28326(03-10-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28326  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                               

                            Magistrado Ponente   

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No. 188   

Bogotá, D. C., tres (3) de octubre de dos mil  siete (2007).   

VISTOS  

La  Sala  resuelve  el  recurso de apelación  interpuesto  en  contra de la sentencia proferida por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de Valledupar, mediante la cual condenó por el delito de peculado  culposo a CERGINA ANDRADE PINTO,  persona  que  para la época de los hechos se desempeñaba en el cargo de Fiscal  22   Seccional   de   la  población  de  Chiriguaná,  departamento  de  Cesar.   

HECHOS  

1.  El 28 de febrero  de   2000,  en  la  carretera  Troncal  del  Caribe  próxima  al  municipio  de  Chiriguaná,  miembros  del  Ejército Nacional retuvieron a Miguel Ángel Bueno  Chacón  y  a  otras  diez  personas  después de encontrar que transportaban en  cuatro  vehículos  automotores  diversos  tipos  de  mercancía, en su mayoría  cajas   que   contenían   botellas   de   licor   y  que  al  parecer  eran  de  contrabando.   

2.   Tanto   los  detenidos  como  los  bienes  incautados  fueron  puestos  a  disposición de la  Fiscalía  Seccional  22  Delegada  ante  los  Juzgados  Penales del Circuito de  Chiriguaná,  en  cabeza  de  la  doctora  CERGINA ANDRADE PINTO, quien mediante  resolución  de  fecha  29  de  febrero  de  2000  ordenó  la  apertura  de  la  instrucción  y,  entre  otras  cosas,  dispuso  practicar  de  manera inmediata  diligencia  de  inspección  judicial  a  la  mercancía  así  como  dejarla  a  disposición  de  la  Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (en adelante,  DIAN) de Valledupar.   

3. A pesar de que el  teniente  del  Ejército  Nacional  Carlos  Fernando  Arias  Cendales  le había  ofrecido  a  la  funcionaria  instructora  escoltar  y transportar la mercancía  incautada  a  la sede de la DIAN en Valledupar, la doctora CERGINA ANDRADE PINTO  desestimó  tal  propuesta  y,  en  su lugar, ordenó depositar los bienes en la  vivienda  localizada en la carrera 4ª con calle 8B de Chiriguaná, lugar que no  sólo  al momento de levantar el acta correspondiente consideró poco seguro por  tratarse  de  un sitio abandonado y en reparación, sino que además pertenecía  a la hermana de uno de los abogados de las personas detenidas.   

4. Posteriormente, la  DIAN  de  Valledupar  le informó a la Fiscalía 22 Seccional que por razones de  presupuesto  y  seguridad  no  le  era  posible  trasladar  por  el  momento  la  mercancía  puesta  a  disposición,  razón por la cual le indicó al organismo  investigador  que debía seguir siendo el responsable de la custodia y seguridad  de   la   misma   hasta   que   se   pudiera   hacer   efectivo   el  respectivo  traslado.   

5.  Mediante escrito  radicado  el  15  de  febrero  de  2000,  uno  de  los  defensores  solicitó la  devolución  de  la mercancía, arguyendo que había sido debidamente legalizada  por  la DIAN en la población de Maicao, Guajira, en sustento de lo cual aportó  copias   simples  de  facturas  de  nacionalización  que  a  la  postre  fueron  reconocidas como falsas.   

Igualmente, a la Fiscalía 22 Seccional fueron  remitidos  oficios,  al  parecer  provenientes  de  la  DIAN  Riohacha y la DIAN  Valledupar,  que  acreditaban  la  autenticidad  de los escritos relacionados en  precedencia  y,  por  contera,  la  legalidad de la mercancía incautada. Dichos  documentos también resultaron ser falsos.   

6.  Debido  a  la  documentación  allegada, la doctora CERGINA ANDRADE PINTO, mediante resolución  de  fecha  6  de  abril  de 2000, ordenó la devolución inmediata de los bienes  incautados.   

7.  En la diligencia  de  entrega,  que  se  realizó al día siguiente, la funcionaria se percató de  que  una buena parte de la mercancía, particularmente unas cajas que contenían  botellas  de  whisky, había  sido  hurtada  de  la vivienda en donde permanecía depositada, circunstancia de  la  cual  no  dejó  constancia  expresa  en  el  acta  de devolución, pues los  presuntos  dueños  de  la  mercancía  no  le  hicieron  reclamo  alguno en ese  sentido.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.   Presentada  denuncia  en  contra de la fiscal CERGINA ANDRADE PINTO por parte del agente del  Ministerio  Público  Atilio  Araújo  Murgas,  la  Fiscalía  Delegada  ante el  Tribunal  Superior  de Valledupar, después de adelantar indagación preliminar,  dispuso  la  apertura de la instrucción, ordenó la práctica de varias pruebas  y vinculó a la mencionada al proceso.   

2.    Mediante  resolución  que  calificó  el  mérito  del sumario, el organismo investigador  acusó  a  CERGINA  ANDRADE  PINTO  de  las  conductas  punibles de prevaricato   por   acción,  falsedad  ideológica en documento público  y   peculado   culposo,  de  conformidad  con  lo previsto en los artículos 149, 219 y 137 del Código Penal  anterior (decreto ley 100 de 1980).   

La  imputación por el delito de prevaricato  se circunscribió al hecho de  haber  proferido  la  resolución  de  fecha  6  de abril de 2000, en la cual la  Fiscal ordenó la devolución de la mercancía incautada.   

La  imputación por el delito de falsedad    ideológica    en    documento   público   se  refirió  a  que  la  funcionaria dejó constancia en el acta de  entrega  de  la  mercancía  que ésta se había realizado de manera completa, a  pesar   de   que   ella   misma   reconoció   que   había   sido  parcialmente  sustraída.   

Y la imputación por el delito de peculado  culposo  consistió  en  que  la  procesada  permitió con su actuar imprudente que se hurtara o perdiera parte de  la mercancía que tenía bajo su cuidado.   

3. Dicha providencia  fue  confirmada  en  forma  integral  por  la  Fiscalía  Delegada ante la Corte  Suprema de Justicia.   

4. La etapa de juicio  se  adelantó  ante la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Valledupar,  autoridad que una vez finalizada la audiencia pública profirió el  fallo que se reseña a continuación.   

LA DECISIÓN IMPUGNADA  

1.   El  Tribunal  Superior  de  Valledupar,  en  sentencia  de  22  de  junio de 2007, absolvió a  CERGINA  ANDRADE  PINTO de los hechos y cargos que por las conductas punibles de  prevaricato  por  acción  y  falsedad    ideológica    en   documento   público  le  había  formulado  la  Fiscalía en la resolución  acusatoria;  pero la condenó por el delito de peculado  culposo  a  la pena de seis meses de arresto, multa de  diez  salarios mínimos e interdicción de derechos y funciones públicas por un  tiempo  igual  al  de la pena privativa de la libertad. Igualmente, le concedió  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  de  que trata el  artículo 63 de la ley 599 de 2000.   

