27608(26-10-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 27608  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr.  SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

Bogotá, D.C., veintiséis  de octubre de dos mil siete.   

V    I   S   T   O  S   

Se  pronuncia  la  Corte   respecto del  recurso  de  apelación  presentado  por la Fiscalía, en contra de la decisión  del  Magistrado  de  Control  de  Garantías  del Tribunal de Bogotá, tomada en  curso  de  la  audiencia  preparatoria  realizada  en el proceso que se sigue en  disfavor  de  la  Dra.,  JACQUELINE  DÍAZ   RODRÍGUEZ,  por  el delito de  privación ilegal de la libertad.   

HECHOS Y DECURSO PROCESAL  

          

      

      En  su  calidad de  Fiscal  Seccional  123  de Bogotá, el Dr. Luis Alberto Reyes Herrera, solicitó  ante  el  Centro  de  Servicios de los Juzgados de Control de Garantías de esta  ciudad,  se  programaran  audiencias  preliminares  encaminadas  a  legalizar la  captura  y  formular  imputación  en  contra  de  dos  personas aprehendidas en  flagrancia al momento de cometer un hurto.   

      El día 15 de  febrero  de  2006,  ante la Jueza 47 penal Municipal de Bogotá con Funciones de  Control  de  Garantías,  Dra.  JACQUELINE  DÍAZ  RODRÍGUEZ,  se  comenzaron a  adelantar  las  diligencias  en  cuestión,  particularmente,  la  encaminada  a  verificar  la  legalidad  de  la captura de los dos involucrados en el delito de  hurto.   

       En  curso de  ello,   estimó   necesario   la  funcionaria,  dado  que  el  defensor  de  los  aprehendidos  manifestó  que  estos fueron objeto de maltratos por parte de los  agentes  captores,  recabar  la  declaración  de los uniformados, razón por la  cual  reclamó  del  fiscal,  hiciese  comparecer  a los servidores públicos en  mención,   para   cuyo   efecto  decretó  un  receso  en  el  trámite  de  la  audiencia.   

    Empero, como al reanudarse  la  diligencia, no comparecieron los agentes de policía, la Jueza de Control de  Garantías  decide  imponer  al  Fiscal  Seccional  293,  con  fundamento en los  poderes  y  medidas  correccionales  otorgados  al  funcionario  judicial por el  artículo  143  de  la  Ley  906  de  2004,  24  horas de arresto, los cuales se  hicieron   efectivos,   por   estimar  que  entorpeció  la  administración  de  justicia.   

         En  virtud  de  ello,  el Fiscal Seccional 293 instauró denuncia penal en contra de  la  Jueza 47 Penal Municipal de Bogotá, con funciones de Control de Garantías,  por  ocasión de lo cual se formuló imputación por entendérsele incursa en el  delito   de   privación  ilegal  de  libertad,  cargo  que  no  fue  objeto  de  allanamiento.   

           Dentro   de   los  términos  legales,  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Bogotá,  presentó   escrito   de  acusación  ante  la  Sala  de  Decisión  de  aquella  corporación, el 9 de noviembre de 2006.   

           En  consecuencia,  el  12  de  diciembre  de  2006,  se  realizó  la  audiencia de formulación de  acusación,  a la cual concurrieron la fiscalía, la representación legal de la  víctima,    el   agente   del   Ministerio   Público,   la   imputada   y   su  defensor.   

       El 21 de  febrero  de  2007, se realizó la audiencia preparatoria, en curso de la cual la  Sala  de  Decisión  Penal  del  Tribunal,  decidió  decretar  la nulidad de lo  actuado  “a partir del momento en que se finalizó la  acusación”,  por  estimar que si la representación  legal  de  la  víctima  contaba con elementos materiales probatorios, evidencia  física  o  informes,  como  lo  señaló en curso de la audiencia preparatoria,  debió  haberlos  anunciado  y  puesto  en conocimiento de la defensa, igual que  sucede con la fiscalía, desde la formulación de acusación.   

      Como quiera que la  decisión  del Tribunal no fue impugnada, el 11 de abril de 2007, se realizó de  nuevo  la  parte  final  de  la audiencia de formulación de acusación, en cuyo  desarrollo  la  representación legal de la víctima dio a conocer los elementos  suasorios  con  los  que  cuenta  y  desea  hacer  valer  en el juicio, dándose  traslado  de  ellos  a  las partes, que sobre el particular ninguna controversia  plantearon.   

                            El   17  de  mayo  de  2007,  se  realizó  de  nuevo  la  audiencia  preparatoria.   

           En  curso de  la  misma  las  partes  hicieron sus manifestaciones respecto del descubrimiento  probatorio;  se  enunciaron  todas las pruebas que pretendían hacer valer en el  juicio,    acompañado    ello   de   la   significación   de   pertinencia   y  conducencia;   se decretó un receso para la elaboración de estipulaciones  probatorios,  manifestando  la  fiscalía  y  la  defensa  su convenio acerca de  algunos  hechos; se pronunció el Tribunal decretando la práctica de algunas de  las  pruebas  pedidas  por las partes, y negando otras; se abrió la posibilidad  de  interponer  los  recursos   ordinarios,  los  cuales  fueron finalmente  rechazados  frente  a la crítica que se hizo a las pruebas admitidas a favor de  la  contraparte,  por  estimarse  que la admisión no faculta interponer ningún  recurso;   y,   se   accedió  a  la  reposición  presentada  por  la  defensa,  aceptándose que presentase tres de los testigos antes negados.   

        Cuando  el  Tribunal  se  aprestaba  a  señalar  la  fecha  para  la realización de la  audiencia  del juicio oral, solicitó la palabra la fiscalía para hacer ver que  el  Tribunal,  en  olvido  involuntario, obvió responder a su manifestación de  que   se   le   permitiese   interrogar   directamente  a  los  testigos  de  la  defensa.   

         De   ello se dio traslado a la representación de la víctima y la defensa,  luego  de  lo  cual  el  Tribunal  se  pronunció  negando  la  solicitud  de la  fiscalía,  por entender que es abiertamente improcedente otorgar una especie de  carta  en  blanco,  ya que la funcionaria del ente investigador no significó la  conducencia  y  pertinencia  de  lo solicitado y se parte de la base de que a la  fiscalía  por  norma  constitucional,  se  le  obliga a hacer su descubrimiento  probatorio  desde  la audiencia de formulación de acusación, precisamente para  facultar  el previo conocimiento de la defensa, y resulta extemporáneo hacer la  solicitud en la audiencia preparatoria.   

       Otorgada  la  posibilidad  de  impugnar la decisión, la fiscalía interpuso reposición y  en subsidio apelación.   

       La   Corte,  en  decisión  del  29  de junio de 2007,  decidió anular el apartado final de  la  audiencia  preparatoria,  por  estimar  que se violó el debido proceso y el  derecho  de defensa de las partes, al impedírseles controvertir las solicitudes  probatorias de la respectiva contraparte.   

      El día 15 de  agosto   de   2007,   el   Tribunal  de  Bogotá,  continuó  con  la  audiencia  preparatoria,    rehaciendo   los   apartados   declarados   espurios   por   la  Sala.   

      Al efecto, se  otorgó  la  palabra,  en  primer lugar, a la Fiscalía, para que sustentara, en  punto de conducencia y pertinencia, sus solicitudes probatorias.   

      Luego de solicitar  presentar  en  el juicio algunas evidencias y testigos, la Fiscal deprecó se le  permitiera,  en  el  evento  de  que  la  acusada  concurriera como testigo a la  audiencia  de  juicio  oral,  someterla  a  interrogatorio directo, para así no  atarse,  por  vía  del  contrainterrogatorio,  a  los  temas  que propusiera la  defensa en su interrogatorio.   

        Aduce    la  representante  del  órgano  investigador,  que la renuncia de la procesada a su  derecho  de  guardar  silencio,  es absoluta y, en consecuencia, la fiscalía se  encuentra  habilitada  para  interrogar  sobre  todos  los  aspectos  que estime  necesarios.   

     Después  de  darse  la  oportunidad  a  la  representación  de  la  víctima   y  la defensa, para  soportar  sus particulares pedidos de prueba, se corrió traslado a las partes e  intervinientes  para que se pronunciasen respecto de las solicitudes probatorias  de su contraparte.   

       Para  lo que  interesa  al  debate,  la  fiscalía  se  opuso  a  que  la  defensa interrogase  directamente  a sus testigos, pues, no significó en su solicitud la conducencia  y pertinencia de ello.   

      A su turno, la  defensa  se  opuso  a  que  la  fiscalía interrogue directamente a la procesada  –que  aceptó acudir como  testigo  a  la  audiencia  del  juicio  oral-, dado que la solicitud la entiende  extemporánea  –en tanto,  no  se  incluyó  en  el  escrito  de acusación-, y además, con ello se violan  derechos  y  garantías  de  su  representada  legal, entre ellos los de guardar  silencio y no autoincriminación.   

         El  Ministerio  Público  depreca  que  se  rechace  la  solicitud  de  la fiscalía  respecto  al  interrogatorio  directo de la acusada, entre otras razones, porque  no  ha dicho la funcionaria representante del ente instructor, qué desea probar  con  ello  –pertinencia-, y  esa  forma  de intervención viola el derecho de no autoincriminación.  En  igual  sentido  se  pronuncia respecto de la petición de la defensa para que se  le  permita  interrogar directamente a los testigos de la fiscalía, advirtiendo  que jamás se argumentó en punto de conducencia y pertinencia.   

       Luego de  decretar   un   receso,   el  Tribunal  reasumió  la  audiencia  a  efectos  de  pronunciarse sobre las solicitudes probatorias.   

       En concreto,  inadmitió  siete   de las pruebas pedidas por la fiscalía, entre ellas la  posibilidad  de  interrogar  directamente  a  la  acusada,  en tanto, sobre esto  último,  estima  que  lo  pedido  es extemporáneo, si se toma en cuenta que la  fiscalía  debe  dar  a conocer su pretensión probatoria desde la presentación  del  escrito de acusación; además, se  violan el debido proceso y derecho  de  defensa,  pues, la decisión de presentar al procesado como testigo, obedece  al  querer  exclusivo  de  éste   y  su defensor, sin que sea factible que  acuda   al   mismo   tiempo   en   calidad   de   testigo   de   cargos   y   de  descargos.   

        En  lo  que  toca con la práctica probatoria deprecada por la víctima, se inadmitieron  siete de las pruebas.   

        Y  por  último,  acerca de lo requerido por la defensa, fueron inadmitidas diez de  sus  solicitudes probatorias, incluida la posibilidad de interrogar directamente  a  los  testigos  de  la fiscalía, dado que, sobre éste tópico, no motivó su  solicitud   y   el   derecho   de   contradicción   se  ejerce  a  través  del  contrainterrogatorio.   

      De  lo decidido se  dio  traslado  a  las  partes,   interponiendo  la  fiscalía el recurso de  apelación,  como  único, en contra de la inadmisión de su solicitud de que se  le permitiese interrogar directamente a la acusada.   

      A su turno, la  representación  de la víctima presentó los recursos ordinarios de reposición  y  apelación,  en  contra  de  la  decisión  que denegó varias de las pruebas  deprecadas.   

        Y,   por  último,  la defensa interpuso, como único, el recurso de reposición, buscando  se    revocase    el    proveído   que   denegó   algunas   de   las   pruebas  solicitadas.   

        Luego  de  correr  el  correspondiente  traslado a las partes no impugnantes y decretado un  receso  de  20  minutos,  el  Tribunal  resolvió  los  recursos de la siguiente  manera:   

         -Repone  la  decisión  de  no  admitir  varias  de  las  pruebas pedidas por la  representación  de  la  víctima  y  en  su lugar ordena la práctica de éstas  durante la audiencia de juicio oral.   

       -Acerca  del  recurso  interpuesto  por la víctima, no se repone lo decidido respecto de  dos   pruebas   y   se   repone,   aceptando   su  práctica,  respecto  de  una  tercera.   

         -Se  concede,  en  el  efecto  suspensivo,  el  recurso de apelación que como único  presentó  la  Fiscalía  en contra de la decisión de negarle la posibilidad de  interrogar directamente a la acusada.   

     Es ésta última, la  razón  para  que  la  Corte  conozca  ahora  en  segunda  instancia del recurso  vertical presentado por la Fiscalía.   

    

ARGUMENTOS DE LAS PARTES  

       La fiscalía  insiste  en  lo argumentado ante el A quo, señalando, en cita de jurisprudencia  anterior  de  la Corte, que la oportunidad de descubrimiento probatorio no opera  en  un solo momento, audiencia de formulación de acusación, sino que se ofrece  dinámica  en  curso  del  juicio, y por ello no es exacto lo argumentado por el  Tribunal  para  negar su solicitud de que se le permita interrogar al acusado en  forma  directa.  Fue  oportuna,  entonces,  la solicitud de la fiscalía, porque  sólo  supo que la defensa presentaría como testigo a la procesada, en curso de  la audiencia preparatoria.   

       Añade  que  la  renuncia  al  derecho  de  guardar  silencio, es absoluta y, en consecuencia, el  acusado  debe  contestar  respecto  de  todos  los  puntos  que  sean  objeto de  cuestionamiento    

       Por  ello,  solicita  que  se  revoque lo decidido por el A quo, y en su lugar se decrete la  práctica del interrogatorio directo pedido.   

      A su turno, el  representante  de la Víctima, coadyuva la solicitud de la fiscalía, añadiendo  que  también  debe  permitírsele  interrogar  de  manera directa a la acusada,  pues,  lo solicitó oportunamente. Esa declaración, añade, ha de operar dentro  de  los  parámetros  que  consagra  la ley para la declaración testimonial, ya  que    las  decisiones  de  la Corte Constitucional en punto del tema,  únicamente  determinan que el juramento del acusado no tiene efectos penales en  su   contra,   respecto   de   lo   declarado   acerca  del  asunto  que  se  le  sigue.   

         El  Ministerio  Público,  pidió  confirmar  lo decidido por el Tribunal, ya que la  declaración  del  acusado  como  testigo  de  la  fiscalía va en contra de los  derechos  que como vinculado penalmente le asisten y se halla claro que  la  renuncia   al   derecho   de   guardar  silencio  no  es  absoluta  –entre    otras   cosas   porque   la  declaración  es  también un mecanismo de defensa y en curso de ella pervive el  derecho  de defensa- y perfectamente puede omitir responder las preguntas que se  le  hagan  en curso de la atestación.  Junto con ello, culmina, el derecho  de   contradicción,   en   este   caso,   opera   a  través  de  la  vía  del  contrainterrogatorio.   

       Por último,  la  defensa  se hace eco de lo anotado por el Ministerio Público, agregando que  la   carga  de  la  prueba  le  corresponde  al  estado,  y  la  fiscalía  debe  contar   con los elementos de juicio suficientes para solicitar la condena,  sin que ello pueda incluir tomar como su testigo al propio acusado.   

.  

DE LA DECISIÓN  

          Una  vez efectuada  la  presentación  argumental  de las partes, se procede a decidir el recurso de  apelación.   

           Al  efecto,  cabe  destacar  cómo   son  dos los interrogantes centrales que estima necesario  responder  la Corte en frente de las solicitudes probatorias presentadas durante  la  audiencia  preparatoria  y,  en concreto, el tópico central que gobierna la  impugnación presentada por la fiscalía.   

       Remiten  ellos  a  definir,  en primer lugar, si se faculta legal que de manera genérica  una  de  las partes solicite y obtenga la posibilidad de interrogar directamente  a  los  testigos citados por la contraparte para sustentar su particular teoría  del  caso.  Y,  en  segundo  término,  debe  verificarse  si  es posible que la  fiscalía  realice un interrogatorio directo al acusado, cuando su testimonio ha  sido ofrecido por la defensa.   

       1.  Puede  una de las partes, sin establecer  ningún  objeto  de  prueba  específico,  someter  a  interrogatorio directo al  testigo de su contraparte?.   

         Para  responder  a esta pregunta se hace necesario, en  primer   término,   recordar,  así  parezca  ya  un  lugar  común,  cómo  la  sistemática  penal  de  corte  acusatorio  implementada en nuestro país con la  vigencia  de  la  Ley  906  de  2004,  marca una definida y si se quiere radical  diferencia  con la forma en que se venían tabulando las pretensiones penales en  sistemas de corte mixto o francamente inquisitivos.   

      Dentro de esta  nueva  perspectiva,  no  puede  pasarse  por  alto  que  el  trámite acusatorio  comporta,  cuando  menos  de  la  forma  en  que fue diseñado por el legislador  patrio,  un  franco  contenido adversarial, dentro de lo que ha dado en llamarse  proceso de partes.   

         Bajo  la connotación adversarial que se destaca, ya no es posible hablar de una  fiscalía  que  adelante  la “investigación integral” a la cual alude, como  principio  básico,  la  Ley 600 de 2000, entre otras razones, por que ahora, en  sede  de  la Ley 906 de 2004, despojado de su potestad judicial amplia, del ente  instructor  se  pide,  como así quedó sentado en la exposición de motivos del  Acto   Legislativo   03   de   2002,   una   dedicación  exclusiva   a  la  investigación,  dirigiendo  la  tarea que permita allegar los datos suficientes  para  demostrar  la  existencia  del  delito y la participación en el mismo del  vinculado penalmente.   

        Y  de  la  defensa  se  predica  similar tarea  -aunque, desde luego, sea posible aún  adelantar  la  que  se llama “defensa pasiva”, acorde con lo dispuesto en el  numeral  8°  del  artículo  125  del  C. de P.P.-, bajo el entendido de que la  igualdad  de  armas  que  gobierna  el proceso de partes, implica otorgar a esta  similares  herramientas  que  le  permitan sustentar probatoriamente la concreta  teoría    del    caso    que    signa    la   que   debió   entenderse   mejor  estrategia.   

       

         Específicamente,  la  auscultación  de  los  principios y normas de ritualidad  insertas  en  la  Ley  906  de  2004,  permite advertir, para efectos de otorgar  facultades  investigativas  y  de  recolección  de  prueba  a  la  defensa, las  siguientes pautas:   

    -El  artículo 4° consagra la  igualdad  de  los intervinientes en la acción penal, que debe hacer efectiva el  funcionario judicial.   

      -El   artículo  8°,  literales  i)  y  j),  desarrolla  para la defensa la posibilidad de disponer de  tiempo  y  medios  adecuados  para  adelantar  su  tarea, así como solicitar,  conocer  y  controvertir  las  pruebas.   

      -El artículo  15,  estatuye  el  principio de contradicción, dentro del cual se faculta a las  partes  “intervenir  en su formación”.    

        -El   artículo  204,  definiendo  al Instituto Nacional de Medicina Legal,  como  un  órgano  técnico  científico,  advierte  que  esa  institución debe  prestar  auxilio  y apoyo técnico científico, no sólo a la fiscalía, sino al  “imputado   y   su   defensor   cuando   estos   lo  soliciten”.   

         -El  Capítulo  VI, del Título I, del Libro II, rotulado “Facultades de la defensa  en  la  investigación”,  hace  radicar  en  el  indiciado  o  imputado,  o su  defensor,  la  potestad de buscar, identificar empíricamente, recoger y embalar  elementos  materiales  probatorios,  así  como  hacerlos  examinar  por peritos  particulares  o  adscritos  al  Instituto  Nacional de Medicina Legal y Ciencias  Forenses  (arts.  267 y 268); de igual manera, los artículos 271 y 272, regulan  la  forma  en  que  el  imputado  o  su  defensor  pueden  recibir entrevistas o  declaraciones  juradas,  estas  últimas  ante  alcalde  municipal, inspector de  policía  o  notario;  y,  el artículo 274, hace radicar también en cabeza del  imputado  o  su defensor, la posibilidad de solicitar ante el Juez de Control de  Garantías, la práctica de prueba anticipada.   

     -En  seguimiento  de los  postulados  anteriores,  el  Título  II,  referido  a los medios cognoscitivos,  advierte  en  el  inciso  segundo  del  artículo  277,  que la autenticidad del  elemento  material  probatorio  o evidencia física, ha de ser demostrada pro la  parte que lo presenta.   

         -En  desarrollo  de  las  etapas  que  componen  el enjuiciamiento, el artículo 344,  inciso  segundo, otorga a la fiscalía la facultad de que requiera a la defensa,  en  desarrollo  de  la  audiencia de formulación de acusación, para que exhiba  los  elementos materiales probatorios, evidencia física y declaraciones juradas  que  pretenda  hacer  valer  en el juicio; a su vez, el artículo 347, regula la  forma  en  que  cualquiera  de  las partes puede aducir al proceso declaraciones  juradas  encaminadas  a  impugnar la credibilidad del testigo; en igual sentido,  el  artículo  356,  ordinal  2°,  refiere  el  descubrimiento  de  la defensa,  en   la  audiencia  preparatoria, de sus elementos materiales probatorios o  evidencia  física;  y,  por  último, el artículo 357 regula lo concerniente a  las   solicitudes   probatorias   que   hacen   las   partes  en  esa  audiencia  preparatoria.   

          Suficiente,  el  recuento  probatorio  efectuado  en  precedencia, para advertir inconcuso el  carácter  adversarial  que  informa  la  Ley  906,  dentro  de  la  perspectiva  probatoria  concreta  de  que  la defensa y la fiscalía adelantan a la par, con  similares  facultades  y  prerrogativas,  la  investigación  que favorezca a su  particular teoría del caso.   

         Dentro  de esta perspectiva, si bien, constitucional y legalmente se impone para  la  fiscalía  la  obligación de dar a conocer a la defensa todos los elementos  materiales  probatorios,  evidencia  física e informes recolectados en su tarea  investigativa  –véase lo  consignado  en  el  último  inciso  del  artículo  250  de  la Cara Política,  modificado  por  el  Acto  Legislativo 03 de 2002, así como los artículos 15 y  125-3,  de  la  Ley  906  de  32004-,   ello  no  significa que su tarea se  encamine   a   probar   la   inocencia   o   allegar   medios   de  prueba   favorables  al procesado.   

      Precisamente,  se  tiene  claro  que  si  dentro de los principios de objetividad y lealtad que  informan  la  tarea  investigativa  de la fiscalía, su representante en el caso  concreto  estimó  contar  con elementos de juicio suficientes para  acusar  al  imputado,  el  desarrollo  de  las  audiencias  que  competen al juicio irá  encaminado,  en  el  campo  probatorio,  a  demostrar su teoría del caso, desde  luego,  emparentada  con  la  existencia del delito y la responsabilidad en este  del procesado.   

        Por   tal  razón,  aunque  debe  dar a conocer a la defensa todos los elementos materiales  probatorios,  evidencia física e informes recopilados, ello no significa que, a  la  par,  esté en la obligación de solicitarlos como pruebas de su parte en la  audiencia  preparatoria  y  luego  presentarlos en la audiencia del juicio oral.  Debe  la defensa, si lo estima conveniente y ellos soportan su teoría del caso,  hacer  expresa  solicitud,  determinando  la  conducencia,  pertinencia  y   licitud del medio.   

             Así   las  cosas,   la   dinámica  adversarial  adoptada  por  el  legislador  colombiano,  determina  para  cada  parte no sólo la facultad investigativa individual, sino  la  potestad particular de demostrar con sus propios medios de prueba la teoría  del caso adoptada como propia.    

   

            A  su  vez,  una  detenida  auscultación de las normas que en la Ley 906 de 2004, regulan la  solicitud,  aprobación y aducción probatoria, permite observar que es esta una  actividad  rogada  de  las partes y, además, que su práctica no opera de libre  elección para ellas.   

            En  efecto,  como  lo  anotó  la  Corte  en  ocasión  anterior1,  cuando  se resolvió en este  mismo  caso  idéntico  recurso  al  que ahora ocupa la atención de la Sala, la  audiencia  preparatoria  se  erige en el escenario que por antonomasia regula el  tópico  probatorio,  dentro  de  una estricta actuación reglada que demanda de  varias fases o etapas claramente delimitadas.   

            Al  efecto,  para  concentrarnos  apenas en el tema de la solicitud probatoria, para la parte  que  demanda  allegar  un  determinado  medio de prueba a la audiencia de juicio  oral,   corre  como  carga  procesal  aquella  de  argumentar  en  torno  de  su  pertinencia  y  conducencia, esto es, para decirlo en términos elementales, dar  a  conocer  claramente  cuál es su objeto, o mejor, qué se pretende, de manera  general,  demostrar con ese medio, dentro del espectro preciso de la teoría del  caso que sustenta su posición dentro del proceso.   

       El cariz  particular,  único  o individual de la prueba solicitada por los contradictores  en  el  juicio, surge indubitable de lo dispuesto por el artículo 357 del C. de  P.P.,  en  cuanto  dispone que la palabra se concede a la fiscalía y luego a la  defensa,  en  aras  de  que  soliciten  las pruebas requeridas para “sustentar  su  pretensión”. En otros  términos,  lo  requerido  como  elemento  suasorio  se  halla inescindiblemente  ligado  a los intereses, soportados en una específica teoría del caso, de cada  parte,  los  cuales,  por  razones  obvias,  las  más  de  las  veces  reflejan  controversia o disonancia entre ellos.   

            La  lógica  del  discurso  probatorio, entonces,  advierte en principio incompatible la  posibilidad   de   que   ambas  partes,  cuando  su  teoría  del  caso  diverge  sustancialmente,  reclamen  para  sí  la práctica de la misma prueba, pues, su  objeto concreto necesariamente aparece también disonante.    

        Y  si  sucede  que  existen  puntos  de encuentro respecto del tema central de debate o  los     accesorios     a    este    –dígase,  para  citar  un ejemplo, que exista acuerdo respecto de la  autoría  material,  pero  la discusión resida en el tipo de responsabilidad o,  en  contrario,  que se discuta la autoría material, pero no exista controversia  en  torno,  de  la  presencia  en el lugar de los hechos-, lo que jurídicamente  cabe  no  es  solicitar  la  prueba  por  cada  parte  o practicarse esta en dos  ocasiones,  sino  acceder  al  mecanismo de las estipulaciones probatorias, cuyo  sentido  y  finalidad  apunta en concreto a evitar discusiones inanes, con claro  desmedro  de  los principios de economía, celeridad y eficiencia, como también  se    dejó    sentado   en   la   decisión   de   segunda   instancia   atrás  referenciada.   

         Nótese,   igualmente,   para   reforzar  la  naturaleza  adversarial  del  tema  probatorio,   cómo   el   artículo  361  de  la  Ley  906  de  2004,  prohíbe  expresamente,  en  todos los casos, el decreto de prueba de oficio por parte del  juez,   en   regulación   declarada   recientemente   exequible  por  la  Corte  Constitucional.  Y sólo por vía excepcional, se agrega, al Ministerio Público  se  le  faculta para que, agotadas las solicitudes probatorias de las partes, si  conoce  de un medio suasorio que pueda tener especial influencia en las resultas  del juicio, pueda solicitar su práctica.    

           Ahora  bien,  además  de  definirse  incontrastable la naturaleza individual o propia de cada  parte,  de la prueba solicitada, la sistemática acusatoria adoptada por nuestro  país,  como  se  anotó,  reclama  del  peticionario  sustentar su pertinencia,  conducencia y, eventualmente, licitud.   

        Ello   se  constata  evidente  de lo dispuesto en el inciso segundo del artículo 357,  en  cuanto  estipula que la declaratoria de pruebas a cargo del juez ha de estar  prevalida  de la evaluación referida al objeto de la acusación, su pertinencia  y  admisibilidad;  el  artículo  359,  al  consagrar  la posibilidad de que las  partes  y  el  Ministerio  Público,  soliciten  del  juez  de  conocimiento  la  exclusión,  rechazo  o  inadmisibilidad de los medios de prueba solicitados que  se  reporten inadmisibles, impertinentes, inútiles, repetitivos o encaminados a  probar  hechos  notorios o que no requieren prueba, disponiendo, además, que la  manifestación   de   inadmisión  debe  ser  motivada  y  admite  los  recursos  ordinarios;  lo  dispuesto  por  el artículo 360, ordenando al juez rechazar la  prueba  ilegal;  el  artículo  375,  que  directamente  refiere  el  tópico de  pertinencia,  en cuanto señala que el elemento probatorio, la evidencia física  y  el  medio de prueba deben referirse directa o indirectamente a los hechos, la  participación  en  ellos  del  acusado o la mayor o menor probabilidad de estas  circunstancias,  o  la  credibilidad de testigos y peritos; y, el artículo 376,  que  en  punto  de  admisibilidad  de  la  prueba,  ata  esta  a su pertinencia,  estableciendo tres excepciones sobre el particular.   

         Aquello,  entonces, de que la prueba pertenece al proceso, tiene amplios matices  en  lo  que  respecta  a una sistemática acusatoria que desarrolla el principio  adversarial,  dado  que,  como  ya  se  vio,  la  solicitud  de  los  medios  de  convicción  obedece  a  un  típico  querer  e  interés  de parte, conforme la  pretensión  que  esta  tabula  en  el  proceso,  y  su  aducción viene mediada  necesariamente  por  una  amplia regulación que demanda de esa parte, a título  de  carga  específica,   no  solo  verificar  su  objeto específico, sino  defender su legalidad y utilidad.   

        Y  si  ello  es  así,  mal  puede  una  parte  reclamar  como  su testigo –para   efectos   de  someterlo  a  un  interrogatorio  directo-  a  aquel  presentado  por  la  contraparte,  solamente  aduciendo   que  eventualmente  pueden  quedar  temas sin abordar cuando lo  interroga  esta,  o  puede surgir un específico interés de conformidad con las  respuestas que vaya entregando el declarante.   

        Ello  contraviene  de  manera  expresa los fundamentos que atrás se reseñaron, pues,  ya  no  se trata, cuando así sucede, de una prueba que represente la particular  teoría  del  caso  de  quien la solicita, o se encamine a demostrar su concreta  pretensión,  sino  apenas  de  una  especie  de albur que corresponde más a la  típica   postura   procesal   de  quien  no  cuenta  con  sólidos  fundamentos  argumentales  o  probatorios y decide esperar que el trámite de la audiencia le  ofrezca  las  herramientas que por su molicie investigativa o contundencia de lo  recogido  por  la  contraparte,  no  fue posible utilizar en el momento procesal  adecuado.   

      En  este  sentido,  estima  la  Corte  de  alguna  manera  desleal  esta  suerte  de  comportamiento  procesal,  dado  que,  si  la  fiscalía  no  contaba  con suficientes elementos  probatorios,  avistados en la tarea investigativa que le correspondió adelantar  previo  o con posterioridad a la formulación de imputación, pues, simplemente,  no debió acusar o hubo de solicitar preclusión.   

      Y, a su turno,  si  la  defensa,  también  dentro  de  los  presupuestos  investigativos que el  principio  de   igualdad  de  armas  le  ofrece,  advierte que la fiscalía  cuenta  con  sólidos  elementos  de  juicio  que demuestran la materialidad del  delito  y  la  responsabilidad  del  procesado,  por  un  elemental principio de  lealtad  debe así darlo a conocer a su representado legal, para ver de recurrir  a  formas  de  terminación  anticipada  del  proceso que redunden en beneficios  punitivos,  en  lugar  de  empecinarse   en  tratar  de hallar, en curso la  audiencia  del  juicio  oral,  yerros u omisiones del declarante que le faculten  construir    a   último   momento  una  bastante  deleznable  teoría  del  caso.   

           Junto con lo  anotado,   si  se  ha  demostrado   claro  que  a  cada  parte  corresponde  argumentar  en  pro  de  la  práctica  probatoria  solicitada,  dentro  de  los  presupuestos  de  licitud,  conducencia,  pertinencia  y  licitud que regulan la  decisión  del juez de conocimiento, de ninguna manera puede decirse que ello ha  ocurrido,  respetando  lo  que  expresamente demanda la ley sobre el particular,  cuando  la  contraparte se limita a significar que el interrogatorio directo que  solicita  asomará solo eventual y respecto de temas que le puedan interesar una  vez se halle rindiendo su declaración el testigo.   

     En  este  caso,  huelga  anotar,  ningún  objeto  específico  se  ha  significado respecto de la prueba  pedida,  ni  mucho menos ha sido postulada su utilidad o conducencia, careciendo  el  juez  de  conocimiento,  por sustracción de materia, de elementos de juicio  necesarios para  admitir o inadmitir su práctica.   

              Se  atenta, no cabe duda, contra los principios de economía procesal, celeridad  y  eficiencia,  cuando,  sin  que se conozca de pretensión específica u objeto  concreto,  de manera farragosa e innecesaria el juez de conocimiento permite que  todos  los  testigos  de  una  parte  –que  en  un  primer  momento son sometidos a interrogatorio directo,  contrainterrogatorio,  nuevo interrogatorio y último contrainterrogatorio, para  no   hablar  de  las  preguntas  complementarias  que  para  claridad  hagan  el  Ministerio  Público  o el juez-, de nuevo sean llamados por la contraparte como  sus  testigos,  adelantándose  otra  vez  la  mecánica  de  interrogatorios  y  contrainterrogatorios,  sólo  para  que esta pueda intentar hallar allí lo que  nunca encontró para su teoría del caso.   

         Y,  además,   se   desnaturaliza   completamente   el   sentido   y   efectos   del  contrainterrogatorio,  erigido  por antonomasia en el medio legal estatuido para  ejercer  el  derecho de contradicción respecto de la prueba allegada en contra,  cuando  paralelamente  se  erige  el  nuevo interrogatorio directo como la mejor  manera de controversia.     

        Ahora,  puede   suceder,   como   lo  postuló  la  fiscal  en  curso  de  la  audiencia  preparatoria,  que en otras latitudes donde se adoptó el sistema acusatorio, se  permita   que   una  parte  pida, sin definir su objeto concreto, como  suyo,  para  efectos  de  someterlo  a  interrogatorio directo, al testigo de la  contraparte.    

        Pero,  el  método  de  interpretación  comparado  empieza a resentirse cuando  ya se  tiene  claro, de un lado, que sistemas acusatorios puros no existen, y del otro,  que   la  configuración  dada  por  el  legislador  patrio  a  la  sistemática  procesal,   dista  mucho  de  emular  detalladamente alguno de los dos  sistemas  –anglosajón  o  continental  europeo-  que,  como  término general, se considera han servido de  matriz a las demás legislaciones.   

    Es este un tópico que ya  parece  superado  si  se  revisan  los debates del proyecto en el congreso de la  república,  así  como  las decisiones puntuales que en torno del sistema y sus  proyecciones     han     proferido    la    Corte    Constitucional    y    esta  Corporación.   

        Así  las  cosas,  la  definición  de  cómo  debe  adelantarse  la  práctica probatoria,  comprendiendo  ello  su solicitud, ha de verificarse a través de los principios  y  normas  específicos  consagradas  en  la  ley  y  no  por  vía  del derecho  comparado,  cuando  se  ha  demostrado,  y en líneas precedentes se hizo amplia  referenciación  de  ello,  que  el  tema  ha  sido  regulado  en ella de manera  amplia,   suficiente  y  clara,  razón por la cual deviene improcedente el  método de interpretación al cual aludió la fiscalía.   

      Lo anotado en  precedencia,  permite  a la Corte responder al interrogante planteado, de manera  negativa,  pues, si la parte no demuestra un objeto específico, consustancial a  su  pretensión,  que  permita  al juez evaluar los presupuestos de pertinencia,  conducencia,  licitud  y  necesidad,  ha  incumplido la carga procesal que se le  impone  y,  en  consecuencia,  al funcionario no le queda camino diferente al de  negar la solicitud.   

      Sin embargo, de lo  anotado surge otro cuestionamiento:   

1.1.  ¿En todos los casos, está vedado que  la   contraparte   pida  interrogar  directamente  al  testigo  citado  por  una  parte?   

       No.  De  lo  expuesto  en  precedencia fácil se colige que la prohibición opera únicamente  para  los  casos  en  los  cuales,  como  viene  sucediendo reiteradamente en la  práctica  de  las  audiencias  preparatorias,  la manifestación opera abierta,  aleatoria y genérica.   

      No soslaya la  Sala  que  en  determinadas circunstancias un mismo testigo puede conocer hechos  que  soportan  algún  aspecto  de  la teoría del caso de las partes contrarias  –dígase,  para  citar un  ejemplo  elemental,  el declarante vio cuando el procesado atacó a la víctima,  y  ello es fundamental para la pretensión de la fiscalía, pero también conoce  que  desde  tiempo  atrás  el  occiso  venía  haciendo  objeto  de amenazas al  acusado,  tópico que sin duda interesa a al defensa-, y no se duda que en estos  eventos  se  hallan  más  que  legitimadas  ellas para valerse del testigo como  propio.   

       Eso sí,  como  se  viene  reiterando, para que se cumpla la carga procesal establecida en  la  ley,  cada  una  de las partes debe expresar con claridad cuál es el objeto  específico  para  el  que  se llamará al declarante en interrogatorio directo,  dentro  de  su  particular  pretensión,  y corresponde al juez de conocimiento,  seguidamente,  verificar  los  aspectos  de  pertinencia, conducencia, licitud y  necesidad,     a     efectos     de     admitir    o    inadmitir    el    medio  deprecado.      

     Ello, por lo demás,  desarrolla  adecuadamente  lo  dispuesto  en  el  artículo 375 de la Ley 906 de  2004,  en  cuanto  reseña  amplios  y variados aspectos      respecto  de  los  cuales puede declarar el testigo, en términos de pertinencia  de la prueba.        

       

         2.  ¿Puede  la  fiscalía  solicitar  y obtener, sin especificar el  objeto  de  ello,  que se le permita realizar interrogatorio directo al acusado,  cuando  este  ha  aceptado  concurrir  a  la  audiencia  del  juicio  oral  como  testigo?   

              Los criterios generales expresados en el tema anterior  permiten   responder  negativamente  al  cuestionamiento,  pues,  mirado  en  su  contexto  de testigo, es claro que la fiscalía, sin señalar cuál es el objeto  específico  de  la  solicitud,  no  puede genéricamente reclamar se le permita  interrogar   al   acusado,   que,   se   reitera,  ha  sido  presentado  por  la  defensa.   

         Se  reitera,  para  el  caso  concreto,  evidente  se  observa  que  la fiscalía no  cumplió  con  la  tarea  o  carga  procesal,  ampliamente dilucidada en líneas  anteriores,   de  significar  la  pertinencia  y  conducencia  de  su  solicitud  probatoria,     razón    suficiente    para    que    deba    inadmitirse    lo  deprecado.   

     Pero, puede suceder  que,  en  efecto, precisamente en atención a la directa vinculación que lo ata  con  los  hechos  atribuidos,  la fiscalía soporte argumentalmente, en punto de  pertinencia,  conducencia y  necesidad, su solicitud para que se le permita  interrogar directamente al procesado.   

         En  este  caso,  advierte  la Corte,  efectivamente  habrá  cubierto  la  Fiscalía  su  carga  procesal de solicitar  adecuadamente  ante  el  Juez  de  Conocimiento, la práctica probatoria y corre  decisión  de  este,  luego  de evaluados los factores atrás citados, aceptar o  negar  la  práctica  probatoria,  facultando,  desde  luego,  la posibilidad de  impugnar su decisión, en caso de que opere negativa.   

      Sólo así, razona  la  Sala,  pueden  respetarse  a  cabalidad los principios de igualdad de armas,  transparencia  y  verdad, pues, si se tiene claro que con su renuncia al derecho  de  guardar  silencio, el procesado asume a la par el rol de testigo, facultando  a  la  defensa  interrogarlo  sobre  hechos  y circunstancias trascendentes a la  acusación,  apenas  natural  se observa que en frente de este específico medio  probatorio  se  otorgue  a  la  contraparte,  fiscalía,  la posibilidad de  ejercer  su  derecho  de  contradicción  o,  para  ser más exacto, de probar a  través de este testigo aspectos relevantes de su teoría del caso.   

    Desde luego, se agrega, si  a  la  defensa,  cuando  cumpla  con los presupuestos procesales de demostrar la  conducencia  y pertinencia de lo pedido, se le faculta para que pueda interrogar  directamente  al  testigo  solicitado  por la fiscalía, ya que lo requiere para  sustentar  algún  aspecto  de  su  teoría  del caso, igual debe ocurrir con su  contraparte,  a  efectos de que quede en pie el principio de igualdad de armas y  se respete el equilibrio que ha de gobernar el trámite del juicio.   

     Junto con ello, los  principios  de  transparencia  y  lealtad  imponen  que,  si  al procesado se le  permite  renunciar  en cualquier momento a su derecho de guardar silencio, no se  sorprenda  en  el  último  minuto  a  la  fiscalía  con la presentación en el  estrado  del  acusado,  pudiendo el ente investigador ejercer en este momento su  derecho  y rol como parte, en búsqueda de la verdad, a través del mecanismo de  interrogarlo  sobre  hechos trascendentes que quizás, por estrategia defensiva,  no sean tratados por su contraparte.   

       Porque,  si  la  facultad  de renunciar al derecho de guardar silencio, opera únicamente  en  cabeza  del acusado, razón por la cual la fiscalía no puede solicitar como  prueba   el   testimonio   de  este,  así  pueda  sustentar  su  conducencia  y  pertinencia,      cuando     menos,     en     aras     de     equilibrar     la  posición      de  las  partes  en el debate público, ya de  suyo  puesta  en  entredicho,  debe  permitirse  que  el  fiscal, ante la citada  renuncia  y  visto  que  la  defensa  pretende  hacer valer esa como prueba a su  favor,  actúe  de  forma  similar,  de  advertir  que  ese  mismo testigo posee  información que soporta su propia pretensión.   

      Por lo demás,  si  se  trata,  a  su  vez,  de  respaldar  y  hacer respetar los derechos de la  víctima  a  la  verdad,  justicia  y  reparación,  ello  debe materializarse a  través  de  la  posibilidad  de  que  esa verdad se obtenga de manera legítima  incluso  por  boca  del  acusado,  aquí  paralelamente  estimado en su papel de  testigo.    

      En este punto,  debe  anotarse que no se trata de privilegiar los derechos de una parte sobre la  de  la  otra,  o  mejor,  imponer  por  sobre  los de el acusado, aquellos de la  víctima.   

      Al efecto, mírese  cómo  el  artículo  8°  de  la  Ley  906 de 2004, que regula los derechos del  procesado,  de  ninguna  manera  señala  algún  tipo  de limitación para que,  renunciando  a su derecho de guardar silencio y acudiendo como testigo, no pueda  ser objeto de interrogatorio directo por parte de la fiscalía.   

    A  su  turno,  el artículo 11  ibídem,  garantiza los derechos de la víctima, entre los cuales destacan, para  lo  que  se  debate,  el  de  acceso  a  la  justicia, a ser oídas y que se les  facilite  aportar  pruebas,  dentro  de  los  postulados  generales  de  verdad,  justicia y reparación (art. 137, Ley 906  de 2004).   

     En consecuencia, no  se  afectan  los  derechos  constitucionales  y  legales del procesado cuando se  permite,  dentro  de  los  postulados  de  conducencia  y  pertinencia,  que  la  fiscalía   lo   interrogue   directamente  acerca  de  los  hechos.     

      Añádase,  a  lo  anotado,  que  esa  facultad  de  la  fiscalía  para  conocer  previamente a su  aducción  las  pruebas  que  la  defensa pretenda hacer valer en el juicio, y a  partir  de  allí  edificar  su  concreto mecanismo de controversia o enrutar la  mejor    manera   de   soportar   su   teoría   del   caso    –incluso,  huelga anotar, citando a ese  testigo  para que, en interrogatorio directo exponga el apartado o circunstancia  específico   que   sustentan  su  pretensión,  en  términos  de  conducencia,  pertinencia  y  licitud-,  dimana  expresa de lo consignado en el inciso segundo  del artículo 344 de la Ley 906 de 2004, así redactado:   

         “La  fiscalía,  a  su  vez,  podrá pedir al juez que ordene a la defensa entregarle  copia  de  los elementos materiales de convicción, de las declaraciones juradas  y  demás  medios  probatorios que pretenda hacer valer en el juicio. Así mismo  cuando  la  defensa  piense hacer uso de la inimputabilidad en cualquiera de sus  variantes  entregará  a  la  fiscalía los exámenes periciales que el hubieren  sido practicados al acusado,”   

    

          Ahora,  como queda  claro  que  el  acusado  puede  renunciar  en  cualquier momento a su derecho de  guardar  silencio  –desde  luego,  si  se trata de presentarse en calidad  de testigo, ello tiene como  límite  la  fase  probatoria  de  la  audiencia  de  juicio oral, en virtud del  principio  preclusivo  de  los  actos  procesales-, a la fiscalía le compete la  carga  procesal,  si  desea  hacer  uso  del  interrogatorio  directo,  esto es,  presentarlo  a  su  vez  como  su  propio testigo, de sustentar la pertinencia y  conducencia    de   lo   deprecado   –en  otras palabras, indicar adecuadamente al juez cuál es el objeto  concreto  de  la  prueba-, asunto que, a despecho de lo decidido por el Tribunal  en  primera  instancia,  sólo puede operar cuando la defensa o el acusado hagan  una    dicha    manifestación    de    renuncia    al    derecho   de   guardar  silencio.   

       No  resulta  adecuado,  entonces,  el  argumento  presentado  por  el  A quo para rechazar lo  pedido  por  la  fiscalía,  basado en el supuesto descubrimiento probatorio que  debió  haber  efectuado  la  fiscalía  desde el escrito mismo de acusación, o  cuando  menos,  en  la  audiencia  de  formulación  de  acusación, que faculta  adicionar  el libelo, sencillamente porque para ese momento el representante del  organismo  investigador  no  conocía  que  el  acusado  sería presentado en el  juicio en calidad de testigo.   

             Es    necesario  precisar,  sin embargo, que en virtud de lo decidido por la Corte Constitucional  al  momento  de  revisar  la constitucionalidad de lo consagrado en el artículo  394  de   la  Ley  906  de  2004  –sentencia  C-782  de  2005-, si bien, como se anotó en precedencia,  la  fiscalía  cuenta  con  la  facultad de solicitar interrogar directamente al  procesado,   si  cumple  con  las  exigencias  de  demostrar  la  pertinencia  y  conducencia  de  la  prueba,  ello no significa que, ya sentado en el estrado de  los  testigos  el  procesado,  éste  tenga  la  obligación  de responder a sus  cuestionamientos  o el funcionario pueda impelerlo a confesar o decir la verdad,  como  quiera  que,   así  lo anotó el alto Tribunal, el derecho a guardar  silencio  sigue  vigente  y  la  confesión,  para que valga como tal, ha de ser  libre, voluntaria y espontánea:    

                “En  la  filosofía  que orienta la adopción de un determinado sistema penal,  ahora  el  acusatorio, existen garantías constitucionales producto de luchas de  la  humanidad  que  no son renunciables; por el contrario, deben ser maximizadas  por  estar  de  por medio el principio constitucional a la libertad individual y  el  respeto  a  la  dignidad  humana.  Ahora,  no  significa lo anterior, que el  procesado  no  pueda optar dentro de su libre autonomía, por confesar el delito  por  el  cual  se  le  incrimina,  caso en el cual previo el cumplimiento de los  requisitos  legales, al juez le corresponderá valorar ese medio de prueba, pero  solamente  sobre  el  supuesto  de la absoluta libertad y espontaneidad de quien  confiesa,  pues en caso contrario se trataría de la provocación forzada de una  confesión,  circunstancia  que  se  traduce  en un verdadero atentado contra la  dignidad  humana,  la  libertad y la autonomía de la voluntad. Para la Corte es  claro  que  la persona a la que se le imputa la comisión de un hecho delictivo,  tiene  el  derecho de guardar silencio y de reservarse datos o hechos que puedan  resultar   perjudiciales   para   sus  intereses  y  los  de  sus  allegados.”   

      Resalta  la  Sala,  conforme  lo  transcrito  y en refutación de lo  argumentado  por  la  fiscalía y la representación de la víctima, que el  derecho  a  guardar  silencio no se elimina de manera absoluta por el solo hecho  de  acceder  a  acudir el acusado como testigo, y que, además, esa declaración  debe  garantizar  que  no  se  le  induzca  o  provoque su confesión, en cuanto  límites  concretos  que  ha  de  respetar el fiscal al momento de interrogar, y  hacer  cumplir  el  juez  de  conocimiento,  en  cuanto  máximo  garante de los  derechos de las partes y, en especial, del acusado.   

         Sin  embargo,  acorde  con  las  precisiones  realizadas  en precedencia, dado que la  funcionaria  no  expuso  en  la  audiencia  preparatoria, al momento de hacer la  solicitud,  cuál  es  la  conducencia  y  pertinencia  de la prueba, o en otras  palabras,  cuál  es  el  objeto  concreto  de  presentar  como  su testigo a la  acusada,   y  no  por  las  razones  esgrimidas en la decisión atacada, se  confirma  la  negativa  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  a permitir que la  fiscalía  someta  a  interrogatorio  directo  a la acusada, en caso de que esta  siga  en  su  empeño  de  concurrir  a  declarar  en  la  audiencia  de  juicio  oral.   

      Esta  decisión se  notifica  en  Estrados.  De  inmediato se enviará lo actuado  a la Sala de  Decisión del Tribunal Superior de Bogotá, para lo de su cargo.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Permiso  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ         

                                                                       DE LEMOS   

AUGUSTO           IBAÑEZ  GUZMÁN                     JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS            

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS               JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA      

                               JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Auto  del 29 de junio de 2007     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *