana  Vera,  Aroldo  Buitrago  Tegria y Agustín López Merchán, de los mismos cargos  por los cuales se condenó a GUTIÉRREZ MUÑOZ.   

LOS HECHOS  

Fueron  narrados  en la sentencia de segundo  grado, del siguiente tenor:   

“Los  sucesos materia de este juzgamiento,  se   desprenden  de  la  noticia  respecto  del  secuestro  de  tres  ciudadanos  norteamericanos    TERENCE    FREITAS,   INGRID   WASHINAWATOK   y   LARRY   GAY  LAHE’ENA’E  el 25 de febrero de 1999 ocurrido en  los  límites de los departamentos de Boyacá y Arauca, la cual se hizo pública  el  1 de marzo de 1999; ellos pertenecían a grupos indigenistas de los E.E.U.U.  que  apoyaban  a  los  miembros de la comunidad indígena UWA en la lucha por la  recuperación  de  sus territorios ancestrales denominados como Bloque Samoré y  en  oposición a su explotación petrolera por parte de la empresa multinacional  OXI.   

“Dicho secuestro ocurrió aproximadamente a  las  nueve  de  la  mañana  del  jueves  25  de febrero de 1999 cuando los tres  norteamericanos    TERENCE    FREITAS,   INGRID   WASHINAWATOK   y   LARRY   GAY  LAHE’ENA’E  junto  a cuatro miembros de la etnia  de  los UWA, indígenas BUTRUNU ROTARBARIA ROTARBARIA, ROBERTO AFANADOR COBARIA,  CARLOS  TEGRIA  UNCARIA  y  SERAFÍN  CARREÑO ROTARBARIA; se movilizaban en una  camioneta  conducida  por CARLOS TEGRIA UNCARIA desde la localidad de Cubará en  el  departamento de Boyacá hasta el municipio de Saravena en el departamento de  Arauca,  para allí embarcarse en un avión que los llevaría hasta Bogotá y de  allí a EE.UU.   

“Los tres norteamericanos indigenistas, el  25  de  febrero  de  1999,  llevaban  consigo  dólares  y  moneda colombiana en  cantidad  indeterminada,  relojes, cámaras de fotografía, morrales y equipo de  acampar.   

“Cuando   cubrían  dicho  trayecto,  el  vehículo  fue  interceptado  por  integrantes  del  grupo  insurgente FARC a la  altura  de  la  quebrada  Royota,  que  por  medio de la fuerza y portando armas  obligaron  a  los  indígenas  BUTRUNU  ROTARBARIA  ROTARBARIA, ROBERTO AFANADOR  COBARIA  y  SERAFÍN  CARREÑO ROTARBARIA a bajarse del vehículo para continuar  el  camino  con  los  tres  norteamericanos  indigenistas, el conductor y dichos  miembros  de  las  FARC.  Metros más adelante subió al vehículo un integrante  más   de  las  FARC,  hasta  llegar  al  río  Bojabá  donde  los  insurgentes  interceptaron  un  taxi conducido por JOSE HARLEY NARVAEZ CUARTAS, que traía la  ruta  contraria  (Saravena –  Cubará),  que  luego  de  bajar  a  los pasajeros del taxi, embarcaron en dicho  vehículo  solo  a los tres norteamericanos indigenistas y continuaron el camino  hasta  interceptar  un  tercer vehículo de marca campero Willis o Toyota al que  nuevamente  trasladaron  a  los  tres norteamericanos indigenistas. Luego fueron  llevados  a  las  riveras  (sic) del río Arauca a un sitio llamado San Lorenzo,  allí  subieron  a una canoa conducida por DIEGO LUIS GUTIÉRREZ MUÑOZ hasta un  sitio  llamado  el  Pozón  de  Juju  en  territorio  Venezolano, donde los tres  norteamericanos indigenistas fueron asesinados por las FARC.   

“Posteriormente, el día 5 de marzo de 1999  fueron  encontrados los cuerpos sin vida de TERENCE FREITES, INGRID WASHINAWATOK  y       LARRY       GAY       LAHE’ENA’E,  atados  de  manos, con los rostros cubiertos y con varios impactos de arma de fuego cada  uno  de  ellos,  en  un  sitio  denominado  los  Pájaros  en  la Victoria   municipio  Venezolano;  sin  embargo,  los bienes y valores que llevaban consigo  los  tres  norteamericanos  indigenistas no aparecieron junto a los cadáveres y  jamás   fueron   entregados  por  los  secuestradores  o  recuperados  por  las  autoridades,  por  lo  que  se  infiere  que  les  fueron  arrebatados  por  sus  captores.”   

DECURSO PROCESAL  

La investigación preliminar fue iniciada de  oficio  por la Fiscalía Regional adscrita al GAULA de Boyacá, el 2 de marzo de  1999,  con  ocasión de lo que los medios de comunicación publicaron acerca del  plagio de los indigenistas.   

El  8  de  marzo  de  1999,  se asignó la  investigación    a   la   Unidad   Nacional   de   Derechos   Humanos   de   la  Fiscalía.   

El  19  de  marzo  de  1999,  se decretó la  apertura  formal  de la instrucción, ordenándose vincular mediante indagatoria  a   Gustavo  Bocota Aguablanca y Germán Briceño Suárez, para cuyo efecto  se expidió orden de captura en su contra.   

