28246(26-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28246  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 181.  

Bogotá,  D. C., septiembre veintiséis (26)  de dos mil siete (2007).   

VISTOS  

Decide  la  Sala  si  admite o no la demanda  presentada  por el defensor de JOSÉ AICARDO GONZÁLEZ  BRAND,  para  sustentar  el  recurso extraordinario de  casación  que  interpuso  contra  la sentencia del 8 de mayo del cursante año,  mediante  la  cual el Tribunal Superior de Buga, al revocar el fallo absolutorio  proferido  el  16 de marzo anterior por el Juzgado Tercero Penal del Circuito de  Palmira,  condenó  al procesado en mención a la pena principal de 112 meses de  prisión,  así  como  a  las accesorias de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas y privación del derecho a la tenencia y porte  de  armas,  la primera por el mismo término fijado para la sanción principal y  la  segunda  por  el  lapso  de  8  años,  como autor responsable del delito de  homicidio  tentado,  en  concurso con porte ilegal de armas de defensa personal.   

HECHOS  

Ocurrieron el 4 de mayo de 2006, en horas de  la   mañana,   en   la   ciudad   de   Palmira   (Valle),  cuando  JOSÉ  AICARDO  GONZÁLEZ  BRAND  y  otro  sujeto   arribaron   en   una   motocicleta   a   la  vivienda  de  Erika   Benavides  Velásquez,  quien  se  encontraba     con    su    novio    Jhony    Otero  Becerra.  Como  la  puerta  estaba  entreabierta,  el  acompañante    de    GONZÁLEZ   BRAND   penetró  en la casa portando un arma de fuego; sin embargo,  alertados  por  el  ruido del velocípedo, los novios reaccionaron de inmediato,  abalanzándose   sobre  el  intruso  y,  en  medio  del  forcejeo,  Jhony  Otero cayó de rodillas, momento en  que  el  agresor lo hirió en un hombro,  luego salió del lugar y, abordó  la motocicleta para emprender la huida.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Iniciada  la  respectiva indagación, la  fiscalía  solicitó audiencia preliminar con miras a obtener autorización para  capturar  a  JOSÉ AICARDO GONZÁLEZ BRAND.  La diligencia se llevó  a  cabo  el  5   de  octubre  de  2006 ante el Juzgado   

Cuarto  Penal  Municipal,  con  funciones de  control de garantías, cuyo titular accedió a la petición.   

2.   Producida  la  captura  del  entonces  indiciado,  el  10  de  octubre del citado año el Juez Segundo Penal Municipal,  con  funciones  de  control  de  garantías,  realizó audiencia preliminar para  legalizar  la  captura,  formular  la  imputación  y  definir la imposición de  medida  de  aseguramiento.  La fiscalía atribuyó los ilícitos de homicidio en  grado  de  tentativa  y  porte  ilegal  de armas de defensa personal y, por esas  mismas  conductas,  el  juez  profirió la medida de aseguramiento de detención  preventiva.   

3.  Presentado  el escrito de acusación, el  Juez  Tercero  Penal  del  Circuito  celebró  el  21  de noviembre siguiente la  respectiva  audiencia,  en  desarrollo  de  la  cual  la  fiscalía atribuyó al  procesado los delitos antes mencionados.   

4.  El  juez  de  conocimiento  realizó  la  audiencia  preparatoria  el  23  de enero de 2007 y, el 15 de febrero siguiente,  dio  inicio  al  juicio  oral,  concluyéndolo  el  1º de marzo postrero cuando  anunció  sentido  de  fallo  de  carácter  absolutorio.  Contra  la sentencia,  proferida  el  16  de  marzo,  interpuso recurso de apelación la fiscalía, por  cuya  vía  el  Tribunal  Superior de Buga revocó la absolución y profirió la  decisión   condenatoria   que   fue   objeto   del  recurso  extraordinario  de  casación.   

LA  DEMANDA   

          Un  cargo  formula  el  defensor  del acusado contra la sentencia de  segunda  instancia.  Lo  apoya  en la causal primera de casación prevista en la  Ley  906  de  2004,  a  cuyo amparo denuncia la violación directa de la ley por  aplicación  indebida  del  artículo  103  del  Código  Penal, que tipifica el  delito  de  homicidio y falta de aplicación de los artículos 111 y 112, inciso  1º ibídem, normas que reprimen el punible de lesiones personales.   

          Al  desarrollar  el reproche, empieza por señalar que no discute la  realidad  procesal  que  encontró  demostrada  el Tribunal. No obstante, es del  criterio  que  las  pruebas  no  muestran  con absoluta seguridad que el acusado  quisiera  a  toda  costa  dar  muerte  a  Jhony Otero  Becerra.  En su concepto, los elementos de convicción  solamente  acreditan  que  su  propósito  era  lesionarlo,  por considerarlo un  obstáculo  para  recuperar el amor de Erika Benavides  Velásquez,  con  quien había sostenido una relación  de noviazgo.   

          Según  el  demandante,  ese  propósito  surge de los hechos que el  fallador  encontró  probados,  pues,  de acuerdo con ellos, el acompañante del  procesado  contó  con  dos  oportunidades  para  atacar  de  manera mortal a la  víctima,  la  primera  cuando franqueó la puerta de acceso de la vivienda y la  segunda  cuando,  luego  del  forcejeo,  Otero Becerra  cayó  de rodillas a merced del agresor. En cualquiera  de  esas  dos  ocasiones,  añadió,  éste  pudo acabar con su vida y, si no lo  hizo, es porque ese no era su designio criminal.   

          A  tal  conclusión,  a  juicio  del  actor,  se arriba también con  fundamento  en  la  entidad de las lesiones, pues el afectado tan sólo recibió  un  disparo en el hombro izquierdo, que no le produjo daños en ningún órgano,  sino una incapacidad de treinta (30) días sin secuelas.   

          En  su  sentir,  los  celos  que  el  acusado  sentía  por la nueva  relación  amorosa  de  Erika  no  permiten  inferir  automáticamente,  como  lo  consideró  el  ad  quem,  que tenía la intención firme  de  buscar  la  muerte violenta de su rival. Su intención, insistió, era hacer  una  demostración  de  fuerza  para  intimidarlo  y  hacer  que  se  alejara de  aquélla.   

          Tras  cuestionar  los  razonamientos  expuestos por el Tribunal para  fundamentar     el    animus    necandi,  el  actor  le  reprocha también no hacer mención a los informes  técnicos  médico  legales  practicados  a  la  víctima  por  el  Instituto de  Medicina  Legal  y por el profesional Iván Rodríguez  Riaño,   informes   claramente  reveladores  de  que  Jhony  Otero  no  padeció  ninguna  lesión  de  carácter mortal, pues ni uno solo de sus órganos vitales  resultó  afectado  con  el  disparo  recibido,  amén  de  que  no  le quedaron  secuelas.  En  esa  medida,  no  le  parece  admisible  que se haya condenado al  acusado  por  tentativa  de homicidio, pese a que la lesión no tenía la virtud  de causarle la muerte.   

          Con  el  anterior  sustento,  solicitó  casar la sentencia y, en su  lugar,  dictar  el  fallo  de  reemplazo,  en  el cual se condene a JOSÉ  AICARDO  GONZÁLEZ  BRAND  por  el  delito  de  lesiones  personales,  cometido  en concurso con porte ilegal de  armas de defensa personal.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

          La  Sala  inadmitirá la demanda objeto de examen por las siguientes  razones:   

          La  jurisprudencia  de  la  Corte  tiene  ampliamente  precisado que  cuando  se  acude  a  la  violación directa de la ley, al actor le está vedado  desconocer  los  hechos  que  se  dieron por probados en la sentencia, así como  controvertir  el  mérito  que  el juzgador asignó a las pruebas recaudadas. En  consecuencia,  el  demandante debe limitarse a plantear una discusión puramente  jurídica,  orientada  a  acreditar que el fallador aplicó indebidamente, dejó  de    aplicar    o    interpretó   erróneamente   una   norma   de   carácter  sustancial.   

          En  el  asunto  sometido a estudio, el impugnante no cumple la regla  casacional   en   mención,   porque  aunque  empieza  el  desarrollo  de  cargo  advirtiendo  que  acepta  la realidad procesal contenida en el fallo, procede de  manera   diversa   cuando   controvierte  algo  que  para  el  Tribunal  resulta  incontrastablemente  acreditado  en  el  expediente,  es  decir,  que el acusado  trasladó  al  autor  de  la  agresión  hasta  la  vivienda de su exnovia en la  motocicleta  que  conducía,  con  el  fin  de  que  diera muerte a Jhony Otero Becerra.   

          Con  esa  forma de plantear la censura, era apenas normal que pasara  luego  a  discutir  las  inferencias  lógicas  con  las  cuales el ad    quem    sustentó   su   postura,  persistiendo  así  en  el desacierto técnico que se viene refiriendo. Por eso,  en algunos apartes de la demanda reflexiona de la siguiente manera:   

          “De  igual  manera, en la hoja 13 de la  sentencia,  el  Tribunal  señala  que ‘en  el  marco  de  amenazas previas lanzadas por JOSE AICARDO contra  Erika  y  especialmente contra su novio JHONY OTERO, la presencia de motocicleta  que  se  acerca  con  sigilo  y vigilante, (sic) la ejecución mancomunada de la  acción  en  la que uno de los autores se dirige a descerrajar disparos de armas  de  fuego  contra  la  víctima  mientras  el  otro aguarda cerca al lugar en la  motocicleta…’, tratando  de  mostrar  a  ultranza  la  intención homicida del procesado, lo que no puede  aceptarse  como  una  deducción  lógica y ceñida a la realidad fáctica, pues  JHONY  OTERO  fue  víctima de UN SOLO DISPARO de arma de fuego que no le causó  lesiones fatales en su humanidad”.   

         “También  afirma  la  sentencia  del  Tribunal  que ‘así las cosas, la realidad probatoria  comprueba  la  coautoría  delictiva del acusado JOSE AICARDO GONZALEZ, quien en  la  fecha  y  hora  de  la  delincuencia  cumplía  su función en la ejecución  delictiva  de  conducir la motocicleta en la que llevó al sitio donde estaba la  víctima  a  la  persona  que la atacaría mortalmente, misma a la que esperó y  recogió   para   huir   ambos   del   escenario   de   los   hechos’.  Mas  la  realidad  de  los  hechos  indica  con  total  claridad  que JHONY OTERO no fue sujeto de ningún ataque de  carácter  mortal,  pues  de  haber  sido  así  las lesiones padecidas habrían  tenido  otras  características, precisamente las que dan a una herida o lesión  la  virtud  de  producir  la  muerte,  como  cuando afectan órganos vitales del  cuerpo  o  como  cuando  dañan  partes  de  la humanidad de una persona como la  cabeza, el tórax o la espalda”.   

          Pero  el  actor no sólo controvierte el poder de convicción que el  juzgador  otorgó  a  los  medios  de  prueba,  sino  que  termina deslizando su  discurso  hacia  los terrenos de la violación indirecta, cuando aduce que en el  fallo  no  se hizo mención a los experticios técnicos recaudados en el juicio,  planteando  de  esa  manera,  aunque sin expresarlo, un error de hecho por falso  juicio  de  existencia, con evidente desconocimiento del principio de autonomía  que  gobierna  este extraordinario recurso, conforme al cual el desarrollo de la  censura debe corresponder con el motivo de casación invocado.   

          Es  más,  tampoco  desarrolla adecuadamente la violación indirecta  que  insinúa,  pues  omite  fundamentar la trascendencia del error, mediante su  confrontación  con el restante conjunto probatorio. En este sentido, se observa  que  si  bien,  a lo largo del reproche, el demandante se dedica a cuestionar el  valor  suasorio  que  el  sentenciador asignó a los elementos de juicio con los  cuales  sustentó  su decisión, en momento alguno indicó cuáles principios de  la  sana  crítica  resultaron  vulnerados  en dicha apreciación probatoria, ni  mucho  menos  la  forma  como  ello  ocurrió,  a  lo cual debió proceder si su  pretensión  estaba  encaminada  a  demostrar también la existencia de un falso  raciocinio1, como, igualmente, se infiere de la demanda.   

El  impugnante,  contrariamente, se limita a  exponer  su  propio  criterio  sobre el alcance demostrativo de las pruebas y lo  opone  al  del fallador, con la vana experiencia de que el suyo sea admitido por  la  Corte, olvidando que la sentencia viene precedida de la doble presunción de  acierto  y  legalidad, de manera que para derruirla debe acreditar la existencia  de errores trascendentes, a lo cual se sustrae.   

Como, por lo visto, el libelista no satisface  el  presupuesto  de  adecuada  sustentación que se deriva de lo dispuesto en el  artículo  183 de la Ley 906 de 2004, la Sala, conforme lo anunció, inadmitirá  la  demanda  presentada  por  el  defensor  del  procesado,  teniendo en cuenta,  además,  que  no  advierte  la  vulneración  de  garantías fundamentales, que  impongan   superar   los   defectos   formales   indicados   para   decidir   de  fondo.   

   

          Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación2,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –  siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –, el Magistrado disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en  los  debates  o  suscrito  la  providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por el defensor de  JOSÉ   ARCADIO   GONZÁLEZ  BRAND,  por  las  razones  expuestas en la anterior motivación.   

         De    conformidad    con    lo   dispuesto   en   el   inciso     segundo    del    artículo  184  de  la  Ley  906  de   2004  y,  en  los  términos  referidos  en  el  acápite   final   de   esta  determinación,  contra  la    misma    procede  la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

Cita medica  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO         J.             IBÁÑEZ        GUZMÁN                  JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS             

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                      JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                             JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1  Se  trata  de  un  error  de  hecho que, como lo tiene dicho la jurisprudencia de la  Corte,  se presenta cuando el juzgador vulnera ostensiblemente los principios de  la  sana  crítica  integrados  por las reglas de la experiencia, los postulados  lógicos y las leyes de la ciencia.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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