27628(18-07-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27628   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                               DR.    SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ   

                            Aprobado Acta Nº 124   

         

Bogotá, D. C., dieciocho de julio de dos mil  siete.   

VISTOS  

          Conforme  con  lo  reglado  en  el  Art.  223 de la Ley 600 de 2000,  examina  la  Sala  de  manera  preliminar  el  aspecto  formal  de la demanda de  revisión    instaurada    por    el    apoderado   especial   de   HERNANDO   SÁNCHEZ   VARÓN,  contra quien, entre otros, y conforme con  lo  expresado  en  su libelo por el letrado, el Juzgado 23 Penal del Circuito de  Bogotá  profirió  condena  en  fallo  del  11  de junio de 2003, declarándolo  responsable,  en  calidad  de  coautor,  de  los  delitos  de hurto calificado y  agravado,  y  fabricación,  tráfico y porte de armas de fuego y municiones, en  concurso,  a  consecuencia  de lo cual le impuso como pena principal 52 meses de  prisión  y  la  accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  un  término  similar  al  de  la  restrictiva  de la  libertad;  determinación  que  el  Tribunal  Superior  de  esta  ciudad Capital  confirmó por la suya del 6 de septiembre de 2004.     

ANTECEDENTES  

          En  el auto de inadmisión de la demanda de casación instaurada por  el  defensor  de  los otros condenados -mas no por el representante judicial del  aquí  accionante  en  revisión-,  la Corte se atuvo al relato que acerca de la  situación  factual  plasmó  el  Tribunal  en la sentencia de segundo grado, la  cual expuso de la siguiente manera:   

“Puestos  en  conocimiento  por  el Subteniente Oscar Javier Romero Piñeros, en su condición  de  Subjefe  Operativo  del  Grupo  de Automotores SIJIN, adscrito a la Policía  Metropolitana  de  Bogotá,  quien  manifestó  y  ratificó bajo juramento, que  siendo  las  8:30 de la mañana del día domingo 4 de marzo de 2001, se recibió  información  por parte de la central de radio, que en un parqueadero localizado  en  la  calle  6ª  B  N°  86A-85,  se hallaba guardada una camioneta de placas  CJA-630,  la  cual  había  sido  hurtada  el  día  anterior  mediante  atraco,  procediendo  a  instalar vigilancia en dicho sector, cuando siendo las dos de la  tarde  se  acercó  al  automotor un individuo que subió a él y lo estacionó,  procediendo   a   su   captura,   respondiendo   al   nombre   de   HEMBERT  ORLANDO  ORTEGA  OLARTE,  quien  señaló  a  otros  individuos que esperaban en la calle dentro de una camioneta  Toyota,  doble  cabina,  color  blanca,  los cuales le pagarían $200.000,oo por  sacarlo y llevarlo afuera.   

“Fue  así  que  continuó  el  operativo  policial  y  cuando se aproximaban a la camioneta aludida, observaron igualmente  un     automóvil     Mazda    121,    color    verde    oscuro,    ‘dentro  del  cual  se  hallaban  dos  personas,  el  conductor  de cabello mono, notoriamente pintado, y el tripulante  vestía   saco   azul,   de  tez  trigueña,  de  aproximadamente  20  años  de  edad…’,   todos  los  cuales  emprendieron  la  huida,  logrando detener la camioneta y sus ocupantes,  tratándose  de  HERNANDO  SÁNCHEZ VARON,  que  la  conducía,  JOSÉ  GUILLERMO  DÍAZ   MORENO  y  JACKSON  XAVIER   RODRÍGUEZ   CHACÓN,  comerciantes  de  San  Andresito,  llevando  en  su interior cinco llantas usadas, un gato hidráulico,  dos  cigarrillos al parecer de marihuana y un recibo de Codensa perteneciente al  apartamento     de     ORTEGA    LARTE,  el cual a su vez los condujo a su lugar de residencia, donde fue  posible  la  aprehensión  de  un  hermano suyo FABIAN  ENRIQUE  ORTEGA  OLARTE y del Patrullero NÉSTOR   ALEJANDRO   VELÁSQUEZ  ROJAS,  logrando  la  inmovilización  del automóvil Mazda 121, de placas BIW-564, y de  la motocicleta Yamaha XT 600, de placas JGA-99.   

“Acto seguido entrevistaron al Patrullero  de  la  Policía Nacional en cuestión, el cual los llevó hasta su apartamento,  donde  encontraron  distintos  uniformes  y  una granada de fragmentación, así  como  la  motocicleta  Yamaha  DT  125, de placas DNL-62A, verificándose que la  placa  trasera  es  falsa;  continuaron el operativo policial y observaron en el  lugar  inicial de los acontecimientos a un sujeto que se encontraba en la puerta  del  parqueadero,  el  cual  se  acercó  a  la  camioneta blanca y por error le  preguntó  a  uno  de  los  policías  ‘dónde  está  taladro  y  que pasó con la camioneta que no la han  sacado  del  parqueadero’,  requisándole  inmediatamente,  hallando  en  su  poder  una pistola calibre 32,  marca  Pietro  Beretta,  con  un proveedor y tres cartuchos y un revólver marca  Smith   &   Wesson,   calibre   38,   seis   cartuchos,   sin  permiso  para  portar.   

“Originó  el anterior operativo policial  la  denuncia  N°  1279  instaurada  ante  la  Octava  estación  de Policía de  Bogotá,  mediante  la cual el señor HUGO FERNANDO VELÁSQUEZ DURÁN manifestó  que  en  la  mañana  del  día  sábado  3  de  marzo de 2001, cuando se iba en  compañía  de  su  sobrino  JORGE ENRIQUE VELÁSQUEZ, a la altura de la Avenida  Boyacá,  frente  al  Terminal  de  Transportes,  en  sentido  norte  sur, en la  camioneta  Toyota  Hilux  4 x 4, modelo 1999, color gris xerus metalizado, doble  cabina,  de  placas CJA-630, de su propiedad, fue interceptado por dos policías  uniformados,  quienes  se desplazaban en una motocicleta, obligándolos a ocupar  los  asientos  traseros  dizque  por  tratarse  de  un  operativo  de  la SIJIN,  llevándolos  hacia  Fontibón,  donde  les dijeron que se trataba de un atraco,  trasladándolos  a  un  taxi  Daewoo, pero cuando salían de un callejón vio un  automóvil     Mazda     verde     ‘con   otros   de   ellos’,  dejándolos  abandonados cerca al barrio El Tintal, pudiendo dar  aviso a las autoridades de lo ocurrido.   

“Como  resultado  de todo lo anterior, el  Grupo   de  Automotores  de  la  Policía  Metropolitana  de  Bogotá,  dejó  a  disposición  a  siete  (7) personas, dos (2) armas de fuego, una (1) granada de  fragmentación,  cuatro (4) vehículos inmovilizados, una (1) camioneta hurtada,  dos  (2)  teléfonos  celulares, un (1) beeper, un (1) chaleco antibalas, un (1)  casco    de    policía,    un    (1)    uniforme   camuflado   del   Ejército,  etcétera.”   

LA DEMANDA  

          Al  amparo  de  la causal primera establecidas en el Art. 220 del C.  de  P.  Penal -Ley 600 de 2000-, el demandante aduce como motivo de revisión la  circunstancia  de  haberse  impuesto condena en el evento que ocupa la atención  de  la  Sala, a dos personas por un mismo delito que sólo pudo haberse cometido  por un número menor de las sentenciadas.   

          Tras  relacionar  el  nombre  de  los  ciudadanos  que  junto  a  su  poderdante  fueron  afectados  con  la  condena  que  hoy  censura  en  sede  de  revisión,  el  demandante  argumenta  que  la  autoría  tanto intelectual como  material  de  los actos antecedentes, “en el instante  del  crimen  y posteriores fueron obra de personas aún desconocidas o conocidas  pero  bien  diferentes  a  Hernando  Sánchez  Varón,  a quien, si hubiese sido  posible  atribuirle  alguna conducta antisocial, podría llegar a ser esta la de  cómplice  en una receptación (artículo 177 C. P.) respecto a unas llantas del  vehículo  hurtado,  conducta  esta presuntamente realizada en circunstancias de  tiempo   modo   y  lugar  muy  posteriores  al  injusto  de  hurto  del  rodante  (…)”,  máxime  cuando  para  la fecha del despojo  patrimonial   de   marras   -marzo   3/01-,   SÁNCHEZ  VARÓN  se  hallaba  en  lugar  distante  de  donde se  produjo  el  latrocinio,  como  quiera  que  partió de Bogotá para El Espinal,  Tolima,  a eso de las 06:30 horas, y regresó hacia las 18:30 horas de la citada  fecha.      

A  su asistido se le involucró en el evento  criminoso  en  cuestión  -agrega-,  simplemente  porque  se le contrató por un  reconocido  comerciante  en  llantas  de San Andresito, para que le transportara  elementos  de  esa  naturaleza  ya  usadas a un “desconocido”, al sector del  barrio  Castilla,  individuo  que precisamente se movilizaba en el automotor que  conducía el sentenciado.   

SÁNCHEZ     VARÓN     nunca  fue  reconocido  en fila de personas por el ofendido como uno  de  los integrantes de la banda que violentamente lo despojaron de su vehículo,  sostiene  el libelista. Por lo tanto, no habiéndose establecido “por  ninguno  de  los  medios  probatorios  legales, la presencia de  HERNANDO  SÁNCHEZ  VARÓN  el día y a la hora del arrebatamiento de su rodante  al  señor  HUGO FERNANDO VELÁSQUEZ DURÁN,   resulta  mandatorio  -sic-  dar  aplicación a la causal primera de de la acción de revisión  invocada  puesto que el hurto calificado y agravado del vehículo, solo pudo ser  realizado  por  personas  bien  diferentes  a  HERNANDO  SÁNCHEZ  VARÓN,  y al  atribuirle  gratuitamente  a  este  ciudadano  la  conducta típica nombrada, no  solamente  hizo  que  se violara la seguridad jurídica, sino que se generó una  nulidad  por irregularidad sustancial que afectó el debido proceso.”   

         Con  fundamento  en  los  argumentos  expuestos,  dice el demandante  aspirar  a que se deje sin valor las sentencias impugnadas en sede de revisión,  y  en  su lugar se dicte la que en derecho corresponda, lo que deberá hacer una  dependencia   judicial  de  similar  categoría  al  que  la  profirió,  previa  remisión  de  la  actuación,  reanudación  del  trámite que deberá surtirse  conforme  con  la  orden que para tal efecto imparta la Sala de Casación Penal,  no  sin  antes  elevar  petición, de ser procedente, de que se deje en libertad  caucionada al aquí condenado.   

          Como  pruebas  de  carácter documental solicita el accionante copia  de  las  sentencias  de  primero  y  segundo grados proferidas en las instancias  ordinarias,  como también copia del auto que inadmitió la demanda de casación  pertinente.  Del  mismo  modo  solicita  el  demandante  la  práctica de sendas  diligencias  de  inspección  judicial  a  la actuación con la intervención de  peritos  en  materia penal, a efecto de acreditar que con la prueba recaudada no  existía  mérito  para sostener que su defendido tomó parte en el reato que se  le endilga.    

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  acción de revisión tiene por finalidad  enmendar  la  injusticia  en que haya podido incurrir el juzgador al imponer una  condena  a  una  persona que no debe responder por los hechos que fueron materia  de  juzgamiento,  y  para  tal  efecto  el legislador instituyó como motivos de  revisión  los  casos  expresa y taxativamente relacionados en el Art. 220 de la  Ley  600  de  2000,  o  cuando se trata de sentencia absolutoria, resolución de  preclusión  de  la  investigación,  o auto de cesación de procedimiento, para  los   eventos   de  los  que  trata  los  numerales  4  y  5  de  los  preceptos  citados.   

Empero, para lograr un tal cometido, el Art.  222  del  C. de P. Penal le impone como carga procesal al accionante cumplir con  determinadas   exigencias,   entre   otras,  la  necesaria  invocación  de  los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos  en  que  se  soporta  la  pretensión  de  remoción  del  fallo  cuya injusticia material se aduce, así como la relación  de  las pruebas que aporta para la demostración de los supuestos básicos de la  petición.   

Pues bien, como motivo de revisión adujo el  actor  la  causal primera que tiene como supuesto de hecho la imposición de una  condena  o  una  medida  de  seguridad, “a dos o más  personas  por  una misma conducta punible que no hubiese podido ser cometida por  una    o    por    un    número    menor   de   las   sentenciadas.”   

Una  tal  premisa, conforme con lo que tiene  decantado  la  jurisprudencia de la Corte, significa que, no empece a lo que los  hechos  y  las  circunstancias  acreditan,  en  el fallo se condenó o se impuso  medida  de  seguridad a personas ajenas a los sucesos materia de juzgamiento, es  decir,  que  por  la  naturaleza  misma  del hecho, no pudo haber intervenido el  número  de  personas  cobijadas  por la determinación que se censura; o que la  situación  probatoria  lo  que  demuestra es que los partícipes en la conducta  punible  son  menos  de los que aparecen sancionados -Cfr. autos del 2 de agosto  de  1995,  Rdo.  10.700;  14  de julio de 1998, Rdo. 14.098; 6 de marzo de 2001,  Rdo. 10.685, entre otros-.   

Al  precisar el alcance de la citada causal,  la  Corte  ha señalado que ella “no se refiere a los  eventos  en que por interpretación de las normas o de los hechos, el recurrente  considera,  disintiendo  del  razonamiento  del Juez que profirió la sentencia,  que  en  una  determinada conducta no se puede predicar la coautoría, pues este  debate  se  tiene  que  dar  en las distintas etapas del proceso, o en la Corte,  pero  solo en sede de casación, y como violación directa o indirecta de la ley  sustancial,  según  el  caso.” -Auto de febrero 8 de  1.990-.   

Lo  dicho  significa,  como de vieja data lo  viene  advirtiendo de igual manera la jurisprudencia de la Sala, “que   dicha  causal  no  posibilita  -como  ninguna  lo  hace-, discrepar total o parcialmente con  la  valoración  probatoria de la sentencia, pues de lo que en realidad se trata  es  de  demostrar  que  a  través  de  los  hechos  probados  surge  de  manera  objetivamente  indiscutible,  que frente al caso concreto el delito tuvo que ser  cometido  por  una  sola  persona  o  por  un  número inferior a las condenadas  (…)”;   lo   cual   no   se  logra  con  la  mera  enunciación,  como  aquí  lo hace el actor, al dejar su planteamiento ayuno de  demostración alguna. -Auto de 19 de agosto de 1.997-.    

Con tal causal mal puede pretender el actor,  también  lo  ha dicho la Sala, que a partir de su particular estimación de los  hechos  y  de  las  normas  y  en  contraposición  a  lo  resuelto  en el fallo  cuestionado,  considere  que  el  sentenciado  no  es coautor o partícipe de la  conducta  punible  juzgada, puesto que controversias probatorias o jurídicas de  tal  índole,  propias  de  las  instancias  y  aún  de  la casación, resultan  extrañas  a  la acción de revisión en cuanto dicen relación con un debate ya  superado.            

Ahora,  amén  de  omitir  cumplir  con  la  obligación  de  allegar  “copia  o  fotocopia de la  decisión  de primera y segunda instancias y constancia de su ejecutoria, según  el  caso,  proferidas  en  la  actuación  cuya revisión se demanda”     -inciso     final     del     Art.     222-    y   de  la indebida fundamentación de  la  demanda, tampoco cumple el actor con su deber de aportar las pruebas con las  cuales  pretende  la  remoción de la condición de res  iudicata  que ostenta el fallo, pues sólo se limita a  pedirle  a la Corte que ordene la remisión del expediente a las autoridades que  conocieron  del  asunto.  No es al Juez de Revisión al que le compete recopilar  las  pruebas  que sirven de sustento de la demanda, sino que es el accionante el  que  debe  acompañar  con la solicitud de revisión los elementos de juicio con  los  cuales  aspira  a  demostrar  la  causal que invoca, insiste en reiterar la  Sala.   

Finalmente  dígase que, contrariamente a lo  que  el  libelista advierte, ninguna causal impediente se configura en relación  con  este  asunto, pues si bien la Sala se ocupó del mismo, simplemente lo hizo  a  través  del  examen  formal  de  la  demanda  de casación, cuya inadmisión  decretó  en  auto  del  13  de  julio  del  pasado  año,  valga decir, no hubo  pronunciamiento  de  fondo  respecto  de  los  puntos  planteados;  a más de lo  anterior,  el  correspondiente libelo lo postuló el letrado recurrente a nombre  de  varios  de  los  sentenciados  en  la  misma  causa,  mas  en calidad de tal  -impugnante-,  no acudió en sede del extraordinario recurso el aquí accionante  en   revisión  HERNANDO  SÁNCHEZ  VARÓN.         

Así  las  cosas, como el escrito de demanda  incumple  básicamente  la exigencia formal prevista en el Art. 220-3 y 4 del C.  de  P.  P.,  se  impone su inadmisión de conformidad con lo indicado en el Art.  223 ejusdem.   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de Casación Penal,   

  RESUELVE   

INADMITIR la demanda  de   revisión  que  en  representación  de  HERNANDO  SÁNCHEZ   VARÓN   se   instauró,  conforme  a  las  motivaciones plasmadas en el cuerpo de este proveído.   

Contra la presente determinación procede el  recurso de reposición.   

Cópiese,  notifíquese  y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ           MARIA  DEL ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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