El  5  de  noviembre  de  2002,  se  ordenó  vincular  al proceso a DIEGO LUIS GUTIÉRREZ MUÑOZ, quien se hallaba detenido a  órdenes  de otra fiscalía, por delitos de rebelión y terrorismo. Allí mismo,  se    dispuso    practicar    diligencia   de   inspección   judicial   a   esa  investigación.   

El  6  de  noviembre  de 2002, se recabó la  indagatoria  de  GUTIÉRREZ  MUÑOZ,  quien  aceptó  haber  participado  en los  hechos,  pero  significó  que  para ese momento ya no pertenecía a las FARC, y  sólo   se   limitó   a   colaborar   en   el   transporte   fluvial   de   las  víctimas.   

El   7   de  noviembre  de  2002,  amplió  indagatoria el procesado.   

El  19 de noviembre de 2002, se resolvió la  situación  jurídica  de DIEGO LUIS GUTIÉRREZ MUÑOZ, conocido con el alias de  “Negro  Chita”,  Orlando  Triana  Vega,  Agustín  López  Merchán y Aroldo  Buitrago  Teguia, imponiéndose en contra de todos ellos medida de aseguramiento  de  detención preventiva sin beneficio de excarcelación, como coautores de los  delitos  de  secuestro extorsivo agravado, homicidio agravado, rebelión y hurto  calificado agravado.   

De  nuevo,  el  27  de noviembre de 2002, se  amplió la indagatoria de GUTIÉRREZ BUITRAGO.   

Conforme  lo  solicitara  oportunamente  el  procesado  DIEGO  LUIS  GUTIÉRREZ,  el  24  de  abril de 2003, se llevó a cabo  diligencia  de  elevación de cargos para sentencia anticipada, la cual resultó  fallida  dado  que  el  sindicado se abstuvo de aceptar responsabilidad penal en  las conductas atribuidas por el ente instructor.   

El 29 de abril de 2003, la fiscalía ordenó  el  cierre  parcial  de  la  investigación,  en  lo  que  respecta a DIEGO LUIS  GUTIÉRREZ  MUÑOZ,  Orlando  Triana  Vega,  Agustín  López  Merchán y Aroldo  Buitrago  Tegria. Consecuentemente con ello, el 21 de julio de 2003, se califica  el  mérito  del  sumario, profiriéndose resolución de acusación en contra de  todos  los  vinculados,  a  título  de  coautores  de  los delitos de homicidio  agravado  –numerales 6, 7 y  8  del  artículo  104  del  C.P.-,  secuestro  extorsivo  agravado –por  el  numeral 6° del artículo 170  del      C.P.-,      rebelión      y      hurto     calificado     –numerales  1 y 2 del artículo 350 del  C.P.-,  agravado –numeral 9  del artículo 351 ibídem-.   

Ejecutoriada la resolución de acusación, el  asunto  pasó  a conocimiento de Juzgado único Penal del Circuito Especializado  de   Descongestión   de   Arauca,   para  efectos  de  adelantar  la  fase  del  juicio.   

Esa   dependencia  realizó  la  audiencia  preparatoria el 15 de enero de 2004.   

Los  días  16 de marzo y 6 de mayo de 2004,  fue realizada la audiencia pública de juzgamiento.   

El día 27 de octubre de 2005, se profiere la  sentencia  de  primera  instancia  que condena a DIEGO LUIS GUTIÉRREZ MUÑOZ, y  absuelve a los demás acusados.   

Como  quiera  que  el defensor de GUTIÉRREZ  MUÑOZ,  interpuso  y  sustentó oportunamente el recurso de apelación, la Sala  Única  del  Tribunal  Superior de Arauca, en decisión proferida el 17 de abril  de   2007,   confirmó  en  su  integridad  lo  decidido  por  el  A  quo.    

LA DEMANDA  

    

1. Cargo primero.     

   

         Acudiendo  a  la  causal  primera, cuerpo segundo, del  artículo  207  de  la  Ley  600  de 2000, el recurrente acusa a la sentencia de  incurrir en un error de hecho por falso juicio de identidad.   

       Para el  efecto,  señala  que  se  presentó  una  “errónea  interpretación  de  la  prueba  al  darle  un  alcance diferente a su contenido  lato”,  con  lo  que,  afirma,  se  distorsionó  su  sentido, haciéndola producir efectos que no tiene.   

         Ello  ocurrió, anota el casacionista, en lo que toca con la indagatoria rendida  por  su  representado legal, en la cual relató los últimos momentos de vida de  las víctimas.   

          Transcribe,  entonces,  lo  manifestado  por el procesado en otra investigación –referida   a   la   quema   de   once  tractomulas  y  con  radicación  676  A-,  cuyas  copias  dieron  lugar  a este  proceso.   

             Advierte     el  impugnante  que  de  lo declarado por el procesado derivaron los funcionarios de  primera  y  segunda  instancias  la  responsabilidad penal, como coautor, en los  delitos   de   secuestro   extorsivo   agravado,  homicidio  agravado,  hurto  y  rebelión.   

         A  renglón  seguido,  transcribe  un  párrafo  de  lo  consignado  en el fallo de  segundo  grado, para deducir de allí que el Tribunal violó normas sustanciales  que   remiten   a   la   definición   de   responsabilidad  penal  –artículos  21  y  29 de la Ley 599 de  2000-.   

        En  éste  sentido,  deduce  el  casacionista  que  si  se atribuyó responsabilidad  dolosa,  a  título  de coautor, en contra del procesado, es necesario indagarse  si  éste  determinó  los  secuestros, retuvo por varios días a los afectados,  ordenó  su  traslado  o  participó  en el mismo, determinó o participó en la  muerte  de  los secuestrados, si decidió sobre la apropiación de los bienes de  las víctimas, o se quedó con parte de ellos.    

