27939(05-12-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 27939  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado   Acta   N°  245   

Bogotá, D. C., cinco (5) de diciembre de dos  mil siete (2007).   

VISTOS:  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  la  demanda  de  casación presentada por el  defensor del procesado RAFAEL  ENRIQUE  GARCÍA  TORRES  contra la sentencia proferida el 23 de febrero de 2007  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá, Sala Penal de  Descongestión,  por  medio  de la cual modificó parcialmente la dictada por el  Juzgado   Sexto   Penal   del   Circuito   Especializado  de  la  misma  ciudad,  imponiéndole  como  pena  principal  132 meses de prisión y 17.166,66 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes, confirmando los demás ordenamientos, al  considerarlo   coautor   responsable  de  los  delitos  de  lavado  de  activos,  enriquecimiento   ilícito  de  servidor  público,  concierto  para  delinquir,  falsedad   material   en   documento   público,   destrucción,   supresión  u  ocultamiento de documento público y fraude procesal, en concurso.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL:   

1.  Los  primeros  fueron  descritos  en los  siguientes   términos   por  el  ad  quem:   

“Originó  el presente diligenciamiento el  informe  DAS.DGO.SIES.AIIE-232  emitido  por  el  Departamento Administrativo de  Seguridad  (D.A.S)  adiado el 17 de noviembre de 2004, en donde se notifica a la  Fiscalía  General  de la Nación de la realización de cambios y modificaciones  de  una  manera  irregular a los registros contenidos en la base de antecedentes  del  Sistema  de  Información del D.A.S.(SIFDAS), en él se señala que en esta  dependencia  se  estaban  divulgando  datos sin los procedimientos exigidos para  tal  fin;  igualmente  se vincula la citada actividad con una agrupación ilegal  de  carácter  internacional  dedicada al ingreso de capitales del extranjero al  territorio  colombiano,  a  través  de los denominados correos humanos y sin el  cumplimiento de los requisitos legales”.   

2.  La  información sirvió para que la Fiscalía, mediante resolución  del  17  de  noviembre  de  2004, ordenara el inicio de indagación preliminar y  luego,  el  26  de  enero de 2005,  la apertura  de instrucción en la  que  se  dispuso  escuchar  en  diligencia de indagatoria al antes mencionado, a  quien,  una  vez  cumplida  la  diligencia  de descargos, se le impuso medida de  aseguramiento   consistente   en   detención   preventiva   sin   beneficio  de  excarcelación.   

3. Luego de clausurada la instrucción, el 22  de  septiembre  de  2005,  se  profirió  resolución  acusatoria  en contra del  sindicado   por  el  delito  de  lavado  de  activos  en  concurso  con  los  de  enriquecimiento   ilícito  de  servidor  público,  concierto  para  delinquir,  falsedad   material   en   documento   público,   destrucción,   supresión  u  ocultamiento  de documento público y fraude procesal, determinación confirmada  por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Bogotá.   

4.  El  20  de  octubre  de  2006,  el  Juzgado Sexto Penal del Circuito  Especializado  de  Bogotá,  condenó  en  sentencia anticipada a RAFAEL ENRIQUE  GARCÍA  TORRES  como  coautor de los  delitos precedentemente indicados, a  las  penas  de  18  años  de  prisión, multa en cuantía de 67.333,34 salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes para la época de los hechos, la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por un  lapso  similar al de la pena principal, también la pérdida del empleo, y   le  negó  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena y la prisión  domiciliaria.   

5.  El  defensor del procesado presentó escrito de apelación contra la  anterior  decisión  solicitando  modificación de la dosificación punitiva. El  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  a  través  del  fallo recurrido en casación,  proferido  el  23 de febrero del presente año, modificó las penas impuestas en  el  sentido de tener como sanción a cumplir ciento treinta y dos (132) meses de  prisión,  multa  de  diecisiete  mil  ciento sesenta y seis coma sesenta y seis  (17.166,66)  salarios  mínimos legales mensuales vigentes, al igual que la pena  accesoria  y  confirmó  los  demás  ordenamientos  hechos  por el a quo.   

