27461(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27461   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                               DR.    SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ   

                            Aprobado Acta Nº 109   

          Bogotá,  D.  C.,  veintisiete de junio de  dos mil siete.   

VISTOS  

Para  establecer  si  reúne las exigencias y  condicionamientos  previstos  en los artículos 205 y 212 de la Ley 600 de 2000,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de  WILLIAM   DE  JESÚS  MONSALVE  VÁSQUEZ  contra  la sentencia de segundo grado proferida el 24 de noviembre  de  2006 por el Tribunal Superior de Antioquia, que confirmó con modificaciones  la  que  dictó  el  Juzgado  1º Penal del Circuito de Rionegro, Ant., el 24 de  enero  de  2005, por cuyo medio condenó, entre otros, al citado procesado a las  penas  principales de 7 años de prisión y 7.500 s.m.l.m.v. a título de multa,  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  término  similar  al  de  la  restrictiva  de la libertad, como  responsable   del   delito   de   favorecimiento   de   servidor   público   al  contrabando.   

HECHOS    Y    ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

En  la  sentencia  del  Tribunal, se hace la  siguiente  síntesis  de  los  acontecimientos  que  dieron  lugar a la presente  actuación:   

“El día once de  abril  del  año  dos mil tres, con fundamento en el informe recibido del Cuerpo  Técnico  de Investigaciones, que daba cuenta de presuntas actividades ilícitas  que  venían  ejecutando  funcionarios de la DIAN y de la POLFA en el Aeropuerto  José  María Córdoba de Rionegro, la Fiscalía General de la Nación dio curso  a  una  investigación  penal, tendiente a establecer qué personas eran las que  realizaban   dichas   actividades   ilícitas,   disponiéndose  varias  labores  investigativas  que  incluyeron seguimiento e intervenciones de algunos abonados  telefónicos  de  funcionarios de la DIAN, y de agentes aduaneros, detectándose  que  en  muchos  casos  se  declaraban mercancías por un precio inferior al que  correspondía  a  los  precios topes fijados por las autoridades aduaneras, o se  sustentaban   dichas   importaciones   en   facturas   y  documentos  de  dudosa  originalidad,  y  que  una  vez  arrimaban  al  Aeropuerto José María Córdoba  determinadas  importaciones,  los  funcionarios  de  la  DIAN  encargados  de su  inicial  inspección  entraban  en  contacto  con  los representantes de algunas  Sociedades  de  intermediación  Aduanera  a quienes mantenían ilustrados sobre  cada paso del proceso de ingreso de tales mercaderías.   

“Igualmente y a  través  de  los  rastreos telefónicos se pudo detectar abundante comunicación  entre  los  señores  IVÁN  DARÍO  ARCILA y los señores ÁNGEL AYALA, WILLIAM  MONSALVE  y  JUAN  CARLOS  FLOREZ,  en  las  que  se averiguaba por el estado de  importaciones  que  se  realizaban  a  través de la Sociedad de Intermediación  Aduanera,  que supuestamente representaba el señor Arcila Montoya, y en las que  igualmente  se insinuaban colaboraciones y solicitudes para el buen éxito de la  gestión  aduanera,  conversaciones  estas  que sirvieron de sustento probatorio  para    ordenar    la    vinculación    al    proceso   de   los   prenombrados  ciudadanos.   

“(…)  

“Tales  procedimientos    culminaron    con    un   gigantesco   proceso   penal   (…)  estableciéndose  que  por  lo  menos  ingresaron  al país en forma fraudulenta  mercaderías en las siguientes oportunidades:   

“El  ingreso al  país   de   un  cargamento  de  zapatos  relacionados  en  la  declaración  de  importación   con   autoadhesivo   234150565306   en   cantidad  aproximada  de  1220.   

“El  ingreso de  seis  cajas  con  destino  a  la  empresa  ALNICOS  que  contenía zapatos   respecto  de  los  cuales se declaró al ingresar al país una menor cantidad de  la que realmente contenían dichas cajas.   

“El  ingreso al  país  de  190  video  juegos  y  69 teléfonos que tenían como destinatario la  empresa  ALNICOS  los  cuales  tenían  un  precio  superior  al que normalmente  corresponde a tales mercaderías.   

“Igualmente  al  realizarse  inspecciones  físicas  a  mercaderías  en  bodega  en  proceso  de  desaduanamiento,  se  omitió realizarlo en debida forma, con los video juegos y  teléfonos  de  la  guía  10230172  y  unos  vestidos  y  candados  de la guía  72954721052.”              

Vinculados a la investigación pertinente los  implicados,  resuelta  en  debida  y  legal  forma  su  situación  jurídica  y  decretado  el  fenecimiento  de la actuación sumarial, el 27 de febrero de 2004  se  calificó su mérito con resolución de acusación en contra de MONSALVE   VÁSQUEZ,  entre  otros,  como  presunto  responsable  del  delito  de  favorecimiento  de  servidor público en  contrabando,  la cual confirmó la Unidad de Fiscalía Delegada ante el Tribunal  Superior  de  Medellín por la suya del 16 de abril del mismo año al conocer de  la alzada interpuesta contra la determinación de primer grado.   

El  Juzgado  1°  Penal  del  Circuito  de  Medellín  conoció  del  juicio, despacho que una vez evacuó la vista pública  profirió  el  fallo al que se hizo alusión en el introito de esta providencia,  la  misma  que  refrendó el Tribunal Superior de Antioquia en los términos que  allí igualmente se dejaron reseñados.     

LA  DEMANDA   

         

Con  fundamento en la causal primera, cuerpo  primero,  un  único  cargo  postula  el censor contra la sentencia impugnada en  sede  del  extraordinario  recurso,  por violación directa de la ley sustancial  por  interpretación  errónea  del Art. 322 del C. Penal que tipifica el delito  de favorecimiento por servidor público al contrabando.   

     

Luego de la transliteración del precepto que  reputa  infringido  y  de citar lo que, conforme a la jurisprudencia penal de la  Corte,  debe  entenderse  por  la  especie  de yerro que denuncia en su demanda,  aduce  en  actor  en desarrollo de la censura que si bien el Tribunal acertó en  la  elección  de  la  norma  que rige el caso concreto, sin embargo erró en su  interpretación  al  asignarle  un  sentido jurídico o alcance que no tiene. Al  efecto  explica  que el vicio de la sentencia está directamente relacionado con  el  contenido  de la norma, especialmente con la conducta relacionada con omitir  controles   legales   o   reglamentarios   propios  del  cargo  para  lograr  la  sustracción,  ocultamiento  o disimulo de las mercancías sujetas al control de  las autoridades aduaneras.   

Tal  como  lo  demuestra la abundante prueba  recopilada,  tanto la documental -declaraciones de importación, guías aéreas,  facturas,  actas  de  inspección, listas de precios estimados de la DIAN-, como  la  testimonial  y  la  que  fluye  de las propias palabras del procesado en sus  diferentes  intervenciones  procesales,  “existe una  equivocada        interpretación”  del precepto utilizado para la solución  del  caso,  sostiene  el demandante. En apoyo de su afirmación cita un segmento  del  fallo  atacado, luego de lo cual advierte que el Tribunal de Antioquia para  confirmar    el    fallo    del    A-Quo,  se  fundamenta  en la investidura del procesado como Inspector de  la  DIAN  asignado  a  la  Zona  Franca de Rionegro, Ant., a quien se le endilga  haber  omitido  la  función  de  control  que le imponía la ley permitiendo el  levante  de  mercancías  sin  cumplir  aparentemente el manual de procedimiento  previsto  para el trámite de inspección, facilitando de este modo la salida de  gran cantidad de mercancías no declaradas ante la aduana.   

A  primera  vista,  los  razonamientos  del  Tribunal  parecieran  ser  correctos  en  cuanto  aparentan  estar  ajustados al  contenido  normativo  del  Art.  322 del C. Penal, empero el yerro denunciado se  manifiesta  cuando  esa  Colegiatura le imprime al precepto un sentido y alcance  que   no   tiene,   puesto   que,  de  acuerdo  con  el  mismo,  “se  encuentra  incurso  en  la conducta aquel funcionario que omita  los  controles  legales  o  reglamentarios  propios de su cargo y en este caso a  pesar  de  que  las  pruebas  apuntan en tal dirección, realmente dicen todo lo  contrario,  es  decir,  las pruebas demuestran que el hecho no existió y que el  sindicado no lo cometió (…)”   

Después  de  indicar  las  funciones que el  Estatuto  Aduanero  le  asigna  a quien ejerce el cargo de Inspector como el que  desempeñaba  su defendido, el censor sostiene que frente a todos los hechos que  a  éste  se  le  atribuyen,  en ninguno de ellos existió omisión de controles  legales  o reglamentarios, de acuerdo con las funciones taxativamente señaladas  en  la  ley;  afirmación  tras  la  cual  emprende el examen de cada uno de los  elementos  de  juicio  que  conforman  la  prueba  documental que dio lugar a la  incriminación  del sentenciado, para arribar a la conclusión que del análisis  expuesto  en el libelo, sus deducciones -las del casacionista- contradicen todas  y                 cada                 una                de                esas  acusaciones.             

A    renglón    seguido,   expresa   el  demandante:   

“Y no obstante, a  pesar  de  que  existe  la  confesión  de  otro  sujeto  procesal del delito de  contrabando,   pero  el  sindicado  no  dice  exactamente  sobre  qué  tipo  de  mercancía,  cuál  declaración de importación, cuál depósito aduanero donde  ocurrieron     los     hechos,    porque    simplemente    dice:    ‘Acepto uno sólo de los cargos, el de  contrabando’   y   la  fiscalía  le  puso  de  presente  varios,  nunca  se supo cuál o cuáles si en Medellín o Rionegro, en la  bodega  de Almaviva en el propio aeropuerto, o en las bodegas de Zona Franca, se  viene   a   imputar   falsamente   favorecimiento  a  mi  defendido.”   

Si  el Juzgador de segunda instancia hubiese  tomado  en  cuenta  las  funciones  de  inspector  aduanero,  las  cuales están  relacionadas  taxativamente  y  en  forma  técnica  en el Estatuto Aduanero, no  tendría  por  qué haberse equivocado en la interpretación del Art. 322 del C.  Penal,  puesto  que en apariencia las pruebas tienden a demostrar el contrabando  mismo,  pero no lo que el Tribunal entendió al momento de interpretar el citado  precepto.   

Que se case el fallo impugnado y en su lugar  se    dicte    el    fallo    que    corresponda,    es   la   pretensión   del  libelista.         

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

         1.  En  este  asunto,  el objeto del ataque casacional lo constituye  una  sentencia  de  segundo  grado  dentro  de  la  cual  no  sólo  se  tomaron  determinaciones  de  condena  en  relación  con delitos que tienen como máximo  punitivo  una  penalidad  que  no supera los 8 años de prisión -favorecimiento  por  servidor  público  al  contrabando  (8  años),  fraude procesal (8 años)  y   falsedad  en documento privado (6 años)-, sino también respecto de la  conducta  punible  de  concusión que apareja como sanción máxima prisión que  excede  dicho  quantum,  al  establecerla el tipo penal que la describe en 10 años.   

         

          Como  lo  tiene  dicho la Sala, el quantum  punitivo que hace procedente el recurso extraordinario  de  casación  se  determina de acuerdo con lo establecido como sanción para el  respectivo  delito  en  el  precepto  infringido, o para cada uno de ellos en el  correspondiente  tipo  penal  por  los  cuales  se  dictó  la  sentencia que se  pretende  impugnar,  y  la  señalada  en  los  artículos  que  estructuran las  circunstancias  específicas  que  se  tuvieron  en  cuenta  para  incrementar o  aminorar  la  pena  con  los  aumentos  máximos  o  disminuciones  mínimas que  pudieran computarse.    

         

          2.  Ahora  bien, el artículo 205 de la Ley 600 de 2000 –  normatividad por la que se rige  el  presente  asunto  como  quiera  que  los  hechos  materia  de juzgamiento se  perpetraron     en    su    vigencia–  prescribe  que la casación procede en relación con sentencias de  segunda  instancia dictadas por los Tribunales Superiores de Distrito Judicial y  el  Tribunal  Penal  Militar,  en  los  procesos  que se hubieren adelantado por  delitos   “que  tengan  señalada   pena   privativa   de  la  libertad  cuyo  máximo  exceda  de  ocho  años, aún cuando la sanción impuesta haya sido una  medida de seguridad”. -Se ha destacado-.   

         

3.  Del  mismo  modo,  y  de  acuerdo con lo  previsto  en  el  inciso 3º del referido precepto, de  manera  excepcional  la  Corte  puede  conocer  de las  demandas  de  casación  instauradas  contra  sentencias  de  segunda  instancia  “distintas  a  las  arriba  mencionadas”,  esto  es, las proferidas por delitos que tengan señalada pena  privativa  de la libertad cuyo máximo sea de ocho (8)  años,  o  inferior a dicho término; y también, contra fallos de segundo grado  emitidos   por  los  Juzgados  Penales  del  Circuito,  independientemente  del  quantum  punitivo  establecido en la ley para el delito  objeto del mismo. -Se ha hecho énfasis-.   

         

4. Empero, cuando a voces del inciso 2º del  referido  precepto  el  legislador  dispuso  que “La  casación  se  extiende  a  los  delitos  conexos,  aunque la pena prevista para  éstos   sea   inferior   a  la  señalada  en  el  inciso  anterior”,   lo   que   resulta   procedente   en   sede  de  impugnación  extraordinaria  contra  las  sentencias  de  segundo  grado  proferidas  por los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y  el Tribunal Penal Militar por  delitos  que  tuvieren  señalada  una  pena  menor  de  ocho  (8)  años, es la  casación común.   

En  efecto,  dicha previsión legislativa no  significa  cosa  distinta  a  que  la  casación  ordinaria  se haga extensiva a  aquellos  delitos  conexos  en  relación  con los cuales, en principio, ella no  procedería,  dada  la penalidad señalada para los mismos en la correspondiente  disposición  violada,  “a condición obviamente que  algún  delito  sancionado con prisión cuyo máximo exceda de 8 años haya sido  parte  del objeto del proceso”, como tuvo oportunidad  la   Sala   de   precisarlo   en   auto  del  18  de  noviembre  de  2004,  Rdo.  22.693.   

         

          5.  Este es el evento que aquí ocupa la atención de la Corte, pues  la  condena  contra el justiciable se profirió por conducta punible que, aunque  su  máximo  punitivo  no  excede de 8 años, de la relación jurídico procesal  hicieron  parte,  entre  otras, la de concusión que supera dicho término, cuya  investigación  y  juzgamiento  se  realizaron  conjuntamente  por  el factor de  conexidad, como con antelación se indicó.   

   

          El  demandante  al  recurrir  el  fallo,  lo  hizo por la vía de la  casación  común,  por  lo que acertó en la modalidad de impugnación escogida  para atacar el fallo contra el cual manifiesta su inconformidad.   

         

         6.  Pues  bien,  el censor acusa la sentencia recurrida de violar de  manera  directa  la  ley  sustancial,  por interpretación errónea del precepto  aplicado  por  el Tribunal en la solución del caso, esto es, el Art. 322 del C.  Penal,  tipo  penal  en  el  cual  se  adecuó la conducta que se le atribuye al  procesado recurrente.   

Fácil   resulta   advertir  el  grado  de  equivocación  del  actor  en la escogencia de la causal invocada para sustentar  el  reproche,  porque  en  la  violación directa de la ley sustancial se da por  descontado  que el demandante renuncia a cualquier discusión sobre los aspectos  fácticos   del  caso,  estándole  igualmente  vedado  entablar  polémicas  en  relación  con  el  examen probatorio que se supone admitido en la forma como el  fallador lo asumió.   

Lo  que al descubierto deja el censor con su  argumentación,  es  que  bajo  una  óptica  diversa de los hechos y del propio  examen  probatorio  realizado  en  la  sentencia,  pretende  imponer su personal  criterio,  soslayando  los razonamientos que el juzgador expuso como conclusión  en  torno  al  compromiso  penal  que  le asiste al procesado, para arribar a su  particular  convicción que las pruebas  lo que realmente demuestran es que  “el  hecho  no  existió  y  que el sindicado no lo  cometió.”   

De  esta manera rehusó centrar el debate en  el  plano  de  lo estrictamente jurídico, actitud que desquicia por completo el  cargo,  puesto  que  debía probar, de acuerdo con sus planteamientos, no que al  precepto  aplicado  en la solución del caso se le dio un sentido jurídico o un  alcance  diverso  que  no  tiene, sino que el suceso plasmado en la sentencia no  coincide  con  los  supuestos  condicionantes de la norma que reputa violada, lo  que  derivó  en  su  aplicación  indebida,  que es en últimas el yerro que le  atribuye al juzgador.       

En suma, porque la argumentación acorde a la  censura  postulada  está  ausente del libelo que apenas se ofrece como memorial  contentivo  de  juicios contrapuestos al criterio del juzgador, constituyéndose  por  lo tanto en un mero escrito de libre factura, deviene inepto para los fines  de la casación, razón suficiente para inadmitirlo.   

         

Finalmente,  no  se  advierte  violación de  garantía  fundamental  alguna  que  a  voces  del  Art.  216 del C. de P. Penal  conduzca a la Corte a actuar oficiosamente.   

      

         

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de Casación Penal,   

RESUELVE  

         INADMITIR   la   demanda   de  casación  presentada  a  nombre  de  WILLIAM DE JESÚS MONSALVE  VÁSQUEZ  por su defensor, conforme a las motivaciones  expresadas     en     el     cuerpo     del    presente    proveído.   

         

Contra  la  presente  decisión  NO  procede  recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                    ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                                            

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                        JORGE     LUIS    QUINTERO    MILANÉS          

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                       JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                 

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                  Secretaria   

           

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