27623(11-07-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27623  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta No. 117                                                                               Magistrado  Ponente:   

                                     Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá, D. C., once de julio de dos mil siete.  

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Pedro   Julio   Matías  Ortiz  contra  la  sentencia  proferida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Montería  el  9  de  febrero  de  2006,  mediante  la cual confirmó la dictada en primera  instancia  por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Bogotá, que condenó al  procesado   por   el   delito   de   homicidio   agravado,   en   condición  de  determinador.   

Hechos.  

El  26  de  junio de 1999, en las horas de la  noche,  frente  al  establecimiento comercial ubicado en la avenida 22 No.19-17,  barrio  Santa  Fe de la ciudad de Bogotá, un sujeto disparó sorpresivamente un  arma    de    fuego    contra   la   señora   Tilcia  Jaimes,  quien en ese momento se hallaba en compañía  de   su   esposo   Mesías  Barón  Jaime,  causándole heridas que determinaron su muerte horas después. El  victimario  fue perseguido y capturado por la policía, siendo identificado como  Rigo  Fabio  García,  agente  también de la institución.   

En  poder  del  implicado  fue  hallada  una  pistola,  que  peritos  de  balística  identificaron  como  la  utilizada en el  crimen,  y  también  en  el  homicidio de Julia Helena  Jaime  de  Barón  (mamá de  Mesías  Barón  Jaime),  ocurrido el 7 de febrero del  mismo  año  en  el perímetro urbano de Fusagasugá. Como determinador de estos  homicidios  es  señalado  Pedro  Julio Matías Ortiz,  contra  quien  se adelanta la presente investigación,  la   que   se  circunscribe  al  homicidio  de  Tilcia  Jaimes,     ocurrido     en     la     ciudad    de  Bogotá.    

Actuación  procesal  relevante.   

1.  El  18  de  abril  de  2000, la Fiscalía  calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario  con  resolución de acusación  contra   Pedro   Julio  Matías  Ortiz,  por  el delito de homicidio agravado, en condición de determinador,  decisión  que  fue  revisada  y  confirmada  por  la Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Bogotá el 20 de julio del mismo  año1.   

2. Rituado el juicio, el Juzgado Segundo Penal  del  Circuito  de Bogotá, mediante sentencia de 3 de julio de 2002, condenó al  procesado  a la pena principal privativa de la libertad de 28 años de prisión,  y  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  pública por el  término   de   10   años,   como   determinador  del  delito  imputado  en  la  acusación2.      

La  defensa  apeló  este fallo en procura de  obtener  su  revocatoria  por  ausencia  de  prueba  para  condenar. Del recurso  conoció  el  Tribunal  Superior  de  Montería,  en  virtud  de la política de  descongestión  implementada  por  el  Consejo  Superior  de  la Judicatura, que  resolvió   la   impugnación   el   9   de   febrero   de  2006  con  decisión  confirmatoria3.    

La         demanda.   

Plantea  un solo cargo al amparo de la causal  primera  del artículo 207 de  la ley 600 de 2000, por violación indirecta  de  la ley sustancial, debido a errores de hecho por falsos juicios de identidad  en  la  apreciación de las pruebas. Como normas violadas señala los artículos  29 de la Constitución Nacional y 284, 285, 286 y 287 ejusdem.   

Sostiene, después de referirse a la necesidad  de  que  el  hecho  indicador  se  halle  debidamente  acreditado  para  que  la  conclusión  que se obtiene sea válida frente a las reglas de la sana crítica,  que  en  el caso analizado se imponía para los juzgadores de instancia analizar  la  prueba indiciaria orientándose a establecer que entre el autor material del  homicidio  y  el  procesado  existió  un  contrato para dar muerte a la señora  Tilcia,  “hecho que no es susceptible de sospechas del mecanismo de raciocinio  o  de  deducción por medios no solo inconducentes, sino que son producto de una  distorsión en su verdadero valor probatorio”.   

Explica que los juzgadores tomaron como hechos  indiciarios,  (i)  la  presunta  presencia  del  procesado  en  la  Estación de  Policía  XIV  de los Mártires, (ii) la existencia de una deuda entre los BARON  y  el  acusado,   y las manifestaciones que hizo éste en presencia de RAUL  BLANCO,  y  (iii)  el  alejamiento  del  procesado de la casa de sus deudores. A  continuación,  hace  las  siguientes  precisiones  en relación con cada uno de  ellos:   

1.  Presencia  del  procesado  en la Estación XIV de Policía. Dice que en  el  proceso  se  demostró  sin  lugar  a dudas que la presencia de Pedro  Julio  Matías  Ortiz  en ese sector  obedeció  a  razones  distintas  de  las que indican los testigos, ya que en la  diligencia  de  inspección  judicial a los libros de visitantes de la Estación  se  estableció  que nunca estuvo allí con el fin de entrevistarse con el autor  material del hecho.   

Para  evidenciar  lo  que  llama debilidad   del   hecho  indicador,   reproduce  algunas alegaciones presentadas dentro del proceso adelantado por los  hechos  de Fusagasugá, donde sostiene que los juzgadores dejaron de apreciar de  manera    equitativa    y    eficaz    las  pruebas  de  cargo,  como por ejemplo el testimonio de HERNANDO  BARON  JAIME,  quien aseguró que un agente de la policía llamado JESUS ARMANDO  DIAZ  le  dijo  haber  escuchado una conversación telefónica del homicida  en  la  que  le  decía  a  un  tercero  que  “la vuelta había salido mal”,  versión  que fue desvirtuada por el propio agente, quien tildó la declaración  del testigo de mentirosa.   

2. Existencia de la  deuda  de  los  BARON y manifestaciones que hizo el  procesado en presencia  de  RAUL  BLANCO.  Argumenta que este hecho fue tomado  como  indicio  “poniendo  como  regla  general  un  hecho  no constituido como  evidencia  racional  de  causal  probable  o  razón forzosa de los móviles del  crimen,  empleando declaraciones con espacio indeterminado, sin valor indicativo  de  la  responsabilidad  directa  o  indirecta  de  la  comisión  del hecho por  Pedro   Julio  Matías Ortiz”.            

Para   demostrar  lo  dicho,  acude  a  los  argumentos   consignados   en  la  sustentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  en  el  proceso  adelantado  contra  el  procesado por los hechos de  Fusagasugá,  cuyos  apartes pertinentes transcribe, donde se refiere, en primer  término,  a la declaración de MARIA STELLA BARON JAIME, para destacar cómo la  testigo  dijo  sospechar  de  su  propio  padre  SAUL  BARON PEREZ, debido a que  maltrataba  con  frecuencia a su mamá (Julia Helena Jaime), creando un ambiente  de  violencia  en el hogar, que dio origen inclusive a que en una oportunidad su  mamá  le  descargara  un  botellazo,  y que su padre la amenazara con vengarse.   

Argumenta  que  este hecho indicador, muestra  con  mayor  fuerza  a  SAUL  BARON  PEREZ  como  determinador de la muerte de la  señora  JULIA  HELENA,  “pues  la  razón  de su amenaza directa de sangre la  lanzó  él contra la víctima, a la que le manifestó como quedó en autos, que  su  sangre  la  vengaba,  esto  después  que  la occisa le hubiera propinado un  botellazo  el  cual lo lesionó, esto en resumen es el  móvil  aparente  del  crimen, el cual se fortalece por  el   alto   grado  de  resentimiento,  derivado  de  la  agresión  física  que  sufrió”.   

Corrobora  esta  hipótesis,  la información  recibida  del Juzgado Promiscuo de Familia de Fusagasugá, despacho que remitió  copia  de  la  medida  de  protección radicada con el número 36, donde aparece  como  demandante  la  señora  JULIA  HELENA  JAIME  DE  BARON  (occisa)  y como  demandado  SAUL  BARON  PEREZ,  con  la cual se demuestra que las afirmaciones y  sospechas  de  la  testigo  MARIA  STELLA  BARON  JAIME  en contra de padre, son  ciertas.   

También  fortalece  esta  hipótesis, que el  día  que  resultó  muerta  la  señora  JULIA  HELENA  JAIME DE BARON, solo se  hallaba  presente  su  esposo,  quien lanzó las voces de auxilio, circunstancia  que  “si la juntamos con las sospechas de la señora MARIA STELLA BARON,   quien  dice  ‘dudo de un  muchacho  que estaba en la tienda que estaba esa noche en la tienda…ese señor  me   dijo   mi  papá  que  se  llamaba  CARLOS  VILLARRAGA  ó  SALDARRIAGA”,  reafirma  lo  dicho.  Pero  estas  pruebas  de  manera  injustificable y extraña fueron dejadas de lado por la Delegada.   

