27825(17-10-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27825  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 200   

Bogotá,  D. C., diecisiete de octubre de dos  mil siete.   

V    I    S   T   O  S   

Examina la  Corte en sede de casación,  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Bogotá, el 15 de marzo de 2007, a través de la cual se  revocó  la  emitida  en  primera  instancia, el 30 de noviembre de 2006, por el  Juzgado  42  Penal del Circuito de ésta ciudad,  y en su lugar absolvió a  ISIDRO  GONZÁLEZ  MANCIPE, de los cargos que por los  delitos de homicidio  agravado  y  tentativa de homicidio agravado, formuló en su contra la Fiscalía  General de la Nación.    

H E C H O S  

El día miércoles 31 de mayo de 2006, cuando  se  dedicaban  a  jugar  tejo  y  consumir etílicos en una de las canchas de la  localidad  de Suba, ubicada al noroccidente de la ciudad de Bogotá, se suscitó  una  gresca  colectiva  en  la  que  participaron, entre otros, ISIDRO GONZÁLEZ  MANCIPE,  José  Gabriel  Mancipe,  Germán  González  Salamanca, José Alpidio  García,   Óscar  Alejandro  Vargas  Holguín,  John  Alexander Hernández  García y  José Gregorio Quiroga.   

La  riña  no  pasó  a  mayores,  pero rato  después,  a  eso  de  las  once  de la noche, a la vivienda de ISIDRO GONZÁLEZ  MANCIPE,  ubicada  en  la  calle 151 bis con calle 135, acudieron John Alexander  García,  Óscar Alejandro Vargas y José Gregorio Quiroga, rompiendo éstos los  vidrios del primer piso del inmueble.   

De inmediato, en el lugar hizo explosión una  granada  de  fragmentación,  causando  allí  mismo la muerte de John Alexander  Hernández    García   y   severas   lesiones   a   José   Gregorio   Quiroga,  atribuyéndose    a   ISIDRO   GONZÁLEZ   MANCIPE,   el   lanzamiento  del  artefacto.    

ACTUACIÓN PROCESAL  

Identificado  por  la  Fiscalía  el posible  ejecutor  de los hechos, el 9 de agosto de 2006, ante el Juez 28 Penal Municipal  de  Bogotá, con Funciones de Control de Garantías, se solicitó y obtuvo orden  de captura en contra de ISIDRO GONZÁLEZ MANCIPE.   

Capturado  el indiciado, con fecha del 11 de  agosto  de  2006, se realizaron las diligencias preliminares de legalización de  captura,  formulación  de  imputación  y solicitud de medida de aseguramiento,  ante   el   Juzgado   51   Penal   Municipal   con   Funciones   de  Control  de  Garantías.   

En curso del diligenciamiento el funcionario  judicial  declaró  legal la aprehensión de GONZÁLEZ MANCIPE, luego de lo cual  la  fiscalía  le  formuló  imputación por los delitos de homicidio agravado y  tentativa   de   homicidio   agravado.   Finalmente,   se  solicitó  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva en establecimiento carcelario, pedimento  aceptado por el Juez.   

La   fiscalía   formuló  acusación,  en  audiencia  celebrada  el  3  de  octubre  de  2006, por los delitos de homicidio  agravado y tentativa de homicidio agravado.   

El  26  de  octubre  de 2006, se realizó la  audiencia preparatoria.   

La  audiencia de juicio oral tuvo lugar el 9  de  noviembre de 2006. Al finalizar la misma, luego de practicadas las pruebas y  escuchados  los  alegatos  finales  de  las  partes e intervinientes, el Juez de  Conocimiento  anunció  el  sentido  del  fallo  manifestando que condenaría al  procesado.   

El  30  de noviembre de 2006, se realizó la  audiencia de lectura del fallo.   

La  sentencia  advierte  a  ISIDRO GONZÁLEZ  MANCIPE,   responsable,  como  autor,  de  los  delitos  de  homicidio  agravado  –artículos  103  y 104-3,  del     C.P.-,     y    tentativa    de    homicidio    agravado    –artículos   103,  104  -3  y  27  del  C.P.-,   razón  por  la  cual  decreta  en  su contra pena de 500 meses de  prisión.  Accesoriamente,  se  dispuso  la inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas,  por  un  lapso  de 20 años. Al procesado le  fueron  negados los subrogados de la suspensión condicional de la ejecución de  la   pena   y   prisión   domiciliaria.   No   hubo   condena   en   perjuicios  civiles.   

Terminada  la  lectura  del fallo, interpuso  recurso  de  apelación  la  defensa  del  acusado,  concediéndose  éste en el  recurso suspensivo.   

Recabada  la  actuación  en  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  la sala Penal correspondiente convocó para el día 2 de  febrero  de 2007, a fin de adelantar la audiencia de argumentación del recurso.  Al acto concurrieron únicamente el procesado y su defensor.   

Por  último,  el  15  de  marzo de 2007, se  expidió  el fallo de segunda instancia, que revocó el de primera y en su lugar  absolvió,  en  seguimiento  del  principio In Dubio Pro Reo, al acusado, de los  cargos  por  los  cuales  solicitó  la  fiscalía  sentencia  de  condena. A la  diligencia   de   lectura   del  fallo  únicamente  asistió  el  defensor  del  procesado.   

LA DEMANDA  

La recurrente formula dos cargos en contra de  la sentencia proferida por el Tribunal de Bogotá.   

    

1. Primer cargo.     

        Acudiendo  a la causal segunda del artículo 181 de la  Ley  906  de  2004,  acusa  a  la  sentencia  de haberse proferido en un proceso  viciado de nulidad, por desconocimiento del Debido Proceso.   

        En  desarrollo  del  cargo, dice fundar la causal en lo dispuesto por los artículos  457   y  458  del  C.  de  P.P.,  como  quiera  que  se  violó  el  derecho  de  contradicción  de  la  fiscalía,  pues, jamás se notificó a su titular de la  fecha  en  la cual se celebraría la audiencia de sustentación oral del recurso  de  apelación interpuesto por la defensa en contra de la sentencia condenatoria  proferida en primera instancia por el Juzgado Penal del Circuito.   

      Así,  anota  la  casacionista,  el  Tribunal  celebró  la  diligencia  sin  la  presencia  de la  fiscalía  y  escuchó únicamente los planteamientos de la defensa –que  estima  sesgados  y  ajenos  a  lo  probado  y  debatido en la audiencia de juicio oral-, para luego, acogiéndolos,  revocar   la   decisión   de   primer   grado   y   en  su  lugar  absolver  al  procesado.   

       Destaca  la  demandante,  en  éste sentido, que el encargado de surtir las notificaciones en  el  Tribunal,  reconoce  no recordar si convocó al ente instructor o no para la  celebración  de  la  diligencia.  Y,  demostrado  que  ello  no  tuvo lugar, se  configura  la  causal  de nulidad que por violación al debido proceso contempla  el artículo 457 de la Ley 906 de 2004.   

        2. Segundo cargo.   

                             Con  fundamento en la causal primera contemplada en el artículo 181  del  C.  de  P.P.,  la  recurrente acusa al fallo de segunda instancia, de haber  dejado  de  aplicar los artículos 380, 381, 399, 404, 405, 420, 424, 432 y 433,  ibídem,  referidos  a los criterios de valoración de las pruebas en conjunto y  en particular,  y el conocimiento necesario para condenar.   

        Anota,  al  respecto,  que  ello  ocurrió  por  consecuencia  de  los  errores de hecho  “evidentes”,   en   la  valoración  probatoria  efectuada  por  el Ad quem, que parten de haber omitido  considerar  lo  expresado  por  varias  pruebas incriminatorias, en concreto, lo  expresado  por María Nelly González García, José Gregorio Quiroga, Alexander  Mauricio  Castellanos,  Oscar  Alejandro Vargas Holguín, y lo consignado por el  perito en explosivos, sargento Héctor Montiel.   

          Ya luego, advierte  la  recurrente  que  el  yerro  del  Tribunal  estriba,  cuando  fundamentó  la  existencia    de    duda   probatoria,   en   que   no   apreció   “los     mencionados     medios     de     prueba     en     forma  objetiva”,  además  de  que  se  equivocó  cuando,  comparando  lo  expresado  por  los  testigos  con lo dictaminado por el perito,  creyó ver contradicciones entre unos y otro.   

         También  ignoró el Tribunal, asevera la impugnante, lo expresado por el perito  Arbey  Hernán  Medina  Rocha,  quien  explica  satisfactoriamente  por  qué se  mutiló  la  pierna  derecha  y se amputó la mano ídem de la víctima, sin que  ello  necesariamente se atribuya a que era ésta quien se disponía a arrojar la  granada.   

            Considera  la  casacionista  que  si  el Tribunal hubiese visto los hechos de la  forma  narrada  por  los testigos, hubiese tenido certeza de que, efectivamente,  fue  el  procesado quien arrojó la granada en contra de la humanidad del occiso  y  su  acompañante,  ejecutando  las  conductas  punibles  por las cuales se le  acusó.   

              Agrega      la  demandante,  que  el  Ad  quem  “comete así mismo un  error  de derecho en la apreciación de las pruebas”,  omitiendo  analizar  en  conjunto  el  acervo  probatorio,  como  lo  ordena  el  artículo  380  del  C. de P.P., ya que no es uno solo, sino varios los testigos  que   señalan   al   procesado  como  la  persona  que  accionó  el  artefacto  explosivo.   

        Acorde  con  lo  anotado, solicita la casacionista, se case el fallo de segundo grado y,  en  consecuencia,  se  deje  con  pleno  valor  la  condena  impartida  por el A  quo.   

INTERVENCIÓN  DE LAS PARTES EN LA AUDIENCIA  DE SUSTENTACIÓN ORAL   

LA FISCALÍA  

El  representante  de la Fiscalía adicionó  los  argumentos  contenidos  en  la  demanda  escrita,  advirtiendo, para lo que  respecta  al  primer  cargo por nulidad, que efectivamente se vulneró el debido  proceso,   dentro  de  su  componente  de  garantía,  cuando  se  obvió  citar  adecuadamente  a  la  representante  del  ente  instructor para participar en la  audiencia  de  argumentación  oral  del recurso de apelación presentado por la  defensa contra el fallo condenatorio de primer grado.   

Al  efecto,  destaca  el recurrente cómo la  sistemática  acusatoria  desarrolla  un  proceso  dialéctico  que  demanda del  funcionario  judicial,  considerar las argumentaciones de todas las partes,  a  efectos  de  que,  además  de justas, las decisiones sean justificadas. Así  sucede,  añade, en el fallo de primera instancia, que debe derivar consecuencia  de  la  teoría  del  caso  expresada  por  las partes y de los alegatos finales  presentados  por  ellas. En curso de estos últimos, incluso, la fiscalía puede  refutar  los  argumentos de la defensa, aunque el último turno le corresponde a  ella.   

Destaca,  además, cómo el artículo 446 de  la  Ley  906  de 2004, exige del juez de conocimiento, cuando anuncia el sentido  del    fallo,    referirse    a    las    solicitudes    de    las    partes   e  intervinientes.   

Atinente  a la segunda instancia, destaca el  señor  fiscal  la forma en que los artículos 178 y 179 ibídem, establecen que  a  la  audiencia  de  sustentación  oral  pueden  acudir  todas  las  partes  e  intervinientes  y  deben  ser  oídas,  para  lo  cual  debe  ser garantizada la  presencia de los recurrentes y no recurrentes.   

En  punto de citaciones para las audiencias,  advierte  el  recurrente  que  el  artículo  171  del  C.  de  P.P.,  ordena la  convocatoria  de  las  partes  e  intervinientes.  Así mismo, el artículo 172,  reglamenta  la  forma  de  citación,  relevando  que  ella  debe ser oportuna y  veraz.   

Por ello, acota, lo primero que ha de hacerse  al   comienzo  de  la  audiencia,  es  verificar  que  las  citaciones  operaron  adecuadas,   para   ver   que  no  se  hubiese  violado  el  debido  proceso  de  garantías.   

A  renglón  seguido,  describe la fiscalía  qué  fue  lo  ocurrido en la audiencia de segunda instancia desarrollada por el  Tribunal  para  atender  la  apelación  presentada por la defensa en contra del  fallo  condenatorio  proferido  por  el  Juez  A quo, a la cual no concurrió la  fiscalía,  dado  que no se le citó, como así lo certifica el informe dado por  la Secretaría del Tribunal.   

En lo que toca con el segundo de los cargos,  manifiesta  el casacionista que la verdad procesal y la duda no pueden surgir de  intervenciones  unilaterales de las partes. De impedirse la argumentación de la  contraparte,  deviene  injustificada la decisión, como sucede cuando no se toma  en cuenta el conjunto probatorio.   

Conforme, entonces, los artículos 7 y 31 de  la  Ley  906  de  2004,  la  convicción  del  juez  sólo  puede  emanara de la  dialéctica y el debate.   

Por  último,  solicita  el  demandante,  de  atenderse  a  su solicitud de nulidad, que se separe del conocimiento del asunto  a  los  magistrados  del  Tribunal  que  fallaron en segunda instancia, pues, ya  tienen  comprometido su criterio, cubriendo con ello las causales de impedimento  consignadas  en  los numerales  4° y 6° del artículo 56 de la Ley 906 de  2004.   

EL MINISTERIO PÚBLICO  

Abordando  el primer cargo, la Procuraduría  Delegada  desde  un  comienzo  significa  que  no debe atenderse la solicitud de  nulidad,  pues,  señala,  no  hubo  violación  al  debido proceso o derecho de  contradicción.   

Para  el  efecto,  entiende  el  Ministerio  Público  que la notificación en estrados suple cualquier falencia que sobre el  tópico  pueda  haberse presentado respecto de la convocatoria a la audiencia de  sustentación del recurso de apelación.   

Par  el  caso concreto, añade, el fallo de  primera  instancia  operó  condenatorio  y  a su lectura asistió la fiscalía,  conociendo  allí  que  la  defensa interponía el recurso de apelación, razón  por  la  cual  era  su obligación estar al tanto de cómo se desarrollaba en la  segunda  instancia  el  trámite, para asistir a la audiencia de argumentación,  en  seguimiento  de los principios de lealtad y buena fe, motivo suficiente para  concluir que no hubo afectación trascendente del debido proceso.   

Referencia  la Procuraduría, seguidamente,  lo  consignado en el artículo 169 del C. de P.P., acerca de la notificación en  estrados,  que  se  hace  aún  sin  la presencia de las partes, para significar  cómo  en  la  audiencia de sustentación del recurso de apelación, se señaló  la  fecha  de  lectura  de  la providencia de segunda instancia, y a ella debió  atenerse la fiscalía, así no estuviese presente en la diligencia.   

Tampoco   se   afectó   el   derecho  de  contradicción,  agrega  el Ministerio Público, dado que este se ejerce en cada  momento  establecido  por la ley, sin que en el asunto examinado se le negara la  posibilidad  de  intervenir  a la fiscalía, pues, reitera, bien pudo conocer de  la  realización  de  la  audiencia  por  diferentes medios. Además, agrega, la  demanda  no explica porqué de haber intervenido la fiscalía en la audiencia de  sustentación  oral,  ello  se  habría traducido en una decisión diferente del  Tribunal, o cómo se afectaron los derechos de las víctimas.   

En  otro  apartado  de  su  discurso,  la  representación  del  Ministerio  Público, sostiene que el interés para acudir  en  casación,  surgió, respecto de la fiscalía, no porque se obviara citar al  funcionario  para  la   audiencia de argumentación oral, sino por ocasión  del fallo absolutorio de segunda instancia.   

En  consecuencia,  solicita  el  Procurador  Delegado, que no se decrete la nulidad deprecada por el recurrente.   

En  lo que atiende al segundo de los cargos  presentados  en  la demanda de casación, parte por significar la Procuraduría,  que  los  yerros postulados por el recurrente, no son idóneos en el cometido de  demostrar violados los principios que gobiernan la duda probatoria.   

Al  efecto,  destaca  cómo  dos  de  los  testimonios  que  se  dice en la demanda no fueron considerados por el Tribunal,  mal  podrían considerarse pruebas, pues, no fueron recabados en la audiencia de  juicio oral y tampoco solicitados en la preparatoria.   

A su turno, respecto de los dos testigos de  cargos  que  sí  se  hicieron  presentes  en  el  debate  público, la crítica  efectuada   en  el  escrito  de  casación  corresponde  más  a  la  particular  interpretación  efectuada  por  el casacionista, que a una verdadera violación  en la valoración que realizara el Tribunal.   

Y,  si  el  Tribunal  sólo  se  refirió  expresamente,  en  el  fallo  de  segunda  instancia,  a lo dicho por uno de los  declarantes,  ello  no  significa que se omitiera considerar lo expresado por el  otro, dado que las versiones de ambos atestantes son coincidentes.   

No hubo tampoco errores de raciocinio en la  auscultación  que  se  hizo  de  lo  expuesto  por los peritos, en tanto, estos  terminan  por  significar que lo evidenciado permite acoger tanto la tesis de la  defensa,  que  la  granada  la  llevaba  consigo  la  víctima,  como  la  de la  fiscalía,  que  el  artefacto  fue  arrojado  sobre el cuerpo del occiso por el  acusado,  y  en  esas  condiciones  de  duda, ante la imposibilidad de verificar  cualquiera  de  las  dos  hipótesis,  al  Ad  quem  no  le  quedaba  más, como  efectivamente  ocurrió, que absolver al procesado, en seguimiento del principio  in  dubio por reo, una vez determinado que lo dicho por los testigos de cargo no  comporta  credibilidad,  ante  las evidentes disonancias lógicas que sus dichos  encierran.   

En consecuencia, culmina el Procurador, debe  desestimarse   también   el   segundo  de  los  dos  cargos  planteados  en  la  demanda.   

LA DEFENSA.  

Finalmente,  el  representante  legal  del  procesado   manifestó   su   plena   anuencia   con   lo   argumentado  por  la  representación  del  Ministerio  Público,  agregando,   en  torno  de  la  nulidad   pedida   en  el  primer  cargo  de  la  demanda,  que  atinente  a  la  notificación   de   las   decisiones  –punto  en  el cual estima radicar la inconformidad de la fiscalía-,  debe  acudirse,  por  integración  normativa dispuesta en el artículo 25 de la  Ley  906  de  2004),  a  lo  establecido  en  el  artículo  314  del Código de  Procedimiento  Civil,  en  el  cual  sólo se exige notificación personal de la  primera providencia que se profiera.   

Destaca,  igualmente,  que en la práctica,  cuando  el expediente ingresa en segunda instancia a la Sala Penal del tribunal,  la  secretaría  lo fija en el sistema de información, que puede ser consultado  por   cualquier  persona,  donde  también  se  anota  el  proferimiento  de  la  providencia,  haciendo  las  veces,  esta  anotación,  de una notificación por  estados.   

Referente  al  segundo cargo de la demanda,  destaca   el   defensor   carente   de   técnica   su  postulación,  dado  que  indistintamente  se  señalan errores de derecho y de hecho, aunque, finalmente,  la  controversia  responde  a  la  diferencia  de criterios del casacionista con  relación  a  lo decidido por el Tribunal, que vino consecuencia, en sentir  del  profesional  del  derecho, de un ponderado examen de la prueba, a partir de  lo  cual  se evidenció la mendacidad de los testigos de cargo, quienes señalan  hechos que atentan contra los principios de la lógica.   

En  consecuencia,  por estimar apresurado e  incluso  temerario  el recurso de casación presentado por la fiscalía, pide la  defensa    no    casar    el    fallo.          

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

En primer término, por virtud del principio  de  prioridad,  se  abordará  el  cargo  referido a la nulidad propuesta por la  casacionista,  pues,  de  prosperar el mismo, no existe necesidad de examinar el  restante.   

    

1. Cargo primero.     

    Ha pedido la fiscalía, en su  demanda,  que  se anule lo actuado con ocasión de la convocatoria efectuada por  el   Tribunal    Superior   de  Bogotá,  para  celebrar  la  audiencia  de  argumentación  oral  que surgió consecuencia de la apelación propuesta por la  defensa  en  contra  de la sentencia condenatoria emitida por el A quo, dado que  no  se  citó  a  la  representante  del  ente  investigador  y  ello generó la  imposibilidad  de  acudir  a  la diligencia para controvertir los argumentos del  impugnante.   

           Sobre lo que  se  analiza,  es  necesario  precisar cómo, independientemente de la discusión  que  se  ha  planteado  acerca  de  si el sistema acusatorio que nos rige, tiene  raigambre  en  los  sistemas continental europeo o anglosajón, es lo cierto que  una  de  las  notas  características  o  principios que irradian fuertemente lo  contemplado  en  la  Ley  906  de 2004, refiere a la igualdad entre las partes o  igualdad  de armas, como  se estila llamar en el viejo continente, fruto de  la   connotación   adversarial   de   un   proceso   también   denominado   de  partes.   

      Entonces, sea que  se         defina         al         juez         como         un         simple  árbitro          –sistema  anglosajón-,  o se le dote de  facultades  más  profundas  de  intervención  en  guarda  de los principios de  legalidad  y  de  justicia  material, como sucede en nuestro país, es lo cierto  que   en  ambos  eventos  se  hace  necesario  propugnar  porque  las  partes  e  intervinientes  participen  dentro  del  proceso  en  un  ámbito  de igualdad y  respeto por sus pretensiones y expectativas.   

