27478(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     No  27478   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado     Acta     No.109    

Bogotá D.C.,  veintisiete (27) de junio  de dos mil siete (2007).   

VISTOS  

Se   pronuncia   la   Sala  acerca  de  la  admisibilidad  de  los  fundamentos  lógicos  y  de debida argumentación de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado ALIRIO REYES  GUZMÁN  contra  el  fallo  de  18 de enero de 2007 mediante el cual el Tribunal  Superior  de  Bogotá  confirmó  el  dictado  por  el  Juzgado Veinte Penal del  Circuito  del  mismo  Distrito  Judicial,  por cuyo medio lo condenó como autor  penalmente  responsable  del delito de acto sexual abusivo con menor de 14 años  agravado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Hacia  las  once  de  la  mañana  del 19 de  febrero  de  2005  cuando  el  menor  de 7 años de edad, C.D.P.G. ingresó a la  residencia  de  ALIRIO REYES GUZMÁN, ubicada en la calle 49-B sur N° 6-B 89 de  Bogotá  en  búsqueda  de  su  padre  quien  se hallaba en el tercer piso de la  edificación  recogiendo  escombros,  fue llevado por REYES GUZMÁN a una de las  habitaciones  de  la  primera  planta,  en  la  cual  le  bajó  los pantalones,  manipuló  sus genitales y le realizó sexo oral, entregándole luego quinientos  pesos   ($500)   con   la   advertencia   de  que  no  le  contara  a  nadie  lo  sucedido.   

El  21  de  septiembre  de 2005 ante el Juez  Treinta  y  Cuatro  Penal  Municipal  con  funciones de Control de Garantías de  Bogotá  se  realizó audiencia preliminar en la cual se legalizó la captura de  ALIRIO  REYES  GUZMÁN,  ordenada  previamente  el 8 del mismo mes y año por el  Juzgado  Sesenta  de  igual  categoría  y  función.  El  ente  investigador le  formuló  imputación  por  la  posible  comisión del delito de acto sexual con  menor  de  catorce  años, agravado por la edad de la víctima, a la vez, pidió  le  fuera impuesta medida de aseguramiento de detención preventiva. Dado que el  procesado  no  aceptó  los  cargos,  se  lo  afectó  con la medida cautelar de  carácter personal solicitada.   

La  Fiscalía  presentó el 14 de octubre de  2005  el escrito de acusación y el Juzgado Veinte Penal del Circuito de Bogotá  con  funciones  de  Conocimiento  realizó  el  15  de  noviembre  siguiente  la  respectiva  audiencia  de  formulación, y luego de llevar a cabo las audiencias  preparatoria  y  de  juicio oral, declaró penalmente responsable a ALIRIO REYES  GUZMÁN  del  delito objeto de acusación, por lo tanto, mediante fallo de 17 de  julio  de  2006  lo  condenó  a  la  pena  principal  de  setenta (70) meses de  prisión,  así  como  a  la  accesoria  de inhabilitación para el ejercicio de  derechos   y   funciones   públicas  por   igual  término.  En  la  misma  oportunidad   le  negó  el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena, así como la prisión domiciliaria.   

Impugnada  la  sentencia  por la defensa, el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  la  confirmó  mediante fallo de 18 de enero de  2007,   decisión   que   ahora   es   objeto   del  recurso  extraordinario  de  casación.   

LA DEMANDA  

El  defensor  formula  dos  cargos contra el  fallo  impugnando  al  amparo  de  la  causal  prevista  en  el  numeral 3° del  artículo  181  de  la  Ley  906 de 2004 por el desconocimiento de las reglas de  producción y apreciación probatorias.   

