28351(26-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28351  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr.  SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

Aprobado   Acta   Nº  181   

Bogotá, D.C., veintiséis  de septiembre de dos mil siete.   

VISTOS  

Decide  de  plano  la  Corte  el impedimento  manifestado  por  la doctora Mireya González Preciado, Magistrada de una de las  Salas  de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior de Bogotá, quien invoca la  causal  sexta  del  artículo  56  de  la  Ley  906  de 2004, para apartarse del  conocimiento de este asunto.   

ANTECEDENTES  

Cursa la presente investigación en contra de  MAICOL  LEAL  CAÑÓN  y  JORGE  MARTÍN  GALVIS CASTRO, a quienes la Fiscal 287  Local   de  Bogotá,  en  audiencia  preliminar  formuló  imputación  por  las  conductas  punibles  de  tráfico,  fabricación  o  porte  de estupefacientes y  destinación  ilícita  de  muebles o inmuebles. En esa oportunidad, LEAL CAÑON  se  allanó  al  primero  de los cargos referidos, lo cual generó ruptura de la  unidad procesal.   

La diligencia en mención tuvo lugar el 25 de  enero  de  2007,  ante  el Juzgado 32 Penal Municipal con Función de Control de  Garantías  de esta ciudad, donde adicionalmente se celebraron las audiencias de  legalización de captura e imposición de medida de aseguramiento.   

El  20  de  febrero  del  año  en curso, la  Fiscalía  262  Seccional de Bogotá celebró preacuerdo con el procesado GALVIS  CASTRO,  quien  aceptó el cargo por el delito de tráfico, fabricación o porte  de   estupefacientes,   propiciado   así   una   nueva  ruptura  de  la  unidad  procesal.   

En  esas  circunstancias,  luego  de  que la  Fiscalía  instructora  presentara  escrito  de  acusación para juicio oral, en  contra  de ambos procesados, por la conducta punible de destinación ilícita de  muebles  o  inmuebles,  asumió  el conocimiento del asunto el Juzgado 7° Penal  del  Circuito de Bogotá, cuya titular, la doctora Mireya González Preciado, se  declaró  impedida con base en la causal sexta del artículo 56 de la Ley 906 de  2004  –por estar conociendo  del   diligenciamiento   respecto  del  allanamiento  cargos  que  hiciera  LEAL  CAÑÓN-, en audiencia realizada el 17 de abril de 2007.   

El  Tribunal  Superior  de Bogotá, mediante  proveído   del   31  de  mayo  siguiente,  declaró  infundado  el  impedimento  manifestado  por  la doctora González Preciado, “ya  que  aún  no  ha  comprometido  su criterio”, y, por  consiguiente,  devolvió la actuación al despacho a su cargo para continuar con  el trámite del juicio.   

Posteriormente,  en audiencia llevada a cabo  el  5  de  julio  de  la presente anualidad, la doctora González Preciado, como  titular  del citado Juzgado Séptimo Penal del Circuito de Bogotá, una vez más  se  declaró impedida, acudiendo a la causal antes invocada, argumentando que en  el  proceso impulsado contra MAICOL LEAL CAÑÓN, tras allanarse al cargo por el  ilícito  de  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes,  ya había  dictado sentencia condenatoria.   

Como   actualmente  la  doctora  González  Preciado  hace  parte,  como  Magistrada revisora, de la correspondiente Sala de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  que  debe  resolver  el  incidente  respectivo,  los  demás  componentes  de la misma, por auto del 7 de  septiembre  de  2007,  ordenaron  la  suspensión  de la actuación, para que la  aludida  funcionaria  manifestara  si  está  incursa  o  no  en  la  causal  de  impedimento  de  que  trata  el  numeral  6°  del artículo 56 de la Ley 906 de  2004.   

Luego,  el  10  de  septiembre siguiente, la  doctora  González  Preciado  emitió  auto  en  el que se declaró impedida por  tercera  vez  en  este  trámite  y ordenó la remisión de las diligencias a la  Corte.  Argumentó  que lo hacía con apoyo en lo preceptuado en la causal sexta  del  artículo  56  del  Código  de  Procedimiento  Penal de 2004, dado que, en  calidad   de   Jueza  Séptima  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  “emitió  la  providencia  objeto  de decisión por parte de esta  Corporación”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

El  artículo  57  de  la  Ley  906  de 2004  establece:   

“Cuando   el  funcionario  judicial  se  encuentre  incurso  en una de las causales de impedimento deberá manifestarlo a  la  Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia o a la sala penal del tribunal de  distrito,  según  corresponda,  para  que  sea  sustraído del conocimiento del  asunto”.   

La   norma   en   cita,   regulatoria  del  “trámite     del     impedimento”,  debe  armonizarse  con el inciso 1° del artículo 62 de la misma  codificación, el cual señala:   

“Desde cuando se presente la recusación o  se  manifieste  el  impedimento  del  funcionario judicial hasta que se resuelva  definitivamente,      se      suspenderá      la      actuación”.   

Pues  bien,  en  el  presente  asunto,  en  decisión   rotulada   como   “formula  impedimento  integrante  Sala”,  los Magistrados Jorge del Carmen  Rodríguez  Rojas –ponente-  y  Luis  Mariano  Rodríguez  Roa  -revisor-,  advirtieron que la doctora Mireya  González  Preciado,  tercera  Magistrada  integrante  de  la Sala, podía estar  incursa  en la causal de impedimento regulada en el numeral 6° del artículo 56  de  la  Ley  906 de 2004, por ser la jueza penal del circuito que, precisamente,  se  declaró impedida en curso del proceso adelantado contra los señores MAICOL  LEAL  CAÑÍON  y  JORGE  MARTÍN  GALVIS  CASTRO,  por  la  conducta punible de  destinación ilícita de muebles o inmuebles.   

Por  esa  razón, dispusieron la suspensión  del  trámite  incidental,  para  dar  lugar  a  que  la doctora Mireya Preciado  manifestara si estaba o no incursa en dicha causal de impedimento.   

En  efecto,  la  doctora González Preciado,  atendiendo   la   decisión  de  los  demás  integrantes  de  la  Sala,  dictó  providencia  en  la  que  declaró  que  estaba  impedida, invocando la referida  causal  sexta,  y  dispuso  la remisión de las diligencias a esta Corporación,  para los fines legales.   

Tiénese, entonces, que los Magistrados de la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá que emitieron el auto del 7 de  septiembre    de    2007,    no    estaban    facultados    para    “formular   el   impedimento”  de  la  tercera  integrante  de  la misma, como quiera que el impedimento constituye una  manifestación  voluntaria  del  funcionario  judicial  encargado  de conocer el  asunto,  acerca  de la presencia de un factor que puede afectar su imparcialidad  en la decisión del trámite sometido a su estudio.   

La  manifestación  que en ese sentido hagan  las  partes,  respecto del funcionario judicial, corresponde estrictamente a una  recusación.   

En éste sentido, lo ejecutado por los otros  dos  miembros  de  la  Sala  de  Decisión,  no  tiene  la característica de la  recusación,  por  razones  obvias, y tampoco representa adecuado mecanismo para  “forzar”  un  pronunciamiento de la funcionaria que, reiteramos, debe operar  eminentemente voluntario.   

Ahora  bien,  tampoco estaban facultados los  referidos  Magistrados  para suspender el trámite, ya que dicha actuación debe  estar  precedida de la manifestación de impedimento por parte de la funcionaria  judicial  incursa en la causal. Vale decir, el pronunciamiento en cuestión debe  ser consecuencia y no causa del impedimento.   

Tal es la razón por la que en un comienzo se  advirtió  que  en  su  interpretación, los artículos 57 y 62 de la Ley 906 de  2004,  deben  armonizarse,  es  decir,  que si bien el magistrado revisor que se  declare  impedido  debe manifestarlo ante el superior jerárquico, atendiendo al  trámite  someramente  regulado, tal manifestación debe dirigirla previamente a  los  restantes  integrantes  de  la  Sala,  porque son ellos los facultados para  emitir  el  auto  en  virtud  del  cual se suspende la actuación y se ordena la  remisión  de  las  diligencias a la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema  de Justicia.   

No obstante lo anterior, la Sala pasará por  alto   las   informalidades   observadas  en  el  trámite  desplegado  por  los  magistrados  del  Tribunal  Superior  de Bogotá, así como lo preceptuado en el  artículo  61, en virtud del cual “no son recusables  los    funcionarios    judiciales    a    quienes    corresponda    decidir   el  incidente”,  pues,  es  evidente  el  conflicto  de  intereses  que  advierte  la  doctora  Mireya  González Preciado, si bien no es  acertada la causal por ella invocada, como se verá mas adelante.   

Ahora  bien,  de acuerdo a lo establecido en  los  artículos  57 y 341 de la Ley 906 de 2004, a la Sala le asiste atribución  para  pronunciarse  en  relación  con  el  impedimento  propuesto dentro de una  actuación  que  se  rige  por  los lineamientos del sistema penal acusatorio ya  implementado   en  el  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  en  tratándose  de  la  manifestación  que  hace  uno  de  los  integrantes  de  la  respectiva Sala de  Decisión  Penal del Tribunal Superior de esta ciudad, para que se le separe del  conocimiento del asunto.   

Respecto de lo que es materia de controversia  la  Sala  en  diversas  oportunidades  ha  expresado  que  el  instituto  de los  impedimentos  y las recusaciones tiene una clara fuente constitucional, pues, de  un  lado,  el artículo 228 de la Carta Política dispone que la administración  de  justicia es función pública y que sus decisiones son independientes, y, de  otro,  el  artículo  230  de la misma prevé que en sus providencias los jueces  sólo están sometidos al imperio de la ley.   

En    desarrollo    del    principio   de  imparcialidad  que  debe  presidir  las  actuaciones  judiciales, la legislación procesal ha previsto una  serie  de  causales  de orden objetivo y subjetivo por  virtud  de las cuales el juez debe declararse impedido  para     decidir,    garantizando    a    las    partes,    terceros,  demás  intervinientes  e  incluso  a la comunidad en general, la transparencia y rigor que  deben     presidir     la     tarea    de    administrar    justicia.   

          Empero,  como  a  los jueces no les está permitido separarse por su  propia  voluntad  de las funciones que les han sido asignadas, y a las partes no  les  está  dado  escoger libremente la persona del juzgador, las causas que dan  lugar  a  separar del conocimiento de un caso determinado a un juez o magistrado  no   pueden   deducirse   por  analogía,  ni  ser  objeto  de  interpretaciones  subjetivas,  en  cuanto  se  trata  de  reglas  con carácter de orden público,  fundadas  en  el  convencimiento del legislador de que son éstas y no otras las  circunstancias   fácticas   que   impiden  que  un  funcionario  judicial  siga  conociendo   de  un  asunto,  porque  de  continuar  vinculado  a  la  decisión  compromete  la  independencia  de  la administración de justicia y quebranta el  derecho  fundamental  de  los  asociados  a  obtener  un  fallo proferido por un  tribunal                  imparcial.1   

          La  circunstancia impediente invocada por  la   nombrada  Magistrada del Tribunal   Superior   de   Bogotá   para  apartarse      del     conocimiento     de     este     asunto,     aparece   consagrada   en   el  ordinal  6°  de la Ley 906 de 2004,  la   cual   establece  como  causal  de  impedimento  “Que   el  funcionario  judicial  haya  dictado  la  providencia  de  cuya revisión se trata o, hubiere  participado  dentro  del  proceso,  o  sea  cónyuge  o  compañero o compañera  permanente  o  pariente  dentro  del  cuarto  grado de consanguinidad o civil, o  segundo   de   afinidad,   del   funcionario   que   dictó   la  providencia  a  revisar”.   

         En      particular,     la   Magistrada  que  manifestó  su  impedimento,  lo  basó en haber  “emitido  la providencia  objeto        de        decisión”.   

         Sin  embargo,  no  es,  en  estricto  sentido,  la revisión de una  providencia  la tarea que debe asumir la Sala a la que  ahora     pertenece,    sino    la    decisión  acerca  del  impedimento  por  ella planteado en primera  instancia.   

         En  ese  orden  de ideas, es al Tribunal,  en  principio, y no a la Corte, al que compete definir  si  su  participación  previa  en el proceso, la hace incursa o no en la causal  invocada.   

         Empero,       tan       paradójica  situación,   que  en  la  funcionaria  confluyan las  calidades  de  juez penal del circuito que se ha declarado impedida y magistrada  que   debe   resolver   el   impedimento,  sin  duda,  desnuda  un  conflicto   de   intereses  sobre  el  cual  debe  pronunciarse  la  Sala.   

          El  numeral  1°  del  artículo  56 de la Ley 906 de 2004, consagra  como  causal  de  impedimento  “que  el funcionario  judicial,  su  cónyuge  o compañero o compañera permanente, o algún pariente  suyo  dentro  del cuarto grado de consanguinidad o civil, o segundo de afinidad,  tenga      interés      en      la      actuación      procesal”.   

          Y  si  bien,  la  Sala ha determinado que corresponde al recusante o  quien  se declara impedido, facilitar los medios para que la autoridad que ha de  resolver  la cuestión se forme una idea precisa con relación a los componentes  objetivos    y    subjetivos   de   ese   interés2,  en este evento, en el que se  invoca  una  causal  diferente,  el  interés  de  la funcionaria judicial asoma  objetivo,  ya  que  de  la  revisión de la actuación se desprende, sin lugar a  dudas,  que en la doctora Mireya González Preciado confluye la doble calidad de  juez  penal  del circuito que ha exteriorizado un impedimento y magistrada de la  sala penal respectiva de Tribunal, que debe resolver el mismo.   

          Y,  precisamente  la  razón que impele a pasar por alto la omisión  de  la  funcionaria  en  manifestar  cuál  es el interés, conduce a significar  necesario  apartarla  del  conocimiento  de  la  decisión  que  debe  tomar  el  Tribunal,  en  tanto, parece obvio, emerge un verdadero contrasentido significar  adecuado  que  sea  ella  quien  decida  si  su  pronunciamiento inicial, cuando  fungía  jueza  penal  del  circuito, se adecua o no a las causales que facultan  separarla de tramitar la primera instancia.   

          No  puede,  por  un  elemental sentido de imparcialidad, tornarse la  funcionaria  en  juez  y  parte  de un tópico que sólo le concierne a ella, en  punto  del  interés  que  le  abriga de que se le separe de la tramitación del  proceso penal sometido a su conocimiento.   

Por  lo anterior, se declarará  fundado  el impedimento en cuestión y se devolverá la actuación  al  Tribunal  de  origen, para que integre la Sala correspondiente, a efectos de  que  debata,  previo  a  decidir  de  fondo, si efectivamente es menester algún  pronunciamiento,  dado  que, debe relevarse, si ya la funcionaria no se halla al  frente   del  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  –y es en razón de ello que se presenta  la  situación paradójica destacada por la Corte-, y todavía no se ha resuelto  su  manifestación  de  impedimento,  ya  carece  de objeto decidir al respecto,  pues,  no existe ningún obstáculo para que en el despacho de primera instancia  se siga tramitando el asunto.   

Ello, por cuanto, cabe recordar, el instituto  de  los  impedimentos está construido en razón de la persona del funcionario y  no  del  cargo,  motivo  por  el  cual,  dado  que  no  se cumple ninguna de sus  finalidades  en  el caso concreto, asoma bastante discutible que se extraiga del  Juzgado  7° en mención el asunto, claro como se halla que su titular actual no  se   encuentra   impedido,   al   presente,   para   adelantar  el  trámite  de  enjuiciamiento.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

Aceptar  el  impedimento  que  en razón del  presente  asunto  ha manifestado la Magistrada del Tribunal Superior de Bogotá,  doctora   Mireya   González  Preciado,  conforme  con  las  motivaciones  plasmadas  en  el  cuerpo  de este  proveído.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Cita Medica  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ               MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE L.   

AUGUSTO        J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                      JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                          JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria     

1 Auto  de 19 de octubre de 2006, Rad.26.246.   

2 Auto  del 25 de febrero de 2004, Rad. 22.016.     

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