27369(20-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27369  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 102  

          Bogotá    D.C.,    junio    veinte    (20)   de   dos   mil   siete  (2007).   

VISTOS  

          Examina  la  Sala las bases jurídicas, lógicas y argumentativas de  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del procesado JOSÉ  ÉDGAR  OLIVEROS  GUZMÁN, contra la  sentencia  proferida por el Tribunal Superior de Cundinamarca de fecha noviembre  21  de  2006,  por  cuyo  medio confirmó la condenatoria dictada por el Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  del mismo departamento, que lo condenó por  los  delitos  de concierto para delinquir en concurso heterogéneo con homicidio  agravado, este último, a su vez, en concurso homogéneo.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El supuesto fáctico que generó la presente  actuación  fue  declarado  por  el  Tribunal,  en  el  fallo  impugnado,  de la  siguiente manera:   

“El 3 de mayo de mayo de 2003, entre 7:00 y  7:30    p.m.,    en    la    vereda   ‘Los     Manueles     Sur’,  comprensión  municipal  de  Ricaurte (Cundinamarca), frente a la  finca        ‘El  Limonar’   y   Telecom,  ubicadas  sobre  la  vía  que  conduce a Agua de Dios, varios individuos que se  desplazaban  en  un  automotor  marca  Chevrolet  Alto, que en ese  momento  presentaba  color  vino  tino,  dieron  muerte,  mediante proyectiles de arma de  fuego,  a  Carlos  Ariel  Vergara Vergara, de 42 años, administrador del predio  antes   mencionado,  y  a  los  agricultores  Arcila  Salazar  Carvajal,  de  55  años;   Emilio  Salazar  Ortiz,  de  51 años; Osías Ortiz Cabezas, de 52  años;   Hermenegildo  Salazar  Ortiz,  de  49  años  y  Mauricio Carvajal  Estrella,   de   22   años   de  edad”.   

Los hechos anteriores sirvieron de base para  que  se  diera  inicio  a  la correspondiente investigación penal, dentro de la  cual   fue   vinculado   mediante   indagatoria,   entre   otros,   JOSÉ  ÉDGAR  OLIVEROS GUZMÁN, a quien se  le  resolvió  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de detención  preventiva,  sin  beneficio  de  excarcelación,  como  posible  coautor  de los  delitos de concierto para delinquir y homicidio agravado.   

Cerrado  el  ciclo  instructivo  de  forma  parcial,  sin comprender a OLIVEROS GUZMÁN  -lo cual produjo ruptura de la unidad procesal y el adelantamiento  de  esta  actuación  exclusivamente  respecto  del  mencionado- se calificó el  mérito  del sumario el 3 de septiembre de 2004 con resolución de acusación en  su  contra  como  presunto  autor  responsable  de los delitos de concierto para  delinquir  agravado,  en  concurso  heterogéneo  con  homicidio  agravado, este  último, a su vez, en concurso homogéneo.   

          Ejecutoriada  la  resolución  de  acusación, la fase del juicio le  correspondió   tramitarla  al  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Cundinamarca  despacho  judicial  que,  una  vez  impartido  el  trámite legal,  profirió  sentencia  por  cuyo  medio condenó a JOSÉ  ÉDGAR   OLIVEROS   GUZMÁN  como  coautor  penalmente  responsable  de  los  mismos  delitos  por  los  cuales  se lo acusó, a la pena  principal  de  cuatrocientos  ochenta (480) meses de prisión, a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término  de  veinte (20) años y al pago de perjuicios de acuerdo con las sumas  establecidas.    En   la  misma  decisión,  se  le  negó  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

   

La  anterior  determinación,  en virtud del  recurso   de   apelación  interpuesto  por  el  defensor  del  mencionado,  fue  confirmada   por   el   Tribunal   Superior  del  mismo  departamento,  mediante  providencia de fecha 21 de noviembre de 2006.   

          El   fallo   del   ad  quem  es  objeto  del  recurso  extraordinario  de casación por parte del  defensor  del  sindicado,  lo  que  dio  lugar  a  que se allegara al proceso la  presente  demanda,  sometida a examen en punto de las bases jurídicas, lógicas  y argumentativas que se exigen para su admisión.   

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal primera prevista en el  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000,  aduce  el  actor  que  “acusa  la  sentencia  por ser violatoria de la ley por errores de  hecho    como   argumentación   (sic)   la  violación  indirecta  de la Ley por inaplicación del principio  en    (sic)   dubio   pro  reo”.   

