27296(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27296  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta número 109  

Bogotá,   D.C.,   27  de  junio  de  2007.   

          Compete  a  la  Corte  decidir  si  admite  la  demanda de casación  interpuesta  por  el  defensor de DOMINGO ANTONIO MEJIA  PEREZ  contra  la sentencia de 23 de noviembre de 2006  proferida  por  el  Tribunal  Superior de Antioquia, mediante la cual revocó la  absolutoria  que  el  4  de septiembre de 2006 emitiera el Juzgado Promiscuo del  Circuito  de Segovia, para en su lugar condenar al acusado como autor del delito  de peculado por apropiación.   

HECHOS  

          El Tribunal los resumió así:   

          “Inició  la  presente  investigación  la Fiscalía General de la  Nación,   ante  el  comunicado  que  le  enviara  la  Contraloría  General  de  Antioquia,  adjuntando  copia  de  la queja y del auto de consulta 445 del 21 de  julio  2004,  proferido dentro de la investigación preliminar 268-04, en la que  se  solicitaba  una  investigación penal contra el señor DOMINGO ANTONIO MEJIA  PEREZ,  como ex Director del FOMMA del municipio de Segovia (Antioquia), por las  presuntas  irregularidades  presentadas  en dicho organismo público, en las que  aparecían  comprometidos  dineros públicos, según hechos ocurridos en el año  2003  (entre septiembre y diciembre). Finalizada la investigación, se profirió  resolución  de  acusación  por  el  delito  de  peculado  por  apropiación en  perjuicio del mencionado MEJIA PEREZ.”   

         

ACTUACION PROCESAL  

Con fundamento en la denuncia presentada   por  la  Contraloría  General de Antioquia, el 12 de enero de 2005 la Fiscalía  ordenó  la  apertura  de  la  investigación  y  el  28 de febrero de esa misma  anualidad   escuchó   en   indagatoria   al   señor   DOMINGO   ANTONIO  MEJIA  PEREZ.   

El  8  de  julio  de  2005, la Fiscalía 106  adscrita  a la Unidad de delitos contra la administración pública, definió la  situación  jurídica  absteniéndose  de imponer medida de aseguramiento contra  el   indagado   y   declaró  clausurada  la  instrucción  el  6  de  enero  de  2006.   

El  6  de  abril  de  ese año, la Fiscalía  dictó  resolución  de  acusación por el delito de peculado por apropiación a  favor de terceros contra MEJIA PEREZ.   

Correspondió conocer del asunto en la etapa  del  juicio  al  Juzgado  promiscuo  del  circuito de Segovia (Antioquia), quien  llevó  a cabo la audiencia preparatoria, la audiencia pública de juzgamiento y  emitió sentencia absolutoria el 4 de septiembre de 2006.   

Interpuesto  por  la  Fiscalía  recurso  de  apelación  contra  esa  determinación,  el  asunto  llegó  a conocimiento del  Tribunal  Superior  de Antioquia, Corporación que en proveído fechado el 23 de  septiembre  (debe  ser noviembre de acuerdo con la cronología procesal) de 2006  decidió  revocar  el  fallo  de  primer  grado y en su lugar condenó a DOMINGO  ANTONIO  MEJIA  PEREZ,  como  autor  de  peculado  por  apropiación  a  la pena  principal  de  96 meses de prisión, multa por valor de $195.993.000 a favor del  Estado  e  interdicción de derechos y funciones públicas por el mismo término  de  la  pena  privativa  de  la  libertad;  además a la pena de inhabilitación  permanente  para  el  desempeño  de  funciones públicas. Al tiempo le negó el  subrogado  de  la  suspensión condicional de la ejecución de la sentencia y la  sustitución de su prisión intramural por domiciliaria.   

Contra  ese  fallo  la  defensora  interpuso  oportunamente  recurso  extraordinario  de  casación,  mismo que fue sustentado  mediante    la    respectiva    demanda   que   presentó   su   nuevo   abogado  defensor.   

Sobre  la  admisibilidad  de  ese  libelo se  pronuncia la Corte.   

DEMANDA     DE  CASACION   

          Con  fundamento  en  el  cuerpo  primero  de  la  causal  primera de  casación,  el  demandante  formula  un  cargo  principal contra la sentencia de  segunda  instancia y postula otro que denomina subsidiario con base en el cuerpo  segundo de la misma causal.   

          El  actor  predica violación directa de la ley sustancial por falta  de    aplicación    porque    debido    a   errores   jurídicos   “…se  aplicó  una  norma  material  que  quebrantó  una  norma  sustancial,     por    cuanto    se    infringió    la    normatividad    penal  sustancial…”,    al    aplicar    el   artículo  397*1  del Código penal, ley 599 de  2000.   

          Seguidamente  reseña  que  el  artículo  232 de la ley 600 de 2000  impone   que   toda  providencia  debe  fundarse  en  prueba  legal,  regular  y  oportunamente  allegada  a la actuación para pasar a aducir que lo hecho por el  Tribunal  Superior  de Antioquia fue recoger en su integridad los planteamientos  que   la   Fiscalía   formuló   en   la  acusación  sin  extenderse  a  otras  consideraciones  que  juzga  necesarias  para  el  caso, como no valorar algunas  pruebas y suponer otras no acreditadas en la investigación.   

          Explica  con  generosos  argumentos que el Director del FOMMA (Fondo  de  Fomento  a  la  Minería  y  al  Medio  Ambiente),  cargo que desempeñó su  defendido,  estaba  supeditado  a  los  designios  de  la  Junta  Directiva, que  carecía  de  la  administración, custodia y tenencia de los dineros destinados  al  pago  de  los  pequeños  mineros, que además era subalterno del alcalde de  Segovia  de  quien  también  recibía órdenes y que tanto la Fiscalía como el  Tribunal  pasaron  por  alto  el  acta  de  entrega  en  la  que  consta  que el  burgomaestre recibió una gruesa suma de dinero de su representado.   

          Se  duele además que el juzgador no hubiese analizado el testimonio  de   Diego   Andrés   Hinestroza  Botero,  Coordinador  del  Comité  Local  de  Emergencias,  de  quien  dice  da  claridad sobre la forma como se manejaron los  dineros.  En  esa  misma dirección examina los dichos de Hugo Alberto Roldán y  Sandro  Elí Barrera y fustiga a la Fiscalía y al Tribunal por suponer que hubo  cobro    de   subsidios   cuando   no   obra   prueba   de   ello   ni   de   su  apropiación.   

          Colige,   en   desarrollo   de   este  cargo,  que  en  “…  tales  condiciones,  con  esa  prueba  tan  débil o, por lo  menos,  contradictoria  y,  por  tanto, discutible desde el punto de vista de la  racionalidad  de  la misma, no se cumple con el principio probatorio esencial de  la  NECESIDAD  DE  LA  PRUEBA a que se refiere el artículo 232 de la Ley 600 de  2000…”   

          De   esa   suerte  afirma  que  “…  la  VIOLACION  DIRECTA  por  FALTA  DE  APLICACIÓN DE LA LEY SUSTANCIAL consistió,  como  puede constatarlo la Honorable Sala de Casación Penal de la Corte Suprema  de  Justicia, en que no obstante no reunirse todas las exigencias del tipo penal  397  del  Código  Penal,  tocante  con el PECULADO POR APROPIACION, el Tribunal  Superior  de  Antioquia  condenó  al  señor  DOMINGO  ANTONIO  MEJIA PEREZ por  aquella  conducta, cuando la conducta no existe legalmente. Por ello el Tribunal  incurrió   en   un   FALSO   JUICIO   SOBRE  LA  EXISTENCIA  DE  ESE  PRECEPTO,  produciéndose  una  INFRACCION  DIRECTA  POR  ERROR  IN IUDICANDO al momento de  dictar sentencia.”.   

          Ese  razonamiento  lo  lleva  a  solicitar que se case el fallo y se  dicte   la   sentencia   de   reemplazo   en   que   se  decida  absolver  a  su  representado.   

          El  cargo  subsidiario  lo soporta en el cuerpo segundo de la causal  primera  del  artículo  205  del  código  de procedimiento penal, aduciendo la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial por “apreciación errónea de la  misma o falso juicio de identidad”.   

          Enfoca  la  censura en no haberse dado aplicación al parágrafo del  artículo 31 del Código Penal en cuanto al delito continuado.   

En aras de consolidar su planteamiento acusa  a  la  Fiscalía  y  al Tribunal de haber omitido examinar normas que según él  eran  vitales  en  la  regulación  del  caso  y  cita  como ejemplo de ellas el  artículo  397  del  código  penal, que describe el peculado por apropiación y  los  artículos  232,  233,  237  y  238  del  código  de  procedimiento  penal  concernientes al tema probatorio.   

