27916(01-08-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27916   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

                            Magistrada Ponente:   

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

          Aprobado Acta N°. 136.   

Bogotá, D.C., agosto primero (1°) de dos mil  siete (2007).   

VISTOS  

Decide  la Sala sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado GUILLERMO   AFANADOR   ROJAS  contra  la  sentencia   de   segunda   instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  el  27  de  marzo  de  la  anualidad en curso, a través de la cual  revocó  la  absolutoria  dictada  en  su  favor por el Juzgado Quinto Penal del  Circuito  con  Funciones  de  Conocimiento  de la misma ciudad, para en su lugar  condenarlo  como  autor  penalmente  responsable  del  delito de porte ilegal de  armas de fuego de uso personal.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  hechos  fueron  declarados  en el fallo  impugnado de la siguiente manera:   

“Conforme al material probatorio allegado  al  investigativo se establece que el día 24 de julio de 2006, siendo las 16:14  horas,   en   el   sitio   conocido   como   los  primos  Km.  40,500,  vía  La  Fortuna-Bucaramanga,  lugar  donde  opera  puesto  de  control  de  la  Policía  Nacional,  solicita  al  conductor  del  vehículo  de placas IBR-538 detener la  marcha,  a  quien  se solicita autorización para requisar el aludido automotor,  hallando  en  su  interior,  parte  derecha  delantera del vehículo, un estuche  negro  elaborado  en  nylon el cual contenía una escopeta mossberg, calibre 12,  con   capacidad   para   cinco  cartuchos,  número  L478015,  cacha  plástica,  guardamano  plástico,  con  salvoconducto  No.  P198320  a  favor  de  Jorge D.  Gálvez,   requerida   su   identificación  el  conductor  manifiesta  llamarse  GUILLERMO  AFANADOR ROJAS y exhibe la cédula No. 91.431.363.  Toda vez que  el  permiso  para  porte  a  él  no  corresponde, por los anteriores hechos fue  capturado  en  circunstancias  de  flagrancia  y  puesto  a  disposición  de la  autoridad competente”.   

Con base en los sucesos precedentes, al día  siguiente  de  ocurridos,  tuvo  lugar  audiencia  preliminar  ante  el  Juzgado  Promiscuo  Municipal  con  Función de Control de Garantías de Lebrija, durante  la   cual   se   legalizó  la  captura  de  AFANADOR  ROJAS, al tiempo que la Fiscalía le imputó el delito  de  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o de municiones, al cual no  se allanó.   

          El  23  de  agosto  posterior,  la  Fiscalía  presentó  escrito de  acusación  por la misma conducta imputada en la audiencia preliminar, que luego  ratificó  en  desarrollo  de la audiencia de formulación de la acusación ante  el   Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  con  Funciones  de  Conocimiento  de  Bucaramanga.   

Este  último despacho, una vez tramitó las  audiencias  preparatoria  y del juicio oral, profirió sentencia el pasado 14 de  febrero,  merced  a  la  cual  absolvió  a  GUILLERMO  AFANADOR   ROJAS   del   cargo   por  el  que  se  lo  acusó.   

En desacuerdo con la anterior determinación,  el  representante  de la Fiscalía interpuso recurso de apelación, sobre el que  se  pronunció  el  Tribunal  de  Bucaramanga  el  27  de  marzo  del  año  que  transcurre,  revocándola  en  su  integridad,  para en su lugar condenarlo a la  pena  principal  de  dieciséis  (16)  meses  de  prisión y a las accesorias de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  lapso  igual y privación de tenencia y porte de armas por el término de un (1)  año.   En  la  misma decisión, además, le concedió la suspensión de la  ejecución de la pena.   

          Contra    esta    última    determinación,    interpuso    recurso  extraordinario  de  casación el defensor del procesado, mediante la demanda que  es objeto de análisis.   

LA DEMANDA  

El   censor  formula  un  único  reproche,  “al  amparo  de  la  causal  primera  de casación prevista en el numeral 1° del artículo 181 de la  Ley     599     de    2000    (sic)    (Código  Penal vigente)”, debido  a “la  interpretación  errónea  de  una  norma  legal  llamada  a  regular  el  caso,  esto  es,  en la violación  indirecta  de  una  norma  sustancial por apreciación  errónea  de las pruebas existentes a la foliatura y su congruencia con el cargo  elevado  en  contra  de  GUILLERMO  AFANADOR ROJAS”.   

A  continuación, sostiene que el motivo de  su  disenso  se  centrará  en  la  categoría de la antijuridicidad,   en   la   medida   en   que  el  Tribunal  se  equivoca  en  su  estructuración  cuando  considera  que  ella  se  infiere indiciariamente de la  tipicidad,  concepción que,  a   su   juicio,  en  la  actualidad se encuentra revaluada.   

Aduce que en este caso si bien es cierto que  su   defendido   fue   autor   material  del  delito  endilgado,  en  cuanto  se  halló el arma en su poder  con  un  salvoconducto  a  nombre  de  otra  persona, también lo es que una vez  agotado  el  debate  probatorio  no se desvirtuó su versión sostenida desde su  primera  aparición en el proceso, en el sentido de no  aceptar  los cargos por considerar que dicho artefacto  estaba en su poder legalmente.   

Sobre ese aspecto, expone que no comparte el  planteamiento  del  Tribunal según el cual por tratarse de un delito de peligro  presunto    no    se    puede   presumir  de derecho la antijuridicidad de la conducta, pues de acuerdo con  la    jurisprudencia   de   esta   Sala,  para  tal efecto es preciso verificar si para el caso en concreto  tal presunción se desvirtúa con alguna prueba en contrario.   

Agrega  que,    para   el  momento  de  los  hechos,  su  defendido  había efectuado  todas  las  diligencias  de  carácter administrativo con el fin de legalizar el  traspaso  del  arma  hasta  el  punto de que se le había extendido una       orden      para   consignar   el   valor   económico  respectivo,   sólo   faltando  entonces,      para      finiquitar      el  trámite,    llevarla  físicamente   y  recibir  el  documento  que  lo  acreditara  como  su  tenedor  legítimo,    tanto    así    que    “hoy  día  ya  es  un hecho cierto y real que el señor AFANADOR  ROJAS  cuenta con el documento físico salvo conducto que prueba y lo identifica  como   propietario,   poseedor   y  tenedor  legal  del  arma  de  fuego  objeto  de la investigación penal  que nos ocupa”.   

Lo   anteriormente  expuesto  conduce  al  casacionista  a  colegir  que  se incurrió en interpretación equivocada de una  norma  legal  “ante la apreciación errónea de las  pruebas  existentes  a  la foliatura”.  De ahí  que,     añade,     el    Tribunal    lejos  de  haber debatido los argumentos  del   juez   de  primer  grado  “cimentados  en  la  interpretación  y  aplicación  adecuadas  de  las  normas  legales vigentes”  desconoció  los  criterios  de  la lógica y la sana  crítica  para concluir, en contraposición a la ley, a la jurisprudencia y a la  doctrina vigentes, que su representado incurrió en una ilicitud.   

Además,  expresa  que  con esa valoración el juzgador de segundo grado  desconoció          que         AFANADOR ROJAS  es  una  persona  que se ha  distinguido   por  su  honradez,  honestidad  y  laboriosidad,  ajeno  a  cualquier  tipo  de  conflicto  de  índole    judicial   y  reconocido  contratista en el municipio de Puerto Wilches, cuya intención nunca  fue transgredir el ordenamiento jurídico.   