        Señala,  además,  el  recurrente, que la única prueba de intervención del procesado en  los  hechos,  es  su propia versión, las demás pruebas, sostiene corroboran lo  expresado  por él. Por ello “no es cierto como dice  el  ad quem, que su responsabilidad se deriva de las demás pruebas aportadas al  expediente, distinta a la indagatoria”   

             Anota,   así  mismo,  el  casacionista,  que  su  prohijado  legal  nunca  tuvo  conciencia     de     estar     autoincriminándose,     quizás    “PORQUE  NO  SE  LE EXPLICÓ O SE LE DIO A ENTENDER EL ALCANCE DE  SU  VERSIÓN”,  de lo cual deduce que no comprendió  el    derecho    a    guardar    silencio,    ni    podía   hacerlo   dado   su  analfabetismo.   

         Significa  luego  el  demandante, que la participación de su protegido legal en  los  hechos  devino  meramente  circunstancial,  limitándose  a trasladar a los  norteamericanos  desde Colombia hasta Venezuela, a través del río Arauca, pero  ello  presionado  por  los  miembros de las FARC, grupo al que perteneció en el  pasado.   

        Remata  significando  el  impugnante  que  los  hechos y el comportamiento desplegado en  ellos  por el procesado, impiden afirmar que existió de su parte previo acuerdo  con  los  integrantes  del grupo sedicioso para secuestrar, dar muerte y robar a  los  tres  indigenistas,  o  siquiera  que  hubiese  asumido  él como propia la  ejecución  de los delitos, queriéndolos o cuando menos aceptando como probable  el   resultado,   únicas  circunstancias,  las  anotadas,  en  que  es  posible  determinar   la   existencia  de  dolo  y  la  forma  de  participación  de  la  coautoría.   

        Pide   el  recurrente,  acorde  con  lo  anotado,  que se case la sentencia atacada y en su  lugar   se   absuelva  al  procesado  de  los  delitos  por  los  cuales  se  le  acusó.   

         2. Cargo Segundo.   

            Lo    ubica   el  demandante  dentro de la causal segunda del artículo 207 de la Ley  600 de  2000,  aunque  lo  rotula  “VIOLACIÓN DIRECTA DE LA  LEY   SUSTANCIAL”,   basada  en  la  que  significa  incongruencia  entre  los  cargos  formulados en la resolución acusatoria y los  que  facultaron la emisión de los fallos de primera y segunda instancias, pues,  se  condenó  al  procesado  por  delitos  no  consignados  en la resolución de  acusación.   

             En   desarrollo  del  cargo,  el  impugnante  sostiene  que  la  resolución  de  acusación  no  contiene  el  delito  de  homicidio  agravado  consignado en los  artículos 103 y 104 -6 y 7, del C.P.   

               Para  soportar  su  tesis  transcribe  el  apartado  de  la sentencia de segunda  instancia  donde  se  resume  lo  reseñado en la resolución de acusación, sin  mencionarse    el  delito  en  cuestión,  no  empece  lo  cual,  anota  el  casacionista,  en  la  parte resolutiva de su decisión, el Tribunal confirma la  condena por varios delitos, incluido el de homicidio.   

               Solicita  el  recurrente,  de  conformidad  con  ello,  que se case la sentencia  eliminando  la  condena  por el delito cometido en contra de la vida de los tres  indigenistas norteamericanos.   

    

1. Cargo tercero.     

                Lo  ubica  el casacionista en el cuerpo primero de la causal primera, violación  directa   de   la   ley  sustancial,  que  hace  consistir  en  un  “error   de   selección  o  aplicación  indebida”,  ya  que  se  condenó  al  procesado  por  el delito de secuestro  extorsivo  no  obstante  que debió emitirse el fallo por la conducta punible de  secuestro simple.   

            Detalla  el  recurrente,  al  efecto,  que  la  sentencia  de  segunda  instancia se limita a  confirmar  lo  consignado por el fallo del A quo en punto de la materialidad del  secuestro extorsivo.   

              A     renglón  seguido,  transcribe  la  argumentación efectuada por la primera instancia para  soportar  la  existencia  del  punible  de secuestro extorsivo, destacando cómo  allí   se   hace   radicar   el   motivo   del   plagio   en   el  “solo    hecho    de    ser    norteamericanos”    los indigenistas.   

               Y  si  ello es así, complementa, debe entenderse que el secuestro es simple, en  tanto,  la  modalidad  agravada dispuesta en el artículo 169 del C.P., requiere  que  se  tenga  el propósito de obtener provecho o cualquier utilidad, o que se  haga    u   omita   algo,   o   con   fines   publicitarios   o   de   carácter  político.   

             Pide   el  demandante,  de  forma  subsidiaria  y  acorde  con  lo  referido  en  precedencia,  se  case  la  sentencia y en lugar de condenar al procesado por el  delito de secuestro extorsivo, se haga por secuestro simple.   

    

1. Cargo Cuarto.     

            Situado  en el cuerpo segundo de la causal primera, el  recurrente  acusa a la sentencia de consignar un error de hecho, que no detalla,  “por  haberse  dado  por probada la responsabilidad  del  señor  DIEGO  LUIS  GUTIÉRREZ MUÑOZ, sin la existencia de una prueba que  así lo establezca”.   