2.  En cuanto a las  decisiones  absolutorias,  el Tribunal, por un lado, consideró que la procesada  profirió  la  resolución  de  fecha  6  de abril de 2000, en la que ordenó la  entrega  de  la  mercancía  incautada, con base en documentación de la cual no  tenía  por  qué  haberse  enterado de su naturaleza espuria o falsedad. Por lo  tanto,  a  pesar  de  la existencia de tal fraude procesal, no se puede predicar  que  la  funcionaria  dictó una decisión manifiestamente contraria a la ley ni  mucho  menos  que  obró  con  el  conocimiento  de  todas  las circunstancias y  elementos     que     integran     el    tipo    objetivo    del    prevaricato por acción.   

Por otro lado, el a quo adujo que, si bien es  cierto  que  la  falsedad  ideológica  se  presentó  desde  un  punto de vista  objetivo  y formal con relación al acta de entrega de fecha 7 de abril de 2000,  también  lo  es  que CERGINA ANDRADE PINTO, al no dejar constancia alguna de la  mercancía   faltante   y  al  contar  con  la  aquiescencia  de  los  presuntos  propietarios  de  la  misma, obró con la errada creencia de que no incurría en  una  conducta  lesiva de la fe pública. Incluso agregó que lo consignado en el  documento,  en el sentido de que lo entregado fue “de  conformidad  […]  y  a  su  entera   satisfacción”   por   parte   de  quienes  recibieron  la mercancía, no deja de obedecer a un agregado propio de manías y  costumbres  burocráticas, de tal suerte que, si no se hubiera hecho mención en  el acta de ese detalle, no se habría incurrido en falsedad alguna.   

3. En lo que respecta  al   fallo  de  condena  por  el  delito  de  peculado  culposo,  la  Sala  de  primera  instancia estimó, en  primer  lugar,  que  la  pérdida  parcial  de la mercancía está demostrada no  sólo  ante  la aceptación por parte de la procesada de tal circunstancia en la  diligencia  de  indagatoria  sino  además por la declaración de referencia del  abogado que la recibió.   

En  segundo  lugar,  señaló  que  el actuar  imprudente  o  negligente  de  CERGINA  ANDRADE PINTO se estructura, entre otros  factores,  por haber dispuesto el depósito de lo incautado en un lugar que ella  misma  reconoció  como inseguro y poco confiable; porque dicho lugar se trataba  de  la  bodega perteneciente a la hermana de uno de los abogados defensores; por  no  haber  aceptado  el  ofrecimiento  de  un oficial del Ejército de trasladar  inmediatamente  la  mercancía a las oficinas de la DIAN en Valledupar; y porque  no  verificó  los  actos de vigilancia solicitados a la policía de Chiriguaná  en  aras  de  proteger los bienes ni tampoco insistió en la realización de los  mismos.   

Por  último,  el  Tribunal  se  refirió  al  criterio  de  la  prohibición de regreso mencionado  en los alegatos de conclusión, en el sentido de que, de  ser  de recibo tanto la figura aludida como la forma en que fue planteada por el  abogado    defensor,    el    delito    de   peculado  culposo    jamás    se    configuraría    en    la  práctica.   

FUNDAMENTOS DE LA APELACIÓN  

El defensor de CERGINA ANDRADE PINTO impugnó  el   fallo   de   condena   del   Tribunal   por   el   delito  de  peculado   culposo  centrándolo  en  los  siguientes tres aspectos:   

    

1. Ausencia  de  demostración  en  el  grado  de  certeza del presunto  faltante   de  la  mercancía.  Para  la  defensa,  el  supuesto  robo  parcial  de  la  mercancía  incautada  se trató de un episodio  bastante  confuso,  pues nunca llegó a aclararse si lo que hubo no fue más que  una  tentativa  de  hurto  sobre la cual la procesada realizó una diligencia de  inspección,  aparte  de que tanto en el acta de entrega correspondiente como en  las    declaraciones   de   los   dueños   de   las   cajas   de   whisky  no  se  hizo  referencia  alguna a  mercancía  que  hubiese  sido sustraída o que faltara. Y dado que las personas  que  obtuvieron  con  papeles  falsos la devolución de los bienes están siendo  juzgadas  por  el delito de fraude procesal,  son  ellos  los  tienen  que  responder  por el valor total de la  mercancía  ingresada  fraudulentamente  al  país,  sin  importar  que  se haya  perdido o no parte de la misma.     

    

1. Imposibilidad  de  imputar  objetivamente el hecho a la procesada en  razón   de   la   figura   de   la   prohibición  de  regreso. De acuerdo con el defensor, aun en el caso de  aceptar  que  sí  hubo  una  pérdida  parcial  de  la mercancía, tal hecho de  ninguna  manera  podría  ser  achacado a la procesada, como quiera que ella tan  solo  ejecutó  un  acto imprudente que a la postre fue aprovechado por terceros  que  obraron  de  manera  dolosa y, por lo tanto, no tendría por qué responder  penalmente por las acciones de quienes intervinieron después.     

En  otras  palabras,  para  el  recurrente en  ningún  caso se puede imputar jurídicamente un acto realizado de manera dolosa  por  terceros a quien hace una contribución culposa al mismo, al menos desde el  punto   de   vista   de   la   opinión   dominante   en   la   doctrina   penal  contemporánea.   

Sobre  esto  último,  precisó  que  es  el  profesor  Günther  Jakobs  el  único  que  desde  su  dogmática funcionalista  radical  ha  defendido  lo  contrario, pero incluso este tratadista ha advertido  con   sus   ejemplos   que   en   tales   ocasiones  se  requiere  de  conductas  explícitamente  desaprobadas o en extremo riesgosas y no simples infracciones a  un   deber   objetivo   de   cuidado   que  es  lo  que  se  presentó  en  este  caso.   

Concluyó   entonces   que   la  propuesta  dogmática  del  Tribunal  Superior  de Valledupar al condenar a CERGINA ANDRADE  PINTO  por  el  delito  de peculado culposo  fue  más  allá del normativismo a ultranza planteado por Jakobs,  que  por  cierto  no  admite  la  legislación nacional vigente y ni siquiera es  compartido  de  manera  unánime  en  Alemania,  su  país  de origen, para cuya  sociedad  fue creado ese sistema de la teoría del delito y no para una sociedad  como   la   colombiana,   que   es   tan   distinta   como   en   muchos   casos  divergente.   

    

1. Aplicación  de  una  pena  privativa  de la libertad jurídicamente  inexistente. Por último, el recurrente manifestó que  el  Tribunal,  al haber sentenciado a CERGINA ANDRADE PINTO a la pena mínima de  seis  meses  de  arresto, tal  como  lo  contemplaba el artículo 179 del Código Penal anterior, le reconoció  una  pena  privativa  de la libertad que en la actualidad no existe, pues lo que  consagra  el  actual  artículo  400  de  la  ley  599  de  2000  es una pena de  prisión que oscila de uno a  tres  años.  Por  lo  tanto,  como  existen  diferencias sustanciales entre los  conceptos  de prisión y de multa, adujo que, en aplicación del principio de la  ley  penal  más  favorable,  no  se debe imponer en este caso sanción punitiva  alguna.     

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.   De   la  competencia  y  el  orden  de  análisis   

La Sala es competente para conocer en segunda  instancia  de  este  asunto, de conformidad con lo dispuesto en el numeral 3 del  artículo  75 de la ley 600 de 2000 en armonía con lo señalado en el numeral 2  del artículo 76 ibídem.   

Adicionalmente,  el  análisis  del  caso  se  extenderá  únicamente  a  lo  que  fue  objeto  de  impugnación por parte del  recurrente  y  a  los  aspectos  que  no  se puedan escindir relacionados con el  mismo,  en  virtud  de  lo  consagrado  en  el  artículo  204  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

Por lo anterior, el estudio que emprenderá la  Corte  estará  dividido  en  los  tres  temas  propuestos  por  el defensor que  interpuso  la  apelación,  los  cuales  serán  resueltos  en  el orden por él  indicado.   

2.  De la prueba sobre el objeto material del  delito de peculado culposo   

2.1. Al contrario de  lo  señalado  por  el  apelante en la sustentación de la impugnación, para la  Sala  no  existe  duda  alguna acerca de la realización objetiva del injusto de  que  trata el artículo 137 del anterior Código Penal y el actual artículo 400  de  la  ley  599 de 2000, y en particular a lo atinente a la pérdida parcial de  la  mercancía  cuya  tenencia y custodia material estaba a cargo de la entonces  Fiscal 22 Seccional de Chiriguaná.   

En efecto, la pérdida del objeto material del  delito  de peculado culposo se  encuentra demostrada por los siguientes medios de prueba:   

     

a. En    diligencia    de    indagatoria1,  tras haber sido informada de  los  derechos que tenía a guardar silencio y a no incriminarse, CERGINA ANDRADE  PINTO   admitió  de  manera  enfática  y  coherente,  en  por  lo  menos  tres  oportuni-dades,  que  durante  la diligencia de entrega adelantada el 7 de abril  de  2000 se dio cuenta de que una parte considerable de la mercancía incautada,  consistente    en    cajas    de   whisky,  había  sido  sustraída  de  la  vivienda  en  donde había sido  depositada. Veamos.     

En  un  principio, la procesada adujo que el  día  de  la  devolución  no  sólo  observó  que  había  un  faltante  en la  mercancía  sino  que  además  compartió  tal  información  con los presuntos  propietarios  de  la  misma  (“cuando se entregó la  mercancía    […]   nos  percatamos   que   hacía   falta   un   wisky   [sic]  que estaba debajo de toda la mercancía, que se había  metido  de  primero;  se le manifestó a los dueños de esa mercancía y dijeron  que  no,  que  no  había  ningún  problema, porque ellos necesitaban la demás  mercancía      y     que     no     había     ningún     problema”2).   

Posteriormente,  la  doctora CERGINA ANDRADE  PINTO   volvió   a   referirse   al   tema,   precisando  que  el  whisky  hurtado  era,  justamente,  el  de  mayor  valor  comercial  (“nunca  me imaginé que se  habían    llevado    el    wisky   [sic],  que  era el más caro, y me di cuenta el día de la entrega de la  mercancía  cuando  ya  terminamos  porque  era lo último, o sea, se inició de  primero  y  se  terminó  de  último,  o  sea,  que  cuando  la  mercancía fue  depositada  ahí,  en  esa  pieza,  lo  primero  que se inició fue con el wisky  [sic], o sea, la persona que  se  hurtó  ese  wisky  [sic],  que  vuelvo  y  repito  me  di  cuenta del día de la entrega que ya terminamos,  tenía  que  saber  dónde estaba para poder dejar las cosas iguales como yo las  dejé”3).   

Por  último,  reiteró  que  los  presuntos  dueños  de  la mercancía le dijeron que no era necesario presentar actas sobre  la    pérdida    o   hurto   de   los   bienes   sustraídos   (“[l]os  dueños  de la mercancía dijeron que no se dejara constancia  de  eso,  que  ellos  lo  que  querían era irse y que dejáramos eso así y que  además  de eso le pedían a la Fiscalía que no fueran a poner denuncia, porque  si    bien    era    cierto    que    esas    cajas    de   wisky   [sic]  eran  lo  más caro, ellos querían  salir  de  eso  y  lo  que  querían  era  irse,  que  por  favor no los llamara  más”4).      

a. Tanto  en  la declaración rendida ante la Fiscalía 19 Seccional de  Chiriguaná  (autoridad  que investigó a los sujetos procesales involucrados en  la  devolución  irregular  de  los  bienes  por  los  delitos  de  fraude   procesal   y   otros5)  como  en la  declaración  rendida  ante  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de  Valledupar6,  Jorge Aristides Domínguez García, abogado que de acuerdo con el  acta  de  entrega  recibió  la  mercancía  incautada  el  7  de abril de 2000,  manifestó  que  los presuntos dueños de la misma le indicaron que ésta no les  había  sido entregada en forma completa (“me enteré  por  la exposición de uno de los propietarios que alegaban que la mercancía no  estaba  completa,  no sé si era para justificar el no pago a los celadores y al  suscrito”7;        “[e]n  el  instante  en  que  ya  se  efectuó el cargue [sic] total de la mercancía, los señores  propietarios  adujeron  que  faltaba  parte  de la mercancía, especialmente los  licores”8).     

     

a. Martín  Muñoz  Cuadro,  persona  que fue contratada por el abogado  Fidel  Antonio  Rocha Díaz para vigilar la vivienda en donde fueron depositados  los  bienes,  adujo  que  el  día  de  la  entrega  encontraron que parte de la  mercancía  había  sido  hurtada  (“[y]o  supe  que  habían  robado,  fue  el  día  que llegaron a retirar la mercancía, yo estaba  pendiente  con  el  doctor  Fidel  Rocha,  para  que  me  cancelara, y cuando le  pregunté    quién   me   iva   [sic]   a  cancelar  me  dijo que hacía falta parte de la mercancía, wisky  [sic]  y  no  sé qué otras  cosas,  yo  le  dije  que  yo no tenía conocimiento de eso, pero que sí estaba  seguro  que  ninguna  de  las  puertas  externas  de  la  casa  tenía signos de  violencia”9).     

     

a. Finalmente,  Pedro Hernán Pérez Cogollo, vecino del sector a quien  el   defensor   Fidel   Antonio   Rocha   Díaz   le   pidió  que  ‘echara    un    vistazo’   a   la   residencia  en  donde  se  depositaron  las  cajas  que  contenían  las  botellas de licor, manifestó que  escuchó  comentarios  sobre  el  hurto  de  dicha  mercancía  (“[s]olamente  escuché los comentarios, pero no me consta”10).     

2.2.  En  lo  que  concierne  a  la  supuesta  tentativa  de  hurtar la mercancía depositada en la  carrera  4ª con calle 8B de Chiriguaná, tal como lo puso de presente el señor  defensor  de CERGINA ANDRADE PINTO en el escrito de apelación, es cierto que en  la  actuación  seguida  por  el  delito de contrabando  en  contra  de  Miguel Ángel Bueno Chacón y otros el  secretario  judicial  Luis  Enrique Jiménez presentó el 10 de marzo de 2000 un  informe  en  el  que  señaló  que,  presuntamente,  varios  individuos habían  ingresado  a la vivienda en comento con el propósito de hurtar (“según  comentarios de la gente de esta municipalidad, al parecer en  la   noche   de  ayer  personal  dueño  de  lo  ajeno  penetraron  [sic]  en  la  casa  donde se encuentra la  mercancía     que     hace    parte    de    esta    investigación”11).   

A  raíz  de  lo anterior, la doctora CERGINA  ANDRADE  PINTO  dispuso  practicar de manera inmediata diligencia de inspección  judicial   en   la   residencia  situada  en  la  carrera  4  con  calle  8B  de  Chiriguaná12.   

En  el  acta  correspondiente, de fecha 10 de  marzo  de 200013,  la  funcionaria  instructora  dejó  constancia  de que encontró  varias  cajas  de  licor esparcidas en la casa y que por lo menos a dos de ellas  les  faltaban  sendas  botellas  de  whisky  (“[s]e  encuentra  una  caja de whisky  sello  rojo  a  la  entrada de las piezas donde está la mercancía, haciéndole  falta   una   botella  a  la  misma  […],  posteriormente  se  encuentra a la entrada de la cocina otra caja  de  whisky  sello  rojo haciéndole falta una botella igualmente; se observa una  caja   correspondiente  a  una  botella  de  sello  rojo  desocupada”14). Sin embargo, no ordenó en  dicha  diligencia  realizar  un  conteo  pormenorizado  tanto  de  las  cajas de  whisky  como de las botellas  contenidas   en   las  mismas  en  aras  de  determinar  cuántas  habían  sido  sustraídas  o  si  incluso  el  licor  podía  encontrarse  en otro lugar de la  casa.   

Ahora bien, tal situación fáctica para nada  pone  en  duda el hecho de que, para la fecha de la diligencia de devolución de  los  bienes  incautados  ocurrida el 7 de abril de 2000, los que participaron en  la     misma     encontraron     que     varias     cajas     de    whisky  habían sido sustraídas, tal como  se  extrae  de  los relatos de CERGINA ANDRADE PINTO, Jorge Aristides Domínguez  García,  Martín  Muñoz  Cuadro  y  Pedro Hernán Pérez Cogollo reseñados en  precedencia,  sin  importar  que  para  la  época de la inspección judicial de  fecha  10  de  marzo de 2000 las cajas faltantes ya hubieren sido hurtadas en su  totalidad,  o  tan solo en forma parcial, o incluso se hallasen en su totalidad,  que  fue  lo  que  quiso  explicar  la  procesada  en  diligencia de indagatoria  (“en  esa  casa  donde estaba la mercancía personas  dueñas  de  lo  ajeno  intentaron  introducirse  por el techo, la suscrita fue,  inspeccionó     y     la     mercancía    toda    estaba    normal”15).   

En otras palabras, la única duda que surge a  raíz  de la inspección judicial llevada a cabo por la procesada a raíz de los  rumores  de  penetración  ilícita  a  la  casa  de la carrera 4ª con calle 8B  consiste  en establecer si la pérdida o sustracción de la mercancía incautada  ocurrió  antes,  durante o después de dicha diligencia, pero ello no incide de  manera  alguna  en  la  realidad  histórica de tal hecho, ya que éste, en todo  caso, se verificó al momento de realizar la diligencia de entrega.   

2.3.  De acuerdo con  el  análisis  hasta ahora presentado, no es de recibo para la Sala el argumento  expuesto  por  el  señor  abogado  defensor, en el sentido de que los presuntos  dueños  de la mercancía jamás pusieron en conocimiento de las autoridades, ni  en  el  acta de entrega correspondiente ni tampoco en las declaraciones rendidas  durante  la  etapa  de  juzgamiento,  la pérdida o sustracción de las cajas de  whisky.   

Por un lado, el que en el acta de devolución  de  los  bienes incautados de fecha 7 de abril de 2000 se haya consignado que la  persona  que  los  recibió  manifestó  “hacerlo de  conformidad,  una vez realizado el conteo de la [mercancía] con el documento de  inspección  judicial que se le entrega, y a su entera satisfacción”16  resulta  irrelevante  para  efectos  de  la  demostración  de  la  materialidad  del delito de peculado  culposo, en la medida en que, tal  como  lo  explicó la procesada en indagatoria, los aparentes dueños expresaron  el  interés  de  dejar  las  cosas  tal  como estaban, circunstancia que por lo  demás  no  riñe  de  manera  alguna  con  el hecho de que la devolución de la  mercancía  se  obtuvo  de  manera  fraudulenta,  mediante  la  presentación de  documentos de la DIAN reconocidos posteriormente como falsos.   

Por  otro  lado,  el  que tanto Miguel Ángel  Bueno  Chacón como su hermano Nelson Enrique Bueno Chacón hayan manifestado en  declaraciones  rendidas  el  3  de  agosto  de  2006  que  no  recordaban  si la  mercancía  incautada  les  fue  devuelta  en su totalidad o en forma incompleta  (“[n]o  me  acuerdo,  porque  eso  fue  hace  tantos  años”17;       “[l[a   verdad   no   me   acuerdo,   no   estoy   seguro”18)  tampoco  es determinante a  la hora de cuestionar la prueba sobre la pérdida de los bienes.   

Es  más,  teniendo  en cuenta que el sentido  común  al  igual que un recto entendimiento humano de las cosas nos indican que  difícilmente  una  persona  dedicada  a  los  negocios olvidaría un detalle de  significativa  importancia  como  la  pérdida  total o parcial de unas cajas de  whisky  de  importación que  fueron   avaluadas  por  un  perito  en  la  suma  de  $41  725  00019, salta a la  vista  que  lo  que  pretendieron  los presuntos dueños de la mercancía con su  falta  de  memoria  era  no  verse  comprometidos  o  involucrados en los hechos  materia de este juicio.   

2.4.  Finalmente, es  de  anotar  que  el  hecho  de  que Miguel Ángel Bueno Chacón y los otros diez  detenidos  por  el  Ejército  Nacional  el  28  de febrero de 2000 hayan estado  inmersos   en   la   conducta   de   fraude  procesal  por   la   irregular  devolución  de  la  mercancía  incautada  no  es  óbice para concluir que resulta intrascendente la actuación  imprudente  por  parte  de  la  Fiscal  22  Seccional  de  Chiriguaná,  pues la  realización  de  un  delito  contra la administración de justicia por parte de  los       procesados       por       el       delito       de       contrabando  de  ninguna  manera  tiene la  facultad  de  excluir  aquellas  conductas  punibles  en  las  que  incurran los  servidores  públicos  dentro  de  la  misma  actuación,  ni  mucho menos puede  desaparecer  en  el  caso  concreto  el  deber  institucional  en  cabeza  de la  procesada  de  custodiar  y  proteger lo incautado hasta que fuera materialmente  puesto a disposición de la DIAN Valledupar.   

2.5.  La  Sala,  en  consecuencia,  concluye  que  la  pérdida  de  los bienes bajo el cuidado de la  doctora  CERGINA  ANDRADE  PINTO está demostrada sin lugar a dudas o equívocos  dentro del expediente.   

3. De la prohibición  de regreso   

3.1.  El  problema  dogmático  planteado  por  el  señor  defensor  se  reduce  a establecer si la  participación  imprudente de un individuo en un hecho doloso cometido por otros  puede   generar   responsabilidad   penal,   a   título   de   culpa,   en   el  primero.   

3.2.  De acuerdo con  la   tradicional   teoría   de   la  prohibición  de  regreso,  la respuesta a este interrogante era a todas  luces  negativa,  pues con base en los postulados propios del causalismo, o más  bien  como un fundamento corrector del mismo, se aplicaba el criterio unánime e  incondicional  para  cualquier  caso de que toda intervención imprudente en una  realización dolosa resultaba impune.   

3.3.  Esta postura,  sin  embargo,  fue  corrigiéndose e incluso ampliándose de manera paulatina en  la  medida  en que la estructura del delito iba abandonando las hoy consideradas  obsoletas  concepciones  causalistas  y cientificistas del siglo XIX a cambio de  lo   que,   en   la   actualidad,   forma   parte  de  la  llamada  teoría  de  la  imputación  objetiva y en  particular     de    las    nociones    de    riesgo  permitido  y  principio  de  confianza.   

La  anterior  evolución  representó para el  caso  que  nos ocupa que el criterio de la prohibición  de   regreso   se  relativizara  para  el  partícipe  imprudente  en  la  medida  en  que  el  resultado  típico  le pudiera ser o no  atribuido  de  acuerdo con las reglas generales de la imputación objetiva, para  lo  cual  se elaboraron incluso varias posiciones personales. Así, por ejemplo,  Hans-Heinrich  Jescheck  opinaba que “[s]i la lesión  al  deber  de  cuidado  ya  contiene  en  sí  el  peligro de la producción del  resultado  típico, entonces, la utilización de la situación favorable para un  hecho    doloso    queda    en    el    marco    del    riesgo    jurídicamente  desaprobado”20.   

Günther  Jakobs,  a  su vez, ha llegado a la  conclusión  de que “el reparto de trabajo en Derecho  penal  no  presupone  la  concurrencia  de  dolo,  sino  meramente el reparto de  trabajo  que  es  necesario  llevar  a  cabo  hasta llegar a la realización del  tipo”21. Y añade:   

Conforme  a  estas  reglas, también existe  participación  imprudente  en  un  hecho  doloso  que,  como  acabo de exponer,  siempre  se denomina autoría imprudente. Por ejemplo, si el poseedor de un arma  de  fuego  la  guarda de manera descuidada y otro la usa para cometer un delito,  responde  por  comisión  imprudente  del  delito, tratándose desde el punto de  vista  material  de una participación imprudente en el delito. Por lo tanto, no  es  correcta  la antigua afirmación de que quien actúa imprudentemente detrás  de  un  autor  doloso  siempre  queda  libre de responsabilidad en virtud de una  prohibición           de           regreso22.   

Claus  Roxin,  por  su  parte,  antepone a la  prohibición  de  regreso  el  criterio   del   “fomento  o  favorecimiento  de  la  perceptible        inclinación       al       hecho       delictivo”23,  según  el  cual  tanto el  principio  de confianza como cualquier riesgo permitido quedarían desvirtuados,  y  por  lo  tanto  no habría razón alguna para excluir una imputación por una  conducta  punible  imprudente,  “cuando un sujeto que  actúa   sin   dolo   ha   creado   el   peligro   intolerable   de   un  delito  doloso”24.   

3.4. La Sala Penal de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  no ha sido en modo alguno ajena al tema de los  criterios  reguladores de la imputación objetiva y, en particular, ha señalado  sobre  la  actual  concepción  de  la  prohibición de  regreso lo siguiente:   

La teoría de la prohibición de regreso, de  larga  data  –hecha en sus  inicios  para  corregir  la  teoría  de  la  equivalencia de las condiciones en  materia    de   causalidad   material–,  afirma  que  cuando  una  persona  realiza  una conducta dolosa,  irrelevante  o  inocua  para  el  derecho penal, y con ella facilita, propicia o  estimula  la comisión de un delito doloso o culposo por parte de otra, no le es  imputable   el   comportamiento   criminoso   de   esta   última,  excepto  si  tiene  posición  de  garante, excede los límites del  riesgo  permitido  y  conoce  la  posibilidad  de  comisión  de delito doloso o  culposo   por   parte   de   la   otra  (subraya  la  Corte)25.   

3.5. En este orden de  ideas,  salta  a  la vista que la impunidad que proponía la vieja teoría de la  prohibición  de regreso para  las  participaciones  imprudentes  en  los  hechos  dolosos  no  es ni puede ser  sostenida   hoy   en  día  de  manera  absoluta  por  la  doctrina  ni  por  la  jurisprudencia,  pues,  como  se  acabó de contemplar, depende más que todo de  valoraciones  relativas  a la posibilidad de que se pueda atribuir el hecho a su  autor,  como  la  posición  de  garante,  el principio de confianza y el riesgo  permitido, entre otros criterios de imputación objetiva.   

3.6. En el asunto que  concita  el  interés  de  la  Sala,  la  actuación  imprudente por parte de la  doctora  CERGINA  ANDRADE  PINTO  (que  por cierto no fue cuestionada de ninguna  manera   por   parte   del   recurrente)   se  encuentra  probada,  entre  otras  circunstancias, por las siguientes:   

     

a. La  Fiscal  Seccional  22 de Chiriguaná no aceptó la propuesta del  teniente  del  Ejército  Nacional  Carlos Fernando Arias Cendales de escoltar y  transportar    la   mercancía   incautada   a   la   sede   de   la   DIAN   en  Valledupar.     

En  efecto, la oferta que le hizo el oficial  del  Ejército  a la procesada está demostrada no sólo por las manifestaciones  que   bajo   la   gravedad   del  juramento  hizo  el  primero  en  ese  sentido  (“le   ofrecimos   garantizar   la  seguridad,  del  movimiento  de dicha mercancía, hasta Valledupar, para colocarlo a disposición  de  la DIAN, la doctora dijo que no, que los dueños de la mercancía ya habían  contratado  una  bodega  para  el almacenamiento de ésta y nos hizo desplazarla  hasta   esa   bodega   en   Chiriguaná”26),   sino  además  por  la  constancia que expresamente consignó el militar en el escrito  de  fecha  28  de  febrero  de  2000 mediante el cual dejó a disposición de la  Fiscalía  los  bienes  incautados  (“2) Se ofreció  escoltar  la  mercancía  para  ponerla  a disposición de la DIAN en Valledupar  como  sugerencia,  la  cual  no  tuvo  aceptación  por  parte  de  la Fiscal 22  Seccional      [de]      Chiriguaná”27), e incluso  por   los   testimonios   de   oídas   del  procurador  Atilio  Araújo  Murgas  (“me manifestó el oficial militar que le explicaban  que  recibiera  la  mercancía  y,  una vez relacionada, que ellos le hacían el  favor  y se la trasladaban a Valledupar, petición y disponibilidad por parte de  los    militares    que    no   fue   acatada   por   la   Fiscalía”28)  y  de la funcionaria de la  DIAN  Valledupar  Martha  Calderón  Peñaranda  (“el  comandante  me  contó  que  le  había  dicho  a  la Fiscal que le entregara la  mercancía,  que  le  devolviera  la  mercancía,  porque  la  iba  a  llevar  a  Valledupar  y  según  el  mismo  comandante  la Fiscal se negó a entregársela  porque    ya    la   había   recibido”29).   

Ante  la  contundencia  de  las  referidas  pruebas,  no  sobra  agregar  que  para  nada  resulta atendible el relato de la  procesada  CERGINA  ANDRADE  PINTO, en el sentido de que ni la conversación con  el  teniente Arias Cendales ni la propuesta de trasladar la mercancía incautada  a  la  DIAN  Valledupar  alguna  vez  existieron,  máxime  cuando  el  único e  insuficiente  argumento  que  esgrimió  para  desestimar  las  afirmaciones del  militar  consistió  en  señalar  que  en  su relato él la describió en forma  inusitadamente  detallada,  pues  incluso se refirió a las cicatrices que tiene  en  las piernas, las cuales ella siempre se ha cuidado de ocultarlas30.   

     

a. La  Fiscal  22  Seccional  aceptó  la oferta que le hizo el abogado  defensor  Fidel  Antonio Rocha Díaz de depositar la mercancía incautada por el  Ejército en un inmueble abandonado de propiedad de su hermana.     

En efecto, el hecho de que la casa situada en  la  carrera  4ª con calle 8B de Chiriguaná pertenece a una persona allegada al  abogado  de  los  detenidos  Fidel  Antonio Rocha Díaz se halla probado por las  declaraciones  de  Martín Muñoz Cuadro (“[e]sa casa  creo   que   era   de   una   hermana   del   doctor   Fidel   Rocha”31)  y  Pedro  Hernán  Pérez  Cogollo    (“[e]sa    casa    era    de    Yolanda  Rocha”32), e incluso por la admisión  de  la  referida  circunstancia por parte de la doctora CERGINA ANDRADE PINTO en  diligencia      de      ampliación      de     indagatoria     (“Preguntado.  ¿Por qué razón se guardó la mercancía incautada en  casa  perteneciente  a  una  hermana  del  doctor Fidel Rocha Díaz si éste era  sujeto  procesal?  Contestó. En Chiriguaná es muy difícil, y en esos momentos  más,  de  conseguir  una  casa  o  una  bodega  que  no había para guardar esa  mercancía  y  en  esos momentos hicieron el ofrecimiento de esa casa que estaba  desocupada,  que  creo que era la única”33).   

     

a. Al  momento  de  realizar  la  inspección de fecha 29 de febrero de  2000     sobre     los     bienes     incautados34,  la funcionaria instructora  dejó  constancia  en el sentido de que el inmueble de la calle 4ª con calle 8B  esquina  no  sólo  correspondía  a “una casa que se  encuentra  desocupada  y  en reparación”35  sino  que  además   presentaba   “muy  poca  seguridad  a  la  mercancía”36.     

     

a. Por  último,  la  única medida de seguridad que la doctora CERGINA  ANDRADE  PINTO  solicitó  para la protección de la mercancía incautada fue la  que  aparece  en la resolución de fecha 29 de febrero de 2000, mediante la cual  solicitó  a  la  policía  de  Chiriguaná  que  prestara  vigilancia  sobre el  inmueble37.     

Del  cumplimiento  de  dicha  solicitud,  el  vigilante  Martín  Muñoz  Cuadro señaló que lo único que hacía la policía  era  patrullar  al frente de dicho inmueble, sin detenerse, en horas de la noche  (“[l]a  policía  no  envió agentes para cuidar esa  casa,  la  policía sí pasaba por allí, en horas de la noche, medio proparaban  [sic] la patrulla y seguían,  nunca   preguntaron   por   nada,   tampoco   llegaron   a   descender   de   la  patrulla”38).  Por  su  parte, el vecino  del  sector  Pedro  Hernán  Pérez  Cogollo, que ayudó con la vigilancia de la  vivienda,  indicó  que  jamás  vio  a  patrulleros de la policía vigilando el  inmueble  (“[n]unca  vi  presencia  de  la  Policía  Nacional     cuidando     esa    casa”39).   

3.7.  Ahora bien, a  pesar  de  que  en  la  conducta  culposa  que se le achaca a la doctora CERGINA  ANDRADE  PINTO  medió  para la pérdida o sustracción de los bienes que tenía  bajo  su  custodia  material  la  intervención dolosa de terceros (para quienes  resulta   predicable   la  realización  conjunta  del  delito  de  hurto  calificado  y  agravado), la Sala no  reconocerá   prohibición  de  regreso  alguna  en  este  caso,  en la medida en que el resultado típico le  resulta  a  todas  luces  imputable  a  la  procesada  desde  un  punto de vista  objetivo. Veamos:   

     

a. La        funcionaria       instructora       era       garante  de los bienes que le habían sido  puestos a disposición por parte del Ejército Nacional.     

Dicha  posición  de  garante  se  encuentra  fundamentada  en  el  deber  institucional  contemplado  en  el  numeral  4  del  artículo  33  del  decreto 261 de 22 de febrero de 2000 (vigente para la época  en     que     se    presentaron    los    hechos40),  que  establece  que  las  unidades  de  fiscalías  adscritas  a  las  direcciones  seccionales  tienen la  obligación  de  realizar, por intermedio de los Fiscales que las conforman, las  “actuaciones  inherentes  a la investigación de los  hechos  punibles,  de  conformidad  con  la  ley”. Lo  anterior,  en  armonía  con la función prevista en el artículo 64 del Código  de  Procedimiento Penal, que trata sobre el deber de devolver los objetos que no  se  requieran para la investigación o que no hagan parte del objeto material de  la conducta punible.   

     

a. La   doctora  CERGINA  ANDRADE  PINTO,  con  su  actuar  imprudente,  excedió con creces los límites del riesgo permitido.     

Por  un  lado,  al  rechazar  la  oferta del  Ejército  Nacional  de trasladar de manera inmediata los bienes a la sede de la  DIAN  Valledupar  y  al  aceptar  en  su  lugar la propuesta del defensor de los  detenidos  de  depositarlos  en  la casa abandonada e insegura de su hermana, no  sólo  obró  de  manera  irrazonable,  sino que también se alejó del estricto  acatamiento  a  los principios rectores del procedimiento penal (que le exigían  actuar  con  imparcialidad,  transparencia  y  celeridad  en el ejercicio de sus  funciones),  pues  una  cosa  es  confiar  en  la  buena fe y lealtad de quienes  intervienen  en  el  proceso  y  otra  cosa muy distinta es dejar en manos de la  defensa     el    objeto    material    de    un    delito    de    contrabando en un inmueble abandonado y en  reparación  que  ella  misma  reconoció  que no podía brindar la más mínima  protección.   

La  procesada  se  apartó  asimismo  de los  postulados  propios  de  la  función  pública,  pues, aun en el caso de que la  oferta  del defensor fuese igual de razonable en términos de seguridad a la que  le  planteó  el  Ejército  Nacional,  tenía  que preferir ésta por encima de  aquélla,  como quiera que el inciso 2º del artículo 113 de la Carta Política  dispone  que  los  diferentes órganos estatales deben colaborar armónica-mente  para la realización de sus fines.   

Por  otro lado, a la doctora CERGINA ANDRADE  PINTO,  una  vez  tuvo conocimiento de las precarias condiciones de seguridad de  la  vivienda localizada en la carrera 4ª con calle 8B, pero sobre todo después  de  haber  constatado  que  por  lo  menos  hubo  una  tentativa  de sustraer la  mercancía  incautada,  le  era  jurídicamente  exigible  adelantar  todas  las  medidas  que  fuesen  necesarias  en  aras  de  garantizar de manera efectiva la  protección  de  los  bienes  puestos  a  su  cuidado, pero, como se reseñó en  precedencia,  lo  único  que hizo al respecto fue oficiar por una sola vez a la  comandancia  de  policía  de  Chiriguaná  cuando  ordenó  la  apertura  de la  instrucción.   

     

a. La  procesada  no  sólo  creó un riesgo jurídicamente desaprobado  con  relación a la protección de la mercancía que tenía a su cargo, sino que  dicho  peligro  se  realizó  en  el  resultado  consistente  en  la  pérdida o  sustracción de la misma.     

En   efecto,  todas  y  cada  una  de  las  actuaciones  imprudentes  realizadas  por la doctora CERGINA ANDRADE PINTO en la  custodia  material  de  la  mercancía  incautada  condujeron de manera casi que  necesaria  a  la  realización  del  delito doloso. Hubo, entonces, lo que Roxin  define  como  un  fomento a la perceptible inclinación del hecho delictivo o lo  que  Jakobs  trata  como  un  reparto  de  trabajo en el que, para la situación  particular   de   la   procesada,   no  concurrió  el  elemento  subjetivo  del  dolo.   

En  síntesis,  el  resultado  típico  le es imputable a la autora imprudente en este asunto porque  ella,  que estaba obligada a evitarlo, creó riesgos no permitidos que sin lugar  a dudas propiciaron su consecución.   

3.8.  No es cierto,  entonces,  tal  como  lo  adujo  el  recurrente, que la opinión dominante en la  doctrina  penal  contemporánea rechaza siempre y frente a todas las situaciones  la  punición  de  una participación imprudente en un delito doloso, ni tampoco  ha  sido Günther Jakobs el único en presentar una propuesta en ese sentido, ni  mucho  menos  tal postura obedece a un funcionalismo radical que ha sido pensado  única  y exclusivamente para una sociedad como la alemana, pues, como se acabó  de  exponer  en  precedencia, autores de la talla de Roxin y Jescheck, que creen  en  un  Derecho  Penal  fundado  en  el  respeto  a  la dignidad de la persona y  orientado   hacia   la   protección   subsidiaria  de  bienes  jurídicos,  han  contemplado  desde  el  punto  de  vista  dogmático  tal  necesidad  cuando  la  producción  del  peligro por parte del autor imprudente resulta intolerable. Y,  en  todo  caso,  la  jurisprudencia  de  esta  Sala  en  sede de casación ya ha  planteado  el criterio de que se debe rechazar la aplicación de la prohibición  de regreso cuando se trata de  garantes  que exceden los límites del riesgo permitido y conocen la posibilidad  de  comisión  del  delito  doloso,  que  es  lo  que ha ocurrido con la doctora  CERGINA  ANDRADE  PINTO  respecto  de  los  bienes  que  fueron  puestos bajo su  cuidado.   

4.  De  la  pena  de  arresto impuesta por el  delito de peculado culposo   

La Sala, a partir de la sentencia de casación  de     fecha     19     de    julio    de    200641,    creó    una    línea  jurisprudencial  hasta el momento invariada, en el sentido de que debe aplicarse  la  pena  de arresto para el delito de peculado culposo  cuando  éste fue cometido en vigencia del decreto ley  100  de  1980, como quiera que a pesar del tránsito de legislación no hubo por  parte  del  legislador  despenalización  radical  de  la  pena  privativa de la  libertad.   

En  efecto,  la  Corte  expuso al respecto lo  siguiente:   

La  tercera  propuesta  de  intervención  oficiosa  se  refiere  a  la  pena  de  arresto  que  se  le  impuso  al  señor  ***,  que  si  bien estaba  prevista  en  el  Decreto  100  de  1980,  fue  suprimida  por  la  Ley  599 del  2000.   

Sobre  el  tema, dijo la Corte en sentencia  del 1º de junio del 2005, radicado 23.132:   

Resulta  necesario  precisar  que  ante  la  eliminación  de  la  pena  de  arresto  para los delitos contenidos en la parte  especial  del actual estatuto punitivo, no hay lugar a imponer pena privativa de  la  libertad  porque,  en  virtud  del principio de favorabilidad, no es posible  aplicar  una  pena que no está contenida en la norma que describe y sanciona la  conducta  respectiva,  ni  tampoco  la  contenida  en el actual Código Penal no  sólo  porque  resultaría  evidentemente  más  gravosa  que la dispuesta en la  legislación  derogada, sino porque sólo puede ser aplicada a delitos cometidos  dentro de su vigencia.   

Un  nuevo  examen  del  punto, sin embargo,  lleva  a  la Sala a reconsiderar esa tesis, para sostener ahora que como en todo  caso,  tanto en el anterior Código Penal como en el actual, la ley previó pena  privativa  de  libertad  para el peculado culposo, debe mantenerse la de arresto  aunque disminuida su cantidad, como se detallará adelante.   

En  efecto,  si  en aquella legislación el  hecho   estaba   sancionado  con  arresto  y en la de hoy con prisión,  se debe partir de que el legislador quiso hacer más severas las  consecuencias  punitivas  incrementando  cualitativa-mente  la  medida corporal.   

En este evento, sin embargo, entran en pugna  la  normatividad pretérita y la actual, conflicto de leyes que impulsa hacia la  pasada  para  utilizarla  ultractivamente pues es más benéfica que aquella que  ahora rige el tema.   

Como es claro, en los dos articulados se ha  previsto  pena  privativa  de la libertad, que, por tanto, se debe sostener pues  en  estricto  sentido  no  hubo  despenalización radical. Y como la anterior es  menos  gravosa que la vigente, a ella se debe acudir42.   

En este orden de ideas, no le asiste razón al  apelante  cuando  planteó  que el Tribunal a quo impuso una pena de arresto que  en  la  actualidad  no existe, pues es precisamente que, en virtud del principio  de  la  ley  penal más favorable, la sanción de arresto prevista en el Código  Penal  anterior  mantiene  efectos  ultra-activos respecto de la pena mucho más  grave  de prisión prevista en el artículo 400 del actual Código Penal, que al  igual que la primera sigue siendo privativa de la libertad.   

5. Conclusión  

Como consecuencia de todo lo expuesto, la Sala  confirmará  la  sentencia  de  primera  instancia de fecha 22 de junio de 2007,  proferida  por la Sala Penal del Tribunal Superior de Valledupar, en todo lo que  fue materia de impugnación.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

RESUELVE  

CONFIRMAR   la  sentencia  de  fecha  22  de  junio  de  2007,  proferida  por la Sala Penal del  Tribunal    Superior    de    Valledupar,    en    lo   que   fue   materia   de  impugnación.   

Contra  esta  providencia  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

Permiso  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                                                                 MARÍA  DEL  R. GONZÁLEZ DE L.   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                               JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                                       JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

           

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1   Folios   244-250  del  cuaderno  original  I  de  la  actuación  principal   

2 Folio 245 ibídem   

3 Folio  246 ibídem   

4 Folio  247 ibídem   

5 Folios 37-44 del cuaderno original II de los anexos   

6  Folios  466-474  del  cuaderno  original  II  de  la actuación principal. Es de  anotar   que   el   primer  folio  de  este  cuaderno  aparece  con  el  número  287.   

7 Folio  44 del cuaderno original II de los anexos   

8 Folio  470 del cuaderno original II de la actuación principal   

9  Folios  581  ó  563  del  cuaderno original III de la actuación  principal.  Es  de  anotar que dicho cuaderno comienza con un folio en el que se  anotó el número 494.   

10  Folio 583 ó 565 ibídem   

11   Folio   124   del  cuaderno  original  I  de  la  actuación  de  anexos   

12  Ibídem   

13  Folios 125-126 ibídem   

14  Folio 125 ibídem   

15   Folio   246   del   cuaderno   original   I   de  la  actuación  principal   

16 Folio 158 del cuaderno original I de los anexos   

17  Folio 73 del cuaderno original V de la actuación principal   

18  Folio 75 ibídem   

19  Folio  662  ó  664  del  cuaderno  original III de la actuación  principal   

20       Citado       por       Roxin,       Claus,      ‘Observaciones  sobre  la prohibición  de  regreso’, en Naucke,  Wolfang,  y  otros,  La  prohibición  de  regreso en  derecho  penal,  Universidad  Externado  de Colombia,  Bogotá, 1988, pág. 169.   

21  Jakobs,  Günther,  La imputación objetiva en derecho  penal,  Universidad  Externado  de Colombia, Bogotá,  1998, pág. 94.   

22  Ibídem,     pág.  96-97.   

23  Roxin,  Claus,  Derecho  penal.  Parte  general.    Tomo   I.   Fundamentos.   La   estructura   de   la   teoría   del  delito,   Civitas,   Madrid,   1997,  §  24,  27  y  ss.   

24  Ibídem,    §    24,  27   

25  Sentencia de casación de 4 de abril de 2003, radicación 12742   

26  Folio  640  ó  648  del  cuaderno  original III de la actuación  principal   

27  Folio 308 del cuaderno original I de los anexos   

28  Folio 265 del cuaderno original I de la actuación principal   

29  Folio 18 del cuaderno original IV de la actuación principal   

30  Folios 47-48 del cuaderno original IV de la actuación principal,  en  relación  con  la  descripción  presente en el testimonio obrante a folios  18-19 ibídem.   

31  Folio    563   ó   581   del   cuaderno   original   III   de   la   actuación  principal   

32  Folio    565   ó   583   del   cuaderno   original   III   de   la   actuación  principal   

33  Folio 297 del cuaderno original II de la actuación principal. Es  de  anotar  que  dicho  cuaderno  comienza  con  un folio anotado con el número  287.   

34  Folios 15-16 del cuaderno original I de la actuación de anexos   

35  Folio 16 ibídem   

36  Ibídem   

37  Folio 8 ibídem   

38  Folio  563  ó  581  del  cuaderno  original III de la actuación  principal   

39  Folio 565 ó 583 ibídem   

40  El  decreto  ley 261 de 2000 fue derogado por la ley 938 de 30 de  diciembre  de 2004, que comenzó a regir a partir de la fecha de su publicación  y que a su vez fue modificado parcialmente por la ley 1024 de 2006.   

41  Radicación  22263,  MM.  PP.  Álvaro  Orlando  Pérez Pinzón y  Marina Pulido de Barón.   

42  Ibídem.  En  el  mismo  sentido,  sentencia de casación de 3 de  agosto  de  2006,  radicación  24489;  sentencia  de segunda instancia de 24 de  enero  de  2007,  radicación  24638;  auto de 6 de febrero de 2007, radicación  26573; y sentencia de 16 de mayo de 2007, radicación 26126.     

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