23596(15-08-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23596  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANES  

Aprobado acta N° 146  

Bogotá D.C., quince (15) de agosto de dos mil  siete (2007).   

V   I   S   T   O   S   

Se  pronuncia  la Sala sobre la admisibilidad  del  recurso de casación interpuesto por el defensor del procesado DANIEL  ARTURO  PORRAS  MONSALVE, contra la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  la  Sala  Penal  del Tribunal  Superior  de  Bogotá D. C., el 3 de diciembre de 2004, mediante la cual revocó  la  condena  por  daños  y  perjuicios y, confirmó en lo demás, la que había  proferido  el  Juzgado  40  Penal del Circuito de esta ciudad, el 25 de marzo de  2004.   

H E C H O S  

El  a  quo  los  resumió  de  la  siguiente  manera:   

“El  señor  Daniel Arturo Porras Monsalve  servidor  público  en  el  cargo de auxiliar grado 1 conductor en la Dirección  General  del SENA del vehículo Mercedes Benz de placas OBC 968 el viernes 26 de  marzo  de  1999  trasladó  al señor Director de dicha entidad al aeropuerto El  Dorado   recibiendo   como   última   orden   lo   llevara   al   taller   para  mantenimiento.   

El  señor  Daniel  Arturo  Porras  Monsalve  incumplió  la  orden  del  señor  Director del Sena y tampoco la que le dio el  Coordinador  de  Transporte que consideró era inconveniente llevar el vehículo  al  taller  y  le  dijo  lo llevara a las instalaciones de la entidad lo cual no  hizo  sino  decidió  usarlo  indebidamente y en esas circunstancias después de  haber  consumido  bebidas alcohólicas se accidentó de regreso en la vía Tunja  Bogotá     Bomba    Móvil    (sic)    sentido      norte     –  sur kilómetro 2 + 557,60 a las 23:30 horas el 26 de marzo de 1999  con    el   resultado   de   la   pérdida   total   del   vehiculo   patrimonio  estatal”   

ANTECEDENTES  

1.  Con sentencia del 25 de marzo de 2004, el  Juzgado   40  Penal  del  Circuito  de  esta  ciudad,  condenó  a  DANIEL  ARTURO PORRAS MONSALVE, a las penas  principales  de  12  meses  de  prisión  e inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  periodo  igual,  así como al pago e  perjuicios  materiales  y  le  concedió  la  suspensión condicional de la pena  privativa  de  la  libertad,  como autor responsable del punible de peculado por  uso,  que le había sido imputado según resolución de acusación confirmada el  31  de  octubre  de 2002, por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de  Bogotá.   

2. Dicho fallo fue apelado por el defensor del  acusado,  y  la  Sala Penal del Tribunal Superior aludido, al desatar la alzada,  confirmó  el mismo, con la revocatoria de la condena por perjuicios materiales,  mediante  la  sentencia  que  ha  sido  objeto  del  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  por  el  mismo  defensor,  cuya  revisión  ocupa  a  la  Corte.   

L  A      D  E  M  A N D  A   

Manifiesta  el  demandante acudir a esta sede  extraordinaria,   de   manera   excepcional,   “por  considerar  que  el  tema  tratado  en  la sentencia …  comporta derechos  fundamentales  … como los derechos de los niños, al debido proceso, aplicados  indebidamente  y  por  falta  de  aplicaciones sustanciales por lo tanto ruego a  ustedes  Honorables Magistrados efectivizar, materializar y hacer posible y real  la  prevalencia  de  lo  debido  sustancial  penal  y  prevalencia  de lo debido  procesal  penal,  en  aras  de  proteger  un derecho humano …”, además,  advierte  “ se hace necesario  unificar  criterios en cuanto a los denominados interés predominante, estado de  necesidad,  eximentes  de  responsabilidad,  elementos  que  indican ausencia de  responsabilidad,  hoy  no  entendidos  claramente  por  los  juzgadores  como se  observó dentro del fallo recurrido”.   

De otro lado, argumenta que de acuerdo con el  principio  de  oportunidad consagrado dentro del nuevo sistema penal acusatorio,  “ajustable  a nuestro caso concreto”,    como    “adelanto    de   nuestra  jurisprudencia  hacia  el  futuro”,  ni  siquiera ha  debido   adelantarse   investigación   contra   su   patrocinado,  atendida  la  afectación  del  bien  jurídico,  dada  la  sanción disciplinaria a la que se  enfrenta.   

Así,   formula   contra   el   fallo  como  único   cargo  violación  indirecta  de  la ley sustancial “a causa de errores  de  hecho y de derecho” que originaron la aplicación  indebida  de  los  artículos  232,  233,  234 y 238 de la ley 600 de 2000, y la  falta  de  aplicación  del  artículo  32.7  de la ley 599 de 2000; errores que  describe de la siguiente manera:   

1.  No  haberle otorgado el juzgador el valor  probatorio  debido  a  las  fotografías allegadas al proceso, con los cuales se  acreditaba  el  golpe  sufrido  en  la parte trasera del vehículo guiado por su  patrocinado,  por un vehículo fantasma, “deformando  la  verdad desprendida sobre el auténtico causante del siniestro incurriendo el  Honorable  Tribunal en error de hecho por falso juicio  de existencia”.   

2.  Advierte  que  el  Tribunal  incurrió en  “error  de  hecho  por  violación  de  las  reglas  de  la  sana  crítica”,  dado  que no apreció, en conjunto con la declaración  de  Daniel  Arturo  Porras,  los  testimonios  de Alberto Cruz y María Cristina  Montealegre,  quienes  destacaron la razón por la cual el vehículo oficial fue  usado  por  el  procesado,  amén  de que calificó de sospechosa la atestación  rendida  por  Jesús  Antonio  Porras,  no  obstante  cumplir con los requisitos  legales,  con  lo cual aterrizó en el “falso juicio  de identidad por distorsión de los testimonios”.   

3.  Señala  que  el  ad  quem  incurre  en  “error de derecho por falso juicio de legalidad”,  por valorar probatoriamente el simple peritazgo de una  médica  de  urgencias del Hospital San Antonio de Chía, calificándolo como un  dictamen  de  alcoholemia,  cuando  aquel  carece de pruebas de laboratorio y no  reúne  las  exigencias de la ley 769 de 2002, además de que dentro de ésta no  se  hace  alusión  al  primer grado de embriaguez con el que fue dictaminado el  acusado.   

4.   El   fallo   engendra   “falsos  de  existencia  parciales”,  porque, según el demandante, el Tribunal se limitó a  emitir  juicios valorativos sobre unos elementos de convicción, ignorando otros  de  igual importancia; afirma que el juzgador en parte se sirvió de las pruebas  recaudadas   y   en   parte   no,  afectando  así  el  contenido  integral  que  objetivamente   brindaban,   “incurriendo  en  otra  modalidad de falsos juicios de identidad”.   

5.  Inicialmente  destaca  que  el  triage de  urgencias  correspondiente  a  la  menor Karem Milena Porras Florian, allegado a  las  diligencias,  que  ponía  de  presente el motivo por el cual el acusado se  desplazó  al  municipio de Chía, en el vehículo del Sena, no fue valorado por  los  falladores,  lo que constituye “falso juicio de  existencia  por  suposición”,  dado  que  omitieron  apreciar  tal  prueba  incorporada  al  plenario,  que  de  haber sido valorada,  habría conducido a la absolución del procesado.   

Culmina  con  la  solicitud de que se case el  fallo y se profiera la sentencia absolutoria de reemplazo.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Conforme   a   los   últimos   desarrollos  jurisprudenciales1,  en  el  presente  asunto  el  recurso  procedería  por  vía  de la casación excepcional, como quiera que el  delito   de   peculado   por   uso  por  el  cual  se  condenó  a  DANIEL  ARTURO  PORRAS  MONSALVE, cuya pena  máxima  de  prisión era de cuatro (4) años, acorde con la legislación tenida  en  cuenta  por  favorabilidad  (artículo  134  del  decreto  100  de 1980), se  consumó  antes de entrar en vigencia la ley 600 de 2000, por ende, la casación  estaba  gobernada  por  lo  dispuesto  en  el artículo 35 de la Ley 81 de 1993,  conforme  al  cual  podía  accederse  al  recurso  extraordinario,  por la vía  común,   respecto  de  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas  por  los  Tribunales  Superiores  de Distrito Judicial, por delitos que tuvieran señalada  pena  cuyo  máximo  fuera  igual  o superior a seis (6) años de prisión, aún  cuando  la  sanción  impuesta  haya sido una medida de seguridad, y por la vía  excepcional,  discrecionalmente  puede  la  Corte  aceptar  el  recurso en casos  distintos,  a  solicitud  del  ministerio  público  o  del  defensor, cuando se  considere  necesario  para  el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los     derechos     fundamentales,    siempre    que    reúna    las    demás  formalidades.   

