28120(26-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28120   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARIA DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado Acta No. 181.  

         

          Bogotá  D.C.,  septiembre veintiséis (26) de dos mil siete (2007).   

  VISTOS  

Decide  la  Sala  sobre  la  admisión de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado JORGE  HUMBERTO  VALBUENA BEDOYA contra la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior de Bogotá el 6 de febrero del  año  en  curso,  mediante  la cual confirmó la dictada por el Juzgado 44 Penal  del  Circuito de la misma ciudad el 10 de julio de la anualidad anterior, que lo  condenó,    junto   con   Edgar   Javier   Chamorro  Muñoz,  como  coautor  penalmente  responsable de los  delitos  de  hurto  calificado  agravado  y  porte  ilegal  de armas de fuego de  defensa personal.     

ANTECEDENTES  

Los   hechos   fueron  declarados  por  el  ad-quem,  de  la  siguiente  forma:   

“El 8 de enero de 2003, aproximadamente a  las   nueve  y cuarenta de la noche, en la entrada a la Unidad Habitacional  ‘Carlos     Lleras  Restrepo’  cerca  de  la  Terminal  de Transportes de Bogotá, la señora Rocío Pardo Cepeda se disponía  a  ingresar  al  parqueadero,  cuando  fue  abordada  por  tres  personas que se  desplazaban  en un vehículo sin identificar que le cerró el paso, siendo luego  despojada    mediante    violencia   –uso  de  armas  de fuego-, del vehículo de su propiedad, Chevrolet  Corsa,  rojo  perlado,  con  placas  de circulación BLB 310, modelo 2000;   también  fue retenida en contra de su voluntad por espacio de cuarenta minutos,  tiempo  en  el cual, a más de quitarle su bolso, dinero en efectivo ($ 200.000)  y  efectos  personales,  le  retiraron  de  sus cuentas de ahorros, a través de  cajeros electrónicos, la suma de un millón de pesos.   

El  10  de  enero  de  2003,  la  Unidad de  Automotores  de  la  SIJIN  MEBOG,  fue  informada  vía telefónica, acerca del  ingreso  de  un vehículo al parqueadero público ubicado en la diagonal 52, con  carrera  25,  barrio  El  Carmen  de  esta  ciudad,  el cual había sido hurtado  mediante  la  modalidad  de  atraco,  indicándoseles  que  llegarían  personas  pertenecientes  a  la agrupación criminal con el fin de cambiarle las placas de  circulación  del  automotor,  razón  por  la  cual  se  dispuso  verificar  la  información  y  una  vez  en  el lugar, los agentes del orden establecieron que  allí estaba guardado el Chevrolet Corsa que había sido hurtado.   

Se estableció vigilancia en el parqueadero  y  se  determinó la llegada de dos personas, una de las cuales llevaba un juego  de  placas  para vehículo, certificado de gases, licencia de tránsito y seguro  obligatorio,  verificándose  así  la captura de Edgar Javier Chamorro Muñoz y  de  JORGE HUMBERTO VALBUENA BEDOYA, quienes estaban a cargo del rodante, además  fueron  aprehendidos  Miguel  Ángel  Rodríguez  Lara  e Ismael Cardoza Guasca,  quienes    eran    los   vigilantes   del   aludido   parqueadero”.     

Con   fundamento  en  los  acontecimientos  narrados  en  precedencia, se decretó la apertura formal de instrucción penal,  a  la  cual  fueron  vinculados,  mediante  indagatoria,  todos  los  ciudadanos  capturados.   

Posteriormente, a los procesados Edgar        Javier        Chamorro       Muñoz       y   JORGE   HUMBERTO   VALBUENA   BEDOYA  se  les  definió  situación  jurídica con medida de  aseguramiento       de       detención      preventiva,      con      beneficio  de       excarcelación,   esto   último  en  virtud  a  la  restitución  integral  del  objeto material del delito y a la indemnización de  perjuicios.   

  Una vez clausurada la instrucción, el  11  de  agosto de  2003 se calificó el mérito del sumario con resolución  de  acusación  en  contra  de  los  dos  últimos  mencionados  como  presuntos  coautores  de  los  delitos de hurto calificado agravado y porte ilegal de armas  de   fuego   de   defensa  personal,  mientras  que  en  favor  de  Miguel  Ángel  Rodríguez Lara e Ismael Cardoza Guasca se dictó preclusión de investigación.   

Ejecutoriado  el  calificatorio, la fase del  juzgamiento  correspondió  al  Juzgado  44  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad.    Dicho   despacho,   luego   de   imprimir   el   trámite  legal  correspondiente,  dictó  sentencia  mediante  la  cual  condenó a Chamorro      Muñoz     y  VALBUENA  BEDOYA  a la pena principal de  cuarenta  y dos (42) y cuarenta y cinco (45) meses de prisión, respectivamente,  y  a la accesoria de   interdicción de derechos y funciones públicas  por  un tiempo igual.  Del mismo modo, se abstuvo de condenarlos al pago de  perjuicios,  al tiempo que les negó la suspensión condicional de la ejecución  de la pena y la prisión domiciliaria.   

La  anterior  decisión se confirmó el 6 de  febrero  del  año  en  curso por el Tribunal Superior de Bogotá, en virtud del  recurso  de  apelación  promovido  en  forma  exclusiva  por  el  defensor  del  procesado       VALBUENA      BEDOYA.    

En    desacuerdo    con   esta   última  determinación,  nuevamente  el  mismo  sujeto  procesal, interpuso y sustentó,  mediante  demanda,  recurso  extraordinario  de casación discrecional contra la  sentencia  de  segunda  instancia. Sobre la admisión de ese escrito se ocupa la  Sala en esta providencia.    

LA DEMANDA  

          En  el  acápite  introductorio  del  escrito,  el representante del  procesado  JORGE HUMBERTO VALBUENA BEDOYA manifiesta  que  actúa  “con base en lo  dispuesto  por  el art. 205 inciso tercero, valga decir se trata de un libelo de  carácter      discrecional     para     crear     jurisprudencia”.            

         Más  adelante,  formula  un único cargo contra el fallo de segundo  grado  con fundamento en la causal primera, motivo segundo, del artículo 207 de  la Ley 600 de 2000.   

          Para  el  actor,  el  yerro  se  configura  por  cuanto “las  sucesivas  pruebas  surtidas  a  lo  largo  de  las  etapas  procesales,    no    sustentan    con    suficiencia    la   tipificación   del  delito”.     

          Refiere,   acto   seguido,   a   las  declaraciones  de  quienes  se  desempeñaban  como  vigilantes  en  el  lugar donde se produjo la captura de su  prohijado,  porque  “nunca  se  establece  que  con  anterioridad   a  la  captura  el  señor  VALBUENA  BEDOYA,  este  (sic)   se  presentara  con  el  rodante  hurtado dos días antes”.   

A  partir  del  contenido  de  los medios de  prueba,   añade,   es  evidente  que  el  fallador  incurrió  en  “vía    de    hecho    por    interpretación   errada   de   la  prueba”,  en tanto existe un vacío probatorio, pues  “en  ninguna  de  las  oportunidades procesales que  hubo  para  la práctica de las pruebas, se alego (sic)  las    fundamentales    que    exige   (sic)  los  tipos  citados”.   

Hace alusión al hecho de no estar demostrado  que  su  defendido  haya  despojado a la señora Pardo  Cepeda  de  su  propiedad  sobre  el vehículo, habida  cuenta  no  fue  capturado  en  flagrancia,  ni tampoco determinó esa conducta,  siendo    aprehendido    dos    días    después    de   ocurrido   el   suceso  delictivo.   