Los  restantes  testigos,  desconocen  en  su  mayoría  los  hechos.  Solo  aparece  la declaración de una vecina, ante quien  acudió   SAUL   BARON   PEREZ  pidiendo  ayuda,  la  cual  no  aporta  nada  al  esclarecimiento   de   lo  sucedido.  Y  las  versiones  suministradas  por  los  familiares,  con  excepción  de  la  rendida  por la señora MARIA STELLA BARON  JAIME,  “fueron desmentidos, distorsionados y si hubiesen sido confrontados el  uno  con  el  otro,  se hubieran caído del sitio o valor de credibilidad que le  dio  la  Delegada  y  el  Juzgado  que  lo  sentenció,  debido  a  la  falta de  credibilidad que ellos dejaban”.   

La  sentencia está cimentada en una supuesta  amenaza  que  el  procesado  lanzó  contra  CARLOS  HERNANDO  BARON  JAIME, por  intermedio  de  MESIAS  BARON,  pero  este  último,  en  su  declaración, a la  pregunta  formulada por la Fiscalía sobre si en alguna oportunidad JULIO lanzó  amenazas  de  atentar  contra  la  vida  de  él,  su  mamá  o algún familiar,  contestó:    No   nunca.  Respuesta  que  de  ninguna  manera  afirma  o confirma el decir de una supuesta  amenaza.   

SAUL  BARON,  en su declaración, manifiesta,  refiriéndose  a  lo  dicho  por  el procesado: “como HERNANDO le había hecho  muchas  cochinadas,  que  él le iba a dar por donde más le doliera para que le  pagara”,  y  luego agrega “por ahí dicen que él dijo que se desquitaba con  alguno  de  la casa”. Decir que en ninguna otra declaración se corrobora o se  prueba,  lo  que  no  pasa  de  ser  un simple comentario mal intencionado, para  fortalecer la supuesta amenaza.   

En conclusión, el Juzgado Penal del Circuito  de  Fusagasugá, para condenar al procesado, se valió de medios probatorios que  no  revisten la fuerza persuasiva que les fue otorgada. El haber pasado frente a  la   Estación   de   Policía,   en  donde  se  hallaba  detenido  el  presunto  homicida,   resulta  coincidente,  pues la razón del paso por el sector no  era  otra  que  ir  en  busca  de  un  repuesto para su vehículo, recorrido que  deviene  casi obligatorio para quien se desplaza a pie. Pero como fue perseguido  por    los   BARON,   debió   pedir   protección   a   los   agentes   de   la  guardia.   

No  es  conducente  ni  coherente,  que se le  otorgue  valor probatorio a las manifestaciones sobre la existencia de amenazas,  como  lo hace el sentenciador, al argumentar que existieron y que constituyen la  parte  fundamental de un indicio, “dando por cierto y con ese valor de indicio  cierto  algo  que  no  existe  prueba (sic) que se le pueda arrimar al decir mal  intencionado  y  tendencioso de un tercero sospechoso por la deuda que tiene con  el  sindicado y que le dé ese valor de certeza, ocasionando con este hecho, que  la  razón  principal  de  condena  carezca de ese valor dado como indicio grave  cierto, para que sea el determinador del hecho”.   

La violación se presenta, al tomar como medio  de  prueba  cierta  una  que carece de ese valor, además de que por mandamiento  legal  el  hecho  indicador  debe  estar  probado,  no  siendo prueba válida la  sospecha  sin  fundamento. Si está viciado el hecho indicador, está viciado el  indicado,  “y por ende carece de fundamento la aplicación del principio de la  sana  crítica,  pues si bien es cierto que el juzgador tiene derecho y libertad  de  darle valor a la prueba y conceptuar sobre ella, el desconocer una evidencia  que  constituye  un  indicio  grave contra quien pudo cometer el hecho, “viola  derechos  de  mucha mayor jerarquía tal como el de la presunción de inocencia,  a   la   administración   de   justicia   en   forma   eficaz,  transparente  y  justa”.   

3.  Alejamiento del  acusado  de  la  casa  de  los deudores. Dice no ser su  propósito   desconocer   la  existencia  de  estos  hechos,  puesto  que  ellos  existieron,  pero  otra  cosa  es  el valor y la fuerza que se le han dado a las  razones  que condujeron a que ellos se presentaran. Si una persona deudora se ha  vuelto  descarada con su acreedor, y no cumple con sus obligaciones, esto afecta  las  relaciones  interpersonales.  Sería  ilógico  e insensato que una persona  asuma  una  conducta pasiva frente a una agresión externa contra su patrimonio.  La  reacción  lógica,  es  que  se  acuda  a las vías judiciales existentes y  alejarse de ellos, como lo hizo el acreedor.   

Es  absolutamente  irracional, “que sin que  exista  un  medio  probatorio  idóneo,  material,  formal,  conducente y que se  encuentre  debidamente relacionado y materialmente probado, se parta para llegar  a  una  conclusión  que  en  la lógica y la coherencia de los procesos no debe  concluir,  pues  es como construir una edificación que requiere de bases firmes  y   con   especificaciones   precisas  y  fuertes,  y  reemplazarlas  por  bases  imaginarias,  inexistentes  y débiles de soporte técnico, el indicio o premisa  mayor  debe  estar  plenamente  probada  y  no  ser  el  producto  de  creación  imaginaria  de  un  proceso  sicológico,  sino  el  resultante  de un resultado  deductivo  lógico,  coherente  y  congruente  con  los  hechos  manifestados  o  materializados y la conducta atribuida al agente”.   

En  alusión  a  la  trascendencia del cargo,  sostiene  que  los  juzgadores  erraron en la valoración probatoria, puesto que  desconocieron  lo  consagrado  en  los  artículos  284  y  285  del  Código de  Procedimiento  Penal  en  relación  con la estructura de los indicios, de donde  surge  que  “todo  indicio  ha  de basarse en la experiencia y supone un hecho  indicador,  del  cual  el  funcionario  infiere  lógicamente  la  existencia de  otro”.  Y  agrega,  en  referencia  al  caso  que  es objeto de estudio: “El  proceso  psicológico  empleado  por el señor fallador, no es lo que en general  genera  el  yerro,  lo  genera  es  la  inferencia  lógica,  es  decir, que los  elementos  de  la regla que no se pueden variar (pruebas desde el punto de vista  de  su  gravedad, concordancia y convergencia) los cuales son elementos básicos  para  empezar  a  aprehender  esos  elementos,  con el único fin y objetivo del  empleo   del  método  inductivo  en  donde  induce  de  algo  general,  procesa  psicológicamente   esos   elementos   estructurales   externos,   los   analiza  psicológicamente  y arroja en producto que no es otra cosa que la deducción de  lo aprehendido o infiere lo particular o el hecho indicado”.   

Afirma  que  en el caso analizado se advierte  desconocimiento  del  método  sistemático, pero ante todo, el empleo de medios  probatorios  que  revisten absoluta sospecha por el alto grado de enemistad y el  conflicto  de  intereses  que existe entre las personas involucradas, además de  que  provienen  de  falsas  declaraciones,  que en el curso de la investigación  fueron  debilitadas  de  manera inequívoca, “pero que el señor Juez erró en  su  valoración  y  las  asumió como indicio cierto de convicción, que le hizo  dar como resultado la condena de mi defendido”.   

Sustentado en estos razonamientos, solicita a  la  Corte  declarar la existencia de la causal invocada, y remitir la actuación  a  la  Fiscalía  para  que sea adelantada con sujeción a la normatividad y los  medios de convicción que existen en ella.   

SE        CONSIDERA:   

La  Corte inadmitirá la demanda de casación  presentada  por  el  defensor del procesado Pedro Julio  Matías  Ortiz,  por no reunir las condiciones mínimas  de  claridad, concreción y debida fundamentación requeridas para su estudio de  fondo  por  el  numeral  tercero  del artículo 212 del Código de Procedimiento  Penal  y  la lógica de la causal invocada, de conformidad con lo establecido en  el artículo 213 ejusdem.   

El  ataque por violación indirecta de la ley  sustancial,  presupone  que los juzgadores incurrieron en un error de hecho o de  derecho  en  la apreciación de las pruebas, y que esta equivocación determinó  la  violación  de  una norma de derecho sustancial, por aplicación indebida, o  falta de aplicación.   

Siendo esto así, la sustentación del ataque,  cuando  se  acude  a  esta  forma de violación, debe contener, al menos, (i) el  señalamiento      del      error      cometido4, (ii)  la  indicación  de  la  prueba  en la cual se presentó el desacierto, (iii) la  demostración  del  error, (iv) las normas sustanciales indirectamente violadas,  y   (v)  la  acreditación  de  la  trascendencia  del  error  en  la  decisión  impugnada.   

Cuando el error se presenta en la valoración  de  la prueba indiciaria, se impone además precisar en qué momento del proceso  de  construcción  y valoración del indicio se presentó: si en la apreciación  de  las  pruebas  que  sirvieron  de  fundamento  para declarar probado el hecho  indicador,  o  en el proceso inferencial que entrelaza el hecho indicador con el  hecho  indicado,  o  en  la  valoración  del  mérito  del indicio como entidad  probatoria.   

Estas  exigencias,  son  desatendidas  por el  actor.   En   el  enunciado  del  cargo,  invoca  errores  de  identidad  en  la  apreciación  de  las pruebas, pero  no señala en concreto la prueba sobre  la  cual  se  presentó  el  error,  ni  hace  esfuerzo  alguno  en demostrar la  existencia  de  este  yerro,  que  como  se sabe, se presenta cuando el juzgador  distorsiona  el  contenido  material de una prueba por adición, cercenamiento o  transmutación  de  su  contenido fáctico, haciendo que diga lo que su texto no  expresa.   

Sus argumentaciones se orientan a cuestionar,  de   manera   general,  la  prueba  que  sirvió  de  fundamento  para  declarar  acreditados  los  hechos  que  dieron  lugar  a la construcción de los indicios  deducidos  en  contra  del  procesado, en algunos casos porque en su opinión no  ameritan   credibilidad,  y  en  otros  porque  considera que la inferencia  obtenida  carece  de  fuerza  incriminatoria, reflexiones que, de tener sustento  objetivo,  correspondía  plantear  dentro del marco de error de raciocinio, por  desconocimiento de las reglas de la sana crítica.   

Pero,  como  se  dejó visto, este trabajo de  acreditación  no  es  realizado por el casacionista. Se sabe, por el desarrollo  del  cargo,  que  disiente  de  la valoración que los juzgadores hicieron de la  prueba     indiciaria    por    las    razones    ya    anotadas    (desconocimiento   de   las   reglas  de  la  sana  crítica  en  la  valoración  de  la  fuerza  persuasiva  de  la prueba y en la obtención de las  inferencias  lógicas), pero en concreto no se ocupa de  demostrar la existencia de un desacierto de esta naturaleza.   

La acreditación de un error en la valoración  del  mérito  de  las  pruebas,  o en la obtención de inferencias lógicas, por  desconocimiento  de  las  reglas de la sana crítica, no se cumple afirmando que  los  juzgadores  se  equivocaron.  Es  necesario  indicar,  en  concreto,  cuál  principio  de  la  lógica,  cuál  regla de experiencia o cuál postulado de la  ciencia  fue  desconocido  por  ellos,  y  qué  incidencia tuvo el error en sus  conclusiones   probatorias,  ejercicio  argumentativo  que  el  casacionista  no  acomete.   

Es  más.  Buena  parte  de  las  alegaciones  traídas  para sustentar el recurso, corresponden a las presentadas con el mismo  propósito  dentro  del  proceso  seguido  contra Pedro  Julio  Matías  Ortiz  por  la  muerte  de  la señora  Julia   Helena   Jaime   de   Barón,   en  el  cual  es  también juzgado como determinador, situación que  hace  que  muchas  de  las argumentaciones que se traen para cuestionar el fallo  resulten  abiertamente  impertinentes,  por  estar referidas a hechos distintos,  cometidos en circunstancias diferentes.     

Visto, entonces, que la demanda no reúne las  condiciones   mínimas   de   claridad,  concreción  y  debida  fundamentación  requeridas  para  su  estudio,  se  la  inadmitirá  y  se ordenará devolver el  proceso  a  la  oficina  de  origen,  no advirtiéndose violación de garantías  fundamentales  que  la  Corte  esté  en  la  obligación  de proteger de manera  oficiosa.    

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda  de  casación presentada por el defensor de Pedro Julio  Matías Ortiz.     

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

                                   ALFREDO GOMEZ QUINTERO   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ            MARIA  DEL                      R.                      GONZALEZ                     DE  L.               

ALVARO       O.       PEREZ   PINZON                JORGE                                 L.                                QUINTERO  MILANES               

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                JULIO                                  E.                                  SOCHA  SALAMANCA               

MAURO            SOLARTE  PORTILLA             JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                   

                                         Teresa Ruiz Núñez   

                                           Secretaria   

    

1  Folios   82-91   del   cuaderno   original   1A   y  4-10  del  cuaderno  de  la  Delegada.   

2  Folios 260-290 del cuaderno original 4.   

3  Folios 75-98 del cuaderno del Tribunal.   

4 Si de  hecho  por  falsos  juicios  de  existencia, falsos juicios de identidad o falso  raciocinio,  o  de  derecho  por  falso juicios de legalidad o falsos juicios de  convicción.     

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