         

6.  El fallo anterior fue objeto del recurso  de  casación  por  parte  del  abogado de la defensa, el cual fue concedido por  el   ad  quem  mediante  auto  del  17  de  abril de 2007, luego de lo cual se enviaron las diligencias a  esta Corporación para los fines consiguientes.   

LA DEMANDA:  

1. Dos cargos propone el demandante contra el  fallo   impugnado   como   enseguida   se  sintetizan:   

1.1. Cargo primero:  se   enuncia  invocando  la  causal  primera  de  las  previstas  en  el  artículo  207 del Código de Procedimiento Penal de 2000, es  decir,  violación  directa  de  la  ley sustancial por falta de aplicación del  artículo  31  de  la  Constitución  Nacional que desarrolla el principio de la  reformatio       in      pejus,      consistente   en  no  adoptar  en  el  fallo  de  segunda  instancia  decisiones que hagan más gravosa la situación del apelante.   

1.1.1.  Sostiene  que  debe casarse el fallo  recurrido   porque   el   juez   colegiado   violó   el   mencionado  principio  constitucional,  pues  a  pesar de haber desestimado la causal de agravación de  “concurso  de  conductas  punibles”  -que  el a quo  consideró  en su providencia sin estar contemplada en  el  artículo  58  de la codificación sustantiva penal, para partir del máximo  punitivo  correspondiente  al cuarto mínimo del delito de lavado de activos, es  decir,  99  meses-  aplicó  en  toda su extensión la cifra de movilidad de los  cuartos,  27 meses, que resulta de restarle al extremo mayor la sanción menor y  la diferencia dividirla por 4: 180-72=108/4=27.   

1.1.2.  Explica  que  si  no  existía  la  agravante  aludida,  lo  correcto  hubiera  sido  que el Tribunal partiera de 72  meses  como  pena básica y no de los mismos 99 meses como lo hizo, para arribar  a  una pena definitiva de 144, producto de aumentar la primera cantidad “hasta  en  otro  tanto”,  acatando  lo  establecido  por  el artículo 31 del Código  Penal,  que  regula la individualización de la pena en el concurso de conductas  punibles,  cifra  que  reducida  en  la  tercera  parte,  por haberse acogido el  procesado  a la sentencia anticipada en la etapa del juicio, arrojaría un total  de sanción a imponer de 96 meses, esto es, 8 años de prisión.   

1.1.3.  Aunque  el  Tribunal rebajó la pena  privativa  de la libertad de 18 a 11 años, situación que daría lugar a pensar  que  no  hubo  reforma  en peor, lo hizo en aplicación del inciso 1° del   artículo  31  del  Estatuto  Penal  y  no  del  principio consagrado en similar  apartado  de  la  Carta  Política,  lo  cual  hubiera  permitido  realizar  una  disminución  mayor  de  la  sanción  básica  que a su vez repercutiría en la  imposición  de una pena definitiva muy inferior a la individualizada finalmente  por  el  ad quem.     

1.1.4.  Estima  improcedente lo dicho por el  Tribunal  Superior  referente  a  que  la  ponderación  de  la  pena se hallaba  contenida  en  el  acápite  4  del fallo de primera instancia, donde se alude a  la     responsabilidad  y  culpabilidad  del  acusado,  pues  así  se  desconoce  lo  contemplado  en el artículo 59 ibídem,  respecto  a que la imposición de la pena debe hacerse  de  manera motivada conforme a los criterios que para individualizarla prevé el  inciso 3° del artículo 61 in fine.   

1.1.5. Solicita casar la sentencia recurrida  para  que  se  modifique  la  pena impuesta al acusado atendiendo los argumentos  expuestos en la demanda.   