Además, llega a igual conclusión porque los  capturados  tenían en su poder, al momento de la captura,  placas falsas y  documentos  para  facilitar  la  circulación  del  vehículo, con lo cual surge  claro  que el delito por el cual se les debe condenar es el de receptación y no  el de hurto.   

Por  consiguiente,  a su juicio “existe   violación   de  la  norma  sustancial,  por  falta  de  aplicación,    lo    que    supone   un   yerro   de   hecho   y   de   derecho  conjuntamente”;  sin embargo, afirma que opta por el  último  en  mención,  al  ser  obvia  la  falta  de  aplicación  de  la norma  correspondiente al caso.   

Tampoco,   advierte,   se   puede  deducir  responsabilidad  por  el  delito  de hurto con base en los informes de policía,  pues  ellos “hacen parte de la infracción que aquí  nunca se discutió”.   

A   partir,  entonces,  de  la  que  llama  “pobreza probatoria que rodea la actuación estatal  en   la   investigación   de  responsabilidad”,  el  demandante  estima  necesario casar el fallo “porque  en    Colombia,   la   tipicidad   inequívoca   es   base   de   la   seguridad  jurídica”.    En  consecuencia,  concreta  su  solicitud  a  que  se “case la sentencia, decretando  la  nulidad  antes incoada por haberse dictado una sentencia equivocada conforme  a  derecho, absolviendo por tal razón al señor JORGE HUMBERTO VALBUENA BEDOYA,  dictando     la     sentencia     que     corresponde    conforme    al    cargo  formulado”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

Cuestión  previa:            

El  defensor  del  procesado  JORGE  HUMBERTO VALBUENA BEDOYA selecciona  la   denominada   vía  discrecional  o  excepcional  para  acceder  al  recurso  extraordinario  de  casación,  sin  reparar que en este evento no era necesario  acudir  a ella por cuanto procedía la impugnación tradicional y aun cuando esa  falencia  por  sí misma no perjudica la admisibilidad del libelo, su precisión  es  necesaria  a  fin  de  establecer  cuáles  son  los parámetros ha tener en  consideración   para   acometer   este   estudio.        

   

Ciertamente,  de  conformidad  con el inciso  primero  del  artículo  205  de  la  Ley  600  de  2000, normativa procesal que  regulaba  la  procedencia del medio extraordinario de impugnación para la fecha  en  la  cual tuvieron ocurrencia las conductas imputadas, esto es, el 8 de enero  de   2003,  y  que  hoy  se  mantiene  vigente,  éste  es  viable  “contra  las  sentencias  proferidas en segunda instancia por los  Tribunales  Superiores  de Distrito Judicial y el Tribunal Penal Militar, en los  procesos  que  se  hubieran adelantado por los delitos que tengan señalada pena  privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo  exceda  de ocho años”.   

En consecuencia, tanto porque la sentencia de  segunda  instancia  contra la cual se interpone el recurso fue proferida por una  de  las  autoridades señaladas en la norma (Tribunal Superior de Bogotá), como  porque  el  delito  de  hurto  calificado agravado por el cual se condenó a los  procesados  cumple  con el requisito punitivo, en este caso es procedente acudir  a  la  casación  normal  o  tradicional  y  no  necesariamente  a  la modalidad  excepcional.   

En punto del requisito de la punibilidad, por  cuanto  dicha  conducta  delictiva se sanciona con una pena máxima de doce (12)  años  de prisión (arts. 240 y 241 de la Ley 599 de 2000), monto que supera con  creces el exigido legalmente.   