Primer cargo  

Denuncia  que  la  prueba pericial realizada  mediante     la    entrevista    a    la    víctima    en    la    Cámara            de               Gesell  por parte de la Psicóloga Forense  Teresa  Gálviz,  mereció  pleno  crédito  para  los  juzgadores pese a que la  citada  profesional  calificó  su  informe  erradamente  al  decir que el menor  padecía  stress traumático,  cuando  el  mismo  según la  Organización  Mundial de la Salud no existe, pues lo que presentan las personas  que  han  sido  expuestas  a  un  acontecimiento importante negativo se denomina  stress    post-traumático.   

Aduce que en el juicio oral la citada perito  admitió  que  no  acogió  para  su  valoración  los  parámetros científicos  aceptados  por  la Organización Mundial de la Salud para los casos de violencia  sexual  en  menores,  sin  que su simple experiencia sea suficiente, y agrega el  censor  que  sin  ninguna prueba que lo acredite la profesional hizo mención al  bajo rendimiento académico del menor.   

Tras citar doctrina acerca de la Psicología  como  ciencia auxiliar en la Administración de Justicia, señala que tampoco la  perito  utilizó  el método de juego y de dibujo, en tanto que por observación  dada   la   fluidez  del  niño  y  agilidad  mental  concluyó  que  se  presta  colaborador,  situación  que  para  el  censor no es factible ya que según los  expertos lo común es que la víctima esté reprimida y asustada.   

Por último, asevera que el Tribunal erró al  apreciar  el  testimonio del menor obtenido por la psicóloga forense por cuanto  se debió observar la técnica necesaria para cuestionarlo.   

Segundo Cargo  

Para  el demandante  los testigos   escuchados  en  el juicio oral no   

son creíbles por no ser testigos directos al  basar  sus  versiones en los hechos referidos por la madre de la víctima, quien  a  su  vez  no  tiene  la  certeza  de que el procesado haya realizado los actos  sexuales investigados, ni sus circunstancias.   

Por  lo  anterior,  aduce  que  no  existen  elementos  materiales,  evidencias físicas o indicios que lleven a concluir que  su defendido fue la persona que cometió el delito.   

De  otro lado, denuncia un error de hecho en  la  apreciación  del  testimonio  de  la  Fonoaudióloga, Lucía Inés Fajardo,  testigo  no  presencial  de  los  hechos  ya que después de varios días de los  hechos  y  por  insinuación  de  la  madre  del  menor  acudieron  a  presentar  denuncia  ante la Fiscalía.   

Por último, con apoyo en doctrina en materia  de   Psicología,   critica  la  confiabilidad  del  dicho  de  menores  al  ser  fácilmente  influenciables,  así  que  considera  que  al  depender  todas las  pruebas  del  dicho  del  menor  no  puede  existir  seguridad jurídica para la  condena en contra de su representado.   

En consecuencia, solicita a la Sala casar la  sentencia y absolver al procesado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.           Precisión inicial   

De conformidad con el artículo 181 de la Ley  906  de  2004,  el  recurso  extraordinario  de casación está instituído como  mecanismo  de  control  constitucional  y  legal  de  las  sentencias de segunda  instancia  en  los  procesos  adelantados  por  delitos  cuando  se  afecten los  derechos  o  garantías  fundamentales,  de  acuerdo  con  las  causales legal y  taxativamente  señaladas  y siempre que se satisfagan los fines para los cuales  está   previsto:   “la   efectividad  del  derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los    agravios    inferidos    a    estos,    y    la    unificación   de   la  jurisprudencia”.    

Al  estar demarcada la pretensión del   demandante  por  el  carácter  teleológico  de la casación, debe acreditar la  afectación  de  derechos  o  garantías  fundamentales,  además de señalar la  causal  por  la  que  opta  con  el desarrollo adecuado de los cargos que le dan  sustento,  así  como demostrar la necesidad del fallo de casación, so pena que  por  su  incumplimiento  el  libelo  no  sea  admitido, tal y como lo dispone el  artículo 184 de la ley en comento.   

En el mismo orden, el control constitucional  y  legal  de la sentencia de segundo grado le imprime al recurso su carácter de  extraordinario,  de  ahí que no escapen a él los requerimientos metodológicos  necesarios  basados  en  la razón y la lógica con la observancia de las reglas  de  coherencia,  precisión  y claridad que conduzcan al cabal entendimiento del  reparo.   

En  virtud  de  lo  anterior, además de los  fundamentos  de  lógica, de debida argumentación y de contenido de los cargos,  se  debe  analizar  la necesidad de intervención de la Corte en aras de cumplir  alguna  de  las  finalidades  del  recurso,  porque  si se advierte la imperiosa  protección  o  restauración de un derecho fundamental y por ello precisarse de  fallo,   se  han  de  superar  las  falencias  técnicas  formales  y  adquieren  prevalencia  los  fines  de  la  casación  con  la  consecuente  admisión  del  libelo.   

2.            De la demanda   

Primer cargo  

El  demandante  repara en la prueba pericial  ante    la   entrevista   realizada   a   la   víctima   en   la   Cámara            de               Gesell  por parte de la Psicóloga Forense  Teresa Gálvis.   

Aunque  no incluye dentro de la proposición  jurídica   las  normas  de  carácter  sustancial  infringidas,  es  claro  que  atendiendo  su  pretensión  para  la  absolución  de su defendido, denuncia en  últimas  la  aplicación  indebida  de los preceptos que definen y sancionan el  delito  de  acto  sexual  abusivo con menor de catorce años, agravado cuando la  víctima  no  sobrepasa los doce años, por los cuales se acusó y condenó a su  representado   

Sin embargo, son manifiestos los desaciertos  en  que  incurre  el  libelista  al  formular  el  cargo,  tanto por su falta de  claridad,  como  por  su  precariedad  demostrativa,  pues  a  simple alegato de  instancia  se  reduce  su  forma  de  argumentar  ya  que alejado de la técnica  casacional  solamente esboza su discrepancia con la valoración probatoria y las  conclusiones de los juzgadores.   

Efectivamente,  el libelista no aclara si el  yerro  del  Tribunal  recayó en el desconocimiento de las reglas de producción  probatoria  o  si  se  trató  del  momento  posterior  de  su apreciación, que  claramente  atienden  a  fenómenos  diversos,  pues  en  el  primer  caso puede  presentarse  un  error de derecho, en tanto que en el segundo sería un error de  hecho en alguna de sus especies.   

Así,  le  correspondía  si se trató de un  error  de  derecho,  precisar  que  el  Tribunal  incurrió  en  un falso  juicio de legalidad por apreciar una  prueba  que  no  cumplió con las reglas legales para su aducción o producción  al  interior del diligenciamiento, o en un falso juicio  de  convicción  por  negarle  a  la  prueba  el valor  demostrativo  que  la  ley  le atribuye o darle uno no autorizado legalmente, en  caso de versar sobre elementos probatorios tarifados.   

O   si   se  trata   de  un  error  de  hecho,  precisar  su  modalidad: falso  juicio  de existencia si  el juzgador  al  aprehender o contemplar materialmente los elementos  de         convicción        ignoró,         desconoció  u omitió  el   reconocimiento   de  una  prueba  procesalmente  válida,      o      si      la      supuso   o  imaginó;   falso  juicio  de identidad si pese a haber  sido  legal  y  oportunamente  recaudada,  al  momento  de fijar su contenido la  distorsionó,  cercenó  o  adicionó  en  su  expresión  fáctica, haciéndole  producir   efectos   que   objetivamente   no   dimanan  de  ella;  o  falso  raciocinio ya en el momento de su  apreciación  al  asignarle  mérito  persuasivo  que  contraría los principios  lógicos,    las    leyes    de   la   ciencia   o   la   las   reglas   de   la  experiencia.   

La   Sala   advierte  también  la  confusión  del  censor al fundar yerros probatorios tanto en la prueba pericial  de  la  Psicóloga  Forense Teresa Gálvis, como en el dicho de la víctima, por  cuanto      la      Cámara      de      Gesell1,   es  sólo  un  instrumento  utilizado  en la Psicología al cual se acude en la investigación criminal para  facilitar  la  recepción  del  testimonio  de  menores víctimas de delitos; se  trata   entonces  de  un  espacio  acondicionado  principalmente  para  realizar  observaciones  relacionadas  con  el desarrollo de comunicación, comprensión y  habilidades del atestante.   

La presencia del psicólogo forense en uno de  los  salones dispuestos para entrevistar al menor busca brindarle intimidad para  que  rinda  tranquilamente  su  versión  de  los hechos, y principalmente, para  evitarle  la  victimización  secundaria  que  genera  de  por  sí el escenario  judicial y la presencia de público.   

En   este   orden,  una   es  la versión del menor que se recoge en la   

entrevista,  la  profesional receptora es un  intermediario  entre  los  funcionarios  judiciales, pero puede ser llamada como  testigo  para  exponer  sus criterios científicos y profesionales en auxilio de  la  Administración de Justicia, sin embargo, el censor en este caso fusiona las  dos probanzas para demeritar su valor suasorio.   

Así  las cosas, no se evidencia si pretende  fundar  vicios  formativos  en  la  entrevista  del menor al no contarse con los  procedimientos  que  según  anota son aceptados por la Organización Mundial de  la  Salud,  o si por el contrario, busca descalificar el dicho de la profesional  ya    que    en    su    informe    inicial    se   refirió   al   stress             traumático  del  menor,  padecimiento que  para  el  censor no existe pues lo que presentan las personas ante el impacto de  una  situación negativa se denomina stress              post-traumático.   

Las  condiciones  de  realización  de  la  entrevista      en      la      cámara   Gesell en  manera  alguna  se  constituyen en requisitos de validez para la exposición del  menor  víctima  o  de  la  declaración  de  la  profesional  receptora,  ni se  constituyen  en  ineludible  referentes para la valoración o credibilidad si se  tiene  en  cuenta  que  el  sistema penal acusatorio está basado en la libertad  probatoria.   

Así, lejos de evidenciar el yerro de juicio  en  el  juzgador,  asume  el  defensor  una simple oposición a las conclusiones  judiciales  y  enfrenta  su  criterio  a  la  fuerza de convicción del material  probatorio  especialmente a la credibilidad que se le otorgó al menor acerca de  las manipulaciones sexuales de las que fue objeto.   

El      poder      de   persuasión   dado  a  una  prueba  es  tema   ajeno al   

recurso extraordinario de casación toda vez  que   no   existe   tarifa   legal  o  asignación  ex  ante  del  mérito de las declaraciones, pues conforme  con  el  sistema  de  apreciación  racional  el  operador judicial tiene cierto  ámbito  de  discrecionalidad  en  la valoración probatoria que sólo encuentra  límite en los postulados de la sana crítica.   

Por lo anterior, el reproche se torna carente  de la idoneidad necesaria para su admisión.   

Segundo Cargo  

La  crítica  que  el  defensor funda por el  crédito  dado a los testigos escuchados en el juicio oral por basar su dicho en  los  hechos  referidos  por  la  madre de la víctima, no deja de ser una simple  postura   alegacional,   distante   de  los  requerimientos  para  denunciar  la  ilegalidad de la sentencia.   

En efecto, además de no identificar el yerro  del  juzgador y su modalidad, como en la anterior censura, no identifica cuáles  fueron  los testimonios recibidos en el juicio oral, y sólo señala el dicho de  la  Fonoaudióloga,  Lucía  Inés Fajardo, testigo no presencial de los hechos,  pero  sin  precisar  si en su  valoración se pretermitieron los postulados  de  la  sana  crítica  y  cómo  una  adecuada  ponderación  conducía  a  una  conclusión diversa en el fallo.   

Es cierto que de acuerdo con el artículo 381  de  la  Ley  906  de  2004  la  sentencia  condenatoria  no podrá fundamentarse  exclusivamente  en  pruebas  de  referencia,  pero  en este caso tales probanzas  ratificaron     el     testimonio    directo    de    la    víctima,  sin  que  el  censor dedique espacio a  postular  la  irracionalidad  del  juzgador por otorgarle credibilidad al mismo,  falencia que deja sin demostración el cargo postulado.   

De la misma manera, el defensor olvida que si  se   trata  de  demostrar  errores  probatorios  del  juzgador,  acorde  con  el  desarrollo  completo  del  cargo  es menester desquiciar todos y cada uno de los  fundamentos  probatorios de la sentencia, porque basta que se mantenga uno sólo  de  ellos  con  suficiente  contundencia  para  que  el  sentido de la decisión  conserve  su  doble  presunción  de  acierto y legalidad, y en este evento hace  caso  omiso  de los dichos de los padres del menor; Alicia Guzmán y Luis Daniel  Pinzón,  quienes refieren que luego del suceso notaron a su hijo muy asustado y  observaron   que   su   miembro   viril   presentaba   alteraciones  tales  como  enrojecimiento   e   inflamación   variaciones   percibidas   compatibles   con  manipulación a ese nivel.   

Las mencionadas deficiencias llevan a que de  acuerdo   con   el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004  se  inadmita  el  libelo.   

Finalmente,  es necesario señalar que no se  observa  con  ocasión del fallo impugnado o dentro de la actuación, violación  de  derechos  o  garantías del procesado ALIRIO REYES GUZMÁN, tampoco se ve la  necesidad  de  superar  los defectos del libelo para decidir de fondo, según lo  dispone  el  inciso  3º  del   artículo  184 de la Ley 906 de 2004, ni se  advierte  vulneración  de alguna de las garantías fundamentales de los sujetos  procesales  para  enervar  la  intervención  oficiosa de la Corte en aras de su  debida protección.   

3.           Precisión final   

         

En  consideración a que contra la decisión  de  inadmisión  de la demanda de casación presentada por la defensa procede el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 186  de  la  Ley  906  de  2004, es necesario precisar que como allí no se regula su  trámite,             la             Sala2  clarificó  su  naturaleza  y  definió  las  reglas  que  habrán  de  observarse  para  su  aplicación, como  sigue:   

     

1. La      insistencia       es       un   mecanismo       especial,      ajeno     a      la     

naturaleza  impugnatoria que sólo puede ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  mediante la cual la Sala decide inadmitir la  demanda de casación.   

3.2.            La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público  a  través  de  sus  Delegados para la  Casación  Penal, ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto a  la  decisión  mayoritaria de inadmitir la demanda o ante uno de los Magistrados  que  no haya intervenido en la discusión y no haya suscrito el referido auto de  inadmisión.   

3.3.     Es   facultativo   del  Magistrado  disidente,  del  que  no intervino en los debates o del Delegado del  Ministerio  Público  ante quien se formula la insistencia, optar por someter el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento  último  en  que  informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15)  días.   

3.4.       El  auto  a  través  del  cual se inadmite la demanda de casación trae como consecuencia la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia contra la cual se formuló el  recurso  de  casación,  salvo  que  la  insistencia  prospere  y  conlleve a la  admisión del libelo.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE   

1.          INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  ALIRIO    REYES    GUZMÁN,   de   acuerdo   con   las   razones   anteriormente  expuestas.   

2.          De  conformidad  con lo dispuesto en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición  de insistencia en los términos precisados por la Sala en la presente  decisión.   

Notifíquese y cúmplase  

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                            ALVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                  JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                 JULIO    ENRIQUE    SOCHA    SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                                                 JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Creada  por  el  psicólogo y pediatra estadounidense  Arnold Gesell.   

2  Sentencia del 12 de diciembre de 2005 Rad. 24322     

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