1.2.   Cargo   segundo:   lo   fundamenta,  igualmente,  en la causal primera del artículo 207 del Código de Procedimiento  Penal,    inciso    1°,    esto    es,    violación    directa   de   la   ley  sustancial     por  falta  de  aplicación  del  artículo 59 del  Código  Penal,  porque en  el  fallo no se expresaron los motivos del  incremento punitivo en razón del concurso de delitos.   

1.2.1.   Dice   que   la   Sala  Penal  de  Descongestión  del  Tribunal  Superior de Bogotá adicionó en 99 meses más la  pena  impuesta  a  GARCÍA TORRES por los delitos de enriquecimiento ilícito de  servidor  público,  falsedad  material  de  documento  público, concierto para  delinquir,  destrucción,  supresión  u  ocultamiento  de  documento público y  fraude  procesal,  dosificación  que  adoleció  de  motivación  cualitativa y  cuantitativa,  no  ponderó  los  montos  por cada una de las conductas punibles  concursantes,  tampoco  aplicó  los  criterios  contenidos  en el artículo 61,  inciso  3°,  del  Código  Penal,  solo  se  limitó  a  efectuar la operación  aritmética  que  le  permitiera  incrementar  hasta  el  otro tanto la pena del  delito  más  grave  (99  meses),  conforme  a  las  pautas  del inciso 1°, del  artículo     31    ejusdem.       

1.2.2.  Pide que se case la sentencia porque  la  impuesta por el concurso de delitos carece de motivación, por lo cual está  viciada su legalidad.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

         

         1.    La  casación   es  un  medio  extraordinario  de  impugnación  y,  por  tanto,  no  constituye  sede  adicional  para prolongar el debate probatorio cumplido en las  instancias  ordinarias  y  concluido  con  el  fallo  de  segundo  grado, por el  contrario,   exige   para   la  admisión  de  la  demanda  el  cumplimiento  de  específicos  requisitos  formales orientados a demostrar a través de un juicio  técnico   jurídico  que  en  la  declaración  de  justicia  allí  contenida,  –la  cual  llega  a esta  sede  amparada  de  la  dual  presunción  de  acierto  y  legalidad–,  se incurrió en errores de hecho o  de  derecho  ostensibles  y  relevantes  o  se  profirió  en un juicio viciado,  ocurrencias    una    y    otra    que    reclaman   para   sí   el   necesario  correctivo.   

Las reglas establecidas en artículo 212 de  la  Ley  600  de  2000  para  la  elaboración  del  libelo  son  de  ineludible  cumplimiento  y  cuando  se  soslayan  aquéllas  relacionadas  con  la adecuada  formulación  de  los  cargos  y  se  omite indicar con la claridad y precisión  debidas  sus  fundamentos,  la consecuencia procesal inmediata no puede ser otra  que             su            inadmisión1.   

2. Bajo este marco teórico se abordará el  estudio  de  la   demanda  presentada contra el fallo proferido por la Sala  Penal   de  Descongestión  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá.   

2.1.  Como atrás se consignó, el defensor  de  RAFAEL  ENRIQUE  GARCÍA  TORRES  formuló  dos  cargos con fundamento en la  causal  primera  del  artículo  207  del  estatuto  procesal  del año 2000, al  incurrir  el  juzgador  de  segunda instancia en violación directa de normas de  derecho sustancial por falta de aplicación de las mismas.   

2.2.  En  lo  que  sigue  se  exponen  los  lineamientos  jurisprudenciales que ha elaborado la Sala sobre la causal primera  de  casación  para  señalar  los  yerros  en que incurrió el demandante y que  conducen a la inadmisión de la demanda por estos ataques:   

2.2.1. Cuando se presenta violación directa  de   la  ley  sustancial,  el  error  del  juez  es  de  juicio  o  in  iudicando  al  momento  de  aplicar  o  interpretar la ley, y puede acontecer por uno de estos sentidos:   

–   falta   de   aplicación   –error  de  existencia-,  cuando  se  ignora  que la norma existe, se considera que no está  vigente o se estima que está vigente, pero no es aplicable.   

