27691(15-07-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27691  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta número 146  

Bogotá, D.C., 15 de junio de 2007  

          Se  pronuncia  la  Corte con relación a la admisión de la demanda  de  casación  interpuesta  por el defensor de MARCO ALBEIRO AGUIRRE OTALVARO en  contra  de la sentencia proferida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Armenia  el  8 de febrero de 2007, mediante la cual confirmó la del Juzgado  único  penal del circuito de Calarcá (Quindio), que lo condenó como autor del  delito de homicidio agravado.   

HECHOS  

          El  juez  de  primera  instancia  los  sintetizó  de  la siguiente  manera:   

          “Tuvieron  su  ocurrencia  en  la  mitad  de  la  tarde  del  5 de  noviembre  del  año  2003  frente  a  la  Escuela  de  la  vereda  Puerto Rico,  jurisdicción  de  Calarcá,  cuando  dos personas persiguieran al señor CARLOS  ANDRES  DAVILA,  con  machete  y  cuchillo  con las cuales le ocasionaron varias  lesiones  en  su  cuerpo,  dos de ellas de carácter mortal al verse afectado su  corazón y pulmones.”   

         

ACTUACION PROCESAL  

Con  base  en  las  diligencias preliminares  adelantadas  por  la  Inspección  Municipal  de  Permanencia,  Segundo Turno de  Calarcá,  la  Fiscalía General de la Nación profirió resolución de apertura  de investigación previa el 19 de noviembre de 2003.   

Realizadas las pesquisas del caso, el día 5  de  agosto  de  2004  la  Fiscalía trece delegada ante los juzgados penales del  circuito,  ordenó  abrir  investigación  y  escuchar  en  indagatoria  a MARCO  ALBEIRO  AGUIRRE  OTALVARO, propósito éste que en principio resultó imposible  por  lo  que  hubo  que  vincularlo el 29 de abril de 2005 en calidad de persona  ausente.   

En esas condiciones, el 30 de mayo de 2005,  la  Fiscalía  doce seccional definió la situación jurídica del sindicado con  imposición  de  medida  de  aseguramiento consistente en detención preventiva.   

Solamente  el  28 de noviembre de ese mismo  año  se  pudo  decepcionar  la  indagatoria  de AGUIRRE OTALVARO, para proceder  luego  a  ordenar  el  cierre  de la investigación y a calificar el sumario, lo  cual  se  hizo mediante resolución de acusación fechada el 9 de marzo de 2006,  por el delito de homicidio agravado.   

          Tramitada  la  fase  del  juicio por parte del Juzgado único penal  del  circuito  de Calarcá, el 15 de septiembre de 2006 se efectuó la audiencia  de  juzgamiento, misma que sirvió de antecedente al fallo condenatorio que el 1  de  noviembre  de  2006  profirió  ese  despacho  judicial,  condenando a MARCO  ALBEIRO  AGUIRRE  OTALVARO  a  la  pena principal de 28 años y  9 meses de  prisión  y  a la accesoria de inhabilitación  en el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas  por  un  período  de veinte años; además le negó el  subrogado   de   la   suspensión   condicional   de   la   ejecución   de   la  sentencia.   

          Dicha  decisión  fue  protestada  por el defensor ante el Tribunal  Superior  de  Armenia, el cual, mediante sentencia del 8 de febrero del año que  corre  decidió  confirmarla en su totalidad y se abstuvo de pronunciarse acerca  del tema de la prisión domiciliaria.   

          Inconforme  con  ese  pronunciamiento,  el  defensor  del condenado  interpuso  oportunamente  recurso  extraordinario  de casación cuya procedencia  corresponde   definir   a   la  Corte  en  este  momento,  admitiendo  o  no  la  demanda.   

DEMANDA     DE  CASACION   

          El  demandante invoca la causal primera de casación prevista en el  artículo  207  de  la  ley  600  de 2000, para formular un solo cargo contra la  sentencia de segunda instancia.   

         

En  su  sentir,  el  tribunal  incurrió en  infracción  indirecta  de  la  ley  sustancial,  al  cometer  un error de hecho  “…     en     la     apreciación     de    las  pruebas.”   

          De  manera  muy  breve desarrolla el cargo aduciendo que el testigo  Carlos  Hernando  Hernández  Jiménez  no  está  en capacidad de señalar como  autor  de la conducta a su defendido en razón de las contradicciones que ofrece  su  dicho,  las  cuales  dejan como saldo mínimo la duda que debe resolverse en  beneficio de su prohijado.   

          Insiste  en  que los argumentos usados por el Tribunal para creerle  al  mencionado  testigo  y no hacerlo con su representado cuando aseguró que se  encontraba  en  la  ciudad  de  Ibagué  cuando  sucedieron  los  hechos,  no se  compadecen con las reglas de la sana crítica.   

          Y,  cataloga  de  equivocada la inferencia del juzgador en cuanto a  que  solamente  AGUIRRE  OTALVARO  tenía  motivos  para  ultimar  al occiso, al  construir un indicio sin demostrar el hecho indicador.   

             

          Por  ello  solicita  de la Corte revise la credibilidad otorgada al  testigo  Carlos  Hernández  y  advirtiendo  que  aquel  no ofrece confiabilidad  proceda  a  reconocer  la  duda  a  favor de su poderdante y lo absuelva de todo  cargo.   

         

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La demanda se inadmitirá por las siguientes razones:   

Primero: La Corte  ha   señalado  que  el  recurso  extraordinario  de  casación  procede  contra  sentencias  de  segunda  instancia, de acuerdo a las precisas causales y por los  específicos  motivos  que  a  su  amparo  permiten  denunciar la injusticia del  fallo, conforme lo estipula el artículo 212 de la ley 600 de 2000.   

Con  tal  objetivo,  la  denuncia acerca de  la      inconstitucionalidad     o     ilegalidad    del    fallo,    deben  fundamentarse,   en   lo  fáctico  y en lo jurídico,  consonantemente  con  el  sentido de la causal seleccionada y demostrar cómo la  ilegalidad  invocada trasciende en la decisión atacada. Esa tarea presupone que  el  demandante debe postular los cargos en forma precisa, clara y coherente, con  miras  a imprimirle el sentido y la finalidad propios de la causal que se elige.   

Segundo:  En este  caso,   el   demandante   inicia   su   escrito   señalando   que  “…   las   sentencias   de   primera  y  segunda  instancia  son  violatorias  de  una  norma de un derecho sustancial, proveniente de un error de  hecho  en  la apreciación de las pruebas.”, sin que  adicione  ninguna  acotación que permita identificar en qué tipo de defecto en  la apreciación de las pruebas incurrió el juzgador.   

Lo  anterior, por cuanto de acuerdo con los  derroteros  trazados  por  la ley y la jurisprudencia son múltiples los errores  in  iudicando  a  causa  de  los cuales se puede infringir indirectamente la ley  sustancial,  pues  ellos  pueden  ser  de hecho y de derecho; entre los de hecho  están:  el  error  de  existencia,  cuando  el  juzgador ignora una prueba o se  soporta  en  una  inexistente,  el de identidad, cuando al apreciar la prueba se  distorsiona  su contenido fáctico atribuyéndole algo que ella no dice, y el de  raciocinio,  cuando  se  desconocen  las  reglas  de  la  sana crítica al en la  valoración  de  los  medios  de  prueba o en la elaboración de las inferencias  lógicas;  entre  los de derecho están: el de legalidad, que se presenta cuando  se  quebrantan  las  normas  que  regulan  la  formación  o  producción de las  pruebas,  ya por que se da validez a la prueba ilegal ya por invalidar la que es  legal  y  el  de  convicción,  que  se comete cuando se desconoce el valor o la  eficacia que la ley le confiere a los medios de prueba.   

Tercero.- Cada uno  de  los  mencionados  errores  requiere  de  un  desarrollo distinto que implica  demostrar  puntualmente  en  qué radica el yerro y cuál es su trascendencia en  el  contexto  de  la decisión atacada. Esa precisión constituye una carga para  el  demandante  toda vez que la denuncia en casación de la ilegalidad del fallo  presupone  demostrar  por  qué  motivo  es  viable desconocer la presunción de  acierto  y  legalidad  que  lo ampara, sin que sea viable que la Corte de oficio  asuma   el  examen  de  la  providencia  como  si  se  tratara  de  una  tercera  instancia.   

Desde  esa perspectiva el libelo adolece de  graves  defectos  de técnica, en cuanto que al censor le correspondía precisar  el  origen  de la ilegalidad, determinando la clase de error o errores en que se  incurrió  en  la  apreciación  probatoria, sustentar con exactitud los motivos  que  cada  uno  apareja,  su  incidencia  en  la  providencia  impugnada con sus  particulares  consecuencias  y  no  lo  hizo,  limitándose  a  proclamar vaga y  simplemente  que  hay errores de apreciación probatoria sin identificar de qué  género.   

Cuarto.- Además de  lo  anterior,  cuando  el  actor  intenta  desarrollar  el  cargo,  empieza  por  declararse  inconforme  con la credibilidad concedida al testigo Carlos Hernando  Hernández  Jiménez, arguyendo que de las contradicciones de su relato no puede  inferirse  sino  la  duda  y  que  esa  duda  necesariamente  debe absolverse en  beneficio  de  su  protegido,  sin que de ninguna manera pueda interpretarse esa  declaración  en  disfavor  de su poderdante. Es decir, lo que hace el libelista  es  disputar  con  el  juzgador  el  mérito  suasorio  que  merece  el testigo,  oponiendo  sus  particulares  opiniones  a  los  argumentos  de  las instancias,  queriendo  con  ello  proponer  sin  éxito un error por falso raciocinio, al no  especificar  las  máximas  de  la  experiencia,  las  leyes de la ciencia o los  postulados   de   la  lógica  que  el  tribunal  ignoró,  lo  cual  constituye  presupuesto  inefable para darle trámite al recurso cuando en éste se apela al  falso raciocinio como plataforma de la censura.   

          Quinto.-  Tampoco se muestra técnicamente  atinada  la  arremetida emprendida contra la conclusión del juzgador acerca del  motivo  que  tenía  el  condenado  para  terminar con la vida de Carlos Andrés  Dávila,  como  quiera  que  tampoco  en  este  punto  el  demandante expone con  fidelidad  el  tipo  de  error  consumado  en  la  sentencia  demandada, dejando  prácticamente  a  tientas  a  la Sala para descifrar el vicio acusado y sin que  además  denote la trascendencia que su enmienda conllevaría para el sentido de  la decisión.   

          Sexto.-  Por lo expuesto, la decisión de  la  Corte  no puede ser otra que la de inadmitir la demanda como ya se anunció,  pues  las  imprecisiones  puestas  en  evidencia  no  sólo  abarcan aspectos de  índole   formal  sino  también  sustancial,  en  cuanto  a  que  si  la  Corte  pretendiera  superar  las insuficiencias técnicas advertidas, solamente podría  hacerlo  si  alcanzara  a  intuir  la  concreta finalidad que se persigue con el  recurso,  pero  es  tan  precaria  la postulación del libelo que ni siquiera es  factible atinar a suponer cuál es.   

          Por  lo  visto,  la  Corte  concluye  que  la demanda no reúne las  exigencias   mínimas   estipuladas   en   el   artículo  212  del  código  de  procedimiento   penal,   tampoco  que  se  avizoren  violaciones  a  derechos  o  garantías  fundamentales  que  haya  que  remediar, motivos éstos que llevan a  inadmtir la demanda.   

          En  consecuencia,  La  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación  penal,   

RESUELVE  

          Inadmitir   la   demanda   de  casación  presentada a nombre de MARCO ALBEIRO AGUIRRE OTALVARO.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   Notificada   la  misma  el  asunto  será  devuelto  al  Tribunal  de  origen.   

Notifíquese, cúmplase.  

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                                                   SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ                      

MARIA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ   DE   LEMOS         JORGE  L.  QUINTERO  MILANÉS   

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS                         JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                              JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

     

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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