El demandante fracciona esta propuesta en dos  apartes.     El    primero,   bajo   la   denominación   de   “violación  indirecta  de  la  ley  por  errores  de  hecho  y de  derecho”  (5.1.), el cual a su turno subdivide en dos  secciones  (5.1.1.  y  5.1.2.)  y,  una segunda parte, que intitula “error  de  derecho en la inaplicación del principio in dubio pro  reo”  (5.2),  que  subclasifica  en igual número de  acápites  (5.2.1. y 5.2.2.).  Su exposición, de acuerdo con este esquema,  es del siguiente tenor:   

1.  “Violación  indirecta  de  la  ley  por  errores  de  hecho  y  de  derecho”  (5.1. de la demanda):   

Comienza por señalar en este acápite que se  violaron  los  artículos  29,  228, 230, 232, 234, 235, 238, 279, 285-287, 305,  314,  318, y 333 de la Constitución Política, el artículo 55 de la Ley 270 de  1996 y los artículos 2-4, 14 y 26 de Ley 74 de 1968.   

Luego,  señala  que  dicha  violación  se  originó  en  errores  de  hecho y de derecho en la apreciación de las pruebas,  “trascendentes   en   cuanto  sumados  en  conjunto  contribuyeron  a  crear  un  discurso sin fondo sobre la participación de JOSÉ  ÉDGAR  OLIVEROS  GUZMÁN  en  los  delitos  que  se  le  imputan”.   

De  ese  modo,  sostiene  que las instancias  apreciaron  “en forma falsa el informe rendido por la  Policía  Judicial,  viciado,  además,  por contener una supuesta confesión de  Elkín  Laverde  Urrego  y  testimonio  de oídas, sin presencia y asistencia de  abogado  defensor  y  violar  lo  dispuesto  sobre  cómo  debían  proceder los  funcionarios  de Policía Judicial, por haber obtenido de un capturado vinculado  al  proceso  declaraciones  sin  presencia  del  abogado defensor”.   

Agrega   que   si   se  hubiera  apreciado  juiciosamente  la  única prueba del proceso “como es  el   testimonio   de   Elkín   Laverde   Urrego   y  otros  de oídas que comprometen la responsabilidad  de  mi  defendido” habría concluido que en contra de  su   defendido  no  obran  más  que  especulaciones  de  las  cuales  no  surge  credibilidad alguna sobre su participación en los hechos.   

En  el  subcapítulo que rotula “error   de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  por  falsa  apreciación  de  pruebas”  (5.1.1.),  aduce  que el  “juez  colegiado  supuso e imaginó delitos creyendo  que  la  prueba  obrante en el proceso reconoce hechos carentes de demostración  al  dar  como  cierto  el testimonio del señor Elkín Laverde Urrego y otros de  oídas  y  darles plena validez, sin tener en cuenta los testimonios de personas  reconocidas que lo manifestaron plenamente no de oídas”.   

Advierte  que  las  instancias  yerran  al  convalidar  los  medios de prueba señalados “y dando  responsabilidad  al  señor  OLIVEROS GUZMÁN cuando a él nunca se le encontró  nada  ni  se  demostró  que  estuvo  en  el  lugar  de los hechos el día de su  ocurrencia”.   

A  través  del  siguiente  subcapítulo que  denomina  “errores  de  hecho  en la apreciación de  indicios”   (5.1.2.)   indica   que   “declaro      (sic)     la  instancia  la  materialidad  de  la  participación  del  señor  OLIVEROS   GUZMÁN,  fundado  en  pruebas  indiciarias,  que  expresa  en  forma  genérica  sin  determinar los hechos indicadores a partir de los cuales hace la  inferencia,  pruebas  indiciarias  que  en  sí  mismas no ofrecen certeza de la  participación  de mi clienta (sic) en la conducta” y  además,  porque  “dio  por demostrado, sin estarlo,  medios   demostrativos   del   hecho   indicador   y  hechos  indicadores.   Incurriendo  en  falsos  juicios de existencia por falta y falsa apreciación de  la  prueba  errores  de  apreciación  plasmando  en  la  sentencia  inferencias  erróneas”.   

Añade   que   el   Tribunal  coligió  la  participación    de   su   defendido   “por   unas  coincidencias      indiciarias      e     intenta     hallar     una     certeza  física-histórica-lógica  del  dicho de Elkín Laverde Urrego sobre los hechos  es  equivocada  (sic) tanto en  los  hechos  que  existieron,  tanto  como  en  su  testimonio  que es una trama  constituida   en  lo  referente  al  señor  OLIVEROS  GUZMÁN,  mas  no  expone  razonablemente,  el mérito que asigna o cuáles son los hechos indiciadores que  le  permiten  construir los múltiples indicios que se desprenden de las pruebas  o medios de convicción del proceso”.   

De  la  misma manera, expone que también se  omitió  valorar  la  pruebas  que  obraban  en  favor  de  su  defendido  o que  desvirtuaban  el  dicho  de  Laverde Urrego,  como lo fueron los testimonios de Wilson  Ariel  Polanía,  Yesid Ramírez Salgado y Jesús  Antonio  Laverde,  con  lo cual se  actuó  “como  si  el  testimonio rendido por Elkín  Laverde      Urrego      fuera      la      verdad,     verdadera”.   

2.  “Error  de  derecho  en  la  inaplicación  del  principio  in dubio pro reo” (5.2. de la demanda):   

A  partir  de  señalar  que se violaron los  artículos     29    de    la    Constitución    Política    y    “7.207”   de  la Ley 600 de 2000,  por  cuanto  “la sentencia es nula por la violación  indirecta  de  la  ley  por  error de derecho en la aplicación del principio in  dubio  pro  reo”,  indica  que  el juzgador dejó de  aplicar   el  valor  que  la  ley  otorga  a  la  incertidumbre,  toda  vez  que  “es   tal  la  duda  que  incurre  en  repeticiones  sucesivas    para   a   poyara   (sic)   su   discurso   en  un  solo  hacho  (sic)  como  es el testimonio de Elkín Laverde Urrego que es  lo     único    que    finalmente    encuentra    de    asidero    (sic), privilegiando el dicho del presunto  informante,  por  encima  de  los  derechos  constitucionales  de presunción de  inocencia  del  enjuiciado y de las irregularidades de los investigadores con el  manejo del informante pagado por estos”.   

A  juicio del actor, el sentenciador otorgó  mérito  excesivo  a  lo atestiguado por Laverde Urrego  “como  miembro  del grupo vinculado a mi defendido, pero no explica su amistad  con  los  investigadores el tiempo que vivió en las instalaciones, la plata que  recibió   de   ellos,  los  operativos  a  los  que  asistieron  como  presunto  investigador,    pero   si   tiene   muy   claro   la   participación   de   mi  defendido”.   

Además, no se tuvo en cuenta que el aludido  testigo  fue  presionado  para que vinculara personas a cambio de beneficios, lo  cual  no  significa que su dicho sea cierto “por ello  surge  la  duda razonable sobre lo expresado por el señor Elkín Laverde Urrego  y  las  instancias  lo convalidaron por testimonios de oídas que no mas ciertos  (sic)   que  el  testimonio  inicial”.   

Acto seguido, en la primera sección de este  acápite  que  rotula “violación indirecta de la ley  sustancial  por  inaplicación  del  principio  in  dubio  pro  reo por error de  derecho”   (5.2.1.),   destaca   que   “en  la  motivación  de  su  sentencia  el  ad  quem  se limita a  confirmar   la   sentencia  de  primera  alzada  (sic)  haciendo un resumen de la misma y no dilucidando sobre  los  cuales fueron los verdaderos acontecimientos y no aplicar el valor asignado  en  la  ley  a  la  incertidumbre,  es  tal  su duda que incurre en tautologías  sucesivas  para  apoyar  su  discurso  argumentativo  igual  al  de  la  primera  instancia,  basándose  en  el  testimonio  de  Elkín  Laverde Urrego que es lo  único      que     finalmente     encuentra     de     asidero     (sic)”.   

Luego   indica   que   el   a  quo no se refirió en sus motivaciones a  los  testimonios  de  descargo  y  contraindicios que le eran favorables, con lo  cual  “incurrió en los múltiples yerros desvelados  (sic)   por   falta   de  apreciación de la prueba”.   

A  continuación,  en  el  subcapítulo  que  denomina  “violación indirecta de la ley sustancial  por  desconocimiento  del  in  dubio  pro  reo por ser autónomo” (5.2.2.),  advierte  que  no  se  probó  que su defendido haya sido  coautor  de  las  conductas endilgadas “o que hubiese  actuado  por  acuerdo  previo  o  posterior  al  relato,  como  cómplice  o que  conociera  de  la  conducta  punible  y  que en todo el proceso, respecto de él  brilla  la  duda  de  su  responsabilidad,  la  cual  no  fue reconocida por las  instancias  apegándose  a  un  testimonio  que  en  materia prueba (sic)  deja mucho que desear”.   

Para terminar, asevera que por razón de los  yerros   aludidos   se   “violentaron  los  derechos  fundamentales  de  JOSÉ  EDGAR  OLIVEROS  GUZMÁN no se fundamenta (sic)  para  él en individualísima forma  como se probaba su responsabilidad”.   

Con fundamento en lo anterior, solicita casar  el  fallo  impugnado,  para  en  su  lugar  absolver a su defendido “por  aplicación  del  principio  in dubio pro reo”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  propuesta  del casacionista no satisface  los  requisitos  señalados  en  el  artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000,  normatividad  que  regula este trámite, y en esa medida se inadmitirá, por ser  la  consecuencia  procesal que sobreviene frente a tal supuesto, como lo enseña  la  siguiente disposición del ordenamiento en mención.  A esa conclusión  se llega de conformidad con las siguientes razones:   

          No  obstante  que  el demandante a través de los diversos acápites  de  la  censura  siempre  aduce que la sentencia incurre en la causal primera de  casación  por  violación  indirecta de la ley sustancial, para lo cual alude a  diversos  yerros de apreciación probatoria en que habría incurrido el fallador  –así,   por   ejemplo,  refiere  a  errores de hecho, de derecho y falsos juicios de existencia- refulge  evidente  que  no  desarrolla  un  planteamiento  afín  a  ese  propósito y ni  siquiera   con   alguno   que  tenga  cabida  en  esta  sede  extraordinaria  de  impugnación.   

Lo  anterior,  por cuanto es evidente que el  casacionista  no distingue la naturaleza de los diversos errores de apreciación  probatoria  alegables  a través de la denominada violación indirecta de la ley  sustancial,    por    lo    que    conviene,    prima  facie,    reiterar lo que la Sala ha dicho sobre el particular:   

A  ese  respecto,  conviene recordar que los  errores  de  apreciación probatoria alegables al interior de esta causal pueden  ser  de  hecho  (por falsos juicios de existencia, raciocinio e identidad) y, de  derecho  (por  falsos  juicios  de  legalidad  y  de  convicción),  sobre  cuya  naturaleza  se referirá a continuación.  Se empezará con lo pertinente a  las  modalidades  del error de hecho y luego con las del error de derecho.    

Así, el denominado error de hecho por falso  juicio  de  existencia  se  produce  cuando un medio de prueba es excluido de la  valoración  que  efectúa  el juzgador no obstante resultar incidente frente al  fallo  que  se  controvierte  (ignorancia  u  omisión)  o porque el juzgador lo  inventa  o  crea  a  pesar  de  que  no  existe  materialmente  en  el  proceso,  otorgándole   un   efecto   trascendente   en   la   sentencia  (suposición  o  ideación).   

En  este caso el recurrente está obligado a  identificar  el medio de prueba que en su criterio se omitió o se supuso;   luego  de ello, debe establecer su incidencia en la decisión que controvierte y  a  favor  del  interés que representa, señalando las normas sustanciales que a  su  juicio  fueron  aplicadas indebidamente o dejadas de aplicar, lo que además  le  impone  demostrar  que  la  determinación  no se mantiene con fundamento en  otros medios de persuasión.        

Por  su  parte,  el error de hecho por falso  raciocinio  se  origina  cuando  el  sentenciador  aprecia  prueba  trascendente  desconociendo  las  reglas  de  la  sana crítica, esto es, postulados lógicos,  leyes científicas o máximas de la experiencia.   

En  tal supuesto corresponde al casacionista  señalar  qué  dice  concretamente el medio probatorio, qué se infirió de él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue  el mérito persuasivo otorgado y, desde  luego,  determinar  el  postulado  lógico,  la  ley científica o la máxima de  experiencia  cuyo  contenido  fue  desconocido  en  el  fallo, debiendo a la par  indicar  su consideración correcta e identificar la norma de derecho sustancial  que   indirectamente   resultó   excluida   o   indebidamente   aplicada.   Finalmente,   deberá  demostrar  la  trascendencia  del  error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la  adecuada  apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un   fallo   esencialmente   diverso   y   favorable   a  los  intereses  de  su  representado.   

La  última  de las modalidades del error de  hecho  es  por falso juicio de identidad, el cual se concreta cuando el juzgador  tergiversa  o  distorsiona el contenido objetivo de la prueba para hacerla decir  lo  que ella no expresa materialmente. En este evento, se le exige al censor que  identifique  la  prueba sobre la cual recae la incorrección que denuncia;   posteriormente,  debe  revelar  lo  que fidedignamente dimana de ella de acuerdo  con  su estricto contenido material, a lo que se suma la obligación de precisar  en  qué  aspecto  radicó  la tergiversación, bien porque se suprimieron u ora  porque  se  agregaron  apartes  de  su  contexto  con  lo  cual  se  le mutó su  sentido.   Pero  no  es  suficiente  con ello, pues al igual que en los dos  errores  anteriores,  ha  de  tratarse  de una prueba trascendente que afecte lo  declarado  en  el  fallo,  debiendo  en  esa  dirección  indicar  los preceptos  sustanciales  que se vulneraron por falta de aplicación o exclusión evidente y  demostrar,  como  ya  se dijo, que la decisión no se mantiene por cuenta de los  demás medios de persuasión.     

Ahora  bien, cuando la propuesta versa sobre  un  error de derecho en la apreciación probatoria, quien lo propone está en el  imperativo  de  demostrar que se incurrió por el fallador en un falso juicio de  legalidad o en uno de convicción.   

El  primero  tiene  ocurrencia  cuando  el  sentenciador  otorga valor a una prueba que no cumple los ritos legales exigidos  para  su  formación o aducción al proceso y, el segundo, se produce al momento  en  que se valora una prueba haciendo caso omiso del predeterminado crédito que  la  ley le ha otorgado, circunstancia que cobra gran importancia en los sistemas  de  tarifa  legal  probatoria,  en  cuyo  caso  se  deberá indicar cuál fue el  mérito   otorgado   a   la   probanza  y  el  valor  que  la  ley  le  fija  en  particular.   

No  sobra  recordar que en cualquiera de los  eventos  reseñados, el casacionista está en la obligación de demostrar que el  yerro  se  concretó  respecto  de  prueba trascendente, de tal suerte que tenga  incidencia  para  modificar  en  forma  favorable a sus intereses los contenidos  declarados en el fallo que se impugna.   

El  recuento anterior permite evidenciar con  toda  claridad  que  el  casacionista no desarrolla ninguno de los reproches que  propone  de manera simultánea y, por el contrario, se extrae su gran confusión  al respecto.   

Tales desaciertos tienen explicación porque  el   casacionista    desconoce  la  esencia  del  medio  extraordinario  de  impugnación,  lo cual se refleja en el hecho de que a través de su exposición  se  circunscribe  a cotejar su particular visión sobre algunas pruebas obrantes  en  la  actuación  y,  especialmente,  a controvertir el valor asignado por los  falladores   de  instancia  al  testimonio  de  Elkín  Laverde  Urrego, respecto del cual, dicho sea de paso,  atentado  contra  toda  lógica,  señala  que  en  su  valoración se incurrió  simultáneamente en errores de hecho y de derecho.    

Olvida  el  actor  que  este  trámite  es  extraordinario  y  que,  por  consiguiente, no son de recibo las argumentaciones  libres  de  los demandantes, en tanto es preciso que la formulación se someta a  las  reglas  taxativamente  señaladas  por el legislador, en punto de denunciar  errores   trascendentes  de  los  funcionarios  judiciales  que  pudieron  haber  afectado   garantías   de   los   sujetos   procesales,   vulneren   directa  o  indirectamente  normas  sustanciales  o conducen al desconocimiento de las bases  fundamentales de la instrucción o el juzgamiento.   

Dicha  actitud,  como  en  forma pacífica y  reiterada  lo  ha  sostenido  la  Sala,  se  aparta  de  la  esencia del recurso  extraordinario  y  tiene  arraigo exclusivamente en las instancias ordinarias de  la  actuación,  pues  se  limita  a  confrontar  el  valor probatorio que se le  otorgó  a la prueba con el criterio que se tiene de ella, distante de demostrar  que  el  juzgador  realmente  incurrió  en  un  error en la apreciación de los  medios de persuasión que soportaron su decisión.   

A  la  par,  también desconoce que el fallo  arriba  a  esta  sede  amparado  por las presunciones de acierto y legalidad, de  modo  que los argumentos que lo fundan prevalecen sobre el criterio personal que  expone  el  demandante.  Así las cosas, el único medio viable para lograr  el  decaimiento  del  fallo  por  la  denominada  violación indirecta de la ley  sustancial   es  demostrar  que  efectivamente  se  incurrió  en  error  en  la  valoración  probatoria  y  ello  nada  tiene  que  ver con la exposición de un  criterio     personal     acerca    de    cómo    se    cree    debieron    ser  estimadas.      

La  confusión  del actor puesta de presente  corrobora  que  la  propuesta  contenida  en  el  cargo  no cumple con las bases  jurídicas,  lógicas y argumentativas que se exigen de la demanda de casación,  conclusión  que  se  torna  más  evidente  cuando  se  advierte  que introduce  temáticas  incompatibles  con  la  causal  de  casación que invoca, vulnerando  principios  tales como el de autonomía, prioridad y no contradicción que rigen  este  medio  extraordinario  de  impugnación,  cuyo  propósito  no es otro que  exigir   la   presentación   de   una  demanda  enmarcada  dentro  de  mínimos  presupuestos  de lógica y adecuada argumentación, como lo ha señalado la Sala  cuando ha hecho referencia a su naturaleza.   

Ciertamente,  en  la  primera  sección  del  segundo  aparte del reproche que denomina “violación  indirecta  de la ley sustancial por inaplicación del principio in dubio pro reo  por  error  de  derecho”,   refiere a supuestos  desaciertos  en  la  motivación de los fallos de instancia derivados de que, en  primer  lugar,  el  ad quem se  limitó  a confirmar la sentencia de primera instancia simplemente resumiéndola  y  que  fue  “tal su duda que incurre en tautologías  sucesivas  para  apoyar  su  discurso  argumentativo  igual  al  de  la  primera  instancia”  y,  en  segundo  orden,  por  cuanto  el  a  quo  no se refirió en sus  motivaciones  a  los  testimonios  de  descargo  y  contraindicios  que  le eran  favorables,  con lo cual “incurrió en los múltiples  yerros  desvelados  (sic) por  falta  de  apreciación  de  la prueba”, puntos tales  que  riñen  con  la  causal  de    violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  y  que  por  comportar  eventual vulneración al debido proceso y al  derecho  de  defensa  encuentran  feudo,  como  lo ha precisado la Sala en forma  inveterada,  en  la  causal tercera de casación prevista en el artículo 218 de  la Ley 600 de 2000, esto es, por nulidad.      

Los  planteamientos  reseñados  además  de  obedecer  a  causales distintas, son de naturaleza diversa y antagónica, por lo  que   es   claro  que  no  podían,  como  lo  efectuó  el  censor,  proponerse  coetáneamente.   

Otro  tanto  ocurre  con  la crítica que el  actor  formula  a  la  apreciación  de  la  prueba  indiciaria  en el punto que  intitula  “errores  de  hecho  en la apreciación de  indicios”  (5.1.2.),  capítulo en el cual cuestiona  de  forma  simultánea  e  indiscriminada  las  pruebas  que  edifican  el hecho  indicador  y  el  mérito  suasorio  que  se  desprende del indicio, con lo cual  desconoce  las  pautas  que  para  censurar  este  particular medio de prueba ha  trazado  la  Sala,  con el objeto de que la pretensión sea inteligible y clara.   

Para tal efecto, es preciso que en la demanda  se   identifique  si  la  equivocación  se  cometió  respecto  de  los  medios  demostrativos  de los hechos indicadores, la inferencia lógica, o en el proceso  de   valoración   conjunta   al   apreciar  su  articulación,  convergencia  y  concordancia  de  los  varios indicios entre sí, y entre éstos y las restantes  pruebas, que llevó a una conclusión fáctica incorrecta.   

Si  el  error  radica en la apreciación del  hecho  indicador,  cuando  quiera que éste necesariamente ha de acreditarse con  otro  medio  de  prueba,  necesario  resulta  postular  si en su apreciación se  incurrió  en  un error de hecho o de derecho y, desde luego, impera señalar la  expresión correspondiente a uno cualquiera de ellos.   

     

Ahora,  si  el error se ubica en la segunda  fase  de  la  construcción  indiciaria,  esto  es,  en el proceso de inferencia  lógica  elaborado por el juzgador, ello supone aceptar la validez del medio con  el  que  se  acredita el hecho indicador y demostrar que el juzgador en la labor  de  asignación  de  su  mérito  persuasivo se apartó de las reglas de la sana  crítica,  es decir, de las leyes de la ciencia, los principios de la lógica, o  las  máximas  de  experiencia, haciendo evidente en qué consiste y cuál es la  incidencia  correcta  en  la  inferencia  cuestionada y cómo en concreto un tal  medio de razonar fue desconocido.   

Pero  si  lo  que  se pretende es denunciar  error  de  hecho  por  falso juicio de existencia de un indicio o un conjunto de  ellos,  debe  acreditar el censor la existencia material en el proceso del medio  que  constituye  el  hecho  indicador,  la  validez  de  su  aducción,  qué se  establece  de  él, cuál mérito le corresponde y, luego de realizar el proceso  de  inferencia  lógica  a partir de tener por acreditado el hecho base, exponer  el  indicio  que  se  estructura  con  sustento  en el mismo, e indicar el valor  suasorio  correspondiente,  así  como su articulación y convergencia con otros  indicios o medios de prueba directos.   

Adicional a lo anterior, en consideración a  la  naturaleza  de  este medio de prueba, si el yerro se presenta en la labor de  análisis  de  la  convergencia  y congruencia entre los distintos indicios y de  éstos  con  los  demás  medios,  o  al  asignar  la  fuerza demostrativa en su  valoración  conjunta,  no  puede dejar de precisarse en la demanda, concretando  el  tipo  de  error  cometido,  que  la  inferencia  realizada  por  el juzgador  transgrede  los  postulados de la sana crítica, acreditando que la apreciación  probatoria  que se propone en su reemplazo, permite llegar a conclusión diversa  de  aquella  a  la  que  arribara  el  sentenciador  pues, según ya se dijo, no  resulta  de  recibo  en este trámite anteponer el particular punto de vista del  actor al del fallador.     

Esta  forma de atacar la apreciación de la  prueba  indiciaria,  se reitera, garantiza no sólo el respeto por su estructura  lógica  sino también facilita la comprensión del cuestionamiento, pues cuando  la  censura  aborda  en  forma indiscriminada los estadios a los que se ha hecho  referencia  se incurre en contradicción, toda vez que, como se ha dejado dicho,  es  presupuesto  de  cada  eslabón  del  cuestionamiento  estar conforme con el  anterior.   

En  el  asunto que ocupa la atención de la  Sala  deviene  indudable  concluir  que  el  censor  desatendió  las anteriores  pautas,  no  obstante ser la única forma de controvertir en esta sede la prueba  indiciaria  sobre  la  cual  se  edificó  el fallo de responsabilidad contra su  defendido,  desde  el  momento mismo en que involucra los diferentes componentes  de  la  prueba  indiciaria en forma simultánea y sin perfilar el ataque por uno  en particular.   

La   sumatoria   de   las  incorrecciones  señaladas,  conduce a  concluir que la demanda de casación presentada por  el     defensor    de    JOSÉ    ÉDGAR    OLIVEROS  GUZMÁN  no  cumple con las mínimas bases jurídicas,  lógicas  y  argumentativas que exige el numeral 3° del artículo 212 de la Ley  600   de   2000   para   su   admisión,   razón  por  la  cual  se  impone  su  inadmisión  y la devolución  del  expediente  al  despacho  de  origen,  tal como lo señala el artículo 213  ibídem.   Además, porque no se advierte que  dentro  del  presente trámite y en la sentencia se haya incurrido en violación  de  garantías  fundamentales  que  reclame  la  intervención  oficiosa  de  la  Sala.      

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta  por  el  defensor de JOSÉ ÉDGAR OLIVEROS  GUZMÁN,  por  las  razones consignadas en la anterior  motivación.   

         

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese   y   cúmplase,   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                          ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN            

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                                               JORGE       LUIS      QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                               JULIO       ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA     

MAURO           SOLARTE  PORTILLA              JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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