–    aplicación    indebida   –error  de  selección-,  cuando  la  norma  escogida  y  aplicada  no  corresponde  al caso  concreto. E,   

–   interpretación   errónea   –error  de  sentido-,  cuando la norma seleccionada es la correcta, pero el juez no le da el  alcance que tiene o lo restringe.   

Frente a esta causal la jurisprudencia viene  enseñando   que  el  demandante  debe  aceptar  los  hechos  y  la  valoración  probatoria  tal  y  como  fueron  plasmados  por  los  jueces de instancia en la  sentencia,  debiendo  proponer una discusión eminentemente jurídica en la cual  demuestre  el  error o errores del intelecto al momento de aplicar o interpretar  la  ley  y  la  consecuente  trascendencia  del  yerro  en el sentido del fallo.   

2.2.2.  Es  claro  que  al  proponer los dos  cargos  el  demandante  converge  en  señalar  por distintas vías aspectos que  resultan  comunes en los reproches: que el juez colegiado no sustentó en debida  forma  las  razones  o  motivos que lo llevaron a partir del máximo de pena del  cuarto  mínimo  del ilícito de lavado de activos (99 meses) para aumentarlo en  el doble por las demás conductas punibles imputadas.   

2.2.3.  Obsérvese  que  al  desarrollar el  primer  cargo  expresa  que  de  la  comparación  de  las sentencias de las dos  instancias  se  deduce  que el Tribunal Superior violó la norma que contiene el  principio de la no reforma en peor,   

“al   no   haber  disminuido  de  manera  proporcional  y razonable el incremento de veintisiete (27) meses por encima del  mínimo  (72  meses),  pese haber excluido en debida forma la supuesta causal de  agravación   de  “concurso  de  conductas  punibles”  que  influyó  en  la  imposición del quantum máximo del primer cuarto (99 meses)”,   

posteriormente agrega, que si bien es cierto  que  la  de  segundo  grado  redujo  en  7  años  la  pena  dosificada  por  el  a  quo,  dando lugar a pensar  que  no  existió reforma peyorativa, dicho descuento obedeció a la aplicación  correcta  del  inciso  1°  del artículo 31 del Código Penal y no del 31 de la  Constitución     Nacional.     Y,     más     adelante    discurre    

“…es  del  caso  resaltar  que  no  es  procedente  lo  manifestado por el Tribunal, acerca de que la ponderación de la  pena  se  hallaba  condensada en el acápite 4° referido a la responsabilidad y  culpabilidad  del  proceso (sic) y más específicamente en el literal I, cuando  se   alude  al  elemento  objeto  de  la  responsabilidad,  pues  tal  argumento  contraviene  lo  contemplado  en  el  art.  59  del C.P.P. (ley 600 de 2000), en  cuanto  a  que  la  imposición  de  la  pena  debe hacerse de manera motivada y  correcta,  a  más que no observó el criterio de ponderación establecido en el  inciso 3° del artículo 61 del C.P.”   

2.2.4. Con notoriedad se advierte, y así lo  vislumbra  el  demandante, que si la providencia de segunda instancia disminuyó  sustancialmente  la pena impuesta por el juez de circuito especializado no puede  sostenerse  que  el  ad  quem  haya  dejado  de aplicar la norma constitucional que consagra el principio de la  no  reformatio in pejus, otra cosa es que se considere que la motivación que se  plasmó  para mantener la sanción básica del concurso de conductas punibles en  el  mismo  monto  tomado  por  el  a  quo es inexistente o inadecuada.   

El cargo se inadmite.  

2.2.5.  El  segundo reproche que contiene la  demanda  resulta  mucho  más desatinado que el anterior, puesto que se acusa la  sentencia  recurrida con fundamento en la causal primera de casación, es decir,  por  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  falta de aplicación del  artículo  59 del Código Penal, porque en ella no se expresaron los motivos del  incremento  punitivo  en razón del concurso de delitos. Tanto es así, que como  conclusión  y  petición  final  se  entiende que debe anularse la sentencia en  virtud  a  que  la  pena impuesta por el concurso carece de motivación, lo cual  hace que la decisión esté viciada.   

2.2.6.   Para  proteger  la  garantía de la plenitud de las formas propias del juicio, la Sala  tiene establecido que   

“…si  la  sentencia  carece  absolutamente de motivación sobre un elemento del delito, la  responsabilidad  del  acusado,  o en relación con una específica circunstancia  de   agravación,   o  la  individualización  de  la  pena,  o  no  empece  tener  motivación  la misma es  ambigua  o  contradictoria,  o se fundamenta en supuestos fácticos o racionales  inexistentes,  y  en tal medida las consideraciones del juzgador no podrían ser  fundamento  legal  y razonable de la decisión contenida en la parte resolutiva,  la  nulidad  se  erige  como  la  única vía plausible de solución”2          (Énfasis fuera de texto).   

Sobre   el  mismo  tema  en  oportunidad  posterior precisó que:   

“La  irregularidad,   sin  embargo,  como  todo  defecto que puede conducir a la  invalidación  del  proceso,  debe  ser  de contenido sustancial. No se trata de  seleccionar  caprichosamente algún segmento de la sentencia para reprocharle su  falta  de  claridad  o de profundidad, su ambigüedad o contradicción. El fallo  es  una  unidad  que,  si  permite  integralmente  su  comprensión y explica su  contenido,  debe  tenerse  por  suficientemente  motivado  independientemente de  pequeños    vacíos,    incongruencias    o    contradicciones    que   pudiera  contener”3.   

De   manera  que  una  censura  de  esta  naturaleza, recordó la Corte,   

“…no consiste  entonces  en la afirmación de una simple inconformidad con la valoración hecha  en  la sentencia o del descontento con los argumentos que suministra el fallador  porque  se  estimen equivocados o de la aspiración a que ellos sean presentados  de  una  determinada manera, sino que debe señalarse con precisión la carencia  absoluta  o  parcial  de contenido o el ambivalente razonamiento que le impide a  los  sujetos  procesales  explicarse  cómo  llegó el juez a la conclusión que  finalmente   expresa  en  la  parte  resolutiva  de  la  providencia”4.   

       

2.2.7. Es evidente entonces, que no era por  el  sendero  de  la  causal  primera  que  debió impugnarse el fallo de segunda  instancia,  sino  al  amparo de la causal tercera (nulidad) del artículo 207 de  la Ley 600 de 2000.   

2.2.8.  Ahora bien: el demandante centra su  censura  en  la  falta de fundamentación sobre los motivos de la determinación  cualitativa  y cuantitativa de la pena, sin embargo, y a pesar que los fallos de  instancia  no  son  modelos  de  una  adecuada redacción contentiva de precisos  capítulos  para  desarrollar  la argumentación que de soporte claro a la parte  resolutiva  de  las  decisiones,  tampoco  puede  asumirse  que la dosificación  punitiva    que    realizaron    fuese    producto    del    capricho    o    la  arbitrariedad.   

2.2.8.1. La falta de método o cuidado en la  elaboración   de  la  sentencia  llevó,  por  ejemplo.  a  que  el  a  quo emitiera juicios de motivación de  la  pena  en  el  acápite  4  que  denominó “Responsabilidad del procesado y  culpabilidad”,  particularmente  en  el  literal  I  consignó las razones que  mejor  ha  podido  articular  en  el  siguiente  apartado  “5.-  Dosificación  punitiva”, que es lo demandado por el defensor   

   

2.2.8.2.   A   su   vez  el  ad  quem  así  lo  comprendió y por ello  pregonó  como  fundamentos  de  ponderación para la pena a imponer, los que el  propio demandante transcribe en el libelo:   

“…se deduce de la lectura del paginario  que  era  un  funcionario  del  área  de  sistemas,  el  jefe de la Sección de  Informática  del  D.A.S.,  poseía  los  mecanismos para desarrollar la acción  penal  que  se  le  censura,  fue en su sede de trabajo en donde se gestaron los  mecanismos  para  llevar  a  cabo los punibles que se le endilgan; patrocinó el  transporte  e  ingreso  de  divisas no declaradas al territorio colombiano, toda  vez  que  con  antelación obtenía información sobre el arribo de nacionales o  extranjeros  que  obtenían  dinero  en  forma  subrepticia,  usó además a sus  subordinados  para  tal  fin.  Es más, denótese cómo auspiciaba el ingreso de  funcionarios  del  DAS  al  aeropuerto “El Dorado” con permisos especiales y  éstos  en  las  instalaciones aeroportuarias no eran registrados allí: sin que  se  pueda  pasar  por  alto  el  dolo  por  éste  desplegado  en su reprochable  comportamiento   generando   con   ello  corrupción  administrativa,  conductas  realizadas  por  el  encartado  de  gran connotación social, que causaron grave  daño  real  a  la sociedad, ello trae como consecuencia, la imperante necesidad  de irrogarle una pena ejemplar.   

Por   las   precedentes  precisiones,  se  encuentra  avocada  esta  Colegiatura a imponer la máxima aflicción del cuarto  mínimo  donde  se  ubica la conducta de mayor gravedad, el dispositivo penal de  lavado  de  activos,  esto  es, que la sanción partirá de noventa y nueve (99)  meses,  como  lo  plasmó  el  operador jurídico de primer grado, si bien en el  acápite  de  la  dosificación  no expresó explícitamente las razones por las  cuales  partió del máximo del cuarto mínimo, estas se hallaron condensadas en  el acápite 4 referido a la responsabilidad y culpabilidad…”.   

2.2.8.3.  Entonces,  entendida la sentencia  como  el  acto jurisdiccional que decide definitivamente sobre los objetivos del  proceso  y  concebida  como  unidad dialéctica producto de premisas fundadas en  los   hechos  y  de  las  consiguientes  apreciaciones  jurídicas,  no  procede  desvertebrarla   a  partir  de  compartimentaciones  o  fraccionamientos  en  su  contextualización,  pues  se  rompería su inescindibilidad para hacerla objeto  de interesados  alcances  y propósitos.   

3.  Como  el  demandante  no ha sometido su  demanda  a las reglas técnicas propias del trámite casacional y, por tanto, no  reúne  los  requisitos  formales  exigidos  por  el estatuto procesal penal, se  impone  su  inadmisión  de conformidad con lo dispuesto en los artículos 212 y  213 idem.   

         4. Finalmente es oportuno resaltar que la  Sala  no  observa  con  ocasión  del  trámite procesal o en el fallo impugnado  violación  de derechos o garantías del procesado RAFAEL ENRIQUE GARCÍA TORRES  ni  la  necesidad de un desarrollo jurisprudencial específico, como para que se  hiciera  ineludible  el  ejercicio de la facultad legal oficiosa que le asiste a  fin de asegurar su protección o un desarrollo teórico.   

        A  mérito  de  lo  expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

         1.  INADMITIR la  demanda presentada.   

2.  Contra la presente decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese  y  cúmplase.   

  ALFREDO GÓMEZ QUINTERO     

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                           MARIA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                                 JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANÉS   

  YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                               JULIO   ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA   

                                      JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

  TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.    

1 Corte  Suprema   de   Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  Auto   del   13   de   julio  de  2005,  radicación  23889.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación Penal, Sent.  Cas. julio 11 de 2002, rad. 11.862.   

3 Corte  Suprema     de    Justicia,    Sala    de    Casación    Penal,    Sent.  Cas. Junio 5 de 2003, rad. 19689.   

4 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación Penal, Sent.  Cas. Agosto 31 de 2001, rad. 15745.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *