25654(05-12-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25654  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado      Acta     No. 245   

Bogotá, D.C., cinco (5) de diciembre de dos  mil siete (2007)   

D E C I S I Ó N  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor  de  NÉSTOR  ANTONIO  SALCEDO, contra el fallo del 14 de diciembre  de  2005,  mediante  el  cual  el Tribunal Superior de  Distrito  Judicial  de Santiago de Cali, confirmó  la  sentencia  adoptada por el  Juez  Primero  Penal del Circuito Especializado de la  misma ciudad, el 31 de mayo de 2004.   

H E C H O S  

El  1 de marzo de 2002, la Policía Judicial  adelantó  labores  de  seguimiento por espacio de cuatro meses, concluyendo sus  pesquisas     con     allanamientos     a    varios    inmuebles    –previa   orden  judicial-  en  donde  NÉSTOR  ANTONIO  SALCEDO  junto  con  otras  personas, desarrollaban actividades vinculadas al tráfico de  estupefacientes;  incautándoseles 6. 618.27 gramos de cocaína, dinero, balanza  para  pesaje,  papel,  cinta adhesiva y bolsas plásticas, además se haber sido  capturados en flagrancia.     

A C T U A C I Ó N    P R O C  E S A L   

La   Fiscalía  Delegada  ante  los  Jueces  Penales  del Circuito Especializados de Santiago de  Cali,  el  21 de febrero de 2003, dictó resolución    de   acusación   contra  NÉSTOR  ANTONIO  SALCEDO,  JOSÉ ROMAN PANTOJA SEPÚLVEDA, SILVIO ALFONSO RUALES  ORTEGA,   JOSÉ   ELPIDIO  TENORIO  BUBU  Y  EISENHOWER  RAMOS  BUBU,   por   los   delitos   de   Tráfico,  Fabricación  o Porte de Estupefacientes Agravado y Concierto para Delinquir con  Fines  de  Narcotráfico.  Así  mismo, acusó por el  segundo    punible    a    BLANCA    ALICIA    BUBU  NOSCUE,  entre  otras  personas  y  le  precluyó  la  instrucción    a    SANDRA   PATRICIA   HERNÁNDEZ  NARVÁEZ.   

El  23  de  mayo  de  2003,  la  defensa  de  JOSÉ   ELPIDIO  TENORIO,  recurrió  la  acusación,  siendo  confirmada  en  todos  los puntos materia de  disenso,  por  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal  Superior de Cali.   

El   31   de   mayo   de  2005,  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de Santiago de  Cali,  condenó  a  NÉSTOR ANTONIO SALCEDO,  a  la  pena  principal de doscientos veinticuatro (224) meses de  prisión  y multa  de diez mil seiscientos sesenta y seis (10.666) salarios  mínimos  legales  vigentes  e  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  un  período  de  diez  (10)  años,  al  encontrarlo  penalmente  responsable  de  los punibles de CONCIERTO  PARA  DELINQUIR  CON  FINES DE NARCOTRÁFICO y TRÁFICO, FABRICACIÓN O PORTE DE  ESTUPEFACIENTES AGRAVADO.   

Contra el fallo aludido interpuso recurso de  apelación  tanto  la  defensa  técnica  de  NÉSTOR  ANTONIO    SALCEDO    como   la   de   LUIS  FERNANDO MORA RAMOS; alzada que fue  resuelta  mediante  fallo  expedido  por  el  Tribunal  Superior  de  Santiago de Cali, el 14 de diciembre de  2005, en donde confirmó la decisión adoptada por el Juez.   

El     defensor     de    SALCEDO interpuso y sustentó el recurso  de casación, que hoy decide la Sala.   

En  el  traslado a los sujetos procesales no  recurrentes   la   Procuradora  Setenta  y  Dos  (72)  Judicial  II en lo Penal, presentó escrito, en el que  trascribe  variada  jurisprudencia  de  esta Sala con el inmediato objeto que se  declare   improcedente  el  libelo  “por  falta  de  técnica  en la impetración del recurso de casación respecto de la pretensión  invocada por la defensa de confianza”.   

R  E  S  U  M  E N     D  E     L A    D E M A N D A   

Al amparo de la causal tercera del artículo  207  de  la  Ley  600 de 2000, el actor formuló dos reparos contra la sentencia  emitida  por  el  Tribunal,  aduciendo  que  se  dictó  en un juicio viciado de  nulidad  i)  por  falta  de  notificación   de   la   apertura   de  investigación  previa  y  ii)   por   violación   al  derecho  de  contradicción probatoria.   

1. La nulidad por  falta  de notificación de la investigación previa la sustentó en el artículo  176  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  indicando cuáles proveídos deben  notificarse,   como   aquel   que   “suspende   la  investigación  previa”  si ello es así, afirma el  libelista,  también debe notificarse el “que ordene  la  apertura de la misma”;  apoyando  su  tesis  en  variada jurisprudencia de la  Corte  Constitucional, como en la sentencias T- 790 de 1999 y T- 106 de 2000, en  las  que  se  afirmó  que  “lo  que  configura  la  trasgresión  de los mencionados derechos no es la omisión de la notificación,  en  si  misma  considerada,  sino  la imposibilidad por esa omisión, de ejercer  durante   este  fase  el  derecho  de  defensa  y  contradicción”,    por   ello,   tan   pronto   se   tenga   noticia   sobre   la  individualización  de  los  imputados  es preciso notificárseles tal acto para  garantizar    los    postulados   constitucionales   mencionados:   “requisito   sustancial   que  nunca  se  cumplió”.    

Afirma,   así   mismo,  que  el  Tribunal  “incurre  en  un  inadmisible  error”  al  afirmar que antes de la apertura de la investigación previa,  se  habían  ordenado  las  interceptaciones; inclusive, que la prueba ya estaba  asegurada,  “fundamento equivocado para no acceder a  mi  censura  y  es  por ello que predico la nulidad por el concepto errado y por  eso obliga su consideración”.   

2.  Anuncia en el  “segundo  cargo”  que  “la  falta  de  notificación del imputado conocido  sobre  la  apertura  de  la  investigación  previa  trajo  como consecuencia la  afectación al derecho de contradicción probatoria”   

Por ende, el Tribunal actuó en “franca  contraposición contra la Constitución Política con su  actitud  viola  el Derecho de Contradicción Probatoria y por ende el Derecho de  Defensa”;  toda  vez  que,  el  aludido  principio,  garantiza  el poder punitivo del Estado y es respetuoso de los Derechos Humanos.   

Informa,  además,  que la distinción entre  imputado  y  sindicado  es  relevante  desde  el  punto de vista constitucional,  advirtiéndose      que      no     puede     ser     admisible     “excepciones  al principio de contradicción de la prueba así en  la   etapa   de   investigación  previa  no  exista  sindicado  de  un  posible  delito”.  Por  tanto,  su  poderdante  no  tuvo  la  oportunidad  en  la  etapa  de investigación previa de solicitar pruebas, pedir  que  lo escucharan en versión libre y estar atento a los elementos “internos  y  externos del material recaudado y con base en ellos  sustentar  la  argumentación de la defensa; para tres meses después sorprender  a   NESTOR   (sic)   SALCEDO   con   un  cúmulo  probatorio  practicado  a  sus  espaldas.”   

Siendo  ello así, el libelista, insiste que  la  notificación  “es el mecanismo mediante el cual  se  pone  en conocimiento de los interesados el contenido de las providencias…  y    tiene    como    finalidad   garantizar   los   derechos   de   defensa   y  contradicción “.   

Adiciona  a lo precedente que el Tribunal en  la  interpretación  de  las  pruebas  va  en  contra  vía  de una “sana  hermenéutica  jurídica  al  estimar las interceptaciones  telefónicas  de  marras  cuando  ya  estaba individualizado el imputado y no se  había   surtido  el  mecanismo  de  la  notificación,  introduciendo  un  raro  principio… EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS”.   

Apuntó que la obtención de las pruebas por  medios  “violentos e ilegales para poder imputar un  hecho  delictual  a  una  persona es lo mas oprobioso y sería como legalizar la  tortura”  Amén que la Corte dijo que si se incurre  en  tales  incorrecciones  es un yerro de derecho por falso juicio de legalidad,  “por  lo tanto se debe aislar la prueba irregular e  ilegalmente  recaudada  y  aportada  debiéndose nulitar toda la prueba obtenida  por interceptación telefónica”.   

3. Bajo el titulo  de      “apuntes      de      la     detención  domiciliaria”,  aseveró  que  el  Tribunal  merece  especial censura  cuando   negó   la   detención   domiciliaria   a   poderdante,   “por  cuanto  sus  argumentos  van dirigidos a la Ley 750 de 2002  que  la  Defensa  nunca  ha mencionado sino simplemente solicitó este beneficio  por  el  Principio  de Favorabilidad”, máxime si se  aportaron   los   registros   civiles   de   nacimiento  de  los  hijos  menores  “y  haber  allegado los escritos visibles en folios  88  y 89 cuaderno original 13 son pruebas útiles… deben ser consideradas para  otorgar este beneficio dirigido a favor de los menores de edad”.   

Solicita  casar  la  sentencia decretándose  “la  nulidad  de  las pruebas aportadas mediante la  interceptación  telefónica  para  en  su  lugar  proceder  a  dictar sentencia  condenatoria  por  el Porte de 15 gramos de sustancia alucinógena contra NESTOR  ANTONIO SALCEDO y concederle la detención domiciliaria”.   

CONSIDERACIONES    DE  LA    SALA   

La censura presentada a favor de  NÉSTOR  ANTONIO SALCEDO, no reúne los  presupuestos  mínimos  de  coherencia y lógica-argumentativa puntualizados por  la  jurisprudencia  para admitir la demanda. Pues si bien, propone como punto de  partida  para  lograr  la infirmación del fallo de segundo nivel, nulidades por  violación  a los derechos de estructura y garantía del artículo 207 de la Ley  600  de  2000,  en  su  desarrollo  y demostración incurre en graves fallas que  atentan   contra   la   filosofía   que   inspira  el  recurso  extraordinario.   

No es un escrito de libre confección con el  que  se pretenda derrumbar la doble presunción de acierto y legalidad que viene  atada  a  los  fallos,  tampoco  es  una  adición  de  ideas en busca de un fin  jurídico  subjetivo  o hipotético del censor para asegurar la demostración de  las nulidades propuestas.   

Como  metodología  la  Sala  expondrá  las  falencias  contenidas  en  la  demanda  en  bloque,  a  fin de brindarle mayores  elementos   de   juicio   al   actor   para   un   cabal   entendimiento  de  lo  planteado.   

El           primer  yerro  del  actor  consistió en  mezclar  en  un  mismo  cuerpo argumentativo violaciones al debido proceso a los  derechos   de   defensa   y  contradicción;  toda  vez  que,  es  indispensable  seleccionar  el ataque de mayor cobertura de lesión, con el inmediato objeto de  retrotraer  la  actuación  hasta  aquel  acto  procesal que fue ostensiblemente  vulnerado.  Deberá  pues  constatarse  cuál nulidad abarca mayor extensión de  daño  para  proponerla  como  principal;  las  otras  como  es  debido,  serán  expuestas  en cargos subsidiarios, porque de tener éxito la primera, no podría  la  Sala  casar  los  demás  cargos  así  tuviese razón el demandante, porque  aquella  subsumiría a las demás, como cuando la nulidad se declara a partir de  la    injurada,    sobra,    por   sustracción   de   materia,   declarar   las  posteriores.       

Además,  cada  nulidad  tiene un desarrollo  independiente,  debiéndose  identificar  la  clase  de nulidad, denunciando las  normas  sustanciales  vulneradas,  a  fin  de  demostrar  por qué su premisa es  consecuente  con el histórico procesal, pues no basta, la sola enunciación del  cargo.  Es  imperioso  argumentar ¿cómo?, ¿de qué forma? y ¿cuáles? fueron  las repercusiones o el daño al interior del proceso.   

No  pudiendo  olvidar  el  demandante  los  principios  que  rigen  las  nulidades  como  el de convalidación, taxatividad,  finalidad  de  los  actos,  entre  otros, a fin de verificar la infirmación del  fallo último.   

El           segundo  dislate del actor tiene que ver  con  la violación al principio de contradicción probatoria, el cual adolece de  los  mismos  defectos  enunciados  atrás;  aunándose  a él, una mixtura en la  sustentación  de  la censura, toda vez que confunde el derecho a contradecir la  prueba  con  la  validez  y  legalidad  de  misma:  ambas posturas jurídicas se  diferencian  porque  la motivación para la segunda requiere la alegación de la  vía  indirecta  por  error  de derecho en sentido de falso juicio de legalidad.  Combinar   la   nulidad   por  violación  al  principio  constitucional  de  no  contradicción  con  un  yerro  de  derecho  por falso juicio de legalidad, trae  consigo,  un desconocimiento absoluto del recurso extraordinario, violentándose  de paso, el postulado de autonomía de las casuales.   

El    tercer  desquicio   del  demandante  se  identifica  con  la  invitación  que le hace a la Sala de seleccionar de todo ese cúmulo probatorio  aquellas  que  de  una  u  otra  manera  le  sean  favorables a su prohijado, en  especial  las allegadas en el cuaderno número 13; sin que hubiese mediado en su  inusual  propuesta  un  desarrollo  armónico  y  adecuado para demostrar lo que  olvidó  sustentar.  Desconociendo otro principio de casación denominado razón  suficiente,  mediante  el  cual  debe  entenderse  que  el  libelo  en sí mismo  considerado  es  un  fundamento  diáfano,  capaz  y  expedido  para entender el  problema  jurídico  planteado,  identificándose, por ejemplo, aquellas pruebas  que  son motivo de ataque y, no dejarlas al arbitrio, de una enmarañada, vaga y  difusa sustentación.   

El    cuarto  equívoco  se traduce en el hecho que el impugnante a  toda  costa  quiere  que  impere  su  criterio  sobre  el de los falladores, sin  ninguna  coherencia  aumentativa,  como cuando señaló que se debía condenar a  su   poderdante   por   “15  gramos”  cuando  los  funcionarios  partieron  de la base que la sustancia  incautada  pasaba  de 6.000. Rematando su propuesta en el sentido que se case el  fallo  atacado,  declarándose  la  nulidad  y  en el mismo acto se condene a su  defendido,  lo  cual muestra aún más, lo absurdo del planteamiento, porque las  supuestas  falencias  demandadas  no  nacen  del  fallo  del  Tribunal  sino del  acontecer procesal.   

En  su  memorial,  el  libelista propone una  serie   de   tesis   defensivas   propias   de   las   instancias:  i)   que   la   prueba  no  se  valoró,  ii)  que  se  le  negó  la  detención      domiciliaria,      iii)  que debe aplicársele el principio de favorabilidad, iv)   que  la  prueba  fue  violenta    e    ilegal,   v)  que  se está legalizando la tortura,  vi)  que  con  las  pruebas  ilícitas  se  muestra  la  efectividad  represiva  del  Estado  y  vii)  que  el  fin  justifica los medios;  todo  es  sin  duda  alguna, una muestra más que los cargos presentados, fueron  concebidos  como  enunciaciones  aisladas  de  ideas  sin  desarrollo jurídico,  huérfanas  de  lógica  argumentativa  y, olvidando el actor, los principios de  trascendencia, claridad y autonomía de las causales de casación.   

Se  verifica,  entonces,  que  el  libelista  presenta  una   alegación  producto  de su propia percepción del derecho,  los  hechos  y  las  pruebas  contra lo afirmado por el Juez Colegiado, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  demanda,  con  lo  cual  todas  sus  pretensiones se alejan de la filosofía que  sustenta el instituto casacional.   

Los  defectos sustanciales enunciados atrás  no  le  dejan  otro  camino a la Sala que inadmitir la  demanda    de    casación,   presentada   a   favor  de NÉSTOR ANTONIO SALCEDO,  de  conformidad  con  lo  preceptuado en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000;  sin  olvidar  que,  estudiado  el  proceso, no se percibe en su contexto, que se  hubiese  violentado  alguna  garantía  fundamental  que  amerite el facultativo  ejercicio  de  la oficiosidad, en virtud de los dispuesto en el artículo 216 de  la misma obra instrumental citada.   

Con   fundamento   en   lo   expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de  Justicia,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

Primero:         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada    a    nombre    de   NÉSTOR   ANTONIO  SALCEDO.   

Segundo:  Contra  la  presente  providencia  no procede recurso  alguno.   

         

Cópiese,   comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                       

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN             JORGE LUIS  QUINTERO    MILANÉS                      

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

         

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                 Secretaria     

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