             Para  explicar  su  posición,  el impugnante dice que el Tribunal  supuso  o  presumió  la  existencia  de  prueba  suficiente  para condenar a su  representado     legal     por     el     delito     de     hurto     calificado  agravado.       

               Luego,  detalla  el  recurrente  los  que  estima  fueron elementos suasorios de  cargos,  deduciendo  de ello que si bien, se demuestra que efectivamente algunos  objetos  que  llevaban  consigo las víctimas fueron hurtados, no existe certeza  de que el procesado hubiese participado en el despojo.   

        Seguidamente,  relaciona  el casacionista los que entiende elementos probatorios  necesarios  para  efectos  de  reputar existente el delito examinado, los cuales  asevera  no  cubiertos  con  las  pruebas  recopiladas, que incluso registran la  versión  del  acusado advirtiendo que los sediciosos le impidieron tomar alguno  de los bienes de los norteamericanos.   

         Debe,  en tal virtud, casarse la sentencia para eliminar de la condena el delito  contra  el  patrimonio económico atribuido al procesado, culmina solicitando el  recurrente.     

1. Cargo quinto.     

            También  inserto  en  el  cuerpo segundo de la causal  primera,  el demandante acusa a la sentencia de haberse proferido con violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  un  error  de  derecho  que consiste en  “valorar    como    pruebas   los   informes   de  policía”, en lo que toca con el delito de secuestro  extorsivo agravado.   

        En  sustento  del  cargo, el impugnante transcribe de manera inconexa y fragmentaria  apartados  del fallo de primera instancia en los cuales se hace relación de los  elementos de juicio recaudados.   

         A  continuación,  registra  lo  consignado en la ley 600 de 2000 acerca de los que  deben  entenderse  medios de prueba admisibles, para destacar que en estos no se  incluyen  los  informes  de  organismos  de  inteligencia,  como lo ha destacado  reiteradamente la Corte Suprema de Justicia.   

         Anota,  además,  el  impugnante:  “es  precisamente por el  carácter  probatorio otorgado a los informes arriba mencionados que el juzgador  concluye  erróneamente  que  la conducta desplegada es un Secuestro Extorsivo y  no  un  Secuestro  Simple como en derecho corresponde, teniendo en cuenta que la  insinuación   monetaria   se   encuentra   en   las  “transcripciones  de  la  comunicación   del    MONO   JOJOY   con   GRAN   NOBLES””            

              Respecto  del  cargo,  pide  el  demandante  que  se  case  la  sentencia  y sea  sustituida   ella   “por   la   que   en   derecho  corresponda”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

        Se ha anotado pacíficamente por la Corte, y ahora se  reitera,  cómo la demanda  de   casación   ha   de   comportar   un  mínimo  rigor  lógico  jurídico  y  argumental,   pues,  no  se  trata  de  hacer   valer  una  especie  de  tercera  instancia  que  sirva  de  escenario  adecuado  a  la  controversia  ya superada  por   los   falladores   de   primero   y   segundo  grados,   en   la  cual  se  pretende  anteponer  el  particular  criterio  o valoración probatoria, a aquel que sirvió de soporte a  la  decisión  de los jueces A quo y ad quem, entre otras razones, porque a esta  sede  arriba  la  decisión  judicial  con  una  doble connotación de acierto y  legalidad.   

          Se  faculta,   por  ello,  que la dicha presunción sea  quebrada  a  través  de  criterios  claros,  lógicos,  coherentes  y fundados,  derivados   del   compromiso   de   demostrar   la  violación  en  la  cual  incurrió  el  fallador,  suficiente  para echar abajo  el    contenido    de  verdad  de la sentencia, en  el  entendido de que, de no haberse materializado el yerro, otra hubiese sido la  decisión       y  precisamente     así  se   ofrece  trascendente  recurrir al mecanismo extraordinario de impugnación.   

         Esa naturaleza excepcional  que  reviste  el  yerro, dado lo ostensible del mismo, implica considerar que en  la  generalidad  de  los casos la sentencia reviste legalidad y no es común que  las violaciones propias de las causales de casación se presenten.   

            Y,   desde  luego,  mucho  más  excepcional  debe  aparecer  que,  conforme  lo  postula el  demandante  en  el  escrito  que se examina, sean cinco los yerros protuberantes  que registra la sentencia atacada.   

      Bajo       estas       precisiones,  abordará  la  Corte  cada  uno   de   los cargos de la demanda.   

       1. cargo Primero.   

       No   puede   tener   visos   de   prosperidad  la  pretensión  del  casacionista,  cuando  de  entrada  se  observa  que  el desarrollo de la causal  propuesta   busca   apenas  anteponer  el  particular  criterio  suyo,  al  más  autorizado  de  las instancias, en punto de lo que la prueba arroja, pasando por  alto  que  la  sentencia  de segunda instancia arriba a la corte provista de una  doble  condición  de  acierto  y  legalidad  únicamente  derrumbable a través  de  la demostración de un  vicio  trascendente  y  no  por  la  vía  de  la contraposición argumental del  recurrente,    no    importa    cuan    valiosos    o    elevados   asomen   sus  razonamientos.   

          En éste sentido,  si  lo  propuesto  es  un error de hecho por falso juicio de identidad y ello se  remite  en  concreto  a la diligencia de indagatoria, o mejor, a lo expresado en  ella  por  el  procesado,  debe  tomarse en cuenta que la irregularidad en estos  casos   deriva  objetiva,  esto  es,  porque  se  demuestra  que  a  los  hechos  consignados  por  el  declarante  se  les cercenó un apartado, les fue agregado  algo o se sectorizaron los mismos.   

      Desde  luego,  es  obligación  del  demandante  establecer  cuál  de  éstas  hipótesis  fue  la  presentada,  transcribiendo  la prueba y significando  el  apartado  preciso  del fallo donde se le dividió, cercenó o agregó algo a  los hechos allí contenidos.   

        Lejos  de  ello,  el censor transcribió lo declarado por su representado legal en otra  investigación,  pero  apenas  para  extractar  de  esa atestación lo que en su  sentir  debe  entenderse  quiso  decir  el  acusado,  en  contraposición  a  la  conclusión  tomada  por el Tribunal, con lo cual, reiteramos, busca contraponer  su  criterio al del Ad quem, en alegación vedada para el recurso extraordinario  de casación.   

       Por lo  demás,  cuando  el  libelista  transcribe  apenas  un  pequeño  apartado de lo  consignado  en la sentencia de segunda instancia, pasa por alto que el fallo del  Ad  quem  forma  una  unidad inescindible con lo consignado en la providencia de  primer  grado  y se hace menester, en consecuencia, establecer cómo la supuesta  irregularidad permea incluso lo consignado por el A quo.   

       Es  claro,  así  mismo,  que  de  lo  transcrito  no  se  extrae,  ni  el censor lo reseña  puntualmente,  que  efectivamente  el  Tribunal  hubiese  cercenado,  dividido o  agregado  algo  a  los  hechos descritos por el procesado, para concluir, acorde  con   la   causal   propuesta,   que   la   prueba   fue   tergiversada   en  su  objetividad.   

     Y, resulta bastante  discutible  acudir  a  una  atestación,  la  del  acusado,  vertida  en proceso  diferente   y   por   ocasión   de   la   cual   se  abrió  el  proceso  ahora  examinado,  como  si fuese singular en el cometido de  registrar  lo  narrado  por  este,  cuando  de  la sola revisión del proceso se  extracta  que  dentro de la investigación abierta en su contra, se recabaron la  indagatoria  y  dos  ampliaciones de la misma, sin que la demanda discrimine que  fue    lo    referido    allí    o   cómo   se   consideró   ello   por   los  falladores.   

         Ya  en punto de trascendencia, tampoco se conoce si esa confesión del procesado  fue  el  único  elemento  de  juicio  tomado  en cuenta para emitir el fallo, o  mejor,  cómo  la superación del yerro supuestamente existente, incide respecto  de  lo  decidido,  al  punto  de  facultar  derrumbar la sentencia de condena o,  cuando  menos,  hacer  más  favorable  la  condición  sub  iudice del acusado.   

      Para  ese efecto,  era  necesario,  como carga argumental ineludible en el casacionista, establecer  la  manera  en  que  se materializó la violación y hacer una nueva evaluación  probatoria  conjunta  en la cual, expurgado el vicio, se llegue a la conclusión  favorable echada de menos en el escrito de demanda.   

        Incluso,  para  finalizar,  el  cargo  asoma  contradictorio en su postulación,  pues,  si  el  demandante  asevera  que  lo ocurrido remite a que los falladores  cercenaron,  adicionaron o dividieron objetivamente los hechos planteados por el  acusado   en   su  indagatoria,  entendiendo  que  se  responsabilizaba  de  lo  ocurrido  cuando  lo  único  que  hizo  fue narrar lo  percibido  en  calidad  de testigo y víctima de los actos intimidatorios de los  sediciosos,   mal  puede  sostenerse  dentro del  mismo    cargo    que    si   hubo   confesión   o  autoincriminación,   ella  derivó  de que no se explicó adecuadamente al  procesado  el  sentido  de  la diligencia y su derecho a guardar silencio, caso,  éste  último, que remite a un vicio en la legalidad de la prueba, atacable por  el camino del error de derecho.   

         Acorde  con  lo  anotado,  vistas  las  falencias  argumentativas y lógicas que  encierra   su  postulación,  se  inadmitirá  el  primero  de  los  cargos  propuestos por el recurrente.   

             2.     Cargo     Segundo.        

         Ha   dicho   la   Corte,  y  con  ello  se  responde  la    pretensión   del   casacionista:   

“La Sala tiene  determinado  que  los  requisitos  formales  de la demanda de casación no sólo  hacen  referencia  a  su  contenido lógico armónico, es decir a su corrección  formal,  sino  que  también  deben  contener  una  corrección  material.  Ello  significa  que  entre  las  piezas  procesales  sobre las que se fundamenten los  cargos  y  la presentación que se haga de ellas en la demanda, debe existir una  relación     de     correspondencia    objetiva1,   respetando   siempre   su  realidad.    

“En  tales  eventos,  ha dicho también la  Sala,  no  se trata de determinar a priori la prosperidad de la demanda, sino de  prevenir  que  la  corrección  formal  de  la  misma  no esté sustentada sobre  inexactitudes  o  mendacidades,  conscientes o  inconscientes, pero en todo  caso advertibles a simple vista.   

“Los antecedentes del caso debatido en una  demanda  de  casación  son  vinculantes, no sólo porque la ley bajo la cual se  rige  el  presente  caso  los incluye dentro de sus requisitos formales (numeral  2º  del  artículo  212  de  la  Ley  600  de 2000), sino porque los mismos son  presupuesto  del  análisis que debe emprender la Corte cuando revisa su aspecto  formal,  pues  de  ello  dependerá  muchas  de  las veces que la Sala encuentre  correctamente demostrado un cargo en casación.    

“En  el  presente evento, la calificación  jurídica  contenida  en  la acusación es un presupuesto esencial de la censura  por  incongruencia  entre  la  acusación  y  la sentencia, por lo que le estaba  vedado  al demandante modificar la realidad procesal contenida en una cualquiera  de tales piezas procesales.   

“Sin  embargo,  con total irrespeto de las  reglas  que deben observarse en una demanda de casación, el demandante decidió  modificar  las  circunstancias  del  delito  imputado  en  la  acusación,  para  concluir,  desde  esa  modificación,  que a su cliente se le vulneró el debido  proceso   y   el   derecho   de   defensa  al  cambiársele  diametralmente  las  circunstancias  del delito imputado a título de concurso homogéneo y sucesivo,  por  una  única conducta de estafa en la modalidad de “delito masa”, motivo  que   por   ser   falso,   debe   llevar   a   la   inmediata   inadmisión   el  cargo”.    

          

           Lo  anterior,  para  anotar  simplemente que la revisión del expediente, tal y como  se  detalló en el acápite del decurso procesal, permite advertir inconcuso que  la  resolución  acusatoria  proferida  el  21  de  julio de 2003, efectivamente  contempló  el  delito de homicidio agravado como uno de aquellos por los cuales  se  llamaba  a juicio al procesado y a otras tres personas. En concreto, esto se  anotó en el interlocutorio:   

“Se  ha  investigado  en esta actuación  procesal  la  violación  clara  y  múltiple,  pues  fueron tres los ciudadanos  secuestrados,  de la norma contenida en el libro segundo, título III, capítulo  segundo,  artículo  169  del  Código  Penal,  denominado  genéricamente  como  Secuestro  Extorsivo,  agravado  por  la circunstancia descrita en el numeral 6,  del  artículo 170 ídem, sancionada con pena de prisión de veinticuatro (24) a  treinta  y  siete  (37)  años y con una multa de cien (100), a quinientos (500)  salarios   mínimos   legales   mensuales,   en   concurso  con  la  infracción  múltiple,  como  quiera  que  a  los tres plagiados  posteriormente  se  les  quitó  la  vida,  de  la  norma  contenida en el libro  segundo,  título  I,  capítulo  segundo,  artículo  103  ibídem,  denominado  genéricamente  como  Homicidio,  conductas agravadas por la concurrencia de las  circunstancias  específicas  señaladas  por  el  artículo 104 ut supra en sus  numerales   6°,   7°   y   8°,   sancionada   con   pena   de   prisión   de  veinticinco     (    25)    a    cuarenta    (40)  años…”   

        Se  equivoca  el  demandante,  entonces,  cuando  de  manera  expresa consigna en su  escrito  que “en la resolución calificatoria no se  incluyó      el      delito     de     HOMICIDIO     AGRAVADO…”,   y  en ello sustenta su pretensión.   

           Y,  de  alguna  manera desleal se observa el comportamiento procesal del demandante,  cuando  en  lugar de citar el auto de calificación del mérito instructivo para  demostrar  la  omisión,  recurre  a  lo  consignado  en la sentencia de segunda  instancia,  en  el acápite destinado a resumir el trasunto procesal, donde, por  error  del  Tribunal, se  pasó  por  alto  consignar  que  el  pliego  de cargos contiene, como en efecto  sucede, el delito de homicidio.   

          Carente,  así, de soporte fáctico  el    cargo    propuesto   por   el   recurrente,   se   impone   necesaria   su  inadmisión.   

    

1. Cargo Tercero.     

        Por  fuera  de la simple enunciación del cargo y el  hecho  en  el  cual se soporta, no desarrolla argumentalmente su postulación el  demandante,  pues,  para  significar  que  el delito  ejecutado  no  es el de secuestro extorsivo, sino simple, transcribe el apartado  del  fallo  de  primera  instancia en el cual se consigna textualmente que a los  indigenistas       los       secuestraron       por       el       solo hecho de ser norteamericanos para,  automáticamente,  concluir  que  no hubo pretensión económica ni ninguna otra  de  las  que  facultan definir extorsivo el secuestro, a voces de lo establecido  en  el  artículo 169  del C.P.   

            Empero, omite  establecer  el  impugnante por qué esa afirmación contenida en  el  apartado transcrito, deja de soportar una de las circunstancias que consagra  el  artículo  169  del  C.P., para la definición de la modalidad extorsiva del  secuestro,  o mejor, cómo ello  obliga a advertir aplicable lo contemplado  en el artículo 168 ibídem, en punto del secuestro simple.   

           Es que, si  se  toma  en  cuenta, en su sentido natural y obvio, la definición objetiva del  secuestro  extorsivo, y en concreto, cada una de las circunstancias que permiten  adscribir  a esta modalidad el delito, evidente se observa que la manifestación  consignada  en  la  sentencia,  vale  decir,  que  a  los  tres indigenistas los  secuestraron  por  su  nacionalidad  norteamericana,  delimita  la  connotación  política del plagio.   

      Desde luego,  mirada  fuera  de  contexto  la  afirmación  efectuada  en  el  fallo,  podría  eventualmente  llegarse  a  la conclusión extractada por el recurrente, pero si  se  conoce  que  el  secuestro  fue  obra de las autodenominadas Fuerzas Armadas  Revolucionarias   de   Colombia,  FARC,  agrupación  subversiva  que  dentro  de  su ideario consigna el ataque frontal contra el que  estima  imperialismo  radicado  en cabeza del país del norte, a cuyo cobijo los  intereses  y  ciudadanos  de  esa  nación son frecuentemente objeto de ataque o  afectación,   cobra   pleno   sentido   lo   expuesto   por  el  funcionario  A  quo.   

        El  tratarse,  entonces,  de  ciudadanos  norteamericanos,  constituye  un factor de  inocultable  sentido  político,  al  amparo  del cual, como se advirtió en los  hechos   transcritos   por   la  demanda,   los  indigenistas  fueron  objeto  de  retención,  al  tanto  que sus acompañantes,  nativos colombianos, obtuvieron la casi inmediata libertad.   

         Así  las  cosas, establecido que el artículo 169 del C.P., determina extorsivo  el    secuestro    cuando    este    comporta    el    propósito   “de  exigir  por su libertad un provecho o cualquier utilidad, o  para  que  se  haga  u  omita  algo,  o  con  fines publicitarios o de carácter  político”,  no  cabe  duda  de  que  lo ocurrido con las víctimas se enmarca dentro de los postulados  finalísticos  de la norma, contrario a lo argumentado por el casacionista en su  libelo.   

       Pero,  si  se  dijera que el propósito político no se halla claro o está difuminado,  el  mismo  recurrente  soluciona  la  aparente  controversia  cuando,  en  cargo  diferente,  postulado  también  como  principal,  expresamente  afirma  que, en  efecto,  sí  se  determinó  en  los  fallos  la  existencia de un componente o  finalidad económica en la retención de los indigenistas.   

             En    el  cargo número 5, expresamente anota el casacionista:   

“Es  precisamente   por   el  carácter  probatorio   otorgado   a   los   informes   arriba  mencionados  que  el  juzgador  concluye  erróneamente  que  la  conducta  desplegada  es  un Secuestro Extorsivo y no un  Secuestro  Simple  como  en  derecho  corresponde,  teniendo  en  cuenta  que la  insinuación   monetaria   se   encuentra   en   las  “transcripciones  de  la  comunicación  del MONO JOJOY con GRAN NOBLES” ya que de ninguno de los medios  probatorios  allegados al proceso se puede llegar a deducir que la retención de  la  que  fueron  víctimas  TERENCE  FREITAS,  INGRID  WASHINAWATOK  y LARRY GAY  LAHE’ENA’E   fuera  con la finalidad de  pedir    algo    a    cambio    de    su    liberación….”          

       Está claro, de esta forma, que el cargo  propuesto  respecto  de  la  violación  directa  de  la  ley,  partió  de  una  exploración   fragmentaria  y  descontextualizada  de  lo  consignado  por  los  falladores para soportar la naturaleza extorsiva del secuestro.   

        En  este  sentido,  si  se  parte de la base, propuesta por el casacionista en cargo  distinto,  de  que,  en efecto, los juzgadores hallaron en los secuestradores un  propósito  económico, clara e indiscutible se encuentra la materialización de  una    de    las    finalidades   que   contienen   el   delito   de   secuestro  extorsivo.   

          Y  si,  además,  el  mismo  recurrente sostiene que para la definición del propósito monetario,  se  allegó prueba, referida a la interceptación de una comunicación efectuada  entre  miembros  encumbrados de la agrupación subversiva, de ninguna forma pude  adelantarse   la   crítica   por  la  vía  de  la  violación  directa  de  la  ley, cuando lo buscado es advertir la ilegalidad del  elemento  de  juicio,  pues, esa forma de abordar la  impugnación     demanda      aceptar,     sin     controversia,  la  relación fáctica y probatoria  efectuada  por  las  instancias,  dado que el ataque  opera estrictamente jurídico.   

        Ostensible   se   observa,  acorde  con  lo  anotado,  la  carencia  de  lógica  argumentativa  en  la demanda presentada por el defensor del procesado, al punto  que  la  Corte  desconoce  cuál  fue  la circunstancia por la que estimaron las  instancias  extorsivo  el  secuestro,  o  mejor, a dónde apunta la crítica del  impugnante,  cuando  en un cargo parte por sostener que no se motivó el tópico  por  los  juzgadores,  o  mejor,  se  hizo  consistir en el solo hecho de que se  trataba  de  ciudadanos  norteamericanos  los  plagiados, pero en otro diferente  manifiesta  que  la  definición  típica concreta devino consecuencia de que se  dio  valor  a  una prueba supuestamente ilegal, en la que se afirma motivado por  pretensión económica el secuestro.   

          Se  impone,  por  ello, la inadmisión del cargo.   

    

1. Cargo Cuarto.     

        Aunque     el     casacionista     no     señala  expresamente    cuál  específicamente  es  el  error  de  hecho  en  el  que basa la impugnación, se  entiende  del  contexto  que  se  trata  de  un  falso  juicio de existencia por  suposición  de  prueba,  toda  vez  que  significa  en el Tribunal “presumir   o   suponer   la  existencia  de  la  prueba  de  la  responsabilidad   de   mi   defendido   en  el  delito  de  Hurto  Calificado  y  Agravado….”.   

       Pero,  lejos  de  establecer  con  precisión  cuál  fue el hecho que cree o supone el  fallador,  basado  en la prueba inexistente, busca el recurrente, por esta vía,  anteponer  su  particular  visión de lo que el contexto probatorio arroja, para  anteponerla  a  la  del Tribunal, en típico alegato de instancia que de ninguna  forma  puede  derrumbar  la doble presunción de acierto y legalidad con la cual  arriba a la Corte la sentencia condenatoria.   

       Claramente  se  dibuja  la  pretensión  del  censor,  cuando,  después  de  resumir el que  entiende     material     probatorio     de     cargos,    significa:             “concluir    que   con   las   pruebas   mencionadas  se  llega a “la certeza suficiente” de la responsabilidad de  mi  defendido en el delito de Hurto Calificado Agravado del que fueron víctimas  los  tres  indigenistas  norteamericanos  como lo hacen el A-quo y el Ad-quem es  forzar    las    pruebas    para    sustentar    un    concepto   subjetivo   de  responsabilidad”.   

         No  es, pues, que el Tribunal supusiera un hecho determinado a través de prueba  inexistente,  sino  que  el  casacionista  asume insuficiente lo recogido, en el  cometido  de  determinar la responsabilidad de su patrocinado legal en el delito  ejecutado   contra  el  patrimonio    económico,    argumentación   que,   se   repite,   no  tiene  virtualidad de prosperar en sede de casación, dado que  se  asume  tomada  la decisión condenatoria con base en el análisis probatorio  que  surge  de  la  sana  crítica, prevaleciendo la valoración conjunta de las  instancias, sobre la propia del recurrente.   

           Suficiente,  lo anotado, para inadmitir el cuarto cargo consignado en la demanda  de casación.     

1. Cargo Quinto.     

        Ya la Sala, al abordar el  estudio  del  tercero de  los  cargos presentados por el recurrente, hizo ver la contradicción argumental  en  que  incurre  este  cuando  propone  allí  la  violación directa de la ley  sustancial  sosteniendo  que  el Tribunal únicamente atendió a la nacionalidad  de  las víctimas para soportar la modalidad extorsiva del secuestro, pero en el  cargo  quinto,  ahora  examinado,  remite  a  la  pretensión  económica de los  plagiarios,    sustentada    en    un   elemento   de   juicio,   informe  de  organismos  de inteligencia,  que controvierte por entenderlo carente de virtualidad probatoria.   

        Ello  por   sí   mismo,   se   reitera,   resulta   suficiente   para   inadmitir  el  cargo.   

      Sin  embargo, el  desarrollo  de  la propuesta casacional también adolece de otras falencias, que  impiden    conocer    a    cabalidad    qué   fue   lo   tratado   por  el  Tribunal  sobre  la materia y  cómo ello incidió en la decisión.   

        En  este  sentido,  el  recurrente  opta  por  transcribir,  no de manera ordenada y  consecuencial,  sino  fragmentaria  y descontextualizada, varios apartados de la  sentencia     de     primer     grado,  con los cuales construye una especie  de  tercer  razonamiento  que atribuye al Ad quem, pero que de ninguna manera se  advierte consecuencia siquiera de lo citado entre comillas.   

        Por  más  que  se  repase  detenidamente  cada uno de los apartados citados fuera de  contexto,  resulta  imposible  deducir  de  ellos  que,  en efecto, el  fallador concluyó a través de las  interceptaciones  radiales,  que  el  cometido de los secuestradores era obtener  utilidad económica por el secuestro.   

        Incluso,  la  revisión  simplemente  formal  y  objetiva de la providencia de primera instancia, permite  advertir  que  la  sucesión  motivacional  que  con  trascripciones  aleatorias se plasma en la demanda de  casación,  en nada se aviene con lo consignado en el  fallo,  dentro  del curso lógico y probatorio que tomó en cuenta el A quo para  sustentar la sentencia de condena.   

       Ahora,  la  crítica  del  censor se enfila a establecer que los informes de policía no  tienen  capacidad  suasoria,  pero  pasa  por  alto tomar en consideración que,  dentro  de  su  particular  construcción  de los que estima elementos de juicio  tomados  en  cuenta por el fallador para soportar la supuesta conclusión de que  los  secuestradores tenían una clara pretensión económica, se destaca única,  no  un  informe de los organismos de inteligencia, sino la transcripción que se  efectuó  por  parte  del  laboratorio  acústico  de la Fiscalía General de la  Nación,  de  las  conversaciones  interceptadas  a  dos  mandos de las FARC, en  las   cuales,   precisamente,  se  alude  a  la necesidad de verificar la  capacidad económica de los indigenistas.   

         Así  detallada   la   prueba   que   dice   el   recurrente   soportó   la  definición  extorsiva del secuestro, es claro que no se trata  de  un  informe  de  inteligencia y, entonces, debió determinar el casacionista  por  qué asoma ilegal su  aducción o carente de soporte probatorio su contenido.   

      En  suma,  son  tantas  y  de  tan  variada  estirpe  las  falencias  de fundamentación lógica  observadas  en  la  postulación  del  quinto  cargo,  que  necesaria deviene la  inadmisión del mismo.   

Como no se observan violaciones a garantías  fundamentales,  que  obliguen  conocer  de  oficio  lo  actuado, se inadmitirá,  conforme  lo  anotado  en  precedencia, la demanda de casación en su totalidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR         la    demanda    de    casación   presentada   por   el  defensor  del procesado     DIEGO     LUIS     GUTIÉRREZ  MUÑOZ.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Permiso  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ         MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO       J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                     JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS            

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS             JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA      

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Auto   del   25   de  abril  de  2002,  radicado  No.  15.782.     

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