Solicita,  en  consecuencia,  admitir  la  demanda   “declarando  invalidar  la  sentencia  de  segunda        instancia”       y,    por  consiguiente, ratificar la  absolución  dictada  a  favor  de su defendido por el juzgador de primer grado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

Según  el  artículo 181 de la Ley 906 de  2004,  el  recurso  extraordinario de casación tiene la connotación de control  constitucional  y  legal  de  las  sentencias proferidas en segunda instancia en  procesos  adelantados  por  delitos  cuando  quiera  que  concurra alguna de las  causales  expresamente  previstas  en  la  misma  disposición  y siempre que se  propenda  por  la realización de los fines para los cuales está previsto, esto  es,  la  efectividad  del  derecho material, el respeto de las garantías de los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia,  los  cuales  están  contemplados  en  el  artículo 180 del mismo estatuto.   

Tal condición, como lo tiene decantado la  Sala,  impone  colegir que el medio extraordinario de impugnación, a la luz del  nuevo  estatuto  procesal  penal,  no  ha  sufrido trasformación sustancial que  permita  considerarlo  como  una  instancia más del proceso, a la cual se pueda  acudir  para  cuestionar libremente el fallo de segundo grado, ni para reprochar  la  valoración que de las pruebas efectuaron los falladores a partir de simples  discrepancias sobre su mérito suasorio.   

La anterior afirmación encuentra eco en el  texto     del     inciso     segundo     del    artículo    184    ibídem,   a   través  del  cual  se  señalan  las exigencias que debe reunir el libelo casacional para su admisión,  al prescribir lo siguiente:   

“No   será   seleccionada,  por  auto  debidamente  motivado que admite recurso de insistencia presentado por alguno de  los  magistrados  de  la  Sala  o  por el Ministerio Público, la demanda que se  encuentre  en  alguno de los siguientes supuestos:  Si el demandante carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no desarrolla los cargos de  sustentación,  o cuando  de  su  contexto  se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para  cumplir     alguna     de    las    finalidades    del    recurso”.   

Del contenido de  la    preceptiva    legal   transcrita,  se  deduce que los cargos contenidos en la demanda de casación  deben   contar  con  una  exposición  lógica  y  una  mínima  argumentación     que,          además,    ha    de    ser    coherente,  en  cuanto  no es labor de la Sala, dada la naturaleza  rogada  del  recurso, que  pervive,   dicho   sea   de   paso,   con  la última codificación procesal,  desentrañar       propuestas      ininteligibles.                

A   más  de  lo   anterior,   el  nuevo  estatuto  introduce  un  condicionamiento   fundamental   de   cara   a   la  concepción  sustancial del recurso extraordinario en  el   sentido   de   que  la  demanda  también  debe  evidenciar  la  necesidad  de  proferir pronunciamiento de fondo con el objeto  de  cumplir  alguno  o  algunos  de  su fines   a  los  que  ya  se  ha  hecho  alusión,  hasta el punto de que, como ha sido clara  la   jurisprudencia   en   señalarlo,  la      Corte      pueda             emitir           fallo  de fondo superando los defectos lógicos y argumentativos que exhiba.   

Esa   misma  concepción,  permite  que,  en  sentido  contrario, también esté facultada la  Sala  para  inadmitir    el   libelo,  a pesar de reunir los presupuestos de  lógica  y argumentación,  cuando  de  su  contexto  no  se  infiera  la necesidad de proferir el   fallo   o   tampoco   surja  esa  posibilidad  de  la  revisión del trámite cumplido y del fallo que al mismo le  puso fin.            

Bajo  tal  entendimiento  del  recurso, se  procede  a  analizar  el único reparo contenido en la demanda presentada por el  señor     defensor    de    GUILLERMO    AFANADOR  ROJAS.   

Como    primera   medida,   es   preciso  destacar  que  el  demandante  no  es  claro  en  la  determinación  de la causal de casación que invoca, lo cual tiene explicación  en  la  confusión  que  alberga  en  relación  con  las  normas que regulan el  recurso.   

Sobre  el  particular, bien está comenzar  por  advertir  que  el  casacionista  refiere  a  la causal primera “prevista  en  el  numeral  1°  del  artículo  181  de  la  Ley  599  de  2000  (Código  Penal vigente)”,  no  obstante que esa codificación no refiere a ninguno de los  estatutos procesales que regulan el recurso extraordinario.   

Por  otro  lado,  la  causal  elegida por el  censor  por  “falta de aplicación, interpretación  errónea  y  aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  y  legal,  llamada  a  regular  el  caso,  con  violación a las  garantías  constitucionales  y  legales”, realmente  corresponde  a  la  primera del artículo 181 de la Ley 906 de 2004, que resulta  del  todo  pertinente  en  este  evento  si  se  tiene en cuenta que el presente  trámite    procesal    se    surte   bajo   la   cuerda   del   sistema   penal  acusatorio.   

Sin   embargo,   el  motivo  de  casación  transcrito    tampoco se muestra coherente con el desarrollo del cargo  propuesto,  toda  vez  que  el  actor  refiere  a  un  error  en la apreciación  probatoria,  cuyo  marco  legal  no  es  la causal primera sino la tercera de la  misma  preceptiva,  prevista  ante  “el  manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba sobre  la cual se ha fundado la sentencia”.   

Ahora,  a  pesar de la ostensible confusión  que  exhibe  el actor en el enunciado del cargo, según lo visto en precedencia,  de  su  contenido se colige que la causal que sirve de sustento a su prédica es  la  tercera  del  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, la cual, como ya lo ha  señalado  en  forma  reiterada  la Sala, corresponde a la denominada violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  y que, dada la referencia del libelista a la  vulneración  de  las  reglas  de  la  sana  crítica  en la apreciación de las  pruebas,    encasilla    en   el   denominado   error   de   hecho   por   falso  raciocinio.   

Pues  bien,  ha  precisado  la Corte que esa  modalidad  específica  de  desacierto  se  presenta  cuando  el juzgador se aparta de las reglas de la sana crítica en el proceso de  valoración  de  las  pruebas  y  que,  en  orden a su correcta formulación, el  demandante  está  compelido,  ante  todo, a identificar la prueba sobre la cual  recae  el  yerro;  luego,  a establecer el mérito que se le otorgó al medio de  convicción  en  la  sentencia, a la vez que debe señalar cuál es el postulado  de  la  sana  crítica  que  en su criterio fue vulnerado, esto es, el principio  lógico,    la    máxima   de   la   experiencia   o   la   regla   científica  quebrantada.   

Acto seguido, ha de proceder a vincular esa  apreciación  con  la  regla  aludida demostrando en dónde radica el desvío y,  por  último,  está  obligado a precisar la trascendencia del error frente a la  ley  sustancial, lo cual exige indicar los argumentos que conducen a estimar que  la  sentencia  impugnada se debe modificar en favor del interés que representa,  como  consecuencia  necesaria  del  error  que  alega, tarea que ineludiblemente  entraña    abordar  la  totalidad de los medios de persuasión que la  sustentan.            

        Con   fundamento   en  las  anteriores  premisas,  se  colige  sin  dificultad  que  el  único  reparo  contenido  en  la demanda no cumple con los  presupuestos  indicados  y  que  tampoco  expresa  algún  error de apreciación  probatoria,  diverso  del  falso  raciocinio  aludido,  que  tenga la entidad de  derruir el fallo.   

Para  llegar  a  esa  conclusión,  conviene  señalar  que el actor ni siquiera enuncia preceptiva  alguna  de  carácter  sustancial  cuya  transgresión se haya verificado con el  error  de  apreciación  probatoria  que  atribuye  al  fallo impugnado, lo cual  impide         conocer         cuál         es         su         trascendencia  concreta.                     

     

La anterior falencia, dada la causal que el  demandante   selecciona  para  emprender  el  reparo,  se  torna  por  sí  sola  suficiente  para  inferir  que la censura no satisface los presupuestos exigidos  legalmente  de  admisión,  puesto  que  es  de su esencia, como ya se señaló,  concretar  de qué manera el vicio transgrede la ley sustancial, pues sólo así  cabe la posibilidad de derruir el fallo impugnado.    

