27019(23-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27019  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

                                     Aprobado Acta N° 78   

          Bogotá   D.C.,   mayo   veintitrés   (23)   de   dos   mil   siete  (2007).   

VISTOS  

Decide  la  Sala  sobre  la  solicitud  de  práctica  de  pruebas que dentro del término previsto en el inciso primero del  artículo  518  de la Ley 600 de 2000 presentó el señor defensor del requerido  en   extradición  HERNÁN  GIRALDO  SERNA.   

ANTECEDENTES   

El  Gobierno  de  los  Estados  Unidos  de  América,  mediante  Nota  Verbal  No.  1359 de 8 de junio de 2004, solicitó la  detención  provisional  con  fines  de  extradición  del  ciudadano colombiano  HERNÁN  GIRALDO SERNA, quien  fue  acusado  por  las  autoridades  judiciales  de  ese  país,  mediante   resolución   No.   04-114   (RBW),   dictada   el   5   de   marzo   del  mismo  año.          

Con base en la anterior petición, el Fiscal  General  de  la  Nación, mediante resolución del 30 de junio de 2004, decretó  la  captura  con fines de extradición del solicitado, la cual le fue notificada  el  13 de junio de 2006 por la Policía Judicial e Investigación de la Policía  Nacional.   

Mediante  la  Nota  Verbal  No. 0372 de 9 de  febrero  de  2007,  la  Embajada de los Estados Unidos de América formalizó la  solicitud  de extradición del mencionado, lo que dio lugar a que  el   Ministerio  de  Relaciones  Exteriores,  a  través   del   oficio No.  OAJ.E.  0257  del  27  siguiente, conceptuara que “En  atención  a  lo  establecido  en nuestra legislación penal interna, me permito  manifestarle  que por no existir Convenio aplicable al caso, es procedente obrar  de  conformidad  con  el  ordenamiento  procesal  colombiano”.   

Una  vez recibida por esta Sala la solicitud  de  extradición  con  la  documentación  anexa,  se  dispuso lo necesario para  garantizar  la  defensa  del  requerido,  quien  designó  apoderado.   

Dentro  del  traslado  previsto en el inciso  primero  del artículo 518 del estatuto procesal, el defensor presentó memorial  a  través  del cual de manera concreta demanda la devolución del expediente al  Ministerio  de  Justicia  y  del  Derecho  para  que  sea  perfeccionado  con la  aducción      de      una      declaración     de  reciprocidad  por  parte  del  Estado  requirente,  y,  además,  la  práctica  de  unas  pruebas  que considera necesarias para que el  derecho  de  defensa  sea  acorde  con  el  principio  constitucional del debido  proceso  y  los  tratados  internacionales que en materia de derechos humanos ha  suscrito  Colombia,  y  para que la Sala pueda emitir su concepto atendiendo los  parámetros que fija el estatuto de procedimiento penal.   

De  tales  pruebas  hace  una  relación que  atiende  los  fines que asigna a su aducción, centrados en la validez formal de  la  documentación presentada, en el cumplimiento de lo previsto en los tratados  internacionales y en la situación jurídica del requerido.   

Por  simples razones de metodología y a fin  de  no incurrir en innecesarias repeticiones, la Sala precisará las pruebas que  demanda  la  defensa  y  se  pronunciará  sobre su pertinencia, en el siguiente  capítulo atinente a sus consideraciones.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

En  apoyo  de la primera de sus pretensiones  consistente  en  la  devolución  del expediente al Ministerio de Justicia y del  Derecho,  la  defensa  señala que a éste corresponde, por expresa disposición  del  artículo 499 del código de procedimiento penal, determinar previamente al  envío  del expediente a esta Corporación si en él faltan piezas sustanciales,  caso  en  el  cual  compete al Ministerio de Relaciones Exteriores adelantar las  gestiones  necesarias  ante  el  gobierno  extranjero  para que se completen los  elementos faltantes.   

En  este  asunto,  según  infiere,  fue  el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  no  el  de  Justicia  y  del  Derecho la  autoridad  que  realizó  dicho  análisis y, por esta razón, la documentación  allegada  como  soporte  de  la  solicitud de extradición es incompleta pues no  obra     en     ella     una     declaración    de  reciprocidad  emitida  por  el Estado requirente. Esta  circunstancia  vulnera  el  principio de derecho internacional de igualdad en el  trato,   de   obligatorio  acatamiento  en  las  relaciones  internacionales  de  Colombia,  conforme  lo  previsto  en los artículos 9 y 226 de la Constitución  Política;  principio  que  no  sólo  se erige en un aspecto de procedibilidad,  sino  sustancial para el cumplimiento de los tratados públicos suscritos por el  Gobierno  Nacional, específicamente el Convenio sobre Sustancias Sicotrópicas,  signado  en  Viena  en  febrero  de  1971 (artículo 22, inciso 2, apartado b) y  porque     así    se    precisa    en    las    preceptivas    constitucionales  citadas.                   

Por  consiguiente,  estima  que  el gobierno  requirente  no  puede  exigir  la  extradición  de  colombianos  en ausencia de  tratado  “al menos mientras no otorguen garantía de  reciprocidad”,   pues  se  trata  de  un  documento  esencial  “que afecta la validez formal del conjunto  de  los  anexos  y  por lo tanto la solicitud misma”,  circunstancia  que  determina la devolución que propone a fin de que se allegue  el compromiso aludido.   

Al  abordar  el  tema  de  las  pruebas cuya  práctica  requiere,  la  defensa  alude en primer término las relacionadas con  la    validez    formal    de    la   documentación  presentada.  En  esa dirección reclama que se obtenga  del  Estado  requirente,  a  través  del  Ministerio  de Relaciones Exteriores,  certificación  de  reciprocidad  en  materia  de  extradición  de nacionales y  copias  autenticadas  y  traducidas  de  la Ley de Extradición de 1982 (“1982  Extradition   Act”),   de  la  Ley  de  interpretación  de  los  tratados  de  extradición  de 1998 (“Extradition Treaties Interpretation Act of 1998) y del  capítulo  209,  secciones 3181 a 3196 del código de procedimiento penal de los  Estados Unidos.   

Además,  que  se  obtenga  de la Oficina de  Asuntos  Internacionales  de  la  Fiscalía  General  de  la Nación copia de la  “…eventual   solicitud   de  asistencia  judicial  formulada  por  las  autoridades  estadounidenses,  así como la eventual información remitida en el  caso  del  señor  GIRALDO  SERNA”,  y de la Oficina  Jurídica    del    Ministerio    de    Relaciones    Exteriores,   “…certificación   sobre  la  vigencia  de  la  Declaración  de  Intención  de  la  República  de Colombia y de los Estados Unidos de América,  firmada   en   Washington   D.C.   el  25  de  febrero  de  1991”.  En  ella  se  hará constar que la ley aprobatoria expedida por el  Congreso  de  la República, el instrumento mediante el cual Colombia manifestó  su  consentimiento  para  obligarse, según el artículo 11 de la Convención de  Viena,  fecha  de  entrada  en  vigor  y  decreto  de  promulgación,  según el  artículo 2 de la Ley 7 de 1944.   

La finalidad que asigna a estos documentos es  demostrar  que los Estados Unidos no pueden comprometerse en ausencia de tratado  bilateral  aplicable,  a  acatar  el  principio  de  reciprocidad  en materia de  extradición  de  sus  nacionales  a Colombia y que en este caso tácitamente se  ofreció  la  extradición  infringiendo  el artículo 17 – 3 del código penal.   

Tal propósito, que guarda directa relación  con  la  solicitud de devolución del expediente al Ministerio de Justicia y del  Derecho  para su perfeccionamiento, cifrado en la obtención de una declaración  de  reciprocidad,  determina  que   ab  initio  la  Corte  señale la impertinencia de las dos peticiones.   

         

Se advierte indispensable precisar que, como  de  tiempo  atrás  lo  tiene  establecido la Corporación, el concepto que debe  rendir  esta  Sala, antecedente a la decisión gubernamental sobre la viabilidad  de  conceder  o  no  la  extradición,  está  restringido  a  los  específicos  contenidos  previstos  en  el  artículo  520 de la Ley 600 de 2000, esto es, en  torno  a  la  validez formal de la documentación presentada, a la demostración  plena  de  la identidad del solicitado, al principio de doble incriminación y a  la  equivalencia  de la providencia proferida en el extranjero, para los eventos  en  que el trámite no se rija por los Tratados Públicos aprobados por Colombia  sino  en  forma supletoria por las normas del estatuto procesal penal, como así  lo  señaló para el presente trámite el Ministerio de Relaciones Exteriores en  el oficio OAJ.E. 0257 del 9 de febrero del año en curso.   

Por   tal  causa,  tanto  las  autoridades  administrativas   como   las  judiciales  que  intervienen  en  el  trámite  de  extradición,  deben  ceñirse a lo que expresa la Ley o al Tratado bajo el cual  deba  regirse, sin que sea posible exigir requisitos diferentes de los que allí  se encuentren contemplados.   

El  cumplimiento del principio internacional  de  reciprocidad  en materia de extradición, así como el esclarecimiento de la  forma  cómo  fueron  practicadas  las  pruebas  que  soportan  la  solicitud de  entrega,  temas  que  justifican  las pretensiones del defensor encaminadas a la  devolución  del  expediente  al  Ministerio  de  Justicia  y  del  Derecho y la  práctica  de  las  pruebas  que aquí se mencionaron, son aspectos ajenos a los  precisos  temas  que  incumben   a  la Sala en la emisión del concepto que  debe      rendir      de      acuerdo     con     la     preceptiva     procesal  aludida.        

La  Corte  en  anterior  concepto  frente  a  similares  peticiones  y análogo sustento expuso los siguientes argumentos, que  ahora   reitera1,  para  concluir  la  impertinencia  de  acceder a las que aquí se  mencionan:   

“Los usos internacionales y los principios  del  derecho  internacional  no  son  elementos  del  trámite  judicial  de  la  extradición  en  cuanto  no  estén  contemplados  expresamente  en  el Tratado  Público  o  en la Ley que en su defecto rija la extradición específica que se  adelante  en la Corte. La aplicabilidad, operatividad o exigencia, de tales usos  y  principios, corresponde exclusivamente a quien la propia Carta le ha deferido  la  dirección  de  las  relaciones internacionales, esto es al Presidente de la  República   como   Jefe  de  Estado,  Jefe  de  Gobierno  y  Suprema  Autoridad  Administrativa (artículo 189-2).   

El  régimen  de  extradición que opera en  Colombia  establece  en  su  trámite  la  intervención de la rama judicial con  efectos  hacia  el  interior del país, en cuya fase, acorde con el concepto del  órgano  competente para señalar el marco jurídico que rige el caso, aplica el  Tratado  o la Ley, según el caso, como declaración de la voluntad soberana del  Estado,  y  otra  etapa  hacia  el exterior del país, como manifestación de la  soberanía  del  Estado  frente  a otros países, corresponde llevarla a cabo al  Gobierno Nacional.   

Precisamente en ello, es que se funda la no  obligatoriedad  del  concepto  favorable  de  la  Corte, en que la Rama Judicial  carece  de  facultad  para  imponer  a  la Ejecutiva encargada del manejo de las  relaciones  internacionales,  una  forma  específica de comportamiento frente a  terceros  países,  pues para todos los efectos y hacia el exterior, el Gobierno  actúa  en ejercicio de la soberanía que encarna el Presidente de la República  como    Jefe    de    Estado,    Jefe    de   Gobierno   y   Suprema   Autoridad  Administrativa”.   

En    atención    a    las   anteriores  consideraciones,  no  se  dispondrá la devolución del expediente al Ministerio  de   Justicia   y  del  Derecho  para  que  obtenga  del  Estado  requirente  la  declaración  de reciprocidad  que  extraña la defensa, ni tampoco la aducción de las pruebas que tienen como  fin   la  demostración  del  referido  principio  internacional,  dado  que  su  verificación  hace  parte  del  manejo  de  las  relaciones internacionales del  Estado  Colombiano  ante la comunidad internacional, función que corresponde en  forma  exclusiva  al  señor Presidente de la República como Jefe de Estado, de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  numeral  2  del  artículo  189  de  la  Constitución  Política, en su carácter de Jefe de Estado, Jefe del Gobierno y  Suprema Autoridad Administrativa.   

Mucho  menos,  de  acuerdo  con lo que se ha  reiterado  por  la  Sala,  se  podría  en virtud de este trámite cuestionar la  forma  como  fueron  practicadas  las  pruebas  que  sustentan  la  petición de  extradición,  no  sólo porque es un asunto ajeno a los precisos temas a que se  circunscribe   el   concepto  que  le  corresponde,  sino  además,  porque  tal  controversia   entrañaría   un   desconocimiento   de  la  autonomía  de  las  autoridades  foráneas  que  siguen  el  proceso penal en contra del requerido y  constituye  una  cuestión  cuya  discusión  debe  abordarse al interior de esa  causa, escenario propicio para ello.   

Los  argumentos expuestos constituyen razón  suficiente  para  que  la  Sala  concluya  la  improcedencia  de  acceder  a las  solicitudes  mencionadas  en  los  numerales 1 y 2 del escrito presentado por el  defensor de HERNÁN GIRALDO SERNA.   

Igual  suerte corren las pruebas mencionadas  por   el   defensor   como  referentes  al  cumplimiento  de lo previsto en tratados  internacionales,  a  las  que  asigna el propósito de  demostrar  que  no se ajusta a la realidad jurídica vigente, la afirmación del  Ministerio   de   Relaciones  Exteriores  en  torno  a  que  no  existen  normas  internacionales  aplicables  al  caso,  con  la cual se desconocen Convenios que  vinculan  a  Colombia  y  a  los  Estados  Unidos  en  materia  de Extradición.   

Con  ese  cometido  solicita se admitan como  pruebas  las  certificaciones  expedidas por la Oficina Jurídica del Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  sobre  la  vigencia de la Convención Única de 1961  sobre  estupefacientes  y del Protocolo que la modifica; de la Convención sobre  Sustancias  Sicotrópicas  de  1971  y  de la Convención de las Naciones Unidas  sobre  el  Tráfico  Ilícito  de  Estupefacientes y Sustancias Sicotrópicas de  1988.   

Requiere  de  igual  forma  se  oficie  al  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores “para que, por  conducto  de  la  Misión  diplomática  de  la  República  de Colombia ante la  Organización  de  Estados  Americanos  (OEA),  en la ciudad de Washington D.C.,  Estados  Unidos  de  América,  se  solicite  a  la  Secretaría  General  de la  mencionada   organización,  la  expedición  de  una  certificación  sobre  la  vigencia  de  la  Convención  de  Extradición  firmada  en Montevideo el 26 de  diciembre  de  1933”.   La  certificación debe  especificar  las  fechas  de  ratificación del instrumento en Colombia y en los  Estados  Unidos,  de  su  entrada en vigencia en ambos países y el texto de las  reservas presentadas por la última nación.   

Además, oficiar al Ministerio de Relaciones  Exteriores  “para  que,  por  conducto de la misión  diplomática  de la República de Colombia ante la Organización de las Naciones  Unidas   (ONU),  en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos de América, se  solicite  a  la  Secretaría  General de la mencionada organización mundial, la  expedición  de una lista actualizada de los Estados Partes, con las respectivas  fechas  de ratificación o adhesión, y reservas o declaraciones presentadas, de  los siguientes textos internacionales:   

Convención   Única   de   1961   sobre  Estupefacientes;   

Convención sobre Sustancias Sicotrópicas de  1971:   

Protocolo de Modificación de la Convención  Única de 1961; y   

Convención  de  la Naciones Unidas sobre el  Tráfico   ilícito   de   Estupefacientes   y   Sustancias   Sicotrópicas   de  1988”.   

La  Sala negará la práctica de las pruebas  que  acaban  de  relacionarse,  pues  no  le asiste duda en el sentido de que la  normatividad  llamada  a  regular  el  presente trámite es el estatuto procesal  penal,  tal  como lo indicó el Ministerio de Relaciones Exteriores en el Oficio  OJA.E  0257  de  9 de febrero de 2007 y como lo ha plasmado de manera recurrente  en  todos  los  trámites  auspiciados  por  el  Gobierno  de los Estados Unidos  promovidos  a  partir  del  momento  en  que  se modificó el artículo 35 de la  Constitución  Política, mediante el acto Legislativo No. 01 de 1997, vigente a  partir del 17 de diciembre de ese año.   

Además, porque como también lo ha expresado  en  forma  reiterada  la Sala, por ser el Ministerio de Relaciones Exteriores la  entidad  a  cuyo  cargo  se encuentra el manejo de las relaciones con los demás  países,  es  a  la  que  compete definir cuál es la normatividad que regula el  trámite  de  extradición  a  seguir,  de conformidad con los  parámetros  previstos  en el artículo 514 de la Ley 600 de 2000, según el cual una vez tal  organismo  recibe  la  documentación  del  estado requirente, dispone que ésta  pase  al  Ministerio de Justicia “con el concepto que  exprese   si   es  del  caso  proceder  con  sujeción  a  convenciones  o  usos  internacionales  o  si  se  debe  obrar  de  acuerdo  con  las  normas  de  este  código”.    

Ello significa que las referencias del actor  a  múltiples  fuentes diversas a esta normatividad procesal carecen de utilidad  para  el  caso  que  concita  la  atención  de  la  Sala  y, por esa razón, la  solicitud  probatoria  contenida  en  este  punto  y  orientada  a certificar la  vigencia  de  diferentes  instrumentos internacionales que supuestamente regulan  el presente trámite, se negará.   

La  tercera  y  última solicitud de pruebas  atinentes    a    la    situación   jurídica   del  implicado   consiste   en   solicitar  de   la  Presidencia  de  la  República,  certificación   acerca  del      reconocimiento      de      HERNAN  GIRALDO  SERNA como comandante      del     “Bloque              Resistencia              Tayrona”,  de  su  vinculación      al     proceso     de desmovilización y acogimiento a la Ley  975  de  2005. De igual forma solicita se requiera de la Registraduría Nacional  del  Estado  Civil, copia auténtica de la cédula de ciudadanía del mencionado  y del registro civil presentado para su expedición.   

La  necesidad  de estos documentos radica en  que  contribuyen  a demostrar que las pruebas usadas por el Estado requirente le  fueron  suministradas  por  la  Fiscalía  General  de  la Nación y la Policía  Nacional,  en  violación de la prohibición legal de ofrecer la extradición de  ciudadanos  nacionales,  que los hechos a que se refiere la solicitud de entrega  acontecieron  exclusivamente  en  territorio  patrio  y  que el requerido, en su  condición  de  ex  comandante  del  Bloque Resistencia  Tayrona        de        las        AUC,   tiene   derecho   a   recibir  los  beneficios que ofrece la Ley 975 de 2005.   

Bajo   el   epígrafe   de   CONCLUSIONES  la  defensa precisa que como  el   Ministerio   de  Justicia  y  del  Derecho  incumplió  su  obligación  de  perfeccionar  el  expediente y las pruebas que reclama no se allegaron, la Corte  debe  decretarlas  o  devolver  el  expediente a esa autoridad. De lo contrario,  desconocería  el  principio  de  acceso  a  la  justicia,  porque la defensa se  quedaría  sin  poder  ejercer  su derecho a solicitarlas, dado que “no      hay      otra     oportunidad     para     pedirlas     y  evacuarlas”.   

Aduce finalmente, que la intervención de la  Corporación  en  este  trámite  “…no puede estar  orientada  a  la  verificación  de  meros  formalismos,  sino,  ante todo, a la  satisfacción  general  y  completa  del  derecho  interno  en sus relaciones de  equilibrio    con    el   derecho   internacional”.   

Ninguna  dificultad  entraña  para  la Sala  advertir  que  para  los fines del concepto que debe emitir, carece de cualquier  utilidad    demostrar    si    el   requerido   en   extradición   HERNÁN  GIRALDO  SERNA  ha sido reconocido  como   comandante   del   Bloque  Resistencia  Tayrona  de       las       denominadas       Autodefensas  Unidas  de Colombia (AUC), si  está  o  no  vinculado  al  proceso  de  desmovilización o si se ha acogido al  artículo 71 de la Ley 975 de 2005.   

En efecto, de acuerdo con el marco legal que  determina  la  competencia  de  la  Corte  al  cual  se  ha  hecho referencia en  múltiples  oportunidades  en  este  auto, no se evidencia que esté compelida a  establecer  o  verificar  si el requerido por las autoridades foráneas también  es  investigado  o  no  por  la justicia nacional o si hace parte del proceso de  reinserción  de  los  miembros de grupos armados a que se refiere la Ley 975 de  2005,  de  suerte  que  se  trata  de  asuntos  que ni inciden en el tramite, ni  determinan el sentido en que se debe emitir el concepto.   

Lo  anterior por cuanto es al Presidente de  la  República  a  quien corresponde, en su carácter de supremo director de las  relaciones  internacionales  tomar  la  determinación final frente al pedido de  extradición  y,  en  esa  medida,  pronunciarse  en  torno  de los aspectos que  pretende la defensa con tales probanzas.   

Por  otra  parte,  tampoco  se  advierte la  necesidad  de  obtener  de  la  Registraduría  Nacional  del Estado Civil copia  auténtica  de  la  cédula  de  ciudadanía de HERNÁN  GIRALDO  SERNA  y  del registro civil fundamento de su  expedición.  Porque  atendida  la finalidad que legalmente tiene este documento  –    servir    a   la  identificación  del  ciudadano  -, ninguna relación guarda su obtención ni la  del  registro  civil  que  le  sirve de soporte, con el propósito que asigna el  peticionario a su aducción.   

Menos  aún  se  ordenará  la práctica de  pruebas  últimamente citadas si, como lo indica expresamente el solicitante, lo  que  pretende  con ellas es demostrar que “estamos en  presencia  de  un  fraude   a  la  ley por burla a la prohibición legal de  ofrecer   la  extradición  de  nacionales,  ya  que  practicar  las  pruebas  y  entregarlas  a  otro  país  para  que  éste  solicite  la  extradición  de un  colombiano  es  lo  mismo  que  ofrecerla”, pues ese  tampoco  es  un  aspecto que incumba a los fines del concepto que debe emitir la  Sala dentro de este trámite.     

Así  las cosas, la decisión que se impone  adoptar  no  es  otra que la de negar por improcedente la solicitud del defensor  contenida en este último capítulo.   

Ahora,  en  punto a la crítica que hace la  defensa  a  la  labor que la Sala realiza en materia de extradición, que estima  “…no  puede  estar orientada a la verificación de  meros  formalismos,  sino,  ante todo, a la satisfacción general y completa del  derecho   interno   en   sus   relaciones   de   equilibrio   con   el   derecho  internacional”,  se  dirá  que  corresponde  a  una  apreciación  subjetiva que desconoce la naturaleza reglada de las funciones que  competen  a  la  Sala  en este especial trámite, en tanto su intervención, por  razones  de  orden legal, no por capricho, se dirige a examinar si concurren los  presupuestos  jurídicos,  que  no  políticos,  que hagan viable la entrega del  ciudadano  requerido  en  extradición,  examinando para ello el cumplimiento de  los  requisitos contenidos en el artículo 520 de la Ley 600 del 2000, así como  los  condicionamientos  básicos de que trata el inciso segundo del artículo 35  de la Constitución Política.   

Y  como  es  apenas  natural,  unos y otros  requisitos  disciplinan  también el decreto y práctica de pruebas, en la forma  que  se  viene  comentando, ignorada en este caso por el defensor conforme se ha  puntualizado.   

En  atención a que el escrito que ahora se  resuelve   fue  acompañado  de  documentos  relacionados  con  el  Bloque   Resistencia   Tayrona   de   las  denominadas       Autodefensas      Unidas      de  Colombia,   con  su  historia,  con su proceso de  sometimiento  a  la  justicia  y  de  una  declaración rendida por GIRALDO   SERNA   ante  la  Fiscalía  16  Especializada  de  Medellín,  se  dispondrá  su  devolución al interesado sin  necesidad  de desglose, teniendo en cuenta que son ajenos a los temas objeto del  concepto  que  corresponde  rendir a la Sala, de donde deviene su impertinencia.  Por  la misma razón se dispondrá la devolución, también sin desglosar, de la  resolución  ejecutiva Nº 139 del 16 de junio de 2006 que revoca la providencia  a   través   de   la   cual   se  concedió  la  extradición  de  Eduardo   Enrique   Vengoechea   Mola   y  condiciona  su  entrega  al  cumplimiento de las obligaciones que adquiere en su  condición  de  desmovilizado, documento que nada aporta a este preciso trámite  dado  que  conforme  quedó  dicho, la decisión final sobre la concesión de la  extradición  o su condicionamiento corresponde al Gobierno nacional consultando  las conveniencias nacionales.   

Como  quiera  que  la  Corte  no observa la  necesidad  de  practicar pruebas de oficio, de conformidad con el último inciso  del  artículo 518 de la Ley 600 de 2000, se ordenará dejar el expediente en la  Secretaría  de  la  Sala  por  el término de cinco días a disposición de los  intervinientes en este trámite, para alegar.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.   NEGAR  la  petición  de  devolución  del  expediente  al  Ministerio  del  Interior  y de  Justicia, por las razones plasmadas en esta providencia.   

2.   NEGAR  por  improcedentes  e  inconducentes  las  pruebas  solicitadas  por  el defensor del  solicitado    en    extradición    HERNÁN   GIRALDO  SERNA.  Al primero se le devolverán, por Secretaría,  los documentos anexos a su escrito.   

3. Una vez en firme  esta  providencia,  en Secretaría córrase traslado a los intervinientes dentro  de  este  trámite  por  el  término  de  cinco  (5)  días, para que presenten  alegatos,  de conformidad con el inciso final del artículo 518 de la Ley 600 de  2000.   

Contra esta decisión procede el recurso de  reposición.   

Notifíquese y cúmplase  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Comisión de servicio  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTÍZ                                             

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1   Auto de 17 de enero de 2006. Rad. 24.188.     

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