27778(11-07-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27778  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.   MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado    acta    No.    117   

Bogotá,   D.   C.,    once   de   julio   del  año  dos  mil  siete.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  las demandas  de casación que presentan              los         defensores   de   los  procesados  FÉLIX    MARÍA    QUINTERO    CARRILLO    e   ISAID   MEDINA  VERA,  contra  la sentencia condenatoria proferida en  segunda  instancia  el  veintiuno de noviembre de dos  mil  seis  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bucaramanga,  mediante  la  cual  los  condenó  a  treinta  y cinco  (35)   años  de  prisión    como   coautores   del   concurso   de   delitos   de   secuestro     extorsivo    agravado    y    extorsión.   

1.- Antecedentes.  

1.1.- La cuestión  fáctica fue declarada por el juzgador de la manera siguiente:   

“El   4   de  septiembre  de  2002,  NUBIA  SAAVEDRA  DE  CASTILLO, recibió en su residencia,  apartamento  201 de la carrera 3W No. 56-08, del Barrio Mutis de Bucaramanga, un  escrito  membreteado  por  el  Frente de Guerra Ramón Gilberto Barbosa Zambrano  del  E.P.L.,  mediante  el  cual  la organización subversiva la amenazaba en su  integridad  física,  así  como  a  su  familia,  si  no  cumplía la exigencia  contenida  en  la misiva, consistente en la cancelación de la suma de cincuenta  (50) millones de pesos.   

“De igual manera, por vía telefónica, fue  constreñida  por  un hombre quien manifestó llamarse SEBASTIÁN, razón por la  cual  la  señora SAAVEDRA hace un envío de cuatro (4) millones de pesos con su  hijo  PEDRO  ANTONIO CASTILLO, quien acude a efectuar la entrega de tal suma, en  compañía  de  su  amigo EFRAÍN GARCÍA, a la población de Santa Cruz  de  la  Colina, lugar acordado con  los  extorsionistas,  siendo  retenido  contra  su  voluntad  por  los rebeldes,  quienes  consideraron  que  la  suma  recibida no era suficiente para cubrir sus  expectativas.  Una  vez  secuestrado PEDRO CASTILLO, persistieron las llamadas a  la  señora  SAAVEDRA,  exigiéndole veinticinco (25) millones de pesos a cambio  de  la  libertad de su hijo. Posteriormente, se acuerda entregar la suma de seis  (6)  millones  de  pesos  y CASTILLO es dejado en libertad por los rebeldes, una  vez  que por conducto de EFRAÍN GARCÍA, se efectúa el pago de lo convenido en  Santa Cruz de la Colina”.   

1.2.- En el curso  de   la  fase  investigativa,  la  Fiscalía  Regonal  Delegada  ante  el  Gaula  de  Bucaramanga,  vinculó  mediante  indagatoria  a ISAID MEDINA VERA (fl. 218 y  ss.-),  MARILUZ  NORIEGA  CORREDOR  (fls.  246  y ss.)  y  ARMANDO  VEGA  FONSECA  (fls.  64  y ss.), a quienes  la      Fiscalía      Segunda      Especializada  con  sede en Bucaramanga, a  donde   fueron   reasignadas   las  diligencias,  les  definió  la  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento consistente en  detención  preventiva  (fls.  1  y  77  ss.-2).   

Asimismo,  vinculó  mediante  declaratoria   de   persona   ausente   al   imputado  FÉLIX  MARÍA  QUINTERO  CARRILLO, (fls.  125 y ss. cno. 2),     designándole    como  defensor de oficio a un profesional  del  derecho  y  le definió su situación jurídica con medida de aseguramiento  consistente   en   detención  preventiva  (fls.  191  y   ss.-   2).   

1.3.-  Posteriormente,   previa   clausura  del  ciclo  instructivo  (fl.  225       cno.       2),        el       veintiséis   de   noviembre   de   dos   mil   tres  se  calificó el mérito probatorio del sumario con resolución de  acusación  en contra de los procesados FÉLIX MARÍA  QUINTERO  CARRILLO, ISAID MEDINA VEGA y MARILUZ NORIEGA CORREDOR, como coautores  del  delito  de  rebelión,  agravada  para  el primero de los mencionados en su  condición  de  jefe, en concurso con secuestro extorsivo agravado y extorsión,  al  tiempo  que  precluyó  la  investigación respecto de ARMANDO VEGA SAAVEDRA  (fls.  276  y  ss.-2), mediante determinación que el tres de febrero de dos mil  cuatro,      la      Fiscalía      Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bucaramanga,  confirmó  íntegramente al conocer de la impugnación interpuesta  por  la  defensa (fls. 3 y  ss. cno. Sda. Inst.).   

1.4.- La etapa de  juicio  fue  asumida por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  Especializado  de  Bucaramanga (fls. 2 cno.  3), en donde se llevó a  cabo   la   vista   pública   (fls.  89  y ss.-3) y  el  dos  de agosto  de  dos mil cinco se puso fin a  la  instancia  condenando  a  los  procesados  ISAID  MEDINA  VERA  y FÉLIX MARÍA QUINTERO CARRILLO, a la pena principal de cuarenta  (40)  años  de  prisión,  multa  cuantía  de  cinco mil setecientos salarios mínimos legales mensuales y  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por  término  igual  al  de  la  pena  privativa  de  la libertad, a  consecuencia  de  hallarlos  penalmente  responsables del concurso de delitos de  secuestro  extorsivo,  extorsión y rebelión a ellos  imputado  en  el  pliego  enjuiciatorio,  entre  otras decisiones, al tiempo que  absolvió  a  la  procesada  MARY  LUZ  NORIEGA  de  los  cargos  que  le fueron  formulados  (fls.  126 y  ss.-3).   

1.5.- Recurrida  esta  decisión  por  la  defensa  de  FÉLIX MARÍA  QUINTERO  CARRILLO  e  ISAID  MEDINA VERA (fls. 138 y ss.), el Tribunal Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bucaramanga,   por  medio   del   fallo   de   segunda  instancia  proferido  el  veintiuno        de       noviembre   de  dos  mil  seis,           decidió  “declarar la nulidad parcial del proceso, en relación  con  lo  actuado  respecto  del  delito de rebelión, a partir del traslado para  pedir  pruebas  en el período de la causa, para que se rehaga el proceso contra  FÉLIX  MARÍA  QUINTERO CARRILLO e ISAID MEDINA VERA”, confirmar la decisión  de  condena por las demás  conductas  y,  en  consecuencia modificar el fallo de primera instancia “en el  sentido  de imponerles una  pena  de  35  años  de  prisión  y  multa  de  5.600 SMLMV, por los delitos de  secuestro  extorsivo  agravado  y  extorsión,  así  como una pena accesoria de  inhabilitación  de  derechos  y funciones públicas por un lapso de 20 años”  (fls. 18 y ss. cno. Trib.).   

1.6.- Contra la  sentencia  de  segunda  instancia, en oportunidad los  procesados    FÉLIX   MARÍA   QUINTERO   CARRILLO  e     ISAID        MEDINA        VERA,  interpusieron   recurso  extraordinario    de   casación   (fls.             51 y 66), el  que  fue concedido por el ad quem (fl. 70),   y   sus  respectivos  defensores  presentaron               las      correspondientes          demandas       (fls.       89 y ss.), sobre cuya admisibilidad se  pronuncia la Corte.   

2.-          Las  demandas.   

2.1.-  A  nombre  de FÉLIX MARÍA QUINTERO  CARRILLO.   

Con  apoyo  en  la  causal  primera, cuerpo  segundo,  de  casación,  un cargo formula contra el  fallo  del  Tribunal  en  el  que  sostiene  que  la  sentencia  es  violatoria  de la ley sustancial, por  infracción  indirecta,  a  consecuencia de incurrir en error de hecho por falso  juicio de identidad en la apreciación probatoria.   

Anota  que “a dicha infracción indirecta  de  la  ley sustancial se arribó al dejar de dar aplicación al artículo 29 de  la  Constitución Nacional  y  los  artículos  7,  277 y 399 del Código de Procedimiento Penal al dejar de  reconocer    que    los   hechos   en   la   sentencia   de   segundo grado no estaban plenamente probados  y  por  consiguiente  lo  amparaba  el  principio  universal  del  in  dubio pro  reo”,   

Con la pretensión de demostrar la censura,  manifiesta  que  de  conformidad  con  lo  dispuesto por los artículos 29 de la  Carta  Política, 7 y 399 del Estatuto Procesal Penal, toda duda debe resolverse  a   favor   del   procesado,   lo   cual   no   fue  observado  por  la  segunda  instancia,  toda  vez  que  los  elementos de prueba  recaudados   durante  la  investigación  y  el  juzgamiento  “no  llegaron  a  demostrar  fehacientemente la responsabilidad de FÉLIX MARÍA QUINTERO  CARRILLO”  en  los  delitos  que  se le imputan.   

Sostiene que si bien existieron los delitos  de  secuestro extorsivo agravado, la extorsión y la rebelión agravada, no pudo  probarse  que  la totalidad de dichos comportamientos hubiere sido realizada por  QUINTERO CARRILLO.   

Anota que “en una agrupación rebelde los  combatientes  usan muchos alias, precisamente para evitar ser detectados por los  organismos     de     inteligencia     del    Estado    con    sus    verdaderas  identidades”,   pero  aquí  “los  organismos de seguridad no son tan expertos como se esperaba para  tener    una    información    completa    de    las    identidades    de   los  rebeldes”.   

Advierte que Pedro Antonio Castillo Saavedra  hizo  una diligencia de reconocimiento fotográfico con base en los álbumes que  tiene     la     Policía    Nacional,  y  a  partir  de allí se afirma que reconoció a sus plagiarios  entre  los  que  se  encontraba  QUINTERO  CARRILLO,  “pero si nos detenemos a  observar  ese  reconocimiento,  la  víctima  CASTILLO  SAAVEDRA  duda  sobre el  mote   o  alias de FÉLIX MARÍA QUINTERO CARRILLO al decir que le parecía  que se llamaba SEBASTIÁN o ESTEBAN”.   

El  problema radica, dice, no en la validez  de  la prueba, sino que el tema a discutir es si FÉLIX MARÍA QUINTERO CARRILLO  estaba  dentro  del  grupo  guerrillero  que  realizó el plagio, pues según se  colige  de  la indagatoria, sí perteneció al EPL “pero no estaba en el grupo  que  plagió  a  CASTILLO  SAAVEDRA, y en este punto no se le puede condenar por  pertenecer a la misma organización que cometió el plagio”.   

Manifiesta que para la defensa la diligencia  de  reconocimiento  fotográfico  no  era suficiente, porque muchas veces dichos  reconocimientos  se  prestan  a  equívocos.  Lo  prudente  era haber practicado  reconocimiento  en fila de personas, diligencia que echa de menos pese a que era  de  vital  importancia  para  el  sentenciado.  “De  manera  que  si pidió un  reconocimiento  en  fila  de  personas  y  no se le practicó, se le vulneró un  derecho  sagrado  y  consagrado como derecho fundamental  y por lo tanto no  se  le  puede  edificar una sentencia tan elevada con el argumento de que no era  necesaria   porque   habían   otros   medios   probatorios   que   la   hacían  innecesaria”.   

Señala  que de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 250 de la Carta Política, la  Fiscalía  está  obligada  a investigar tanto lo favorable como desfavorable al  imputado  y a respetar sus derechos fundamentales, lo que no se cumplió en este  caso.   

“Para la defensa, la sentencia de segundo  grado  se ha dictado sobre el cimiento profundamente inseguro de los testimonios  y  los  indicios  que  deben  corregirse  en  sede de casación, pues analizadas  singularmente  cada  prueba  y después comparada y criticada con el conjunto de  las  pruebas  recopiladas,  nos  lleva  a sostener sin hesitación que impera la  duda”.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita a la  Corte  casar  la  sentencia  recurrida  y  dar  cumplimiento a lo normado por el  artículo 217 del Código de Procedimiento Penal (fls. 89 y ss.).   

   

2.2.-  A  nombre  de  ISAÍ  MEDINA  VERA.   

Después   de   identificar  los  sujetos  procesales  y  la  sentencia  demandada,  y  luego de hacer una síntesis de los  hechos  materia  de  juzgamiento  y  de  la  actuación  llevada  a  cabo en las  instancias   ordinarias  del  trámite,  con  apoyo  en  la  causal  tercera  de  casación,  un  cargo  formula  contra  el fallo del  Tribunal   en  el  que  denuncia  que  la  sentencia  fue  dictada dentro de un proceso viciado de nulidad  por   violación   del   derecho   de   defensa  de  su  asistido,  lo  que tuvo ocurrencia “desde cuando  fue  llamado  a  injurada,  sin  que se le permitiera rendirla, siendo que éste  manifestó  estar  dispuesto  a ello, sólo que con la asistencia de un defensor  de confianza, no del impuesto por la fiscalía”.   

Señala  que  de  acuerdo  con  el proceso,  un    profesional    del    derecho   remitió  al  Fiscal  instructor un memorial haciéndole saber que  sería  defensor  de  confianza de ISAÍ MEDINA VERA, pero dada su imposibilidad  de  asistir el día fijado, le pedía aplazar la diligencia para otra fecha. Sin  embargo,   la  Fiscalía  hizo  caso  omiso  del escrito, dispuso practicar la diligencia, y le nombró al  procesado   un   defensor   de   oficio,  lo  que no  fue  aceptado  por el imputado quien pidió aplazar la diligencia para que fuera  asistido por su abogado de confianza.   

No      obstante,      dice,  la  Fiscalía  dejó constancia  que   como   el   procesado   se  negaba  a  rendir  la  diligencia  de indagatoria, daba aplicación a lo  normado  por  el  artículo  337  del Código de Procedimiento Penal.  En  opinión  del  libelista,  “Isaí  no  se  negó a rendir  injurada,  sólo  pidió  se  aplazara la diligencia, para estar asistido por su  defensor     de     confianza”,     lo     cual     era    posible,  pues no era imperativo, necesario y  urgente  recibir  diligencia  de  indagatoria  ese  día,  dado que el sindicado  estaba  a   disposición  de  otra fiscalía y cobijado con medida de   aseguramiento  consistente  en detención preventiva, entre otros, por el delito  de rebelión.   

Considera   que   dicho   error   resulta  trascendente,  porque  su asistido fue condenado habiéndosele negado el derecho  de defensa, cuando se le coartó el derecho a rendir indagatoria.   

Como normas violadas indica, entre otras, el  artículo  14  del  Pacto  Internacional  de  Derechos Civiles y Políticos, que  establece  el  derecho  de  toda  persona  a  ser asistida por un defensor de su  elección.  Además,  el  artículo  129  del Código de Procedimiento Penal, en  cuanto  establece que quien esté vinculado a un proceso penal podrá nombrar su  defensor,  derecho  que  le  fue  coartado  a  ISAÍ MEDINA, cuando el Fiscal le  impuso  uno  de  oficio.  Y, el artículo 8º ejusdem, que adopta como principio  rector  del  proceso penal el derecho de defensa, del cual hace parte el derecho  a  rendir  injurada  asistido  por un defensor de confianza (fls. 100 y ss. cno.  Trib.).      

SE CONSIDERA:  

1.-  Reiteradamente  ha  sido  dicho por la  Corte,  que  la  casación  no  es  instancia  adicional  en  la  que puedan ser  presentados  informalmente  argumentos  de  disentimiento  contra  los fallos de  segunda  instancia,  ni  constituye  una  prolongación del juicio donde resulte  posible  continuar  el  debate  fáctico y jurídico propio del trámite regular  del proceso.   

Su postulación ha de obedecer a la denuncia  y  demostración  de haber sido transgredida la ley con el fallo, y el escrito a  través  del  cual  se  ejerce  debe  cumplir  rigurosos  requisitos  de forma y  contenido,  establecidos  por  el  artículo  212  del  Código  de Procedimiento       Penal  a fin de que pueda ser admitido  por  la  Corte, entre los que se encuentra la obligación de presentar precisa y  claramente  los  fundamentos  fácticos y jurídicos del motivo de casación que  se  aduce, pues es de  entenderse que cada una de las causales susceptibles  de  invocarse  en  sede  extraordinaria,  obedece  a  naturaleza  autónoma y su  configuración   trae   aparejada  consecuencias  de  diversa  índole  para  el  proceso.   

En   relación  con  la  causal  primera,  cuerpo   segundo,  debe  reiterar  la  Sala  que  cuando  en  sede  extraordinaria se denuncia violación  indirecta  de     disposiciones     de     derecho     sustancial,   a  consecuencia  de  incurrir  el  juzgadores  en errores de apreciación probatoria, el casacionista debe precisar  si éstos son de hecho o de derecho.   

A  este respecto conviene recordar que los  primeros   se   presentan   cuando   el   juzgador  se  equivoca  al  contemplar  materialmente  el  medio;  porque  omite  apreciar  una  prueba  que  obra en el  proceso;  porque la supone existente sin estarlo (falso juicio de existencia); o  cuando  no  obstante  considerarla  legal y oportunamente recaudada, al fijar su  contenido  la  distorsiona,  cercena  o  adiciona  en  su  expresión  fáctica,  haciéndole  producir  efectos que objetivamente no se establecen de ella (falso  juicio   de  identidad);  o,  porque  sin  cometer  ninguno  de  los  anteriores  desaciertos,   existiendo  la  prueba  es  apreciada  en  su  exacta  dimensión  fáctica,  y  al asignarle su mérito persuasivo transgrede los postulados de la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia o las reglas de experiencia, es decir, los  principios  de  la  sana  crítica como método de valoración probatoria (falso  raciocinio).   

Cuando  la censura se orienta por el falso  juicio  de  existencia  por  suposición  de  prueba,  compete  al  casacionista  demostrar  el  yerro  mediante la indicación correspondiente del fallo donde se  aluda  a  dicho  medio  que  materialmente no obra en el proceso; y si lo es por  omisión  de  ponderar prueba que material y válidamente obra en la actuación,  es  su  deber  concretar  en  qué  parte  del  expediente  se ubica ésta, qué  objetivamente  se  establece  de  ella,  cuál  el  mérito  que  le corresponde  siguiendo  los  postulados  de la sana crítica, y cómo su estimación conjunta  con  el  arsenal  probatorio  que  integra  la actuación, da lugar a variar las  conclusiones  del  fallo,  y,  por  tanto  modificar  la  parte resolutiva de la  sentencia   objeto   de   impugnación   extraordinaria.       

Si   lo   pretendido   es  denunciar  la  configuración  de  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de identidad en la  apreciación  probatoria,  el  casacionista  debe  indicar expresamente, qué en  concreto  dice  el  medio  probatorio, qué exactamente dijo de él el juzgador,  cómo  se  le tergiversó, cercenó o adicionó haciéndole producir efectos que  objetivamente  no  se  establecen  de él, y lo más importante, la repercusión  definitiva  del  desacierto en la declaración de justicia contenida en la parte  resolutiva del fallo.   

Si  se  denuncia  falso  raciocinio  por  desconocimiento  de  los  postulados  de  la sana crítica, se debe indicar qué  dice  de  manera  objetiva  el  medio,  qué  infirió de él el juzgador, cuál  mérito  persuasivo le fue otorgado, señalar cuál postulado de la lógica, ley  de  la  ciencia  o  máxima  de  experiencia  fue desconocida, y cuál el aporte  científico  correcto,  la  regla  de  la  lógica  apropiada,  la máxima de la  experiencia  que debió tomarse en consideración y cómo; finalmente, demostrar  la  trascendencia del error indicando cuál debe ser la apreciación correcta de  la  prueba o pruebas que cuestiona, y que habría dado lugar a proferir un fallo  sustancialmente distinto y opuesto al ameritado.    

Los  errores de derecho, entrañan, por su  parte,   la  apreciación  material  de la prueba por el juzgador, quien la  acepta  no  obstante  haber  sido  aportada  al  proceso  con  violación de las  formalidades  legales  para  su  aducción, o la rechaza porque a pesar de estar  reunidas  considera  que  no  las  cumple (falso juicio de legalidad); también,  aunque  de  restringida  aplicación por haber desaparecido del sistema procesal  la  tarifa  legal,  se  incurre  en  esta  especie  de  error cuando el juzgador  desconoce  el  valor prefijado a la prueba en la ley, o la eficacia que ésta le  asigna  (falso  juicio  de convicción), correspondiendo al actor, en todo caso,  señalar   las  normas procesales que reglan los medios de prueba sobre los  que    predica    el    yerro,    y    acreditar    cómo    se    produjo    su  transgresión.   

Cada  una  de  estas  especies  de  error,  obedecen  a  momentos  lógicamente  distintos  en  la apreciación probatoria y  corresponden   a   una   secuencia  de  carácter  progresivo,  así  encuentren  concreción  en  un  acto históricamente unitario: el fallo judicial de segunda  instancia.  Por  esto  no  resulta  avenido  a  la lógica que frente a la misma  prueba  y  dentro  del mismo cargo,  o en otro postulado en el mismo plano,  sin  indicar  la  prelación  con  que  la  Corte ha de abordar su análisis, se  mezclen   argumentos   referidos   a   desaciertos   probatorios  de  naturaleza  distinta.   

Debido  a  ello,  en aras de la claridad y  precisión  que  debe regir la fundamentación del instrumento extraordinario de  la  casación, compete al actor identificar nítidamente la vía de impugnación  a  que  se  acoge,  señalar el sentido de transgresión de la ley, y, según el  caso,  concretar  el tipo de desacierto en que se funda, individualizar el medio  o  medios de prueba sobre los que predica el yerro, e indicar de manera objetiva  su  contenido,  el  mérito atribuido por el juzgador, la incidencia de éste en  las  conclusiones  del  fallo,  y  en  relación  de  determinación la norma de  derecho  sustancial  que mediatamente resultó excluida o indebidamente aplicada  y  acreditar  cómo, de no haber ocurrido el yerro, el sentido del fallo habría  sido  sustancialmente distinto y opuesto al impugnado, integrando de esta manera  la proposición del cargo y su formulación completa.   

Además,  de acogerse a la vía indirecta,  la  misma  naturaleza  rogada  que  la casación ostenta impone al demandante el  deber  de  abordar  la  demostración  de  cómo  habría de corregirse el yerro  probatorio  que  denuncia,  modificando tanto el supuesto fáctico como la parte  dispositiva  de  la  sentencia,  tarea que comprende realizar un nuevo análisis  del   acervo   probatorio,   valorando   las   pruebas  omitidas,  cercenadas  o  tergiversadas,  o  apreciando acorde con las reglas de la sana crítica aquellas  en  cuya  ponderación  fueron  transgredidos  los postulados de la lógica, las  leyes  de la ciencia o los dictados de experiencia; y excluyendo las supuestas o  ilegalmente   allegadas   o  valoradas;  pero  no  de  manera  insular  sino  en  confrontación  con  lo acreditado por las acertadamente apreciadas, tal como lo  ordenan  las  normas  procesales  establecidas  para  cada  medio  probatorio en  particular  y  las  que  refieren  el modo integral de valoración, y en orden a  hacer  evidente la falta de aplicación o la aplicación indebida de un concreto  precepto  de derecho sustancial, pues es la demostración de la transgresión de  la  norma  de derecho sustancial por el fallo, la finalidad de la causal primera  en   el   ejercicio   de  la  casación  (cfr.  Cas.  Agosto  6  de  2002.  Rad.  19330).     

Del mismo modo, en tratándose de la causal  tercera    o    de    nulidad,    insistentemente   ha   sido   dicho   por   la  jurisprudencia1  que los motivos de ineficacia de los actos procesales, no son de  postulación  libre  y que por el contrario, se hallan sometidos al cumplimiento  de precisos principios que los hacen operantes.   

De acuerdo con éstos, solamente es posible  alegar  las  nulidades  expresamente previstas en la ley (taxatividad); no puede  invocarlas  el  sujeto  procesal  que  con  su  conducta  haya  dado  lugar a la  configuración  del  motivo  invalidatorio, salvo el caso de ausencia de defensa  técnica,  (protección);  aunque  se  configure  la  irregularidad,  ella puede  convalidarse  con  el consentimiento expreso o tácito del sujeto perjudicado, a  condición  de  ser  observadas  las  garantías fundamentales (convalidación);  quien   alegue   la  nulidad  está  en  la  obligación  de  acreditar  que  la  irregularidad  sustancial  afecta las garantías constitucionales de los sujetos  procesales  o  desconoce  las  bases  fundamentales  de  la  instrucción y/o el  juzgamiento  (trascendencia);  y,  además, que no existe otro remedio procesal,  distinto   de   la   nulidad,   para   subsanar   el   yerro   que  se  advierte  (residualidad).               

         

De manera que en sede de casación, no basta  con  solamente  invocar  la existencia de un motivo de ineficacia de lo actuado,  sino  que  compete   al  demandante,  precisar el tipo de irregularidad que  alega,  demostrar  su  existencia, acreditar cómo su configuración comporta un  vicio  de  garantía  o  de  estructura,  y  la  trascendencia  frente  al fallo  cuestionado.  Si  lo  que  se  persigue  es  denunciar  la  presencia  de varias  irregularidades,  cada  una  de  ellas  con entidad suficiente para invalidar la  actuación   o  parte  de  ella,  resulta  indispensable  que  se  sustenten  en  capítulos  separados  y de manera subsidiaria si fueren excluyentes, pues sólo  así  puede  acatarse  la  exigencia de claridad y precisión en la postulación  del  ataque  y  respetarse  los  principios  de  autonomía  de  los cargos y de  no-contradicción.   

Pero además, también la jurisprudencia de  esta  Corte  ha  sido insistente en indicar que cuando en sede extraordinaria se  postula  violación  del principio de investigación integral por omisión en la  práctica  de  pruebas,  para  que  el  ataque pueda entenderse completo resulta  indispensable  concretar  en  la demanda los medios de prueba que fueron dejados  de  practicar  por  el  funcionario  instructor;  demostrar la procedencia de su  práctica; y, finalmente, acreditar su trascendencia.   

La  primera  exigencia  implica  que  el  demandante  debe  señalar,  en  concreto,  las  pruebas  que  los  funcionarios  judiciales  soslayaron  en  su  recaudo, y no limitarse a consignar afirmaciones  generales  sobre  la  existencia  de  una  supuesta  inactividad probatoria, sin  descender al campo de las concreciones.   

La   segunda,  dice  relación  con  los  conceptos  de  conducencia,  pertinencia, racionalidad y utilidad de la prueba o  pruebas  no  practicadas, e implica acreditar que son legalmente permitidas; que  guardan  relación  con los hechos, objeto y fines de la investigación; que son  razonablemente  realizables;  y,  que  no  son  superfluas.  La  tercera, impone  confrontar,  dentro  de un plano racional de abstracción, el contenido objetivo  de  las  pruebas  omitidas  con las que sustentan el fallo, en orden a demostrar  que  sus  conclusiones  sobre  los  hechos  o  la  responsabilidad del procesado  habrían  sido  distintas  y  opuestas de haber sido aquéllas practicadas (Cfr.  Cas. Feb. 27/01. Rad. 15402).   

Lo  anterior  por  cuanto las nulidades no  surgen  por  la  sola  circunstancia  de haberse incurrido en una irregularidad,  sino  porque  habiéndose  configurado el desacierto y siendo éste de carácter  sustancial,  afecta  garantías  de los sujetos procesales o desconoce las bases  fundamentales de la instrucción o juzgamiento.   

2.-      En     el     presente     caso,     resulta  evidente  que  ninguno de los  cargos  propuestos  contra la sentencia impugnada en  las  demandas  formuladas  por  los  defensores  de los procesados FÉLIX MARÍA  QUINTERO  CARRILLO e ISAID MEDINA VERA, logra cumplir  estas  exigencias  básicas.  La  falta  de  claridad,  precisión  y  de debida  sustentación,    son    el   elemento   común   a  ellas.  Las  inconsistencias  de  fundamentación  y  técnicas  son  de  tal  magnitud y entidad, que impiden establecer el verdadero  alcance   de   la   pretensión   de   los  impugnantes,   lo  que  determina    que    los   libelos   no  puedan  ser  admitidos al trámite  con  miras  a  un pronunciamiento de fondo, en términos que seguidamente pasa a  precisarse.   

2.1.-   En  relación  con  la  demanda  presentada  a  nombre  del  procesado FÉLIX   MARÍA   QUINTERO  CARRILLO,  se  observa  que  pese  a  denunciar la violación indirecta de la ley sustancial, a  consecuencia  de  incurrir  el  juzgador en errores de hecho por falso juicio de  identidad  en  la  apreciación de la diligencia de reconocimiento fotográfico,  no    sólo    no    demuestra    la    configuración    objetiva    de   dicho  desacierto,  sino  que  omite  abordar el proceso demostrativo de su trascendencia, lo que denota que el  cargo  resulta  formalmente incompleto, por ende inidóneo para derruir la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  con  que  viene  amparada  la  sentencia  recurrida.   

Con   total  liberalidad,  a  manera de un alegato en las instancias ordinarias del trámite,  el      censor      no      sólo      no      concreta      ni     acredita con el rigor exigible en sede  extraordinaria   -como  párrafos  arriba  ha  sido  visto-    la   configuración   del   error   de   hecho  que  pretende  denunciar  y  su definitiva incidencia en las declaraciones fácticas del fallo,  sino  que  con  absoluto  menosprecio  por  los  principios  de autonomía y no-  contradicción  que  rigen  las  causales de casación, indistintamente transita  entre  la  violación   indirecta y  la  existencia  de  motivos de nulidad por violaciones al debido  proceso,  el  derecho  de  defensa  y  el  principio de investigación integral,  haciendo  de la demanda un discurso indescifrable por  el  cúmulo  de  planteamientos  e  ideas totalmente  deshilvanadas  que  no  permiten  a la Corte desentrañar el verdadero sentido y  alcance   que   habrían   de   corresponderle   frente   a   los   motivos  que  aduce.   

En el   ataque   a   la   apreciación   probatoria   no   expresa  qué  objetivamente se indica  en  la diligencia de reconocimiento fotográfico, qué dijo de ella el juzgador,  de  qué  manera  se  la  tergiversó,  adicionó  o  cercenó  en su expresión  fáctica,  y  cómo  dicho  desacierto  incidió  de  manera  definitiva  en las  conclusiones  fácticas  del  fallo  y  con  ello en la declaración de justicia  contenida en su parte resolutiva.   

Sostiene   tan   solo   que  el  declarante dudó respecto del alias utilizado por el procesado  en   su   actividad   subversiva,   pero   deja  de  mencionar  por  qué  un  tal desacierto tendría la  virtualidad  de  convertir  al  procesado  en  una  persona  distinta  de  quien  efectivamente  llevó  a  cabo el plagio. Menos señala la razón por la cual la  Corte   habría  de  preferir  el  dicho  del  procesado  en  la  diligencia  de  indagatoria,  frente a las consideraciones que de ella hizo el juzgador, pues no  denota  que  al  abordar  el proceso de ponderación  probatoria,       hubiere      cometido    en  algún  tipo  de  error          de          hecho.   

En  el discurso del libelista tampoco logra  saberse  cuáles fueron los testimonios o cuáles los  indicios  que  fundamentaron  la  declaración  de  condena, ni porqué la Corte  habría  de  proceder a revaluarlos como lo pretende,  pues  no  pone  en  evidencia  que  en la asignación del mérito persuasivo los  sentenciadores   hubieren   cometido   algún  tipo  de  error  de  hecho  o  de  derecho,  cómo  se acredita éste, ni cómo habría  de verse corregido en sede de casación.   

Pero  el  censor  no  solo se aparta de los  lineamientos  establecidos  para  denunciar  la  configuración de errores en la  apreciación   probatoria,   sino   que   al   interior   del   mismo  enunciado  contradictoriamente  sugiere  la invalidez del juicio  por  no  haberse  practicado  en  la  instrucción  o  el  juicio  diligencia de  reconocimiento en fila de personas.   

No logra percatarse que  la denuncia de  haberse   violado  el  principio  de  investigación  integral  supondría  la  anulación del juicio sólo  es  denunciable  por  la  senda  de  la  causal  tercera de casación y no de la  primera   que   erradamente   invoca.  Pero  aún  de  suponer  que  esta  es  su  verdadera pretensión,  es  lo cierto que tampoco  demuestra   cómo   la  práctica  de  la  diligencia  que  extraña habría  beneficiado  los  intereses  de  sus  representados.  Se  limita  a sostener  tan  sólo que el recaudo de dicho medio era una actitud  prudente  dada  la  equivocidad de los reconocimientos fotográficos,  patentizando así la vaguedad de sus planteamientos.   

En  elocuente  muestra de desapego al rigor  técnico  y  lógico  con  que deben enunciarse, desarrollarse y demostrarse las  censuras   en  casación,  y  tal  vez  con  la  pretensión  de  que  la  Corte  oficiosamente  desentrañe  el  tipo  de  yerro  probatorio  que sugiere haberse  cometido  en  la  apreciación  de  otros  medios  de  convicción, considera  tan solo que la Corte debe proceder a evaluar la prueba  en  conjunto y acorde con las reglas de la sana crítica, a fin de establecer la  duda  que  el  recurrente  considera  subsiste en la actuación, cuando ésta es  labor  que  ha  debido  abordar  en  la demanda, y al no hacerlo torna        inestudiable        la  censura.   

2.2.-  En  lo  que  respecta  a  la demanda  presentada   a   nombre   del   procesado   ISAID   MEDINA   VERA,  se   observa   que   si   bien   sostiene   que   su  representado    fue    privado  del  derecho  de ser asistido  por  un  defensor  de  confianza,  es lo cierto que la censura cae en el vacío,  toda  vez  que es el propio casacionista quien pone de presente que la Fiscalía  le  dio  la  oportunidad  de  nombrar un defensor   de   confianza,      pero     que     por  razón  de  sus compromisos, éste  no   pudo   asistir    a   la   diligencia  de  indagatoria  programada  para  esa fecha,  la  cual,  como  resulta  apenas  obvio,   no podía verse  paralizada por la sola petición de una de las partes.   

De  manera  que  si,  como  se indica en la  demanda  de  casación,  el  fiscal  le garantizó al  imputado  la  posibilidad  de nombrar un defensor de su confianza, pero éste no  podía  asistir,  en  razón  de  ello le proveyó un  defensor  de  oficio,  y  pese  a  esto se negó a  rendir  la  diligencia,  es claro que ninguna irritualidad de trascendencia para  la     validez     del     trámite    pudo    haberse    presentado.   

Esto    por    cuanto    si,    como    se   anota   por   el  libelista,  el  Fiscal  decidió tener por vinculado  procesalmente  al señor MEDINA,  invocando como fundamento normativo de su  decisión  lo  establecido  por  el  artículo  337 del Código de Procedimiento  Penal,  resulta  evidente  que la pretensión anulatoria del proceso no se funda  en       la       existencia       de      alguna      irregularidad, sino, por  el   contrario,  en  la  circunstancia  de  haber  obrado  el  funcionario de  instrucción de conformidad con la ley.   

Es precisamente por esto que el casacionista  no   logra   acreditar  por  qué  el  funcionario   de  instrucción  no  se  hallaba  autorizado  por  la  ley para proceder conforme lo hizo, ni acredita el  perjuicio  que  con  dicha  actuación  se hubiere causado a los intereses de su  asistido,   pues  como  se  reconoce  por  el  propio  recurrente,  de  todos  modos  se  lo  proveyó  de  un  defensor de oficio sin  negarle   la  posibilidad  de  que  nombrara  uno  de  confianza,  por  lo  que  en  tales  condiciones  el  reparo  propuesto resulta  manifiestamente    carente  de  fundamento,  e  intrascendente  para los  fines  que  persigue  con  la  interposición  del  recurso  extraordinario,  lo  cual,  como  ha  sido  visto,  amerita  que  no  sea  admitido al trámite casacional.   

3.-   Siendo  entonces       ostensibles       los       defectos      que      las          demandas           acusan,  pues,  como  se  deja expuesto, de  ellas  no se desentraña  precisa      y      claramente     los     fundamentos     de     las          causales         invocadas     en     cada    una        de        ellas,   y   no   pudiendo  la  Corte  corregirlas  por  virtud  del  principio  de  limitación  que  rige  su  actuación,  lo procedente será  inadmitirlas,  declarar  desiertos  los         recursos   y   ordenar  la  devolución  del  expediente  al  despacho de origen, conforme así se establece de los artículos  197 del decreto 2700 de 1991 y 213 de la ley 600 de 2000.   

Esto último, si se da en considerar que de  la  revisión  de  lo  actuado  tampoco  se  observa  violación  de  garantías  fundamentales  que  tornen viable el ejercicio de la oficiosidad por parte de la  Sala.   

Contra  estas decisiones no procede recurso  alguno.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E:   

INADMITIR  las  demandas  de casación presentadas     a     nombre     de   los  procesados FÉLIX  MARÍA  QUINTERO  CARRILLO e ISAID MEDINA VERA,  por  lo  anotado  en  la  motivación  de  este  proveído.  En  consecuencia       se       DECLARAN         DESIERTOS   los  recursos.     

Contra   este  auto  no  procede  recurso  alguno.   

Notifíquese  y  devuélvase al Tribunal de  origen. Cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ           MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ  PINZÓN            JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                         JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  Cas. Agosto 1º de 2002. Rad. 12091     

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