          Asegura  que  “… si el Tribunal hubiera  tenido  en  cuenta  la  aplicación  del parágrafo del artículo 31 del Código  Penal,  no  se  hubiera  distorsionado  el  sentido  fáctico  de la prueba y la  sentencia,  aunque  hubiera sido condenatoria, el monto de las penas no hubiesen  sido  tan altas o desproporcionadas.”, rematando esta  explicación  con  que  ni el auto de cargos ni la sentencia consideraron que el  delito de peculado fue de “tracto sucesivo”.   

          Finaliza  su  pretensión  con la solicitud de casar parcialmente la  sentencia,  en  el sentido de condenar a su defendido como autor de peculado por  apropiación,    pero    en    la    modalidad    específica    de    “delito  continuado”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Por  los motivos que seguidamente se exponen, la Sala inadmitirá la  demanda.   

El  recurso de casación se constituye en un  medio  de  impugnación  extraordinario que procede contra sentencias de segunda  instancia  proferidas  por  los  Tribunales  Superiores  o  el Tribunal Superior  Militar,  en  procesos  adelantados por delitos cuya pena máxima excede de ocho  años  de  prisión  y  excepcionalmente  contra sentencias de segunda instancia  diferentes   a   las   mencionadas,  cuando  se  trate  de  proteger  garantías  fundamentales  o  de desarrollar la jurisprudencia según lo indica el artículo  205 de la ley 600 de 2000.   

Según  ello, el recurso debe formularse con  base  en  causales diseñadas para delimitar la postulación y argumentación de  los  yerros que afectan la legalidad del fallo y cumplir con los extraordinarios  fines para los cuales está concebido.   

De esa suerte resulta claro, que quien acude  a  esta  vía  procesal  no  puede actuar frente a sus pretensiones con la misma  amplitud   y  libertad  que  tuvo  en  las  instancias,  habida  cuenta  que  la  postulación   en   sede   de  casación  tiene  como  finalidad  demostrar  con  objetividad  que  la  decisión  atacada  desconoció  la  ley sustancial, o los  procedimientos  legales, o las reglas de producción o apreciación de la prueba  y  ese  empeño  sólo se consigue de manera adecuada cuando el desarrollo de la  causal  invocada  se  sujeta  a  unos  mínimos  presupuestos  de  lógica  y de  coherencia.   

En este caso, el actor seleccionó como vía  principal  de  su  ataque  la  violación  directa  de  la  ley aduciendo que se  quebrantó  una norma sustancial al aplicarse el artículo 397 del código penal  relativo  al peculado por apropiación, lo que hace suponer que el accionante se  inclina  por  un  defecto  de  aplicación  indebida  de  la  norma por error de  selección.   

Cuando se invoca la violación directa de la  ley  como  fundamento  jurídico  de la impugnación, al demandante se le impone  aceptar  los hechos y las pruebas tal y como se presentan y declaran en el fallo  atacado  y  focalizar  su embate en el campo de lo jurídico, debiendo decidirse  para  demostrar  la  violación  al  principio  de  legalidad  por  una  de tres  opciones:  la  aplicación  indebida,  la interpretación errónea o la falta de  aplicación de la ley.   

En ese entendido, al elegir la primera de las  citadas  modalidades  atinente  en  este  asunto  a  la aplicación indebida del  artículo   397  del  código  penal  –ley  599  de 2000-, el demandante tenía por deber señalar cuál es  la  norma  que  debía aplicarse para completar así su proposición jurídica y  demostrar   concretamente  por  qué  el  Tribunal  incurrió  en  un  yerro  de  selección.  Sin  embargo  la  Corte  echa  de  menos  el  cumplimiento  de  esa  obligación  del  demandante,  al  no  precisar  en  su  escrito cuál sería el  precepto  que en su parecer subsume la conducta, quedando de ese modo incompleta  la  formulación  del reparo, sin que sea dable que la Sala, en aras de enmendar  oficiosamente   las  insuficiencias  del  libelo,  pretermita  el  principio  de  limitación   que  rige  la  casación  y  proceda  a  realizar  un  proceso  de  adecuación  típica  con  tal  libertad  como  si se tratara de otra instancia.   

Además  de  esa omisión, la Corte advierte  que  cuando  el libelista desarrolla la explicación de la censura, se entrega a  la  tarea  de  cuestionar por varias aristas el tema probatorio, al lamentar del  juzgador  la  inobservancia de algunos medios de prueba, la valoración de otros  inexistentes  y a exponer su particular punto de vista respecto de las funciones  que  como  director  del  Fondo  tenía  su  representado, aduciendo que con los  elementos  de  juicio  recaudados  se  demuestra  que él directamente no tenía  manejo  de  recursos  y  que  sus  decisiones  estaban  subordinadas  a la Junta  Directiva  de  la  entidad  y al alcalde, para concluir que no podía cometer el  delito de peculado por apropiación.   

Pues bien, esas solas manifestaciones denotan  ya  los  desaciertos de lógica y coherencia en que incurre en su ofensiva, pues  si  dice  afincarse  en  la  violación  directa  de  la  ley  para denunciar la  ilegalidad  del fallo, aquello presupondría que acepta los hechos y las pruebas  como  los  declaró  y  las  valoró  el  sentenciador  y  que  su  protesta  se  circunscribe   a   aspectos  de  orden  jurídico,  pero  como  puede  verse  su  planteamiento  desatiende  por  completo  esas directrices y en detrimento de la  simetría  entre el cargo, su desarrollo y la conclusión, se detiene a reseñar  supuestos   defectos  de  índole  probatoria  y  a  exponer  sus  apreciaciones  personales  sobre  el  valor  suasorio  de  las pruebas para oponerse al que les  confirió  el  juzgador,  con  lo  cual  confunde  por  completo la naturaleza y  alcances  del  postulado  sobre  el que formula su demanda haciendo que la misma  resulte desafinada y de suyo imposible de tramitarse.   

La  misma suerte corre el cargo subsidiario,  toda  vez  que al pregonar que el juzgador incurrió en infracción indirecta de  la  ley  originada  en  un  error  de  hecho  por falso juicio de identidad, era  esperable  una  explicación  acerca  de  por  qué  en  el  fallo denunciado se  apreció  indebidamente  una  prueba  demostrando  la  disconformidad  entre  su  contenido  y  el  que la sentencia le asigna, realzando además la trascendencia  que  tendría que el juzgador haya cercenado, tergiversado o adicionado el medio  de conocimiento.   

          No  obstante,  el censor orienta su exposición desde la perspectiva  del  error  indirecto  a la aplicación del artículo 31 del código penal en lo  tocante  con  el delito continuado, clamando de la Sala la prosperidad del cargo  para  que  en  reemplazo del fallo de segunda instancia profiera uno sustitutivo  que  modifique  la  adecuación típica de la sentencia del Tribunal y condene a  su  representado  como  autor  de peculado por apropiación pero en la modalidad  específica de delito continuado.   

          Otra  vez,  las solas aseveraciones resultan útiles para revelar la  total  desconexión  entre  la causal a cuyo amparo se acomete la decisión y su  desarrollo,  al  acusar a la providencia de inaplicar una ley invocando para tal  efecto  la  violación  indirecta  de  la misma, cuando su ámbito de acción se  ocupa  de  errores  de  hecho o de derecho derivados de un defectuoso proceso de  producción  o  apreciación  probatoria,  lo  cual  significa que también este  reparo  quebranta la exigibilidad de coherencia entre la causal que se exhorta y  la  formulación  del  cargo,  al  corresponder  su  ataque  a  los trazos de la  violación directa y no de la indirecta como lo pretende.   

          Por  tanto,  tampoco  por esta senda es factible admitir la demanda,  máxime  cuando  tampoco  se observan quebrantos en las garantías fundamentales  de   los   intervinientes   que   la   Corte   esté   en   la   obligación  de  subsanar.   

          En   consecuencia,  La  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación  penal,   

RESUELVE  

          Inadmitir   la   demanda   de   casación  presentada  a  nombre  de  DOMINGO    ANTONIO    MEJIA    PEREZ.   Devuélvase el expediente al Tribunal de origen.   

          Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

Notifíquese,     cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ              ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN    

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                JORGE                                 L.                                QUINTERO  MILANÉS                   

             

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                  JULIO                                  E.                                  SOCHA  SALAMANCA                                       

                    

MAURO            SOLARTE  PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUÍZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

*  El  artículo   397   del   código   penal   define   el  delito  de  peculado  por  apropiación.     

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