Ahora bien, insistentemente la jurisprudencia  de  la  Sala  ha  sostenido  que cuando de la casación excepcional se trata, el  demandante  debe  exponer  así  sea de manera sucinta pero clara qué es lo que  pretende  con  el  recurso,  teniendo  como norte que solamente procede el mismo  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  para  garantizar  los  derechos  fundamentales,  por  lo que se debe señalar en concreto el tema jurídico sobre  el  cual  considera  el  actor  que  se hace indispensable un pronunciamiento de  autoridad  por  parte  de  esta  Corporación  y/o  el  derecho fundamental cuya  garantía  persigue,  acorde  con lo exigido por el inciso 3° del artículo 205  de  la  Ley  600  de 2000 –  artículo  219  del  decreto  2700  de  1991  -,  bien  para  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina,  ora  para abordar un tópico aún no  desarrollado,  precisando  la  manera  en  que  la decisión solicitada tiene la  utilidad  simultánea  de brindar solución al asunto y a la par servir de guía  a  la  actividad  judicial,  sin que ello pueda confundirse con el desarrollo de  los cargos propuestos en la demanda.   

Sobre tal requisito, el demandante cita como  justificación  de  la  casación  excepcional,  como  ya  se dijo, “efectivizar,  materializar y hacer posible y real la prevalencia  de  lo  debido  sustancial  penal  y prevalencia de lo debido procesal penal, en  aras  de  proteger  un  derecho humano …”, y porque  “  se hace necesario unificar criterios en cuanto a  los  denominados  interés  predominante,  estado  de  necesidad,  eximentes  de  responsabilidad,  elementos  que  indican  ausencia  de  responsabilidad, hoy no  entendidos  claramente  por  los  juzgadores  como  se observó dentro del fallo  recurrido”,   sin  que  con  semejante  exposición  permita  advertir  en  concreto  la  razón  específica  que hace procedente la  casación  discrecional  y  necesaria  la  intervención  de  la  Corte  en esta  actuación,  lo  que de entrada sugiere la inadmisión del libelo porque ante la  naturaleza  rogada  de  la  casación  no  puede  la  Sala  enmendar, subsanar o  corregir las deficiencias anotadas.   

Importa  precisar,  que  cuando  el  actor  pretende   fundamentar   la  procedencia  de  la  casación  excepcional  en  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  sobre  determinado  tema, como aquí ocurre,  resulta  indispensable, para que sea viable admitir el recurso extraordinario de  casación  por  la  vía discrecional, que refiera la razón por la cual ello se  hace  “necesario”,  pues la ausencia de esta exigencia impone la inadmisión  de  la  demanda,  en  atención  a  que  la  Corte  carece de función meramente  consultiva  y  si  bien,  uno  de  los  fines  del  recurso  de  casación es la  “unificación      de     la     jurisprudencia  nacional” su intervención sólo tiene sentido en la  medida  que  la  temática  sugerida por el actor evidencie, como ya se dijo, la  necesidad  de  un  pronunciamiento  y  que  además,  este  resulte  útil  para  solucionar el asunto analizado.   

Tal  necesidad la pregona el libelista desde  la  perspectiva  de  que  se garanticen y hagan efectivos derechos fundamentales  como   los   de   los  niños  y  el  debido  proceso,  así  como  “hacer  posible  y  real  la  prevalencia de lo debido sustancial  penal  y prevalencia de lo debido procesal penal, en aras de proteger un derecho  humano”,  sin  que  de  ninguna  manera explique tal  postulado,  para  dedicarse,  a  continuación,  a  desarrollar  el único cargo  formulado   contra   el   fallo,   con   lo   cual  no  satisface  el  requisito  mencionado.   

De otro lado, tampoco cumplió el actor con el  deber  que  le  asistía  de  satisfacer  las  demás  exigencias legales que la  demanda  de  casación  conlleva  (artículos 212 y 213 del C. de P. Penal), por  cuanto  la  misma  no  es  un  escrito  de  libre formulación en el que resulte  procedente  hacer  cualquier  clase  de cuestionamientos a una sentencia que por  ser  la  culminación  de  un proceso está amparada por la doble presunción de  acierto   y   legalidad,  emergiendo  necesaria  una  argumentación  lógica  y  sistemática  en la que sólo es permitido  denunciar los errores cometidos  en  el  fallo  al  tenor de los motivos expresa y taxativamente señalados en la  ley,  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciar su trascendencia en la parte  resolutiva,  temas  sobre  los  que no  se ocupó el demandante.   

En  consecuencia, el éxito de la censura no  depende  de  la  multiplicidad  indiscriminada de criterios personales, ni de lo  extenso   o   sugestivo  del  discurso  plasmado  en  la  demanda,  sino  de  la  argumentación  técnica  que  conlleve, de manera lógica, precisa, coherente y  jurídica,  a  la  demostración  de  que  la  sentencia  es  ilegal,  por haber  incurrido   el  juzgador  en  vicios  de  juicio  (in  indicando)    o   de   procedimiento   (in    procedendo),   según   el   caso.   

Ahora bien, respecto a la violación indirecta  de  la  ley  sustancial,  interesa  recordar  que  tal vía de ataque, según la  reiterada  jurisprudencia  de  esta  Sala,  hace referencia a los errores en que  puede  incurrir  el  juzgador  en  la  apreciación probatoria, siempre y cuando  ellos  conduzcan  a  la  equivocada  declaración del derecho material en cuanto  deja de aplicar determinado precepto o por aplicarlo indebidamente.   

Esta  clase  de  desacierto  se  presenta por  errores  de  hecho  o  de derecho; los primeros cuando el juez ignora una prueba  que  obra  válidamente en el proceso o supone como existente una que no ha sido  incorporada  (falso  juicio  de existencia) o cuando distorsiona o tergiversa su  contenido  fáctico  atribuyéndole  efectos  que  no  se derivan de ella (falso  juicio  de  identidad), y los segundos, hacen  referencia a que el fallador  admite   y  confiere  valor  probatorio  a  un  medio  de  convicción  allegado  irregularmente  al  proceso  o   desconoce  y  niega  alcance  probatorio a  pruebas  válidas  (falso  juicio  de  legalidad),   o  le asignó un valor  probatorio  distinto  al  establecido por la ley o le negó el que legalmente se  le ha conferido (falso juicio de convicción).   

Igualmente,  la transgresión indirecta de la  ley  puede ocurrir cuando en la asignación del mérito probatorio que se deriva  de  la prueba válidamente allegada al proceso, el juzgador haya desconocido los  postulados  de  la  sana crítica como método de apreciación probatoria (falso  raciocinio),  valga  decir,  los  principios  de  la  ciencia,  la  lógica,  la  experiencia o el sentido común.   

Cuando  se  acude  a  esta  vía  de censura,  compete  al  actor precisar la naturaleza del error, el sentido de la violación  y,  luego  de  identificar  el  desacierto,  demostrar su incidencia en la parte  resolutiva  del  fallo  acusado,  en proceso de demostración completo, esto es,  acreditando   cómo  de  corregirse  el  yerro  sobre  las  pruebas  erradamente  apreciadas  y  valorárselas  adecuadamente junto con las restantes válidamente  incorporadas    al    proceso,   la   sentencia   habría   sido   de   distinto  contenido.   

Si  la  inconformidad  del actor se orienta a demostrar un yerro fincado  en  un  error  de existencia, por suposición u omisión de la prueba, necesario  resulta  precisar cuáles fueron los medios probatorios que militando dentro del  proceso  fueron  omitidos  o que demostrándose su inexistencia fueron supuestos  por  los  juzgadores,  cuál su contenido y cómo de no haberse incurrido en ese  despropósito, el fallo hubiera sido favorable al acusado.   

Y si lo pregonado  es  un  falso  juicio  de  identidad  como  sustento de la violación indirecta,  que  necesariamente  debe  derivar  de  una equivocada  percepción  de  la  prueba  en  la  medida en que se distorsiona o se falsea su  contenido  objetivo  para hacerla decir lo que materialmente no expresa, resulta  imperioso  que  en la demanda se aduzcan los razonamientos del juzgador sustento  de  su  decisión  de condena, por cuanto de allí emerge el acto de valoración  cuestionado, aspecto trascendental omitido por el casacionista.   

Mientras  que cuando en sede de casación se  ataca  la  sentencia  por violación indirecta de la ley sustancial por error de  hecho  proveniente  de  falso  raciocinio,  esto  es, por desconocimiento de los  postulados  de  la sana crítica, tiene establecido la jurisprudencia de la Sala  que  se  debe  indicar  qué dicen de manera objetiva los medios de prueba, qué  infirió  de  ellos  el  juzgador,  cuál  mérito  persuasivo les fue otorgado,  señalar  cuál  postulado  de  la  lógica,  ley  de la ciencia o máxima de la  experiencia  fue desconocida, debiéndose indicar cuál es el aporte científico  correcto,  la  regla  de  la lógica apropiada, la máxima de la experiencia que  debió   tomarse   en   consideración  y  cómo,  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia  del error indicando cuál debe ser la apreciación correcta de la  prueba  o  pruebas  que  cuestiona, y que habría dado lugar a proferir un fallo  sustancialmente  distinto  y  opuesto  al  ameritado,  nada  de  lo cual hizo el  demandante.   

Por   último,  en relación con el error de derecho por falso juicio  de  legalidad,  ante  el  cual  se  está  cuando  se  desconocen las normas que  condicionan  la  validez  de  la  prueba, corresponde al casacionista indicar en  qué  consistió el vicio, es decir, cuáles de los ritos establecidos en la ley  para  la  practica  del  medio  de  convicción  no  se cumplieron, colocando en  entredicho  su  validez,  y  además,  constituye una carga para el casacionista  evidenciar  la trascendencia del yerro. En otras palabras, se debe enseñar a la  Corte  cómo  de  no  haber  sido  apreciado  el medio de prueba catalogado como  ilegal,  necesariamente  el  fallo  habría  sido  favorable a los intereses que  representa2,  siendo  que  la  censura por este aspecto se reduce a un reclamo  sin  la estructura lógica suficiente para indicar a la Corte en qué medida las  presuntas   irregularidades   del   dictamen   a   que  hace  alusión,  afectan  sustancialmente  –  y  no  de  manera contingente – la validez de dicho medio de  convicción,  y  tampoco  demostró el casacionista en qué forma la ausencia de  ponderación  del  mismo  habría  conducido necesariamente al proferimiento del  fallo  absolutorio, aún justipreciando el resto del caudal de pruebas tenido en  cuenta por los juzgadores al cimentar la sentencia atacada.   

En  últimas,  lo  que  se  aprecia  es  la  inconformidad  del  recurrente  con  la  declaración de los hechos y el mérito  persuasivo  conferido  por  el  fallador a los medios de prueba recaudados en el  proceso,  pero  sin  llegar  a  demostrar la necesidad de que la Corte proceda a  desarrollar  la  jurisprudencia  sobre  un  determinado  tópico,  o  garantizar  derechos       fundamentales       presuntamente  trasgredidos  en  las  instancias,  como  para que la  Corte  diera  cabida  a  la  casación  discrecional  para  un caso en el que no  concurre  la  vía común.            

Así  las cosas, como el casacionista omite  fundamentar  clara  y  precisamente  los  motivos  que  lo  llevan  a invocar el  ejercicio  de  la  discrecionalidad  por  la Corte, el cargo que formula resulta  desconectado  de  la  realidad  jurídica  que  el  fallo  ofrece  y  acusa  inocultables  defectos  de orden lógico-jurídico, amén de que de la revisión  de  lo  actuado  no se observa violación de garantías fundamentales que tornen  viable  el  ejercicio  de  la  oficiosidad por la Sala,  resulta inexorable  tener  que  inadmitir  la demanda y disponer la devolución del diligenciamiento  al  juzgado de origen.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda    de    casación    discrecional    presentada   a   nombre   de   los  procesados  DANIEL  ARTURO  PORRAS  MONSALVE,  por  lo  anotado  en  la  motivación  de este proveído. En consecuencia se DECLARA  DESIERTO el recurso.     

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

C  O  M  U N Í Q U E S E     Y    C Ú M P L A S E   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                   MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                    YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS           

                       IMPEDIDO   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                     MAURO  SOLARTE  PORTILLA             

                                                                     JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1 Autos  16/02/2005 Rad. 23006 y 20/06/2006 Rad. 25090   

2   Auto 26/01/2006, Rad.  N° 23.706.     

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