          Igualdad  de armas  que,  en  definición  de  la  Corte  Constitucional1,    implica:    “…Asegurar  que acusador y acusado gocen de los mismos medios de  ataque  y  de  defensa  para  hacer valer sus alegaciones y medios de prueba, es  decir,    “que   disponga   de  las  mismas  posibilidades  y  cargas  de  alegación, prueba e impugnación”.”   

      Como  parte  del  principio   acusatorio,   respecto   de  ese  principio  de  igualdad,  dijo  la  Sala2:   

    “1.4   Con  independencia  de  que  el  sistema  adoptado  en  el  Código  de  Procedimiento   Penal,   Ley   906   de  2004,  tenga  características  que  lo  singularizan  frente a sistemas acusatorios de otras latitudes, lo cierto es que  el   Acto  Legislativo  No.  03  de  2002  introdujo  el  principio  acusatorio,  caracterizado  por diversos aspectos que coinciden, con algunas variaciones, con  los   sistemas   acusatorios   de   que   habla   el  derecho  comparado,  entre  ellas:   

“1.4.1   El   Reconocimiento   de   la  “igualdad  de  armas”  entre  la  Fiscalía y la defensa, de modo que puedan  actuar  en el mismo plano como adversarios que someten su teoría del caso y sus  pruebas   a   conocimiento   del  juez,  encargado  de  resolver  el  asunto  en  justicia.   

“Con  la  intención  de  garantizar  la  defensa  en  términos adecuados se reconoció al defensor iniciativa probatoria  y  se ordenó la implementación de un Sistema Nacional de Defensoría Pública,  aparejada    con    el   fortalecimiento   general   de   la   Defensoría   del  Pueblo.   

“1.4.2  La  separación  entre  actos de  investigación-  acusación  y actos de juzgamiento, los cuales son exclusivos y  excluyentes,  pues,  por  principio  general,  el  Fiscal  no  puede decidir con  autoridad  judicial  sobre  cuestiones que afecten los derechos fundamentales de  los   intervinientes,   ni  el  Juez  puede  inmiscuirse  en  la  investigación  decretando  pruebas  de  oficio.  Este  último  aserto será desarrollado en un  capítulo propio.”   

       Ahora bien,  deteniéndonos  en  las  posibilidades  de  impugnación a que remite una de las  aristas  de  la  llamada  igualdad  de  armas, entiende la Corte que ellas no se  limitan  a  la  facultad  de  acudir  ante la misma u otra instancia para que se  revoque  o  modifique  la  decisión  que  afecta  los  intereses de la parte en  concreto,  sino  que irradian el mecanismo de contradicción o controversia  de  la  contraparte,  a  efectos  de oponerse o contrarrestar los argumentos del  impugnante.   

           Porque,   en   un  sistema  acusatorio  imbuido  como  el  que más de los principios de oralidad e  inmediación,  la controversia dialéctica que surge de las pruebas y argumentos  de  las  partes,  representa  el  fundamento  toral de la decisión del juez, la  cual,  inexcusablemente,   ha  de  estar regida por la impresión que en el  funcionario producen unas y otros.    

        No es  gratuito,  por  ello, a título ejemplificativo, que del juez de conocimiento se  exija  anunciar  el  sentido  del  fallo  tan  pronto  ha  culminado  el  debate  probatorio  y  argumental  propio  del  juicio  oral,  o cuando más, en un  lapso  no  superior   a  dos horas –artículos  445  y 446 de la Ley 906 de 2004-, pues, la decisión no  ha  de  estar  mediada por factores diferentes  al convencimiento inmediato  que  surge  de  esos  medios  de  prueba practicados en su presencia y lo que de  ellos   extractan   argumentalmente   las   partes   en   su   intervención  de  cierre.   

       En  lo  que  toca  con  los  recursos  ordinarios,  y  en  especial  el  de apelación que se  instaura  contra el fallo,  cobra mayor valor la connotación eminentemente  dialéctica  del debate, dado que, en la forma prevista por el legislador dentro  de  su  potestad de configuración, ya ante la segunda instancia no se practican  de  nuevo  pruebas,  sino que se trata de controvertir el acierto de lo decidido  por  el  fallador  de  primer  grado,  como  lo  ha  dejado  sentado la Sala, en  Sentencia del 2 de mayo de 2002:   

       “…  la apelación,  como  una de las formas de acceder a la segunda instancia, no ha sido instituida  a  manera  un  nuevo  juicio  fáctico  y  jurídico  con prescindencia de lo ya  resuelto  por  el  a  quo,  sino  como  instrumento  de control de juridicidad y  acierto  de  las  decisiones  adoptadas  por  los  funcionarios de primer grado,  limitada,  por tanto, a revisar los aspectos sobre los que la parte que ha dicho  mecanismo  acude,  manifieste  inconformidad. // Y si bien esta inconformidad en  últimas  recae  sobre  el  sentido  de  la  decisión  adoptada  por la primera  instancia,  esto  en  modo  alguno indica que en todos los casos la impugnación  verse  sobre  la  totalidad  de  los  aspectos  contenidos  en  ella, pues, como  párrafos  arriba  se ha dejado expuesto, es la sustentación del recurso la que  impone  el  límite  al  funcionario  de  alzada.  Entenderlo  de manera diversa  conllevaría  reconocer  que la exigencia de interponer oportunamente el recurso  y  sustentarlo frente a los motivos de disenso, constituye apenas la apertura de  una  vía  de  acceso  sin  limitación  ninguna  para el funcionario de segundo  grado,    lo    cual    repugna    a    la    idea    de   proceso   reglado   y  contradictorio.”   

        No    puede  desconocerse,  en éste sentido, cómo la regulación contenida en la Ley 906 de  2004,  en  busca  de  amparar los derechos de la víctima y facultar medios para  que   los   principios  de  verdad,  justicia  y  reparación,  tengan  efectiva  materialización,  consigna  normas  que específicamente propugnan por  la  posibilidad  de  acceso a la justicia y de controversia de las decisiones que la  afectan.   

         En  particular, por su clara vinculación con lo que se debate, el artículo 176  de  la Ley 906 de 2004, consagra, ya de manera expresa, la posibilidad de que la  sentencia absolutoria sea apelada.   

      En  estudio  de  exequibilidad  de ese apartado normativo que faculta directa la apelación de la  sentencia    absolutoria,    anotó    la    Corte    Constitucional3:   

      “En  particular la Corte Constitucional ha concluido que la Carta  de  1991  reconoce  a  las  víctimas  y  perjudicados por un hecho punible unos  derechos  que  desbordan  el  campo  de  la  reparación  económica, pues   incluyen  también  el  derecho a la verdad y a que se haga justicia4.   En  ese  contexto,  si  bien  la  impugnación de la sentencia condenatoria es un derecho  consagrado  expresamente a favor del sindicado en la Constitución y en diversos  instrumentos  internacionales,  no  es menos cierto que la posibilidad de apelar  la  sentencia  absolutoria  es  expresión de derechos de similar entidad de las  víctimas  y  materialización  del  deber  de  las  autoridades  de asegurar la  vigencia  de  un  orden justo. Al pronunciarse en sede de constitucionalidad con  ocasión   de   una   demanda   de  inconstitucionalidad  presentada  contra  la  posibilidad  de  interponer  el  recurso  de  casación  frente a las sentencias  absolutorias  en materia penal, esta Corte señaló que   “…si, se  accediera  a  la  petición  hecha  por  el  actor en el sentido de descartar la  procedencia  de  la  casación   en las circunstancias que él invoca y por  tanto  no  se  permitiera  al  Ministerio  Público,  a la Fiscalía,  a la  víctima,  o  a  los perjudicados con el hecho punible solicitar la casación de  la  sentencia  absolutoria   con el fin  de que se corrija un eventual  desconocimiento  de la Constitución y la Ley, se estaría no solo desconociendo  el  derecho  a  la igualdad de dichos intervinientes en el proceso penal sino su  derecho  al  acceso a la administración de justicia  en perjuicio  de  los  derechos  del  estado,  de  la  sociedad,   de  la  víctima  o de los  eventuales  perjudicados  con  el  hecho punible  y con grave detrimento de  los  derechos  a  la  verdad  a  la  justicia  y  a  la  reparación5.”6  Mutatis Mutandis, tales  consideraciones  resultan  aplicables  a  la  posibilidad de apelar la sentencia  penal absolutoria.     

       “En  tales  condiciones,  la  Corte  llega  a  la  conclusión  de que, no solo no es  violatorio  del  non  bis  in  idem,  establecer  la  posibilidad  de  apelar la  sentencia  absolutoria,  sino  que,  por  el  contrario, excluir esa posibilidad  podría   resultar   problemático   desde   la   perspectiva  de  la  garantía  constitucional  de la doble instancia, el derecho de acceso a la administración  de  justicia,  los  derechos  de  las  víctimas  a  la verdad, la justicia y la  reparación  y  el imperativo que la Carta impone a las autoridades de lograr la  vigencia de un orden justo (CP art. 2°).   

       “De este  modo,  así  como,  por  expreso  mandato  constitucional,  que  está  previsto  también  en  tratados  internacionales  sobre  derechos humanos ratificados por  Colombia,  nuestro  ordenamiento  garantiza  la  posibilidad  del  sindicado  de  impugnar  la  sentencia  condenatoria, también se ha previsto, en desarrollo de  la  garantía  de  la  doble  instancia,  la  posibilidad de apelar la sentencia  absolutoria,  lo  cual  constituye una garantía para las víctimas y protege el  interés  de la sociedad en una sentencia que, con pleno respeto de los derechos  del  sindicado,  conduzca  a  la  verdad, la reparación y la justicia.”    

       Toma la  Corte   en   consideración  este  apartado  jurisprudencial,  dada  su  directa  relación  con  el  derecho de contradicción y, en especial, la posibilidad que  ha  de  darse  a la contraparte de la defensa, dígase víctima o fiscalía, que  para  el  caso  ambas  representan  intereses  similares  o  complementarios, de  controvertir  los  argumentos  presentados  por  la  primera  en  aras de que se  derrumbe en segunda instancia la sentencia de condena.   

         Al  efecto,  si  para  la  protección  de  los  derechos  de la víctima, se estima  necesario,  como  se  anotó en el apartado arriba transcrito, permitir se apele  la  sentencia  absolutoria,  apenas  evidente  surge  que  si  el apelante es el  defensor,  buscando que se revoque la sentencia condenatoria de primer grado, en  guarda   de   los  mismos  principios  y  para  hacer  operante  el  derecho  de  contradicción,  es  menester  que  se  permita  a la víctima o la fiscalía, o  ambos,  intervenir  en  la  correspondiente  audiencia  de alegación oral, para  contraponer  sus  argumentos  a  los  de  la  contraparte y así dotar al debate  propio  de  la  segunda  instancia,  de  los  necesarios  elementos dialécticos  –tesis  y  antítesis-,  a  partir de los cuales funda su decisión el Ad quem.   

        Y  ello,  se repite, adviene mucho más necesario en la sistemática acusatoria, no  sólo  por  razón del principio de igualdad de armas antes relacionado, sino en  atención   a   que   la  dinámica  propia  de  la  audiencia  de  “debate  oral”, como así la denomina,  en  tratándose de apelación del fallo, el inciso segundo del artículo 179 del  C.  de  P.P.,  en  desarrollo  de  los  principios  de  inmediación,  oralidad,  concentración   y   contradicción,   reclama  que  la  discusión  en  su  totalidad  se  adelante  durante la diligencia establecida para ese efecto, y se  encamine  a  determinar  la  validez  y  justeza  de  la  sentencia  de  primera  instancia.   

         En  sentido  general,  no se duda que tanto la fiscalía como la víctima, cuando en  primera  instancia  se  han  atendido  las pretensiones de condena,  poseen  plena  legitimidad  e interés en acudir al debate oral que en segunda instancia  busca  resolver  la  solicitud  de  revocatoria o modificación planteada por la  defensa,  precisamente,  porque  éste  es  el  escenario propicio y único para  oponerse,  en  su  sentido  formal  y  material,  a  una  postulación, la de la  defensa, que claramente los afecta.    

   

        Por   lo  demás,  si  no  se  controvierte  que  en  favor  de la defensa asoma garantía  fundamental  la  de  convocársele  para  que intervenga en el debate de segunda  instancia  reclamado  por  la  fiscalía  o la víctima a través del recurso de  apelación,  cuando  el  fallo de primer grado ha sido absolutorio y se pretende  derrumbarlo,  igual  consideración  opera en sentido contrario, esto es, cuando  se  emite  fallo  condenatorio y apela la defensa o el procesado, en seguimiento  de  un  principio de igualdad de armas y unos derechos de la víctima que tienen  pleno soporte constitucional y legal.   

           No   soslaya   la  Corte,  eso  sí, que la contraparte perfectamente puede renunciar a ese derecho  o  facultad  de controvertir los argumentos del  apelante, incluso obviando  concurrir  a  la audiencia de sustentación oral, sin que ello afecte la validez  de  la  diligencia,  como  fácilmente  se  desprende  de  lo  consagrado  en el  artículo 179 de la Ley 906 de 2004.   

            Pero   ello   no  significa  que  sea  del  resorte del funcionario judicial convocar o no a todas  las  partes   e  intervinientes  a  la audiencia de debate oral previamente  programada   –entre  otras  razones,  porque es, el que se examina, un derecho disponible únicamente por la  parte  o  interviniente  a  favor de los cuales se consagra-, o que devenga mera  irregularidad  intrascendente  la  omisión en noticiar adecuada y oportunamente  la celebración de la diligencia.       

     

         La      trascendencia      de      la     violación     deriva     –y  con  esto  se  responde a una de las  manifestaciones  efectuadas por la representación del Ministerio Público en la  audiencia  de  argumentación  del recurso de  casación-, de que se trata,  el   derecho   en   mención,  de  uno  fundamental  de  garantía  –acceso  a la justicia y contradicción-  y  no  de  las posibilidades más o menos etéreas de que lo controvertido en la  audiencia  de  sustentación  del recurso de apelación, en contra de lo aducido  por  el  apelante,  hubiese  podido  tener  o  no,  eco  ante  el funcionario Ad  quem.   

        Ahora  bien,  descendiendo  al  caso  concreto,  los  registros  de  lo ocurrido en las  audiencias  preliminares  y  del  juicio,  así  como las actas y documentos que  soportan  las  diligencias,  permiten  advertir  que  luego  de  practicarse las  pruebas  y  escuchar  los argumentos de cierre de las partes, el juez   de  conocimiento  anunció  el  sentido  del  fallo  condenatorio, procediendo a  proferir   formalmente   la  sentencia  en  audiencia  posterior,  celebrada  el  30  de  noviembre  de  2006,  la cual culminó con la  interposición,  por  parte  de la defensa, del recurso de apelación, el que de  inmediato fue concedido por la jueza, en el efecto suspensivo.   

             Enviado  lo  actuado  al  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  allí se recibió la  carpeta  el  19  de enero de 2007. Repartido el asunto a la correspondiente Sala  de  Decisión, el día 23 de enero de 2007, se dictó un auto convocando para la  audiencia  de  debate  oral, a celebrarse el 2 de febrero de 2007, a las diez de  la mañana.   

       En el  mismo  escrito  se  ordena: “En consecuencia cítese  en  forma  inmediata  a las partes intervinientes y dispóngase la remisión del  imputado  quien  se  encuentra  recluido  en  la Cárcel la Modelo. Líbrense     las     comunicaciones  respectivas”.   

       En  la  carpeta,  a renglón seguido, reposan oficios fechados el 24  de  enero  de  2007,  en los cuales se comunica a las partes e intervinientes la  fecha y hora de realización de la diligencia.   

        Sin  embargo,  ninguna  de  ellas,  y  particularmente  el  dirigido  a  la Fiscal 13  Seccional  de  Bogotá,  registra  alguna  certificación  acerca de su efectivo  envío  o  cabal  recepción. Tampoco existen constancias de algún tenor en las  cuales  se  anote  que  por  otro  medio se enteró  a la funcionaria de la  fecha y hora señaladas para el debate oral de apelación.    

           La audiencia  se  celebró  el  2  de febrero de 2007 y a ella solo acudieron el defensor y el  procesado.  Al  comienzo,  el magistrado que dirigía el debate dejó constancia  de  que no concurría ninguna de las otras parte o intervinientes (minuto 01:34,  del  registro). Allí mismo, después de escucharse los argumentos del apelante,  se  fijó  fecha  para  el  proferimiento  de  la  sentencia  de  segundo grado,  notificándose en estrados (minuto 24:50, del registro).   

        El 15  de  marzo  de  2007,  tuvo  lugar  la diligencia de lectura del fallo de segunda  instancia, acudiendo únicamente el defensor.   

   

          Con  fecha  del 26  de  marzo  de  2007,  la  Fiscal  13  Seccional  de Bogotá, envió un oficio al  Secretario  de  la  Sala  Penal del Tribunal, solicitando allegar copia del  oficio,  con  sello  de  recibido,  a  través  del  cual se le notificaba de la  realización de la audiencia de debate oral.   

      En  respuesta  a  ello,  el Escribiente de la Sala Penal, señaló que se requirió al notificador  de   la  corporación  sobre  el  particular  y  éste  respondió  “…que  debido  al elevado nivel de asuntos que tiene a su cargo,  no    recuerda   con   precisión   si   llamó   o   entregó   el   respectivo  oficio.”.   

           En  concreto,  el  citador   del   Tribunal,   en   oficio   que   se   anexa   a   la   respuesta,  anotó:   

              “Dada     la  cantidad  de  trabajo  que regularmente corresponde a mi cargo, no tengo certeza  de  haberle  comunicado  a la Dra. OFIR VELANDIA FORERO, Fiscal 13 Seccional, de  la  audiencia de debate oral del 2 de febrero de 2007 a las 10:00 de la mañana,  que se celebró en el expediente referenciado”.   

        También  refiere  que  en su carpeta no se halla “el  recibido de rigor”.   

         El  resumen del  trasunto procesal ha sido necesario para verificar que, en  efecto,  la  Fiscal  13  Seccional  de  Bogotá,  a  pesar de lo ordenado por el  magistrado  ponente  al  momento  de fijar la fecha y hora de celebración de la  audiencia   de   debate   oral,  no  fue  efectivamente  notificada  o  enterada  adecuadamente   de  ello,  como  se  confirma  no  sólo  de  lo  dicho  por  la  funcionaria,  amparado  ello del principio de buena fe y lealtad procesal que la  asiste,  sino  de  lo certificado por los empleados de la Secretaría de la Sala  Penal  Tribunal Superior de Bogotá, de lo cual surge que si bien se expidió el  correspondiente  oficio  citatorio,  éste nunca fue entregado, como lo confirma  la  inexistencia de sello o firma de recibido de éste, a más de la carencia de  constancias  que  registren  haberse  comunicado  ello  por  otro medio, dígase  telefónico o personal, a la Fiscal Seccional.   

           Respecto del  tópico  de citaciones para la intervención en las correspondientes audiencias,  consagra el artículo 171 de la Ley 906 de  2004:   

         “Citaciones.  Procedencia.  Cuando  se  convoque  a  la  celebración de una audiencia o deba adelantarse un  trámite  especial,  deberá  citarse  oportunamente  a  las  partes,  testigos,  peritos y demás personas que deban intervenir en la actuación.   

           La citación  para  que  los  intervinientes comparezcan a la audiencia preliminar deberá ser  ordenada  por  el  juez  de  control  de garantías.”   

          De  igual  manera,  regulando    el   mecanismo   de   citación,   establece   el   artículo   172  ibídem:   

        “Forma. Las citaciones se  harán  por  orden  del  juez  en  la providencia que así lo disponga, y serán  tramitadas  por  secretaría.  A  este  efecto  podrán  utilizarse  los  medios  técnicos  más  expeditos  posibles  y se guardará especial cuidado de que los  intervinientes  sean  oportuna  y  verazmente  informados de la existencia de la  citación.   

      “El juez podrá  disponer  el  empleo  de  servidores de la administración de justicia y, de ser  necesario,  de  miembros de la fuerza pública o de la policía judicial para el  cumplimiento de las citaciones.”   

         Independientemente  de  que  se  estime  adecuado o no el oficio que contiene la  citación  para  la  concurrencia  a la audiencia, es lo cierto que el mecanismo  utilizado  para  enterar  de  la citación a la funcionaria, fue ineficaz porque  nunca se entregó a su destinataria.   

     Además de ello, no  se   hizo   uso  de  otros  “medios  técnicos  más  expeditos  posibles”,  incumpliéndose,  finalmente,  con  la  exigencia  legal  de  que  los  intervinientes  sean  “oportuna   y   verazmente  informados  de  la  existencia  de  la  citación.”   

       La omisión  de  la  Secretaría  de  la  Sala  Penal  del Tribunal de Bogotá, condujo, como  consecuencia  trascendente, a que se violaran las garantías de la fiscalía, en  cuanto  parte del proceso penal,  impidiéndole concurrir a la audiencia de  debate  oral  para,  en  ejercicio  de  los  derechos  de acceso a la justicia y  contradicción,  oponerse  y  controvertir  los  argumentos  presentados  por la  defensa  en  aras  de  que,  como  finalmente ocurrió, se absolviera en segunda  instancia a su representado legal.    

        Ello  conduce  necesariamente, por virtud de la trascendencia del yerro y los derechos  afectados,  a  que  se  case  la  sentencia, como lo pidió en el primero de los  cargos  la  recurrente,  en  aras  de  que  se retrotraiga el proceso penal para  permitir  que se cite adecuada y oportunamente a la fiscalía, a la audiencia de  debate  oral  en  la  cual  la  defensa expondrá los argumentos que soportan la  apelación  interpuesta  en contra del fallo de primera instancia que condenó a  su  prohijado  legal  a  la pena de 500 meses de prisión, a título de autor de  los  delitos de homicidio agravado y tentativa de homicidio agravado, facultando  la     controversia    dialéctica    de    la    representación    del    ente  investigador.   

         Sobre  lo  decidido,  para efectos de responder a algunas de las manifestaciones  concretas  que presentasen el  delegado de la Procuraduría y la defensa en  curso  de  la  audiencia  de  alegaciones  previas  a  este  fallo, es necesario  destacar  cómo  sus  argumentos  parecen estar imbuidos de conceptos propios de  una  sistemática  mixta  o  francamente  inquisitiva,  y  en particular, de los  postulados  generales  que en punto de la forma de decidir y la notificación de  las providencias, consagra la Ley 600 de 2000.   

          Sólo  así  puede  explicarse  que  la  representación  del  Ministerio  Público  advierta,  para  derivar  inconsecuente  la  omisión  en citar adecuadamente a la fiscalía, que  era  de  cargo  de  la funcionaria permanecer expectante o verificar día a día  cuándo  el  tribunal  convocaba  para  la  diligencia  de  sustentación  de la  apelación  interpuesta  por  la  defensa  en  contra de la sentencia de condena  proferida  por  el  A  quo,  como  si de verdad la nueva sistemática acusatoria  prohijara   un   tal   proceder,   claramente   inserto   en   la   Ley  600  de  2000.   

     Y  ello tenía sentido,  agrega   la  Corte,  porque  se  trataba  de  emitir providencias escritas,  concretamente  el fallo, que no demandaban audiencia o formalidad respecto de su  expedición,  que  se  entendía efectuada en la fecha de su suscripción y para  lo  cual  se  ofrecía  un  término  de  15  días,  contados  a  partir  de la  terminación de la audiencia de juzgamiento.   

     

         En  esas  condiciones,  sí era del resorte de las partes permanecer vigilantes,  ya  que la providencia podía ser expedida en cualquier fecha, dentro de esos 15  días,  pero,  a la par, existía la posibilidad de incrementar los términos de  ejecutoria   o   posibilidades  de  enteramiento,  a  través  de  la  forma  de  notificación supletiva que lo era el edicto.   

       Junto  con  ello,  en  tratándose  de  la  persona  privada  de  a  libertad, era necesario  notificarla personalmente.   

         Pero  ni  siquiera es absoluta esa definición, propia de la ley 600 de 2000, de  que  la  parte  debe  permanecer  expectante, pues, como jurisprudencialmente lo  establecieron  la  Corte Constitucional y esta Corporación, en los casos en los  cuales  la  sentencia se expide por fuera del término de 15 días, es necesario  que  se  cite a las partes adecuadamente, para efectos de que puedan notificarse  de la sentencia.   

         De  manera  contraria,  en  la  Ley  906  de  2004,  para efectos de desarrollar  cabalmente  los principios de inmediación, oralidad, publicidad y celeridad que  le  son anejos al sistema acusatorio, las decisiones se toman, o cuando menos se  dan  a  conocer, en audiencia, con lo cual cobra especial relevancia la forma de  notificación  por  estrados, en el entendido de que las partes son convocadas a  la   diligencia   y   al   interior   de  la  misma  pueden  ejercer  todos  sus  derechos.   

        Pero,  debería  ser  obvio, ante la inexistencia de formas supletivas de notificación  –desde  luego,  no  es una  notificación   por    “estados”  esa  ubicación  de  la  decisión en el sistema de gestión de la  secretaría  del  Tribunal,  como  lo pregona sin mayor desarrollo el defensor-,  dado  que  el  momento toral para desarrollar todos los derechos inherentes a la  parte,  lo  es  precisamente  la audiencia, lo menos que pude esperarse es que a  esa  parte  o interviniente se le convoque de forma adecuada, oportuna y eficaz,  para su celebración.   

        No en  vano,  entonces, de manera precisa, expresa y contundente, el artículo demanda:  “…se   guardará  especial  cuidado  de  que  los  intervinientes  sean  oportuna  y  verazmente  informados de la existencia de la  citación”,  para después consagrar la posibilidad,  incluso,  de  que  el  juez  recurra  a  miembros  de la fuerza pública o de la  policía judicial, para que se cumplan las citaciones.   

        Evidente  e  incontrastable  asoma  el  querer del legislador y ningún esguince  argumental  puede  valer para amainar su compromiso con la efectiva convocatoria  de  las  partes  e  intervinientes,  pues,  de  atenderse a la posición general  consignada  por el Delegado de la Procuraduría en su intervención, apenas cabe  concluir  en  la  inutilidad  del artículo 172 del C. de P.P., dado que siempre  podrá  alegarse  una  supuesta  carga  procesal  de  que  los interesados deban  permanecer  expectantes,  día  día, para saber cuándo, en qué lugar y a qué  hora  se  celebrara la diligencia. Ya no deberían los jueces, entonces, cumplir  con   el   imperativo  legal  de  guardar  “especial  cuidado”,  de  que  la  citación  opere  oportuna y  veraz,  dado  que esa obligación se traslada, no se sabe bajo qué presupuestos  legales, a cada una de las partes e intervinientes.   

      En  otro orden de  ideas,  bastante  sofística  se  ofrece la argumentación del representante del  Ministerio  Público,  prohijada  por  el  defensor,   cuando  advierte que  existió una supuesta notificación en estrados.   

         

             Desde  luego  que  en  estrados se verificó la notificación de la sentencia de  segunda  instancia  y  no  era  necesario  citar para esa audiencia, simplemente  porque  su  fecha y hora fueron establecidos en la anterior de sustentación del  recurso de apelación.   

        Pero,  sucede  que la solicitud de nulidad planteada por la fiscalía, no va encaminada  a   que   se   le  entere  adecuadamente  de  ese  fallo      –entre   otras  razones,  porque  el  enteramiento  se estima ocurrido por conducta concluyente, gracias a  lo  cual  fue  posible presentar oportunamente la demanda de acusación-, sino a  que  se  le  permita  ejercer  el  contradictorio  en  esa  primera audiencia de  presentación  de  argumentos  fruto  de  la apelación de la sentencia, y está  claro  que  la  notificación  para su celebración no podía operar en estrados  –dígase  en  curso  de la  audiencia  de  lectura  del  fallo de primera instancia-, por la sencilla razón  que  al  A  quo  no  le  era  dable  establecer  el  punto, sino limitarse, como  ocurrió,  a  enviar  la  actuación  al Tribunal, cuerpo colegiado que, una vez  asumida  la  competencia,  de manera autónoma fijó, por escrito, en un auto de  trámite,  la  fecha  y hora de la audiencia, lo que de entrada obligaba, huelga  resaltar,  a  un  enteramiento  completamente  diferente  a  la notificación en  estrados.       

             Por    último,  parece  confundir  el señor representante del Ministerio Público, los tópicos  de  interés  y  trascendencia, o las razones que motivaron la instauración del  recurso  de  casación, claramente diferenciadas en los dos cargos separados que  componen  la demanda.   

            Ello,   por  cuanto,   está  claro  que  la  presentación  del  recurso  extraordinario  de  casación  deviene  consecuencia  de  que  en  segunda  instancia se revocara la  decisión   condenatoria  de  primera,  pues,  asoma  elemental,  aún  bajo  el  entendido  que  efectivamente se violó el derecho de garantía de la fiscalía,  porque  no  se  le  convocó  a  la  audiencia  de  sustentación del recurso de  apelación  presentado  por  la  defensa  en contra del fallo proferido por el A  quo,  si  la  sentencia  emitida por el Ad quem, hubiese confirmado la de primer  grado,    emergería  intrascendente  la  demanda  de  casación,  por  carecer  de  efecto  práctico, en tanto, la violación no redundó en perjuicio  para la parte afectada.   

          Lo contrario, como  efectivamente  ocurrió, deviene no, tal cual manifiesta el Procurador Delegado,  en  que  se  determine existir interés solamente para controvertir el contenido  del   fallo   de  segunda  instancia,  sino  en  la  definición  de  un  efecto  trascendente  de la  violación al debido proceso dentro de su vertiente de  garantía,  que  faculta  acudir  al medio casacional para que se restablezca el  derecho  perdido, a través del remedio extremo de la nulidad,  y no apenas  con  el  ánimo,  propio  del  cargo  segundo,  de que se  revoque el fallo  absolutorio.           

        Opera    la  declaratoria  de  nulidad,  entonces,  para  todo  lo  actuado a partir del auto  emitido  por  el  magistrado  ponente  del  Tribunal,  el  23  de enero de 2007,  incluido  éste,  por  medio  del  cual se convocaba para la audiencia de debate  oral.   

           Debe,  por  ello, expedirse un nuevo auto en el que se fije a futuro otra fecha para el  efecto,  notificándose  oportuna  y  adecuadamente  de  ello  a  las  partes  e  intervinientes  y  rehaciendo  el  trámite  propio  de  la  segunda  instancia.   

               Por  último,  respecto  a la solicitud presentada por el señor fiscal en curso  de  la  audiencia  de  sustentación,  en  el  sentido  de  que  se  separe  del  conocimiento  del  asunto  a los magistrados que profirieron el fallo de segundo  grado,  ya  que  supuestamente  tienen  comprometido su criterio, la Corte sólo  debe  señalar que no es este el momento propicio para recusar a quienes conocen  del  proceso,   si  de eso es que trata la petición del funcionario, pues,  esa  manifestación,  como  lo  informa  el  artículo 60 de la Ley 906 de 2004,  tiene  un  espacio  y  tiempo  determinados  e  implica,  cuando menos, permitir  previamente  que  los  servidores  públicos,  si lo estiman a bien, se declaren  impedidos    y    que    el    asunto    se    halle   efectivamente   bajo   su  conocimiento.   

         Junto  con ello, no puede desde ya la Sala comprometer su criterio, si puede ser  posible  que se deba resolver, en las circunstancias adecuadas, la recusación o  impedimento,  lo  que  implica,  cuando menos, que el asunto regrese al Tribunal  para que allí se adelante lo pertinente.   

    

           Lo  decidido  por  la  Corte  torna  inconsecuente  evaluar el segundo de los cargos  propuestos  por  la  impugnante  en la demanda de casación, por obvias razones.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:   

1-  CASAR la sentencia impugnada, proferida  por  el Tribunal Superior de Bogotá, en relación con el primer cargo propuesto  por  la  fiscalía  en  el  proceso  que  se sigue en contra de ISIDRO GONZÁLEZ  MANCIPE.   

En  consecuencia, declarar la nulidad de lo  actuado  a  partir, inclusive, del auto expedido por el Tribunal de Bogotá, que  convocó  a las partes e intervinientes a la audiencia de debate oral en la cual  la   defensa  sustentaría  el  recurso  de  apelación  interpuesto  contra  la  sentencia  de condena, para efectos de que se rehaga la actuación dentro de los  lineamientos  de respeto a derechos y garantías fundamentales, señalados en la  parte motiva de esta decisión.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Excusa justificada  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO       J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                     JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS            

Comisión de servicio  

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS               JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA      

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Sentencia C-591 de 2005   

2  Sentencia del 30 de marzo de 2006, radicado 24.468   

3  Sentencia C-047 de 2007.   

4 Ver  sentencias  C-740 de 2001, C-1149 de 2001,  SU-1184 de 2001, T-1267 de 2001  y C-282 de 2002.   

5   Ver  Sentencia  C-228/02 M.P. Manuel José Cepeda Espinosa y Eduardo Montealegre  Lynett.   En dicha sentencia se hicieron las siguientes consideraciones que  resulta  pertinente  recordar “(t)anto en el derecho  internacional,   como   en  el  derecho  comparado  y  en  nuestro  ordenamiento  constitucional,  los  derechos  de  las  víctimas  y  perjudicados por un hecho  punible       gozan       de       una       concepción      amplia–no  restringida  exclusivamente a una  reparación  económica–  fundada  en  los  derechos  que  ellas  tienen  a  ser  tratadas con dignidad, a  participar  en  las  decisiones  que  las afecten y a obtener la tutela judicial  efectiva  del  goce  real  de  sus  derechos,  entre  otros,  y  que exige a las  autoridades  que orienten sus acciones hacia el restablecimiento integral de sus  derechos  cuando han sido vulnerados por un hecho punible. Ello sólo es posible  si  a  las  victimas y perjudicados por un delito se les garantizan, a lo menos,  sus  derechos  a  la  verdad, a la justicia y a la reparación económica de los  daños sufridos.   

De  tal  manera  que  la  víctima  y  los  perjudicados  por  un  delito tienen intereses adicionales a la mera reparación  pecuniaria.  Algunos  de  sus intereses han sido protegidos por la Constitución  de  1991  y  se  traducen  en  tres  derechos  relevantes para analizar la norma  demandada en el presente proceso:   

1.  El  derecho  a  la verdad, esto es, la  posibilidad  de  conocer  lo  que sucedió y en buscar una coincidencia entre la  verdad   procesal  y  la  verdad  real.  Este  derecho  resulta  particularmente  importante  frente  a  graves  violaciones  de los derechos humanos.5   

2. El derecho a que se haga justicia en el  caso concreto, es decir, el derecho a que no haya impunidad.   

3.  El  derecho a la reparación del daño  que  se le ha causado a través de una compensación económica, que es la forma  tradicional como se ha resarcido a la víctima de un delito.   

6     Sentencia  C-998  de  2004,  M.P.  Alvaro Tafur  Galvis     

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