Por razón de lo expuesto, surge diáfano, se  insiste,   que   el   demandante  podía  acceder  al  medio  extraordinario  de  impugnación  sin  necesidad  de  acudir  a la posibilidad prevista en el inciso  tercero  del  aludido  artículo  205  de  la  Ley  600  de 2000, según el cual  “de  manera excepcional,  la  Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, discrecionalmente, puede admitir  la  demanda  de casación contra sentencias de segunda instancia distintas a las  arriba  mencionadas,  a  la  solicitud  de cualquiera de los sujetos procesales,  cuando  lo  considere  necesario  para  el  desarrollo de la jurisprudencia o la  garantía   de  los  derechos  fundamentales,  siempre  que  reúna  los  demás  requisitos exigidos por la ley”.   

De otro lado, ninguna relevancia tiene que el  delito  de  porte  ilegal  de armas de fuego de defensa personal, concurrente en  este  caso  con  la  conducta  contra  el patrimonio económico, no satisfaga el  condicionamiento  punitivo,  pues por tratarse de delitos conexos la posibilidad  de  acudir  al  recurso,  como  lo tiene sentado la Sala, se hace extensiva para  todos.   

Ahora, como no existe duda alguna en cuanto a  que  la  vía  tradicional  de casación es menos exigente que la excepcional en  punto  de  la  admisión del libelo presentado para sustentarlo, pues a la carga  lógica  y argumentativa que debe exhibir cualquier demanda de casación se suma  la  de  persuadir  a  la  Corte  sobre  el  cumplimiento  de los motivos legales  previstos  para  franquear  su acceso, se impone reconocer que en el caso objeto  de  estudio  el  recurso  extraordinario no debía sujetarse a los requisitos de  esta  última  sino  a  los de aquella. Por consiguiente, de conformidad con sus  presupuestos, se analizará la demanda presentada.   

Análisis   de   los   presupuestos   de  admisibilidad:   

El  libelo  allegado  por  el  defensor  del  procesado         JORGE  HUMBERTO   VALBUENA   BEDOYA   no   cumple   con  los  presupuestos  previstos  para  su admisión en el artículo 212 de la Ley 600 de  2000  y,  en  esa  medida,  la  decisión  a adoptar es la de inadmitirla.    

A  tal  conclusión se llega con sustento en  los siguientes razonamientos:   

1.  El único cargo propuesto en la demanda,  sea  lo  primero  señalar, cuyo fundamento radica en la violación indirecta de  la  ley  sustancial por indebida apreciación de las pruebas, no señala ninguna  preceptiva con ese carácter.        

     

La   única  referencia  al  respecto,  se  encuentra  en  la parte final de la censura, en donde se indica que “existe   violación   de  la  norma  sustancial,  por  falta  de  aplicación,    lo    que    supone   un   yerro   de   hecho   y   de   derecho  conjuntamente”, sin que a lo largo de la exposición  se aluda, en concreto, a alguna disposición de esa índole.   

El   anterior   defecto,  dada  la  causal  seleccionada  para  emprender  el  reparo,  cuya  esencia radica precisamente en  demostrar  la trasgresión de preceptivas con carácter sustancial, se torna por  sí  solo  suficiente  para inferir que la censura no satisface los presupuestos  de  admisibilidad  exigidos  legalmente,  por virtud de lo normado en el numeral  3°  de la disposición referida, según el cual la demanda de casación deberá  contener  “la  formulación  del cargo indicando en  forma  clara  y  precisa  sus fundamentos y las normas  que  el  demandante  estime  infringidas” (subrayas  fuera   de   texto).    

Sin  embargo, es preciso acotar que ésta no  es  la única falencia del escrito par arribar a la misma conclusión, como pasa  a verse a continuación.   

2. No obstante la poca claridad del libelo en  punto  del   motivo  específico  de  la  causal  de  violación  de la ley  sustancial  invocado  para  enderezar  el  reproche, pues no obra manifestación  expresa  al respecto, la referencia a errores del fallo en la apreciación de la  prueba  conduce  a  entender  que  se  acude  a  la  senda  indirecta  para  tal  propósito.       