Además,  frente  a  cualquier  error  de  apreciación   probatoria,  incluido,  desde  luego,  el  falso  raciocinio,  es  ineludible  para  el  censor  individualizar  la  prueba o pruebas sobre las que  recae,  imperativo  que  de  no  cumplirse,  resulta de elemental lógica, torna  imposible su estructuración.   

No obstante lo anterior, el actor se limita  en  el  desarrollo  de  la  censura  a  elaborar  un cuestionamiento abstracto y  generalizado  de los medios de persuasión que únicamente pone de manifiesto su  disentimiento  personal  con las conclusiones del fallador, pero que está lejos  de  revelar  que  la  sentencia  incurra  en  error  que  ponga en entredicho la  legalidad de la sentencia impugnada.   

Ante  ese forma de discutir la valoración  probatoria,  ha dicho la Sala en forma pacífica y reiterada que se aparta de la  naturaleza  del  recurso  extraordinario  de  casación  y  que  es propia de la  dialéctica  innata  a  las  instancias  ordinarias  de la actuación, porque al  limitarse  a  confrontar  un  criterio  personal  con  el del fallo impugnado se  desconoce  que este último arriba a esta sede amparado por la doble presunción  de  acierto  y  legalidad,  de  modo que los argumentos que lo fundan prevalecen  sobre el criterio subjetivo del demandante.   

Finalmente, importa destacar que en cuanto  a  la  modalidad  específica  en  que  el  actor ubica el yerro de apreciación  probatoria   por   desatención  de  las  reglas  de  la  sana  crítica  (falso  raciocinio),  se ha insistido por la Sala que para su demostración no basta con  señalar    tangencialmente,    como   ocurre   en   la   censura   sub   examine,   que   la   decisión  impugnada  no  consulta  con  tales  postulados,  sino  que  es  preciso indicar  específicamente  a  cuál  de  ellos  en  particular  se hace referencia, de lo  contrario  no  se logra el propósito de remover las bases en que se sustenta el  fallo objeto del recurso extraordinario.    

De  lo expuesto en precedencia, surge como  conclusión  que  el  único  cargo  contenido  en  la demanda presentada por el  defensor  de  GUILLERMO  AFANADOR  ROJAS  no reúne los presupuestos lógicos y de adecuada argumentación  exigidos  legalmente, de conformidad con lo preceptuado en el inciso segundo del  artículo   184   de   la   Ley  906  de  2004,  al  señalar  que  “no  será  seleccionada  por auto debidamente motivado… si el  demandante…   no   desarrolla   el  cargo  de  sustentación…”,      en      armonía      con      el      183     ibídem,  según el cual dicho escrito  debe    contener    “de    manera    precisa   y  concisa” las causales invocadas y sus fundamentos,  situación  que,  consecuentemente,  determina  su inadmisión, amén de que del  contenido  de  la  demanda  y  de  la revisión de la actuación no se encuentra  viable  la  necesidad en este caso de superar los defectos reseñados en procura  de  cumplir  alguno  de  los  fines  del  recurso extraordinario previstos en el  artículo        180        ejusdem.    

        Cuestión final:   

Habida  cuenta  que contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación1,   como  sigue:   

        i)                     La  insistencia  es  un mecanismo especial que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la Sala decida  inadmitir  la demanda de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere  lo  decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno de los Delegados del Ministerio Público para la Casación  Penal  –siempre que el  recurso   de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial–,    el  Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o  suscrito la providencia inadmisoria.   

        ii)                    La  solicitud  de  insistencia  puede elevarse  ante  el Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal,  ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya salvado voto en cuanto a la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

iii)            Es  potestativo del Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

iv)            El  auto a través del cual se  inadmite  la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

        INADMITIR  la  demanda de casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  GUILLERMO  AFANADOR ROJAS, por las razones expuestas en la anterior motivación.   

        De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906  de   2004,  contra  esta  decisión    procede   el   mecanismo   de   insistencia,   en   los   términos  señalados.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                         MARÍA  DEL  ROSARIO      GONZÁLEZ      DE      LEMOS   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES             YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                  

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                   MAURO               SOLARTE  PORTILLA           

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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