Pero  la  Sala advierte una falencia mayor e  insuperable,  derivada  de  que  el  casacionista  en forma reiterada alude a la  incursión  en  errores  de hecho y de derecho simultáneamente aun cuando luego  manifiesta   que   opta   por   el   segundo  porque  el  juzgador  “deja  de  aplicar  la  norma  adecuada  para  aplicar  la que no  corresponde”.   

Esa  referencias  ponen  en  evidencia  su  confusión  en  torno  a  la  naturaleza de los diversos errores de apreciación  probatoria  con  la  entidad  de  afectar  la legalidad del fallo, motivo por el  cual,  una  vez más, se encuentra necesario recordar el concepto de cada una de  las  modalidades  previstas para tal efecto, verbigracia, el error de hecho (por  falsos  juicios  de  existencia,  raciocinio  e  identidad)  y de derecho (falso  juicio  de legalidad y de convicción), así como la forma de demostrarlos, para  de  ahí  establecer  el  gran  distanciamiento  con  la ambigua exposición del  libelo.   Se  empezará  con  lo  pertinente a las modalidades del error de  hecho y luego con las del error de derecho.    

Así, el denominado error de hecho por falso  juicio  de  existencia  se  produce  cuando un medio de prueba es excluido de la  valoración  efectuada por el juzgador no obstante resultar incidente de cara al  fallo  impugnado  (ignorancia u omisión) o porque el juzgador lo inventa o crea  a  pesar  de  no  existir  materialmente  en  el proceso, otorgándole un efecto  trascendente en la sentencia (suposición o ideación).   

En  este caso el recurrente está obligado a  identificar  el  medio  de prueba a su juicio omitido o supuesto;  luego de  ello,  debe  establecer  su  incidencia de cara a la decisión atacada y a favor  del  interés representado, señalando las normas sustanciales que a su criterio  fueron  aplicadas  indebidamente  o  dejadas  de  aplicar,  lo cual, además, le  impone  demostrar  que  la determinación no se mantiene con fundamento en otros  medios de persuasión.        

Por  su  parte,  el error de hecho por falso  raciocinio  se  origina  cuando  el  sentenciador  aprecia  prueba  trascendente  desconociendo  las  reglas  de  la  sana crítica, esto es, postulados lógicos,  leyes científicas o máximas de la experiencia.   

En   tal   supuesto,   le  corresponde  al  casacionista  señalar  qué  dice  concretamente  el  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado  y,  desde luego, determinar el postulado lógico, la ley científica o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta e identificar la norma de derecho  sustancial  que indirectamente resultó excluida o indebidamente aplicada.   Finalmente,   deberá  demostrar  la  trascendencia  del  error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la  adecuada  apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un   fallo   esencialmente   diverso   y   favorable   a  los  intereses  de  su  representado.   

La  última  de las modalidades del error de  hecho  es  por falso juicio de identidad, el cual se concreta cuando el juzgador  tergiversa  o  distorsiona el contenido objetivo de la prueba para hacerla decir  lo  que  ella  no  expresa  materialmente. En este evento, se le exige al censor  identificar   la  prueba  sobre  la  cual  recae  la  incorrección  denunciada;  posteriormente,  debe  revelar  lo  que fidedignamente dimana de ella de acuerdo  con  su  estricto  contenido  material,  a  lo  cual  se  suma la obligación de  precisar  en dónde radicó la tergiversación, bien porque se suprimieron u ora  porque  se  agregaron  apartes  de  su  contexto  con  lo  cual  se  le mutó su  sentido.   Pero  no  es  suficiente  con ello, pues al igual que en los dos  errores  anteriores,  ha  de  tratarse  de una prueba trascendente que afecte lo  declarado  en  el  fallo,  debiendo  en  esa  dirección  indicar  los preceptos  sustanciales  vulnerados  por  falta  de  aplicación  o  exclusión  evidente y  demostrar,  como  ya  se dijo, que la decisión no se mantiene por cuenta de los  demás medios de persuasión.   

    

Ahora  bien, cuando la propuesta versa sobre  un  error de derecho en la apreciación probatoria, quien lo propone está en el  imperativo  de  demostrar que se incurrió por el fallador en un falso juicio de  legalidad o en uno de convicción.   

El  primero  tiene  ocurrencia  cuando  el  sentenciador  otorga valor a una prueba sin el cumplimiento de los ritos legales  exigidos  para su formación o aducción al proceso y, el segundo, se produce al  momento  de  valorar  una prueba haciendo caso omiso del predeterminado crédito  que  la  ley  le  ha  otorgado,  circunstancia que cobra gran importancia en los  sistemas  de  tarifa legal probatoria, en cuyo caso se deberá indicar cuál fue  el mérito otorgado a la probanza y el valor asignado por la ley.   

En  cualquiera de los eventos reseñados, no  está  demás insistir, el casacionista está en la obligación de demostrar que  el  yerro se concretó respecto de prueba trascendente o, dicho de otro modo, su  incidencia  para  modificar  en  forma  favorable a sus intereses los contenidos  declarados en el fallo que se impugna.   

El  recuento  anterior permite llegar a las  siguientes  conclusiones  en  relación  con  la demanda presentada a nombre del  procesado       VALBUENA      BEDOYA:   

En  primer  lugar,  confrontado su texto es  evidente  que  no se desarrolla ninguna de las referidas modalidades de error en  la  valoración  probatoria  ni  ningún  otro  yerro viable de postular en esta  sede.   

En  segundo orden, surge diáfano que en la  censura  no  se  comprenden  correctamente  las  nociones de error de hecho y de  derecho en la apreciación probatoria.   

Y,  en  tercer  término,  las  falencias  reseñadas  de  la  demanda no son exclusivamente de carácter enunciativo, pues  en  procura  de  sustentar los supuestos errores de valoración probatoria no se  argumenta  con  la  indispensable  suficiencia, lo cual contraría la naturaleza  rogada de este medio extraordinario de impugnación.   

En  efecto, el casacionista circunscribe el  ataque  a  señalar  de manera genérica que por no haber ocurrido la captura de  los  procesados  en situación de flagrancia y en consideración a los elementos  incautados  cuando  ella se produjo, así como por la incorrecta apreciación de  las  indagatorias  de los vigilantes del lugar en donde la misma tuvo lugar y de  los    informes    de    policía    –sin  que sobre estos últimos aspectos haya señalado alguna razón-  su  defendido  debe  responder  por  el delito de receptación y no por el hurto  calificado  agravado  deducido  en  el  fallo,  con  lo  cual  omite el deber de  argumentar adecuadamente la censura.   

Es  más,  la confusión del actor también  irrumpe  en  su  petición final, porque inexplicablemente solicita “la  nulidad antes invocada”, amén de  que  en  su contenido no refirió nada sobre ese particular y cuando, lo cual es  aún  peor,  acto  seguido  depreca la absolución de su defendido, pretensiones  que  no sólo son excluyentes entre sí, sino que además son inconsecuentes con  sus planteamientos.   

En  ese  orden de ideas, es evidente que la  decisión  a  tomar es la de inadmitir la demanda presentada por el defensor del  procesado  JORGE HUMBERTO VALBUENA BEDOYA  y  devolver  el  expediente  al  despacho  de  origen, tal como lo  señala    el    artículo    213   de   la   Ley   600   de   2000.  Además, porque no se advierte que  dentro  del  presente trámite y en la sentencia se haya incurrido en violación  de  garantías  fundamentales  que  reclame  la  intervención  oficiosa  de  la  Sala.   

         

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta   por   el  defensor  de  JORGE  HUMBERTO  VALBUENA  BEDOYA,  por  las  razones consignadas en la  anterior motivación.   

         Contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Cita medica  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                          MARÍA   DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                 JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANES              

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                         JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA       

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                JAVIER         ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

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